Los pasos de la niña resonaron en el piso de baldosas beige que decoraban en piso. Ya era tarde, por lo que la recepcionista de piso le dedicó una mirada de extrañeza a la rubia y le preguntó.

—Disculpa, nena, ¿A dónde vas?

—¿Se encuentra la doctora Bliss? Necesito hablar con ella, y rápido.

La amable mujer asintió y señalo el consultorio de la mencionada.

—Si esta, pero necesitas una cita…

Sin dar tiempo a que la señora siguiera hablando, Helga lanzó un fuerte resoplido y corrió a la oficina de su confidente.

Estaba a punto de tocar a la puerta, cuando la joven mujer salió de su espacio de trabajo.

—Mary, ¿podrías llamar a la primaria 116 y cancelar mi visita? Ese día tengo que asistir a un congreso sobre psicología infantil y… ¿Helga? ¿Qué haces aquí? Y tan tarde.

Sin perder tiempo, la niña se abrazó a las piernas de la doctora y dijo.

—Señorita Bliss, necesito que me ayude. Unos tipos me quieren llevar con ellos y yo…

—Calma, Helga. No entiendo lo que me estás diciendo.

La niña respiro con fuerza y volvió a hablar. Esta vez lo hizo más despacio y con calma.

—Unos sujetos me pegaron en la cabeza cuando iba saliendo de la escuela. Estaban a punto de meterme en una camioneta, pero desperté y me fui corriendo a mi casa. Yo iba a…

—Alto —, el rostro de la doctora pasó de la sorpresa a la preocupación en un santiamén. Con los ojos revisó a la niña, en busca de una posible herida— ¿Te intentaron secuestrar? No puede ser, ¿cómo fue que se acercaron tanto a los terrenos de la escuela?... ¿Estás bien? ¿No te hicieron daño?

Las últimas preguntas no se las esperaba Helga. Sus ojos pronto se inundaron y, mientras se aferraba aun más a las piernas de la mujer, un fuerte sollozo salió de lo más profundo de su ser.

—Tenía mucho miedo. Por eso fue a mi casa, pero Bob estaba ahí y dijo que tenían que encontrarme para que pudiera cobrar el dinero.

—¡¿Qué el que?!... Mary, llama a la policía de inmediato.

—Sí, doctora. En seguida.

Mientras la recepcionista marcaba, la doctora Bliss abrió su consultorio y ambas pasaron a este. La mujer sentó a la niña en su silla y, tras ofrecerle un vaso con agua, le pidió que le hablara sobre lo que había pasado.

Helga accedió y poco a poco fue contándole lo que había vivido ese día. Por supuesto, omitió el porqué de su salida precipitada del gimnasio; pero lo demás se lo revelo por completo.

Aun se encontraba hablando sobre los hechos, cuando un par de policías llegó al consultorio. Estos creían que se trataba de una broma o un incidente menor. No obstante, mientras la rubia iba relatando lo ocurrido, estos se dieron cuenta de que el asunto era más delicado de lo que esperaban.

Cuando terminó, los tipos le pidieron a la doctora que les permitiera llevarse a la niña. Esta acepto, con la condición de que la dejaran estar con ella en todo momento. No estaba dispuesta a dejar que afrontara todo aquel problema, sola.

El extraño grupo salió del edificio con dirección a la estación de policías. Para ese momento, Rhonda ya se encontraba bastante preocupada por su compañera. Por ello, cuando vio que salía acompañada de la doctora y los policías, no dudo en salir de su auto y acercarse a Helga, mientras decía con voz temblorosa.

—¿Helga? ¿A dónde te llevan? ¿Hiciste algo malo?

La doctora respondió por la rubia.

—Linda. Tú amiga solo va a ir a hablar con los señores sobre algo que le paso, así que no te preocupes y mejor ve a tu casa a descansar.

La morena tragó con un ruido fuerte. No parecía convencida de las palabras de la mujer, por lo que Helga la volteó a ver y dijo.

—Ya vete, Rhonda. Si no, tus papas te van a regañar y luego me vas a echar la culpa a mí de que te castigaron por andar tarde en la calle.

La mencionada sonrió a medias con lo último y asintió, dando media vuelta para volver al auto. Ya se estaba alejando, cuando la doctora le puso una mano en el hombro a Helga.

—Vamos. Tampoco quiero que te desveles, así que terminemos con esto lo más rápido posible.

—Pero no puedo volver a mi casa, ¿Cómo…?

—No te preocupes. Eso ya está arreglado, así que solo cuéntales a los policías lo que paso y olvídate de eso, ¿Sí?

La rubia asintió con la boca torcida, y subió al auto de los hombres en compañía de aquella mujer que tanto había hecho por ella.

Mucho más de lo que alguna vez se habían molestado en hacer sus padres.


¡Ah, dios! Apenas llevó unos cuantos capítulos y ya varias personas siguen la historia. Si la cosa sigue así, voy a terminar emocionándome más de la cuenta.

¡Muchas gracias a todos los que han agregado a favoritos, Cuando vuelvas a mí! Me hace muy feliz que les este gustando, y sobre todo que haya lectores y follows en el poco tiempo que llevó subiéndola.