Avatar, el último maestro aire ni sus personajes me pertenecen, esta historia sí.

Este capítulo tiene mucho de los capítulos finales de la serie, pero también cosas nuevas, cambié algunas partes para mi conveniencia, si no encaja todo con la historia original es por eso. Ya no quedan más de dos capítulos de este fic, está llegando a su final. Muchas gracias a todos los que han leído mi historia.

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Toph se integró nuevamente a los entrenamientos de manera paulatina, primero con Aang y luego con sus demás amigos, ya no iban todos contra Toph pero encontraban útiles formas de fortalecerse y aprovechar las habilidades de todos. Para descargar la tensión que se acumulaba con el pasar de los días, habían tomado la costumbre de ir todas las tarde a la playa, lo que Zuko consideraba una completa pérdida de tiempo, podían ocupar esas tardes de formas mucho más útiles, pero por alguna razón nadie lo escuchaba a la hora de protestar, los gritos de Sokka al proclamar "¡Día de playa!" se llevaban toda la atención. Cuando sólo quedaban tres días para el cometa ya no pudo seguir aguantando ver a Aang holgazanear tan descaradamente después de salir corriendo de su entrenamiento para ir a jugar a hacer figuras de arena con Toph, llegó a la playa arrojando fuego sobre las obras de arte que estaban haciendo y obligó a Aang a defenderse, lo siguió por toda la playa y por el camino hasta la casa, el avatar intentó ocultarse dentro de ella pero no se podía despistar a Zuko tan fácilmente. Sin pensar en las consecuencias Zuko destruyó un par de muebles y le prendió fuego a un pasillo, de no ser por Aang la casa entera se habría quemado. Cuando lograron calmarlo él les contó los malvados planes de su padre y su hermana de extinguir para siempre al Reino Tierra y todos sus habitantes. La noticia no hizo más que deprimirlos, el cometa se acercaba inexorable y si no estaban listos o fallaban condenarían a millones de personas. Aang estaba completamente perdido, no permitiría que se repitiera la historia, no dejaría que otra gran cultura desapareciera por su culpa, derrotaría al señor del fuego costara lo que costara, pero aún no sabía cómo. Sus amigos pensaban que asesinarlo era una opción, pero él no podía convencerse, iba en contra de todo lo que le habían enseñado los monjes, no pensaba que fuera correcto. Estaba en graves problemas.

-No tienes que hacerlo solo –Le dijo Katara poniendo una mano sobre su hombro.

-Estamos contigo, calvito –Toph también se acercó a él.

Los demás estaban de acuerdo, Aang no estaría solo nunca, ellos iban a ayudarle aún si eso les costaba la vida, aunque les atemorizaba fallar estaban dispuestos a darlo todo, a intentarlo lo mejor que pudieran.

-Gracias… -Aang estaba conmovido, sabía que sería difícil, que no había podido prepararse del todo bien y que no podía contar con el estado avatar, pero tenía a sus amigos y eso era mucho más de lo que podía pedir.

Ese día ya no volvieron a la playa. Al llegar a la casa cada uno se ocupó de sus asuntos envueltos en un silencio sepulcral, aunque estaban listos para intentar impedir la destrucción del Reino Tierra, tenían miedo, no querían fallar, pero nada les aseguraba una victoria, nada les daba esperanzas, el destino del mundo estaba en sus manos y no se sentían a la altura.

Toph también estaba afectada, pero ya tenía planes y no iba a aplazarlos por una mala noticia, ya podría deprimirse después. Tocó la puerta de la habitación de Sokka y esperó respuesta.

-¿Qué pasa, Toph? –Le dijo él al verla esperando después de abrir.

-Necesito que me acompañes –Sonrió malvadamente.

Unos minutos después salieron de la habitación con la complicidad marcada en el rostro, se cambiaron a sus ropas de la nación del fuego y se dispusieron a salir. Pasaron por el comedor donde Katara leía unos pergaminos que había encontrado en una habitación abandonada de la casa.

-¿A dónde van? –Les preguntó.

-Al pueblo, vamos a conseguir dinero –Respondió Toph, todos sabían que ya estaban agotando sus recursos monetarios, el día para partir a detener a Ozai se acercaba y no podrían hacerlo sin algo de dinero para comer y conseguir cosas importantes.

-¿Otra vez? Ya les dije que no me gusta que estén estafando a la gente.

-¿Y a Zuko le gusta que revises sus cosas? –Le preguntó hábilmente su hermano mientras veía con condescendencia los pergaminos y el cajón con cosas que estaba a los pies de su silla.

Ella se sonrojó y los miró molesta, la habían puesto en evidencia.

-Éstas no son sus cosas –Se defendió.

-Están en su casa ¿No? –Dijo Toph y Katara no respondió –Mira, si tú no nos viste salir, nosotros no sabemos que te metes en las habitaciones revisando cosas.

A pesar de lo que decía, Toph sabía que Zuko ya estaba enterado de las excursiones de Katara por toda la casa, la había visto salir varias veces de las habitaciones desocupadas, a él no le importaba y le había pedido a Toph que no le dijera nada a ella, si quería entretenerse en eso bien por ella.

Katara lo pensó un momento sopesando sus opciones, viendo la posibilidad de mantener su nueva costumbre en secreto.

-De acuerdo –Aceptó sin estar convencida del todo, pero de todas formas volvió a sentarse y a concentrarse en la lectura.

Al llegar al pueblo nada les borraba las diabólicas sonrisas de la cara.

-¿Estás segura de esto? Es algo rudo ¿No crees? –Le preguntó Sokka mientras caminaba por las calles más peligrosas de la isla mirando hacia todos lados con una mano en la funda de su espada, por si acaso.

-No puedo estar más segura –Aseguró ella frenando su marcha. Acababa de encontrar lo que buscaba –Es aquí, estamos justo arriba.

-Entonces busquemos la entrada –Propuso Sokka.

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Zuko tocaba a la puerta de Toph pero ella no respondía. Decidió entrar y no encontró a nadie, creyó que estaría entrenando, pero los jardines estaban vacíos cuando fue a ver. Pensó que luego la encontraría, de todas formas no era urgente y se fue a otro lugar. Encontró a Katara saliendo de una de las bodegas.

-Ah, Zuko… Hola –Lo saludó ella nerviosa esperando que no se molestara por verla salir de ahí.

-¿Qué haces ahí?–Le preguntó él alzando su ceja.

-Er… buscaba otra manta, anoche tuve algo de frío –Se apresuró a decir.

-Están adentro –Le recordó Zuko pensando que podría habérsele ocurrido una mentira mejor –No entres en ese lugar, debe estar lleno de insectos, hace años que no se abren esas habitaciones.

-Claro, no te preocupes –Le sonrió fingidamente, creyendo que no la había atrapado.

Comenzaron a caminar hacia la cocina, ya casi era hora de cenar. Se encontraron a Suki y Aang preparando la cena en silencio.

-¿Han visto a Toph? –Quiso saber Zuko.

-Sí –Dijo Katara y en seguida se tapó la boca con ambas manos recordando el trato que había hecho con la maestra tierra.

-¿Qué pasa, dónde está?

-Se suponía que no debía decirle a nadie –Katara se llevó una mano a la frente, era pésima con esas cosas -Está con Sokka, pero no sé dónde –Al menos podría ocultar esa información para que Toph tuviera piedad de ella a la hora del castigo.

Zuko pensó dónde podrían estar, no había visto a ninguno de los dos en toda la tarde ¿Y por qué Katara no podía decirle a nadie? Era por lo menos sospechoso. Suki se preguntaba cosas similares, Sokka no le había dicho dónde estaría, ni si quiera había mencionado que haría algo con Toph.

Aang puso la mesa y Suki sirvió los platos, se sentaron todos a comer mientras se preguntaban dónde estaban los dos que faltaban, siempre manteniendo el peso de la noticia que Zuko les había dado sobre sus hombros, pero no necesitaron darle muchas vueltas al asunto, Toph y Sokka entraron al poco tiempo con un extraño buen humor.

-¿Pudieron conseguir algo de dinero? –Les preguntó Katara, luego recordó que se suponía que no sabía qué estaban haciendo y puso cara de "oh, lo olvidé"

-Algo así, tenemos que volver por él –Explicó Toph sin darle importancia a lo que Katara había dicho.

Sus amigos la miraron confundidos y Katara suspiró aliviada.

-¿Estaban en el pueblo? –Preguntó Zuko arrastrando la silla junto a él hacia atrás para que Toph pudiera sentarse.

-Sip –Respondió ella tomando su lugar.

-Después de comer todos van a prepararse para salir –Les dijo Sokka visiblemente emocionado.

-Que ni se te ocurra arrastrarnos a otra de tus obras–Le gruñó Katara apuntándolo con un palillo.

-Tranquila, princesita, esta vez será algo bueno –Le aseguró Toph tomando su ración de comida de manos de Suki para comer apresuradamente.

Toph fue la primera en terminar, se paró recordándoles que iban a salir en pocos minutos y se retiró rápidamente.

Zuko estaba intrigado y Sokka no le dijo nada para aclarar sus dudas, debió resignarse a ser sorprendido más tarde, aunque ir a perder el tiempo por ahí no le parecía una gran idea. La verdad el ánimo de todos no era el mejor, Sokka les aseguró que sería divertido y que les ayudaría a distraerse un poco, Aang no sabía si distraerse era lo que necesitaba pero no tenía mucho más que hacer, meditar no lo había ayudado hasta ahora. Al terminar de cenar fueron a sus habitaciones para vestirse como ciudadanos de la nación del fuego. Zuko estaba por abrir su puerta cuando del interior apareció Toph llevando un bolso en sus manos. Ella se sorprendió al sentirlo ahí.

-¿Qué haces? –Le preguntó Zuko muy curioso, intentando ver dentro del bolso que ella llevaba.

Toph le sonrió inocentemente.

-Ya lo verás –Intentó evadirlo pero él la tomó por la cintura y no la dejó avanzar.

-No, dime ¿Por qué tanto misterio?

-Que la curiosidad no te mate, chispita –Se escapó de su agarre y comenzó a caminar –No olvides ocultar esa cicatriz –Le dijo volteándose un momento para luego continuar su marcha.

El maestro fuego no podía soportar todo ese misticismo ¿Qué estarían planeando y qué hacía Toph en su habitación? Sabía que Katara había estado hurgando entre las cosas acumuladas en la casa con los años, pero Toph no era así ¿Qué habría ahí que le interesara a ella? Entró en su habitación para ver si faltaba o sobraba algo, pero no encontró nada fuera de lugar.

-Eres tan extraña -Suspiró.

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-¿Están seguros que es por aquí? –A Katara le parecía extraño que su hermano y Toph los llevaran a ese lugar de la ciudad tan desagradable.

A su paso veían a fuertes y repugnantes hombres escupir al suelo, mujeres con aspecto criminal, casas roídas y animales callejeros. Momo se escondió en la ropa de Aang.

-Es justo aquí –Toph se acercó a una puerta de metal carcomida por el óxido y tocó tres veces.

La puerta se abrió y salió un hombrecillo con cara de pocos amigos a recibirlos. Se quedó a un lado de la puerta para que entraran y cerró detrás de ellos. Caminaron por un pasillo estrecho y luego bajaron unas largas escaleras. A Toph se le escapó una sonrisa, lo que estaba por venir sería genial.

-¿Qué hacemos aquí? –Preguntó Suki con un mal presentimiento.

-¡Ya era hora, holgazanes! ¿Dónde está? ¿Quiénes son ellos?–Un hombre con el cabello negro, largo y sucio se acercó hasta ellos y le habló a Toph como si ya la conociera.

-Vienen para ver el espectáculo –Le respondió ella señalándolos con una mano.

-Dijiste que no era una obra –Se quejó Katara y Toph se rió sonoramente como respuesta.

-Bien, pero rápido, no tenemos tiempo –La apuró el hombre después de dedicarle una mirada extraña a la maestra agua, como si estuviera loca.

-El escenario está por allá –Toph les señaló el camino y los demás comenzaron a dirigirse hacia allí encabezados por Sokka –Chispita, tú vienes conmigo.

Ella lo tomó de la mano y le sonrió con complicidad, apartándolo de sus amigos.

-¿A dónde? –Preguntó Zuko pensando que se perderían la obra.

-¿Es él? –El hombre de antes lo examinó mirándolo de arriba abajo –No parece muy fuerte.

-¿Qué? –Zuko se molestó por el comentario y lo miró desafiante.

-Tranquilo, es perfecto –Le aseguró Toph golpeando el brazo de Zuko.

-¿Perfecto para qué? –Preguntó él tocándose la extremidad golpeada.

-Vengan rápido mocosos, tiene que cambiarse.

Zuko no entendía nada, miraba a Toph y ella sólo sonreía alegremente tirando de él. Los llevó por un pasillo iluminado por algunas antorchas hasta una habitación desde donde podían oír un extraño bullicio como de mucha gente gritando.

-Lo quiero listo en cinco minutos, luego a la arena –Les dijo el hombre antes de desaparecer por la puerta.

-¿Qué es todo esto, qué arena? –Preguntó Zuko cansado de no entender qué rayos pasaba y en qué estaban metidos.

Ella se quitó el bolso y, poniéndolo sobre una mesita desgastada, buscó algo dentro. Sin contestarle nada sacó algo que parecía tela negra desde él.

-Póntelo –Le dijo tendiéndole lo que acaba de sacar.

-¿Qué demonios está pasando, Toph? –Exigió saber mientras tomaba lo que ella le ofrecía. Lo extendió y se encontró con la ropa que había usado para acompañar a Katara a vengar a su madre -¿Por qué tienes esto?

-Lo tomé de tu habitación –Le explicó –Creo que necesitarás tus dos ojos para luchar bien.

-¿Luchar?

-¿No lo has notado? ¡Esta es una arena de fuego control!

-¡¿Qué demonios hacemos en un antro como éste?! ¿Estás loca? –Zuko no podía creer dónde estaba y qué demonios hacía Toph trayéndolos a ese lugar, incluso Aang estaba en el público, si lo descubrían estaban fritos, literalmente.

-Cálmate, chispita, sólo tienes que ganar un par de encuentros y tendremos dinero suficiente para…

-¡¿Qué?! –Zuko Abrió los ojos todo lo que pudo, estaba al borde de la histeria -¿Quieres que luche en frente de toda esa gente? ¡Soy el maldito príncipe de la nación, todos me reconocerán!

-¡Cállate! –Toph le tapó la boca con una mano, si los oían estaban muertos -¡Nadie lo sabrá! Sólo cúbrete bien el rostro y estarás bien.

-¿Cómo puedes decir eso? –Zuko intentó hablar a través de la mano de Toph.

-No exageres, sólo son un par de peleas, nada nuevo para ti.

Ella lo soltó y comenzó a quitarle las vendas que cubrían su cicatriz. Zuko intentó relajarse un poco respirando profundamente, a veces ella podía acabar con toda su paciencia. Toph sintió el aire cálido que exhalaba y el calor que desprendía su cuerpo, estaba furioso y eso la divertía mucho.

-¿Estás vengándote, verdad? –Preguntó por fin abriendo su ojo izquierdo ahora libre.

-Lo adivinaste, princesa.

-No me digas así –De modo que ese era el castigo que había escogido para él por haberla tratado tan mal hace unos días con el asunto de los golpes en su cuerpo ¿Qué podía hacer? Ya estaban ahí y si lograba ganar un par de veces tendrían el dinero que les estaba haciendo falta -¿La recompensa es buena?

-Mucho –Le aseguró ella volviendo a acercarle el traje.

Zuko suspiró y lo tomó de sus manos, aceptando el desafío. Toph sonrió sádicamente.

Zuko entró en la arena acompañado de Toph. Al estar bajo tierra, la luz del día no alcanzaba la estructura, todo estaba iluminado por regias antorchas colgadas en las paredes y del techo, la luz roja y brillante hacía relucir los oscuros y lustrosos emblemas de la nación del fuego puestos por todas partes. En medio del gran estadio subterráneo había un enorme círculo de tierra compacta, sobre el que los participantes lucharían. Estaba rodeado de una gran y circular estructura de metal donde estaban los asientos. El maestro fuego admiró la arena y a las personas que vitoreaban su llegada, divisó a sus amigos en las gradas, que le gritaban y silbaban para darle ánimos, seguramente Sokka ya los había puesto al día con la situación. Toph se sentía realmente bien, había extrañado la deliciosa sensación de estar a punto de machacar a alguien y ser galardonada por eso, daría lo que fuera por poder suplir a Zuko, pero no podía, si alguien llegara a descubrir que era una maestra tierra la cocinarían viva. Se le había ocurrido traerlos ahí pensando que sería bueno sentirse en casa de nuevo, después de todo, la arena de lucha había sido su segundo hogar y si ella no podía subir Zuko lo haría por ella, además era una buena forma de molestarlo, era un príncipe y luchar por un par de monedas no era parte de sus costumbres, aun así él era capaz de hacerlo, lo sabía, y si no se burlaría para siempre de él. Zuko miró hacia su costado para encontrar a Toph, la que tenía una sonrisa nostálgica.

-¿Qué pasa? –Le preguntó a través de la tela que le cubría la mitad del rostro.

-Nada ¿Estás listo?

De pronto escucharon la estridente voz del locutor del evento saludando a los asistentes. El sujeto de cabello sucio llegó junto a ellos y se llevó a Zuko hasta su lugar, no pudo despedirse de Toph como quería.

-¡Acaba con todos! –Le gritó ella alzando un brazo con energía.

Cerca de la plataforma había una estantería con diversos tipos de armas.

-Anda, muchacho, escoge una –Le ofreció el hombre.

-Creía que ésta era una arena de fuego control –Le contestó él alzando su ceja.

-Créeme, novato, querrás tener toda la ayuda posible.

Zuko no estaba muy convencido, pero aun así tomó las espadas duales dao que estaban a un lado. Recordó el tiempo en el que se hizo llamar el Espíritu Azul, había utilizado unas bastante parecidas, eran su tipo de espada predilecta. Oyó de improviso que el locutor estaba presentando a su contrincante, se volteó rápidamente para verlo y se encontró con cinco sujetos subiendo a la arena.

-¿Qué mierda es esto? –Le preguntó confundido al hombre que lo había llevado hasta ahí.

-Todos contra todos ¿No lo sabías?

-¿Cómo iba a saberlo?

-La niña dijo que podrías con eso –Le dijo él apuntando a Toph que había ido a sentarse junto a sus amigos en la primera fila –Si quieres el dinero tendrás que ser el último sobre la arena.

Zuko se sintió algo avergonzado y no se quejó más. Si la tonta de Toph quería que acabara con todos pues eso haría. Subió él también a la plataforma para ver mejor a sus enemigos. El primero era un tipo fuerte, moreno, alto y calvo, el locutor lo presentó como La Llama; el segundo era uno más delgado y pequeño, pero a todas luces más rápido, le llamaban Lagartija de Fuego; el tercero era una mujer con un látigo en la mano y una mirada que a Zuko le recordó a su hermana, su apodo en el ring era Tres Brazos; el cuarto era un tipo con barba y cejas frondosas, lo llamaron Certero y, por último estaba un joven de una edad similar a la de Zuko, con el cabello largo y oscuro recogido atrás de la cabeza, tenía una larga vara de metal balanceándose entre sus manos, el locutor lo presentó como Pit.

-¡Y EN ÚLTIMO LUGAR TENEMOS AL NOVATO QUE VIENE A PRESENTARNOS SUS HABILIDADES EN LA LUCHA! ¡SALUDEN AL NUEVO GLADIADOR: CHISPITA!

-¡¿Qué?! –Zuko miró al locutor con cara de profunda confusión. Oyó la risa estridente de Toph y sus amigos desde las gradas, unidas a las de los demás asistentes. Toph se estaba pasando ¿Cómo pudo darle ese apodo? Bueno, al menos no había dicho Princesa, de todos modos iba a cobrárselo más tarde. El sonido de una campanilla lo distrajo.

-¡Y COMIENZA LA PELEA!

Zuko no estaba concentrado y sin aviso el látigo de Tres Brazos le alcanzó una pierna, dejándole una punzada de dolor al contacto. Saltó hacia atrás para poner distancia y escapar del segundo golpe. El hombre más delgado se había decidido por atacar a Pit, y luchaban ferozmente. La mujer del látigo iba a repetir su ataque, pero Zuko fue más rápido y le lanzó una ráfaga de fuego que la hizo retroceder, chocando de espaldas contra La Llama, el más grande de todos, quién aprovechó para atizar un golpe que Tres Brazos logró esquivar por suerte para ella. Zuko estaba ahora atento a todo lo que ocurría a su alrededor ¿A quién debía atacar primero? Esquivó la vara de metal de Pit y atacó cortando el aire con sus espadas, realmente no quería hacerles daño, pero estaba ahí para ganar, si no tenía opción haría lo que fuera necesario. Se volteó para encontrarse de cara con el hombre de barba y cejas pobladas, saltó a tiempo para evitar ser quemado con una ráfaga de llamas y, girando en el aire, le lanzó fuego a su atacante con una fuerte patada, el hombre para no quemarse retrocedió hasta la orilla de la arena y, perdiendo el equilibrio, cayó fuera. Fue muy fácil, pensó Zuko, oyendo cómo el locutor anunciaba la descalificación de Certero.

-¡Muy bien! ¡Sigue así! ¡Aplástalos!–Oyó la voz de Sokka que gritaba como loco para apoyarlo. Zuko sólo deseó que no se le ocurriera gritar su nombre o estarían en problemas.

Por no prestar atención La Llama logró golpearlo directamente en el estómago. Zuko retrocedió unos pasos reponiéndose e intentando recuperar el equilibrio, pero no tuvo tiempo, Tres brazos vió su oportunidad y corrió hacia él para golpearlo con su látigo que ahora estaba envuelto en llamas, sin embargo, sin saber cómo, Pit la tacleó antes de llegar hasta Zuko, sacándola del camino. Él no se detuvo para agradecerle y se lanzó contra Lagartija de Fuego, que ahora estaba cerca de él, atacándolo con sus espadas logró que retrocediera, pero la vara de metal de Pit lo golpeó inesperadamente por la espalda, haciéndole caer de rodillas. Maldijo por lo bajo y se apresuró a levantar su cuerpo con sus brazos y alejarse de la trayectoria del golpe que seguía. Se movió justo a tiempo para no ser golpeado nuevamente, miró a su alrededor y Tres Brazos ya no estaba sobre la plataforma. Quedan tres, susurró. La Llama arrojó bolas de fuego hacia Zuko, el que las desvió con sus espadas, vió por el rabillo del ojo que Lagartija de Fuego iba a atacarlo y en cuanto saltó hacia él, Zuko se deslizó por el suelo, esquivándolo por centímetros. La Lagartija no esperaba que Zuko se moviera y voló directamente hacia el más grande de los tres, el que le lanzó una ráfaga de fuego que apenas pudo dispersar y cayó pesadamente sobre un costado. Intentaba ponerse de pie cuando notó que Zuko corría hacia él, rodó sobre sí mismo para que las espadas no lo rebanasen por la mitad, Zuko le lanzaba fuego al tiempo que blandía sus espadas con gran habilidad, La Lagartija de Fuego se alzó sobre sus manos, intentando desesperadamente alejarse de Zuko, pero él lo alcanzó con una patada que no logró esquivar justo en las costillas y lo arrojó peligrosamente cerca de la orilla, Pit llegó junto a él impulsándose con su bastón y completó el trabajo, lo lanzó fuera de la arena golpeándolo con la vara. Zuko estaba cansándose, esquivaba los golpes como podía, los dos que quedaban eran realmente buenos luchando. De pronto pasó algo inesperado, La Llama y Pit intercambiaron una mirada de complicidad y asintieron mientras jadeaban recuperando algo de aliento. Acababan de formar una alianza para terminar con Zuko.

Toph sintió el cambio de las vibraciones de los dos competidores y se alarmó.

-¡Chispita, cuidado! –Le gritó a Zuko con todas sus fuerzas.

El príncipe se volteó y se encontró con La Llama acercándose amenazadoramente, se agachó y le lanzó fuego con sus piernas, girando sobre sí mismo. La Llama saltó hacia atrás para esquivar las llamaradas, pero Pit había logrado sobrepasarlas, llegó junto a Zuko y dejó caer con fuerza su bastón metálico sobre él. Zuko interpuso sus espadas en la trayectoria del bastón y pudo detenerlo, mas mientras concentraba su atención en equiparar la fuerza de Pit, La Llama lo golpeó desde un costado con todo su peso. Zuko gruñó y rodó por la plataforma pesadamente, soltando sus armas. Alzó la cabeza rápidamente para orientarse, La Llama y Pit corrían hacia él ¿Cómo podría atacarlos al mismo tiempo? Estaba en problemas. Esperó el momento exacto para moverse y, justo antes de saltar hacia él, un pie de La Llama se deslizó inexplicablemente, haciéndole perder el equilibrio y caer de espaldas sobre la arena. ¡Suerte! Pensó Zuko, quien ahora sólo debía concentrarse en Pit. Se puso de pie y saltó hacia la derecha, escapando milimétricamente de un peligroso golpe, como ya no tenía sus espadas hizo aparecer llamas en sus manos, como si de cuchillos se tratase y arremetió contra Pit, el que retrocedió y se dio una vuelta para alzar su vara sobre su cabeza y dejarla caer con toda su fuerza contra Zuko, el que pensó que esta vez no lograría escaparse del todo, pero lo hizo. Pit quiso seguir a Zuko con su bastón y de haberlo logrado le habría roto con seguridad un par de costillas, pero éste no se movió. Alarmado intentó levantarlo, pero estaba atorado en la tierra de la plataforma. Estaba jalando del bastón desesperadamente cuando Zuko, con una patada voladora, le dió de lleno en la cara, Pit calló hacia atrás y Zuko se interpuso entre él y su bastón. Pit escupió un poco de sangre mientras se ponía de pie y sonreía malvadamente mirando sobre el hombro de Zuko, él se volteó y vió justo a tiempo a La Llama, que se lanzaba contra él, furioso. Zuko se puso en posición firme, iba a terminar con todo en ese mismo instante. Haciendo acopio de todas sus fuerzas se deslizó bajo el gran y pesado cuerpo de La Llama y lo levantó sobre su espalda, con mucho esfuerzo. Creyó que sus huesos se romperían y su espalda pedía a gritos un descanso, pero aguantó y arrojó su pesada carga contra Pit, el que inició su salto de huida demasiado tarde, fue arrastrado fuera de la plataforma junto con su compañero. El público estalló en gritos y vítores efusivos, ya había un ganador.

-¡DAMAS Y CABALLEROS! –Gritó el locutor -¡SALUDEN AL GANADOR INDISCUTIBLE DEL ENCUENTRO DE HOY! ¡CHISPITA!

Los asistentes se pusieron de pie para alabar al ganador, repetían y coreaban "chispita" una y otra vez mientras alzaban sus manos y saltaban emocionados.

Zuko intentaba recuperar el aliento, ese hombre que había levantado pesaba más que un rino de komodo, estaba seguro. Se enderezó haciendo sonar los huesos de su espalda y vió a Toph subiendo a la plataforma. Corrió hacia él con una gran sonrisa en el rostro y se lanzó a sus brazos, Zuko la abrazó, girando con ella una vez.

-¡Ganaste! ¡Les pateaste el trasero! –Toph estaba orgullosa y feliz de haber podido presenciar luchas otra vez.

-¿Qué esperabas? –Le dijo él con una sonrisa.

Se reunieron con sus amigos debajo de la plataforma, todos estaban emocionados, Zuko había dado una pelea fenomenal.

-¡No puedo creerlo! ¡Ese tipo era del tamaño de Appa! –Le decía Sokka agitando sus brazos, era el más eufórico, realmente amaba ese tipo de violencia, le había pasado lo mismo en el Estruendo Tierra.

-Eso fue asombroso –Decía Aang.

-Bien hecho, Zuko –Lo felicitó Katara no sin cierta burla.

Llegó junto a ellos el hombre del cabello sucio y les sonrió.

-¡Estupendo, muchacho, me hiciste ganar mucho dinero hoy! –Soltó una risotada y le golpeó la espalda, en forma de felicitación.

-Queremos el premio –Le dijo Toph, no iban a irse con las manos vacías por nada del mundo.

-Claro, se los doy en el vestidor.

Toph y Zuko lo siguieron hasta el lugar en el que Zuko se había cambiado de ropa anteriormente, los demás se dirigieron a la salida.

-Al principio no creía que fueras capaz de vencer a los demás, pero qué sorpresa me diste ¿No, muchacho? Qué bueno que le hice caso a esta niña. Aquí tienen –Le tendió el dinero a Zuko pero fue Toph quien se lo arrebató de las manos, abrió la bolsa y contó las monedas con rapidez.

-Está bien –Le dijo verificando que estuviera todo el dinero acordado.

El hombre se rió sonoramente.

-Qué niña más rara ¿No tienes más retadores que traerme? Puedes hacer mucho más dinero si me consigues más personas así de buenas–Le dijo.

-No, lo siento ¿Puede dejarnos solos ya? –Lo cortó ella sin muchos modales.

-De acuerdo, pero si les falta dinero no duden en venir otra vez, el espectáculo de hoy fue excepcional –Se despidió despreocupadamente con la mano y salió de la habitación.

Toph suspiró. Zuko se quitó la máscara y se sentó rendido sobre un banco que encontró por ahí, estaba deshecho.

-¿Cansado? –Le preguntó ella con una sonrisa mientras escondía el dinero en el bolso.

-Para nada –Le mintió con una sonrisa comenzando a cambiarse.

Toph se sentó junto a él, estaba tan orgullosa de su victoria, casi como si hubiese ganado ella misma, le había hecho recordar el día en que se ganó el cinturón en El Estruendo Tierra, aunque en realidad no le había costado mucho, aun así era un gran logro, sobre todo por haberlo mantenido en su poder por tanto tiempo. Era lo único que extrañaba de Gaoling.

-No creas que no me di cuenta –Zuko la sacó de sus pensamientos.

-¿De qué?

-No soy tonto, ese tipo no se resbaló solo y el bastón del otro sujeto no pudo enterrarse en la tierra por sí mismo.

-Quizás usó mucha fuerza –Toph se alzó de hombros.

-Quizás una pequeña maestra tierra lo enterró.

-No seas ridículo, no hay maestros tierra en la nación del fuego –Bromeó ella.

Zuko se rió, sabía que había sido ella, le había ayudado en el momento preciso. Se le acercó con una única intención.

-Gracias –Susurró rozando los labios de Toph con los suyos.

Ella se sonrojó sintiendo cómo Zuko atrapaba sus labios en un cálido beso. Toph estaba de humor para esas cosas, quería tener a Zuko más cerca, entreabrió los labios esperando que él profundizara más el beso, pero en lugar de eso se alejó.

-¿Qué pasa? –Preguntó ella sin entender por qué lo había hecho, él nunca se interrumpía así.

-¿Qué, querías más? –Zuko vió divertido cómo Toph se sonrojaba avergonzada –Eso es por lo de Chispita.

Toph abrió los ojos, no se esperaba ese tipo de venganza por parte de Zuko, quería dejarla con las ganas.

-No te atrevas –Le advirtió antes de buscar su rostro, jalarlo hacia ella y besarlo bruscamente. Zuko sonrió antes de corresponderle rodeándola con los brazos.

-Vaya, eso me trajo recuerdos –Pensó Aang en voz alta mientras todos caminaban por el pueblo buscando dónde comprar un par de cosas.

-¿Qué recuerdos? –Quiso saber Suki.

Ya era de noche y las calles eran iluminadas por farolas, la gente caminaba lentamente, apreciando el paisaje.

-Encontramos a Toph en un lugar como ese, la llamaban La Bandida Ciega –Le contó Sokka.

-¿En serio? –Preguntó Zuko mirando a Toph.

-¿No lo sabías? –Dijo Katara –Toph luchaba en un torneo clandestino en su cuidad, se llamaba Estruendo Tierra Vl, el cinturón era suyo.

-Gracias a ese torneo pude encontrar a mi maestra de tierra control –Aportó Aang.

Zuko estaba impresionado, Toph nunca le había contado esa parte de su vida, y habían hablado mucho sobre ellos mismos.

-Era increíble, debieron verla ¿Cuál era tu récord, Toph? Ha pasado tanto tiempo que ya lo olvidé.

-Cuarenta y dos victorias y ninguna derrota –Dijo ella orgullosamente –Hasta que pies ligeros me botó del ring.

-Lo siento –Le dijo él con una risita, tocándose el cuello.

-¿Luchadora, eh? –Dijo Zuko alzando su ceja.

-Campeona –Le corrigió Toph.

Al llegar a la casa todos se fueron a dormir luego de comer algo, ver a gente luchando por dinero siempre abre el apetito.

Katara se ofreció para revisar a Zuko, por si se había herido más de la cuenta durante la pelea, él que no tenía por qué negarse, aceptó. Todos se despidieron en el comedor y se fueron a dormir, Zuko besó a Toph en la mejilla y le deseó buenas noches antes de que se fuera. Cuando estuvieron solos se quitó la túnica y se sentó al revés en una silla, con el respaldo frente a él. Katara sacó su agua y la pasó por la espalda de Zuko, aliviando un poco el dolor que la pelea le había dejado. Ella se fijó en unas marcas extrañas que cruzaban la espalda de Zuko horizontalmente.

-¿Qué es esto? –Preguntó ella acercándose para ver mejor.

-¿El qué?

-Estás herido, pero no puedo sanarlo, no parece reciente.

Zuko enrojeció de golpe recordando cómo habían aparecido esas marcas en su espalda, seguro eran las que Toph le había dejado con las uñas esa noche mientras él… Sacudió la cabeza para no seguir recordando.

-Debió ser mientras entrenaba con Aang –Intentó ocultar su rostro para que no pudiera adivinar en qué estaba pensando.

-Le diré que tenga más cuidado, no podemos tener accidentes ahora –Le dijo ella guardando el agua en la cantimplora.

-No te preocupes, no es nada –Zuko volvió a ponerse la túnica rápidamente –Bueno, gracias Katara, buenas noches.

La maestra agua observó a Zuko desaparecer por los pasillo preguntándose qué le pasaba. Se alzó de hombros y se dijo que no importaba, puso la silla en su lugar y se fue a dormir.

-Bien hecho, Aang, ya lo tienes –Zuko acababa de enseñarle al monje cómo desviar un rayo y con eso habían terminado sus lecciones. Quedaban dos días para el cometa y Aang ya se había convertido en un gran maestro fuego.

-Te lo agradezco, Zuko –Aang hizo una reverencia que su maestro correspondió.

-Hay algo que quiero preguntarte –Le dijo mientras iban a sentarse a la sombra de los pasillos techados.

-Lo que sea –Le respondió Aang con una sonrisa.

-Toph me dijo que te ha estado sintiendo muy abatido y creo saber por qué –Aang hizo un gesto de desagrado, no le gustaba el camino que estaba tomando la conversación de Zuko –Quiero saber si serás capaz de detener al señor del fuego.

Aang se dejó caer sobre las escaleras de piedra y clavó su vista en el suelo.

-No lo sé.

-Tienes que hacerlo, Aang, debes tomar su vida antes que él tome la tuya.

-¡Estamos hablando de un ser humano! –Aang odiaba la idea de tener que matar a Ozai, por mucho daño que haya causado seguía siendo una vida que él no estaba dispuesto a tomar –Es tu padre, Zuko, no puedo simplemente matarlo y ya.

-No hay otra opción, el mundo nunca recuperará el equilibrio mientras él exista y lo sabes, dejarlo con vida es demasiado peligroso –Para Zuko también había sido un tema delicado hasta hace un tiempo, por eso no había querido hablarlo antes con Aang, no estar de acuerdo con su padre era una cosa, aceptar su asesinato era otra muy diferente, sin embargo, después de mucho pensarlo no había podido encontrar otra salida, Aang debía acabar con él.

-Pero no puedo hacerlo…

-Aang –Zuko puso una mano sobre su hombro –Soy el hijo de Ozai y entiendo todo el mal que le ha hecho al mundo, no sólo él, mi abuelo y mi bisabuelo son culpables de esto también. Devuélvele la paz al mundo y libera a la nación del fuego de su vergonzosa historia.

Aang miró a Zuko a los ojos. Sabía que él lo perdonaría y hasta lo entendería si asesinaba a su padre, pero incluso así se resistía a la idea, no podía hacerlo, él era el avatar y no un asesino, debía traerle paz y equilibrio al mundo, no muerte.

-Haré lo que pueda –Respondió por fin.

Zuko asintió seriamente y entró a la casa, le parecía que Aang quería estar solo.

-Sé lo que Aang necesita –Dijo Sokka –Un estímulo.

-¿Por qué vine a hablar esto contigo? –Zuko se llevó una mano a la cara y presionó el tabique de su nariz. Había ido a contarle de la conversación que tuvo con Aang pero ahora no entendía por qué lo había hecho.

-Porque Suki y Toph están entrenando y Katara está lavando la ropa –Le recordó él –Ahora escucha, tengo una idea para que Aang le pierda el miedo a la lucha contra Ozai.

Sokka los reunió a todos cerca de la playa y les dio instrucciones para un muy lúdico juego titulado El Señor Sandía. Pensaba que hacer que Aang se enfrentara a una simulación del Señor del Fuego podía hacer que entendiera que en realidad no era tan difícil acabar con él. Zuko le había dicho que no era una buena idea pero él no lo escuchó. Toph le dio vida al señor de la sandía mientras sus amigos intentaban llegar hasta ella, pero el juego fue un fracaso, cuando Aang debía dar el golpe final se detuvo. Simplemente no podía hacerlo. Sokka se frustró por haber estado tan cerca y no haber conseguido nada.

-Si fuera el señor del fuego real ya estarías muerto ¡Tienes que entenderlo! ¡Él va a matarte si tú no lo haces! –Sokka perdió el control y le gritó a Aang, luego tomó su espada y decapitó al señor sandía –Así es como debe ser.

Los demás lo miraron en silencio, por mucho que no quisieran, lo que Sokka decía era verdad, ese era el único final posible. Aang cerró los ojos con fuerza, se rehusaba tajantemente a terminar así, debía encontrar otro camino y debía hacerlo ahora. Después de terminar el juego se retiró a un balcón de la casa y se dispuso a meditar, intentando encontrar una respuesta desesperadamente. El estrés que sentía era tanto que se durmió sin notarlo. No pareció estar muy despierto ni si quiera al sentir el extraño llamado que le hizo ponerse de pie y adentrarse en el mar.

El equipo avatar estaba terminando de empacar sus cosas sobre Appa, era hora de partir y enfrentarse a su destino. Pensaban que todo estaba listo cuando Toph les recordó que Aang no se encontraba ahí, lo buscaron por toda la casa y por la playa, mas sólo encontraron su planeador, de él no había rastro. El pánico comenzó a comérselos ¿Qué pasaría si Aang había escapado? Luego de agotar todos los recursos a Zuko se le ocurría una sola cosa, pedir la ayuda de June.

Se subieron a Appa y volaron al reino tierra, encontraron a June en una taberna y Zuko la convenció para que buscara a Aang con su Shirshu. Los resultados fueron devastadores, les dijo que Aang no existía.

-Sólo hay otra persona que puede ayudarnos a derrotar a mi padre…

Zuko buscó entre sus cosas y encontró una sandalia de su tío, encontrarlo era su última esperanza, Aang había desaparecido sin dejar rastro y el cometa no se detendría por eso. Aunque temiera su reencuentro no le quedaban más opciones y recordaba las palabras de Toph, haría que su tío estuviera orgulloso de él.

-¿Guardaste una sandalia apestosa de tu tío? –Sokka le miró con cara de asco mientras Katara y Suki se tapaban la nariz.

-Yo creo que es tierno –Dijo Toph.

Zuko se sonrojó y los demás la miraron con cara de "eres tan asquerosa como él".

El Shirshu olfateó la sandalia y se lanzó tras el rastro. Hicieron todo el camino en silencio, con la tensión aplastándolos. La extraña situación había traído muchos pensamientos extraños a la cabeza de Toph ¿Qué sería de ellos si no lograban vencer a Ozai? ¿Terminarían todos muertos? En cierta forma le causaba más ansiedad pensar en un futuro donde conseguían la victoria ¿Qué pasaría con sus amigos luego de la guerra? Aang ya no la necesitaría como maestra, ya no tendría sentido seguir viajando juntos, Katara y Sokka volverían al polo sur, Suki a la isla Kyoshi, Zuko seguramente volvería a su nación ¿Y ella? ¿Qué sería de ella, volvería a Gaoling con sus padres? Después de haber conocido la libertad ¿Podría volver a recluirse dentro de cuatro paredes alejada totalmente de la tierra? Porque de seguro sus padres la encerrarían para siempre después de haber escapado de esa forma. Quiso tener a Zuko cerca para que le dijera que nunca tendría que volver a esa casa, pero él estaba ocupado guiando a Appa. Sacudió la cabeza ¿Desde cuándo necesitaba que alguien le dijera que todo estaría bien? Se pasó por su mente la idea de invitar a Zuko a recorrer el mundo con ella, sería algo realmente agradable pero ¿Él aceptaría? De cualquier forma no era momento para divagar de esa manera, debía concentrarse en el presente, donde las cosas ya eran suficientemente malas.

Les llevó casi todo el día, pero llegaron a Ba Sing Se, donde el Shirshu se detuvo. June les dijo que Iroh estaba dentro de los muros de la ciudad y se despidió para desaparecer en el horizonte. Zuko no se sentía preparado para enfrentar a su tío aún, así que diciendo que ya era muy tarde propuso acampar a la entrada de la ciudad.

Toph no podía dormir, el futuro le preocupaba, intentaba no desear que las cosas se quedaran tal y como estaban, ella apoyaría siempre a Aang, lo sabía, pero si él ganaba ella estaría totalmente perdida ¿Podría ayudar a construir un futuro en el que se quedaría sola? Sintió pasos y se distrajo de sus pensamientos. Estuvo atenta un momento e identificó las ansiosas pisadas de Zuko, que se movía de un lado a otro, deshizo su tienda de tierra y se acercó a él.

-¿Nervioso? –Le preguntó haciéndole dar un respingo de la impresión.

-¡Toph, me asustaste! –Le susurró él, sin querer despertar a sus amigos.

Ella sonrió, sentía sus vibraciones inquietas y sabía exactamente por qué estaba así, no podía ocultarle nada. Se alejaron un poco de los demás para no despertarlos con sus conversaciones y se sentaron sobre un montón de escombros, rastros de lo que había sido la gran muralla de Ba Sing Se.

-Tengo miedo, Toph –Le confesó Zuko con la mirada perdida entre las piedrecillas del suelo.

-Lo sé –Le dijo ella–También sé que te perdonará.

-¿Cómo estás tan segura? Tú no estabas ahí, lo traicioné, a la única persona que siempre me quiso.

-Sé que lo hará, confía en mí – Ese "confía en mí" en realidad debía ser un "porque yo también te quiero y te perdonaría", era lo que ella había querido decir, pero no se atrevió. No pudo. La situación en la que se encontraba era extraña, Zuko necesitaba apoyo y ella quería dárselo, pero sus pensamientos sobre el futuro inmediato le hacían pensar que si ganaban la batalla perdería a Zuko para siempre.

Él la miró fijamente. Volver a reunirse con su tío lo llenaba de miedo, pero ahí estaba ella, dándole ánimos. Se acercó a Toph y la estrechó contra su pecho, pasando un brazo sobre sus hombros. No podía responderle en ese momento, por su cabeza pasaban tantas cosas, su tío, la desaparición de Aang, el futuro de su nación y del mundo, estaba preocupado por tantas cosas, lo estaban apostando todo por derrotar a su padre. Su padre. Le llenaba de vergüenza llevar la sangre de ese horrible hombre, odiaba todo lo que había hecho por ganarse el amor de ese monstruo.

-Toph… -Quiso decir algo pero no sabía qué, inspiró profundamente el aroma a tierra y champú que desprendía su cabello, no podía dejar de abrazarla, no quería soltarla nunca más, temía perderla, se sentía casi como si fueran los últimos instantes que pasaba con ella.

-Después del cometa ven conmigo –Soltó Toph de pronto.

-¿A dónde? –Preguntó Zuko, sorprendido, no había pensado en qué haría después del cometa, toda su atención estaba en derrotar a Ozai y a Azula, pero en realidad no le importaba, tenía un extraño presentimiento y sabía que aceptaría todo lo que Toph le pidiera sin importar lo extraño que fuera.

-Donde sea, vamos a viajar por el mundo –Toph apoyaba su cabeza en el hombro de Zuko, no quería apartarse de él. Le costaba creer lo que estaba diciendo, pero no quería dejar de imaginar su vida así, viajando con Zuko por todas las naciones, durmiendo sobre la tierra, caminando por todas lados, pateando traseros por todo el mundo.

-Claro –Le dijo él –Vamos a viajar.

Toph no pudo evitar sentirse horriblemente triste al oír sus palabras, se pegó más a él. Lo sentía en sus vibraciones, lo tenía claro en la mente y a pesar de entender sus intenciones, que eran similares a las suyas, no dejaba de deprimirse. Zuko cerró los ojos con fuerza, oprimiendo sus labios contra la frente de Toph. Ambos sabían que esa promesa era una gran mentira.