Glee no me pertenece como tampoco sus personajes. Sólo los uso por diversión.


– Maldición – gritó Rachel cuando sintió que alguien la arrastraba por el suelo.

– Te di una orden ayer – Rachel se congeló ante la voz conocida y no se atrevió a levantar la cabeza – Esto no está comenzando muy bien.

– Lo siento – susurró débilmente. El día anterior se había quedado hasta altas horas de la noche lavando las ropas íntimas de sir Finn, tratando de contener los pensamientos sobre lo que abrazarían las distinguidas prendas. Un extraño calor corría por todo su cuerpo al recordar la última orden que le había dado "para que me ayudes a vestir" eso significaba que al día siguiente vería desnudo al señor, permitiéndole deleitarse con esos músculos definidos que había tocado cuando monto en su caballo. Éste pensamiento hizo que el calor se aumentara ¿Cómo se sentirían esas manos recorriendo su propio cuerpo? Se maldijo por ello, odiaba esa femineidad recién descubierta. Iba a ser un caballero, ser mujer era algo que debía dejar en el pasado se recordó. Tratando de olvidar esos sentimientos había caído rendida a su humilde lecho. Quiso explicarse – Yo quería…

– Basta de excusas – gritó – Levántate y sígueme.

Ella lo hizo con la cabeza baja, hasta su tienda que estaba alumbrada por una tenue luz de vela y escuchó su ronca voz.

– Ayúdame con la ropa.

Un sofoco repentino le calentó las mejillas, se acercó tímidamente para tocarlo. Sus manos comenzaron a temblar, trató de controlarse mordiéndose el labio y se preparó para hacer lo ordenado con los ojos cerrados, imaginó que era Blaine. Cuando sus dedos volvieron a sentir el cuerpo definido que poseía aquel hombre, la realidad la golpeó, su querido amigo no tenía esos músculos definidos, que se tensaron ante el contacto. Su toque se transformó en una sutil caricia. Después de unos segundos de su actividad él se apartó como si lo hubiera quemado, su ausencia le hizo reabrir los ojos.

– ¿Qué haces? – preguntó en un tono duro.

– Obedezco mi señor – respondió entre dientes y bajo la cabeza, no quería que notara su cara en llamas. Maldito defecto de doncellas tontas, pensaba que ya lo tenía dominado.

– Déjadme a mí mejor – replicó con voz seca – Tráedme la vestimenta de hoy.

Ella no tenía idea de lo que se iba a colocar, sus ojos ya adaptados recorrieron la tienda, no había prendas visibles, por ello se dirigió al baúl.

– ¿Qué haceis?

– Busco sus prendas mi señor

– ¿Las que te mande a lavar ayer?

– Aún deben estar húmedas, señor – escupió entre dientes, como no iba a saberlo, era tan obvio… Por dios le había dado la tarea al anochecer.

– Verifícadlo – Por primera vez levantó la cabeza para decirle que era prácticamente imposible que estuvieran secas con este clima, pero se quedó en blanco al enfrentarse con su espalda desnuda. Tenía hombros anchos y definidos, marcada con cicatrices y otros recuerdos de batallas que la hacía ser más imponente, el ardor en su cuerpo se intensificó. Él la observó por sobre su hombro y dijo –Id ahora – agregó con furia. Eso la trajo a la realidad y comenzó a voltearse cuando el agregó – Cámbiate de ropa primero.


Ya estaba lista y salió para encontrarse con Sir Finn completamente vestido sobre su caballo, fuera de su refugio mirándola con una expresión extraña. Frente a ello bajo la cabeza de inmediato, tal vez estuviera molesto por su toque, se reprendió así misma por haberse comportado como una tonta imberbe y virginal, debió ser más aplicada en su tarea en vez de disfrutar de la complexión de "su señor".

– Quiero conocer... Tus habilidades – Ella no contestó, podría decirle que era perfecta en cualquier actividad a la que la sometiera, pero las palabras del día anterior florecieron, después de un rato dijo – Súbete – y señaló un caballo que estaba al lado de él.

Un sentimiento de desilusión se cruzó en su mente por no poder apoyarse en él como el día anterior, eso le dio más rabia, no debería pensar en él de esa forma. Se montó y comenzaron a cabalgar.

Al rato el caballero se detuvo cerca de un río y ató al corcel a un árbol, silenciosamente lo imitó.

– Quiero conocer tus habilidades... Creo que una buena manera de hacerlo es cazando… En las alforjas derecha de tu caballo encontrarás varias armas, elige la que mejor te acomode.

Buscó y sólo tomó el arco con un respectivo carcaj.

– ¿No crees que necesitas una daga o una espada?

Generalmente ella evitaba el combate cuerpo a cuerpo, optó por obedecerlo eligiendo una daga, se la enseñó y se la guardo entre sus ropas. Quería contestar en forma irónica pero se mordió la lengua. Él sólo la miró y se dio media vuelta por lo que comenzó a seguirlo. Una vez que estaban internados en el bosque con un gesto para que pasara le oyó decir

– Busca tu presa.


Un par de horas después creía que estaban dando vueltas en círculos, nunca había aprendido a seguir un rastro y por más que observara con detenimiento todo el bosque, no había conseguido vislumbrar ni siquiera una sencilla liebre.

– ¿Cuantas veces has participado de una partida de cacería?

– Dos – murmuró de forma casi inaudible.

– ¿Dos?... ¿Cuándo saliste con Noah? y… ¿Ésta?

– Sí

– Eso lo explica todo – bufó él.

Ella no tenía la culpa que su padre no la hubiese querido exponer a ello y sus "amigos" no la consideraran suficientemente buena para participar, ese recuerdo le molesto. Quería decirle que lamentaba no ser el perfecto escudero para el caballero perfecto, pero se mordió la lengua y entre dientes dijo

– ¿Qué ha..? – Pero se vio interrumpida cuando sus ojos fueron cubiertos por un trozo de tela – ¿Qué rayos? – dijo volteándose y quitándose la venda.

– ¿Quieres aprender? – Preguntó con una ceja enmarcada – El sentido de la audición es muy importante para cazar y evitar las emboscadas… Los sonidos son de vital importancia y con tus ojos vendados podrás concentrarte sólo en ellos.

Ante esos extraños argumentos y después de una explicación que según lo señalado el día anterior no merecía, decidió intentarlo. Volvió a amarrarse la venda, pero a los pocos segundos se sintió estúpida porque no podía oír ninguna presa.

– No oigo nada.

Hizo el ademán para sacarse el trozo de tela pero alguien detuvo sus manos.

– Espera – y la soltó – Describe lo que escuchas.

Ella tímidamente levantó la cabeza, pero no oyó ningún animal merodeando.

– Nada.

– ¿Seguro? ¿Ni siquiera el silbar del viento?

– El viento sí, pero ningún animal.

Escuchó su risa fuerte y clara, se estaba molestando cuando le oyó

– Ya pensaba que eras sordo… Tienes que reconocer el ruido del bosque normal para descubrir si hay algo diferente... merodeando… ¿Cuéntame cuál es el sonido del bosque?

Se quedó en silencio y comenzó a describir lo que percibía

– El viento… pero sólo es una brisa suave.

– ¿Qué más?

– Las hojas de los árboles… se mueven

– ¿Algo más?

Ella se concentró y pudo oír algo diferente

– El trinar de un pájaro

– ¿Dónde? – Ella indicó la dirección – Muy bien ¿Cuántos crees que sean?

Trató de agudizar sus sentidos

– Uno

– ¿Seguro?

Lo intento nuevamente y oyó algo diferente

– Tres

– Casi – Entonces ya no tenía la venda y cuando sus ojos se volvieron aclimatar a la luz pudo ver que eran cuatro, estaba asombrada. Volteó para verlo sonriendo y ella misma le regaló una sonrisa, por un momento sintió algo en su estómago. Al instante él cambio su rostro y le arrojó el trozo de tela – Inténtalo de nuevo.

Sorprendida por el cambio de actitud y un poco dolida por el mal recibimiento de su sonrisa se puso de nuevo el accesorio de mala gana, siguió poniendo atención y cada segundo se maravillaba porque podía percibir más detalles los cuales después de describirlos eran elogiados por Sir Finn. Se dio cuenta también que él tenía una voz profunda que abrazaba todo su ser, impulsándola a recordar sus fantasías al lavar la ropa del caballero, trató de aplastarlas de inmediato. Su estomago gruñó interrumpiéndola.

– Veo que ya tienes hambre – le oyó decir riendo, quizó responderle pero percibió algo diferente.

– Escucho algo inusual.

– ¿Qué?

– Hojas que se rompen rápidamente… en dirección hacía a… mí… un bufido

– ¡Maldición!... Eso querido Jessie es un Jabalí

Sintió unos brazos fuertes la arrojaban a un lado, seguidos por unos extraños gruñidos feroces, se arrancó la tela y después de los minutos que se demoraron sus ojos a acostumbrarse a la luz pudo ver el cuerpo de Sir Finn sobre un jabalí

– Sir Finn – gritó mientras se acercaba sin tomar la precaución de averiguar si el animal estuviera vivo y pudiera hacerle algún tipo de daño. Lo tomó de los hombros y lo giró, se horrorizó al ver toda la ropa manchada de sangre. Empezó a escudriñarlo en búsqueda de la herida, pero no notó de donde podría haber emanado tanto líquido rojo. Trató de despertarlo para que le dijera donde le dolía y poder parar la hemorragia – Señor, señor – susurró pero él no abrió los ojos. Se derrumbó en su pecho para comenzar a suplicar – Por favor despierte – sus propios ojos se comenzaron de llenar de lágrimas.

Sir Finn había muerto por salvarla, si hubiera sido más lista y hábil esto no habría pasado se lamentó, de la nada sintió como el pecho del hombre vibraba para estallar en una carcajada.

– Ya no tendrás hambre.

Rachel se levantó de inmediato para enfrentarse a sus ojos color miel, se puso feliz un segundo pero le duró muy poco al darse cuenta que el maldito desgraciado le había gastado una broma y para colmo estaba llorando. Se levantó de un brinco y mientras se secaba la cara con el dorso de su mano comenzó a caminar.

– ¿A dónde vas?

Se comió la ira que la consumía para no decir algo hiriente, se volteó y en voz altanera espetó

– Voy a buscar el caballo para trasladar el animal que el caballero favorito del rey cazó.

Pensó que la expulsaría ante su arrebato, pero solo la miró un momento con expresión arrepentida, sin decir nada bajo la cabeza y como si fuera una pluma tomó el gran animal sobre su espalda.

– No es necesario – replicó y comenzó a caminar, ella sólo lo siguió ¿Qué más podía hacer?


La silenciosa caminata logró apaciguar la rabia de la morena, por ello cuando llegaron al claro y dijo

– Tráeme la soga

Presurosa corrió a buscarla, al volver los cortes necesarios para que el animal se desangrara ya estaban hechos, en conjunto lo colgaron para que el proceso comenzara. Al terminar ambos estaban manchados con el tinte rojo, que en ese este momento ya era negro.

– Creo que debemos darnos un baño.

La sangre del rostro de Rachel se esfumó ¿Cómo podría escaparse esta vez? anteriormente cuando que se había envuelto en esa situación se había escabullido y cuando pensó que lo había logrado se había muerto de susto al descubrir que el mismo Sir Finn la había seguido. Al verse acorralada toda la rabia que sentía por ser mujer la expulsó en sus oídos, se arrepintió de inmediato al ver su rostro desencajado, pero él hizo caso omiso a sus llamadas para comenzar a ignorarla nuevamente, algo que le había causado un dolor que no imaginaba, muchas veces lo buscó en su tienda para encontrarla vacía. Ahora frente a las mismas circunstancias no podía contrariarlo abiertamente, mucho menos después de lo que le había dicho el día anterior.

– Primero tengo que vaciar mis intestinos.

– Como quieras – respondió haciendo señas con la mano para que hiciera lo que quisiera.

El hombre comenzó a caminar hacia el agua mientras se desvestía descubriendo su espalda, nuevamente la garganta de Rachel se secó, paralizada y anhelando poder observar más del apuesto caballero. Con toda su voluntad se obligó a dirigirse a los matorrales. Esta era una solución temporal ¿Qué podría hacer? lo vigilo un rato entre las ramas, sólo podía ver su cabeza y brazos. De un momento a otro se puso a nadar hacia el otro extremo, era la oportunidad y corrió hacía el agua completamente vestida.

– ¿Qué rayos haces? – escuchó su rugido.

Rachel no deseaba encontrarse con él dentro del agua, así que se frotó vigorosamente sus vestimentas y su cuerpo para sacarse la sangre.

– De esta manera es más eficiente – señaló sacando la cabeza del agua – Lavo mi ropa y cuerpo al mismo tiempo.

– ¿Así que eres tímido? – río él.

– A veces – replicó ella, cada vez oía su voz más cerca – Esta vez es una de ellas.

—Bien, si a mí me hubieran concedido un cuerpo tan escuálido como el que te ha dado el Señor, también me escondería.

Ella ignoró sus comentarios y se comió la rabia estaba muy ocupada deshaciéndose del insufrible tinte.

– No era necesario que lavaras tu ropa… en las alforjas de tu caballo hay ropa nueva para ti y una toalla – escuchó de repente pero esta vez más lejos suspiro de alivio – Al fin te vas a deshacer de esos trastos.

Trastos, esta era la ropa con la que había escapado de su casa, aún podría utilizarla un poco más. No se atrevió a contrariarlo porque eso significaba que podría acercarse nuevamente. Se volteó y no lo vio, era el momento que necesitaba para salir del agua. Velozmente lo hizo y volvió a correr a las alforjas, por fortuna localizó la toalla de inmediato, acto seguido se envolvió con ella. No había contado con que la ropa se pegara a su cuerpo insinuando más de lo que ella hubiese querido. Miró nuevamente al arroyo, pero no estaba. Encontró la ropa e ingreso a cambiarse al bosque, se desvistió sin sacarse la venda que cubria su torso, escurrió con toda su fuerza la ropa interior que traía puesta y se pasó la túnica por la cabeza y disfrutó de la sensación instantánea de una suave tela finamente tejida contra su piel desnuda ¿Le da esta ropa a un sirviente? Se puso la camisa que le había dado, se la abotonó hasta la barbilla y al hacerlo reconoció que estaba hecha de una tela fina como también el pantalón que le había dado que pese a su estatura le quedaba perfecto. Cuando salió completamente vestida el hombre estaba más cerca de la orilla, sólo sobresalía su cabeza, debería ser muy hondo porque el caballero era muy alto.

– Así te ves mucho mejor y reconócelo necesitabas un baño… Realmente apestabas – gracias a ese comentario olvidaría darle las gracias.

Mientras él disfrutaba su baño comenzó a preparar la hoguera para asar la carne que los esperaba. Ella estaba acostumbrada al mal olor y siempre rehuía de los baños por la posibilidad que la descubrieran, pero la ofensa le dolió inesperadamente y la verdad es que el agua se había sentido deliciosa. Decidió que tal vez empezaría a hacerlo más a menudo, obviamente a solas.

– ¿Dónde aprendiste a usar el arco, muchacho? – gritó él.

– Puede que aprendiera yo solo y puede que no.

– ¿Qué otras habilidades tienes?

– Ninguna – replicó entre dientes.

Después de un rato le ordeno que trajera su toalla con la ropa de recambio, dejo las ramas y cumplió su orden dejándolas cerca de la orilla. Continuó en silencio con su tarea inicial hasta que escucho el chapoteo del agua y vio por el rabillo del ojo que Sir Finn estaba saliendo del agua. Al fin podía ver a su señor en todo su esplendor, ella había visto hombres desnudos anteriormente, pero éste era increíble, tenía un físico impresionante los hombros cuadrados y musculosos, el vientre plano, las piernas moldeadas como fuertes columna y lo innegablemente bien dotado que estaba. Pequeños escalofríos le recorrieron el bajo vientre como agujas heladas, mientras su cerebro parecía derretirse en un caldero hirviente. Él haciendo caso omiso a sus debilidades femeninas se secó sus partes nobles para ponerse la parte baja de su ropa y con el torso desnudo se recostó sobre el césped.

– Que silencioso estás – ella no había podido evitar seguir contemplándolo – Si mal no recuerdo la primera vez que nos conocimos no dejabas de hablar – dijo después de un rato y la morena se ruborizó recordando los insultos que le había proferido.

– Eso fue antes de que usted me reprendiera por mi exceso de confianza – replicó saliendo de su estupor.

– No puedes negar que tu actitud hacia mí no ha sido afortunada – explicó levántando la cabeza – Sólo quiero conocerte un poco ¿Es posible?

Ante el súplica que fue hecha casi con dolor, el corazón de Rachel le ganó a su cabeza. Además había esperado el momento en que se interesara en ella se justificó y cediendo a sus ruegos se acercó a unos metros para recostarse mirando el cielo.

– Está bien, le doy sólo una oportunidad… pregunte lo que quiera... pero después yo puedo hacer lo mismo.


Muchas gracias por su apoyo y sus comentarios. Ani ya no te puedes quejar y May espero que te gusta como se va a desarrolllando la historia.