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Capítulo 9
Sueños y Memorias
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Los personajes de Slayers pertenecen a su creador.
Gracias a Tira-misu, Peque, Zelda M., MGA_FGA, Auka de Black, Fanny Metallium, ZeLlaS MeTaLiUm, Maryhtta y Linita-Gabriev por sus reviews. Siempre son de mucho ánimo.
Esta vez quiero enviarle un saludito a los compañeros de clase de Zelda M... espero que este capítulo sea del agrado de todos.
Recuerditos a Vanshie, Fi-chan, Wolf Greywords, Alpha, Gabe y Raven.
¿Y los demás quieren saber qué le dijo Lina al dragón? Pues caramba.... que si no se portaba bien le iba a partir el alma con un drag slave... Jajajaja, no, no es cierto. Recuerdan que les mencione que el pobrecito dragón le tenía fobia a los pequeños animalitos que le trepan por la piel? Estoy segura que alguno de ustedes tendrá esa fobia, la mía son las arañas un poco grandes. Pues Lina es muy observadora y muy ¿cruel?, nahhh, no lo creo, (si claro). Así que ya saben. Por esta vez no hay adelanto a lo que va a suceder, así que sentaditos, no se vayan a caer.
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Las doncellas y Youki habían ido al bosque adjunto al valle para conseguir algo de comer mientras Gourry preparaba un fuego decente para pasar la noche. Lina estaba en un grave dilema puesto que tenía en sus manos tres dragones heridos, uno de ellos en muy mal estado, otro con quemaduras graves y el primero que habían capturado que tenía algunas fracturas. Se había dedicado primeramente al dragón herido. Xellos por su parte había tratado de ayudar a los otros dos dragones pero ninguno parecía demasiado ansioso por estar cerca del joven príncipe. Era como si existiera una repulsión innata en ellos hacia su sangre demoniaca. No se sorprendió demasiado pues ya lo había leído en los libros.
Lina por su parte, había permanecido callada en ese coto plazo. Mientras trataba de ayudar al dragón inconsciente se fijó en todos los detalles que lo diferenciaban de un humano y que en esos momentos eran claramente visibles. Le había recogido los largos cabellos para facilitarse el trabajo y haciéndolo había descubierto las puntiagudas orejas, como la de los elfos. El físico también era similar, con piel suave y clara, libre de marcas. El calor que emanaban era también unos grados más alto y el aura que los rodeaba tenía algo que la hacía pensar en las cosas sagradas. En el dragón que habían capturado ileso pudo ver ojos claros, con pupilas levemente alargadas.
Por unos instantes contempló la posibilidad de que Gourry fuera uno de ellos, tenía todos los atributos, cabello largo, complexión, piel. A excepción de las orejas, ojos y calor. Pero ella misma sabía que lo del calor era debatible. Sin quererlo se sonrojó al pensarlo. El ser bajo sus manos se estremeció, dejando escapar un profundo sonido entre queja y lamento. "¿Cómo te sientes?" Inquirió con suavidad. El joven tardó un poco en enfocar la vista pero finalmente se fijó en la joven que le hablaba.
La mirada del joven era dulce y con una calidad de inocencia que la sobrecogió. Sus ojos eran de un marrón levemente rosado y la nota de dolor que se reflejaba en ellos no podía nublar del todo su pristina claridad. Ahora Lina podía entender la extraña coloración del cabello de un color rosado casi blanco, como un complemento a la imagen total. El joven gimió suavemente al tratar de enderezarse. "Sshhh... no te muevas o te lastimarás." Pero el dragón, a pesar de sus heridas no se detuvo hasta estar en una posición menos vulnerable. Aquel había sido el dragón que más trabajo les había dado capturar.
"¿Dónde estoy?" Susurró quedamente.
"Fuiste herido por los guerreros del príncipe de Koubuchi... pero lo que empeoró la situación fue que tu propio Rey no consideró importante el que estuvieras en medio del campo de tiro." Le contestó la peliroja con algo de molestia. "He estado tratando de ayudarte, ¿cómo te sientes?"
"Mejor... gracias." Le contestó algo perdido aún. La observó un poco más, tratando de discernir algo que ella no podía entender. "No eres un demonio." Le dijo con simpleza. La peliroja se llevó una mano a la nuca y sonrió algo abochornada.
"Pues no creerías lo que algunos dicen de mí." Sonrió ampliamente y el joven pareció no entender demasiado. Lina supuso que aún estaría algo confundido después del trauma recibido. "Pero si ya te sientes mejor voy a continuar con tu amigo." Concluyó haciéndole señas hacia el lugar donde descansaba el segundo dragón que estaba en igual estado y el joven asintió, recostándose con cuidado. Mientras Lina recorría con sus manos el cuerpo del otro dragón sentía que era observada intensamente. Al mirar con el rabillo del ojo pudo comprobar que el joven la tenía en su mira y no le perdía un sólo movimiento.
El otro dragón que atendía tenía cabellos castaño claros con mechones de un dorado metálico cerca del rostro. Los con el mismo color metálico hicieron que Lina se estremeciera levemente. Este era uno de los dragones que ella había ayudado a capturar. Sin embargo en el momento de la batalla el dragón parecía estar cubierto de bronceados escudos en vez de escamas. Recordó lo dificil que había sido sujetarse, no como cuando había subido por el cuello del primer dragón.
"Lina, debes comer algo." Escuchó el susurro y no tuvo que voltearse para saber quién le hablaba.
"Gourry, ya te he dicho que puedo cuidarme sola. ¿Por qué no me dejas en paz? Ve a ver si Xellos necesita algo." Le dijo con enojo apenas contenido. En su lugar Xellos se volteó para prestar atención a lo que sucedía. La tensión y la negatividad que emanaba Lina eran enormes y el desánimo de Gourry era algo que no podía ignorar.
"Gourry..." Dijo mientras se ponía en pie. "¿Por qué no me ayudas a revisar a los dragones?" El rubio se quedó unos minutos atento a la espalda de Lina pero finalmente suspiró resignado y asintió.
"¿Qué es lo que sucede entre ustedes dos?" Le preguntó el príncipe tan pronto estuvieron fuera del alcance de los oidos de la peliroja. "Cuando me fui de Tougen todo era diferente."
"Las personas cambian, Xellos." Le respondió secamente.
"¿Tanto?" El rubio no respondió de inmediato pero finalmente se detuvo al lado de uno de los muchos árboles. "¿Por qué no hablamos un poco? Quizás pueda ayudarte." El rubio emitió una especie de gruñido sarcástico.
"¿Tú ayudarme? Hace seis años solía ser todo lo contrario." El rubio cruzó los brazos sobre su pecho. "¿Cómo se puede olvidar por seis años que tenías amigos que hubieran dado la vida por ti de ser necesario?" Le reclamó con algo de amargura. "No tienes idea de cuánto pueden cambiar las personas en seis años. No cuando ni siquiera te permitiste una comunicación."
"¿Por qué todos insisten en que no escribí?" Exclamó exhasperado el príncipe de Koubuchi extendiendo los brazos. "Estuve tratando de comunicarme todo este tiempo y no recibí ni una sola respuesta. Ni siquiera de la buena Amelia. Aunque no estoy tan decepcionado por eso..." Su rostro se arrugó con malestar para luego quedar serenamente serio. "A pesar de la distancia aun podía sentirlos.... podía sentir, vagamente pero podía hacerlo." Se alejó un poco y observó por entre la copa de los árboles las estrellas que brillaban con fuerza al faltarles la competencia del astro menor. "Yo tampoco recibí comunicación. Aún así traté de comunicarme todo este tiempo. No es como si pudiera dejar de sentir a Filia aunque quisiera."
"¿Es por el hechizo?"
"Quizás." Le respondió con media sonrisa que el rubio no pudo ver porque Xellos le estaba dando la espalda. El príncipe pudo sentir más que ver que Gourry se relajaba contra el tronco del árbol y para sus adentros pensó que todos estaban ciegos cuando pensaban que Gourry no podía entenderlos. El problema estribaba en que olvidaba que ellos mismos no habían aprendido a ser sinceros consigo mismos. Por eso le extrañaba que ahora tuviera problemas con la princesa de Herufaia. "¿Cuál es el problema con Lina? Puedo ver que la traes de cabeza, pero no logro entender por qué está tan enojada contigo."
El rubio se acercó y comenzó a contemplar no las estrellas, como hacía Xellos, sino la obscuridad que los árboles proyectaban sobre ellos. "¿Recuerdas lo mucho que le molestó cuando supo que los padres de Zelgadis y Amelia los habían comprometido?"
"¿Cómo no recordarlo? Coincidió con la promesa de compromiso de Filia."
"Nuestros padres decidieron hacer lo mismo." Dijo con simpleza y encogiéndose de hombros.
"Sigo sin ver el problema."
"Lina quería asegurarse de que sus padres no pudieran elegir su prometido. Ella quería... alguien que pudiera vencerla en batalla." Gourry asumió una pose algo extraña, como si le doliera lo que estaba a punto de decir. "Lina sabe que yo no podría enfrentarme a ella... no porque me sobrepase en magia, que yo no tengo ninguna que me sirva, sino porque jamás podría intentar hacerle daño." Bajó la cabeza mientras se acariciaba los brazos con lentitud. "¿Cómo se supone que voy a levantar una espada contra ella si cada vez que siento que está en problemas no puedo evitar protegerla? He tratado de no hacerlo pero no puedo evitarlo."
Se quedaron en silencio un buen rato, Xellos asimilando la información que acababa de recibir y Gourry tratando de volver bajo control el dolor que le provocaba el recuerdo. No sólo Lina había puesto tropiezo a sus sentimientos, sino que en el momento en que se había enterado de los planes de sus padres se había distanciado visiblemente de él. Eso, más que nada, le había provocado una tristeza tan profunda que por casi un año no pudo desempeñarse con su arma favorita.
"Quizás Lina no desea que te enfrentes a ella." Se aventuró a comentar el príncipe. Gourry le devolvió una mirada curiosa que lo instó a continuar. "Quizás no debes vencerla en una batalla cuerpo a cuerpo." Dijo al tiempo que se llevaba un dedo a la sien. El rubio se echó a reir calmadamente.
"Las mujeres son mucho más complicadas de lo que pensaba. ¿Por qué no pueden decir lo que quieren en realidad?"
"Lina es el epítome de lo práctico. Pero no por eso deja de ser mujer. Pienso... que deberías complacerla. Al fin y al cabo ella tendrá que darte la misma batalla, sólo que tú tienes una ventaja sobre ella." Sonrió un poco más ampliamente cuando el rubio volvió a darle aquella mirada curiosa. "Tú sabes lo que ella quiere mientras que ella no está muy segura."
"Vaya... sí que te extrañaba." Sonrió el rubio con una sonrisa franca. "Y también extrañaba mucho a Youki." Xellos sintió como si lo hubieran abofeteado de la sorpresa mientras que el rubio le daba una sonrisa divertida que parecía mostrar sus caninos.
Luego de aquella charla ambos regresaron para encontrar tres dragones profundamente dormidos y Lina charlando animadamente con el cuarto. El joven parecía estar fascinado con algo que Lina le estaba describiendo con emoción. Mientras ambos hablaban cerca del fuego, Youki y sus doncellas habían regresado con suficiente comida para todos. Gourry se mantuvo cerca del fuego pero no cerca de Lina aunque si se le observaba de cerca podía notarse una nota de travesura en las claras profundidades.
"Lina." Xellos hizo un gesto para que la peliroja se acercara. El joven dragón no quitó la vista ni un momento de la joven. Lina se sentó en el lugar que Xellos le ofrecía. "Nosotros no podemos acercarnos pero ustedes sí. ¿Has logrado sacar alguna información de los dragones?" La peliroja asintió.
"Los cinco dragones que vimos son los guardianes de la torre."
"Dime algo que no sepa."
"¡Hey, cállate y escúchame!" Xellos murmuró algo entre dientes y le dio una mirada seria pero le hizo seña para que continuara.
"Bien. Como decía. Los cinco dragones son los guardianes de la torre. Ser guardián de la torre es como una especie de castigo. Pienso que es por eso que al Rey no le importó atacarlos también. Ningún dragón aparte de los guardianes puede tocar la torre y hasta hace unos días nunca hubo nada en ella." Lina se puso algo seria ante de continuar. "También dijeron que Filia es la princesa perdida."
"¿Princesa perdida?"
"Una princesa dragón."
Hubo un largo silencio mientras Xellos trataba de interpretar la información. Pero Filia no tenía una sola característica de los dragones, ¿cómo podía ser una de ellos? Y si lo era... ¿cómo había podido llevarse con él que era un demonio. Según los libros... Las palabras de Youki le vinieron a la mente. *Si creyera en todo lo que dicen los libros literalmente ninguno de nosotros podría ser un demonio.* Supuso entonces que la misma teoría aplicaba a los dragones.
"No van a devolvérnosla tan fácilmente entonces." Lina negó con la cabeza.
"No creo que puedan detener tan fácilmente a Filia tampoco." Respondió Lina con una extraña seguridad.
"Necesitamos comunicarnos con ella." Dijo finalmente Xellos.
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Valteria se estremeció levemente, se sentía transitar entre la consciencia y el sueño. Llevaba un buen rato intentando abrir los ojos pero por más que trataba seguía viendo el mismo paisaje que le indicaba que continuaba soñando. Suspiró con desesperación mientras trataba de no sucumbir a la idea de no luchar. Sintió la caricia de una mano recorrerle la espalda desde la punta de la cabeza, trató nuevamente de despertarse, pero la agradable sensación lo arrulló de vuelta al descanso.
Regresó al paisaje, sabía que estaba soñando porque al mirar al cielo todo estaba estáticamente sereno. Se hallaba en la torre, sentado cómodamente sobre los mismos cojines. En su regazo descansaba una pequeña niña dragón de rubios cabellos. Su infantil rostro relajado, los diminutos dedos rosados aferrados a uno de sus mechones acuamarinos. Sonrió con el recuerdo y la acomodó más cerca de su pecho.
Un dragón de doradas escamas se posó en el borde de la torre y tomó su forma humanoide. "¡Valteria! Todos están preocupados, ¿por qué no le dijiste a nadie que estarías aquí con Filia?" La voz se escuchaba líquida, con una lejanía que se hacía eco en todos los rincones de su inconsciencia.
"¿No crees que es hermosa? Y ya sabe pronunciar mi nombre." Sonrió ampliamente sin levantar la mirada. Estaba orgulloso de ella, de su pequeña niña dragón. Había estado allí cuando la criatura rompió el duro cascarón, incluso había quitado parte del mismo y en un instante la pequeña se había aferrado a sus manos. Como todo dragón recién nacido tenía fuerza suficiente para sobrevivir sola de haberse dado el caso. Pero ella era especial... Ella era su prima.
"¿Valteria, es que no me estás escuchando?"
"Claro que te escuché Mil. Sólo que... Filia quería venir a la torre." El joven de fríos ojos azules lo observó condescendientemente.
Finalmente forzó un suspiro que le quitó algunos mechones platinados del rostro. "Bien, bien. Pero es hora de regresar, si quieres puedo llevarlos, así no despertará." Valteria asintió y con cuidado se puso en pie con su preciosa carga en brazos.
El paisaje cambió abruptamente, el cielo se había obscurecido y Valteria se encontró en la torre con las manos vacías y un sentimiento que le desgarraba el alma en vibrantes pedazos de dolor. "¿Por qué ella? ¿Por qué no otra? ¿Mil, por qué?" Le gritó con la voz desgarrada del dolor y de la ira.
"Podríamos tratar de cambiar la profecía de alguna forma." Le dijo esperanzado el rubio. Valteria se llevó las manos al cabello y comenzó a sujetarse la cabeza con fuerza. Su primo temió que pronto se arrancaría varios mechones.
"Ella nunca va a ser tocada por un demonio, Mil, nunca. Yo me aseguraré de eso." El brillo en sus ojos hizo que Milliardo retrocediera levemente. "Nunca... nunca..." Repetía como un mantra y tomó su forma draconiana, dejando a su primo con la palabra en la boca.
El cielo se obscureció un poco más. Había tomado una decisión y mientras caminaba en dirección al cuarto donde sabía que descansaba la pequeña Filia el dolor en su pecho iba en aumento. Era un dolor que amenazaba con hacerle perder la cordura. Sabía que no podría vivir con las consecuencias de su propia decisión, por lo que, mientras en una mano llevaba un pequeño frasco de un líquido incoloro que le provocaría la muerte a la criatura sin dolor, en la otra llevaba una daga que no sabía siquiera de dónde había tomado. Tan erráticos eran sus pensamientos que no atinó a razonar cuando levantó las sábanas de la cuna y la encontró vacía.
"¿Filia?" El frasco cayó al suelo completamente olvidado y se rompió en mil pedazos. "¡Filia!" La cuna quedó destrozada en unos segundos cuando con afiladas garras terminó por quitar todo lo que había dentro de ella. "¡¡Filia, Filia!!" Su cuerpo se comenzó a estremecer violentamente, reaccionando con el sonido del arma metálica al caer al suelo.
Tomó una profunda respiración y comenzó a gritar con todas sus fuerzas, su forma draconiana destruyendo la habitación por completo. Y mientras gritaba pudo sentir cuando la pesada neblina del paisaje se levantó repentinamente y se halló sentado en la torre, sobre los almohadones. La noche cubría el cielo tras la cúpula de roca. Buscó a todos lados azorado hasta que unos cabellos dorados desparramados cerca de él le llamaron la atención.
"Filia..."
El susurro estaba lleno de alivio y cuajado de una extraña felicidad. Extendió la mano hacia el sedoso oro y tocó las finas hebras con un sentimiento que había enterrado en lo profundo de su corazón hacía mucho tiempo.
Trató de acercarse pero de inmediato supo que había sido mala idea. No pudo contener un pequeño gemido que despertó a la joven a su lado. Filia retrocedió de inmediato al verlo sentado tan cerca. No había miedo en los hermosos ojos azules, pero sí una desconfianza que le dolía profundamente. Se regresó a la posición que tenía hacía unos momentos pero ocultando la mirada tras una cortina acuamarina. Su Filia ya no confiaba en él... lo peor de todo aquello era que Filia había dejado de ser suya hacía mucho tiempo.
"¿Cómo...?" Trató de hablar y la garganta le ardió. Aquella magia le había quemado tanto el exterior como el interior de su cuerpo y aún sentía los efectos. Filia escuchó la voz rasposa, en nada parecida a la que le recordaba al Rey. Ella sabía lo que el hechizo de Lina podía hacer aunque nunca había tenido que atender a una vícitma del mismo por lo que había olvidado las heridas que seguramente se escondían en el interior del cuerpo.
A pesar de la enorme necesidad que sentía de alejarse de Valteria también tenía sentimientos encontrados. Le era claro que el Rey no estaba a su favor, pero si Milliardo era capaz de mostrar compasión por él entonces debía haber algo bueno en su interior. Se acercó con lentitud y muy atenta a cualquier reacción de parte del joven.
Elevó su mano hasta la altura de su garganta, fue ahí cuando Valteria se percató de la cercanía. Sus almendrados ojos se aferraron al rostro de ella con asombro. Filia acercó su mano un poco más hasta tocar con la punta de los dedos el centro de la garganta, la luz blanquecina anunció la utilización de su poder para restaurar las heridas y a pesar de tener los ojos puestos en la garganta de Valteria, no pudo menos que elevarlos hasta los del Rey cuando lo sintió contener un suave sollozo.
La blanca luz brilló intensamente por unos segundos adicionales y luego desapareció. Filia retiró la mano con lentitud. La actitud del Rey la tenía paralizada y no era para menos. El joven Valteria temblaba suavemente y sus ojos brillaban intensamente con el calor de las lágrimas contenidas. Los segundos se escurrían con pasmosa lentitud, congelados en una eternidad cuajada de silenciosas preguntas.
"Filia..."
Nuevamente el nombre escapaba de sus labios como una melodía que sanaba su alma. Como una reconciliación entre sus sentimientos y sus pensamientos. Un susurro que le llenaba de luz y espantaba las sombras de su corazón.
Filia lo observaba con enormes ojos azules. Claro que ya no era la pequeña criatura que adorara. Pero sería un tonto si desperdiciaba la oportunidad de tenerla en su vida nuevamente. Sin embargo, aún quedaba algo por resolver. Se acercó con una rapidez que su cuerpo resintió, llevando una mano a la nuca de Filia y acercándola a sus labios.
Filia cerró los ojos asustada pensando que nuevamente el Rey intentaría besarla en la boca, sin embargo cuando sintió una cálida respiración en su frente los abrió nuevamente sorprendida. Valteria le acababa de dar un beso en la fente y el hechizo no se había activado en su contra a pesar de permanecer unos segundos en esa extraña posición. Cuando se alejó de ella su cuerpo había dejado de temblar y una pequeñísima sonrisa se asomaba a las comisuras de sus labios.
"Perdóname, pequeña." La ternura que aquellas palabras transmitieron estremecieron a la rubia y su mente conjuró memorias que alguna vez habían sido enterradas en su corazón.
Valteria se levantó a pesar de las protesta de su cuerpo y con paso forzado se dejó caer del borde del precipicio en un profundo clavado, unos segundos más tarde un negro volúmen de escamas y plumas se deslizó por el azuloso firmamento.
Filia se quedó allí sentada sin saber qué hacer ni qué sentir, observando cómo el Rey se alejaba con lentitud de la torre. En su lugar frente a la hoguera Xellos sintió una corriente de reconfortante tranquilidad y dirigió la mirada a la silueta de la torre que podía verse por sobre la copa de los árboles.
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Bueno, dudas, preguntas, críticas constructivas, flamas, todo es bienvenido. Espero que les haya gustado este capítulo. A mí me entretuvo mucho escribirlo.
Gracias por todo y quiero dejarle un mensajito a Karo, haz lo que te gusta y lo que te anima. Cúrate en salud, con La Columna. Recuerda que se te quiere de gratis.
Capítulo 9
Sueños y Memorias
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Los personajes de Slayers pertenecen a su creador.
Gracias a Tira-misu, Peque, Zelda M., MGA_FGA, Auka de Black, Fanny Metallium, ZeLlaS MeTaLiUm, Maryhtta y Linita-Gabriev por sus reviews. Siempre son de mucho ánimo.
Esta vez quiero enviarle un saludito a los compañeros de clase de Zelda M... espero que este capítulo sea del agrado de todos.
Recuerditos a Vanshie, Fi-chan, Wolf Greywords, Alpha, Gabe y Raven.
¿Y los demás quieren saber qué le dijo Lina al dragón? Pues caramba.... que si no se portaba bien le iba a partir el alma con un drag slave... Jajajaja, no, no es cierto. Recuerdan que les mencione que el pobrecito dragón le tenía fobia a los pequeños animalitos que le trepan por la piel? Estoy segura que alguno de ustedes tendrá esa fobia, la mía son las arañas un poco grandes. Pues Lina es muy observadora y muy ¿cruel?, nahhh, no lo creo, (si claro). Así que ya saben. Por esta vez no hay adelanto a lo que va a suceder, así que sentaditos, no se vayan a caer.
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Las doncellas y Youki habían ido al bosque adjunto al valle para conseguir algo de comer mientras Gourry preparaba un fuego decente para pasar la noche. Lina estaba en un grave dilema puesto que tenía en sus manos tres dragones heridos, uno de ellos en muy mal estado, otro con quemaduras graves y el primero que habían capturado que tenía algunas fracturas. Se había dedicado primeramente al dragón herido. Xellos por su parte había tratado de ayudar a los otros dos dragones pero ninguno parecía demasiado ansioso por estar cerca del joven príncipe. Era como si existiera una repulsión innata en ellos hacia su sangre demoniaca. No se sorprendió demasiado pues ya lo había leído en los libros.
Lina por su parte, había permanecido callada en ese coto plazo. Mientras trataba de ayudar al dragón inconsciente se fijó en todos los detalles que lo diferenciaban de un humano y que en esos momentos eran claramente visibles. Le había recogido los largos cabellos para facilitarse el trabajo y haciéndolo había descubierto las puntiagudas orejas, como la de los elfos. El físico también era similar, con piel suave y clara, libre de marcas. El calor que emanaban era también unos grados más alto y el aura que los rodeaba tenía algo que la hacía pensar en las cosas sagradas. En el dragón que habían capturado ileso pudo ver ojos claros, con pupilas levemente alargadas.
Por unos instantes contempló la posibilidad de que Gourry fuera uno de ellos, tenía todos los atributos, cabello largo, complexión, piel. A excepción de las orejas, ojos y calor. Pero ella misma sabía que lo del calor era debatible. Sin quererlo se sonrojó al pensarlo. El ser bajo sus manos se estremeció, dejando escapar un profundo sonido entre queja y lamento. "¿Cómo te sientes?" Inquirió con suavidad. El joven tardó un poco en enfocar la vista pero finalmente se fijó en la joven que le hablaba.
La mirada del joven era dulce y con una calidad de inocencia que la sobrecogió. Sus ojos eran de un marrón levemente rosado y la nota de dolor que se reflejaba en ellos no podía nublar del todo su pristina claridad. Ahora Lina podía entender la extraña coloración del cabello de un color rosado casi blanco, como un complemento a la imagen total. El joven gimió suavemente al tratar de enderezarse. "Sshhh... no te muevas o te lastimarás." Pero el dragón, a pesar de sus heridas no se detuvo hasta estar en una posición menos vulnerable. Aquel había sido el dragón que más trabajo les había dado capturar.
"¿Dónde estoy?" Susurró quedamente.
"Fuiste herido por los guerreros del príncipe de Koubuchi... pero lo que empeoró la situación fue que tu propio Rey no consideró importante el que estuvieras en medio del campo de tiro." Le contestó la peliroja con algo de molestia. "He estado tratando de ayudarte, ¿cómo te sientes?"
"Mejor... gracias." Le contestó algo perdido aún. La observó un poco más, tratando de discernir algo que ella no podía entender. "No eres un demonio." Le dijo con simpleza. La peliroja se llevó una mano a la nuca y sonrió algo abochornada.
"Pues no creerías lo que algunos dicen de mí." Sonrió ampliamente y el joven pareció no entender demasiado. Lina supuso que aún estaría algo confundido después del trauma recibido. "Pero si ya te sientes mejor voy a continuar con tu amigo." Concluyó haciéndole señas hacia el lugar donde descansaba el segundo dragón que estaba en igual estado y el joven asintió, recostándose con cuidado. Mientras Lina recorría con sus manos el cuerpo del otro dragón sentía que era observada intensamente. Al mirar con el rabillo del ojo pudo comprobar que el joven la tenía en su mira y no le perdía un sólo movimiento.
El otro dragón que atendía tenía cabellos castaño claros con mechones de un dorado metálico cerca del rostro. Los con el mismo color metálico hicieron que Lina se estremeciera levemente. Este era uno de los dragones que ella había ayudado a capturar. Sin embargo en el momento de la batalla el dragón parecía estar cubierto de bronceados escudos en vez de escamas. Recordó lo dificil que había sido sujetarse, no como cuando había subido por el cuello del primer dragón.
"Lina, debes comer algo." Escuchó el susurro y no tuvo que voltearse para saber quién le hablaba.
"Gourry, ya te he dicho que puedo cuidarme sola. ¿Por qué no me dejas en paz? Ve a ver si Xellos necesita algo." Le dijo con enojo apenas contenido. En su lugar Xellos se volteó para prestar atención a lo que sucedía. La tensión y la negatividad que emanaba Lina eran enormes y el desánimo de Gourry era algo que no podía ignorar.
"Gourry..." Dijo mientras se ponía en pie. "¿Por qué no me ayudas a revisar a los dragones?" El rubio se quedó unos minutos atento a la espalda de Lina pero finalmente suspiró resignado y asintió.
"¿Qué es lo que sucede entre ustedes dos?" Le preguntó el príncipe tan pronto estuvieron fuera del alcance de los oidos de la peliroja. "Cuando me fui de Tougen todo era diferente."
"Las personas cambian, Xellos." Le respondió secamente.
"¿Tanto?" El rubio no respondió de inmediato pero finalmente se detuvo al lado de uno de los muchos árboles. "¿Por qué no hablamos un poco? Quizás pueda ayudarte." El rubio emitió una especie de gruñido sarcástico.
"¿Tú ayudarme? Hace seis años solía ser todo lo contrario." El rubio cruzó los brazos sobre su pecho. "¿Cómo se puede olvidar por seis años que tenías amigos que hubieran dado la vida por ti de ser necesario?" Le reclamó con algo de amargura. "No tienes idea de cuánto pueden cambiar las personas en seis años. No cuando ni siquiera te permitiste una comunicación."
"¿Por qué todos insisten en que no escribí?" Exclamó exhasperado el príncipe de Koubuchi extendiendo los brazos. "Estuve tratando de comunicarme todo este tiempo y no recibí ni una sola respuesta. Ni siquiera de la buena Amelia. Aunque no estoy tan decepcionado por eso..." Su rostro se arrugó con malestar para luego quedar serenamente serio. "A pesar de la distancia aun podía sentirlos.... podía sentir, vagamente pero podía hacerlo." Se alejó un poco y observó por entre la copa de los árboles las estrellas que brillaban con fuerza al faltarles la competencia del astro menor. "Yo tampoco recibí comunicación. Aún así traté de comunicarme todo este tiempo. No es como si pudiera dejar de sentir a Filia aunque quisiera."
"¿Es por el hechizo?"
"Quizás." Le respondió con media sonrisa que el rubio no pudo ver porque Xellos le estaba dando la espalda. El príncipe pudo sentir más que ver que Gourry se relajaba contra el tronco del árbol y para sus adentros pensó que todos estaban ciegos cuando pensaban que Gourry no podía entenderlos. El problema estribaba en que olvidaba que ellos mismos no habían aprendido a ser sinceros consigo mismos. Por eso le extrañaba que ahora tuviera problemas con la princesa de Herufaia. "¿Cuál es el problema con Lina? Puedo ver que la traes de cabeza, pero no logro entender por qué está tan enojada contigo."
El rubio se acercó y comenzó a contemplar no las estrellas, como hacía Xellos, sino la obscuridad que los árboles proyectaban sobre ellos. "¿Recuerdas lo mucho que le molestó cuando supo que los padres de Zelgadis y Amelia los habían comprometido?"
"¿Cómo no recordarlo? Coincidió con la promesa de compromiso de Filia."
"Nuestros padres decidieron hacer lo mismo." Dijo con simpleza y encogiéndose de hombros.
"Sigo sin ver el problema."
"Lina quería asegurarse de que sus padres no pudieran elegir su prometido. Ella quería... alguien que pudiera vencerla en batalla." Gourry asumió una pose algo extraña, como si le doliera lo que estaba a punto de decir. "Lina sabe que yo no podría enfrentarme a ella... no porque me sobrepase en magia, que yo no tengo ninguna que me sirva, sino porque jamás podría intentar hacerle daño." Bajó la cabeza mientras se acariciaba los brazos con lentitud. "¿Cómo se supone que voy a levantar una espada contra ella si cada vez que siento que está en problemas no puedo evitar protegerla? He tratado de no hacerlo pero no puedo evitarlo."
Se quedaron en silencio un buen rato, Xellos asimilando la información que acababa de recibir y Gourry tratando de volver bajo control el dolor que le provocaba el recuerdo. No sólo Lina había puesto tropiezo a sus sentimientos, sino que en el momento en que se había enterado de los planes de sus padres se había distanciado visiblemente de él. Eso, más que nada, le había provocado una tristeza tan profunda que por casi un año no pudo desempeñarse con su arma favorita.
"Quizás Lina no desea que te enfrentes a ella." Se aventuró a comentar el príncipe. Gourry le devolvió una mirada curiosa que lo instó a continuar. "Quizás no debes vencerla en una batalla cuerpo a cuerpo." Dijo al tiempo que se llevaba un dedo a la sien. El rubio se echó a reir calmadamente.
"Las mujeres son mucho más complicadas de lo que pensaba. ¿Por qué no pueden decir lo que quieren en realidad?"
"Lina es el epítome de lo práctico. Pero no por eso deja de ser mujer. Pienso... que deberías complacerla. Al fin y al cabo ella tendrá que darte la misma batalla, sólo que tú tienes una ventaja sobre ella." Sonrió un poco más ampliamente cuando el rubio volvió a darle aquella mirada curiosa. "Tú sabes lo que ella quiere mientras que ella no está muy segura."
"Vaya... sí que te extrañaba." Sonrió el rubio con una sonrisa franca. "Y también extrañaba mucho a Youki." Xellos sintió como si lo hubieran abofeteado de la sorpresa mientras que el rubio le daba una sonrisa divertida que parecía mostrar sus caninos.
Luego de aquella charla ambos regresaron para encontrar tres dragones profundamente dormidos y Lina charlando animadamente con el cuarto. El joven parecía estar fascinado con algo que Lina le estaba describiendo con emoción. Mientras ambos hablaban cerca del fuego, Youki y sus doncellas habían regresado con suficiente comida para todos. Gourry se mantuvo cerca del fuego pero no cerca de Lina aunque si se le observaba de cerca podía notarse una nota de travesura en las claras profundidades.
"Lina." Xellos hizo un gesto para que la peliroja se acercara. El joven dragón no quitó la vista ni un momento de la joven. Lina se sentó en el lugar que Xellos le ofrecía. "Nosotros no podemos acercarnos pero ustedes sí. ¿Has logrado sacar alguna información de los dragones?" La peliroja asintió.
"Los cinco dragones que vimos son los guardianes de la torre."
"Dime algo que no sepa."
"¡Hey, cállate y escúchame!" Xellos murmuró algo entre dientes y le dio una mirada seria pero le hizo seña para que continuara.
"Bien. Como decía. Los cinco dragones son los guardianes de la torre. Ser guardián de la torre es como una especie de castigo. Pienso que es por eso que al Rey no le importó atacarlos también. Ningún dragón aparte de los guardianes puede tocar la torre y hasta hace unos días nunca hubo nada en ella." Lina se puso algo seria ante de continuar. "También dijeron que Filia es la princesa perdida."
"¿Princesa perdida?"
"Una princesa dragón."
Hubo un largo silencio mientras Xellos trataba de interpretar la información. Pero Filia no tenía una sola característica de los dragones, ¿cómo podía ser una de ellos? Y si lo era... ¿cómo había podido llevarse con él que era un demonio. Según los libros... Las palabras de Youki le vinieron a la mente. *Si creyera en todo lo que dicen los libros literalmente ninguno de nosotros podría ser un demonio.* Supuso entonces que la misma teoría aplicaba a los dragones.
"No van a devolvérnosla tan fácilmente entonces." Lina negó con la cabeza.
"No creo que puedan detener tan fácilmente a Filia tampoco." Respondió Lina con una extraña seguridad.
"Necesitamos comunicarnos con ella." Dijo finalmente Xellos.
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Valteria se estremeció levemente, se sentía transitar entre la consciencia y el sueño. Llevaba un buen rato intentando abrir los ojos pero por más que trataba seguía viendo el mismo paisaje que le indicaba que continuaba soñando. Suspiró con desesperación mientras trataba de no sucumbir a la idea de no luchar. Sintió la caricia de una mano recorrerle la espalda desde la punta de la cabeza, trató nuevamente de despertarse, pero la agradable sensación lo arrulló de vuelta al descanso.
Regresó al paisaje, sabía que estaba soñando porque al mirar al cielo todo estaba estáticamente sereno. Se hallaba en la torre, sentado cómodamente sobre los mismos cojines. En su regazo descansaba una pequeña niña dragón de rubios cabellos. Su infantil rostro relajado, los diminutos dedos rosados aferrados a uno de sus mechones acuamarinos. Sonrió con el recuerdo y la acomodó más cerca de su pecho.
Un dragón de doradas escamas se posó en el borde de la torre y tomó su forma humanoide. "¡Valteria! Todos están preocupados, ¿por qué no le dijiste a nadie que estarías aquí con Filia?" La voz se escuchaba líquida, con una lejanía que se hacía eco en todos los rincones de su inconsciencia.
"¿No crees que es hermosa? Y ya sabe pronunciar mi nombre." Sonrió ampliamente sin levantar la mirada. Estaba orgulloso de ella, de su pequeña niña dragón. Había estado allí cuando la criatura rompió el duro cascarón, incluso había quitado parte del mismo y en un instante la pequeña se había aferrado a sus manos. Como todo dragón recién nacido tenía fuerza suficiente para sobrevivir sola de haberse dado el caso. Pero ella era especial... Ella era su prima.
"¿Valteria, es que no me estás escuchando?"
"Claro que te escuché Mil. Sólo que... Filia quería venir a la torre." El joven de fríos ojos azules lo observó condescendientemente.
Finalmente forzó un suspiro que le quitó algunos mechones platinados del rostro. "Bien, bien. Pero es hora de regresar, si quieres puedo llevarlos, así no despertará." Valteria asintió y con cuidado se puso en pie con su preciosa carga en brazos.
El paisaje cambió abruptamente, el cielo se había obscurecido y Valteria se encontró en la torre con las manos vacías y un sentimiento que le desgarraba el alma en vibrantes pedazos de dolor. "¿Por qué ella? ¿Por qué no otra? ¿Mil, por qué?" Le gritó con la voz desgarrada del dolor y de la ira.
"Podríamos tratar de cambiar la profecía de alguna forma." Le dijo esperanzado el rubio. Valteria se llevó las manos al cabello y comenzó a sujetarse la cabeza con fuerza. Su primo temió que pronto se arrancaría varios mechones.
"Ella nunca va a ser tocada por un demonio, Mil, nunca. Yo me aseguraré de eso." El brillo en sus ojos hizo que Milliardo retrocediera levemente. "Nunca... nunca..." Repetía como un mantra y tomó su forma draconiana, dejando a su primo con la palabra en la boca.
El cielo se obscureció un poco más. Había tomado una decisión y mientras caminaba en dirección al cuarto donde sabía que descansaba la pequeña Filia el dolor en su pecho iba en aumento. Era un dolor que amenazaba con hacerle perder la cordura. Sabía que no podría vivir con las consecuencias de su propia decisión, por lo que, mientras en una mano llevaba un pequeño frasco de un líquido incoloro que le provocaría la muerte a la criatura sin dolor, en la otra llevaba una daga que no sabía siquiera de dónde había tomado. Tan erráticos eran sus pensamientos que no atinó a razonar cuando levantó las sábanas de la cuna y la encontró vacía.
"¿Filia?" El frasco cayó al suelo completamente olvidado y se rompió en mil pedazos. "¡Filia!" La cuna quedó destrozada en unos segundos cuando con afiladas garras terminó por quitar todo lo que había dentro de ella. "¡¡Filia, Filia!!" Su cuerpo se comenzó a estremecer violentamente, reaccionando con el sonido del arma metálica al caer al suelo.
Tomó una profunda respiración y comenzó a gritar con todas sus fuerzas, su forma draconiana destruyendo la habitación por completo. Y mientras gritaba pudo sentir cuando la pesada neblina del paisaje se levantó repentinamente y se halló sentado en la torre, sobre los almohadones. La noche cubría el cielo tras la cúpula de roca. Buscó a todos lados azorado hasta que unos cabellos dorados desparramados cerca de él le llamaron la atención.
"Filia..."
El susurro estaba lleno de alivio y cuajado de una extraña felicidad. Extendió la mano hacia el sedoso oro y tocó las finas hebras con un sentimiento que había enterrado en lo profundo de su corazón hacía mucho tiempo.
Trató de acercarse pero de inmediato supo que había sido mala idea. No pudo contener un pequeño gemido que despertó a la joven a su lado. Filia retrocedió de inmediato al verlo sentado tan cerca. No había miedo en los hermosos ojos azules, pero sí una desconfianza que le dolía profundamente. Se regresó a la posición que tenía hacía unos momentos pero ocultando la mirada tras una cortina acuamarina. Su Filia ya no confiaba en él... lo peor de todo aquello era que Filia había dejado de ser suya hacía mucho tiempo.
"¿Cómo...?" Trató de hablar y la garganta le ardió. Aquella magia le había quemado tanto el exterior como el interior de su cuerpo y aún sentía los efectos. Filia escuchó la voz rasposa, en nada parecida a la que le recordaba al Rey. Ella sabía lo que el hechizo de Lina podía hacer aunque nunca había tenido que atender a una vícitma del mismo por lo que había olvidado las heridas que seguramente se escondían en el interior del cuerpo.
A pesar de la enorme necesidad que sentía de alejarse de Valteria también tenía sentimientos encontrados. Le era claro que el Rey no estaba a su favor, pero si Milliardo era capaz de mostrar compasión por él entonces debía haber algo bueno en su interior. Se acercó con lentitud y muy atenta a cualquier reacción de parte del joven.
Elevó su mano hasta la altura de su garganta, fue ahí cuando Valteria se percató de la cercanía. Sus almendrados ojos se aferraron al rostro de ella con asombro. Filia acercó su mano un poco más hasta tocar con la punta de los dedos el centro de la garganta, la luz blanquecina anunció la utilización de su poder para restaurar las heridas y a pesar de tener los ojos puestos en la garganta de Valteria, no pudo menos que elevarlos hasta los del Rey cuando lo sintió contener un suave sollozo.
La blanca luz brilló intensamente por unos segundos adicionales y luego desapareció. Filia retiró la mano con lentitud. La actitud del Rey la tenía paralizada y no era para menos. El joven Valteria temblaba suavemente y sus ojos brillaban intensamente con el calor de las lágrimas contenidas. Los segundos se escurrían con pasmosa lentitud, congelados en una eternidad cuajada de silenciosas preguntas.
"Filia..."
Nuevamente el nombre escapaba de sus labios como una melodía que sanaba su alma. Como una reconciliación entre sus sentimientos y sus pensamientos. Un susurro que le llenaba de luz y espantaba las sombras de su corazón.
Filia lo observaba con enormes ojos azules. Claro que ya no era la pequeña criatura que adorara. Pero sería un tonto si desperdiciaba la oportunidad de tenerla en su vida nuevamente. Sin embargo, aún quedaba algo por resolver. Se acercó con una rapidez que su cuerpo resintió, llevando una mano a la nuca de Filia y acercándola a sus labios.
Filia cerró los ojos asustada pensando que nuevamente el Rey intentaría besarla en la boca, sin embargo cuando sintió una cálida respiración en su frente los abrió nuevamente sorprendida. Valteria le acababa de dar un beso en la fente y el hechizo no se había activado en su contra a pesar de permanecer unos segundos en esa extraña posición. Cuando se alejó de ella su cuerpo había dejado de temblar y una pequeñísima sonrisa se asomaba a las comisuras de sus labios.
"Perdóname, pequeña." La ternura que aquellas palabras transmitieron estremecieron a la rubia y su mente conjuró memorias que alguna vez habían sido enterradas en su corazón.
Valteria se levantó a pesar de las protesta de su cuerpo y con paso forzado se dejó caer del borde del precipicio en un profundo clavado, unos segundos más tarde un negro volúmen de escamas y plumas se deslizó por el azuloso firmamento.
Filia se quedó allí sentada sin saber qué hacer ni qué sentir, observando cómo el Rey se alejaba con lentitud de la torre. En su lugar frente a la hoguera Xellos sintió una corriente de reconfortante tranquilidad y dirigió la mirada a la silueta de la torre que podía verse por sobre la copa de los árboles.
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Bueno, dudas, preguntas, críticas constructivas, flamas, todo es bienvenido. Espero que les haya gustado este capítulo. A mí me entretuvo mucho escribirlo.
Gracias por todo y quiero dejarle un mensajito a Karo, haz lo que te gusta y lo que te anima. Cúrate en salud, con La Columna. Recuerda que se te quiere de gratis.
