Culpa, miedo y esperanza


Lo había jodido, lo sabía, estaba consciente de que lo había jodido todo. Se había pasado con lo que había dicho y la reacción de Granger lo había dejado claro. Ahora todo se iría al caño, lo sabía, no recuperaría su magia, no se cumpliría la profecía. Maldita Granger y su debilidad. ¿Por qué no seguía siendo la misma odiosa sabelotodo que respondía sus insultos con más insultos? Ahora todo estaba arruinado y no existía posibilidad de arreglarlo, no lo dejarían siquiera acercarse a ella; la Comadreja se lo había dejado claro, se lo había dicho tal cual, literalmente, esas habían sido sus palabras.

Después de cargar a la castaña hasta la enfermería siguiendo a Neal, éste había ido corriendo en busca de los otros. No pasaron ni dos minutos cuando la puerta se abrió bruscamente dejando entrar a los amigos de Granger. Los gritos no se habían hecho esperar y la discusión terminó con un labio roto para el rubio, la nariz sangrante y un pómulo morado para Weasley y ambos echados del cuarto. Con la ira descargada por la pelea, el pelirrojo sólo le dijo que no pensara en acercarse de nuevo a Granger y después se había largado dejándolo solo en el pasillo.

Su labio aún dolía un poco, pero no era nada que no pudiera soportar, estaba seguro de que Weasley había quedado peor. La puerta se abrió dando paso a la rubia Nataly, quien encontró al rubio sentado en el suelo recargado en la pared del otro lado del salón, cabeza contra la pared y ojos cerrados. Nataly levantó una ceja al ver la no reacción de Draco al entrar, pero después se encogió de hombros y se fue a sentar a su lado.

— ¿Lo que huelo aquí es culpa? —dijo Nataly mirando al rubio.

Draco soltó una corta y sarcástica risa.

—No me arrepiento de golpear a Weasley.

—No hablo de Weasley —aclaró Nataly.

Draco la miró unos segundos directo a los ojos, después miró al techo y por último al frente, pensando su respuesta.

—Tal vez no estuvo del todo bien lo que hice, pero nunca he sido el bueno —dijo al fin, sin mirarla.

Nataly seguía con la vista clavada en él, tratando de encontrar algo oculto en sus palabras o gestos, pero el rubio era tan cerrado que no podía ver más allá del sentido literal de lo que había dicho.

—Al parecer entró en un estado de shock por trauma —comenzó a contar Nataly, refiriéndose a la castaña—, dicen que no había tenido un ataque en casi un año, así que no tienen ni idea de cuánto tardará en salir.

Draco frunció un poco el ceño. Granger había estado en shock días atrás, ¿tendría que contarles eso para hacer un diagnóstico más seguro de su situación? No alcanzó a responderse pues la rubia continuó hablando.

—Dicen que la última vez tardó semanas en salir, no hablaba, dormía muy poco, pasó días sin comer y se la pasaba sentada mirando a la nada por horas, al parecer así la encontraron antes de llevarla a su refugio —decía Nataly.

— ¿La encontraron? ¿De qué hablas? —preguntó Draco, curioso por saber qué había sucedido con Granger.

—Tú pasaste casi una semana a solas con ella y no sabes que pasó, mucho menos yo —dijo Nataly, encogiéndose de hombros.

Draco soltó un suspiro y volvió a recargar la cabeza contra la pared. La última vez había tardado semanas en salir del shock, no, sólo habían sido un par de días y él fue testigo de eso. Su mente se debatía entre hablar o seguir guardándose lo ocurrido, si hablaba tendría que contar todo con detalle para saber qué le había ayudado a reaccionar, si no hablaba probablemente la castaña no saldría de su shock en semanas.

— ¿Qué pasa? —preguntó Nataly, al escuchar el suspiro del rubio.

— ¿Cómo llegaste a mí? —contrapuso Draco, no queriendo responder a su pregunta.

— ¿No les contó Neal?

—Granger tuvo su ataque antes de que terminara.

—Bien, ¿en qué parte se quedó? —preguntó Nataly, acomodándose mejor en el suelo, lista para contar una historia.

—En coquetear con Granger —soltó Draco de mala manera.

Nataly lo miró otro par de segundos, tratando de entender esa mala gana en que dijo aquello.

—Hablaba de su viaje en avión hasta acá y que Granger salió en su conversación —siguió Draco, ignorando la mirada de la rubia.

—Oh, claro, bien —Nataly se calló unos segundos antes de seguir—. Neal mencionó a Granger porque dijo que conocía a una bruja muy inteligente que tal vez podría ayudarnos. Hena, ¿le habló se Hena?

—Sí —respondió Draco.

—Bueno, pues Hena dijo que conocía a Granger y que, en efecto, era muy inteligente, algunos la creían la mejor bruja de su generación, además de ser mejor amiga de Harry Potter y ayudar a vencer al tal Voldemort, oh, y que pertenecía a la casa del león —explicó Nataly, Draco entendió a qué se refería.

—Por eso creen que ella es parte de la profecía —más que pregunta parecía recalcar un hecho.

—Sí, preguntamos a Hena si ella conocía a alguien de la casa de la serpiente que fuera tan capaz como Granger y habló de ti.

— ¿De mí?

—Sí, y yo te recordé. Sé que Granger es la mejor bruja de su generación, pero yo te conozco y sé que no eres un idiota, más bien todo lo contrario. Seguro estabas sólo por debajo de ella en la tabla de calificaciones del colegio.

—Esa tal Hena, dijo que iba a Hogwarts antes de irse a América, ¿en qué casa iba?

—No lo recuerdo, pero cuando nos habló de ti parecía conocerte bien, nos dijo que eras un sangre pura egocéntrico, que presumías de tu apellido, eras abusivo, creído y tu padre era partidario de Voldemort, ¿es verdad?

—"Era" es la palabra clave —dijo Draco, después se levantó sin mirarla siquiera y anduvo hasta la puerta para salir del salón.

Ya en el pasillo sintió a la rubia siguiéndolo.

—Tienes que decirme si es verdad, porque de ser así estaríamos más seguros sobre la profecía, tú serías la serpiente enemiga de guerra del león, de Granger —decía la rubia tratando de igualar su paso, que si bien no corría sí avanzaba más rápido que ella.

— ¿Entonces todo esto está pasando por simples suposiciones tuyas? —preguntó Draco, deteniéndose de golpe para mirarla.

—Es una profecía de hace ochocientos años, su interpretación no es fácil, pero incluso cuando te la dije estuviste de acuerdo con que hablaba de ustedes.

—Olvídalo —dijo Draco dando por zanjado el tema, volviendo a retomar su camino.

No estaba de humor para soportar interrogaciones sobre su pasado, ni comenzar a cuestionarse sí esa estúpida misión era o no un plan seguro para recuperar la magia.

Nataly no lo siguió pues sabía bien que de seguirlo probablemente terminarían queriendo matarse el uno al otro por los caracteres tan necios de ambos. Él no quería hablar y ella no se cansaría de insistir, pero esta vez, sólo por esta vez, cedería. Así que la rubia se detuvo y lo vio andar hasta el final del pasillo, después dio media vuelta y volvió al comedor para seguir revisando los mapas.

Draco cruzó las puertas dobles que daban al patio trasero y se encontró con un desolado panorama. No había ni un centímetro de césped, sólo un par de mesas de piedra seguían en pie, el sol parecía quemar alrededor con sus últimos rayos del día y sus compañeros de viaje se encargaban de matar a los zombis que se acercaban a la malla que rodeaba todo el patio. Más que un patio de escuela parecía un patio de cárcel, aunque no era para sorprenderse, los zombis traían ese ambiente oscuro siempre consigo.

Avanzó hasta el grupo cerca de la malla. La niña Weasley clavaba un cuchillo en la cabeza de un zombie especialmente horrible, sin un brazo, ropa hecha jirones, sangre resbalando de su boca, ojos oscuros y sin vida y una actitud bastante agresiva. Blaise estaba cerca de ella, matando a otro caminante y hablando de algo que la hacía reír. Y Theo terminaba con un par de zombis unos metros lejos de ellos, con su mirada de aburrimiento de siempre. No se molestó en ser silencioso al acercarse así que Nott se percató de su presencia al llegar hasta ellos.

— ¿Ya dejaste de ser tan idiota? —dijo Theo, alejándose de la malla.

Blaise y Ginny voltearon al escuchar la pregunta y ambos se alejaron también del alcance de los zombis para acercarse al rubio. La pelirroja lo miraba con desconfianza. Draco ignoró la mirada de Weasley pues no le sorprendía, había golpeado a su hermano después de todo, pero le dedicó a Nott una mirada dura y molesta. No estaba de humor.

—Vamos, Draco, sabemos que no fuiste el único en soltar golpes así que no eres el único que sabemos es un idiota —dijo Blaise, sonriendo como siempre.

Draco notó a la pelirroja rodar los ojos.

—Ron siempre es un idiota cuando se trata de Hermione —dijo Ginny.

El rubio esperó que dijera algo más, pero no fue así, ella sólo negó con la cabeza ante algún recuerdo decepcionante y se alejó de ellos para seguir con la limpieza de zombis. Draco se preguntó que idiotez había hecho la Comadreja con relación a Granger.

—Ahí lo tienes, no eres el único idiota, así que deja tu mal humor y sigamos matando a estos malditos muertos —dijo Blaise.

—No tengo con qué matarlos —soltó Draco.

Blaise buscó entre sus ropas otro cuchillo, al igual que Theodore, pero ninguno tenía uno extra.

—Hey, Malfoy —llamó Ginny desde su posición, levantando un cuchillo y lanzándolo al rubio.

Draco trató de atraparlo, pero al querer sostenerlo uso la mano herida y el dolor no se hizo esperar, obligándolo a dejar caer el cuchillo y soltar un gruñido. Tomó esa mano con la otra y frunció el rostro tratando de alejar el dolor, al parecer la herida no estaba mejorando.

—Deberías dejar que Luna te revise esa mano —opinó Theo.

—No, estoy bien —dijo Draco y se agachó para levantar el cuchillo, está vez con su mano buena.

Después, ignorando el dolor y a sus amigos, se acercó a la malla para atravesar el cráneo de un zombie y hundir el cuchillo hasta el fondo del podrido cerebro, acabando con la poca vida que le quedaba. Los demás lo imitaron y continuaron con la tarea. Al poco rato, alguien más salió de la escuela y se unió a ellos, Ginny fue la primera en percatarse de su llegada.

— ¡Luna! ¿Cómo está? —preguntó la pelirroja con preocupación, guardando el cuchillo y poniendo atención a lo que la rubia fuera a decir.

Theodore y Blaise también se acercaron, Draco se alejó de la malla, pero no se acercó al grupo, fingiendo desinterés por la castaña; aunque trataba de escuchar la respuesta.

—Igual —dijo Luna, con una tristeza y desesperanza que Draco nunca había visto en ella—. Despertó gritando hace un rato, logré calmarla, pero tuvimos que sedarla para que descansara porque se negaba a quedarse en cama.

Draco frunció el ceño. ¿Por qué sedarla? ¿Ella había despertado gritando y ellos la habían puesto a dormir de nuevo? ¿Eran tan estúpidos? Cuando ella gritaba él la tranquilizaba para que pudieran seguir adelante, no le importaba que descansara, sólo importaba que saliera de su maldito shock. Molestándose más a cada pensamiento que se formaba en su cabeza, las ganas de destrozar algo también aumentaban, por suerte tenía un par de muertos a su alcance, así que sin pensarlo clavó el cuchillo en la cabeza de uno de ellos y cegado por el enojo, no fue consciente del cambio de mano para sostener el cuchillo. Al momento de atacar al segundo zombie sintió el dolor recorrer su mano y sólo fue capaz de cortar la piel de la cara del monstruo, pero no de acabar con el cerebro. Soltando una maldición dejó caer el arma al suelo y tomó su mano herida.

Los otros interrumpieron su plática, a la cual Draco había dejado de poner atención, y lo miraron. Theodore volvió a insistir en que dejara que Luna lo revisara.

—Estoy bien —repitió el rubio, dejando caer ambas manos a sus lados.

Luna notó una gota de sangre resbalando por el dedo medio de Draco y caer a la seca tierra del patio, así que sin esperar a que él aceptara se acercó y tomó su mano entre las suyas. Draco trató de alejarse.

—Deja de moverte, tu mano está sangrando, la herida podría infectarse y podrías perderla —dijo Luna con voz neutra, como si hablara del clima.

Draco dejó que la rubia lo revisara, lo menos que quería eran perder la mano sólo por ser un cabeza dura. Lovegood deshizo el improvisado vendaje hecho con la bufanda de Granger y él no pudo evitar arrebatarle el pedazo de tela de las manos, no quería que lo tiraran pensando que era basura. La rubia lo miró con curiosidad, después la bufanda y de nuevo a él, Draco le devolvió una mirada aburrida, así que ella siguió revisando.

La herida se veía peor que antes, cruzaba toda la palma de su mano, era de un color rojo oscuro y la carne a su alrededor estaba entre morada y negra, eso no parecía bueno.

— ¿Cómo dijiste que te hiciste esto? —preguntó Luna, mirándolo con sospecha.

—Con un árbol —respondió Draco, sintiendo la mirada de la rubia sobre él, igual que los de Nott, los ojos de ella parecían leerle el alma.

Luna ladeó la cabeza a un lado, como si tratara de adivinar cómo se había lastimado en realidad. Al final no dijo nada y sólo dejó caer su mano.

—Ya está infectada, lo mejor será tratarla ahora mismo, ven —dijo la rubia y dio media vuelta para volver al interior de la escuela, más en específico, a la enfermería.

Draco la vio alejarse un par de pasos hasta que decidió hacerle caso y seguirla. Así podría entrar a la enfermería sin que la Comadreja se lo impidiera. Al llegar, como era de esperar, se encontró con la castaña recostada en la cama, justo donde la había dejado, y Weasley sentado junto a la cama, tomando su mano y dándole palabras de aliento. El pómulo del pelirrojo seguía inflamado y un poco morado, pero su nariz no parecía estar rota.

"Por desgracia" pensó Draco.

Ronald despegó la mirada de Hermione al escuchar la puerta abrirse y le dedicó una triste sonrisa a Luna, pero al ver a Draco dejó de sonreír y se levantó para enfrentarlo.

—Te dije que te quería lejos de Hermione —dijo Ron, con voz amenazante y los puños apretados, acercándose al rubio.

— ¿Crees que me importa lo que tú quieres, Comadreja? —soltó Draco, mirándolo altivo y frunciendo la nariz como si le molestara estar cerca del pelirrojo, que de hecho le molestaba.

Ron dio un paso más hacia él, dispuesto a golpearlo y sacarlo del lugar, pero Luna lo detuvo a tiempo.

—Ron, por favor, te pediré que te vayas porque voy a curar la mano de Malfoy y creo que sería incómodo para ambos estar aquí ya que no se agradan —dijo Luna interponiéndose entre ellos.

Ron ni siquiera miró a la rubia, sólo trató de asesinar a Draco con la mirada una vez más y salió del lugar dando un portazo.

—Idiota —murmuró Draco cuando el pelirrojo se fue.

—Algunas veces —dijo Luna buscando entre los cajones alguna anestesia.

—No hablaba de ti, Lovegood —dijo el rubio sin saber bien cómo interpretar la respuesta de la chica.

—Yo si hablaba de ti —soltó Luna, aunque sin tono de burla o mal intención, sólo parecía ser sincera.

Draco no dijo nada, sabía que la rubia era extraña y brutalmente honesta, y que aunque quisiera insultarla por llamarlo idiota a ella no le importaría y mantendría su creencia. Luna acomodó la silla que antes había estado ocupando Weasley y le pidió que se sentara.

—Muerde esto —la rubia le tendió una chaqueta que él sabía era de Granger.

— ¿Qué? —preguntó sin entender, mirando de reojo a la inconsciente castaña.

—No hay anestesia, pero esto dolerá —explicó Luna, limpiando una aguja con lo que parecía ser alcohol.

Draco tomó la chaqueta y la acercó a su rostro, el extraño aroma natural de Granger estaba impregnado en la prenda, así que de golpe sintió la vainilla llenar sus fosas nasales. Vainilla más algo salado.

—No creo que a Granger le guste saber que arruiné su chaqueta —dijo el rubio, dejando la prenda sobre la cama, junto a su dueña.

—Es eso o esto —dijo Luna, mostrándole un sucio trozo de madera que había levantado del piso.

Malfoy entrecerró los ojos viendo la treta de la rubia.

—Nada, lo soportaré —aseguró él.

—Como quieras —Luna se encogió de hombros y tomó su mano.

Sin avisar comenzó a limpiar la herida con alcohol y Draco no pudo evitar soltar un grave gruñido y alejar su mano.

—Dije que dolería —recordó Luna.

De mala gana, Draco volvió a tomar la chaqueta de la cama y se la llevó a la boca. Después asintió, dando a entender que podía continuar.

Luna volvió a tomar su mano y terminó de limpiar con un poco más de alcohol. El ardor era más doloroso de lo que imaginaba, pero seguramente se debía al tiempo que había dejado la herida sin tratar y sin limpiar, así que, aunque quisiera fingir soportarlo, cuando se dio cuenta, la quijada le dolía por morder tan fuerte la chaqueta en su boca. El ardor se detuvo un segundo, sólo para dar paso a la sensación de que su piel latía; esperaba que su mano se adormeciera lo suficiente por el dolor para no sentir del todo la sutura.

Cuando Luna volvió a acercarse con la aguja lista para coser, él ya tenía la mano estirada hacia ella. De nuevo, sin avisar, la rubia insertó la aguja en su piel y Draco mordió con fuerza. Un par de puntadas después, su sensación de dolor parecía haber desaparecido y sólo sentía un aroma a vainilla rodeándolo. Vainilla. Granger.

Sus ojos se dirigieron a la castaña dormida en la cama y se perdió analizando su rostro intranquilo. Su ceño estaba fruncido y su piel cubierta con una perlada capa de sudor. Algo estaba mal, y conociendo sus despertares agresivos cuando estaba en estado de shock, probablemente su sueño no era del todo bueno. Ya sin la necesidad de soportar el dolor, se quitó la chaqueta de la boca.

— ¿Cómo está? —preguntó Draco, sin fingir indiferencia o desinterés como antes, la pregunta había salido sola de sus labios.

Luna levantó la mirada hacia él sin detener su trabajo y comprendió la pregunta al ver a donde se dirigían sus ojos.

—Igual, seguramente despertará pronto, cuando pase el efecto del calmante, pero no sabemos cuánto tiempo estará en shock —respondió la rubia, casi terminando de coser.

— ¿Es cierto que estuvo así por semanas la última vez? —preguntó Draco, sin despegar los ojos de la castaña.

—Sí.

Debía decirlo. Debía contarle que Granger había tardado sólo unos días en salir de ese estado antes. Pero si lo contaba le preguntaría sobre todo lo ocurrido en el bosque para averiguar qué la había empujado lejos del shock en su cabeza. Qué la había sacado del shock. ¿Qué la había sacado? ¿Qué?

La mirada gris del rubio se había apartado de Granger, pero ahora divagaba por todo el lugar mientras buscaba la respuesta a su pregunta. ¿Qué? ¿Por qué Granger había reaccionado?

El recuerdo volvió a su mente poco a poco, algo difuso debido a la adrenalina y acción que había tenido en ese momento. Era de noche, había una fogata, Granger dormía, escuchaba un ruido, se adentraba al bosque y luego… Luego las cosas eran borrosas, corrió, peleó contra un zombie y Granger le dio un pañuelo para limpiar su cara, el mismo que él le había puesto en su mano herida.

De nuevo volvió la vista a Hermione, pero esta vez a su mano. El pañuelo se había ido y había sido reemplazado por una venda.

Ya lo tenía, en ese momento estaba la razón de su reaccionar. No se había desmayado como la última vez que usó armas de fuego, no había huido durante el ataque del zombie, había vuelto a hablar, a hablarle, a él. A él. Él. ¿Él?

— ¿Por mí? —preguntó en voz no lo suficientemente baja, pues justo en ese momento Luna terminó y lo escuchó claramente.

— ¿Por ti qué? —preguntó la rubia, mirándolo con curiosidad.

—Nada.

Luna lo miró con sus azules y curiosos ojos muy abiertos, de nuevo le recordó el escrutinio de Nott cuando sabía que le ocultaba algo. Ya suficiente tenía con su amigo para soportar también que Lovegood parecía ver a través de su máscara de indiferencia.

Finalmente, Luna cortó el hilo sobrante y limpió su mano con alcohol una última vez antes de cubrirla con una venda limpia.

—Listo —anunció la rubia.

Draco se levantó y tomó la bufanda de Granger del suelo, estaba llena de sangre, pero algo le decía que debía tenerla hasta que pudiera devolvérsela. Miró a la castaña de nuevo, seguía con ese aspecto intranquilo.

—Si sabes algo sobre Hermione tal vez pueda ayudarnos —dijo Luna.

Y por un instante, Draco creyó que sí le había leído la mente o algo así. Negó con la cabeza y se dirigió a la puerta, la abrió pero se detuvo antes de salir. Volteó y miró a Luna revisar a Hermione, debía decirlo, algo se retorcía en su interior como forzándolo a hablar.

—Despertará —fue lo único que salió de su boca—, y seguro estará bien.

Luna lo miró de nuevo con esa intensa curiosidad y él supo que era momento de salir de ahí antes de que esa bruja loca resultará aún tener magia y le leyera la mente. Un último vistazo a Granger, a su aromatizada chaqueta, a su ensangrentado pañuelo a los pies de su cama… Y supo que volvería esa noche para hacerla despertar y salir de su estúpido shock.



Tenía que salir. No podía seguir ahí. Cruzó el lugar lo más rápido que sus piernas le permitieron y alargó el brazo hacia la resplandeciente luz al fondo de la oscuridad. La alcanzaría. Sólo un poco más.

El piso bajo sus pies se esfumó, pero la luz la absorbió justo a tiempo, llevándola lejos de ese inquietante lugar.

Una voz extraña y desconocida se escuchaba al fondo de todo, no entendía lo que decía, pero algo dentro de ella le aseguraba que era importante, que debía escuchar con atención y recordarlo. Sin embargo, olvidó la voz cuando una imagen comenzó a materializarse frente a ella. Los colores blanco y gris se mezclaban entre ellos formando poco a poco lo que parecía ser un rostro, pero antes de que consiguiera ver de quien se trataba, el lienzo se desmoronó y muchas imágenes pasaron rápidamente ante sus ojos sin que fuera capaz de identificar ninguna a la perfección.

Sólo uno que otro elemento fue retenido por su vista. Un rayo verde, un líquido azul, un mago maduro que no conocía de nada, un edificio que le parecía vagamente familiar, una línea de runas que no pudo identificar y unos brillantes ojos grisáceos que reconoció de inmediato. Las imágenes se detuvieron al centrarse en los ojos y en lo que pareció una eternidad, pero fue sólo un segundo, la voz masculina gritándole resonó por todos lados.

La luz se desvaneció, todo se volvió rojo pero oscuro. El brillo en esas pupilas grises desapareció y parecía que una tormenta en el centro del mar se desataba dentro de ellos. Su labio inferior comenzó a temblar y su mirada no podía apartarse de los ojos grises. Un grito agudo rompió el silencio y sus tímpanos también, o eso creyó pues el sonido se clavó en lo más profundo de su mente. Se tapó los oídos tratando de silenciar el grito, pero sólo sintió algo húmedo manchando su rostro, separó las manos de inmediato y se dejó caer al suelo conteniendo la respiración al ver la sangre resbalando entre sus dedos, sangre que sabía no era suya.

Las lágrimas ya resbalaban por sus mejillas, pero ella no hacía nada por detenerlas, tenía que dejarlas salir, debía llorar y sufrir por lo que había hecho. No había sido lo correcto, debió buscar otra solución. El rostro delgado de esa mujer apareció en su regazo, la sangre brotaba de su boca y al bajar la mirada vio que la mancha roja en su blusa se extendía rápidamente. Lo sentía tanto, no quería que eso pasara, todo tenía que salir diferente. Levantó la mirada y la misma mujer estaba de pie frente a ella, sus ojos sin vida y su boca cubierta de sangre la obligaron a levantarse y caminar lento hacia atrás, pero la mujer la reconoció y corrió directo a ella, con los brazos extendidos queriendo atraparla. La castaña se alejó corriendo, mirando atrás constantemente, esperando que la zombie desapareciera. Distraída y asustada no reparó en el acantilado al que se acercaba más y más a cada paso, cayó a la profunda oscuridad gritando tan fuerte que sus garganta dolía, pero ningún sonido abandonó su boca, nadie la escucharía caer, nadie la vería morir, nadie encontraría su cuerpo, nadie le daría misericordia y terminaría convertida en una de esas cosas.

Un gruñido en la oscuridad la puso alerta y la vio de nuevo, ahí, frente a ella.

Lo siento, lo siento, lo siento —dijo entre sollozos, con lágrimas incontrolables brotando de sus ojos—. Lo siento, mamá, en verdad lo siento.

La zombie se lanzó contra ella con la boca abierta lista para morderla y convertirla en una de ellos. Su madre ya no estaba ahí.

Despertó de golpe, gritando al sentir los dientes clavándose en su cuello. Sus manos y piernas se movían tratando de quitarse al caminante de encima, un caminante inexistente. Sintió que alguien la sostenía, evitando que siguiera retorciéndose. Su respiración era acelerada, pero ésta se detuvo al reconocer unos ojos grises entre la oscuridad del cuarto. Volvió a respirar al ver que el vacío en aquellos ojos se había ido y un brillo de preocupación ocupaba su lugar. Esa era la luz grisácea que la había ayudado a salir de su shock la última vez. Y algo en su interior le decía que sería lo que le ayudaría a salir de ahora en adelante.

—Granger, estoy aquí —dijo Draco, sin cortar el contacto visual ni soltarla—, estoy contigo, manteniéndote cuerda, ¿recuerdas?

Ella no dijo nada, pero su respiración ya era más tranquila y su forcejeo se había detenido por completo. Sus miradas seguían conectadas, ninguno decía nada, era como si esa mirada bastara para entender todo.

La puerta se abrió dando paso a un sorprendido y confundido Harry, quien estaba ahí para cuidar a Hermione hasta el turno de Ginny a la mañana siguiente.

Draco se alejó de Hermione lentamente, esperando el bombardeo de preguntas y reclamos por parte de Potter, pero eso nunca llegó. La castaña no dejó de ver a Draco en ningún momento y Harry se percató de ello. El rubio tomó un par de pastillas para dormir de una caja que vio por casualidad y se las mostró al ojiverde, dando a entender que estaba ahí por eso. Harry frunció el ceño no muy convencido.

—Duele —dijo Draco, levantando su mano herida.

Harry sólo asintió y entró al lugar directo a Hermione. El rubio se dirigió a la puerta y miró una última vez a Granger antes de irse. Ella le dedicó una sonrisa casi imperceptible, pero él supo que esa era una buena señal.



Supo desde el momento en que entró al salón que terminaría saliendo molesto de esa estúpida reunión, porque siempre que la Comadreja estaba cerca ambos terminaban con ganas de matar al otro. Pero, ¡oh, sorpresa! Esta vez no sólo se molestó con Wealsey, también con su hermana, con Lovegood y con el tal Neal. Porque todos ellos eran unos idiotas, unos completos idiotas.

—No podemos seguir perdiendo más tiempo —dijo Nataly, no convencida con la decisión de los otros.

—Creí que Granger era fuerte, seguro resistirá aunque partamos hoy —dijo Nott, sentado junto a Blaise y Draco.

El rubio no había dicho nada en todo el tiempo que había durado la reunión, porque a él no le importaba el tiempo perdido, él creía que debían seguir el viaje pues sólo así Granger terminaría de reaccionar, porque no era una niña pequeña o una muñeca de vidrio, era fuerte, podía salir del shock si la dejaban salir de ese maldito cuarto.

—Aún no está bien, debe descansar al menos otro día —dijo Ginny, que recién había vuelto de su turno de cuidar a la castaña esa mañana.

—Creo que Nott tiene razón —dijo, para sorpresa de todos, Harry—. Hermione es fuerte, seguro mejorará si salimos hoy y se distrae en otra cosa durante el viaje.

Ninguno dijo nada después de eso, las opiniones estaban divididas. Los Weasley, Luna y Neal aseguraban que lo mejor era esperar; Nataly, Nott, Zabini y Harry creían que era momento de seguir. Cuando todos parecieron hacer las cuentas, uno a uno miró a Draco. Él frunció el ceño, ¿de verdad dejarían la decisión en sus manos?

—No podemos irnos, no aún, ella no está bien, es inestable y no puede andar por este mundo de esa forma, es peligroso —sentenció Ronald, no queriendo que Draco opinara.

Pero eso sólo hizo molestar más al rubio, que se había contenido de decir algo. Unos querían irse por el tiempo, otros querían quedarse por la salud de Granger, estaba seguro de que Potter quería irse porque también sabía que la castaña no mejoraría si no enfrentaba sus miedos y él, él quería irse porque sabía que Granger estaría bien allá afuera, con él estando cerca y mirándola directo a los ojos hasta que el miedo en su mirada desapareciera.

—Ella estará mejor fuera de aquí —dijo Draco sin mirar a nadie en específico—, tenerla encerrada en un cuarto hará las cosas peores.

—Tú no tienes derecho a opinar sobre esto, Malfoy, fuiste tú quien la dejó así —recriminó el pelirrojo.

Y de nuevo, esa punzada de culpa se instaló en el pecho del rubio, haciéndolo levantarse de golpe y mirar a Weasley con ganas de esta vez sí romperle la nariz.

—Tal vez la dejé así, pero soy el único que puede sacarla de eso —aseguró Draco.

— ¿Qué te hace pensar eso? —preguntó Ronald, dando un paso hacia él.

— ¡Que ya la saqué de su shock una vez! —soltó sin pensarlo, sólo queriendo que la Comadreja supiera que él sí había hecho algo por ella.

La sorpresa reflejada en el rostro del pelirrojo fue la misma que se instaló en todos los demás. Cuando Draco se dio cuenta de que había hablado de más, se molestó, se molestó porque esos idiotas eran unos idiotas que lo habían llevado a soltar información que no quería.

Sin esperar a las preguntas que seguro querrían hacerle, Draco salió rápidamente del lugar. Se alejó por el pasillo sin dirigirse a ningún lugar en específico. Pero no dio más de cinco pasos cuando escuchó un agudo y aterrorizado grito femenino que reconoció al instante. En menos de lo que su cerebro se creó el peor escenario respecto a la castaña, Draco abrió la puerta de la enfermería encontrándose con la chica hecha un ovillo, sentada con las piernas pegadas a su pecho mientras las abrazaba y se mecía de atrás hacia delante con la vista perdida en algún punto de la pared frente a la cama, era una vista bastante impactante teniendo en cuenta la Granger que él había conocido toda su vida.

Hermione Granger era la fuerte, la valiente, la testaruda sabelotodo de Gryffindor, esa mujer cubierta de sudor con los ojos llenos de pánico y el labio inferior temblando no era ella, no era la Granger que él conocía, no era una Granger que supiera como tratar. Y por eso debía traerla de vuelta, por eso debía ayudarla a salir de ese deplorable estado en el cual él mismo la había llevado días atrás.

Con un par de lentos y silenciosos pasos se acercó hasta la cama, sin despegar la vista de la castaña, tratando de conectar sus miradas. Cuando estuvo lo suficientemente cerca alargó su mano para tocarla, pero se detuvo a pocos centímetros de hacer contacto pues no estaba seguro de que fuera una buena idea; en el bosque ella había tenido problemas, despertaba gritando, sí, pero no recordaba que terminara tan paralizada y perdida después de alguna de sus pesadillas. Dejó caer su mano sin atreverse a tocarla, no queriendo asustarla.

—Granger —llamó Draco en voz muy baja, casi parecía un susurro.

La chica no reaccionó, parecía no notar su presencia. Su cuerpo seguía temblando y meciéndose, mientras parecía murmurar algo inentendible para el rubio. Draco se acercó un poco más tratando de escuchar mejor lo que sea que estuviera diciendo, pero sólo captó la palabra "perdón" repetida varias veces.

¿Perdón? ¿A quién le pedía perdón?

Antes de que pudiera hacerse más preguntas, la puerta se abrió de golpe, dando paso a todo el grupo con la preocupación plasmada en sus rostros, también habían escuchado el grito de Hermione.

— ¡Aléjate de ella! —gritó Ron al ver a Draco tan cerca de la castaña— ¿Qué le hiciste esta vez, Malfoy? ¡¿Qué le hiciste?! —tiró de la chaqueta del rubio, alejándolo de Hermione.

Entonces se armó un caos. Ronald tomó a Draco por el cuello, lanzándolo contra la pared y mirándolo amenazante. Harry trató de calmar a Ron, pero el pelirrojo no escuchó y golpeó a Draco de nuevo contra la pared. Draco no tenía tiempo para esas estupideces así que se quitó a Ronald de encima de un empujón y si no fuera porque Harry y Theo los detuvieron hubieran comenzado una nueva pelea. Mientras tanto, Ginny y Luna se habían acercado a revisar a Hermione quien seguía igual, sin percatarse de nada de lo que pasaba a su alrededor. Blaise, Neal y Nataly se mantenían en la puerta sin saber qué hacer.

— ¡Lárgate de aquí! ¡Por tu culpa ella está así! —gritaba Ron, forcejeando por soltarse de Harry, quien tenía problemas deteniéndolo teniendo en cuenta que el pelirrojo era más grande que él.

— ¡Y por tu maldita impulsividad se pondrá peor! ¡Todo este ruido y desastre no la ayuda a mejorar! —replicó Draco, aunque sin buscar soltarse de Nott— Tú no la ayudas a mejorar, sólo gritas y golpeas porque eres un salvaje inútil que sólo sabe resolver las cosas con ataque físico, eres tan idiota que no eres capaz de formular una respuesta para una discusión y te vas directo a los golpes.

Y claro, Ronald logró soltarse de Harry y fue directo contra el rubio, pero él lo vio venir y al no ser detenido por Nott logró esquivar el golpe a tiempo. Draco quiso devolver la intención de atacar, así que lanzó su puño a la cara del pelirrojo, pero Ron lo detuvo y éste asestó un golpe en su costado, cortándole el aire. Sin embargo, Malfoy no se permitió parar y le propinó un fuerte puñetazo en la mandíbula que lo arrojó al suelo.

Harry corrió a auxiliar a Ron que sangraba de la boca y la nariz, Theo y Blaise corrieron a detener a Draco. Un fuerte portazo se escuchó en la habitación. Hermione había corrido a encerrarse en el baño.

— ¡Suéltenme! —ordenaba Draco, queriendo zafarse del agarre de sus amigos, mirando algo desesperado la puerta tras la cual Granger se había escondido.

—No creo que esa sea una buena idea —dijo Theo, mirando a Luna revisar el rostro de Weasley.

— ¡Tengo que sacar a Granger de ahí! —gritó el rubio y al percatarse de la mirada de Nott, añadió:— La Comadreja me tiene sin cuidado.

Blaise y Theo se miraron y lo dejaron libre. Ignorando a todos, Draco se acercó a la puerta.

—Granger —la llamó—, Granger, tienes que salir de ahí —su voz era calmada, incluso parecía cansada, Nott y Zabini lo miraban extrañados—, no puedes seguir así, perdida…, sin ser tú, sin ser quien eres en verdad —aunque su voz era tranquila, era lo suficientemente alta para que todos lo escucharan.

Y todos estaban sorprendidos.

Pero Hermione no salió del baño, Draco la escuchó sollozar y quiso tener algo con que derribar la maldita puerta para tomar su rostro entre sus manos y obligarla a mirarlo hasta que los fantasmas de su trauma se fueran. Porque no podía seguir así, porque ya habían perdido demasiado tiempo y tenían una misión que cumplir, tenían algo que recuperar. Y al pensar en eso se desesperó y comenzó a golpear la puerta, se desesperó porque Granger no podía ser débil, golpe, porque ser débil te llevaría por un oscuro camino del que te arrepentirías toda tu vida, golpe, porque de haber sido más fuertes tal vez sus padres no se habrían suicidado, golpe, tal vez sus amigos no habrían muerto, golpe, tal vez Pansy se habría salvado, golpe, tal vez la habría salvado. Golpe, golpe, golpe.

Ron se paró dispuesto a alejar a Draco de la puerta, pero Ginny y Luna lo detuvieron.

Tal vez, de haber sido más fuerte, la marca tenebrosa en su antebrazo no estaría ahí recordándole todas las malas decisiones que había tomado. Golpe, golpe, golpe. Esa marca maldita que ya no sólo le recordaba los tiempos de guerra, sino también los tiempos recientes, con su sangre y muerte, con su miedo y advertencia, con su vacío y soledad interior. Dejó caer la cabeza contra la fría puerta, mientras seguía golpeándola.

— ¡Granger, estoy aquí, estoy contigo! —gritó, queriendo que ella lo escuchara claramente—. Tienes que salir de ese jodido baño y de ese jodido shock porque tenemos que resolver esa maldita profecía, ¿recuerdas?

Los sollozos se habían detenido y escuchó pasos del otro lado. Hermione se había levantado de su lugar en el suelo y miraba la puerta, centrándose en la voz de Draco para alejar la nubla de su mente.

—Tú y yo, Granger —dijo Draco, pero esta vez en voz muy baja, esperando que sólo ella lo escuchara.

Segundo después, la puerta se abrió y Hermione salió, sin temblar. Miró a Draco directo a los ojos, sólo faltaba esa luz grisácea para que la oscuridad de sus recuerdos se disipara por completo.

—Juntos —completó Hermione, en un murmuro que sólo él escuchó.

Draco sacó un pañuelo limpio de su chaqueta y se lo tendió a Hermione, ella lo tomó y vio sus iniciales en la esquina, después miró a Draco queriendo decir gracias, pero nada salió de su boca, a pesar de eso él pareció entender porque dio un casi imperceptible asentimiento con la cabeza.

Ginny creyó que era momento de romper ese momento tan extraño e hizo salir a todos con el pretexto de que Luna debía revisar a Hermione. Ninguno se opuso pues estaban bastante confundidos por lo que acababa de pasar y no fueron capaces de pensar en replicar. Draco también dio media vuelta para dirigirse a la puerta, pero antes de salir miró de nuevo a Hermione y una chispa, esa chispa que él antes había creído sentir al mirarla, nació en el pecho de ambos, aunque ninguno fue consciente, o ninguno quiso serlo. Pero esa chispa era importante, había nacido en su pecho, tal vez en su corazón, tal vez en su alma, tal vez de dónde provenía su magia.