Este fanfic participa del evento de la semana Cherik (del 3 al 9 de junio) para celebrar a nuestra pareja favorita. Le añado el hashtag "#Cherikweek2019"
Muchas gracias a KiKaLoBe, por su ayuda.
Capítulo Nueve: La Unión
Peter se sintió aliviado y contenido en los brazos de su padre y su miedo pasó a segundo plano. Magneto le había brindado seguridad desde que viniera al mundo y aquí estaba otra vez, consolándolo con un abrazo.
Logan se alegró al notar que el joven se estaba tranquilizando y Charles también al ver que Erik se calmaba.
Finalmente Erik deshizo el abrazo y apoyó ambas manos en los hombros de su hijo.
-Tú y yo necesitamos hablar, Peter – le sonrió cálidamente -. Hay mucho de que conversar y debes estar lleno de preguntas – el muchacho asintió con énfasis -. Yo también lo estoy – confesó -. ¿Te sientes feliz al saber que soy tu padre?
Peter se mordió el labio con dudas no hacia sus sentimientos sino hacia los de Erik.
-¿Lo estás tú?
-Sí, hijo – aseguró Magneto con firmeza.
Peter sonrió con alivio y bajó la mirada. Tenía que liberar el peso que llevaba.
-Emma me lo insinuó hace un mes más o menos – confesó retraído -. Tuve que habértelo dicho pero no le creí, o no quise creerle. No sé . . . Fue muy raro.
Erik sintió que su enojo hacia Emma aumentaba. Una cosa era meterse con él y otra molestar y confundir a su hijo.
Logan observó a su amigo con una expresión de "te lo advertí hace años" porque había sido un acérrimo enemigo de la resolución de Erik de dejarla vivir en la isla. También Wolverine había desconfiado desde siempre del senador, pero no era el momento de sacarle a Magneto en cara sus aciertos intuitivos.
-Escucha, Peter – dijo Erik serio -. Tenemos mucho de que platicar los dos tranquilos – Peter asintió -. Me siento feliz de que seas mi hijo, siempre te quise como uno aun sin saberlo – abrió su corazón y lo abrazó de cuenta nueva, emocionado -. Nada va a cambiar entre tú y yo, Peter. Quiero que sepas que puedes seguir contando conmigo para lo que sea.
Peter apoyó la mejilla en el hombro izquierdo de su padre y sonrió mientras cerraba los ojos. El alivio y contención que sentía eran inmensos.
Logan miró en dirección a Charles, que también sonreía con la escena.
Erik invitó a su hijo y a su amigo a entrar para que le contaran los pormenores de la búsqueda y el encuentro, y con Charles les explicaron cómo había salido el recorrido por las calles y el intercambio de anillos. Después Logan se marchó con Peter, tenían hambre porque no habían almorzado y el joven no veía la hora de bañarse y quitarse el traje formal.
Al momento de despedirlo, Erik recién se percató de que había perdido la corbata y eso lo hizo sonreír. Estaba demasiado feliz porque en otra circunstancia se lo hubiera reclamado.
Erik y Charles al fin quedaron solos en la sala. Se sentían aliviados y felices. Aunque al telépata todavía le quedara el mal sabor por lo sucedido con su padre y le despedida de su madre, sentía alegría porque su consorte se había tranquilizado y acababan de casarse.
No necesitaron mediar palabras. Apenas Logan cerró la puerta, Erik se abalanzó sobre Charles y lo besó efusivamente. Charles le respondió con la misma pasión. Suspirando en medio del beso, Erik comenzó a desabotonarse la camisa y quitarse el chaleco. Charles dejó de besarlo un instante para quitarse el polo. Estaban excitados. El telépata podía sentir cómo su anillo de bodas vibraba y Erik lo besaba devorando ya sus labios y ya sus mejillas. Bajó la mano para apretar el trasero de Charles, se le hacía irresistible y no veía la hora de mordisquearlo a besos antes de penetrarlo.
Sin despegarse uno del otro, entraron en la recámara de Magneto. Erik arrojó el chaleco y la camisa, por lo tanto, los dos tenían el torso desnudo y luchaban por quitarse lo más rápido posible los pantalones y los zapatos. Demoraron apenas un suspiro. Se observaron a los ojos y sonrieron al notar la erección a través de sus calzoncillos.
Erik cargó a Charles en brazos y, entre risas, lo acostó en la cama y se acostó él encima. Apurados se liberaron de la ropa interior, que ya les molestaba los miembros. Se miraron a los ojos, excitados. Ya se habían acariciado y amado desnudos pero ahora Magneto estaba a punto de sellar su unión penetrándolo. Charles había buscado información para no alarmarse y Erik también para no lastimarlo. Estaban llenos de deseo, querían entregarse el uno al otro. Ya no los preocupaba el engendrar un hijo, Charles quería uno porque con tantas ansias se había hecho la idea de ser padre, y Erik anhelaba tener otro vástago de su amor, pero ahora lo importante era darse placer y disfrutar juntos del momento.
-¿Sabes qué hay que hacer? – preguntó Charles, insinuante, mitad en broma y mitad ansioso.
-¿Tú qué crees? – le respondió Magneto sonriendo y le lamió una oreja. Esto los excitó más. Charles anudó los brazos en su cuello y lo empujó hacia él, mientras que Erik descendía para recorrer su mentón, cuello y pecho con la lengua -. Charles – ronroneó, fogoso -. Charles. . .
El solo pronunciar su nombre lo estimulaba. El telépata lo sabía y lo apretó más contra su cuerpo. Erik sentía que iba a estallar y quería hacerlo dentro de su esposo. Alzó la cabeza y se relamió los labios. Se pasó el índice a través de ellos para mojarlo con su saliva y llevó el dedo hacia el ano de su cónyuge.
Charles se arqueó. Esto sabía mejor de lo que había imaginado. Su pene se endureció más. Erik fue jugando con el dedo alrededor del orificio hasta hacerlo entrar.
Charles jadeaba, cerrando los ojos y balanceándose. El placer lo estaba consumiendo y todavía faltaba lo mejor.
Erik llevó el siguiente dedo para dilatar la entrada. Los gemidos de Charles acrecentaban su libido y, sin quitar sus dedos del orificio, bajó los labios para acallar sus jadeos. Entre los chasquidos húmedos de los besos, ambos resoplaban y trataban de apretar la boca del otro.
Cuando Magneto sintió que era suficiente, quitó los dedos de a uno, se limpió la mano con una toalla higiénica que había dejado cerca, y se incorporó en el colchón.
-¿Estás listo? – quiso cerciorarse.
Charles no podía hablar así que le envió un mensaje mental avisándole que se apurara porque no resistía más. Erik sonrió con un poco de malicia. Iban a gozar juntos como nunca. Tomó su miembro erecto con una mano y con la otra empujó con suavidad a su esposo para que se ubicara boca abajo. Charles alzó las caderas y se ubicó de rodillas para facilitarle los movimientos y porque su propio pene le impedía acostarse contra el colchón.
Erik se relamió el labio superior y le mordisqueó la nalga derecha. Charles rio y gimió al mismo tiempo. Magneto dedicó un instante para pasarle la lengua a través del contorno del trasero, enloquecido con su textura y su forma perfecta. Charles mordió la almohada. Esto sabía mejor de lo que había imaginado. Finalmente Erik se incorporó y empujó su miembro contra la cavidad dilatada. Charles soltó un gemido e irguió el cuello hacia atrás. Despacio, Magneto fue entrando. La humedad de su cónyuge y sus jadeos lo volvían loco. Bajó la cabeza y mordió suavemente una oreja de Charles. Este giró para besarle la boca.
Una vez que estuvo acomodado adentro, Erik sujetó con un brazo a su esposo del pecho y comenzó a balancearse con él. Llevó la otra mano hacia el pene erecto del telépata para acariciárselo y darle más placer aun.
Ahora los dos jadeaban y solo se interrumpían con besos. Trataban de encontrarse las bocas pero si no podían se lamían las mejillas, las orejas o el cuello. Sentían una comezón de la cabeza a los pies, y ráfagas de excitación que les recorrían la médula. La humedad cálida de Charles acariciaba el miembro de Erik y lo impulsaba a arremeter con más fuerza. El telépata sentía la erección dentro de su carne, que lo acariciaba y cada balanceo le producía más gozo. Finalmente, la mente se les nubló y la vista se les llenó de estrellas. Alcanzaron el orgasmo, que les sacudió cada molécula del cuerpo. Con un grito de placer, Erik sujetó a Charles para que no se moviera y lo llenó con su simiente. Charles desperdigó la suya en la mano de su esposo. Durante unos segundos estuvieron unidos en cuerpo y mente. El metal de la recámara vibró y Charles le envió sus emociones a su esposo. Eran de gozo intenso y acrecentó más su unión. Finalmente, entre jadeos por la respiración entrecortada, fueron recuperando el aire. Sin soltar a su consorte, Erik fue dejándose caer en el colchón y acomodó a Charles contra su pecho. Estaban bañados de sudor y llenos el uno del otro.
Charles cerró los ojos porque su oído reposaba exactamente contra el corazón de su cónyuge y el palpitar lo arrullaba. Erik le besó el pelo y le acarició la cabeza.
La luz solar se filtraba por la ventana entreabierta porque recién eran las cuatro de la tarde. No habían podido resistir hasta la noche y al caer en la cuenta, Erik se echó a reír.
-Más que una noche de bodas fue una siesta de bodas – comentó bromeando.
Charles rio con ganas y lo circundó con los brazos. Se desperezó y volvió a apoyar la cabeza contra su pecho.
-Nos costó pero resistimos hasta el enlace, amor mío.
-¿Qué dijiste? – preguntó Magneto maravillado.
Charles rio otra vez.
-Que nos costó pero resistimos.
-Me refiero a cómo me llamaste.
Charles se irguió para mirarlo directo a los ojos.
-Te llamé amor mío – lo besó suavemente -. Eres mi amor y me perteneces, Erik – sonrió.
Erik lo envolvió en un abrazo mientras lo empujaba contra el colchón otra vez. Conmovido con el apodo, su libido se encendió y tuvo ganas de volver a amarlo.
Charles, claro está, aceptó la propuesta con entusiasmo.
…..
Los esponsales no abandonaron el dormitorio hasta pasada la tarde. Después de hacerse el amor por segunda vez, se bañaron juntos en la tina de Erik, comieron un aperitivo que encontraron en la sala, y recién salieron de los aposentos cuando atardecía.
Por la noche, Erik siguió recibiendo visitas en compañía de Charles, que los felicitaban por el enlace. Cenaron con Peter, que se veía de mejor aspecto y se retiraron a dormir. Dormir es un decir porque antes Erik volvió a penetrarlo por tercera vez. Era como si la boda le hubiera dado vía libre para amarlo y quería sacar provecho de cada ocasión.
Charles reía y comentaba que tenían que aprovechar cada momento. Habían resistido dos semanas y tenían todo el derecho en recuperar el tiempo perdido.
A la mañana siguiente cada uno se retiró a cumplir con sus funciones. Erik fue a su despacho a atender asuntos que hubieran quedado de la jornada anterior y Charles se reunió con Hank en el laboratorio que quedaba en el subsuelo del castillo. Logan había aprobado el proyecto y esperaban su autorización escrita del presupuesto de un momento al otro. El telépata se retiró al mediodía para almorzar con su flamante esposo y regresó más tarde con una sonrisa de satisfacción. Hank no dijo nada.
Por la tarde, Peter entró con una carpeta que contenía distintos documentos.
-Esto les envía Log . . . perdón – carraspeó -. El señor Howlett.
Hank abrió la carpeta y leyó de reojo uno de los informes de la aprobación del presupuesto, que consistía en los materiales, todos accesibles en la isla, para comenzar a fabricar la máquina. Se retiró entusiasmado para leerlo con más detenimiento antes de devolverle la carpeta al joven.
Charles quedó solo con el muchacho y lo invitó a sentarse.
-¿Cómo te sientes, Peter?
-Bien – sonrió con sus hoyuelos -. Más tranquilo después de cómo me recibió ayer Erik, quiero decir, mi papá – rio -. ¡Me cuesta llamarlo así! De niño lo hacía pero cuando crecí comencé a llamarlo Erik, no recuerdo por qué.
-Lo importante es que estás bien – reconoció Charles -. Los dos tienen mucho de qué platicar. Él te ama.
Peter asintió. Ahora ya no tenía dudas del afecto de su progenitor. Se miró las manos y bufó, aburrido.
-Ahora Logan tiene que asistir a una reunión con papá y me dijo que regrese aquí, a casa, pero Kurt no está y no sé cómo matar el tiempo.
-¿A dónde fue tu amigo? – preguntó Charles por preguntar.
-Salió con tu hermana Raven – la respuesta sorprendió al telépata y no pudo disimular su asombro -. Ayer, después de la ceremonia, ella charló con el papá de Kurt, Azazel, y Kurt dice que se hicieron amigos. Hoy desayunaron los tres, Kurt dice que ella es buena gente. Azazel comentó que mi papá lo citó a una reunión de emergencia por lo de Emma, y Azazel le había prometido a Kurt que lo llevaría al mercado y como ahora no podía con la reunión, Raven se ofreció a llevar a Kurt.
Peter hablaba rápido y mezclaba las oraciones, por eso costaba a veces seguirle el hilo. Charles lo entendió a la perfección y quedó de una pieza. Había notado el interés de su hermana por el consejero pero no esperó que el asunto estuviera marchando tan pronto sobre rieles. Sin embargo, aunque sentía celos de protección, se alegró también de que ella estuviera feliz.
Hank regresó con la carpeta y una sonrisa de satisfacción.
-Mañana temprano traerán los materiales y llegarán los obreros – anunció a Charles -. Puedo dirigir la obra y si no se presentan inconvenientes, la terminaría en tres meses.
-Eso es fabuloso – se entusiasmó el telépata.
Peter se puso de pie.
-¿Eso significa que le diré al señor Howlett que mañana pondrán en marcha el proyecto? – quiso corroborar.
-Sí – contestó Hank.
-Por supuesto – replicó Charles.
Hank le devolvió la carpeta con los documentos originales para que se archivaran y él se quedó con las copias. Peter se retiró.
Al Hank el entusiasmo se le escapaba por los poros.
-¿Te das cuenta de lo que conseguiremos con este proyecto? Se trata de ayudar a otros mutantes que están desamparados. Imagina todo el bien que podremos hacer. Ahora quiero estudiar todo esto un rato solo y regreso.
Charles le asintió. Cuando quedó solo, meditó lo que Hank le había dicho: su sueño era ayudar a los mutantes que lo necesitaran, por eso había aceptado casarse con Erik sin conocerlo. Desde que su telepatía se manifestara siendo todavía un niño, Charles había comprendido lo poderoso y peligroso que podía llegar a ser. Al principio había sentido miedo hasta que su madre le enseñó que podía usarlo para hacer el bien y eso lo había tranquilizado.
Pero después la tragedia lo cambió porque comprendió que con su poder, en lugar de ayudar a los mutantes, les había quitado la vida. Charles se deprimió demasiado. Sin embargo, ahora, con el plan de Hank veía una oportunidad para redimirse.
La puerta se abrió y cerró casi imperceptible. Charles sonrió al percibir la mente de Erik.
Magneto llegó hasta donde su esposo se hallaba sentado y lo abrazó por la espalda. Meloso, le dio un beso en la mejilla y otro en la boca.
-No podía esperar a verte – ronroneó Erik a su oído y se la lamió -. Pensé en la reunión de emergencia que me quita tiempo para estar contigo.
Charles volteó y lo abrazó mientras lo besaba fogosamente. Solo eso bastó para que se excitaran. No era el momento ni el lugar, sin embargo, sentían la necesidad imperiosa de amarse y estar juntos.
-¿Por qué no puedes acompañarme? – cuestionó Erik y le tomó el rostro entre las manos para observar sus ojos azules -. Quiero nombrarte mi tercer consejero.
Charles sonrió.
-Porque mi lugar está aquí, Erik. Estoy preparando Cerebro con Hank, además, dudo que ni tú ni yo logremos concentrarnos en una reunión de Estado si estamos los dos juntos.
Erik lo contempló con su sonrisa de tiburón y le acarició la mejilla con el dedo.
-Ni bien termine vendré a buscarte.
-Aquí estaré – aseguró Charles y avisó veloz -. Ahí viene Hank.
Erik se alejó de su esposo de mala gana.
Hank entró y saludó respetuosamente a Magneto. Erik se despidió de ambos antes de retirarse.
-Se nota que te ama – comentó Hank, acomodándose los lentes cuando quedaron solos.
Charles lo miró extrañado. No porque no estuviera de acuerdo porque bien que lo estaba, sino porque le sorprendió la confianza del tímido científico.
-Lo digo por la forma en que te mira – explicó Hank -. Me comentaron que es famoso por lo estricto y formal que es, algunos que no lo conocen creen que es frío y distante, y sin embargo, acaba de dejar sus asuntos para venir a verte un rato. Está loco por ti, Charles.
Charles no dijo nada pero sentía que él también estaba loco por Magneto.
…
Erik se cruzó con Logan camino a la reunión.
-No empieces con un te lo dije porque sí, tenías razón – aceptó Magneto mientras caminaban -. Tú me advertiste que no era una idea sana permitir que Emma permaneciera en la isla y siempre desconfiaste de Xavier.
-No diré te lo dije, amigo, ah, ya lo dije – bromeó Logan y sacó un habano.
-Espera al menos a estar en la sala con las ventanas abiertas – le reprochó Erik porque detestaba el olor a tabaco.
-Nunca dije que lo encendería aquí.
Magneto no le contestó porque habían llegado a la puerta. Azazel los aguardaba adentro. También estaba Scott como máximo jefe de la seguridad de la isla.
Erik fue hasta la licorera y sirvió whiskies para los participantes, solo Summers rechazó porque se encontraba en servicio.
Magneto entregó los vasos y se sentó en una de las sillas.
-Saben que los cité por lo acontecido ayer durante la firma del acta matrimonial. Primero quiero que nos ocupemos de la señorita Frost. Scott, ¿puedes darnos un informe a grandes rasgos de cómo se está comportando en su encierro?
-No se ha movido desde que entró en la celda – informó el general -. Tampoco durmió y permanece sentada en el camastro mirando un punto fijo en la pared. A veces se mueve apenas para cambiar de posición pero ni siquiera se ha acostado. Se le llevó la cena, el desayuno y el almuerzo pero ni reparó en la bandeja. Parece que reflexiona, ausente.
-Los está engañando – interrumpió Logan, mientras encendía al fin su habano -. Esa mujer confunde las mentes, puede que mientras ustedes crean que está sentada, ella esté proyectando esa visión mientras hace otras cosas, lo que me lleva a preguntarte, Erik, ¿qué haremos con ella ahora mismo? Es demasiado peligrosa.
-Tiene que ser desterrada de esta isla aunque contrariemos la primera regla de Genosha – decidió Magneto con autoridad.
-Pero, ¿cómo explicaremos esta decisión a los demás? – quiso quitarse Azazel la duda.
-Contando la verdad – respondió Erik directo -. Ella anunció ayer que Peter es mi hijo y que quiere usarlo como medio para provocar disturbios en el futuro.
-Habrá gente que tal vez la apoye – observó Azazel.
-Siempre la habrá – replicó Magneto y bebió un sorbo -. Escuchen, Peter es mi hijo y voy a reconocerlo públicamente. También quiero proponerle que lleve mi apellido, si él lo acepta.
Azazel seguía con dudas.
-Eso me parece fantástico, Erik, pero, ¿qué hay del hijo que Charles te dé?
-El hijo que Charles me dé será preparado para sucederme como lo decidimos en el acuerdo que firmé con Xavier – explicó Magneto con determinación -. Genosha no es una monarquía ni nos regimos por la ley de primogenitura. Me casé con Charles Xavier para tener un hijo al que prepararé como mi heredero y ese acuerdo será cumplido. No importa cómo el senador se haya comportado. Yo, Magneto, y los mutantes de Genosha demostraremos que cumplimos con nuestra palabra.
-De igual forma, Emma me preocupa – confesó Azazel.
-Nos preocupa a todos – le respondió Logan -. Pero Erik tiene razón, hay que dejar en evidencia lo que hizo ayer para demostrar el riesgo que significa que una persona con su poder e intenciones continúe viviendo en Genosha. Será desterrada y si quiere seguir provocando disturbios, tendrá que hacerlo lejos de aquí.
-¿Qué piensa Peter Maximoff de todo esto? – quiso saber Scott.
Logan otra vez tomó la palabra.
-Peter Maximoff no quiere saber nada con hacerse cargo de esta isla. Definitivamente no es lo que quiere.
-¿Puede cambiar de opinión? – inquirió el general porque su rol era velar por la seguridad de Genosha y necesitaba adelantarse a futuros inconvenientes que alteraran el orden.
-No va a cambiar – contestó Erik resuelto porque conocía demasiado bien a su hijo -. Nunca lo deseó ni va a desearlo porque no está en su carácter. No le interesa el liderazgo. Más adelante tendrá que encontrar su lugar en el mundo y yo lo ayudaré a hacerlo.
Logan no supo por qué pero quiso afirmar que él también tenía intenciones de ayudar al joven pero calló. Le pareció extraño. También pensó en cuánto se divertía con Peter cuando trabajaba con él por las tardes. Lo había asombrado su pedido de quedarse un rato más la tarde previa a la boda y Logan había disfrutado el compartir un licuado con él. Hacía tiempo que Logan no se sentía tan a gusto con alguien, la última vez había sido décadas atrás en Japón y. . . sacudió la cabeza para quitarse el recuerdo porque en el país asiático la había pasado de maravillas con Mariko, una muchacha que había sido su amante.
Los demás en la sala no notaron su contrariedad y siguieron discutiendo los siguientes tópicos: con respecto al senador Xavier, Erik reafirmó que quedaría desterrado de Genosha y que cortarían cualquier comunicación diplomática con él. Sin embargo, aclaró que si Charles deseaba acercarse a su padre, tendría los medios a su disposición para hacerlo. Siguieron tratando el tema de Emma, los alcances de cortar lazos formales con el senador, y, a modo de conclusión, Erik ordenó a Scott que Sean Cassidy fuera reconocido por la conducta que había tenido y la obediencia que había demostrado. Resaltó que jóvenes así se necesitaban en la isla.
Le costó pero finalmente Logan hizo a un lado su recuerdo de Mariko y su absurda para él, comparación con Peter, y se reintegró a la reunión.
Mientras tanto, en su celda, efectivamente Emma había creado ilusiones ópticas porque estaba acostada en el camastro boca arriba, sonriendo con arrogancia. Quería que la desterraran de la isla porque ella ya tenía nuevos planes. Eso sí, no se marcharía sin cometer su último acto: cuando en la sala de conferencias entró en la mente de los asistentes para controlarlos, pudo ingresar en las del senador, su esposa y Raven, y así descubrió el secreto que esa familia guardaba para proteger a Charles Xavier.
….
Hola. Quería disculparme por el retraso. Espero que les haya gustado y hayan disfrutado del capítulo.
Muchas gracias por leer y apoyar la historia.
