Capítulo 09

Tormento

Una piel completamente roja, con gotas color rubí, de su sangre, deslizándose por diversas partes de su cuerpo herido. Magulladuras, quemaduras y un labio partido. Unos ojos surcados en lágrimas y una mirada que mezclaba odio y terror.

De repente una leve neblina cambia la imagen, esta vez hay una chica joven, en pie y dándome la espalda. Se gira hacia mí con una sonrisa y pronuncia animada mi nombre: "Draco". Siento un eco y solo veo unos cabellos castaños que se transparentan con el sol. Inclina las comisuras de sus labios hacia arriba y los abre para hablar.

"No lo hagas" Dice, esta vez su cara no se muestra feliz, sino todo lo contrario. "No lo hagas. Escúchame, te prometo que te voy a ayudar. No dejaré que te conviertas en un asesino".

Abro los ojos y me encuentro tumbado en mi cama. Ese sueño… ¿Por qué ahora? Prometí no recordar aquello de nuevo. Prometí no volver a sentir nada. Es el único modo. ¿Por qué he tenido que recordarlo? Creí que lo había olvidado.

Me pongo en pie, y me dirijo a mi aseo. Me doy un baño de agua tibia, otra vez siento ese maldito dolor de cabeza. Esas malditas punzadas agujereando mi cerebro, que sensación tan irritante. Vuelvo a pensar en ese sueño, agito mi cabeza en señal de histérica negación. No puedo volver a pensar en ello. No puedo. Debo olvidarlo porque prometí que lo olvidaría. Debo olvidarlo porque es lo mejor para todos. ¡Mierda!


Voy dirección a La Sala de Castigos, apresurado. Tengo muy claro lo que voy a hacer con ella. No pienso dejar que continúe en funcionamiento, no desde el último desliz. Oh, desliz, menudo eufemismo. Si no llego a llegar antes, Granger hubiera acabado muerta, o viva, pero con unas lesiones físicas y psicológicas muy graves. Porque aquel veneno te tortura por dentro hasta desquiciarte, es de una potencia doble a la de un cruciatus.

Abro la puerta de La Sala de par en par, sin importarme quienes haya en el lugar, y bajo las pequeñas escaleras que bajan abajo. La Sala de Castigos es más bien una mazmorra oscura, húmeda y agrietada, decorada con gritos de horros, súplicas, herramientas de tortura y hombres encapuchados. Hacía mucho tiempo que no entraba en esta parte de la mansión, concretamente, trato de evitarlo.

Lanzo una pequeña bombarda a la pared del fondo para llamar la atención de todos los presentes. Los mortifagos dejan de torturar, sólo se oyen los jadeos de dolor de los afligidos.

—Prestadme atención —digo y todos se fijan en mí, algunos me miran y los que no pueden se asoman para observarme. Una vez que tengo en mi poder la escucha de todos, prosigo:—Desde hoy, se cierra esta sala. Se acabaron las torturas. Todos los dañados aquí serán atendidos por medimagos en el salón.

—Pero, señor… —protesta uno de los verdugos llamado Been—, esta sala fue abierta por su padre, el Sr. Lucius Malfoy. Si descubre que la ha cerrado, se enfurecerá, y el Señor Tenebroso tampoco aprobará esto.

Suelto una sonora carcajada. Pues claro que Lord Voldemort tampoco aprobaría algo así, que comentario tan estúpido, pero bueno, no puedo pedirle mucho, la mayoría de los mortífagos que trabajan para mí no son más que unos cenutrios sin cerebro.

Enviaría a todos los que han estado en este lugar a San Mungo, pero está completamente controlado por mortífagos y los que consideran impuros o traidores a la sangre no son atendidos.

Llamo a dos de las médicas que atienden en la mansión: Zara y Pepper. Ambas se encargan de los que se encuentran en estado más grave, el resto atiende a los demás.

Voy en busca del mortifago que castigó a Granger con la Sala de Castigos, el cual se encuentra en la hora de descanso.

—Hola, Xer —saludo secamente.

—Hola, señor —responde nervioso.

—¿Con qué autoridad enviaste a mi esclava a La Sala de Castigos? —Pregunto con la mirada fija y directa.

—Discúlpeme, señor. No sabía que era de un trato especial —se justifica sin demasiada convicción.

—Debería castigarte. Lo sabes, ¿no? —comento, enfureciéndome por segundos.

—Sí, mi señor —dice agachando la cabeza en señal de reverencia. ¿Cuándo se habían convertido estos hombres en unos ridículos cobardes?

Me rasco la barbilla pensativo. Castigo va a tener, evidentemente. No tengo el mínimo deseo de que piensen que me estoy mostrando más débil de lo que soy porque empezarían a creerse mejor que yo y, ¡por supuesto que no lo son! No una panda de estúpidos cuya inteligencia es muy inferior a la de un chimpancé, pero que se creen alguien por ser unos sangrelimpia. La verdad, no sé cómo pueden ser sangrelimpia alguien como ellos. Como Crabbe y Goyle, menudos inútiles eran aquellos. Granger podría aparentar ser una sangrelimpia sin problemas… ¡No! Eso sí ha sido una idiotez. No pienses en eso, Draco. Es todo cuanto puedo decirme. No quiero que mi inconsciencia vuelva a traicionarme.

—No tengo ganas de calentarme la cabeza —digo al fin—. Dejaré que el resto de mortifagos decidan e impartan tu castigo.

Cuando estoy ya marchándome, me llama.

—¡Señor! —Exclama.

—¿Sí?

—Fue… fue la señorita Parkinson quien me sugirió que la castigase —informa.

Pasan largas horas, en las cuales yo he estado sentado en la cama de mi cuarto, leyendo. Sin ningún interés de hacer nada. Sólo me apetece leer, leer para evadirme de preocupaciones que desconociendo el motivo, hoy, me invaden. Lo único que tengo claro es que si veo ahora a Pansy no haré nada bueno con ella. Es entonces cuando llaman a mi puerta.

—¿Quién es? —Pregunto, pues como sea Pansy se arrepentirá de importunarme.

—La sangresucia —contesta una voz que reconozco al instante.

—Adelante.

Abre la puerta y la cierra tras de sí, yo por mi parte cierro mi libro y lo dejo en la mesita de noche. Se acerca con recelo y en guardia, mirándome fijamente a los ojos.

—Quería preguntarte algo… —dice en un murmullo.

—¿Qué? —Pregunto sin mirarla.

—¿Es cierto que has mandado cerrar La sala de Castigos? —Lanza la pregunta recuperando la seguridad en sí misma, lo sé porque lo noto en el tono de su voz, que se ha vuelto firme y decidido. Y su mirada, es esa mirada de leona que pone muchas veces.

—Sí —sigo sin mirarla.

—¿Por qué?

—No te interesa.

—Malfoy, mírame —exige.

La miro fríamente.

—Primero, no me llames Malfoy, ¿cómo te tengo que decir que me llames amo? Y segundo, te miraré si me apetece.

—No te pienso llamar amo, lo he decidido. No voy a permitir que me sigas usando como quieras —explica articulando exageradamente cada palabra como hacía en Hogwarts—. Después de lo que sufrí ayer, no me importa nada, ¿de acuerdo? —traga saliva, anda de un lado a otro de la habitación mientras habla—. Lo he estado pensando y creo que ya lo he sufrido todo y eso me está haciendo más fuerte y te aseguro que voy a ser tan molesta que vas a tener que hacer algo, porque estarás tan harto de mí que o me liberarás —arquea los hombros— o me matarás.

A pesar de la seguridad de sus palabras, noto algo de pena en sus ojos marrones. Me enfurece su comentario. ¿Qué hay que hacer con un Gryffindor…? No, perdón: ¿Qué hay que hacer con Hermione Granger para que te guarde un respeto forjado por el miedo?

—¿Por qué crees que es mejor morir? —Cuestiono, aun prediciendo la respuesta que se avecina.

—Porque después de haberme acostado con mi mayor enemigo, ya no me queda nada peor que hacer —comenta cruzándose de brazos.

Ese comentario hace que de un movimiento brusco, propiciado por mi instinto. De un fuerte empujón muevo a Granger contra la pared y agarro sus muñecas, apretándolas más fuerte de lo que soy capaz de controlar.

—Eres una estúpida —gruño—. Te creía más inteligente. ¿Acaso no te das cuenta del favor que te estoy haciendo? —ella no me dirige la mirada—. ¡Mírame! —le grito potentemente, estando a una distancia que nos separaba por pocos centímetros.

—Suéltame —es lo único que dice.

Es en este momento, en este preciso instante, cuando me dirige esa palabra fría, triste y cargada de rencor, sin devolverme la mirada, cuando me doy cuenta de que ella me odia de verdad. Que era completamente cierto, que su odio por mí es más fuerte ahora que antes, y que yo me he ganado su odio. Claro que me lo he ganado, al fin y al cabo es lo que quería. Al fin y al cabo es lo que debía.

Paso mi nariz por su cuello, para olerlo, desde debajo de su oreja, siguiendo la curva hasta su hombro. Luego deslizo la punta de mi nariz en dirección a su pecho, y subo la cara para susurrarle al oído:

—Sé que disfrutabas cuando te poseía… —siseo.

—Detente.

Me aparto y me quedo mirándola a los ojos, mientras ella hace lo mismo, devolverme la mirada. Me mira a los ojos y sólo me aborrece.

—Dime una cosa Granger, ¿tú alguna vez has pensado que podría haber algo bueno en mí?

Ella se sorprende ante mi pregunta, y lo comprendo, raro sería que no lo hiciera.

—No —niega rotundamente—. Nunca. Jamás. Estás podrido, Malfoy.

La beso fuertemente, por sorpresa. Un beso atormentado, intenso. Pero al poco de adentrar mi lengua en el interior de su boca, ella me muerde el labio.

Me separo. Le suelto las muñecas y ella se las acaricia.

—Lárgate —ordeno mirando al suelo.

Ella me mira entre indecisa, sorprendida y enfadada, y se va a pasos ligeros.


—¿Entonces, Draco, por qué dices que me has llamado? —Pregunta Theodore.

Nos encontramos Nott y yo en el salón de mi casa, cada uno sentado en un sillón y enfrente del otro. Yo de piernas cruzadas, él medio tumbado.

—Sólo quería hablarte abiertamente —explico—. Sé que tú sabes algo que los demás no saben.

Theodore sonríe.

—Quizás sepa algo—dice.

—Hablemos claro, eres la persona más astuta que he conocido en mi vida —declaro abiertamente—. Por eso ahora necesito tu ayuda… Porque estoy cayendo de nuevo.

Él se pone en pie de un salto y guarda sus manos en sus bolsillos.

—No —niega—. Sinceramente, Draco, yo no estoy a favor de esta situación. Tampoco de verte a ti así. Simplemente haz lo que quieres hacer —él se dirige a la puerta para salir.

—Pero —me giro hacia él— lo que yo quiero no es lo que debo.

Él vuelve a sonreírme.

—No tienes verdaderos motivos para pensar así. Medítalo y habla conmigo entonces.

Una vez más, me quedo solo, mirándome las manos, apretando los puños y liberándolos. Una acción que me está matando, un momento irritante.


Hola pichoncitos!

¿Qué tal estáis? ¿Qué os ha parecido el capítulo? Espero, como siempre, que os haya gustado. La verdad, tuve mi mal momento con este fic, porque una persona que se las da de lista –porque no tiene otro nombre- ponía este fic como la peste. Decía que el principio era "copiado y calcado de otro". Cuando leí eso se me cayó el mundo. Recuerdo perfectamente que hacía el día que decidí y empecé a escribirlo: estaba en una manifestación y se me ocurrió, así que empecé con el bloc de notas del móvil. Me parece una acusación feísima la que ha hecho esa persona hacia mi fic. Comprendo que no le guste por su temática, por la violación de Draco a Hermione, pero acusarme de plagio es bastante más serio. Cuando lo leí, me sentí tan mal que casi lo abandono. Pero entonces me puse a leer vuestros reviews y pensé que vuestro apoyo valía mucho más.

Así que, muchas gracias por leerme y en especial a los que me dejaron reviews en el anterior fic:

anguiiMalfoydark, GIBELU, NaomiRadcliffe, Catnip 83, Soteria Black, Klaes 13, Nasuasda, Sam Wallflower, Duhkha, l1a9u9r5a, MagicisFidem, Raquel, The LadyCat69, Camie. Vanille

Besos,

Vel-