Capítulo 9- Esto apenas ha comenzado.

Ash miraba seriamente a sus oponentes, los cuales tenían sus miradas clavadas en él. Serena estaba al lado de Romeo, abrazándolo protectoramente. Romeo tenía en sus brazos a Jiglyppuf, el cual estaba muy herido. Respiraba entre cortadamente, mientras veía la escena con los ojos entre abiertos.

Ash miró a Serena por sobre los hombros. Ella asintió seriamente.

–Romeo– dijo sonriéndole–. Déjanos esto a nosotros ahora. Solo necesitamos cinco minutos.

Jason miró a Ash asombrado. Quería decir algo, pero no podía… seguía asombrado por la repentina aparición de Ash y Serena. Tragó saliva, luego asintió.

–¿Cinco minutos?– preguntó Jack. En su voz se notaba lo divertido que estaba–. No seas arrogante mocoso. Ya hemos vencido a uno de tus Pokémon.

Ash sonrió. Luego extendió su brazo, enseñando la Pokéball.

–Una batalla doble– dijo seriamente–. Serena y yo contra ustedes.

Jack miró a Ash detenidamente, preguntándose qué hacer. El muchacho tenía la mirada decidida.

–Bien– dijo seriamente–.Acepto.

–Jack. ¿Acaso no ves que quiere provocarte?– dijo Jessica, atajándole del brazo.

–No te preocupes– dijo seriamente–. El niño solo necesita cinco minutos, ¿verdad? Pues le daremos cinco minutos.

Ash sonrió, luego miró hacia atrás. Serena asintió, luego se levantó y se acercó a Ash.

–¿Segura que quieres pelear?

–Segura– afirmó–. Fennekin y yo necesitamos hacer esto.

–Vaya, vaya– habló Jack–, pero si es aquella chiquilla del bosque.

Serena le sonrió con desdén.

–Esta vez no perderemos– habló más bien para sí–. No podemos perder.

Lanzó la Pokéball. Fennekin salió de ella, con un semblante serio y decidido.

Ash miró hacia los escombros donde reposaba Gible.

–Bien. Gible. Supongo que ya has dormido suficiente.

Las rocas se movieron, dejando ver a un Gible somnoliento. Este se giró hacia un lado, negando con las manos, pidiendo que lo dejara dormir un poco más.

Una gota cayó de la sien de Ash.

–Traje cucharas– dijo sacando de su bolsillo tres cucharas.

En ese momento. Gible volteó, con brillos en los ojos. Se acercó a Ash dando brincos y con corazones flotando en su cabeza. Perfecto soborno.

Todos miraron la escena con gotas cayendo de sus sienes.

–Cinco minutos– dijo Ash seriamente–. Empieza ahora.

… … …

El auto se detuvo dando un derrape. Se estacionó de tal forma, que si una grúa pasara cerca de él, no dudaría dos veces en llevársela, pero al dueño del vehículo pareció no importarle, pues salió del auto cerrando la puerta de un portazo, acompañado de su esposa.

Se dirigieron corriendo al interior de una comisaría. Entraron sin pensarlo dos veces, de forma altanera. La puerta no estaba cerrada, por lo que les facilitó entrar. Nadie estaba adentro. La estancia estaba a oscuras, únicamente iluminada por la luz del sol mañanero. Un perchero con una campera colgaba aún lado, indicando que al menos hay alguien. La mesa estaba situada en el final del cuarto. Una puerta entreabierta estaba a su lado.

–Disculpe– habló Romeo– ¿hay alguien?

Nadie contestó.

–Necesitamos ayuda. Es urgente– suplicó.

Una vez más no hubo repuesta.

Romeo y Annabhet se miraron. Ambos estaban muy preocupados y con razón. ¿Quién no lo es estaría si su hijo está en aprietos, arriesgando su vida quién sabe dónde?

La puerta se abrió y de ella salió un Pokémon. Era un Granbull. Arqueó una ceja al ver a los presentes. Romeo y Annabeht también parecía incómodos.

–Esto… ¿estás solo tú?– preguntó Romeo.

El Granbull sonrió, luego fue junto a la silla rotatoria. Se sentó en ella y alzó las patas encima del escritorio. Parecía realmente cómodo.

Romeo miró a Annabhet. Ambos parecían confundidos. Romeo volvió a mirar al Pokémon, el cual también lo miró y volvió a sonreír.

–Esto es extraño…– dijo para sí mismo.

… … …

Serena miraba seriamente a Jack. Había perdido contra él a penas comenzó la batalla siete horas atrás. Fennekin había caído rápidamente en manos del ataque Hipnosis de Gengar. A causa de su debilidad, de su ignorancia como entrenadora, habían secuestrado a Romeo. Pero ahora era diferente. Estaba decidida a ganar. Miró a Ash con el rabillo de su ojo. Él estaba tan seguro de su pokémon. De sí mismo y sus habilidades como entrenador. Suspiró. Ella debía hacer lo mismo. Tenía que confiar en Fennekin , en ella y su habilidad como entrenador. No perdería. No por segunda vez.

–Comencemos– dijo Jack, extendiendo su brazo–. ¡Gengar, Mega Puño!

Gengar sonrió y se abalanzó, cargando su puño de poder. Un aura oscura rodeó su mano. Gible se enderezó, listo para repeler el ataque, pero Gengar lo eludió y fue directo a Fennekin.

Serena se quedó paralizada por un segundo. ¿Qué debería hacer? Gengar se acercó a él, listo para atacar al fenek de fuego, pero Serena dio la primera orden.

– ¡Fennekin. Esquívalo!

El Pokémon obedeció y esquivó con facilidad el puño.

–Ahora. Lanzallamas.

Fennekin exhaló y luego de sus fauces un potente lanzallamas atinó en su blanco. Gengar se envolvió en llamas y comenzó a desesperarse.

–Yo te ayudo– dijo Jessica. Lanzando su Pokénall.

De él salió un Pokémon de color verde, de pico alargado como de un pato y un gran nenúfar en la cabeza.

–Lombre. Danza lluvia– ordenó Jessica.

Lombre obedeció sin rechistar. Lanzó al cielo un escupitajo. Este se elevó hasta la altura del techo. El escupitajo comenzó a expandirse hasta pasar de su estado líquido al gaseoso hasta volverse niebla en el estricto sentido de la palabra. La niebla pasó a ser nubes de tormentas, relampagueando. Comenzó a caer la lluvia.

Las gotas calmaron las llamas que rodeaban a Gengar. Este estaba herido. Algunas partes de su cuerpo estaba quemadas, pero seguía en píe. Apretó los dientes, mirando con desdén a Fennekin.

Gible aprovechó el momento. Se acercó a Gengar y estuvo a punto de encestarle un ataque de Garra Metal pero su oponente lo vio venir y esquivó el ataque, haciéndose intangible.

… … …

Romeo miraba de reojo a Granbull el cual seguía sentado, con las patas sobre la mesa. A Romeo esta situación le parecía muy rara e irritante. Necesitaba la ayuda de la policía para rescatar a Jason. Intentó hablar con el Pokémon, preguntándole dónde estaba la oficial Janny, pero la única respuesta que recibía era un gruñido y una pata levantada en señal de que esperara.

Annabhet estaba igual o peor que Romeo. Iba y venía impacientemente en el pasillo, se mordía las uñas, echaba una mirada acusadora a su esposo y otra de desdén a Granbull. Realmente estaba preocupada por su hijo.

Granbull por su parte se veía cómodo. Estaba sentado, con las patas en la mesa y sus brazos detrás de su nuca. Dormitaba de vez en cuando. Cuando estaba aburrido, comenzaba a girar con su silla rotatoria. O leía de vez en cuando los datos de los criminales más buscados, buscados y también de los atrapados. ¿Los Pokémon sabían leer?

Romeo se acercó a Granbull. Golpeó la mesa con ambas manos, llamando la atención del perro. Este apartó la mirada del libro con los ceños fruncidos, notablemente molesto por interrumpir su lectura.

–Necesitamos ayuda– exigió, molesto–. Si la policía no nos ofrece su ayuda, nosotros haremos justicia por nuestra propia cuenta.

Granbull indicó con su dedo un cartel pegado a la pared que rezaba "Vuelvo enseguida. Os ruego que esperen".

–¡Ya leí eso!– vociferó Romeo– ¡Hace veinte minutos estamos aquí esperando!

El Pokémon hizo una señal de silencio con su mano.

–¡Esto no es una biblioteca!– volvió a vociferar. Con una vena hinchándose.

En ese momento la puerta se abrió. Una mujer de veinticinco años entró a la comisaria. Llevaba puesto un piloto debajo de su uniforme policiaco. Romeo no lo notó hasta el instante en que se abrió la puerta, pudo notar que afuera se desató una terrible tormenta.

–¿Qué sucede aquí?– preguntó la mujer al ver a Romeo y Annabhet.

–Oficial Janny– dijo Annabhet desesperada–. Necesitamos su ayuda. Nuestro hijo, ha sido secuestrado.

… … … …

Ash sonrió.

Serena salió de su parálisis momentánea. Atacó a Gengar, ganándolo en velocidad, quemando el cuerpo de su oponente, dejándolo quemaduras. Gengar no se debilitó, pero al menos recibió una advertencia por parte de Fennekin. No era débil.

Serena superó su miedo. Se enfrentaba a su primera batalla Pokémon como entrenadora y no lo hacía nada mal. Era buena. Estaba demostrando que no era una chica sumisa y «serena» como su nombre indicaba.

Serena se ve tranquila. Segura en sí misma. Quería ganar y ése es el primer paso para la grandeza. Querer ganar. Ash estaba feliz por ella, pero no quería que sobresfuerce a su Fennekin, por esa razón fue que ofreció una batalla doble. Confiaba en Serena, pero ella apenas comenzó su viaje. Era una novata en el sentido estricto de la palabra. Iba a cuidarla mientras peleaba.

Una bola de sombra fue en dirección a Gible. Ash vio el ataque venir y ordenó a su compañero a que esquivara el ataque. Gible golpeó el suelo y un escudo de tierra impactó con el ataque, destrozándose al instante. Lombre apareció detrás de él y le encestó un poderoso Chorro de Agua. Un ataque sucio pero eficaz. Gible salió disparado hacia delante, golpeándose en la pared.

Gible se levantó rápidamente. Gengar apareció frente de él y le sonrió burlescamente. Gible saltó, describiendo un arco, pasando encima de su cabeza. Gengar volvió a hacerse intangible al instante que Gible lo atacó con Golpe Roca.

Con el rabillo del ojo, Ash atisbó la batalla de Serena. Se encontraba dando órdenes a Fennekin. Atacaba dando tacleadas pero Lombre esquivaba los ataques con suma facilidad.

–Deberías tener la mirada clava en el combate– aconsejó Jack seriamente.

–Joder. Que fastidio– dijo Ash sonriendo–. Ya han pasado dos minutos.

… … … …

La oficial Janny escuchó atentamente a Annabhet. Le contó todo: quién es Jason. Como fue secuestrado y quiénes son los perpetradores del crimen. Al terminar la oficial asintió.

–Así que han vuelto– dijo seriamente–. El Team Rocket no ha mostrado sus caretas hace tiempo por Kanto. ¿Qué querrán?

Romeo apretó los puños. Annabhet lo miró discretamente. Su esposo sabía de sus planes, después de todo el participó en ellas. Sabía que si decía algo irá a la cárcel. Pero él se había arrepentido, ¿eso no le dejaba libre de todo crimen?

–En todo caso– dijo la oficial, levantándose–. Le ayudaremos a rescatar a su hijo.

Los ojos de Annabhet brillaron al escuchar esas palabras.

La oficial Janny se acercó a Granbull y ató un papel a su correa negra. Granbull hizo una pose de respeto: parado firme y una pata en la frente. Luego salió de la comisaría corriendo en cuatro patas, como una bala.

–¿Podemos confiar en él preguntó Romeo, con una gota cayendo de su sien.

–Claro– Janny le guiñó un ojo–. Es mi mano derecha.

… … … …

Fennekin esquivó el chorro de agua de Lombre justo a tiempo.

Cuando acorraló a Lombre tras la pared, luego de varios ataques de Tacleada esquivados fácilmente contra su oponente. Lombre estaba atrapado. No tuvo más opción que lanzarle un potente Chorro de Agua. El zorro de juego saltó a la izquierda, evadiendo el ataque.

Serena apretó los dientes. La batlla no estaba yendo del todo bien. Fennekin se veía realmente agotado. Pudo notar que Gible tenía varios moratones en varias partes del cuerpo. En cuanto a sus oponentes: Gible tenía varios rasguños y quemaduras de primer grado en varias partes de su cuerpo. Su respiración era entre cortada pero aún podía pelear y se movía con suma facilidad. Lombre por su parte apenas tenía heridas. Rasguños como máximo. Pero claro, como acababa de entrar en combate.

–Esto es interesante…– dijo Ash, sonriendo–. Son completamente diferentes al Team Rocket con los que trato diariamente.

Jack arqueó una ceja.

–¿Ya has tratado con miembros competentes de nuestro equipo?

–Algo así– dijo con una gota cayendo por su sien–. No sé si son competentes…

Serena miró con el rabillo del ojo a Ash. Recordaba que Ash mencionó que tenía una larga historia con el Team Rocket. Esa historia le interesaba, pero… ¿se la contaría?

–¿Por qué se entrometen en nuestro camino?– preguntó Jessica–. Jason no es nada de ustedes.

Jason bajó la cabeza. Pensó lo mismo. Tantos problemas por su culpa. Ash y Serena estaban arriesgando sus vidas y las de su Pokémon por rescatarlo. No era justo para ellos. Solo se conocieron hace unas horas… los había metido en grandes aprietos. Primero con los motoristas y ahora con el Team Rocket.

–Te equivocas– habló Ash–. ¿Qué no somos nada de él? Somos sus amigos. Si creen que nos quedaremos sentados y de brazos cruzados, siendo indiferentes mientras él está secuestrado, están muy equivocados– sonrió–. No somos así.

Jason levantó la cabeza. Miró a Ash asombrado. El muchacho le reflejaba seguridad. Incredulidad. Asombros. Fascinación y sobre todo, Respeto. Sonrió, agradecido. Ash era una persona a admirar. El hombre que Jason aspiraba a ser.

Serena también le sonrió. Serena sabía que Ash era la clase de chico que no daba su brazo a torcer. En el poco tiempo que pasó con él entendió que él nunca se rendía. Peleaba por lo que quería y por los qué quería.

–Ya veo– dijo Jack–. Una pena. Esto ya termina…

–No lo creas– dijo Ash–. Solo quedan tres minutos. Ahora empieza lo bueno.

Gible sonrió. De un momento a otro apareció detrás de Gengar. A este apenas le dio tiempo de girar cuando Gible le encestó un poderoso Golpe Roca, mandándolo volar hacia atrás. Fue directo hacia la pared. Gible golpeó el suelo. La pared comenzó a deformarse, formando una cresta que impactó contra la espalda de su oponente.

… … … …

Granbull corría velozmente por las calles del pueblo. Doblando esquinas. Introduciéndose en callejones. Saltando inmensas paredes de callejones sin salidas y de vez en cuando asustando a algún vándalo juvenil, pasando frente suyo, provocando que se apartara y tropezara, soltando alguna palabrota mientras el Pokémon se alejaba sonriendo.

Granbull corría, atendiendo en no tropezar o echar a algún transeúnte en el camino. Atendiendo a los vehículos e intentando pasar por zonas casi desiertas, únicamente visitados por delincuentes, de ese modo podría asustarlos y divertirse en el camino. Tenía sumo cuidado en que el papel sujetado a su correa no se cayera. En una ocasión casi chocó contra una pared, pero dobló justo a tiempo y continuó corriendo dando traspiés.

En una ocasión le sucedió algo sumamente bizarro.

Un par de sujetos con su Pokémon se encontraban caminando desanimados por los callejones. Un hombre, una mujer y su Meowth.

–¿Pueden recordarme cómo llegamos hasta aquí?– preguntó Jessie, caminando desanimada.

–Pues estábamos persiguiendo al bobo y a su Pikachu– respondió James, caminando igual de desanimado–. Pero los perdimos de vista cuando vino esa tormenta de nieve.

–Odio ése monte– dijo Meowth–. Perdí ocho de mis nueves vidas allí. Es peor que cuando Jessie cocina.

–¡¿Qué dijiste?!

–Esperen chicos– dijo James, entornando sus ojos hacia delante– ¿Ése no es un Granbull?

Ambos miraron hacia delante. Los ojos de Jessie se iluminaron.

–¡Sí lo es!– gritó emocionada–, se ve bastante fuerte.

–Y veloz– añadió James.

–Y viene pa' quí– dijo Meowth, con una gota cayendo por su sien.

Los tres palidecieron al ver que Granbull estaba a escasos centímetros de ellos y no disminuía la velocidad. Intentaron apartarse pero ya fue tarde. El Pokémon pasó frente a ellos, derribándolos como si fueran pinos, haciendo chuza.

Granbull continuó hacia delante, riendo entre dientes por el acto recién hecho. El Team Rocket estaban tirados en el suelo, con chinchones en sus cabezas.

–¡¿Qué fue eso?!– preguntó irritada Jessie.

–No lo sé. Pero me dio mucho mello– añadió James.

–Listo. Mis nueves vidas tiradas al suelo– dijo el felino.

Granbull continuó corriendo hasta llegar a su destino. Se detuvo únicamente al llegar a una casa de color azul con la insignia de policía. Golpeó la puerta varias veces hasta que un hombre salió: era alto. Fornido. Tenía puesto el traje de oficial. Usaba anteojos y su pelo desaliñado color rojo le daba una pinta altanera.

Arqueó las cejas al ver a Granbull. Notó la hoja de papel en su correa y la sacó, luego prosiguió a leerla.

–Ya veo– habló. Su voz era lo bastante gruesa para intimidar–. Han vuelto– sonrió–. Bien, iremos a ayudar a ésa gente.

… … … …

La batalla continuó ferozmente por tres minutos más.

Gengar esquivaba los ataques de Gible. Por cada movimiento que daba su respiración se entrecortaba más y hacía una mueca de dolor. Lombre en cambio aún seguía en plena forma. Esquivaba los ataques de Fennekin. De vez en cuando, para burlarse de su oponente, saltaba encima de él y le daba un golpecito en la cabeza.

Gengar apareció detrás de Gible y le lanzó un Lenguetazo. Gible se sacudió, un poco aturdido pero logró recuperar su compostura justo a tiempo para esquivar el ataque del enemigo. Luego dio un hincapié en el suelo y dio un puñetazo al suelo. El suelo se partió a la mitad, creando una gran grieta.

Gengar flotó para que el ataque no lo alcanzara. En ese instante Gengar lanzó un ataque de Meteoro Dragón. Gengar a duraspenas logró detener el ataque con Protección, pero ya estaba sumamente agotado. Gengar dio un salto y rompió la Protección de Gengar en miles de pedazos, luego le encestó un potente Cabezazo en la panza a Gengar, mandándolo a volar hacia su entrenador. Jack miró a su Gengar caer frente a sus píes, inmutado.

–¡Bien hecho Gengar!– gritó Ash, felicitando a su amigo.

Este sonrió y alzó el dedo pulgar, sonriéndole.

–Esto aún no ha acabado– dijo Jack seriamente.

Gengar comenzó a adquirir un extraño tono rojo, Un aura rojiza comenzó a desprender de él. Sus heridas y quemaduras comenzaron a sanar. Gengar comenzó a levantarse, tambaleándose.

–¿Pero… qué?– preguntó Ash.

Serena y Fennekin observaron la escena, horrorizados. Gengar tenía los ojos cerrados, como si estuviera durmiendo, pero seguía en píe. Sonreía maniacamente. De un momento a otro, apareció detrás de Ash, dejando una estela rojiza.

Ash miró al Pokémon por sobre los hombros. U escalofrío recorrió la zona lumbral. Gengar había aumentado su velocidad, tanto que hasta dejaba estelas. Eso no era normal.

–¿Qué le has hecho a tu Pokémon?

Jack miró a Ash con aquellos ojos fríos.

–Pronto lo entenderás– contestó, seriamente.

Ash notó que Jack apretó los puños. Cuando habló, pudo notar que su voz se quebraba. Miró a Gengar una vez más. Seguía con los ojos cerrados. Sonriendo fría y maniacamente. Con aquella aura rojiza.

En ese momento, el techo retumbó. Los fluorescentes se agitaron. Pequeños escombros de tierras comenzaron a caer encima de la cabeza de todos. Del techo, un Granbull cayó, dejando un enorme hoyo encima.

–¿Un Granbull?– preguntó Jessica.

Un hombre cayó de píe del mismo hoyo. Todos miraron confundidos la escena. El hombre se acomodó los lentes, luego miró a Jack con aquellos ojos altaneros.

–Bien hecho, Granbull– dijo acariciando la cabeza del Pokémon.

–¿Quién eres?– preguntó Ash.

El hombre miró a Ash por sobre los hombros, luego asintió.

–Ash Ketchum, ¿no?– luego miró a Serena–. Y ella debe ser Serena.

-¿Cómo…?– preguntó Serena.

–… ¿ lo sé?- aventuró–. Vengo para ayudarlos. ¿Jason está bien?

–Perfectamente– contestó el niño, sonriendo. Jiglyppuff dobló su brazo para mostrar su «músculos», pero aún así se veía realmente cansado.

–Me alegro– habló el hombre, luego miró a Jack–. Por cierto, me llamo Sam.

Jack miró seriamente Sam.

–¿Qué quieres aquí?– preguntó.

Sam sonrió, luego se acomodó los lentes.

–He venido a rescatar a Jason– luego miró seriamente a Jack y a Jessica–. Y a llevármelos presos.

Jack guardó silencio por unos segundos, luego asintió.

–Me da igual que te entrometas o no. Mejor para mí.

Sam arqueó las cejas.

–¿Qué quieres decir?

–Jack– Jessi le sujetó del brazo–. Vámonos… Gengar…

Jack se zafó de su ataje con fuerza.

–Es el momento perfecto para poner a prueba a Gengar.

La sonrisa de Gengar se tornó más macabra. Su aura rojiza se volvió más intensa, pasando del rojo al granate.

–¿ Per… qué?– preguntó Ash.

–Siéntanse honorarios. Dejaré de ser indulgente y le mostraré la siguiente evolución de los Pokémon– dijo Jack, riendo maniacamente.

–¿Desde cuándo fue indulgente?– preguntó Serena.

–No lo sé. No me gusta para nada su concepto de indulgencia– dijo Ash.

–Ash– dijo Sam seriamente–. Prepárate… esto no me gusta para nada.

Ketchum apretó los dientes.

–Gible, ¿aún puedes luchar?– preguntó seriamente.

Gible asintió. Luego dio un paso adelante, situándose al lado de Granbull, el cual se colocó en posición de batalla.

–Gengar… ataca.

En ese momento, de un segundo a otro, Gengar apareció detrás de Gible y Granbull. Ambos giraron en el momento preciso en que Gengar atacó. Ash apenas pudo ver el ataque. Fue como si pasara en cámara rápida. Gengar pateó a Gigle y Granbull, provocando que ambos salieran expulsados hacia delante.

Gible logró recuperarse antes de chocar contra la pared, sujetándose con fuerza en el suelo con sus manos. Granbull no corrió con la misma suerte. Quedó aturdido por la patada que chocó contra un gran muro de roca, producto del antiguo ataque de Escala Roca de Gible.

Gible miró a su compañero, el cual cayó de rodillas al suelo con varios cortes en el cuerpo. Sintió una ráfaga frente de pel, desconcertado miró hacia delante. Quedó estupefacto al ver a Gengar sonriéndole, frente de él.

El aura que desprendía Gengar era abrazadora. Sentía como su cuerpo era quemado de a poco. Gible estaba temblando, víctima del aura de Gengar.

–¡ Gible, reacciona!– gritó Ash.

Pero aunque Gible quisiera, no podía. Su cuerpo no reaccionaba. La sonrisa de Gengar era horrible, como sui fuera aquella sonrisa la que lo petrificaba.

En ese momento, Granbull entró en acción. Entró en combate nuevamente, listo para dar un potente Mega Patada a Gengar, pero este lo esquivó fácilmente, saltando hacia atrás treinta centímetros.

Gengar lanzó dos potentes Bolas sombras. Estaseran muy diferentes a las que Ash veía con habitualidad: eran más grandes. En el centro de la bola, su núcleo era más oscuro. Un espiral giraba a su alrededor, simulando un agujero negro. El aura de poder que rodeaba a la bola era de una mezcla de rojo y negro sombra.

Las dos bolas se aproximaban a gran velocidad. Granbull y Gible apenas pudieron moverse para esquivar el ataque a duras penas. Las dos bolas impactaron contra la pared, estallándola en miles de pedazos. Cuando la pantalla de humo se disipó, dejó ver dos grandes huecos en la pared, del tamaño de camiones.

–No puede ser…– dijo Ash, estupefacto–. Gengar… está luchando para matar…

Serena quedó mirando los hoyos horrorizada. Jason por su parte, estaba temblando, observando a Gengar con temor. Sus manos no paraban de temblar, por lo que Jiglyppuff se balanceaba y no podía reposar.

–Terminemos con esto– dijo Jack seriamente.

Gengar dio un paso, pero en ese momento, lo inesperado pasó. Abrió los ojos violentamente, como si se acabara de despertar de una pesadilla. Dejó de sonreír y su aura rojiza se apagó. Sus ojos se desorbitaron y cayó al suelo. Aún respiraba, pero con dificultad. Sus heridas y quemaduras de primer grado se hicieron visibles.

Jack chasqueó la lengua.

–Hasta aquí llegó el experimento– dijo, decepcionado.

–¡¿Experimento?!–Preguntó Ash–. ¡Así es como tratas a tus Pokémon, ¿Cómo un simple experimento?!

Jack no respondió. Sacó su Pokéball e introdujo de nuevo a su Gengar.

–Eso es todo, Jessica– dijo dando la vuelta–. Debemos irnos.

–Esto… sí– dijo mirando a los demás, tristemente, luego se dio la vuelta.

–¡Esperen!– gritó Serena–. ¿Por qué hacen esto?

Jack se detuvo. Luego miró a los demás con sumo desdén.

–Eso no importa– contestó–. Lo que si deben saber es que el Team Rocket ha vuelto. Haremos de esto un mundo mejor. Esto apenas ha comenzado.

Una fuerte ráfaga azotó el aire. De un momento a otro, las siluetas de Jack y Jessie se distorsionaron para luego desaparecer.

Ash cayó de rodillas.

–Esta vez… perdí…

… … … …

Romeo y Annabhet estaban esperando afuera, junto a la oficial Janny. Estaban preocupados, observando el pórtico del edificio. EL escondite del Team Rocket era un antiguo edificio. Se veía sumamente deshecho. Sus paredes revocadas estaban agrietadas. Las ventanas estaban rotas. Había algunas columnas caídas y sus escombros estaban por todas partes.

Romeo abrazó a su esposa. Annabhet se veía realmente preocupada por su hijo. Ya había pasado casi un día desde su secuestro. Annabhet no quería pensar lo peor. Deseaba con todas sus fuerzas que Jason esté bien. Los vientos soplaban fuertemente y lloviznaba con fuerza. El viento azotaba a los árboles, provocando que se zarandeen con fuerza. El cielo se iluminaba cada dos por tres debido a los rayos.

Annabhet se alivió en el momento en que vio a Jason salir del pórtico, al lado de Ash, Serena y un hombre más. Pero no le prestó mucha atención.

–¡Jason!– gritó, acorralando a su hijo en un abraso de oso.

–¡Mamá!– dijo Jason, feliz, intentando zafarse del abrazo de su madre.

–Hijo… me alegro de que estés bien– dijo Romeo, enormemente aliviado y feliz.

–Papá… mamá…

–Nunca más te separes de nosotros– dijo Annabhet, llorando–, nunca más…

Jason quedó sorprendido, luego sonrió.

–Lo prometo– dijo abrasándola también.

Ash y Serena sonrieron al ver aquella escena. Pikachu asintió aprobadoramente y Jiglyppuff se echó a llorar también, conmovido.

–Lo has hecho bien– dijo Janny a Sam, acercándose.

–Han escapado– dijo tristemente–. He fallado.

–Pero has traído a Jason con su familia. Eso es lo que importa– priorizó Janny.

Sam sonrió, luego le dio una Pokéball a Janny.

–Granbull es fuerte. Lo has entrenado bien.

Janny sonrió, luego dio vuelta.

–Debemos regresar. La tormenta se hace cada vez más fuerte– dijo señalando la patrulla–. Hay varias preguntas que debo hacerles.

Todos asintieron.

Cuando Ash caminó. Sintió una gran ráfaga recorrer su espalda, cuando giró, se llevó una gran sorpresa. Arriba, en el cielo. Un enorme Pokémon de color negro y de forma humanoide lo miraba con sus ojos rojos.

Debes luchar, Ash, le dijo el Pokémon. Cuando llegue el momento, no volveremos a ver,

Ash tragó saliva. Zekrom se desvaneció en el aire.

–¿Ash?– preguntó Serena.

–Dime que viste eso…

–¿El qué?– preguntó la mujer, mirando donde miraba Ash.

–No interesa– dijo sacudiendo la cabeza–. Vamos, nos esperan.

Serena arqueó las cejas. Le parecía raro el comportamiento del muchacho, pero no dijo nada. Entró al auto, seguido de Ash. Ketchum echó un último vistazo al cielo. Zekrom no estaba. ¿Será imaginaciones suyas?

El auto se movilizó. Ash miró hacia atrás. Algo le decía que éste viaje sería el más prometedor.

Continuará…

¡Hola Familia!

¿Qué tal estáis?

Os pido disculpas. He tenido varios inconvenientes por aquí, que me ha retrasado en la actualizaciones de los Fics y tuve que ponerme al día.

Pero no piensen que los abandoné jeje. Os quiero chicos n.n

Nos vemos. ¡Ah! Díganme si quieren seguir viendo al James, Jessie y Meowth por aquí, en algunas de sus bobadas habituales jeje.

¡Nos vemos!