Disclaimer: Propiedad de M. Kishimoto.

Advertencia: en este capitulo hay una pequeña escena subidita de tono que aparecerá en cursiva para todo el mundo que prefiera saltarselo.

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9

Mujer

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Escuchó un susurrar de telas a su espalda y se giró despacio. En algún sitio de la edificación alguien había empezado a tocar un instrumento de cuerda y la música se colaba a través de las grietas impidiéndoles escuchar incluso el sonido de su propio corazón.

Los velos caían desde el techo, pintados de diferentes tonalidades rojizas que brillaban entremezclándose. Shikamaru tragó saliva cuando una pierna asomó desnuda por entre los velos. Se mordió el labio aguantando el impulso de tocarla.

Observó como el pequeño pie se apoyaba con suavidad sobre la punta de sus dedos. El tobillo estaba apresado por una gruesa pulsera dorada, que lanzaba cegadores destellos áureos.

Shikamaru bajó la vista al cuenco de vino que había tirado y lo recogió. Con manos temblorosas rellenó la copa, derramando la mayor parte de la espesa bebida por el suelo, y bebió como si le fuera la vida en ello. Las manos le temblaban y el corazón le latía desbocado, doliendo como mil agujas de hielo. A la pierna le siguió el cuerpo de una mujer que en silencio le acarició la cabeza. Sin enfrentarla, Shikamaru bajó los ojos a su bebida y su reflejo le devolvió una mirada vacía. No recordaba haber bebido tanto. Se suponía que no debía haber bebido tanto. Dejó la copa en el suelo, frente a él, dispuesto a parar. Había bebido demasiado y la cabeza le daba vueltas. Estaba mareado. Se volvió a voltear, curioso. Cuando la vio, de la mente de Shikamaru desapareció cualquier recuerdo de Yuma, de Konoha y del mundo. Ni siquiera la misión o Temari pasaron por ella. Solo existía la mujer.

Al moverse, los velos rojos caían desde su cadera y la hacían parecer envuelta en llamas. Los abalorios de cristal que cubrían sus pechos desnudos lanzaban pequeños destellos cuando la luz los golpeaba con violencia. Llevaba el rostro cubierto por una antifaz dorado que ocultaba su identidad. En su borrachera, Shikamaru sintió ganas de inclinarse ante la grulla dorada que se mostraba ante él.

La mujer avanzó hacia el centro de la sala con los ojos de Shikamaru clavados en su cuerpo. Las luces se reflejaban sobre ella, arrancándoles pequeños reflejos oniricos. Se reunió con el resto de las mujeres, girando entre ellas, entremezclándose y confundiéndose hasta quedar borrosa.

Se frotó los ojos sintiendo como en el interior de su cabeza nacía un profundo dolor que le asfixiaba el cerebro. El resto del mundo había desaparecido, ni siquiera conseguía recordar cómo o porqué había llegado hasta allí, mientras ella seguía girando sobre sí misma, dando vueltas y más vueltas, con los velos alzados y enrollados en torno a sus piernas, iluminada únicamente por la luz crepitante del fuego.

A la música de cuerda se había sumado el ritmo acelerado y profundo de la percusión y el sonido de una voz que entonaba un cántico oscuro y antiguo.

Shikamaru bajó los ojos al cuenco que volvía a estar lleno. Intentó llevarselo a los labios y beber, pero sus dedos no conseguían agarrar la copa que acabó volcándose frente a sus piernas.

El tambor había acelerado y acompasado al ritmo de su corazón, llevándolo al límite. Empezaba a dolerle el pecho y le costaba respirar. Ni siquiera conseguía recordar su nombre y la sed le desgarraba la garganta.

Humedeció las yemas de los dedos en el vino derramado y se lo llevó a la boca, saboreando el alcohol especiado.

La música aumentó el ritmo, el baile se volvió frenético y él se empezó a marear por la falta de aire.

Y con brusquedad, todo cesó.

La música y la voz se detuvieron. Volvió a haber oxígeno en la habitación y la sed se evaporó. Las mujeres se habían detenido también, agachadas cada una frente al hombre a cuya espalda habían aparecido.

Shikamaru, todavía mareado y confuso, alzó la mano inconsciente, hasta apoyarla sobre su mejilla, rozando con cuidado su piel desde su barbilla hasta envolverla con los mechones negros del pelo femenino.

Se echó hacia adelante. No sabía qué hacía, no podía controlar sus movimientos, pero no parecía mala idea. Se inclinó hacia ella, alzándole un poco rostro y la besó. Su boca chocó con la suya y el olor dulzón de su piel, le impidió respirar momentáneamente. Pero tras el primer contacto se adivinaban los labios suaves y carnosos, entreabiertos y expectantes. Bocado prohibido y, a la vez, promesa de un ardor salvaje.

La mujer se separó y sonrió. Le sujetó la mano con delicadeza y tiró de él para incorporarlo y guiarlo.

Shikamaru se dejó guiar. Se fijó en su cuerpo, detenido frente a él y observó las pinturas marrones que le cubrían el cuerpo, semiocultas por la ropa y los abalorios.

Caminaron por pasillos oscuros, siempre agarrados de la mano. Las voces, la música… todo se había apagado dejando únicamente el tarareo femenino envolviéndolos. Shikamaru se dejaba llevar acunado por una voz que le recordaba a la vez al té y al jengibre, al calor y el hogar.

—¿A dónde vamos? —preguntó con voz pastosa.

—Shh... —la mujer rió tirando con más fuerza de su mano —. Deja que cuide de ti.


—Toma esto — con cuidado, Temari pusó una moneda sobre la palma de Shikamaru — ¿Qué es?

—Un yen... — aseguró al cabo de un momento. Jamás había caído en lo díficil que era andar por la vida privado de vista — ¿Tenemos que seguir con esto toda la tarde? — protestó cansado mientras Temari buscaba otro objeto.

Desde que la Hokage le había dado el alta, Temari se había apropiado de la misión de enseñarle a reconocer el mundo con sus manos. Y si bien algunas lecciones le gustaban... la mayoría eran sencillamente tediosas. Shikamaru se rascó el entrecejo por encima de la venda que cubría sus ojos. El veneno le había golpeado de lleno en la cara y, si bien no le iba a dejar marca, había pérdido la visión durante el combate. Si no llega a ser por Kiba, podría haberse tirado vagabundeando ciego por todo el país. ¿Resultado? Tres días en el hospital llenos de pruebas y una baja de un mes hasta que se recuperara por completo.

Pero lo duro había llegado después. En cuanto se levantó de la cama se dió cuenta del inconveniente de la convivencia con una mujer desordenada, de que tardaba en reconocer la mayoría de los objetos cotidianos por el tacto y de su imposibilidad de encontrar las cosas fuera de lugar. Cenar la noche anterior en la barbacoa había resultado un autentico fracaso y eso que Ino se había asegurado de juntarle una ración en un plato frente a él.

—¿Y esto? —preguntó poniéndole un nuevo objeto sobre la mano. Shikamaru rió buscando con la mano izquierda un plato sobre la mesa.

—Cruel. No debes reírte de un ciego — Shikamaru fingió ofenderse mientras pasaba el hielo de una mano a la otra sintiendolo derretirse.

Temari lo besó tomandolo por sorpresa y el ninja alzó la mano libre hasta tocar su cuerpo, siguiendo su forma hasta alcanzar su pecho. Antes de que ella se diera cuenta de sus intenciones, dejó que el hielo se deslizara por su escote. Con una risotada, la mujer se alejó sacudiendo su camiseta.

—¿Y si me quedó ciego de por vida?

—No seas dramático. ¡Si te han dicho que no es nada!

—¿Quién cuidará del pobre ciego? —bromeó en tono dramático.

—¡Ey! — protestó indignada entre risas — Ya verás. Si te quedas ciego de por vida vas a tener que aprender a arreglartelas tú solito, voy yo a gastar mi vida ayudando a alguien que no puede... Sería...

—... demasiado problemático —rió terminándole la frase y guiando su rostro hasta el suyo con las manos — ¿Cuidarás de mí?

—Siempre.


Llegaron al dormitorio y la luz crepitante de las velas volvieron a golpearla envolviéndola de cálida luz.

Él avanzó, rodeándole la cintura y apretándola contra su pecho. Le besó el hombro y el cuello y en la carne tras la oreja. Despintó su torso y emborronó sus manos.

Se desvistieron mal y rápido, y cayeron sobre la cama convertidos en una confusión de miembros desordenados. Buscaban con desesperación la boca ajena, arañándose la piel con uñas y dientes, manchando las sábanas de pintura, almizcle y sudor.

Le besó cada centímetro de piel, antes de penetrarla con brusquedad. Ella le devolvió el beso, acunándolo contra su pecho, intentando arrancarle el alma por entre los dientes.

Él susurró un nombre contra sus labios, acabando con descuido y cayendo rendido sobre ella. Rodó hasta su lado, agotado y adormilado, con los labios hinchados y el cuerpo dolorido.

La miró con los ojos entrecerrados y se encontró con sus ojos, observándolo a través de la máscara. Yacía de lado con los ojos verdes mirándolo con nostalgia. Intentó apartarle el antifaz para poder admitrar su rostro pero su brazo derecho no respondía. Tampoco lo hacía el izquierdo. Y poco a poco sus ojos dejaron de hacerlo.

Zorra, fue lo último que pensó.

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¡Capitulo corto! ¡Capitulo corto! Lo sé, lo sé. Este capítulo es de transición, pero necesario. He echado cuentas y he llegado a la conclusión de que el manga acabará antes de que acabe este fic como sigan a este ritmo con las peleas xD Os comunico que voy escribiendo ya el capítulo 23 así que, espero tener el fic terminado dentro de poco con la planificación final de capítulos.

Hablando de capítulos, el viernes que viene tendréis disponible el capítulo siguiente: Grito.

Oonigiri, al leer tu review me quedé con ganas de contestarte xD Dices que has notado a Shikamaru "pasivo". Bien, yo no creo que Shikamaru esté en modo pasivo. Por lo que sabemos de él es un tío que acostumbra a tragarse sus emociones (cuando Chouji estuvo en el hopital, no se desahogó hasta que estalló. Cuando murió Asuma, tardó en asimilarlo, se lo tragó todo hasta que su padre provocó que reventase). En una situación así, en la que no hay un enemigo real al que combatir, se encuentra con que tiene que luchar con su propio dolor, con el dolor de Temari (que francamente creo que se vería superada) y con la tarea autoimpuesta de mantener la calma por los dos (además hay otro factor que se verá más adelante y que influyó en esa pelea). Realmente, creo que Shikamaru es de esa clase de chicos que prefiere sufrir él antes de ver sufrir los demás y por eso se mantiene "calmado". Intenta pensar con la cabeza fría, en lo que es mejor para Temari.

Como ya dije, fue una escena horrible a la hora de escribir. ¡Gracias a todos por leer y en especial a: Oonigiri y Sharigrama por sus reviews!