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Era cierto, había un enorme atasco que el vuelco de un trailer había provocado, colapsando varías de las autopistas de salida de Los Ángeles. El recorrido había durado una hora más de lo normal, y el taxista se había jugado el tipo para conseguir que llegase a tiempo al aeropuerto.
Durante todo el trayecto Kate se había sentido devastada, ¿había creído que iba a ser fácil? ¿Regresar simplemente a Brisbane y volver a empezar como si nada hubiese ocurrido? Todo tenía un precio y el de hoy había sido muy alto. Todas las heridas que creía cicatrizadas se habían abierto. Su cabeza y su corazón le dolían. Toda su confianza y su seguridad se habían venido abajo. ¿De verdad sabía lo que estaba haciendo? ¿Y conseguiría alguna vez salir de ese maldito atasco? Tenía que coger ese vuelo como fuera. Necesitaba sentarse en ese avión e intentar pensar con claridad.
"Me da su billete y pasaporte, por favor."
"Sí."
"Kate Austen."
"Así es."
…
"¿Ocurre algo?"
"Parece ser que hay un problema con su pasaporte, Srta. Austen. Salta un aviso. Déjeme hacer una comprobación."
Los pensamientos corrieron atropellándose unos a otros en la mente de Kate. No habían retirado la orden, todo había sido una trampa, la detendrían y la ingresarían en prisión, y esta vez nadie la sacaría de allí. Tenía que adelantarse. Tenía que huir. Echó un vistazo a su alrededor, había dos guardias de seguridad a unos 200 metros de ella, podía ser margen suficiente, pero los zapatos… ¿en qué estaba pensando cuando se puso unos finos tacones de aguja? Se descalzaría, debía empezar por alejarse discretamente, se ocultaría mientras pensaba algo. ¡Sawyer! Llamaría a Sawyer y le pediría que viniese a buscarla. Sería mejor que empezase a separarse de la fila, llamaría al hotel desde el móvil y preguntaría por él, con un poco de suerte aún seguiría allí, pediría que le buscarán. Sí, debía…
- "Ya está todo solucionado, Srta. Austen. Disculpe la espera. Ha sido un error. Apresúrese, están a punto de cerrar el embarque. Terminal 4, puerta 8. Feliz vuelo."
Kate se quedó conmocionada. A duras penas consiguió reaccionar y ponerse en marcha para localizar la terminal. Tardó una eternidad en encontrarla. ¿Cómo había podido reaccionar de ese modo? ¿Así de firme era la decisión que había tomado? ¿No era una nueva Kate? ¿No había dejado atrás las huidas y las fugas? Habían bastado un par de frases para que lo olvidase todo y estuviese dispuesta a echar a correr. ¿Y en quién había pensado para ayudarla? En Sawyer. ¿Cómo había podido? Tendría que haber pensado en avisar a Bryan, él ya la había advertido, podía haber algún problema, incluso, si de verás lo hubiese habido, seguro que él lo habría arreglado, como había arreglado todo lo demás. ¿Y qué había hecho ella? Renunciar en un segundo a un hombre honesto y bueno por otro que ni siquiera tenía existencia legal, un estafador, un alcohólico. Un hombre al que nunca pudo dejar de amar.
Después de todo se veía obligada a admitirlo. Sí, le amaba. Allí, de pie frente a ella en el medio de la habitación, había necesitado de toda su fuerza de voluntad y determinación para conseguir dejarlo atrás. Pese al tiempo y a todos los acontecimientos terribles que habían ocurrido, siempre había habido un hilo que la había mantenido atada a él y que tiraba de ella, aunque hubiese hecho todo lo posible por intentar cortarlo. Ella, que tanto había despreciado a su madre, que había pasado años intentando justificarse, pensando que en realidad le había hecho un favor, que ella, que las dos, estarían mejor sin aquel otro hombre que llegaba maldiciendo y llorando en mitad de la noche y al que su madre siempre consolaba, en lugar de echarle a patadas como ella habría deseado. Sintiéndose desgraciada y considerándola injusta porque nunca tuvo su perdón. Ahora tenía que reconocerlo, era tan estúpida como su madre. Su madre, cuyas cenizas iban facturadas rumbo al avión. Sin duda debía estar burlándose de ella, allá donde estuviese.
"Última llamada para los pasajeros del vuelo 5115 L.A.X.-Brisbane, vamos a proceder a cerrar el embarque."
No podía perderlo. Era lo que se suponía que tenía que hacer, ¿no era así? Cogería ese avión o se odiaría toda su vida, ¿dónde estaba la maldita puerta 8?
"Lo siento señorita, acabamos de cerrar el embarque. Ya nadie puede subir al avión."
"Pero, es muy importante para mí subir a ese avión. ¡Por favor, se lo ruego!"
"¿Qué ocurre, Paul?"
"Llega tarde, John."
"¿Puedo ayudarla?"
El hombre tenía una amplia y amistosa sonrisa que inmediatamente le recordó a Kate un rostro del pasado, un rostro al que había llegado a odiar pero que en otro tiempo había considerado un amigo.
"He tenido problemas con el tráfico. Por favor, ¿no podría hacer una excepción?"
"Sale otro vuelo en ocho horas, intentaremos buscarle plaza en él."
"Será demasiado tarde."
"Me temo que no es posible otra solución. Creo que no era su destino subir a ese avión."
"¿Cómo dice?"
"Ya me ha oído."
En la cabeza de Kate reinaba el caos, ¿era posible que lo hubiese entendido todo al revés? Que su destino no fuese Brisbane sino Los Ángeles, que se estuviese obcecando en volver a una vida que la aprisionaba mientras el destino, ¿y es que ella podía permitirse dudar de que existía uno?, le daba la oportunidad una y otra vez de escapar de esa suerte. ¿Podía ser eso real? No se estaría engañando a si misma, ¿era cierto que no estaba destinada a subir a ese avión? Pero ¿y su nueva vida? ¿Y Aaron? ¿Y Bryan? ¿Y Claire? No podía hacer eso, no podía rendirse, no podía abandonarlo todo.
"John, el comandante ha accedido a volver a abrir la compuerta. Dice que suba."
"Vaya, joven, parece que estaba equivocado. Puede que esté sea su día de suerte. No deje que nadie le diga lo que puede hacer. Adelante."
