¿Buenas? Señoras y señores ¡ha llegado el final! Pues sí, este es el capítulo final, ha sido un gran placer escribir este fic para ustedes y en especial para Stypamahotom, querida espero que el fic haya sido de tu agrado... ¿Sabes? ¡Es el segundo dramione que termino! (Vale, que el primero era horripilante y lo terminé borrando, larga historia xD), pero en cuestión de fics largos terminados es el segundo y eso merece una fiesta (¿No? Bueno me calmaré *May comienza a quitar las bebidas de la mesa*) ¿Epilogo? Pues no lo sé, aunque si me pica la inspiración de nuevo, lo hago, aunque admito que este fin abierto me gusta, pero bah siempre haré lo que mis lectores digan, es algo que no puedo evitar.
Sólo diré GRACIAS, por aguantarse que esta desquiciada actualizara cada quinientos meses (vale que estoy exagerando, pero así soy yo) y pues sólo espero que les guste este capitulo. Increíblemente no hay mucho lemmon, pero es que con estos dos me pongo tímida y me gusta unirlos con algo de cursileria. Ya se darán cuenta.
Y...¡Adiós! Nos vemos en mis otros fics o quizás en el epilogo de éste, quien sabe.
Disclaimer: Los personajes son propiedad exclusiva de J. K. Rowling.
Maldición. Estaba jodido ¿Cómo iba a llevarla a su cama sino quería ni verlo? ¿Qué era lo que había fallado? La había provocado, sólo quería sacar ese coraje gryffindor para que luego se dejara llevar por él y todo iba demasiado bien hasta que ella volvió a abofetearlo, como si de un momento a otro se hubiese enterado de algo terrible que él haya hecho.
De seguro había recordado a la castaña con lindas piernas, joder, sí, eso era lo más seguro. Joder, joder, joder. Eso le pasaba por no aguantarse las ganas y por ser un maldito que no dejaba de pensar en sexo, aunque después de todo esa era su gran naturaleza.
¿Y ahora? ¿Qué demonios podía hacer en veinticuatro horas para tener a la bendita empollona entre sus sabanas? Sí, sólo tenía un día, quizás menos, tal vez más que eso para cumplirse su propia promesa, casi había pasado una semana y lo único que había logrado, además de tocar unas cuantas partes, era que la castaña lo despreciara, todo por la maldita castaña que se le había ofrecido en el desayuno.
Pero no iba a rendirse.
Hermione Granger iba a ser suya, simplemente porque aunque le gustara el nombre de Scorpius Black no se arriesgaría a perder una apuesta consigo mismo, a pesar de que lo que deseaba fuera tan difícil de obtener.
A fin de cuentas era Draco Malfoy.
Y un Malfoy siempre obtenía lo que quería.
-HP.-
Sábado. Lo odiaba. Odiaba ese maldito día. No podría verla en el trabajo, era prácticamente imposible, ella no iba los fines de semanas a trabajar, lo cual era extraño dado a su obsesionada personalidad, lógicamente sabía dónde vivía, pero ir allí no era ni por asomo una buena idea, tenía que pensar en alguna forma de verla ese día.
¿Por qué puñeta razón tenía que destruir en unos minutos su trabajo de seis días completos? Había avanzado demasiado, incluso si quitaba el inconveniente del imbécil de la limpieza, su plan funcionaba a la total perfección.
Un momento… ¿imbécil de la limpieza? Sí, de seguro él si iría al Ministerio el día de hoy, era por completo lo más seguro.
Sonrió.
Al fin tenía una idea de cómo ver a Granger ese día sin que su cuerpo saliera muy lastimado.
-HP.-
A decir verdad no esperaba que el tal Javier colaborara de tan buena gana. Después de todo se suponía que era algo de Granger, pero al parecer todo era un simple teatro o eso parecía al menos. Pensó que debía hacer miles de cosas más para conseguir lo que quería del susodicho, pero sólo al decirlo el muchacho se había arrancado un mechón de su cabello para dárselo en sus manos.
Había sido un poco extraño, si se sinceraba consigo mismo.
Ni siquiera le había preguntado para qué los quería, sólo se los había dado con una sonrisa bailando en sus labios, que lo hizo pensar, por unos instantes, que el imbécil sabía muy bien que haría con su cabello.
¿Acaso Granger le había mentido sobre su relación con el de la limpieza? Sí, esa era la única explicación razonable.
Sonrió. Y tocó la puerta.
La poción multijugos también había sido fácil de conseguir, sólo una leve visita a un callejón oscuro y todo el asunto estaba arreglado, afortunadamente no era muy ilegal usar la poción, de lo contrario todo el esfuerzo que había hecho por mantener su apellido se habría ido por el caño y sólo por una apuesta consigo mismo.
Ella abrió.
Y el puto aire se le fue de los pulmones.
Estaba hermosa. No era la gran cosa, sólo tenía el cabello más enredado de lo normal y su cara denotaba un gran cansancio, pero su cuerpo envuelto en aquella delicada tela era lo que verdaderamente la hacía lucir hermosa, mejor dicho, deseable. Las ganas de besarla y arrancar todo estorbo de su cuerpo, para finalmente cumplir su apuesta y poseerla al fin, lo invadieron de repente.
Podría morirse teniendo esa visión y sería un muerto, por demás, feliz.
– ¿Javier?– le cuestionó la castaña. Su boca se abre ligeramente para exhalar un bostezo, tiene todo el aspecto de alguien que recién se ha dado cuenta que ha amanecido y que debe levantarse.
Se ha quedado sin habla momentáneamente, la visión que tiene ante sí, es por demás perturbadora y a la vez lo hace desear quitarse la maldita poción multijugos de encima, demostrar quién es en realidad y estampar a la castaña en la pared más cercana.
Ella lo invita a pasar, mientras lo observa con la curiosidad brillando en sus orbes marrones. A sus ojos el muchacho de la limpieza estaba actuando extraño, quitando, por supuesto, los detalles de que ha ido a su casa y que tiene puesto un traje demasiado elegante para él, que al parecer le queda un poco holgado.
Incluso sus ojos la observan de una manera extraña, como si fuera otra persona, en el cuerpo del joven amable que la saluda cortésmente todos los días.
Otra persona usando su cuerpo, pero no del todo cómodo con él.
Y la respuesta llega tan rápido a su cerebro que la hace sentirse un poco mareada. Esa elegancia tan característica de él, esa expresión tan parecida a la que le había visto el día anterior, ese deseo brillando en su rostro. ¿Qué demonios le había hecho a Javier para conseguir sus cabellos?
Maldito Malfoy. Si le había hecho algo al muchacho iba a pagarlo y muy caro.
– ¿Qué le has hecho a Javier, Malfoy?– le preguntó al hombre frente a sí.
Y él despertó de su leve shock emocional. No era posible que ella lo hubiese descubierto tan rápido ¿qué rayos había hecho mal? Oh, claro, ahora que lo analizaba quizás ir con unos de sus mejores trajes no había sido una buena opción. Pues si lo habían descubierto, tenía que divertirse un poco, gracias a lo que aquel cuerpo le había dado.
– ¿Qué me delató?– cuestionó. Tenía que descubrir cómo es que ella lo había ubicado tan pronto, quizás era cierto que el imbécil de la limpieza y Granger habían tenido una relación muy estrecha. Al pensar en esto lo invadieron unas ganas de golpear al tal Javier y a la vez de desaparecerlo de la tierra.
La chica gruñó algo entre dientes. Seguramente se reprochaba no haberse dado cuenta antes de hacerlo pasar a su casa.
Sí, definitivamente usar el cuerpo del imbécil de la limpieza había sido un buen plan, por lo menos hasta el momento.
– Mas bien, qué cosa no te delató. Tienes el cuerpo de Javier, pero sigues siendo tan Malfoy, es imposible hacerte pasar por alguien que tiene menos categoría que tú…–objetó la castaña, mientras se cruzaba de brazos. –, además Javier es demasiado educado y amable, pensándolo bien, no le llegas ni a los talones.
La sonrisa que había comenzado a posicionarse en su rostro desapareció por completo, mientras que la ex –gryffindor sonreía, orgullosa de sí misma, y quizás de la manera tan sencilla que había posicionado tan bajo el ego del menor de los Malfoys.
– ¿Acaso insinuaste que ese Javier es mejor que yo?– el nombre del muchacho salió de sus labios con una rabia que no había estado dispuesto a exteriorizar, no quería que la castaña supiera cuanto le habían afectado a su orgullo, sus insinuaciones.
Granger sonrió, feliz, orgullosa.
– No lo insinúo, Malfoy, lo afirmo. –acotó resuelta.– Y a la voz de ya, te largas de mi casa. Yo invité a pasar a Javier no a ti. –comentó, mientras comenzaba a empujar al blondo fuera de su hogar.
Draco se dio cuenta de repente que su traje ya no le quedaba holgado, sino que se ajustaba a su cuerpo a la perfección, ya no se sentía extraño en un cuerpo que no era el suyo, porque al parecer el efecto de la poción había finalizado al fin y sin que se diera cuenta de esto.
– Al diablo lo que digas, Granger, de aquí no me saca nadie, ni siquiera tú. – le dice. Entonces se voltea para encararla, pero observarla enojada y con ese aspecto logra destruir todo su autocontrol, en vez de soltarle algún sarcástico comentario, en vez de querer objetar lo que ha dicho anteriormente, en vez de hacerle tragar sus palabras, en vez de todo lo que debería haber hecho, la besó.
Y para su felicidad o su tormento, ella le correspondió.
Cuando sus bocas se separan le parece que han pasado horas, no obstante aunque sus pulmones exigen aire, sólo desea continuar besando a la castaña. No sólo eso, también quiere acariciarla, su cabello, su cuerpo, sus endemoniadas piernas y su rostro, sobre todo su rostro, darse cuenta de que el momento es malditamente real, y que no sólo está teniendo un sueño húmedo con la ex –gryffindor.
– Eres un grandísimo patán, cómo se te ocurre venir a mi casa y besarme, te advertí que no lo hicieras, que te alejarás de mí…–y aunque intentó sonar amenazante no lo logró. Observó sus mejillas arreboladas, sus ojos brillando con deseo, sus labios carnosos y su cabello desordenado, y no lo logró, no logró ser amenazante para ti en ese maldito instante. –, espero que no le hayas hecho nada a Javier o te aseguro que lo pagarás. Así que te vas ahora mismo o no respondo de lo que pueda…
Colocó un dedo sobre sus labios, sonriendo.
– Granger, sólo cállate.– y volvió a besarla.
Entonces ya no sólo es un beso, son miles, depositados en diferentes partes de la anatomía de ambos, son caricias, son jadeos, gemidos, son prendas masculinas y femeninas regadas por la pequeña sala de la castaña, son pasos que lentamente se dirigen a una habitación, son dos cuerpos que ruegan convertirse en uno. Son dos personas totalmente diferentes que se desean más que a ninguna cosa, son un ex –Slytherin y una ex –Gryffindor, son caricias en zonas prohibidas, son dos seres humanos guiados por sus instintos animales. Son un hombre adicto al sexo y una mujer que hace mucho desea más que simples besos.
Son Draco y Hermione. Son enemigos convertidos en amigos, y finalmente en amantes. Seguramente no comparten más que un simple deseo, algo que los ha estado consumiendo, pero que algún día terminara, tal vez convirtiéndose en algo más o simplemente dejando cuerpos saciados de instintos carnales.
Son besos, sudor y jadeos compartidos en una habitación. Son dos cuerpos fundiéndose en uno solo. Son un engreído cumpliendo una apuesta y una empollona saciando sus deseos. Son polos opuestos atrayéndose.
Y finalmente son dos personas dejándose llevar por sus deseos prohibidos.
End.
