Nunca, nunca bebía. Era demasiado responsable como para planteárselo tan siquiera. Se salía de sus normas morales y de las normas del colegio. Maldita aguafiestas.

Sena tragaba intentando obviar el gusto del alcohol que tanto odiaba. No era de las que ahogaba sus penas en alcohol, pero precisamente eso está haciendo. Y sabe que es una soberana idiotez, que eso no la ayudará y que él no se dará cuenta. Pero no pudo evitarlo y ahora es tarde. La vista se le nubla y se ríe por todo. Ahora sí que es libre, libre para no preocuparse de él ni de lo que haya hecho hace tan solo unas horas.

-Deberías dejar de beber.

Gira la cabeza para encontrarse con unos ojos grises acusándola. Scorpius Malfoy, su amigo, su mejor amigo a decir verdad. Y eso lo lleva a acordarse de él, y no quiere. Coge otro chupito de tequila y lo baja de golpe.

-Y tú deberías buscarte una vida propia. O decírselo de una puta vez a Albus.

Lo oye reírse y está casi segura de que se ríe de ella, por decir puta. Pero él no lo entiende, la niña buena no está hoy, se ha cansado de hacer siempre lo correcto. Así que se levanta, joder ¿no podría el mundo pararse un rato? Scorpius se levanta con ella y le pasa el brazo por los hombros.

-Vamos que te llevo.

Pero ella no quiere irse, quiere bailar, quiere divertirse y, por una noche, olvidar que es ella. Se deshace como puede del brazo de su amigo y se encamina a la pista de baile del local. Y baila, como nunca lo ha hecho. Mentiría si dijera que no se siente poderosa con las miradas hambrientas de los tíos encima de ella. Nota a alguien pegarse a ella y ponerse a bailar, incitándola a seguirlo. No necesita darse la vuelta para saber quién es. Su aroma la pone nerviosa y se deja llevar. Los labios de él viajan por su cuello mientras las manos descienden hacia la cadera. Sena cierra los ojos y se muerde el labio.

-No sabía que bailaras así.-su aliento en el oído parece despertarla de golpe. Está furiosa, con él y con ella misma. Se gira enfadada e intenta golpearlo, pero él es más rápido, y está menos bebido cosa que también ayuda, y la agarra de la muñeca. Se zafa y sale por la puerta.

Está enfadada, furiosa, frustrada y sobre todo está deseando abalanzarse sobre él, y todavía no tiene muy claro para que.

-¿Qué coño te pasa?-no es delicado, pero James nunca lo ha sido con ella. Sigue andando ignorándolo, o al menos intentándolo.-No te entiendo, el lunes me besas y hoy pasas de mi.

-¿Yo? ¿Tengo que recordarte que no era yo quien estaba hoy metiéndole la lengua a Stephanie Varvatos?

-¿Es eso?- él se ríe, y eso no hace más que enfurecerla. Eso y que no puedo sacarte de mi cabeza capullo. Y eso le jode y mucho.

-Eres un…ahh-frustrada se gira y se va furiosa. Solo quiere llegar de una vez al castillo y meterse en su cama. Con lo que no cuenta es con acabar en un callejón sin salida, y con él 

detrás. No quiere girarse, no quiere enfrentarlo, porque está llorando y no quiere que él lo sepa. Que sepa que la hace sufrir.

Y James se acerca y la abraza por detrás apoyando la cabeza en el hombro de ella y aspirando su aroma. Murmura un lo siento en su oído entre beso y beso a su cuello. Quiere creerlo, lo necesita y a la vez sabe que no es lo correcto. Porque no cambiará y ella tiene miedo. Miedo a no poder tenerlo, a tener que vivir sin él, a que le rompa el corazón y a perderse a si misma.

La ha hecho girarse. La mira fijamente con esos ojos color chocolate, y ella se siente desnuda. La besa en las mejillas, secándole las lágrimas una a una. El mundo gira y lo único que no se mueve es él que ha apoyado su frente en la de ella. Su aliento es lo único que nota sobre sus labios, y tiembla, porque tiene frío y porque él está muy cerca.

Lo besa. Con furia, con pasión. James la aprieta contra él como si tuviese miedo de que se fuera a escapar. Son las manos de ella las que bajan por la espalda del moreno y se introducen por debajo de la camisa. Él tiembla. Sena sonríe dentro del beso y delinea los músculos del abdomen. Viva el Quidditch y los cuerpos que nacen de él. Los labios del chico han dejado la mandíbula y viajan hacia el cuello de la morena. Suspiros ahogados por los labios del otro, manos calientes, caricias desesperadas…Pasión.

No quiere más. No necesita más. Solo lo quiere a él. Tiene miedo de que se vaya con otra porque no le da lo suficiente, porque decide esperar. Se olvida de ella misma, de sus principios, de su moral, por no perderlo. Por darle lo que quiere.

-Para…-el ronco murmullo no le llega, así que la separa. Ella lo mira sin comprender, sin ocultar el deseo de su mirada.

-¿Qué pasa?- y entonces la verdad la golpea, aturdiéndola. Baja la mirada.-No me deseas…

La coge de la barbilla y clava su mirada en ella. Los ojos color chocolate de James se han oscurecido, de frustración, de deseo contenido.

-No…pero quiero que la primera vez que te haga el amor al menos seas plenamente consciente de lo que haces y que tengas posibilidad de recordarlo.

……………………………………………

Se levantó con un dolor espantoso de cabeza, punzante. Al salir de la cama las pierna le temblaron y le vencieron las nauseas. Se arrastró apoyándose en las paredes para llegar al baño. Merlín, no volveré a beber jamás.

Vestida y medianamente decente se dirigió al Gran Comedor, más por costumbre que por que fuera a comer nada. Se dejó caer en su mesa y jugó con los cereales agradeciendo que ya fuese tarde y no estuviese lleno de gente y voces. No creía que su cabeza pudiese soportarlo.

Sus amigas no sabían a ciencia cierta donde había estado ayer y ella no llegaba a acordarse de todo. Sabía que había estado con Scorpius pero a partir de ahí todo se quedaba en nada. Dirigió sus pasos al campo de Quidditch en busca de su amigo.



Pero no estaba allí. En su lugar entrenaba el equipo de los leones. El capitán, James, gritaba animándolos y dando instrucciones. Un crujido y un posterior quejido avisaron de la lesión de un jugador. El entrenamiento terminó. Mientras lo veía bajar se acordó de su enfado. Del engaño del joven. De su propio dolor.

El cazador le sonrió mientras se bajaba de la escoba y se revolvía el ya por si desordenado pelo. Abrió mucho los ojos cuando los flashes, los recuerdos, empezaron a llegar a su cabeza. Caricias, ropa, besos húmedos, suspiros. Negó con la cabeza y empezó a alejarse. Con lágrimas en los ojos huyó de él.

Llevaba en las cocinas todo el día. Te escondes. Se esconde, y lo admite. No quiere enfrentarlo después de lo que ha hecho. Estaba borracha, y aunque tiene que admitir que lo deseaba, no quería que fuese así.

Lo que no había previsto era que él hubiese estado toda la tarde buscándola. Levantó la cabeza de la taza de té que sostenía en sus manos y tembló ante la mirada de él.

-Me evitas.-era más una afirmación que una pregunta.-Y quiero saber el porqué.

Le dolió que la hubiera olvidado tan pronto, que al final y pese a sus intentos solo hubiera sido una más. Bajó la cabeza sin atreverse a mirarlo y susurró:

-Me usaste…

-¿¡Qué!?

La agarró de los hombros y la zarandeó. Estaba furioso. La obligó a mirarlo a los ojos. Dolor, reproche, indignación y furia. Quemaban, sus ojos quemaban. Y dolía, porque él no tenía derecho a sentirse mal. Era ella la que fuera usada, la que no podía recordar nada.

-¿De verdad me ves capaz de hacerlo? ¿Contigo borracha?-ante la muda respuesta de ella James la soltó derrotado, dejando caer los brazos a ambos lados de su cuerpo.-¿Siempre seré el malo, verdad? ¿Qué más dará que te haya defendido mil veces? ¿Qué lo único que quiera es hacerte feliz?

Se dio la vuelta con los hombros hundidos y abrió la puerta para salir.

-Si te sirve de algo ayer no hicimos nada. –cerró la puerta.

Gimió, dejándose caer en el suelo cuando recordó la última parte de la noche. Su propia insistencia, la mirada oscurecida de James y la última frase. Había sido todo un caballero , la había protegido de sí misma. Y ella solo le había hecho daño.