¡Hola otra vez! Lo primero de todo, como siempre, tengo que disculparme por haber tardado tanto en actualizar. Para poder conseguir escribir este capítulo al completo tuve que sobornar a mi inspiración para que volviese de dónde estaba en huelga, y aún así, no me ha quedado como me gustaría pero, como siempre me están diciendo las chicas, Pao y Luna sobre todo, yo no debo juzgar el capítulo, si no los que me leen, así que aquí os lo dejo. Será el último que publique en el 2013, así que, en cierto modo, con él, despediremos el año. El capítulo diez dará la bienvenida al 2014, un año que espero nos venga cargado de felicidad y cosas buenas.
Nuevamente, las respuestas a vuestros reviews del capítulo anterior, las he puesto al final de la página, para no hacer enorme esta nota de autor.
Muchas gracias a todos los que os habéis pasado por los "Flashbacks Samceni" y me habéis dejado un review. Me hace muchísima ilusión saber que os han gustado. Intentaré subir más este domingo. Por el momento, a disfrutar del nuevo capi, ojalá os guste ^.^
Disclaimer: Glee no me pertenece.
Capítulo 9: Adivina, adivinanza
Todos los miembros del Glee Club que habían llegado temprano a clase, se quedaron asombrados cuando les vieron entrar. Mercedes había irrumpido en el aula como un huracán, con su dedo índice en alto y señalando directamente a Puck; y Sam la seguía, con dificultad, tratando de que los pantalones que se había puesto con prisa no se le bajasen, dejándole de nuevo como Dios lo había traído al mundo.
—¡Wanky! —Exclamó Santana, nada más ver cómo Mercedes se detenía en medio de la clase, asesinando al judío con la mirada, y Sam se chocaba con ella, tirando al suelo su mochila y llevándose por fin sus manos libres a la cremallera de sus pantalones. El chico no tardó ni un segundo en asegurarlos con ayuda del cinturón y respirar por fin, aliviado, antes de oír de nuevo la voz furiosa de Mercedes.
—¡Te voy a matar, Noah Puckerman! —le amenazó la chica, todavía con el dedo en alto.
Sam ni siquiera había tenido un minuto de descanso. Tan pronto como ella le había devuelto su ropa para que se la pusiese, el timbre que informaba de la entrada a clases había sonado, provocando que la chica saliese de los vestuarios con el único objetivo de "castrar" a su nuevo amigo Puck, antes incluso de que el pudiese siquiera ponerse su ropa interior. Durante un segundo, había pensado en dejarla ir, no impedirle que ella se lo reclamase a Noah. Pero aquel pensamiento había quedado rápidamente olvidado, y pronto, Sam se había visto recorriendo los pasillos del McKinley persiguiéndola a toda prisa, mientras se ponía la camiseta y sostenía sus pantalones, rezando para que los cordones de sus deportivas no se lo llevasen directamente al suelo.
—¿Qué ha hecho ahora? —Preguntó Quinn, preocupada.
—Mercedes, no... —Sam quiso hablar, pero Mercedes no le dejó. El dedo en alto que antes había dirigido a Puck con intenciones asesinas, ahora le señalaba a él, indicándole que se callase.
—¡¿Qué hizo?! —Mercedes repitió con furia la pregunta de la Cheerio, negando con la cabeza—. ¡Le robó la ropa a Sam! —Exclamó, sin saber ya qué hacer con sus manos. Probablemente, de no haber estado en un aula llena de testigos, éstas habrían estado ya ocupadas tratando de asfixiarle.
—¿Cómo? —Quinn dejó de mirarla a ella, esperando una explicación por parte de su novio.
—¡Le robó la ropa! — Reiteró Mercedes—. ¡Le dejó desnudo en los vestuarios del equipo! ¡Desnudo! ¡Con solo una pelota de baloncesto con la que taparse! —La chica pudo notar cómo sus mejillas se le encendían como nunca al decir aquellas palabras. Sabía que estaba hablando demasiado, pero el enfado y la rabia que sentía dentro no la dejaban pensar con claridad.
—¡WANKY! —Volvió a gritar Santana, provocando que Mercedes la añadiese también a su lista de posibles muertes.
—Fue una novatada, Sexy Mama... No es para tanto —Puck intentó restarle importancia, pero su novia trató de detenerle antes de que el chico fuese demasiado lejos.
—Puck, no es tiempo de-
—Finn, Mike, explicádselo vosotros. Se lo hacemos a todos los nuevos —se excusó el judío, buscando la ayuda de sus compañeros de equipo. Éstos simplemente asintieron con la cabeza, temiendo la reacción de la chica.
—Sois unos... —Mercedes guardó silencio, tratando de calmarse aún sabiendo que le sería totalmente imposible—. ¡El chico confiaba en vosotros! ¡Confiaba en ti!
—Exageras —le respondió Puck—. No sé a qué viene tanto grito. No le hemos matado, solo le hemos robado la ropa. ¡Y ni siquiera le ha visto nadie!
—¡Yo le vi! —chilló la chica, provocando que todos la mirasen fijamente y luego le buscasen a él.
—¡WANKY! —repitió Santana, causando las risas de todos.
—¡Deja de decir eso! —le exigió una furiosa Mercedes, al tiempo que Sam se inclinaba hacia ella y trataba de calmarla.
—¿Qué es lo que vio? —Preguntó Brittany, sentada junto a la latina, sin entender nada.
—O lo que no vio —le respondió Santana—. A lo mejor la tiene pequeña y por eso protesta tanto.
—Mercedes... —El chico volvió a llamar su atención tratando de que dejasen el tema, pero solo recibió su rechazo.
—¡No me toques! —Chilló, alejándose de las manos de él, que trataban de apaciguarla.
—Déjalo estar —le pidió Sam, intentando que ella le escuchase—. No fue nada, de verdad.
—¡No me digas lo que tengo que hacer! —le soltó, notando las miradas de todos sus compañeros puestas en ella.
¿Por qué no entendía lo que estaba haciendo? ¡Por Dios! Le habían robado la ropa. Le habían dejado desnudo en los vestuarios. Con una nota que le empujaba a recorrer los pasillos como Dios le había traído al mundo y, ¿no había sido nada? ¡¿Nada?! ¿Cómo no podía haber sido nada para él? Mercedes se habría muerto de la vergüenza si algo así le hubiera pasado a ella. ¿Cómo podía estar tan tranquilo? ¡Todos se estaban riendo! ¡Todos se reían de él y al chico no le importaba en absoluto!
Mercedes le observó durante unos segundos, antes de girar sobre sus pies y dirigirse hacia uno de los asientos libres que quedaban en el aula. No merecía la pena seguir derrochando saliva por todo lo que había pasado. Él ni siquiera se merecía el dolor de cabeza que la chica estaba comenzando a sentir. Había corrido detrás de ella para impedirle que le reclamase a Puck. Ni siquiera le había importado recorrer los pasillos a medio vestir, mientras la llamaba intentando detenerla. Su único objetivo había sido en todo momento llegar a tiempo para "salvarle la vida" a su nuevo amigo. El mismo que le había hecho la novatada.
¡Estúpidos!
Sam ni siquiera le había agradecido el haberle defendido, cuando ella había sido la única que le había apoyado cuando sus "amigos" habían decidido robarle sus ropas. Ella se las había devuelto, ¡y aquello tampoco se lo había agradecido!
Todos son iguales. Ninguno se salva.
Pensó, esperando que a él no se le ocurriese dirigirle la palabra en lo que quedaba de semana.
—¡Buenos días a todos! —Exclamó el señor Schue nada más entrar en clase—. Sam, toma asiento, tengo que contaros algo —dijo rápidamente, al ver cómo el chico terminaba de atarse los cordones y se levantaba.
—¿Ya sabemos quiénes competirán con nosotros en las Locales, Señor Schue? —Preguntó Rachel Berry, queriendo averiguar el tema a tratar.
—No, no es eso.
—¿Ha entrado por fin en "Amantes del chaleco Anónimos"? —soltó Santana, provocando las risas de sus compañeros.
—No haga caso, Señor Schue. Los chalecos le quedan estupendamente.
—Umm...Gracias, Rachel —respondió el profesor, regalándole una sonrisa.
—Pelota... —Susurró Santana, detrás de ella.
—¿Dónde? —oyeron decir a Britt, a la vez que se cubría para no recibir el imaginario golpe. Todos la miraron, asombrados, tratando de entender qué era lo que había hecho, pero la chica simplemente se encogió de hombros, volviendo a fijar su mirada en el profesor.
—Señor Schue, no sé lo que le habrán dicho, pero yo no fui, se lo aseguro —dijo Puck, provocando que los demás mostrasen sus caras de póker.
—¿No fuiste tú el qué? —William Schuester negó con la cabeza, a la vez que se fijaba en la cara de enfado de Mercedes.
—Oh... Nada, nada —respondió Noah, respirando aliviado. Durante un segundo había creído que volverían a expulsarle.
—Mercedes, ¿estás bien? —Preguntó el señor Schue, preocupado.
—Divinamente —respondió ella, con un toque de ironía en su voz.
—Eso es que era grande —oyó decir a Santana, haciéndoles reír de nuevo a todos.
—¿Qué era grande? —Quiso saber el profesor, notando cómo el silencio inundaba el aula.
—Lo será esta clase, Señor Schue. Si no nos dice ya qué es lo que nos quiere contar —le recordó Kurt, esperando recibir un "gracias" por parte de Mercedes. Cosa que no sucedió.
—Ah, sí. Cierto. Gracias, Kurt —el señor Schue volvió a centrarse antes de que los adolescentes le hiciesen perder de nuevo la dirección de la conversación.
—De nada, Señor Schue —el chico le restó importancia—. Va a hablarnos del musical, ¿verdad?
—¡Sí! ¿Cómo lo supiste? —Todos los alumnos dejaron de mirar al profesor y giraron sus cabezas hacia Kurt, sincronizados.
—Oh, pasaba por el pasillo, directo a mi clase de costura, cuando le oí decir a la entrenadora Sylvester, que haría hasta lo imposible porque el musical de este año no viese la luz.
—¿Dan clases de costura? —Preguntaron a la vez Puck y Finn, haciendo una mueca de asco.
—Oh, vamos... Si hay de cocina, no veo porqué no podría haber de costura —les respondió Kurt, asesinándoles con la mirada.
—¿Hola? ¡Kurt acaba de decir que la entrenadora Sylvester va a tirar abajo el musical! —les recordó Rachel.
—No, si yo puedo impedirlo —les aseguró Will—. Lo sacaremos adelante, y será el mejor de todos lo que se hayan hecho en la historia del McKinley.
—¿No será otra vez West Side Story? —Preguntó Santana, poniendo los ojos en blanco.
Aquella obra se había representado el pasado año, y también el anterior, y el anterior...
—No. Va siendo hora de cambiar un poco.
—¿Grease? —Se interesó Quinn, recibiendo segundos después un no rotundo del señor Schuester.
—¿Dirty Dancing? —Trató de adivinar Brittany—. Siempre he querido bailar en el barro —les dijo, haciendo que todos la mirasen anonadados.
—La imagen que me acaba de venir a la mente... —susurró Puck, justo antes de ver cómo Quinn le reprendía con una colleja—. Auch.
—Señor Schue, si es Dirty Dancing me pido ser el protagonista —habló rápidamente Mike, antes de que nadie se le adelantase.
—Serías el mejor Johnny —le dijo Tina, notando cómo a su vez, todos los miembros del Glee Club exceptuando su novio ponían sus ojos en blanco.
—Tampoco es Dirty Dancing —les informó el Señor Schue, volviendo a ganarse la atención de los chicos.
—Si no es Grease, West Side Story, ni Dirty Dancing, ¿cuál es? —Quiso saber Artie, cansado ya de tantas adivinanzas.
—Yo solo me sé esos —dijo Finn, distraído.
—¡Pero si cada sábado vemos uno diferente! —Le recordó su novia, abriendo la boca sin poder disimular su asombro—. ¿Qué se supone que haces en lugar de admirar su calidad musical e interpretativa?
—¿Intentar quitarte el sujetador? —Respondió por él, Puck, provocando que Finn agachase la cabeza esperando que pronto cambiase de nuevo el tema de la conversación.
—Oh Dios mío —exclamó Rachel, a la vez que sus mejillas se sonrojaban y una sonrisa tímida se formaba en su rostro.
—Señor Schue, ¿va a decirnos de una vez cuál será el musical? —Preguntó Santana, sin disimular la mueca de asco que le había causado el comentario anterior—. A este paso conoceremos las vidas sexuales de todos los componentes del Glee Club antes de tener una respuesta.
—¿Es Mary Poppins? —Preguntó Brittany, tratando de adivinar otra vez.
—No.
—¿Sonrisas y lágrimas? —Probó suerte, Kurt.
—Tampoco. No sale Julie Andrews en el musical, chicos.
—¡Qué genio! Lo está pasando de pu... —Puck carraspeó, antes de terminar la frase, por miedo a ser expulsado de nuevo, o aún peor, recibir otra colleja por parte de su novia—. Lo está pasando genial, haciéndoos adivinar.
—¡Es Hairspray! —Chilló Tina, como si hubiera tenido una revelación.
—¡Oh, sí! ¡Hairspray! Mercedes y yo adoramos esa peli —Les hizo saber Kurt, buscando la reacción de su mejor amiga. Esperando que ella sonriese y dejase por fin atrás aquella cara de enfado. Sin embargo, la chica no le respondió. Ni siquiera le miró, provocando que Kurt se preocupase aún más de lo que ya lo estaba. ¿Qué había sucedido en realidad? ¿Todo se debía a que ella había visto al chico nuevo desnudo esa mañana o era mucho más que eso?
—No es Hairspray —respondió el señor Schue, viendo como todos ellos se quejaban.
—¡Señor Schue! Díganoslo de una vez. ¡Está matando nuestras ilusiones! —Oyeron decir a Rachel, asintiendo todos al unísono.
—Apuesto a que era el típico niño que le contaba a todos sus amigos que Santa Claus no existe —añadió Puck, convencido.
—¿Santa Claus no existe? —Brittany se llevó las manos a la cabeza, a la vez que negaba con efusividad—. ¿Cómo que no existe? —Sus ojos buscaron la respuesta de Santana, pero ella estaba demasiado ocupada amenazando a Puck.
—Puckerman, te voy a matar —le aseguró la latina, señalándole con el dedo, tal y como lo había hecho Mercedes momentos antes.
—Otra más... —Bufó Noah, poniendo los ojos en blanco—. Al paso que vais, acabaréis todas en el reformatorio.
—Mira quién fue hablar —le soltó Kurt, tratando de defenderlas, mientras el profesor trataba de poner orden en la clase.
—Puck, siéntate —demandó Will, impidiendo así, que una pelea tuviese lugar en medio del aula—. Pensaba contaros hoy cuál será el musical, pero no sois capaces de mantener una clase sin insultaros los unos a los otros, así que, vamos a tener que dejarlo para mañana.
—Oh, vamos, Señor Schue... —le pidió Finn, siendo apoyado rápidamente por su novia.
—Aguantar hasta mañana es mucho tiempo —Kurt se sumó a la súplica—. No querrá que nos enteremos al mismo tiempo que los demás estudiantes, ¿no?
—¿Es Camp Rock? —Preguntó Brittany, tratando de adivinar todavía —. ¿High School Musical? Lord Tubbington se sabe todas las canciones.
El señor Schue negó con la cabeza, cansado ya de tanta adivinanza.
—Os enteraréis mañana, junto con los personajes que interpretaréis cada uno.
—¿Cómo? —La voz de Mercedes se oyó por fin en el aula. Al parecer, aquellas palabras habían conseguido que la chica volviese en sí—. ¿No piensa hacer audiciones?
—No.
—¿Cómo que no? —Chillaron a la vez Santana y Rachel.
—¿Está de broma? —Preguntó Kurt, abriendo la boca, incrédulo.
—No os preocupéis. Tengo el papel ideal para cada uno de vosotros —intentó tranquilizarles el señor Schuester, girándose ya hacia la pizarra—. Y ahora, comencemos con la clase.
Mercedes fue la primera en abandonar el aula cuando finalmente sonó la sirena. El dolor de cabeza que había comenzado a sentir nada más ocupar su lugar en la fila de asientos, había ido aumentando con el paso del tiempo. Hasta el punto de tener que cerrar los ojos en algún momento de la clase, tratando de imaginarse lejos de allí. Lejos de aquella aula, en la que se había avergonzado delante de todos ellos. Lejos de Puck, quién no se arrepentía en absoluto de sus acciones. De Santana y de sus "wanky" que le crispaban los nervios cada vez que los escuchaba. Lejos de sus amigos, que la habían visto más vulnerable de lo que habría deseado nunca. Y lejos de él, el nuevo estudiante, su nuevo compañero de casa.
¡Ella había querido defenderle como habría hecho una hermana, pero a él le daba exactamente igual lo que ella hiciese!
Qué estúpida.
La chica recorría los pasillos a toda prisa, pasando por delante de su taquilla sin detenerse, directa hacia el baño de chicas de la primera planta. Necesitaba lavarse la cara, echarse agua fría en la frente y tratar de hacer desaparecer aquel dolor de cabeza que la estaba torturando. ¿Todos sus días pasarían a ser así desde ese momento en adelante? Mercedes estaba comenzando a pensar que la respuesta a dicha pregunta era afirmativa.
—¿Estás bien? —Preguntó Kurt Hummel, entrando detrás de ella.
—Este es el baño de chicas —respondió ella, tratando de librarse de su amigo, aún sabiendo que aquello le sería totalmente imposible.
—Y no es la primera vez que estoy en él —sonrió Kurt, observando el cansado rostro de la chica en el espejo—. Así que no intentes echarme para no tener que responderme.
—Estoy bien —dijo Mercedes, buscando un poco de papel con el que secarse.
—Has estropeado el maquillaje, Mercedes. No estás bien —Kurt negó con la cabeza a la vez que sus ojos veían a Quinn Fabray irrumpir también en el baño.
—Solo me duele un poco la cabeza, no es nada —le despreocupó Mercedes, tirando el papel usado a la papelera, y buscando, a continuación, arreglar el desastre que había causado con su maquillaje.
—Lo siento mucho, Mercy —le oyeron decir a Quinn, acercándose a ellos.
—No eres tú quién tiene que disculparse —respondió Kurt, secamente.
—No os peleéis, por favor —les pidió Mercedes. Lo que menos necesitaba en ese momento, era que sus dos mejores amigos dejasen de hablarse por culpa de una estúpida novatada.
—Lo siento —Kurt fue el primero en pedir perdón, recibiendo un "Yo también" por parte de la Cheerio acompañado de una sonrisa.
—Ten, usa mi barra de labios —le dijo Quinn, buscándola entre sus cosas.
—Gracias —Mercedes la aceptó gentilmente, tratando de sonreír como lo estaba haciendo su amiga.
—Te la regalo, sé que te encanta —la oyeron decir, comprendiendo rápidamente lo que la chica estaba tratando de hacer.
—Gracias de nuevo, Q —le respondió Mercedes, sin atreverse a rechazarla. Su amiga se sentía culpable por lo que Noah le había hecho pasar, y no sabía qué hacer, ni cómo compensarla. Mercedes le sonrió con cariño, recordando el tiempo que hacía que eran amigas y todo por lo que habían tenido que pasar para conseguirlo. Quinn Fabray había cambiado de verdad y Mercedes se sentía orgullosa de poder estar siempre a su lado.
—Te queda genial —comentó Kurt, viendo cómo Mercedes se pintaba ligeramente los labios con la nueva barra—. Déjame ver si tengo algo para el dolor de cabeza y-
—Oh, no es necesario, Kurt. Gracias. Solo quiero llegar a casa pronto. Darme una ducha, quizás, y tomarme una taza de leche caliente.
—Entiendo —respondió él, guardando silencio. La chica quería estar sola y él no sería quién se lo impidiese—. ¿Vienen tus padres a recogeros? —Preguntó, recibiendo un rápido "no" por parte de la chica—. Los buses no salen hasta dentro de media hora, puedo llevarte yo si quieres.
—Eso estaría genial, Kurt —Mercedes dio gracias a Dios de que el chico se hubiese ofrecido para llevarla. De ese modo, ella no tendría que esperar, ni acompañar a Sam en el trayecto a casa. No quería verle, ni quería hablarle.
—Yo le avisaré a Sam que te vas con Kurt —comentó rápidamente Quinn, llamando su atención—. Para que... no se preocupe.
—Buena idea —murmuró Kurt, dirigiéndose ya hacia la puerta—. Las damas, primero —dijo con elegancia, haciéndolas reír a ambas.
Los tres salieron del baño y ambos acompañaron a Quinn hacia el exterior del edificio donde el entrenamiento estaba teniendo lugar. Allí, Mercedes vio cómo Puck y Sam se divertían mientras se lanzaban pases, y Finn, sobre el terreno de juego, hacía una serie de flexiones.
—Vámonos rápido, por favor —le pidió la chica a Kurt en un susurro, tratando de que su amiga Quinn no les escuchase.
—Nos vemos mañana, entonces —dijo él, elevando la voz para despedirse.
—Sí, mañana sabremos cuál será el musical sorpresa —respondió Quinn, alejándose un poco—. ¿Puedo llamarte luego, Merce? —Preguntó, tratando de no sonar demasiado preocupada.
—Claro —Mercedes se aseguró el bolso, emprendiendo ya el camino hacia el parking del instituto. Seguía sin creer cómo demonios Sam y Puck podían seguir hablando y riéndose como si nada hubiese pasado, pero se negaba a seguir preocupándose por ello. No, sabiendo lo poco que le importaba a los dos chicos, en realidad. No merecía la pena el dolor de cabeza que estaba teniendo, ni la vergüenza que había pasado aquella mañana. No merecía la pena defenderle, ni preocuparse por él. Simplemente, Sam Evans no merecía la pena.
—Sé que no quieres hablar de lo que pasó —dijo Kurt, rompiendo el silencio que había llenado el coche durante todo el trayecto, y deteniendo éste frente al portal de la casa de los Jones—. Y no seré yo quién te obligue. Solo quiero que sepas que cuando quieras hacerlo...
—Lo sé —respondió Mercedes, agradecida por que alguien la entendiese por fin—. Aunque no lo creas, me has ayudado mucho trayéndome a casa. Gracias, Kurt.
—Cuando lo necesites —respondió él, feliz de poder ayudarla—. ¿Quieres que entre un rato? Puedo prepararte la leche mientras tú te duchas.
—Oh, no. No es necesario —le contestó la chica, sonriéndole con cariño—. De verdad, no te preocupes.
—Entonces esto es un adiós —trató de bromear, Kurt.
—Más bien un "Descansa y prepárate para la sorpresa que el Señor Schue nos dará mañana".
—Oh, sí... Estoy segurísimo de que la protagonista del musical será toda una sorpresa...
—No hay audiciones, así que, sí, la protagonista del musical, sea cuál sea, será Rachel Berry, tenlo por seguro —dijo Mercedes, poniendo sus ojos en blanco. Aquella era otra de las razones por las que su día y al parecer, también su semana, habían empezado a empeorar.
Kurt resopló al oírla, al tiempo que buscaba con su mano las llaves del coche para encender el motor.
—Tengo miedo por los personajes que nos haya buscado —rió Kurt, negando con la cabeza—. Voy a tener pesadillas esta noche.
—No pienses en ello —le aconsejó Mercedes, deseando poder hacer exactamente lo mismo con todas sus preocupaciones.
—Lo intentaré —respondió él, encendiendo el coche por fin y saludándola con la mano—. Si necesitas algo, no dudes en llamarme. Ya sabes que se me da genial hacer muñecos vudú, y esas cosas —dijo, a la vez que le guiñaba un ojo y la hacía reír un poco.
—Un muñeco de Rachel Berry. ¡Me lo pensaré! —Elevó la voz para que la escuchase por encima del motor, y se alejó un poco del coche para dejarle espacio—. ¡Hasta mañana!
El chico le sonrió como respuesta, antes de acelerar el coche y perderse rápidamente calle abajo.
Muñecos vudú.
Mercedes negó con la cabeza, introduciendo la llave en la cerradura de la puerta y entrando en la casa. Nadie había allí. Estaba sola. Sus padres estaban en la consulta y no volverían hasta la noche, y Sam estaba entrenando para aquel estúpido equipo que le había hecho la novatada.
Dirigiéndose a la cocina, observó que su madre les había dejado la comida preparada para que ambos se la calentasen al llegar. Ni siquiera se había fijado en ese hecho aquella mañana, pues había estado demasiado ocupada evitando a Sam y tratando de calmar el rubor de sus mejillas por haber llevado puesto su pijama de vaquitas cuando ella lo había arrastrado hacia su habitación. Ahora agradecía la lasaña preparada en la nevera, porque eso significaba no tener que cocinar ni encargarse de que el nuevo estudiante tuviese algo para comer. Eso no pensaba hacerlo. Ni. De. Broma.
Cerrando la nevera con mala cara, dejó la cocina, y subió las escaleras, dirigiéndose hacia su habitación. Le hubiese gustado poder poner la música a todo volumen como lo hacía cada vez que estaba sola en casa, pero el dolor de cabeza que sentía, la hacía pensar que aquello no sería una buena idea. En su lugar, encendió la radio, con la intención de oír las noticias del día, y buscó en su armario, ropa cómoda que ponerse para cuando saliese de aquella ducha que estaba necesitando tanto.
Atravesó el pasillo con dirección al baño, y ni se preocupó en cerrar la puerta cuando entró en él. Estaba sola y nadie la molestaría durante un tiempo. Las únicas personas que podían hacerlo estaban muy lejos de allí, y Sam ni siquiera tenía una llave con la que entrar en casa. Ella tendría que abrirle para que él lo hiciese.
Genial...
Tendría que verle de nuevo. Y hablarle. Y ella no quería. No...
No puede ser...
Sus ojos se posaron en la pequeña mancha presente en su ropa interior. "Sus días" habían llegado. "La Señorita de Rojo" había venido a visitarla. Su menstruación, su período, su regla o como demonios lo llamasen había decidido hacer acto de presencia tres días antes.
Así que, esa era la razón de su dolor de cabeza... No se debía a lo ocurrido con Sam, ni a lo que Puck había hecho. Sino a su propio cuerpo. Era aquello lo que la tenía así, y ni siquiera había podido darse cuenta.
Suspiró, al pensar que aquella mancha pudiese haber estropeado sus pantalones, dejándola en ridículo delante de todo el instituto, y dio gracias a Dios de que aquello no hubiera sucedido, al tiempo que terminaba de desnudarse y se metía en la ducha. Quizás el agua caliente se llevase su dolor de cabeza, sus problemas y sus preocupaciones. Quizás las gotas de agua que empezaban a deslizarse sobre ella, actuasen como un bálsamo reparador y le hiciesen olvidar que, esa mañana, había sufrido la mayor vergüenza de toda su vida. Que había visto por primera vez a un chico desnudo y a él le había importado absolutamente nada que ella lo hubiese hecho. El mismo chico que había estado dos horas con ella tratando de enseñarle a montar en bici. El mismo que la había elogiado como cantante y que no se había enfadado con su madre a pesar de asediarle continuamente al hacerle fotos. El mismo del que su familia estaba orgullosa, y al que sus pequeños hermanos querían tanto.
Las gotas de agua que caían sobre su rostro, se confundían ahora con las lágrimas que la chica había empezado a derramar. De un segundo a otro, sus emociones la habían desbordado y éstas habían comenzado a salir sin detenerse, haciéndola sentir mal. La noche anterior le había dicho a su madre que él era un buen chico y ahora, ella le gritaba y le dejaba solo en su trayecto a casa.
Odiaba sentirse tan echa polvo en aquellos días del mes, y éstos no habían hecho más que empezar. Ahora, ella tendría que disculparse, y explicarle que... ¡No! No pensaba decirle la verdadera razón de su comportamiento. No pensaba confesarle qué era lo que la tenía así, ni cómo se había sentido al haberle visto. Había dudado de él y...
—Mercedes... —Su voz resonó en todo el baño, provocando que el corazón de la chica diese un vuelco, sin poder creerse lo que estaba pasando.
Como un acto reflejo, y sin pensar, la chica se dio la vuelta, viéndole junto a la puerta, mirándola de arriba abajo. De pies a cabeza, todas y cada una de las partes de su cuerpo al desnudo. La miraba fijamente sin apartar sus ojos de ella, y Mercedes deseó morirse en ese mismo momento o poder desaparecer, haciéndose invisible como lo hacía Harry Potter con su capa.
Ni siquiera tenía cerca de sí la toalla que antes se había buscado para secarse pues la había dejado olvidada junto a su ropa limpia, y ahora, Sam permanecía allí, impidiéndole poder ir a buscarla para taparse.
—Sal de aquí —susurró, tratando de cubrirse con sus manos. Las lágrimas no habían dejado de resbalar por sus mejillas, y sus ojos le escocían, sin poder ver con claridad.
—Yo... Creí que... —El chico quiso hablar, pero las palabras se atascaban en su boca, una detrás de otra.
—Vete de aquí, por favor —le pidió, sintiéndose impotente. El agua caliente seguía cayendo pero ésta ya no sanaba sus heridas, sino que las abría aún más, avergonzándola por completo. Se sentía pequeña, e insignificante, y a la vez, vulnerable y expuesta, como nunca se había sentido en toda su vida.
—Ahora estamos iguales. Yo te he visto y tú me has visto a mí —le soltó él, con rapidez, como si hubiese estado practicando aquellas palabras durante mucho tiempo—. Ya no tienes de qué preocuparte.
Mercedes no podía creer lo que el chico le estaba diciendo. ¿Realmente había entrado en el baño con la intención de verla tal y como ella le había visto a él? Ella había creído que él no se había dado cuenta. Ella... Había pensado que él no lo había hecho adrede, pero qué equivocada estaba.
—Lo has hecho a propósito —Susurró, sintiéndose como una estúpida. Hacía apenas unos minutos había vuelto a defenderle, había vuelto a creer que ella había actuado mal. Se había echado la culpa a sí misma, como una estúpida, como una tonta.
—Creí que sería lo mejor —se excusó el chico, pasándole la toalla.
¡Creí que sería lo mejor!
—¡Fuera de aquí! ¡Ahora! —Temblando, le arrancó la toalla de las manos, y se tapó con ella con rapidez, después de cerrar el grifo de la ducha. Se sentía menos que nada. Y la rabia que había empezado a recorrerla, se había hecho amiga de las lágrimas que resbalaban por sus mejillas. Le empujó con fuerza, queriendo sacarle ella misma de aquel baño. De su casa y de su vida. Deseando poder hacerle desaparecer a él, con todas sus preocupaciones.
—Mercedes... Yo... —Sam quiso hablar de nuevo, quizá para disculparse, pero la chica no le dejaba. Seguía empujándole para que saliese de su baño y él seguía impidiéndole que lo llevase a cabo—. ¡Mercedes! ¡Para ya!
—¡Quiero que te vayas! ¡¿Estás sordo?! —Le gritó, empujándole una última vez y echándose hacia atrás, sabiendo que no conseguiría sacarle de allí por la fuerza. Él siempre tendría mucha más que ella, y la toalla estaba empezando a escurrírsele sosteniéndola tan solo con una mano.
—Lo siento... —dijo, avergonzado—. De verdad creí que era lo mejor.
—Deja de decirlo, ¿vale? —Le respondió, desesperada porque se marchase ya de allí, y la dejase tranquila de una maldita vez—. ¡No era lo mejor! No. Lo. Era. ¡Puede que a ti te guste que te vean desnudo, pero no todos somos como tú! —le espetó con rabia.
—No sabes lo que estás diciendo —le respondió el chico, sin disimular su asombro, negando con la cabeza—. No tienes ni idea de lo que estás hablando.
—¿No tengo idea? —La chica abrió los ojos como platos. ¿De verdad le estaba diciendo que no sabía de lo que estaba hablando? ¡Por favor! ¡A él no le había importado en absoluto que ella le hubiese visto desnudo! ¿Se había dado un golpe en la cabeza y había olvidado todo lo de aquella mañana, o se estaba riendo de ella? —. El Señor "Déjalo estar, no fue nada" me está diciendo que no sé de lo que hablo. ¿De verdad? Ilumíname entonces.
Mercedes esperó su respuesta, pero ésta no llegó. Él se había quedado mudo sin lograr entender cómo habían podido llegar a aquella situación.
—Te has quedado callado. ¿No me lo vas a explicar? ¿O tu rata se ha comido tu lengua?
Sam la observaba, dolido por las palabras de la chica. Ella no sabía. No tenía ni la más remota idea de lo que habían significado para él. Segundos antes, había nacido en él la necesidad de secar sus lágrimas. Posar sus manos en sus mejillas y borrar aquellas que él mismo le había causado y ahora, era él quién trataba de no llorar, temiendo que la chica descubriese la razón por la que había viajado tantos kilómetros. Ella le había visto desnudo aquella mañana y él había tratado por todos los medios de que no se preocupase por ello. Sam le había dicho que no había sido nada, pero claro que lo había sido. ¡¿Cómo no habría podido serlo?! Su cuerpo había reaccionado ante la proximidad de la chica y él se había dado asco a sí mismo, por sentir aquello en aquel preciso momento. Pero no podía decírselo. No podía confesarle que sí había significado algo. No podía decirle que la entendía, que la comprendía perfectamente. En lugar de ello, le había mentido, y había decidido remediar el asunto con la peor de las ideas. La más estúpida, la que nunca debería habérsele ocurrido y sin embargo, la que le llevaría a guardar por siempre la imagen del cuerpo de la chica en cada rincón de su mente. Él habría vuelto a sonrojarse como aquella mañana si ella no hubiese estado llorando y suplicándole que se marchase de aquel baño.
Estaba dolida, ambos lo estaban.
—Debí haberle hecho caso a tus padres y haberte dejado espacio hasta que se te pasase el enfado —dijo en voz alta, sin saber lo que aquellas palabras provocarían en ella.
—¡¿Le has contado a mis padres lo que ha pasado?! —Oh, Dios, Mercedes no podía creerse lo que estaba escuchando.
—¡Claro que no! Me lo dijeron esta mañana en el coche.
—Te dijeron eso, ¿eh? —dijo, con rabia, más para sí misma, que para que el chico la oyese—. ¡Genial! ¿Por qué no les haces caso, Sam? Déjame espacio, y de paso, haz lo que me prometiste que harías.
—¿Qué te prometí? —Le preguntó sin poder recordar. Y Mercedes rió, antes de responderle con rabia y empujarle fuera del baño por fin.
—"Te prometo que no seré ninguna molestia. Ni te enterarás de que vivo aquí." —Repitió una por una, las palabras del chico—.¿Lo recuerdas?¡Cúmplelo!—Gritó, cerrándole la puerta en las narices y deslizándose por ella hasta dejarse caer en el suelo, a la vez que sus lágrimas volvían a hacerle compañía y su cuerpo no dejaba de temblar, mojado y frío.
Continuará.
Y... ¿Qué os pareció el capi? No dejéis de comentármelo con un review, ya sea para tirarme tomates o para gritarme "Arregla eso enseguida" jejeje
De verdad me gustaría saber qué os pareció, si entendéis sus actitudes, si estáis más a favor de uno que de otro...
Al final quedó comprobado que Sam sí tenía la llave de casa, otra cosa que los Jones tampoco le habían dicho a su hija... Pobre.
Por otro lado, un musical sin audiciones. En el siguiente capítulo se conocerá cuál será éste. ¿Alguien se atreve a adivinarlo? A la persona que acierte, le regalaré... Redoble de tambores... Un spoiler del fic xD
Y esto es todo por este año, nos vemos en el 2014, o eso espero xD Ojalá que tengáis unas felices fiestas y un próspero año nuevo. Muchas gracias por leerme y acompañarme en este camino. Un besito y un abrazo enorme.
Syl
Agradecimientos:
Muchas gracias a los que me habéis dejado reviews en el último capítulo y a los que me habláis por tuiter preguntándome cuando serán las actualizaciones, en especial, muchísimas gracias a CassandraOvers que con sus locos reviews y con sus tweets, que están ya en mis favoritos, me alegró esta semana. ¿Sabéis que hizo que quince personas empezasen a leer "As Long" y luego la comentaban? Yo no podía creérmelo cuando me lo contó. Me hace muchísima ilusión saber que, aún después de tanto tiempo, los lectores siguen disfrutando de mis locas historias. Seguís estando ahí, acompañándome a cada paso del camino y ayudándome a escribir, aun sin saberlo. Vuestros reviews, tweets, favoritos… significan mucho para mí. No tengáis miedo en dejarlos, ya sabéis que a mí me encanta responderos y charlar con vosotros de lo que les sucede a mis niños ^.^
Y respondiendo a los reviews de CassandraOvers , de momento Puck y Sam no se han peleado… Han sido otros lo que se han enfadado y a ver cómo siguen las cosas… Tu comentario del "Ven aquí, súbete" del capítulo tres, me hizo reír hasta no poder parar, no me había dado cuenta que sonaba tan mal xDD Tú no sabes montar en bici como Mercedes, y yo aprendí a montar en bici como Sam, con mi madre persiguiéndome con una escoba, pero shhhh, no se lo digas a nadie xDD Espero que no me odies por el capítulo 9, querías felicidad y yo te he dado lo contrario :S Siéntete libre de gritarme en tu review xD Muchísimas gracias por los que me has dejado y por tus tweets, de verdad, tus palabras me emocionaron muchísimo y terminé llorando mientras leía el review del capi 8 T.T Un besito muy grande y gracias por haber dejado que te conociese. ^.^ Gracias también a Ale (que yo sé que me matará cuando lea el capi 9, ¿verdad? Lo siento, lo siento. Tenía que poner Angst, no todo podía ser felicidad de lo contrario no sería un fic mío xD ¡Ya me contarás qué te ha parecido! Un besito, Ale ^^); a Rosa Elena (Me pedías acción en tu review, y algo me dice, que no era precisamente esto lo que esperabas recibir xD Pero no he podido evitarlo. Ambos son muy orgullosos, aunque no lo parezcan, así que veremos en qué acaba todo esto xD Muchísimas gracias por tu review, Rosa Elena ^.^ ¡Un besito muy grande!); a Maru (¿Te da miedo que no vayan a ser amigos? Ups… xDD Admito que si me pasase a mí lo que le ha pasado a la pobre, no podría volver a mirar al pobre chico a la cara, qué vergüenza. xDD Pero afortunadamente, no tengo tanta mala suerte como Mercedes. A ver qué opinas de este capi… ¡Gracias por tu review, y un besito enorme!); a María Elena (Gracias por tu review ^^ De momento no me ha venido ninguna idea a la cabeza, pero seguiré pensando en ello =) ¡Un abrazo enorme!); a Catita (Sí, Mercedes se enoja por las cosas injustas y no teme a protestar, es una de las cosas que más me gusta de ella. ^.^ Me encanta escribir sobre ella aunque no siempre sé por dónde me va a salir la pobre xDD Ojalá te guste este capi =) Un besito y muchas gracias por tu review ^.^); a Savri (Quieres más y aquí te dejo más, estoy deseando saber qué te ha parecido jijiji Si algún día publican algo mío, ¡no dudes que serás una de las primeras personas en saberlo! :D Muchas gracias por tus reviews, Savri. Un abrazo muy fuerte); a Soni (que se leyó la primera parte del capi y me dijo que le había gustado mucho. Y por ser mi Alfa, y acompañarme en los Writings Day que molan un montón. Y también por las estupendas recomendaciones de series que hace. Gracias, gracias. =D Y ya paro, porque esto parece La Biblia en verso xD ¡Felices fiestas!
