¡Aquí les traigo un nuevo capítulo!, debo decirles que éste capítulo por alguna razón me emociono demasiado. ¿Por qué será?

¿La aparición de Shamal me emocionó?

¿O es porque por fin podré empezar con el arco de Kokuyou?

¿O tal vez porque ya no puedo esperar a que salga Mukkun?

No lo sé, son varias razones, y debo decir que disfruté mucho escribiendo éste capitulo, me estuve riendo mientras imaginaba la escena final. Espero que a ustedes también les cause risa.


Capítulo 9.

El extraño doctor del amor.

Era un nuevo día en la vida rutinaria de Sawada Tsunayoshi, y desde la llegada de Reborn ya se había hecho costumbre salir a entrenar, cualquiera podría pensar que el arcobaleno tendría compasión al tratarse de una mujer, pero eso parecía no afectarle en lo más mínimo. Pues aún así la maltrataba, la obligaba a salir a trotar cada mañana y hacer unos cuantos ejercicios básicos, eso para después obligarla a estudiar un rato antes de hacer que se fuera a la escuela, y al finalizar la misma seguir con los estudios.

Y aunque la chica fuera lenta con algunas cosas y fuera llamada Dame-Tsuna, la verdad es que los ejercicios que su tutor la obligaba a realizar comenzaban a surgir efecto poco a poco. Eso podía demostrarse en ése día en particular, ya que estaba en la clase de deporte. Tenía puesto una camisa blanca y un short, su castaño cabello lo había recogido en una coleta alta para que no estorbara su visión, y aún cuando aparentemente debería verse más arreglada, la verdad es que su cabello seguiría siendo rebelde por siempre, por lo cual por mucho que intentara aplacarlo, seguían saliendo mechones de cabello por doquier dándole aquél aspecto desordenado de siempre, cosa que de cierta forma le avergonzaba por lo que solía intentar cubrirse con timidez dándole un aspecto de lo más adorable que no pasaba desapercibido por los muchachos.

Se encontraban dentro del gimnasio, la clase estaba dividida en dos secciones, una de chicos y otra de chicas. Practicaban volleyball, y de manera sorprendente la chica no se estaba comportando con su usual característica torpe. Si bien seguía siendo mala, por lo menos ya no se tropezaba con sus propios pies cada dos segundos, podía alcanzar con trabajo la pelota y realizar un pase hacia una de sus compañeras para lograr que éstas atinaran un golpe hasta el otro lado de la red otorgándoles puntos valiosos.

-"¡Genial! - Pensó mientras volteaba a ver sus manos, sus palmas, y antebrazos se encontraban enrojecidos, pero extrañamente no le importaba ya que después de soportar a su tutor esos golpes no dolía en lo más mínimo.

-¡Tsuna, va hacia ti! - Grito una chica haciéndola reaccionar.

La castaña corrió logrando golpear la pelota con el antebrazo derecho pasándola a una de sus compañeras quien volvió a realizar un pase hacia otra chica quien ya se encontraba saltando, y terminó por asestar un golpe contra el balón logrando que éste aterrizara en la cancha contraria y logrando así que su equipo ganara la partida.

-¡Lo hicimos! - Gritaron las chicas mientras Tsuna se quedaba en su lugar intentando tranquilizar su respiración.

-¡Tsuna eso fue genial! - Dijo una chica pelinegra quien era su compañera de clase pero hasta el momento no le había dirigido la palabra. - ¿Estuviste practicando?, antes siempre terminabas en enfermería por atrapar el balón con la cara.

-Ah... Sí... Algo parecido.- Respondió ella con trabajo recordando aquellas ocasione en la que Reborn le daba "entrenamiento especial", en el cual la ponía a practicar diferentes deportes con la ayuda de la bala de la última voluntad, lo cual de cierta manera había logrado que su cuerpo empezara a acostumbrarse al ejercicio.

-¡Eso es genial! - Respondió una chica, seguida de otra quienes empezaron a alabar a la castaña.

A continuación Kyoko y Hana fueron junto a ella para felicitarla de igual manera, a lo que Tsuna no podía hacer nada más que observar la escena sorprendida. Hasta el momento ella era invisible, sus únicas amigas eran Kyoko y Hana, ya que las demás chicas por alguna razón solían dejarla a un lado, algunas la detestaban por razones que ella ignoraba y otras simplemente pasaban de ella como si no existiera.

-Tan linda... - Suspiró un chico quien se encontraba al otro lado de la cancha en la sección de los hombres, había estado distraído en el partido de las mujeres descuidando su propia partida.

-¿Qué le sucederá a Dame-Tsuna?, usualmente es bastante torpe, generalmente solía observar la clase sentada ya que siempre terminaba lastimada.

-Sí, sí... - Apoyo el primer chico. - Ése lado torpe es uno de sus encantos pero de alguna manera... Ésta faceta suya...

-También es adorable – Dijeron los dos al unísono mientras suspiraban como idiotas enamorados.

-Sé a lo que se refieren. - Intervino un tercer chico quien también había estado observando a la castaña y quien había escuchado la conversación. - Tal vez debería pedirle a ella que se convierta en mi novia. - Dijo con gran confianza mientras empezaba a reír de manera altanera.

-Oi.. Oi... No deberías decir eso. - Respondieron los otros dos mientras sus rostros palidecían en pánico.

-¡Ni se les ocurra acercarse a la Juudaime! - Se escuchó el gruñido de Gokudera quien había sacado sus bombas y amenazaba con volar el gimnasio completo.

-Maa, maa, Gokudera no te alteres tanto. - Intentaba tranquilizar Yamamoto con su usual sonrisa despreocupada.

El morocho empezó a empujar al albino de la espalda para sacarlo de escena e impedir que matara a los chicos quienes ya se encontraban en pánico por hacer enojar al alumno Italiano quien tenía toda la pinta de delincuente. Por si fuera poco, mientras Yamamoto alejaba a Gokudera, éste se dedicó a mirar hacia atrás solo una vez, solo que en ésa ocasión sus achocolatados ojos se habían afilado y había aparecido un brillo de ansia asesina, su boca había pasado de ser una sonrisa a una fina línea recta que le daba un aspecto aterrador.

Ése aspecto retador solo duró unos segundos ya que después volvió a su usual sonrisa y se retiró junto a Gokudera.

-¡Mira lo que provocas! - Gritó uno de los chicos señalando al tercer chico. - ¿Acaso eres idiota?, Yamamoto ha cuidado a Tsuna desde la escuela primaria, y por si fuera poco ahora se sumó ése italiano, ¿Por qué crees que nunca nadie se le declara?

Mientras el trío de chicos seguían aterrados, Tsuna había terminado por salir del salón tras haber tomado un poco de agua, quería ir a enjuagarse la cara para refrescarse un poco y en el camino se había topado con Reborn quien sonreía de oreja a oreja. Éste tenía las manos tras de sí y solo observaba a la chica sin decir nada.

-Reborn... - Susurro para después sonreír abiertamente. - Creo que ahora entiendo un poco mejor lo que haces, aunque por supuesto sigo sin querer ser la jefa de una familia mafiosa. - Ante eso la sonrisa del bebé desapareció y estuvo a punto de patear a la chica hasta que ésta agrego. - Pero gracias... A pesar de que tus métodos son extremos, todo lo planeas muy bien, es la primera vez que me felicitan en la clase de educación física. - Confesó con un leve sonrojo en las mejillas. - Gracias, Reborn. - Repitió ampliando aún más la sonrisa.

-No deberías estar tan feliz solo por eso Dame-Tsuna. - Respondió ocultando su rostro con su fedora.

Tras decir eso el bebé había desaparecido, no tenía intensión de permanecer ahí más tiempo, ya que si lo hacía, temía que su alumna se diera cuenta del leve sonrojo que había aparecido en sus mejillas, y eso sería la humillación más grande que podría tener. Era extraño que empezara a encariñarse tanto con su alumna en tan poco tiempo, era la primera vez que le pasaba en todos los años que llevaba entrenando a jefes mafiosos, entre ellos al actual jefe de Cavallone.

-Tsuna, ¡Estuviste genial! - Alagó Yamamoto quien había salido del salón siguiendo a su amiga.

-Ah... Takeshi... - Sonrió tímidamente mientras sus mejillas volvían a colorearse en un leve rosado. - ¿Puedes creerlo?, ¡Mis compañeras me alabaron! - Dijo entre suaves risas mientras daba una vuelta sobre su propio eje. - ¡A mí!, ¡A Dame-Tsuna!... Fue agradable. - Confesó.

-¿De qué estás hablando? - Respondió éste mientras acariciaba los castaños cabellos de la chica y después sonreía enternecido. - Ya te he dicho miles de veces que no eres ninguna inútil.

-… - El sonrojo en las mejillas de la muchacha aumentó, desde su posición miraba hacia arriba a su amigo observando al sonrisa sincera que le dedicaba haciéndola sentir una extraña sensación de emoción. - Gracias, Takeshi.

-¿Takeshi? - Preguntó cierto albino quien había salido del salón corriendo al ver que ni su décima ni el idiota del béisbol se encontraban presentes, llegando justo en el momento exacto para presenciar al idiota acariciar la cabeza de su adorada jefa, y escuchar a ésta llamarle por su nombre.

-Ah.. Eh... Quise decir... Yamamoto. - Corrigió entrando en un estado de timidez extrema, para después cubrir su rostro con sus manos y después acuclillarse dándole la espalda al albino intentando hacerse invisible para dejar de sentir tanta vergüenza.

-Takeshi... - Repitió Gokudera más para sí mismo que para que alguien lo escuchara.

Era de esperarse, después de todo su décima y el idiota del béisbol eran amigos de la infancia, ya se le hacía extraño que la chica lo siguiera llamando por su apellido después de tantos años de conocerle. Incluso él ingenuamente había pensado que la razón por la que ella le seguía llamando así, era porque no se tenían tanta confianza como la que aparentaban y eso era algo que de cierta manera le daba ánimos, pues el hecho de haber conocido después a Tsuna era un hecho que no podía cambiar por mucho que quisiera.

Pero ahora lo entendía, ella lo llamaba Takeshi cuando se encontraban solos, lo cual indicaba el enorme nivel de confianza que le tenía a ése sujeto. También el hecho de que ésta no se viera incomodada por las muestras de afecto que Yamamoto solía realizar, como acariciar su cabellera, o pellizcar su mejilla, eran acciones que generalmente intentaba pasar desapercibidas, fingiendo que no las notaba, pero ésa era la verdad.

Era algo que lo frustraba, deseaba poder conocer más a su décima, le encantaría tener todos esos años que el idiota tenía de conocerla. Quería pasar más tiempo junto a ella, quería saber todo lo que le gustaba o le disgustaba, si era alérgica o no a algo, su color o animal favorito, que anime veía en la niñez, o las cosas que disfrutaba hacer. Eran tantas cosas que no podría aprender de la noche a la mañana, y observar la brecha tan grande que lo separaba de Yamamoto era algo que lo entristecía.

-No se preocupe, Juudaime. - Tranquilizó éste mientras se colocaba enfrente de la castaña logrando que ésta levantara la mirada para observarlo, sorprendiéndose de ver que éste se encontraba haciendo una reverencia hacia ella en símbolo de disculpa. - Por favor no se avergüence, yo no he escuchado nada, así que siga actuando con normalidad, perdone si la incomode.

Ella abrió grandemente sus ojos a la ves que el sonrojo en sus mejillas desaparecía por completo, y después observaba como Gokudera regresaba a su postura inicial para después caminar por el pasillo al momento que sacaba una cajetilla de cigarros dirigiéndose a la salida. Ella volteó a ver a Yamamoto dándose cuenta de que éste tenía el mismo rostro extrañado.

No supo porque, pero había algo en la actitud de Gokudera que no le gustaba, empezando porque él no tenía porqué disculparse por nada, ya que no había hecho absolutamente nada para ofenderla. Y segunda, había algo en la actitud y en el aura que rodeaba al peliplata que hacía que su pecho se oprimiera, era como si un aura de tristeza hubiera empezado a rodear a su amigo, parecía un cachorro abandonado, y por alguna razón algo en su interior le decía que la razón por la que saldría a fumar era su manera de relajarse por lo que fuera que lo estuviera carcomiendo por dentro.

Algo en su interior reaccionó y se levantó corriendo persiguiendo al chico sorprendiendo a Yamamoto quien seguía parado en su lugar.

-¡Espera, Gokudera-kun! - Lo alcanzó en el patio justo cuando éste acaba de encender su cigarrillo y se lo llevaba a la boca. Éste había volteado a ver a su décima con un aire de sorpresa, pues no esperaba que ella lo siguiera. - ¿Qué te ocurre?

-¿Ah? - Exclamó sin comprender mientras su rostro se bañaba en confusión, y un montón de signos de interrogación aparecían a su alrededor.

-Ah no... - Aflojó el agarre de su mano, la cual tenía sostenido del brazo al albino quien seguía observándola sin hablar. - Es solo que... Por alguna razón sentí que estabas triste por algo... Y... Y No quería dejarte así.

Gokudera dejó caer el cigarrillo que tenía entre sus dedos.

Después de ésa tristeza tal vez injustificada que había sentido, de repente había sentido la enorme necesidad de fumar y por ésa razón se había marchado de manera rápida, pero su décima se había dado cuenta. Ella sabía que había algo que lo había molestado y había corrido hacia él para asegurarse de que estuviera bien.

Puede que no conociera tanto a su Juudaime, y también podía ser cierto que no era tan apegado a ella como ésta lo era hacia Yamamoto, pero aún así el corazón de su jefa era tan grande que se preocupaba por su insignificante ser. Sin duda alguna Tsuna era un ángel, en ése momento estaba teniendo unas ansias enormes de lanzarse a abrazarla, pero se controló.

El no podía hacerlo, no podía ser irrespetuoso, no podía ser impulsivo y satisfacer su propio deseo de abrazar a su jefa, ya que después de todo él era un ser contaminado. Alguien nacido de la amante de su padre, alguien indeseado en la familia Gokudera. Y alguien que tras enterarse de su origen había crecido despreciando a todos a su alrededor, alguien que había lastimado a tantas personas que era indigno de tocar algo tan puro como lo era la chica.

-¡Siento haberla preocupado! - Se disculpó volviendo a reverenciarse ante la chica. - ¡Soy un torpe por haberlo hecho!

-Gokudera-kun. - Hacía movimientos con las manos intentando hacer que se detuviera. - No tienes qué disculparte, tampoco tienes que hablarme de "usted"… - Intentaba decir pero el chico seguía reverenciándose ignorando sus palabras.

-De todas formas deberíamos volver o... - De la nada se escuchó una voz que la interrumpió.

- ¡Qué vergüenza, te mareas en los viajes!

-¿Eh? - Confundida miro hacia la palma de su mano notando que había aparecido una calavera en ésta. - ¿Qué es esto?

-¡Qué vergüenza, te siguen dando miedo los chihuahuas!

De inmediato levantó su brazo observando que había aparecido otra calavera lo cual por si no fuera lo suficientemente extraño se encontraba hablando y burlándose de ella. Gokudera ante ésa situación había parpadeado varias veces en confusión al momento que su mirada se clavaba en las marcas que habían aparecido en la piel de su décima. De igual manera Yamamoto ya los había alcanzado por lo cual se había colocado al lado de ellos para saludarlos ignorando por completo la situación.

-¡¿Qué es esto?! - Gritó con su típica voz chillona logrando que Reborn volviera a aparecer frente a ella.

-Ya era hora. - Comentó divertido mientras soltaba una sonrisa socarrona.

-¡Reborn! - Gritó fastidiada ya consciente de que la raíz de sus problemas era ése endemoniado bebé. - ¿Qué hiciste ahora?

-¿Recuerdas las ocasiones en las que he usado las balas de la última voluntad en ti? - Ante eso la castaña ladeo la cabeza confundida ya que a decir verdad no se había tomado la molestia en contarlas, teniendo en cuenta la primera vez que el bebé las uso en ella, la ocasión de Hibari, las veces en las que la hizo correr por la ciudad y los entrenamientos de deporte. - Han sido 10 veces. - Interrumpió a la vez que su sonrisa se extendía dándole un aspecto más tenebroso. - Vas a morir. - Dijo con voz lúgubre.

Pasaron tres segundos antes de que el grito lleno de pánico de la castaña se escuchara por toda la escuela. Al momento Gokudera había palidecido y había empezado a bombardear de preguntas al arcobaleno exigiéndole que parara con la broma mientras que Yamamoto solo miraba a los tres sin entender nada de lo que estaba sucediendo.

-¡Cállate! - Ordenó Reborn fastidiado de que el albino le estuviera lloriqueando en la cara y para silenciarlo lo golpeó en la cabeza con leon transformado en maso. - Me dijeron que algo malo sucedería cuando 10 balas impactaran en tu cerebro. - Volvió a sonreír mirando a la castaña quien empezaba a verlo con temor. - No pensé que sería la enfermedad de la calavera, que mala suerte.

-¡Hieee! - Gritó al momento que un escalofrío le corría la espalda. - ¡Deja de bromear! - Regañó al momento que echaba a correr a los lavaderos. - Se quitará si lo lavo, eso es, eso es. - Quería convencerse mientras que se apresuraba a enjuagar las marcas con agua.

-¡Qué vergonzoso, pensabas que la copa mundial era algún tipo de fideos!

-¿Eh? - Volvió a mirar la marca de su mano. - ¿Por qué no desaparece?

-La enfermedad de la calavera ocasiona que, calaveras empiecen a aparecer por todo tu cuerpo contando secretos vergonzoso hasta que finalmente mueres. - Empezó a explicar Reborn con tranquilidad. - Es también llamada "La enfermedad de la vergüenza".

- ¿De verdad es una enfermedad? - Preguntó mientras pasaba saliva nerviosa.

-Por cierto, la enfermedad te matará 2 horas después de que apareció, por eso del atardecer.

-¡No quiero morir!, y... Escuchar todos mis momentos vergonzosos hasta que muera... - Empezó a lamentarse por lo bajo.

-No te preocupes, seguirán hablando hasta después de tu muerte.

En ése momento la castaña empezó a imaginar su funeral, estaban todos reunidos alrededor de su ataúd y de fondo se escuchaba las voces de ésas endemoniadas calaveras al momento que contaban hasta la anécdota más pequeña de cualquier cosa vergonzosa que hubiera llegado a pasar en su corta vida, a lo cual sus tristes invitados habían empezado a contener las carcajadas que amenazaban con salir.

-Hay una cura. - Sonrió Reborn logrando que un brillo de esperanza se plantara en los ojos de la muchacha. - Tengo un conocido que es experto en enfermedades fatales, él podría curarte.

-¡¿Por qué no lo has dicho antes?! - Grito molesta. - ¡Apúrate y tráelo!

-No quiero hacerlo si lo pides con ése tono. - Respondió de manera caprichosa logrando que la chica empezara a llorar y se acuclillara ante el arcobaleno suplicando piedad. - Si lo traigo deberás aceptar estudiar más en la noche, también se multiplicará tu entrenamiento y por supuesto deberás entrar en el top 10 en los próximos exámenes.

-¿Eh? - Exclamó confundida dándose cuenta de la manipulación de su tutor. - Eso es sucio. - Susurro.

-¿No lo harás?

La chica comenzó a asentir frenéticamente con la cabeza, mientras que el arcobaleno sonreía satisfecho. Después sacó una fotografía y la lanzó hacia la muchacha quien tras atraparla vio la imagen de un hombre moreno, con cabello color café desordenado, sonrisa arrogante, ojos del mismo color que el cabello, y una barba no muy pronunciada. Tenía puesto un traje blanco, bajo el saco había una camisa negra y tenía puesta una corbata morada la cual se encontraba algo floja.

-Él es Shamal, debería haber llegado a Japón hoy, debería estar en el aeropuerto, ¿Por qué no vas a buscarlo?

-¡Si! - Respondió y se echó a correr a una velocidad envidiable haciendo sonreír una vez más al bebé quien después escuchó los gritos de Yamamoto y Gokudera quienes le preguntaban por el paradero de la castaña.

Reborn se subió al hombro de Yamamoto y después les mintió diciendo que su alumna se había adelantado hacia la casa. Después comenzó a relatar la misma historia que le había dicho anteriormente a Tsuna logrando que cierto peliplata estallara en preocupación y se echara a correr en búsqueda de su décima.

-¿Juegan al escondite? - Preguntó Yamamoto divertido mientras seguía al italiano en búsqueda de Tsuna.

Mientras tanto la chica había empezado su carrera contra el tiempo, en el camino se había chocado contra Ryohei quien la miró extrañado por su prisa. Tsuna en respuesta solo se disculpó para después seguir corriendo.

El moreno ante eso había sentido una dosis de adrenalina corriendo por sus venas y había querido perseguirla pero tuvo que detenerse ya que estaba consciente de que debía quedarse para regresar junto a Kyoko. Por tanto empezó a gritar en desesperación al no saber lo que debía hacer, tomando su cabeza con sus manos en símbolo de desesperación mientras jalaba su cabello, siendo observado por Hana quien lo miró como si de un bicho raro se tratara.

-Los hombres son unos monos. - Susurro por lo bajo para después marcharse.

Así pues, nuestra protagonista se dirigía a gran velocidad hacia donde su tutor le había dicho que podía encontrar al doctor. Ella estaba bastante asustada y no deseaba desperdiciar ni un solo segundo, por lo cual tras cansarse de correr y tras darse cuenta de que podría tardarse mucho en llegar tomando el tren, opto por tomar un taxi. Así llegaría más rápido aún si eso significaba gastar el poco dinero que tenía.

Llegando al lugar empezó a buscar en los alrededores sosteniendo la fotografía en su mano al momento que veía la foto y a continuación a la gente intentando comparar los rostros. Sin éxito entró al lugar notando la gran cantidad de gente que había en su interior llevando consigo sus maletas, algunos estaban en filas comprando boletos, mientras que otros ya se dirigían a su sección, y algunos otros esperaban en las zonas de comida a que la hora de su vuelo se aproximara.

Ella miraba hacia todos lados en pánico sin saber que hacer debido a su frustración. Asustada había agarrado sus castaños cabellos en símbolo de desesperación. Ella se encontraba a mitad del camino por lo cual una de las personas la había empujado por accidente logrando que ella se tropezara y aterrizara de rodillas, raspándose un poco.

Adolorida se había levantado al momento que miraba sus raspadas rodillas y suspiraba en contestación, ya que después de todo era común herirse debido a sus torpezas. Después miró hacia atrás para ver a la persona que la había empujado, notando que éste había seguido su camino arrastrando una maleta de ruedas con la mano izquierda, mientras que en el hombro derecho tenía colgada otra maleta gigantesca con la cual la había golpeado por accidente.

-Que grosero... - Susurro por lo bajo para después escuchar la misma molesta voz.

-¡Es vergonzoso, te pones celosa si Haru se le acerca a Takeshi!

Tras escuchar eso el rostro de la muchacha empezó a teñirse del mismo color que un semáforo en alto.

Nerviosa había mirado a su alrededor aterrada de que alguno de sus amigos hubiera decidido seguirla y hubiera escuchado ésa vergonzosa confesión, pero por suerte solo había un montón de gente a su alrededor observándola como bicho raro, acto que la hizo relajarse y tras levantar un poco su blusa se dio cuenta de que había aparecido una nueva marca en su piel lechosa.

-Oh no... - Susurro asustada al momento que se dirigía a uno de los mostradores ya más tranquila. - Disculpe. - Le habló a una de las muchachas que atendía. - ¿Podría decirme en donde puedo recibir a los pasajeros del vuelo Italia a Japón?

Tras una serie de indicaciones que le dieron, Tsuna se dirigió a la sala D. aún mirando a su alrededor por si llegaba a encontrarse con aquél mafioso que aunque le daba un mal presentimiento, debía seguir buscando al ser su única opción.

En el transcurso seguían apareciendo una que otra calavera en su cuerpo soltando sus más vergonzosas experiencias, logrando que ella quisiera ponerse a llorar al saber que estaba en un lugar repleto de gente, lo cual lograba que fuera el centro de atención debido a ésa estúpida enfermedad extraña que le ocasionó Reborn con tantas balas de la última voluntad.

De ésa forma secreto, tras secreto salía al aire, desde que seguía teniendo miedo a Hibari-san a pesar de que pensaba que era un buen chico, la vez que tuvo su primera menstruación y manchó su falda, incluso el hecho de que le alegraba mucho la manera en la que Gokudera-kun la apreciaba. Sí... Definitivamente había hecho bien en ir completamente sola, o de lo contrario ya hubiera querido terminar con la tortura ella misma.

-Disculpe, ¿Ha visto a ésta persona? - Preguntó cuando por fin llegó a su destino. - ¿Ha visto a ésta persona? - Le preguntó a otra persona tras recibir una respuesta negativa. - ¿Usted ha visto a ésta persona?

Empezando con su interrogativa empezó a buscar a ése tal Shamal, siendo que todo eso se había convertido ya en una gran molestia. Definitivamente se notaba que Reborn adoraba burlarse de ella.


Gokudera había llegado por fin a la casa de su Décima y había entrado corriendo al interior encontrándose con un hombre tirado en el piso con un pastel embarrado en el rostro, cosa que lo hizo detenerse y empezar a sudar frío al momento que levantaba la cabeza, solo para encontrarse con la pelirosada de ojos verdes.

-Hermana... - Susurro por lo bajo al momento que empezaba a sentir un revoltijo en el estómago que lo hizo caer al piso.

-Hola, Hayato. - Saludo la muchacha con total tranquilidad.

Había sido una sorpresa para el peliplata cuando se enteró de que su hermana había empezado a quedarse a dormir en la casa de su amada jefa. Aunque había sido Tsuna quien se había sorprendido mucho más cuando se enteró de que ésos dos eran familia, siendo que cuando se dio cuenta de la conexión que tenían, por fin entendió porque Bianqui le había resultado un tanto familiar. Y es que si te fijabas en la mujer y en Gokudera, podías darte cuenta de que sus ojos eran similares, o por lo menos ésa era la impresión que le había dado a Tsuna.

Ambos tenían ojos color verde, aunque los de su amigo eran un tanto más claros.

-Tan fría como siempre Bianqui-chan. - Dijo el hombre quien había puesto una protección en su cara evitando así que la comida venenosa lo tocara.

-¡Shamal! - Gritó el peliplata sorprendido mientras veía al hombre que fue tutor hace unos años atrás. - ¡Eso es genial! - Festejó. - ¿Viniste a curar la enfermedad de la Juudaime, verdad? - Dijo con ojos de cachorritos mientras se recuperaba de su dolor de estómago inicial.

-¿Quién es ésta persona? - Preguntó Yamamoto quien entraba por el marco de la puerta sin entender nada.

-Aleja tu horrible rostro de mí. - Se quejó el hombre mientras apartaba el rostro de Gokudera con la mano. - Vine aquí por petición de Reborn pero... Es un fastidio.

Shamal era reconocido por ser un excelente asesino, además de un médico, su habilidad en la mafia era claramente reconocida, era poseedor de una técnica catalogada como "Mosquito Tridente", la cual consistía en la posesión de aproximadamente 666 mosquitos con diferentes enfermedades cada uno. Muchas de éstas enfermedades se anulan entre sí, de manera que se crea una cura.

La habilidad de Shamal era claramente sorprendente, y era un hombre reconocido, pero tenía un único problema, y ése era su horrible personalidad. Era el mujeriego número uno de Italia, siempre se la pasaba de lugar en lugar intentando ligar a cuanta chica bonita veía en el camino. Era tanta su obsesión que constantemente se negaba a tratar hombres, diciendo que éstos no le interesaban en lo más mínimo. Aunque claro, su regla no aplicaba siempre, debido a que al ser parte de la mafia, constantemente se veía obligado a otorgar sus servicios a ésos apestosos hombres que inundaban el bajo mundo.

Entre las personas que había ayudado se encontraba Reborn, a quien debía ayudar quisiera o no. Después de todo se trataba del hitman número uno del mundo, y si Shamal quisiera negarse, en ése caso era 100% seguro que sería asesinado, o por lo menos torturado por ése endemoniado bebé hasta que obtuviera lo que deseaba, y Shamal era lo suficientemente listo como para apreciar su integridad. Definitivamente, nadie se metía con Reborn, incluso el Nono lo respetaba.

-Qué bien que has llegado. - Sonrió el bebé colocándose enfrente del morocho. - Tu paciente Tsuna debería estarte buscando en el aeropuerto en éste momento.

Shamal bajó la mirada para observar al arcobaleno, notando ésa típica sonrisa que siempre lo acompañaba sumado a ése brillo de travesura que brillaba en sus ojos. Era evidente que Reborn solo se estaba divirtiendo, y para hacerlo había enviado a su paciente a buscarlo a un lugar en el cual sabría no lo encontraría.

En todo caso en ése momento no le interesaba demasiado ya que el bebé no le había dado detalles respecto a su trabajo, por lo cual ignoraba por completo que su paciente se trataba de una mujer.

-¡Bianqui-chaaan, dame un beso! - Dijo éste ignorando por completo todo a su alrededor mientras se abalanzaba sobre la mujer quien volvió a lanzarle comida venenosa en el rostro a manera de contestación.

-¡Ey, Shamal! - Bramó el albino agarrando por el hombro al castaño. - ¡Tienes trabajo por hacer!

-¿Tsuna está en el aeropuerto? - Preguntó nuevamente Yamamoto quien seguía observando todo sin entender.

-¡Cállate, yo no trato hombres! - Se quejó Shamal, pensando que se trataba de un chico gracias al historial de pacientes que Reborn lo obligaba a tratar, siendo que en un 90% de las ocasiones no había una mujer involucrada en la ecuación.

-Tsuna es mujer. - Respondió Yamamoto sin comprender.

Ése comentario logró que la atención de Shamal se enfocara en Yamamoto, por lo cual volvió a ignorar lo que estaba haciendo, solo para abalanzarse encima del chico exigiéndole que le mostrara una fotografía, justificando su acoso con "diagnóstico médico". Según él, quería ver a la paciente para saber con lo que trataba, y buscarla ya que no se encontraba en ésa casa al parecer.

Yamamoto, ignorante de las malas intenciones del mayor sacó su teléfono en donde tenía unas cuantas fotos tomadas junto a su amiga, y con velocidad buscó en su galería de fotos encontrando su objetivo con facilidad. Después extendió su teléfono hacia Shamal para que éste pudiera verla.

-Ella es Tsuna. - Respondió con simpleza.

El doctor arrebató el aparato de las manos del morocho y de inmediato enfocó su mirada en ésa hermosa castaña de piel lechosa, ojos chocolate, labios y mejillas rosadas. Y en contestación sus ojos se transformaron en dos enormes corazones.

-¿Dónde dijiste que estaba? - Preguntó el doctor al arcobaleno.

-¿Quién sabe? - Respondió queriendo continuar con su juego.

-¡En el aeropuerto! - Respondió Gokudera, logrando que Shamal desapareciera al instante dejando un rastro de polvo tras de sí. - ¡Espera maldito! - Gritó el albino totalmente furioso. - ¡Si te atreves a tocar a Juudaime, te mataré!

Y en un instante el italiano se había levantado de su lugar para perseguir al doctor pervertido, siendo seguido por Yamamoto quien reía divertido pensando que seguían jugando a las escondidas.

A lo lejos se encontraban Ryohei y Kyoko observando como los tres individuos salían corriendo hacia alguna dirección. Habían decidido ir después de que Ryohei le platicó a su hermana que había visto a Tsuna correr muy agitada hacia quien sabe donde, por lo cual habían querido ir a verla para asegurarse de que se encontrara bien. En respuesta se habían topado con ésa inusual escena que de alguna manera logró emocionar al cabeza de césped.

-¡Extremo! - Gritó al momento que echaba a correr persiguiendo a un Yamamoto que perseguía a un Gokudera que perseguía a un Shamal.

-¡Onii-chan! - Lo llamó Kyoko empezando también a seguir a su hermano, siendo que en el camino se encontró con Haru quien se dirigía a casa de Tsuna y al ver a Kyoko a quien también había conocido de manera reciente había decidido seguirla en su búsqueda.

Ninguna entendía nada, no sabían ni porque corrían en dirección al aeropuerto, pero verdaderamente no les importaba.


Tsuna se encontraba sentada en una jardinera en las afueras del aeropuerto, había pasado alrededor de una hora y media en donde había buscado como desesperada al doctor. Pero la única pista que había encontrado del paradero de Shamal había sido de una aeromoza quien se quejó de los acosos de ése sujeto y le había sugerido que no lo buscara.

Cuando ella le preguntó por su paradero la única respuesta que había obtenido era que él se había ido persiguiendo a una chica de instituto.

En ése tiempo su cuerpo había empezado a llenarse de más y más calaveras que seguían soltando disparates que para ser sincera empezaban a dejar de importarle. Después de todo sentía su muerte cerca debido a que no tenía ni la más mínima idea de dónde podría encontrar a ése hombre. Había intentado llamar a casa en repetidas ocasiones para hablar con Reborn y que éste le diera nuevas pistas pero por alguna razón cada vez que llamaba se escuchaba la contestadora indicando que el teléfono estaba mal colgado.

Por supuesto también había intentando llamando a gritos a su tutor ya que éste siempre solía estar por los alrededores vigilando, pero éste simplemente no aparecía.

-¿Voy a morir? - Preguntó para si misma mientras clavaba su mirada en el cielo el cual empezaba a teñirse de tonalidades naranjas.

La mayor parte de su cuerpo se encontraba ya cubierto de ésas molestas calaveras, y ahora ella andaba peleando consigo misma, pensando en si debería encontrar algún escondite para que no encontraran su cuerpo, ya que no deseaba que se siguieran contando sus secretos aún después de muerta, sería demasiado humillante.

-Hermosa señorita. - Escuchó una voz masculina dirigirse a ella por lo cual levantó la mirada encontrándose con el sujeto que había estado buscando de forma desesperada - ¿Por qué tan triste? - Preguntó sacando una rosa de quien sabe donde para después dársela.

-¡Tú eres el doctor! - Gritó ella poniéndose de pie. - ¡Reborn dijo que tú podrías curarme! - Dijo al momento que sus ojos volvían a brillar con una nueva esperanza.

Mientras tanto Shamal estaba festejando por dentro, no podía creer la belleza que tenía enfrente en ése momento, era mucho más hermosa en persona que en ésa fotografía. Sus largos cabellos castaños caían por su espalda, y su flequillo desordenado le daba un toque encantador, su piel se veía tan suave y apetecible por lo cual era una lástima que ésas horribles calaveras se encontraran cubriendo su pequeño y menudo cuerpo el cual se notaba tan frágil y delicado que sentía podía romperse si no la trataba con cuidado. Pechos pequeños y cadera no muy pronunciada, y lo que más lo tenía loco en ésos momentos eran esos enormes ojos cargados de ilusión y alivio. Definitivamente ésa chica era una Diosa, era el ser más bello que había visto en toda su vida, era fascinante ver como ésa chica desprendía de cada poro de su cuerpo una inocencia descomunal, que prácticamente le estaba gritando "tómame".

-No te preocupes. - Respondió con tono de voz arrogante mientras acariciaba su cabello, y el aura a su alrededor desbordaban brillos, después colocaba una sonrisa de modelo de revista. - Yo te ayudaré.

De inmediato sacó un pequeño estuche lo cual avivó la curiosidad de la chica y se asomó notando que éste sacaba lo que parecía ser una píldora. Ella había extendido la mano para tomarse el antídoto pero se extrañó cuando aquél sujeto lanzó la píldora hacia arriba, saliendo de su interior un mosquito.

-¿Un mosquito? - Preguntó sin entender.

-Ésta es mi especialidad, cada uno de éstos mosquitos posee una enfermedad, ése mosquito trae la enfermedad "Ángel", la cual causa efectos contrarios a la que ya posees, de manera que ambas enfermedades se anularan.

-¿Curar una enfermedad con otra enfermedad? - Preguntó impresionada.

Tras ésa breve explicación extendió su brazo dejando que el mosquito empezara a succionar su sangre, y al momento las calaveras en su cuerpo empezaron a desaparecer.

-¡Gracias, doctor Shamal! - Respondió la chica con pequeñas lágrimas de felicidad logrando que el hombre volviera a festejar por dentro.

-"Puedo hacerlo" - Pensó el contrario. - "¡Acabo de salvarla de una enfermedad mortal, ahora estará agradecida y me jurará amor eterno!" - En ése momento un sonrojo apareció en sus mejillas y poniendo rostro de pervertido estuvo por rodear con sus brazos a la castaña cuando ésta estaba distraída aún observando su cuerpo asegurándose de que no quedara ni una sola calavera.

Sin embargo no pudo completar la acción ya que en ése momento Shamal sintió un rasguño en su mejilla izquierda, cosa que lo desconcertó y llevó su mano a la mejilla notando que había una nueva herida que empezaba a sangrar superficialmente. Poniéndose en guardia miró a su alrededor solo para notar, entre las ramas de un enorme árbol, a un Reborn que le apuntaba con su pistola y lo miraba con ojos sedientos de sangre, si éste llegase a hacerle algo a su alumna.

Ante la clara amenaza Shamal no pudo más que pasar saliva nervioso y levantar las manos indicándole al hitman que no tocaría a la chica. Por lo cual Reborn sonrió convirtiendo su pistola nuevamente en camaleón y a continuación bajo del árbol para unirse a la diversión.

-¡Juudaime! - Se escuchó el grito de Gokudera a lo lejos captando la atención de Tsuna quien volteo feliz de ver a su amigo, pero cuando se giró se sorprendió con la escena que acompañaba al albino.

Detrás de Gokudera corría Yamamoto, seguido de Ryohei, seguido de Haru y Kyoko quienes tenían entre brazos a Lambo e I-pin, seguidas de Bianqui, seguidas de un furioso Hibari quien quería apalear a ésas personas por perturbar la paz de Namimori.

-¿Qué demonios? - Preguntó la chica entrando en un estado de pánico inicial que la invitó a echarse a correr nuevamente por su vida.

-¡Espera! - Gritaron todos los involucrados quienes solo tenían una cosa clara, la única capaz de mover a ésa cantidad de gente era Tsuna, quien era la causante de cada una de sus aventuras.

-Bueno, ¡Vamos nosotros también! - Invitó Reborn a Shamal mientras corría tras los demás divirtiéndose con la persecución.

-Qué sorpresa. - Suspiró Shamal tras soltar una sonrisa sincera. - Incluso el ogro de Reborn se ve fascinado por la luz de ésa chica. - Y sin agregar más empezó a corretear de igual manera a las chicas hermosas que acompañaban a la castaña.

Continuara...

Agradecimientos:

Ariana: Jajajaja, que bueno que te haya gustado, creo que ésta vez no me tarde demasiado, aunque el capítulo me quedó un poco más largo de lo normal, supongo que porque aquí es el fin de la presentación de personajes. (Todavía faltan pero esos ya los agregaré después), pero aquí termina el arco de introducción y puedo empezar con el arco de Kokuyou que empezará en el siguiente capítulo. ¡Por fin!, trate de acortar éstos capítulos lo más que pude. Por cierto, yo también amo a Hibari... Bueno... Los amo a todos xD (Excepto a Kyoko, quien no me agrada, pero no por eso dejaré de sacarla cuando sea necesaria xD)

America: Bueno, en sí no estoy segura si poner eso de los finales alternativos debido a que como ya he mencionado planee ésta historia para que fuera fem27X59, de manera que como puedes apreciar Gokudera va tomando su protagonismo poco a poco. Al principio se mostraba mucho más a Yamamoto pero creo que poco a poco empiezo a darle más su espacio a nuestro querido peliplata, así que no se... La razón por la que empecé a dudar con lo de Mukuro es porque él me da mucha penita TT-TT, pero como ya planee la historia así, veo difícil que lo cambie, pero ya veré como se va desarrollando, siempre se me ocurre cada cosa. (Eso sí, no dejaré de meter mis triángulos amorosos porque eso es mi vida xD)

Shiho-Akemi: Yeeei, hice llorar a alguien, ¡Objetivo completado!, aunque sinceramente no estaba tratando de hacer llorar con ése capítulo. (Créeme, me fascina el drama), pero si es cierto que me gustó darle ése espacio a Lambo, debido a que siento que muchos de los pensamientos de los personajes luego no se presentan como a uno le gustaría. De cualquier manera solo escribo lo que me sale del alma, jajaja. PD: Yo también me reí con el final.

cheshirenek0: Concuerdo contigo, a mí en lo personal me gusta desarrollar mucho las emociones de los personajes, y en mis escritos lo presento de la manera en la que yo siento que piensan. Creo que de ésa forma puedes meterte aún más en los personajes y tomarles cariño, uno de mis pasatiempos favoritos es analizarlos y pensar en cómo reaccionarían y porqué piensan de cierta manera. De ésa forma creas un personaje rico en emociones. Éstas escenas de Lambo surgieron a mí tras leer el manga y saber qué era lo que pensaba Lambo de Tsuna y los demás todo ése tiempo, ése fragmento del manga me llegó al corazón y es por eso que aquí decidí desarrollarlo más.

Tomoyo: ... Definitivamente creo que Fanfiction te odia. (Sabes a lo que me refiero). Por cierto, me gustaría saber si estás emocionada porque por fin voy a poder iniciar con el arco de Kokuyou.