Hola, pequeños saltamontes eue.

Pues estoy feliz, lalalala, cuando lean el capítulo sabrán porqué xD. Y les agradezco mucho a todas aquellas personitas que siempre comentan y me hacen saber todo lo que su mente máquina, asljkdaslak y también a quiénes leen entre las sombras(?) uvu.

No se salten las notas finales, que ahí tengo algo que decirles :3

Espero disfruten el capítulo y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.


En Londres corría un viento que calaba los huesos, ciertamente, toda la gente estaba cubierta, porque el otoño ya se acercaba y también Halloween. Aunque eso no era algo que le interesara a Alex, que por simple inercia había ido a Chedraui a comprar la despensa, no porque ella o Himuro comieran lo mismo que los humanos, sino por Kagami, ya que él cocinaba y sí era humano. No había problema, aunque alimentar al pelirrojo era como alimentar a diez personas juntas.

No sabía cuánto tiempo tardaría Taiga en regresar, pero quería tenerle esperando ya con sus ingredientes favoritos para cocinar. Ella por más que hubiera querido que el pelirrojo no se involucrara con eso, sabía que sería imposible, porque debía reconocer que aunque no le agradaba mucho la idea de que tuviera de "amigos" a dos licántropos luego de lo que pasó hace un mes, Junpei y Teppei eran dignos de confianza, al menos eso pudo ver de ellos cuando llegaron a su casa en busca de Kagami.

Sabía que el pelirrojo tenía un muy buen potencial de lucha, pero no evitaba que se sintiera preocupada tal como una madre, del mismo modo que se sentía Himuro cuando Kagami se fue. Pese a ello, no podían cortarle las alas al chico, ya que entre más quisieran mantenerlo escondido del submundo, más rápido sería atrapado por este. Al menos tenían una ventaja por si eso sucedía, o mejor dicho, dos ventajas; la ignorancia de todos sobre el origen de esos dos chicos.

Cuando llegó a la casa, se dio cuenta de que Tatsuya no estaba, seguramente ahora que estaba recuperando casi por completo, haría sus rutinas diarias en el submundo, por cualquier cosa. Él era como un detective ahí, siempre parecía ignorar todo, pero a la vez saber eso que nadie sabía, para enterarse de la visión que tenían del mundo; tenía a varios conocidos ahí, pero tampoco frecuentaba con tanta gente como para llamársele amigos.
Alex guardó las cosas que compró de comer en la alacena y refrigerador, como también compró algunas sustancias científicas para ella y las llevó a su laboratorio. De ahí, se metió a bañar por mero gusto con el agua tibia, así mantenía su piel de granito fría un poco cálida aunque sea solo por el agua. A lo lejos escuchó como el vampiro pelinegro entró a la casa, algo precipitado, mas no hizo mucho caso, hasta que estaba poniéndose la bata de baño para salir cuando Himuro abrió el baño, dejando a la rubia atónita, que aunque le escuchó venir, no pensó fuera a abrir, sobre todo cuando se estaba bañando ahí.
Gracias a que su confianza era extrema y a la poca vergüenza de la rubia por mostrar su cuerpo, es que no le golpeo ni nada por el estilo.

—Tatsuya, ¿qué pasa?

—Alex, debemos ir… ¡Taiga nos necesita! —exclamó Himuro, con cierta ansiedad que se notaba en su mirada, tratando de no alterar su expresión.

— ¿C-cómo dices, Tatsuya? —cuestionó Alex, parpadeando sin entender.

— ¡El anillo que me diste para cuidar de Taiga está cambiando del color ónix al rubí! —aclaró Himuro, con paciencia.

Los ojos verdes de Alex volaron para ver el objeto y era cierto; ella misma había diseñado ese anillo para que así Tatsuya pudiera estar más al pendiente de lo que el pelirrojo hacía, o mejor dicho, de si estaba bien. Solo así podían saber cuándo Kagami estaba en peligro sin importar la distancia.
Y en efecto, la zona ónix del anillo estaba totalmente siendo rubí ahora.

— ¡Mierda! ¡El tiempo ahora no es el adecuado para que cree un portal! —Alex hizo una mueca descontenta y preocupada.

— ¡No importa!, esto es malo, Alex. Necesitamos ir con Taiga.

La rubia apretó los labios y se terminó de poner la bata de baño.

—Sígueme, algo se me ocurrirá.


Aomine lo había hecho, no supo cómo, pero destrozó a cada maldito vampiro del lugar de una forma que no le causó tanto placer como ahora, porque los tenía que hacer pagar. Hacía mucho que no peleaba así, motivado por alguna persona, todo fue tan rápido, que incluso se sorprendió de que tiempo le diera de desvestirse como tal para no destruir su ropa, sino ahora mismo estaría desnudo.

Pero en este momento estaba en una situación completamente difícil; tenía a dos licántropos sufriendo por la plata en su sangre y a Kagami, con una mordida de vampiro en el hombro, lo peor de todo es que no sabía si ese asqueroso chupasangre le inyectó la ponzoña y si lo hizo, en todo este tiempo que estuvo peleando para destruir por completo lo que quedaba de los aliados de Hanamiya, ahora no podía hacer nada. El tiempo era mucho. Y mierda que no quería ver al pelirrojo convertido en eso, en un vampiro o se volvería loco.
Además, tampoco quería morir a aquellas personas… De alguna forma, no quería hacerlo, tal vez después de todo si sintiera algo por los de su raza, o quizá fuera porque les conocía. Por supuesto, los recordaba y sabía bien el motivo del porque fueron desterrados hace bastante tiempo, porque Momoi se lo había contado la primera vez que vino a verlo.

—Deberías extraerle la ponzoña, Aomine —susurró Kiyoshi con dificultad, todo su cuerpo estaba inmóvil y su respiración empezaba a faltarle.

— ¡¿Eh?! —Aomine alteró su expresión por esas palabras— ¡Estás loco, yo no…!

—Si no haces eso, entonces prepárate para tener a Kagami-kun como vampiro —dijo Riko con el ceño fruncido, tratando de aguantar el dolor en su cuerpo y la quemazón interior de sus músculos por la misma plata que se le fue adherida a su cuerpo del mismo modo que al castaño; al morder a los vampiros cuando creyeron por fin saldrían libres.

Por otro lado, el pelirrojo estaba sentado y reclinado contra la pared polvorienta y en su hombro sentía un hormigueo intenso que dolía en demasía, pero apenas estaba consciente; solo abría los ojos en intervalos largos y no logra ver con claridad.

—Duele… —siseó Kagami con el ceño fruncido y los ojos cerrados con fuerza, apretando sus manos en puños, incapaz de moverse. Su cuerpo todavía no asimilaba el gran poder que destiló hace varios minutos, además de que tenía fracturada su muñeca izquierda y el brazo mismo.

Aomine apretó los dientes al verle. Si tan solo le hubiera acompañado…, pensó con una pesadez increíble en su corazón. Solo estaba vestido con su pantalón de mezclilla, pues la gabardina la usó para cubrir a la chica lobo que estaba sufriendo temblores por el mismo daño interior y Kiyoshi tenía jirones de su ropa en su cuerpo todavía, quién sabe que venía vistiendo, porque fue bastante resistente.

Los ojos rojos de Taiga se abrieron nuevamente y jadeó con brusquedad, apretando los dientes en una expresión clara de dolor, se sentía raro. Más que parecer estarse convirtiendo en un vampiro, parecía que su cuerpo rechazaba la ponzoña, como queriéndola escupir, pero no podía, parecía más bien como si lo estuviera envenenando.
No pudo reprimir un quejido de incomodidad y su cuerpo se estremeció violentamente, que casi cae de un costado al piso, pero las morenas manos de Daiki le sujetaron con fuerza.

—Mierda... —siseó Aomine con ansiedad y la expresión alterada. Ya tenía la respuesta de que hacer, pero no era seguro si funcionaría. Y cuando las manos del pelirrojo se aferraron a sus brazos, tomó la decisión de forma tan natural e inesperada como respirar, no te voy a dejar morir. A ti no, pensó.

Entonces, abrazó a Kagami del torso y luego de verle el rostro unos segundos, se inclinó para morderle justamente donde ese vampiro le mordió y cuando probó la sangre del chico, sintió el horrendo sabor de la ponzoña; en efecto, es desgraciado le había inyectado eso.
Sin embargo, algo nuevo le recorrió el cuerpo al sentir el roce de sus labios con la piel del hombro ajeno y desde cualquier punto de vista, parecería que el vampiro era Daiki, aunque el aura que los envolvió en ese momento, fue una que dejaría impresionado a cualquiera.

—A-Aomine… ¿qué estás…? —jadeó Kagami, removiéndose al sentir esos nuevos dientes morderle, porque ya no solo eran las dos incisiones de los colmillos del vampiro que tenía ahora en su hombro, sentía más perforaciones de dientes ahí. Y levantó su brazo derecho sano para sujetarle el cabello con firmeza al peliazul, por inercia.

—Cállate, necesito sacar la ponzoña —regañó Aomine con seriedad, abrazándolo con fuerza y enterró sus dientes otra vez en esa bronceada piel para chupar la sangre y luego escupir esta al suelo. Pese al peligro del momento, sentía cierta adrenalina recorrerle las venas con el agarre que el pelirrojo le hacía a su cuello cabelludo, eso fue como un motor para que el siguiera de cierta forma.

—N-no… también es malo para ti —insistió Kagami, forzando su voz, pero estremeciéndose ahora ya no solo por el dolor, sino porque sentía que cuando esos labios ajenos tocaban su piel, se incendiaba. Incluso le hizo estremecer más de una vez y para ocultar sus suspiros, jadeó. Pero también se sentía preocupado, porque sabía bien el daño que causaba la ponzoña para los lycan.

—Estaré bien mientras secrete suficiente saliva —aseguró Aomine sereno y a la vez con una mirada salvaje, viéndole—. Ya no digas nada, joder —ordenó, aparentando molestia, pero más que nada estaba completamente preocupado.

Se aferró a esa esperanza y repitió el mismo proceso de morder, succionar y escupir durante casi tres minutos, hasta que la sangre del pelirrojo ya no tuviera ese horrible sabor. No entendía bien el motivo, pero de ninguna manera dejaría que ese pelirrojo idiota se convirtiera en un vampiro, para nada, no iba a dejar que el olor único y distinguido de ese humano se manchara con la dulzura que quemaba de esos chupasangres. Aunque supiera que lo que estaba haciendo no era algo que de verdad hubiese hecho por nadie nunca, pero tal parecía que Taiga era su primera y única excepción. De todos modos, no se detuvo a analizarlo, solamente siguió su instinto, ese que le decía que actuara y no lo dejara morir, que lo salvara como solo él podía, por ello no dudo y así lo seguía haciendo.
Supo el momento exacto en que Kagami estaba limpio, cuando sintió el fuerte sabor de la sangre de este y ahora que ese mal sabor ya no contaminaba el caliente líquido vital ajeno, Aomine pudo comprobar que ese sabor era exquisito; no era como la vampiros que necesitaban beber sangre, simplemente era un sabor atrayente. Para el peliazul era como si estuviera probando la mejor presa de su vida, mas obviamente tampoco es que se lo fuera a comer, literalmente.

Al alejar su rostro, se encontró con los ojos fijos del pelirrojo en su cara y no supo que decir.

—… Gracias —susurró Kagami con ese voz ronca suya y sonrió débilmente, se sentía algo avergonzado, luego de analizar la posición en que estaban ambos, pero dada su pérdida de sangre, no pudo sonrojarse, sino seguro lo hace. Iba a añadir algo, cuando una voz familiar irrumpió.

— ¡Taiga! —esa era Alex que atravesó el portal grisáceo que se formó en la pared. Vio la escena, sacando sus propias conclusiones algo adelantadas— ¡¿Qué les has hecho a Taiga, bastardo?! —exclamó al ver al moreno manchado de sangre y sosteniendo el cuerpo del pelirrojo, como si fuera un vampiro— ¡Tú eres el mismo maldito lobo que lo atacó!

Daiki chasqueó la lengua e iba a replicar, pero Kagami se le adelanto.

—Él no me hizo nada, Alex. Pero, ¡tienes que ayudar a Kiyoshi y Riko! —pidió, apoyándose en el cuerpo del moreno que todavía le sostenía para ver a la rubia.

— ¿Qué locuras estás diciendo, Taiga? ¡Urge más atenderte a ti! —expresó Alex, acercándose hasta el chico pelirrojo, intentando hacer a un lado al peliazul, pero este no se lo permitió.

— ¡Por favor, Alex! Ellos tienen la plata líquida en su interior, ¡yo no puedo dejar que ellos mueran! —insistió Kagami con prisa al ver de reojo a los dos licántropos agonizando.

—Pero el portal solo podrá con nosotros tres, porque este es diferente al de siempre, Taiga —repuso Alex, aprovechando la cercanía para tocar el hombro dislocado ajeno y verter algo de su magia curativa ahí en lo que hablaban.

—Llévatelos a ellos, por favor. Le prometí a Hyuuga que le ayudaría, ¡no puedes dejar que mueran, Alex! —dijo Kagami con una determinación y nobleza increíble que dejó sorprendido al peliazul que le miró atentamente.

Alex apretó los dientes al darse cuenta del rumbo de las cosas, tal parecía que sus visiones no se equivocaron como deseó al principio.

—De acuerdo, lo haré —cuando dijo eso, sus ojos verdes miraron al lycan—. Tú nos regresarás el favor de haberte salvado la vida, cuidando a Taiga hasta que yo pueda regresar por él, ¿entendiste?

La mirada de Aomine se mostró fría, porque siempre había odiado que le ordenaran cosas, pero antes de que dijera algo que iniciara otra confrontación, otra vez la voz de Kagami interrumpió.

—Estaré bien, Alex, solo por favor cúralos a ellos.

—Por lo menos déjame curarte los huesos rotos, Taiga —masculló Alex con completa preocupación y acercó sus manos para empezar a emanar una suave energía.

—Es peligroso, Alex. Yo sabré arreglármelas —susurró Kagami con una sonrisa tranquilizadora.

—Pero…

—Es fastidioso que creas que yo dejaré morir a este idiota —dijo Aomine de pronto con el gesto grave y un deje de arrogancia.

La rubia le miró unos segundos por ese comentario y asintió finalmente.

—De todos modos, estoy segura que Tatsuya no tardará en venir a verte cuando sepa esto —Alex suspiró y se acercó al par de lycans ya inconscientes, haciendo una expresión triste—. Tienen mucho daño… Pero les salvaré —aseguró, viendo directamente a los ojos al pelirrojo.

Dada la fuerza sobrehumana de la vampira, como es lógico, pudo cargar a ambos licántropos; a Kiyoshi sobre su hombro y a Riko con un brazo. Caminó en silencio hasta donde estaba ese pequeño portal y antes de entrar e irse, giró su rostro para ver a los dos chicos ahí.

—Más te vale que cuides bien de Taiga —advirtió Alex con seriedad.

Aomine le fulminó con la mirada.

—Espera, chupasangre, quiero saber; ¿qué fue lo que me hiciste aquella vez cuando me atacaste? —ordenó, acomodando mejor entre sus brazos el cuerpo ya desmayado del pelirrojo.

—Apréndete a dirigir con más respeto y tal vez considere decírtelo —le respondió Alex con una sonrisa, como cuando un maestro regaña a su alumno—. Pero siendo alguien tan arrogante, pensé que ya te habrías dado cuenta. O quizá, es por eso que no lo has descubierto.

No dándole tiempo a que el peliazul dijera algo más, la rubia pasó por ese portal llevándose a los dos licántropos fuera de ahí, para curarlos y dejando a un desconcertado Aomine.

La luz que emitía el portal desapareció y el lugar quedó otra vez a oscuras, pero gracias a la perfecta visión del peliazul en la oscuridad, no fue imposible para él moverse ahí. Así que cargó mejor el cuerpo del pelirrojo entre sus brazos, le echó un vistazo a ese rostro "dormido", decidiendo que no era el momento para pensar en nada y salió de ese lugar.

Sin embargo, como su pecho estaba desnudo ahora, sintió la calidez del cuerpo de Kagami de forma más directa y de forma inconsciente, se encontró abrazándolo con fuerza.

Algo era seguro y era que ese nuevo e inesperado invitado en su departamento le haría cambiar muchas cosas.


En aquel lugar donde las dos lunas adornaban el cielo, justo en una mansión lujosa, un chico de ojos verdes estaba secándose el cabello del mismo color, cuando entró en esa gran habitación luego de haberse duchado por simple gusto tras haber terminado un muy buen ejercicio por simple goce.

Sin sus lentes, Midorima lucía mucho más apuesto y con el agua perlando su pecho le daba un toque bastante sexy, eso que no estaba desnudo, sino vestido con una bata. A veces, tenían ahí ciertas costumbres similares a las humanas en su forma de actuar o quizá era que él era una persona de clase, justo como su invitado.

—Te has visto demasiado pensativo desde que regresaste, Akashi.

El vampiro pelirrojo estaba sentado en el borde de la cama, desnudo y cubriéndose ligeramente con las sábanas la entrepierna al tener su pierna izquierda flexionada para apoyar ahí su brazo zurdo, mientras que la otra estaba colgando y pisaba el suelo.

—Eso pasa cuando estoy formando nueva jugadas, Shintaro —respondió Akashi con una sonrisa frívola, viéndole—. Tú te has tardado más en el baño que de costumbre, no hagas cosas tan típicas de humanos.

El peliverde frunció el ceño y dejó la toalla a un lado.

—Me gusta relajar mi cuerpo, por eso tardo. No lo hago para higienizarme porque no lo necesito —recordó Midorima con seriedad, sentándose en el pequeño sofá frente a la cama.

Akashi rió por lo bajo y asintió.

—No estoy conforme, Shintaro, odio que parezca que la cosas se están queriendo salir de mi control.

Los ojos verdes ajenos le vieron fijamente.

—Akashi, las cosas nunca se te escapan.

—Por supuesto que no, eso es obvio —Akashi se mostró serio y se incorporó, dejando su cuerpo desnudo completamente a la vista para el peliverde—. Pero detesto que otros se crean capaces de poder hacerlo, bueno que tampoco tienen la suerte de vivir luego de eso.

Midorima simplemente esquivó ese cuerpo desnudo y vio hacía la ventana. No era la primera vez que lo tenía así frente a él ni eso, pero ahora que estaban fuera de "sintonía" no era lo mismo estar viéndolo desnudo así.

—Tal parece que te dejó muy afectado ese viaje —opinó.

—No me afecta, ya lo esperaba. Es más, si las cosas salieran fácilmente, esto no sería divertido —Akashi sonrió con cierta crueldad.

— ¿Qué harás entonces? —preguntó Midorima, pasándose una mano sobre su cabello verde.

—Voy a seguir mi absoluta intuición, Shintaro —respondió Akashi. Él nunca se equivocaba en sus decisiones, nunca, por ende su voz sonó firme—. Sobre todo, porque me inquieta el reporte de Satsuki.

— ¿Haces esto por el viaje tan tardado de Momoi? —quiso saber Midorima— A estas alturas, ¿de verdad crees que Aomine hará algo? Ya lo destruiste emocionalmente antes.

El chico de ojos bicolores suspiró y miró al peliverde, jalando las sábanas para enrollárselas en la cadera.

—Lo sé, cuando fue desterrado parecía muerto en vida y cuando Satsuki lo fue a ver luego de cincuenta años, se veía completamente amargado —empezó a decir Akashi, de forma calculadora, analizando los hechos—. Pero esta vez, en la inspección que hice en la mente de Satsuki, noté algo que parecía perdido para Daiki —frunció el ceño ligeramente tras decir eso.

—Si te soy sincero, Akashi, no creo que lo que Kise dejó se pueda recuperar —comentó Midorima al entender para donde iba el asunto.

—Eso es obvio, Shintaro. Siempre supe que lo que hubo entre Ryota y Daiki fue un error, por ello sé que las personas siempre encuentran algo que enmiendan los errores que cometen —Akashi fue solemne.

El peliverde se mostró descontento.

—Incluso para ti, Akashi, sería muy pronto suponer esas cosas. Además desde la mente de otras personas no se ve todo de la misma manera.

—No me estés subestimando, Shintaro, eso lo sé perfectamente —la voz de Akashi sonó demandante—. Pero es por eso que mandaré a vigilar a Daiki.

— ¿Usarás otra vez a Momoi? —cuestionó Midorima, dejando el otro tema, porque no era bueno hacer pensar al pelirrojo que le estaban retando.

—No, si hago eso, Daiki sospechara y además, Satsuki no aceptará. Utilizaré al que siempre está en la cuerda floja —Akashi sonrió suficiente y en su brillo ocular tenía cierto toque psicópata.

Shintaro no dijo nada más, había veces en que no estaba de acuerdo con lo que su vampiro amigo hacía, pero simplemente no podía replicar, porque al fin de cuentas, las palabras del pelirrojo eran absolutas.


Cariño, solo debes guardar silencio, la amiga de papá te cuidará muy bien —susurró la voz dulce de aquella mujer.

El llanto de una niña se escuchó en el lugar.

¡No, mamá, mamá, no me dejes!

El retumbar del peligro sonó dentro de esa casa, porque el viento traía muchas cosas.

Nos volveremos a ver, mi niña, papá te guiará al camino para salir de la casa.

Cuando aquella pequeña salió de la casa, siendo abrazada por una mujer que no era su madre, sino otra que tenía el cabello negro azulado y los ojos color aceituna, con su padre a la cabeza, guiándoles el camino.

La niña fue bajada al suelo y su padre se acuclilló para sujetarle la pequeña cara.

¡Papá, por favor, no…! —lloriqueó la pequeña, abrazándose a su progenitor.

Sé que es difícil, cariño, pero debes afrontarlo. Nosotros no podemos permitir que algo que te pase, hacemos esto para protegerte —le dijo el padre, con la voz quebrada. Luego le hizo una seña a la otra mujer.

La pelinegra apoyó una mano en la pequeña frente de la chiquilla y presionó con fuerza, como si quisiera perforar la cabeza de esta.

¡Duele, papi! —lloriqueó la niña y manoteó— ¡¿Qué me hace, papi?! ¡Qué se detenga! —la pequeña sentía como si le succionaran la vida, como si le taladraran la cabeza, hasta que se quedó hueca— Pa… papi…

Lo siento, mi pequeña, lo siento mucho —susurró el padre, abrazándola y dejándole un beso en la frente. Volvió a sujetarle del rostro para verle a los ojos—. Cuando sea el momento, lo recordarás, hija mía, recordarás todo.

Tan pronto terminó de decir eso, la pequeña cayó desmayada y cambió de brazos.


Ya era de madrugada y Aomine no supo cómo reaccionar al ver lo inquieto que se mostraba Kagami al estar dormido, pero sintió curiosidad por saber que soñaba. No podía ser algo similar a lo que soñaba el peliazul, porque era obvio que sus vidas eran diferentes y sus pasados también, además, por la personalidad de ser del pelirrojo, no creía que este hubiera sufrido ni la milésima parte de todo lo que había vivido él.

Ayer que había traído al pelirrojo a su casa, aprovechándose de la inconsciencia de este, logró acomodarle su hombro dislocado que casi ya estaba curado por lo que sea que le hubiera hecho la rubia vampira esa, luego se encargó de la muñeca de este mismo. Del mismo modo que los demás golpes del cuerpo ajeno e incluso le vendó.
Si bien Aomine no era un excelente médico, sabía bien los primeros auxilios y esas cosas, porque luego de estar un siglo peleando sin ayuda de nadie, debía aprender a cuidarse solo, puesto ya no estaba con la compañía ni conocimiento de una manada. Estaba solo y así viviría sin depender de nadie.

Debido a que su departamento era realmente pequeño, dejó a Taiga acostado en el enorme sillón dos en uno, que era su cama, mientras que el peliazul se acomodó en el sofá de tres personas, estando al lado del otro. Ahí se quedó a dormir de forma muy conveniente y tal parecía sí estaba pendiente del pelirrojo, porque sí se despertó con los pequeños movimientos que daba el otro por su sueño de quién sabe qué.

El moreno suspiró y frunció el ceño al ver el tranquilo rostro del pelirrojo dormir, fuera lo que fuera el sueño, no debía ser tan grave si mostraba esa expresión, ¿no? Aunque de todas maneras, seguía moviéndose ligeramente.

—Hey, idiota, te terminarás cayendo de la cama —regañó Aomine con aburrimiento y fastidio, queriendo volver a dormir.

Ah, ¿en qué momento cambió su forma de ver las cosas que incluso ahora estaba cuidando de un herido? Sí, ya sabía que era un favor que debía, pero en sus cien años viviendo en este mundo, nunca había devuelto ningún puñetero favor porque le daba igual y porque no necesitaba que nadie se los hiciera; él solo sabía resolver sus problemas, aunque lo dejaran herido las noches de luna nueva.

Pudo negarse antes, si no hubiera seguido al pelirrojo ayer, no estaría envuelto en este lío de ahora. Pero por más que lo pensara, simplemente no se imaginaba a Kagami morir, porque no podía. Ya que sí el no pudo hacerlo aquella vez en que su transformación regresó, tampoco dejaría que alguien más lo intentara. ¿Por qué?, eso era lo que le ponía molesto.

Aomine gruñó bajito por pensar en eso y se cruzó de brazos, no le gustaba como sonaba eso. Iba a volver a dormir, cuando notó el cuerpo del pelirrojo estaba demasiado en la orilla y estándose moviéndose con esa brusquedad, podía terminar cayéndose en cualquier momento y no había trabajado tanto poniéndole vendas ni limpiando sus heridas para que se jodiera el cuerpo otra vez al caer. Por eso, agradeciendo que el sofá donde estaba acostado no estuviera tan lejos de donde dormía Kagami, alargó su brazo izquierdo para empujar el cuerpo ajeno y se acomodara mejor.

Tuvo resultado, pero cuando Daiki quiso apartar la mano, accidentalmente pasó rosando la muñeca sana del pelirrojo y sus dedos se deslizaron por esa mano impropia, hasta esos dedos. Parecía ensimismado mientras lo hacía, disfrutando la textura de esa piel bronceada, sentía como si quisiera incendiarse con ese roce, era una sensación completamente atrayente.
Pero regresó a la realidad cuando los dedos de Kagami le apretaron ligeramente al seguir dormido, como si lo buscara en sueños, enviando un choque eléctrico al sistema del peliazul.

— ¡…! —Aomine fijó sus ojos azules en ese cuerpo dormido, pero esta vez, sencillamente no quiso escapar de esa fuerte y atrayente calidez.


Y he ahí el primer acercamiento entre esos dos chicos 7u7. Espero lo hayan disfrutado, porque yo sí me fangirlee como loca al estar escribiendo esa parte, ajajaja.

No sé si haya alguien que no le guste el MidoAka aquí, sorry, pero creo que haré algunas insinuaciones de esos dos x'D, mas solo será eso.

Tengo algo importante que decirles ;u;
Y eso es que, actualizaré este fic dentro de un mes. ¿Por qué?
Pues porque como ya se viene el mes AoKaga (oh, yeah, babies), estoy terminando otro longfic que tengo de ellos dos, porque pretendo subirlo desde el 1 de Agosto hasta que finalice el mes, haciendo las actualizaciones diarias. Por eso mismo, askhasldjsdalk, pero no se preocupen, porque como dije, volveré :v, es solo que me concentraré en este mes en el otro longfic uvu.

Y como muchos comentaron que si les gustaría que les dejara Spoiler del próximo capítulo, aquí lo tienen (los que gusten, pueden saltearse esto):


—Sí tanto querías salir a comer, debiste decírmelo… —susurró Aomine.

— ¿Y para qué? De todos modos, tú no habrías venido —replicó Kagami, incomodo por la fiebre en su cuerpo, ya sin quejarse porque le cargaran—. Solo eres un arrogante licántropo qué…

—Eso es lo que me hace fantástico, ¿no lo sabías? —interrumpió Aomine una sonrisa jocosa y un tono algo ácido.

—… qué finge que no le importa nada, cuando en realidad eres un perfeccionista del orden —terminó la frase Kagami, viéndole atentamente.

—… —Aomine le correspondió la mirada y su sonrisa se convirtió en una amarga— No hables como si me conocieras, idiota.

—Tal vez no te conozca, pero… sé que después de todo, no eres el chico cabrón que quieres demostrar que eres —musitó Kagami, sin desviar la mirada, con un gesto solemne.

— ¡Cierra tu boca ya y duérmete! —siseó Aomine, irritándose.


Es corto, eso sí xDDDDDD.

Bueno, ya nos estaremos viendo en un mes, preciosos, ¡nos vemos y cuídense mucho!