Capítulo 9.
Eriko ya se lo veía venir, y sin embargo, se sorprendió mucho cuando Taro le dio el ultimátum. Claro, él no lo dijo de esa manera, pero al final de cuentas era lo mismo... Misaki estaba harto, eso era obvio, y Eriko tuvo qué decidir qué cosa era lo más importante para ella...
- Perdóname, Eriko, pero no puedo más con esto.- musitó Taro.- He intentado sacar adelante nuestro matrimonio yo solo, y no se puede. Un matrimonio es cosa de dos, no de uno, y el nuestro no puede salir a flote si tú no pones de tu parte. Sé que te dolió perder a Eiki y Enory, son nuestros hijos y sé cuantos los amabas, pero aun sigo aquí, Eriko. Yo sigo vivo, yo sigo amándote, pero no puedo seguir a tu lado si no me das al menos una señal de que me quieres a tu lado...
- ¿Estás abandonándome?.- musitó Eriko, dolida.
- No, Eriko, no te estoy abandonando.- Misaki suspiró.- Si me voy habrá sido porque me has corrido de tu lado, habrá sido porque no recibí ninguna señal de tu parte diciéndome que aun me amas, que aun me necesitas. Por eso, no puedo más. Si quieres acabar con tu vida, no te detendré, pero entonces necesito saber que no tengo más nada que hacer aquí.
Eriko estaba perdida. Ella amaba a Misaki, pero jamás se dio cuenta de cuánto sufrió él también con la muerte de sus hijos, con el intento de suicidio de ella, con su claro abandono. Eriko aun se sentía muy mal como para poder tomar una decisión, pero de lo que estaba segura era de que no quería que Taro la dejara, aunque no sabía como decirlo...
- No deseo presionarte, pero necesito una respuesta ya.- continuó Taro, tomando a su esposa de la mano.- Si quieres que me vaya, dime y lo haré. Si quieres que me quede, dime y nunca me apartaré de tu lado.
- Taro... .- a ella se le atoraron las palabras en la garganta. ¿Cómo pedirle que no se fuera?
Los dos estaban sentados en el jardín del hospital. Había varios enfermos paseando con sus familiares; Eriko aun tenía en las manos el ramo de rosas, pero Taro había sacado una y comenzaba a quitarle los pétalos lentamente y haciéndolos pedacitos... Eriko lo tomó como un símbolo de algo que ya nunca más sería...
- Estoy esperando tu respuesta.- murmuró Taro.- Perdona que te obligue a decidir, pero ya no puedo más...
Eriko sabía que de su respuesta dependía la vida de dos almas abandonadas que esperaban reencontrar su rumbo juntos...
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Taro se sentía estúpido usando ese frac negro, pero al parecer la pasarela exigía eso como mínimo. Al menos Genzo se veía igual de incómodo que él usando su vulgarmente llamado "smoking".
- Para empezar, ¿quién le puso a esto "smoking"?.- gruñó Genzo.- "Smoke" es fumar en inglés, ¿significa entonces que debo fumar usando esta cosa?
- Te pasas de tarado.- se carcajeó Misaki.- Al menos me siento ya menos estúpido.
- Gracias.
- No hay de qué.
Ni modo. En fin, fue idea de Wakabayashi el comprar las flores, aunque Taro estaba seguro de que la chica para quien Genzo las había comprado se las aventaría en la cara. Misaki no sabía si darle flores a Eriko o no, después de lo ocurrido con Natalie, pero aun así... Bueno, él no resistió la tentación y compró una docena de rosas rojas perfumadas.
- Por cierto, no me presentaste a tu nueva novia.- comentó Genzo, mientras tomaban asiento.
- No tengo novia.- respondió Taro, muy tranquilo.- Natalie es mi ex. ¿No te acuerdas de ella? Te la presenté hace años, poco antes del mundial Sub-16.
- ¡AH! ¿Es ésa chiquilla de frenos en los dientes y coletas?.- Genzo estaba sorprendido- Vaya que creció...
- Sí que lo hizo.- gruñó Taro.
- ¿Pero qué no se supone que habías terminado con ella?.- preguntó Genzo, con algo de ingenuidad.- No creí que la siguieras viendo...
- Claro que terminé con ella, es solo que al parecer "no me ha olvidado" y por eso anda acosándome.- suspiró Taro.
- Y eso te molesta, sí claro.- se mofó Genzo.
- Pues aunque no lo creas, sí molesta.- replicó Misaki.- Natalie es hermosa, no lo niego, pero ella...
Taro iba a decir "ella no es Eriko", pero se contuvo a tiempo. Él dudaba que a Genzo le cayera en gracia el chistecito. En fin, Taro aun no hablaba con Eriko después del incidente con Natalie, aunque... ¿Quién le diría a Misaki que a ella le importó lo sucedido? Quizás para Eriko no tuvo nada de importancia ese beso, pero por la manera en como ella lo miró a él, Taro creía que sí le había importado... En fin...
Genzo se distrajo un poco al darse cuenta de que Schneider tomaba asiento a un lado de él. ¿Acaso Eriko lo habría invitado? Hacía ya un año y medio que ella y él fueron pareja, pero hasta donde Genzo sabía, en cuanto Eriko terminó con Karl no volvieron a tener contacto de ningún tipo. Genzo se disculpó con Misaki y fue hacia donde se encontraba Schneider. El alemán lo miró con pasividad.
- ¿Qué haces aquí?.- preguntó Genzo.
- Hasta la pregunta es idiota.- contestó Schneider.- ¿Me ves comprando una tabla de surf?
- Con un "vine a la pasarela" me hubiera bastado.- gruñó Genzo.- Está bien, seré más directo: ¿Quién te invitó?
- Si crees que vine por Eriko, puedes quedarte tranquilo.- respondió Karl.- Vine a ver a Elieth.
- Ah.- Genzo recordó quién era la muchacha.- ¿Desde cuando la conoces?
- Desde ayer, para ser precisos, desde antier.- suspiró Karl.- ¿Tiene eso alguna importancia?
- No, siempre y cuando no estés usándola para acercarte a mi hermana.- replicó Genzo.
- Típico de los Wakabayashi, creerse los ombligos del mundo.- rió Schneider.- Elieth me interesa de verdad, sé que es muy pronto, pero ella me gusta y mucho. Estoy aquí porque deseo conocerla más a fondo, no porque pretenda darle celos a tu hermana.
Schneider estaba siendo sincero, así que Genzo se tranquilizó. Por un lado, él notó en los ojos del alemán un brillo que hacía mucho que no le notaba, cosa que le dio gusto. El portero nipón esperaba que las cosas se dieran entre su amigo y rival y Elieth, aunque aun era pronto para decirlo, habría que ver qué era lo que decía el tiempo. La pasarela comenzó, se hizo un gran alboroto como era de esperarse cuando las súper modelos pasaron mostrando los carísimos y bellísimos vestidos que estaban a la venta. Eriko arrancó más de un suspiro y grito de admiración con el vestido negro de escote hasta el ombligo por delante y hasta la espalda por detrás, con abertura a medio muslo. Taro se quedó con la boca abierta al verla, realmente se veía bellísima... Por un momento, Misaki se imaginó a Eriko esperándolo usando ese vestido y sonriéndole de manera cautivadora.
"Ven a mis brazos", parecía decirle Eriko, en sus sueños.
- Iré.- murmuró Taro, mirando el trasero de la muchacha.
- ¡Misaki!.- el grito de Genzo regresó al muchacho a la realidad.- ¡Deja de mirarle el trasero a mi hermana!
- No le estaba viendo "eso".- Taro se puso más colorado que jitomatito.
Natalie pasó detrás de Eriko, pero Taro no le puso atención. Para qué hacerse el idiota, la única mujer que lo podía dejar sin aliento era Eriko, esa belleza japonesa de cabello negro y reluciente y un cuerpo que podría marear a cualquiera. Misaki se sentía un niño inexperto delante de una gran mujer, pero no le importaba. Aunque fuera un niño, conseguiría que Eriko se quedara con él. Natalie pareció notar el desinterés de Taro, pero parecía no estar dispuesta a darse por vencida, aun cuando Eriko hizo todo lo posible por ignorar al joven.
- Taro no te quitó los ojos de encima.- comentó Lily a Eriko, cuando ella regresó tras bambalinas.
- No sé de qué hablas.- replicó Eriko, con una respuesta lacónica clásica de Genzo.
- Si quieres fingir demencia, es cosa tuya.- suspiró Lily.- Pero Taro es un gran muchacho, deberías de hacerle caso.
- Y yo puedo decirte lo mismo de mi hermano.- replicó Eriko, dejando a Lily muda.
Después fue el turno de Lily. Ella apareció con un vestido rojo cereza, también escotado pero más decente que el de Eriko, con un corte que se ajustaba a su cuerpo y se soltaba un poco más en la cadera. Esta vez, fue Genzo el que se quedó con la boca abierta. El joven portero murmuró algunas palabras en alemán. Taro lo miró con cara de "what?".
- Dijo algo así como "eres preciosa".- rio Schneider, explicándole a Taro.
- Ah.- Misaki también rio.
La mexicana, ganadora del concurso de Dior y aprendiz en el mundo de las modas, causó un gran impacto entre los espectadores y dejó en claro que entraba a ese mundo pisando fuerte. Después apareció Elieth, ya una veterana, con un vestido color plata, dejando atónito y boquiabierto a Schneider. Alana y Andrea aparecieron detrás de ella, pero no consiguieron arrancarle a Genzo ni un suspiro de piedad. Para no hacer el cuento tan largo, y también porque no me interesa mucho describir ni alargar una pasarela, el evento fue todo un éxito y todos los vestidos se vendieron. Al final, Eriko, Lily, Elieth y las demás aparecieron y agradecieron al público con una gran sonrisa. La gente comenzó a dispersarse, y Taro tomó el ramo de rosas rojas. Él quería acercarse a Eriko, pero ella estaba rodeada por demasiados reporteros.
- Iré a buscar a Lily.- dijo Misaki, al ver que Eriko estaba ocupada.
- Ah.- al parecer, Genzo había pensado hacer lo mismo.- Está bien... Yo iré a buscar a mi hermana...
Misaki se fue a buscar a la mexicana, la cual también estaba rodeada de gente, pero se notaba que se moría de ganas de escapar, así que cuando vio a Taro, aprovechó la oportunidad y se fugó con él.
- Gracias.- murmuró Lily, sonriendo.- Casi me comen esas aves de rapiña...
- Estuviste fantástica.- dijo Taro, con sinceridad.- Te ves hermosa.
- Gracias, otra vez.- Lily se puso algo roja.- Me puse muy nerviosa... Creo que esto no es lo mío...
- Pues para no ser lo tuyo, lo haces muy bien.- rió Misaki.- Tranquila, que los cautivaste a todos. Te va a ir muy bien, ya lo verás.
Lily y Taro platicaron por un rato, pero luego ella se dio cuenta de que él no dejaba de mirar constantemente hacia donde se encontraba Eriko, y la mexicana supo entonces que las flores sí eran para quien ella creía que eran.
- Mira, Eriko ya está menos desocupada.- comentó Lily, luego de un rato.- ¿Por qué no vas a verla y le muestras las flores?
- ¿Quién te dijo que son para ella?.- Taro volvió a ponerse rojo.
- Por favor, a mí no me engañas, no nací ayer.- Lily rió a carcajadas.- Anda, sé que le agradas a Eriko, ve a buscarla...
Lily no sabía lo del beso, de manera que no comprendía el por qué Taro se resistía tanto. Sin embargo, ella tenía razón y Taro sabía que tarde que temprano tendría que acercarse a Eriko, de manera que al final, Misaki se decidió... Lily sonrió y después se fue a su camerino a cambiarse la ropa... Sin embargo, en cuanto entró al cuarto, ella sintió que alguien la golpeaba en la cabeza y caía al suelo. Lily parpadeó, con la cabeza estrellada por el dolor, tratando de enfocar a la persona que había atacado y entonces vio a Alana parada frente a ella.
- No creas que te vas a salir con la tuya, greaser.- dijo Alana.- No me vas a quitar mi lugar ni tampoco me vas a quitar a mi hombre.
- ¿Qué rayos te pasa?.- musitó Lily. Tenía muchas ganas de vomitar...
- No creas que no me di cuenta de cómo te aclamaban todos y como era que Genzo no te quitaba la mirada de encima.- Alana traía en las manos un pesado cenicero de mármol.- Te quitaré del camino antes de que me quites lo que es mío.
Lily no veía bien, solo sintió que Alana rajaba con unas tijeras el vestido que traía puesto y le cortaba algunos mechones de cabello. Después, Alana volvió a levantar la mano con el pesado cenicero y Lily cerró los ojos...
(¡Yaaaaa, esto es demasiado predecible y trillado! Por algo es un fic mío XD).
- Ya fue suficiente.- Genzo detuvo a Alana.- ¿Te volviste loca?
Mientras él forcejeaba con la muchacha, Lily sintió que alguien la cargaba y la llevaba al sofá que había en el cuarto y que después le abanicaba el rostro. La mexicana abrió los ojos y se dio cuenta de que se trataba de Elieth.
- ¿Estás bien?.- preguntó ella, preocupada.
- Mejor llamamos a un doctor.- replicó Schneider, detrás de ella.
Se escuchó bastante escándalo, alguien gritaba, otros más hablaban, Lily sentía que la cabeza le daba vueltas y que se iba a desmayar... Vaya que de verdad que era cierto lo que decían acerca de que las modelos estaban locas... Ella sintió que alguien le ponía un trapo húmedo en la frente (trapo se lee feo, mejor paño). Lily abrió los ojos y vio a Genzo ahí.
- Vas a estar bien.- dijo él, sonriendo levemente.- Alana no volverá a lastimarte.
- Debo estar medio desnuda.- murmuró Lily, avergonzada.
- A mí no me molesta.- replicó Genzo.
Ella gruñó, a pesar de lo mal que se sentía. Wakabayashi se rió un poco y después se quitó el abrigo para colocarlo encima de Lily.
- Y ahora, me cobrarán el vestido.- murmuró ella.
- El caso es que tienes que quejarte siempre de algo, ¿no?.- replicó Genzo.- Pero no importa, podría acostumbrarme a eso.
- ¿Y por qué habrías de querer acostumbrarte?.- gruñó Lily.
- Porque me gustas.- respondió Genzo, muy serio.- No sé que te pasó antes de conocerme, no sé que te hicieron los hombres que vinieron antes que y, pero desde que te vi en el avión no dejo de pensar en ti. Realmente me atraes, me llamas la atención, dame la oportunidad de entrar en tu vida... Yo te haría feliz si me lo permitieras...
Lily suspiró, aunque después sonrió. Algo le decía que ese hombre no iba a dejarla ir, por más intentos que ella hiciera por correrlo...
Volviendo con el pequeño Taro, éste se acercó a Eriko, con paso vacilante. Misaki no se animaba a nada, ya que cada vez que se acercaba a Eriko, alguien, casi siempre un reportero, se interponía y todo se venía abajo. Taro sentía que terminaría por destruir las pobres rosas…
- Son unas flores muy lindas, Taro.- comentó Natalie, apareciendo de repente.
- Sí.- respondió Misaki, distraído.
- Gracias por traérmelas.- Natalie hizo el intento de tomar las rosas.
- Eh, no son para ti… .- a Taro le dio cierta vergüenza decirlo.
- Ah. Supongo que son para ella.- el tono de Natalie se volvió frío.- ¿Qué es lo que todos le ven?
Misaki miró a Natalie y supo que era mejor decirle la verdad de una vez. Por más que ella se hubiese convertido en una mujer hermosa, no era Eriko… Taro suspiró y apretó con más fuerza las flores…
- Lo siento, Natalie, pero lo nuestro ya no puede ser.- comenzó Taro.- Me gustas, pero no es suficiente, ha pasado demasiado tiempo…
- Y más que nada, porque ahora quieres con Eriko, ¿no?.- musitó Natalie.
- Eso no importa.- replicó Taro, poniéndose algo rojo.- Pero espero que podamos ser amigos…
- Claro que podemos.- Natalie sonrió con cierta maldad, se le había ocurrido un plan.- No te preocupes, espero que seas feliz… ¿Puedo darte un beso de despedida?
- Supongo que no hay problema…
Natalie entonces esperó a que el último reportero se acercara a Eriko y, tomando el rostro de Taro con sus manos, lo besó de forma muy apasionada e intensa, tan intensa que los reporteros no pudieron ignorarlos… A Eriko casi se le detuvo el corazón al ver nuevamente tan atroz escena, y sin poder contenerse, salió huyendo del lugar. Misaki hizo todo lo que pudo por zafarse, pero el daño ya estaba hecho y Eriko ya se había marchado. Taro no sabía si seguirla o no, quizás ella se había ido por otra razón… Él no quería hacerse demasiadas ilusiones, pero por lo pronto necesitaba cortar las de Natalie.
- Lo siento, Nat.- dijo Taro, con una voz suficientemente alta para que todos lo oyeran.- Ya te dije que solo me interesas como amiga.
Misaki echó a andar, sosteniendo las pocas rosas que aun quedaban vivas. Genzo se acercó entonces a él.
- ¿Qué, vas a dejar que se vaya?.- gruñó Genzo.
- ¿De qué hablas?.- se sorprendió Taro.
- Mi hermana está celosa, y es por ti, al menos ten la decencia de ir a decirle que no besaste a esa chica a propósito, aunque sea mentira, pero más te vale que lo hagas, porque si la haces llorar, te partiré la cara aunque seas mi amigo.- replicó el portero.
Misaki estaba confundido, obvio era que Wakabayashi le estaba diciendo que fuese tras su hermana… Claro, Taro no es tan tonto como para dejar pasar la oportunidad e inmediatamente fue a buscar a Eriko. La encontró sentada en un banco del jardín, dándole la espalda. El viento agitaba su cabello, y se veía realmente hermosa… A Taro le temblaron las piernas, pero se dio valor para continuar.
- ¿Eriko?.- era la primera vez que él la llamaba por su nombre.
- ¿Ya terminaste de besar a Natalie?.- ella le reclamó no como una recién conocida, sino como una amante de toda la vida. Una amante celosa.
- Ella me besó a mí.- respondió Taro, simplemente.
- ¿Esperas que te crea?.- Eriko se puso de pie.- Y de cualquier manera, ¿a mí que me importa? Tú puedes besar a quien se te pegue la…
Eriko no pudo continuar. Taro la había tomado por la cintura y le estaba dando el beso más dulce y tierno que le hubieran dado jamás… Misaki sintió que se le abrieron las puertas del cielo… Sí, definidamente, Eriko era a quien él quería a su lado por el resto de su vida…
Notas:
- Termina la primera parte de la historia. Espero que las otras dos sean más cortas XD. Me cae, este capítulo me salió bien trillado…
