Aclaración: "Abra" es del verbo "abrir", no de "había", que seria "habrá". Solo para que no piensen que soy una bruta, por el titulo.
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Paternidad
Capitulo VIII: Abra Paz
El flash de las cámaras, el revoloteo de los técnicos, la multitud que aguardaba sus palabras, felices con su sola presencia. Una bella mujer se acerco y acomodo un micrófono entre su camisa y saco, el hombre a su lado le sonrió mostrándole confianza.
—¿Listo?
Él levanto su mirada con aire misterioso y la hermosa mujer se sonrojo.
—Si.
Estamos en el aire en tres, dos, uno… ¡Luz, cámara, aire! El periodista aferro sus papeles en si mismo, las luces se hicieron mas intensas, los aplausos se calmaron y el aire solo lo disfrutaba a él, en el mejor momento de su carrera futbolística. Si se tratara de un libro seria un Best Seller.
—Entonces, Gaara-kun, porque podemos llamarlo así ¿verdad?
—Claro.
—Pasando a otro plano lejano al futbolístico ¿Podría describirnos cual fue el mejor momento de su vida?
Gaara arqueo una ceja confundido, para luego suspirar con tranquilidad pensando en la respuesta correcta para esa pregunta, observo por un momento al publico cruzándose con unos ojos negros que los observaban con admiración, su corazón dio un vuelco repentino, recuperando la estabilidad al reconocer finalmente a una joven rubia reportera del noticiero deportivo matutino entre las personas.
—El mejor momento de mi vida, ¿eh? —sonrió con melancolía bajando la mirada, recordando un momento muy feliz en su vida lejos de un campo de fútbol —. Si, lo recuerdo bien. Fue cuando juegue por primera vez con la camiseta de mi país, Japón vs Corea, un partido que me llevo a la cima, nunca podría olvidarlo. Fui muy feliz.
—Fue un partido sensacional, Gaara-kun —dijo el entrevistador entusiasmado—. Usted hizo un gol maravilloso.
—Si, lo fue; Im Tai Li no la vio.
Cada uno de los presentes en el estudio largo en risas divertidas, pero él solo miro fijamente a la reportera de ojos negros, se sentía sugerentemente atraído desde hacia un tiempo, cuando la cruzo por primera vez en un reportaje. Le encantaban sus ojos, se parecían a los de ella.
—¿Y el peor momento de su vida?
—¿Cómo dijo? —expreso desorientado.
—¿Cuál es el peor momento de su vida, Gaara-kun?
Gaara no dejo salir palabra alguna, no supo que responder, si había algún momento malo en su vida, no era tan desgarrador como para describirlo como el "peor".
Le dieron el paso para que pudiera entrar, no dudo y lo hizo. Su corazón era demasiado valiente, pero a cada paso que daba los pies le temblaban. No entendía porque ese recuerdo le había venido a la mente justo en ese preciso momento, quizás era mejor tener la mente en blanco.
Llego finalmente hacia ella, y su corazón se quebró en una terrible desazón.
La mujer que reposaba en la camilla, quien peleaba entre la vida y la muerte, no podía ser Matsuri. No. No podía tratarse de su mujer.
Ella quien le había regalado los mejores momentos de su vida en su juventud, ahora le brindaba un momento que jamás podría olvidar.
—¿Cuál es el peor momento de su vida, Gaara-kun?
Ahora… tenía una respuesta.
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La miro de reojo, mientras ella acostaba a su hijo en la cama, y se sonrojo. Tenia una belleza genuina y peculiar, su piel, sus ojos, su sonrisa, su cabello lacio y suave. Era la mujer más hermosa sobre la tierra. Y esa mujer, lo amaba a él ¿Cómo era eso posible? Siempre se preguntaba Naruto.
—¿Qué sucede, Naruto-kun?
El joven parpadeo, saliendo de su ensueño.
—¿Cómo es posible?
Hinata abrió sus ojos sin entender el contexto de esa pregunta hecha al aire.
—¿Cómo es posible que una mujer tan bella y maravillosa como tú ame a un bueno para nada como yo, Hinata? ¡Explícamelo!
—¡Pero Naruto-kun…! —exclamó indignada.
—No, Hinata. De veras, quiero que me lo expliques.
En ocasiones como las que se presentaban en ese momento eran en las que Hinata deseaba fuertemente abofetearlo, revolearle un cenicero que le diera de lleno en el cerebro o darle la cabeza contra la pared una y otra vez para que entendiera. Pero como siempre se armaba de una infinita paciencia, porque muchas veces su esposo era como un crío, peor que su pequeño hijo Ginji.
—Si, yo te amo, pero no hay explicación para ello.
—¿Por qué?
—Porque en el amor no es cuestión de quien ama mas o ama menos, de quien merece ser amado y quien no. El amor es algo que una persona siente sin pedirlo, es incondicional y leal, siempre que sea verdadero. No hay nada ni nadie que pueda contra el amor verdadero.
—Hinata, tú…
—¿Quieres un ejemplo de ello?
Naruto espero en silencio, pero Hinata no dijo nada, solo le dio lugar para que viera a Ginji dormir. Se le hizo un nudo en la garganta, su hijo era tan lindo, y no lo decía solo porque el niño era su viva imagen, sino porque era verdad. Ahí estaba la mayor prueba de amor verdadero hecho persona. Miro con los ojos cristalinos a su esposa.
—Lo siento, yo nunca quise mentirte.
Ella respiro profundo sumergiéndose nuevamente en la paciencia, salio de la habitación de Ginji siendo seguida en sus pasos por Naruto.
—Tengo una explicación, de veras que si.
—Entonces, explícate…
Naruto asintió sintiéndose cohibido, tenia miedo de lo que ella pudiera llegar a pensar ahora, estaban casados, tenían un hijo de por medio ¿Y si Hinata, después de escucharlo, decidía separarse? Sacudió su cabeza, alejando todo pensamiento negativo, mientras ella se mantenía a la espera. Él parecía no encontrar las palabras exactas, pero finalmente tomo valor.
—Karin es mi prima de sangre —explico Naruto.
—Lo se.
—Y ella… fue mi amante.
Ella se quedo en silencio, pensando que él estaba tramando alguna broma como era de costumbre, pero al mirarlo detenidamente y ver su mirada seria… ¡Por el amor de todos los cristianos que había en la tierra! Hinata jamás hubiera esperado algo como eso, su cuerpo tembló y su voluntad se estrujo en su pecho causándole un dolor insoportable.
—¡No! —grito dolida e indignada.
—¡Espera Hinata! —la tomo entre sus brazos, sujentadola fuerte—. ¡No es lo que estas pensando!
—¿Qué no es lo que estoy pensando? ¡Suéltame! —lo empujo y finalmente, no conteniéndose como tantas veces, lo abofeteo—. ¡Eres, eres…!
Impresionado, pero sin darse por vencido, Naruto voltio a tomar a Hinata entre sus brazos, pero ella forcejeo para liberarse, era como si su contacto quemara.
—Te estoy diciendo que no es lo que estas pensando, Hinata.
—¡D-Déjame!
—Karin y yo tuvimos una relación cuando yo estaba de novio Shion ¿Recuerdas que ella era mi novia? Bueno, fue en esa época ¿Me escuchas?
—¿E-eh? ¿Q-Que?
—Si, lo que has oído. Ahora si puedes golpearme si quieres.
Se separo de ella, aunque no quería hacerlo, el calido cuerpo de Hinata siempre le traía paz y le había hecho entender el verdadero significado de su vida.
—No te juzgare si me odias, pues tienes todo el derecho de hacerlo.
—¿Con Shion?
Naruto asintió, y Hinata sintió que su alma volvía al cuerpo, se quedo quieta en su lugar pensando detenidamente y por primera vez el significado de las palabras de Naruto. Estabilizo su cuerpo sintiendo la penetrante mirada de su esposo, esperando alguna reacción luego de aquella confesión.
—¿Por qué no me lo has dicho antes, desde un principio?
—Era un adolescente lleno de hormonas —dijo con pena e incomodidad —. Quería a Shion, creo. Mas bien siendo sincero, no sabia exactamente que es lo que quería, solo me importaba el fútbol, ser reconocido y tener chicas, ya sabes. Cuando conocí a mi prima Karin, reconozco que no me llamo la atención, no era mi tipo, ni me parecía linda. Pero me asombre de terminar enredado con ella porque…
Calló, bajando su mirada con vergüenza. Hinata tomo la palabra.
—Porque ella te daba algo que Shion no ¿Cierto?
Le costaba admitir las palabras de Hinata, pero eran ciertas.
—¿Y nunca confiaste en mi para decírmelo, porque…?
Naruto levanto la mirada llena de voluntad, ella debía comprender su punto, después de todo.
—Cuando te descubrí —Hinata lo miro sin comprender—. Éramos amigos, si, eras mi amiga y yo jamás te hubiera mirado con los ojos que miraba a las demás chicas, yo era… bien, si… un pervertido, y te respetaba demasiado, hasta en el pensamiento.
Hinata se sonrojo, no era lindo escuchar que ella no había sido interesante en un principio para el hombre de su vida, pero el saber que él la tenia en alta estima, le hacia ver que tan mal las cosas no habían salido, quizás desde un principio.
—Al descubrir todo lo que me pasaba contigo, lo que sentía por ti y todo lo que pasamos para poder estar juntos, yo… solo tuve miedo. Miedo de que si te contaba mi historia con Karin, te horrorizaras, creyeras que yo era un desastre como hombre y ya… no quisieras estar a mi lado. Me aterre. Ya sabes, ella es… es…
—Tu prima.
La cara de Naruto se puso de color azul, sintiendo nauseas, y tal vez cayendo en cuenta por primera vez de lo que la relación con Karin Uzumaki había sido en realidad.
—Eso es una especie de inces…
—¡No digas esa palabra! —grito Naruto—. Por favor.
El silencio del hogar Uzumaki, cuidando el sueño del menor de la familia, le trajo claridad a los pensamientos de Hinata, mirando la desazón que asomaba en el aura de su esposo, pudo comprender el miedo y remordimiento en el que se encontraba. No podía odiarlo, tampoco horrorizarse, Naruto tenía demasiadas cualidades y virtudes que no podían ser opacadas por un error del pasado.
A paso lento, sin temblar, más segura que nunca… se fue acercando a él.
—¿Tu familia lo sabe?
El horror en los ojos de Naruto le dio una respuesta rotunda.
—No te preocupes, Naruto-kun —Hinata apoyo su cabeza en el pecho de su marido—. No dejare que ella nos haga daño, ni que destruya nuestra familia.
Los brazos fuertes y valientes de Naruto abrazaron a su mujer, y eso era lo único que necesitaba para encontrar un poco de paz entre tanta presión asfixiante. Así estuvieron sintiéndose y perdiéndose en el tiempo, nada podía contra esa fuerza que lo unía ella. La miro a los ojos, relucientes, llenos de vida, amor y pasión…
—Hinata, voy a hacerte mía…
El sonrojo invadió las mejillas de la hermosa mujer, pero las circunstancia no le dieron tiempo de tener pena, porque antes de que su esposo posara sus labios sobre su boca, alguien toco la puerta.
—T-Tenemos visitas, Naruto-kun.
—Olvídalo, que toquen hasta morirse.
—Pero…
—¡Naruto-dobe! Abre que tengo algo importante que decirte.
—Sasuke-teme —susurro Naruto con rabia al saber la identidad de la persona que osaba dañarle la reconciliación con su esposa—. ¡Vete al demonio, teme! Lárgate por donde viniste.
—¿Na…ni?
Hinata cerró los ojos con cansancio al saber que una pelea infantil entre Naruto y Sasuke se aproximaba. Se aparto levemente de su marido tomándolo suavemente del rostro al escuchar como Sasuke volvía a golpear con rabia y fuerza la puerta de su hogar.
—Vamos a atender a Sasuke-kun, sino despertará a Ginji-chan.
—Oh…
—La noche es tan larga —expreso sugerentemente, mientras caminaba hacia la puerta, haciendo sonrojar a Naruto por la insinuación.
Finalmente, la puerta se abrió, dejando ver a un enojado, pero orgulloso Sasuke Uchiha.
—¿Y que querías, teme? —Naruto arqueo una ceja, cruzándose de brazos—. Esta es una casa de familia.
—¡Si, claro! Porque alguien tan pervertido como tú podría ser cabeza de familia, como no. Seguramente estabas tratando de hacerte de otro hijo ¿Cierto?
—¡Teme!
Hinata se sonrojo hasta la nuca al escuchar esas palabras, pero haciendo uso de toda la decencia que había heredado de su padre, tocio con fuerza llamando la atención de los dos amigos presentes.
—Ginji-chan esta durmiendo su siesta, si se llega a despertar y hacer pataleta, será usted Sasuke-kun quien se haga cargo de él, después de todo es su padrino ¿Verdad?
Sasuke sintió vergüenza por primera vez después de mucho tiempo y Naruto sonrió orgulloso de su mujer.
—Ah, si, si…. Claro. Yo, si, soy su padrino, podría encargarme de él, creo.
Aunque era un revoltoso como Naruto, Sasuke sentía un apego extraño y paternal por Ginji Uzumaki, aunque pocas veces hacia acto de presencia con el niño, era complicado de explicar para él.
—Bien, aparte de reconocer las responsabilidades que tienes para con mi hijo ¿A que venias, Sasuke?
—A ponerte en aviso, no tendremos entrenamiento hoy. Pues, Kakashi junto a Asuma están probando unos jugadores nuevos que trajo Jiraiya.
—¿Y eso porque? Me pareció entender que con Konohamaru ya era suficiente.
—Bueno, Neji esta suspendido, Gaara y Kankuro se ausentaran por un tiempo indeterminado.
—¿Gaara y Kankuro? ¿Pero que paso con ellos? ¿Acaso Gaara se lesiono?
—¿No sabes lo que paso con Gaara?
Naruto hizo silencio y Sasuke suspiro con pesadez, no le gustaba dar noticias complicadas.
—Le quitaron la tenencia de su hija momentáneamente, tuvo que viajar a Estados Unidos donde esta la madre de la mocosa, Matsuri, ya que ella esta… —Sasuke miro de reojo a Hinata, recordando que la esposa de Naruto era una buena amiga de la nombrada—, bueno… delicada de salud.
—¿Qué sucedió con Matsuri-san? —cuestiono Hinata.
Pero antes de que Sasuke pudiera contestar, el llanto de Ginji Uzumaki hizo eco en cada rincón de la casa, e inmediatamente tanto Hinata como Naruto, miraron con responsabilidad a Sasuke.
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—Pero que cosa más problemática.
El tráfico de la periferia al club siempre era muy tranquilo y organizado, pero debido a un accidente entre dos autos y un camión de carga, la llegada a Konoha se le hacia complicada a Shikamaru Nara.
—Señor.
Un policía de transito le golpeo el vidrio, Shikamaru lo atendió.
—Buenos días, disculpe las molestias. Hemos tenido un problema grande con este accidente, usted es el próximo para avanzar ¿Se dirige al Konoha FC?
—Si, así es.
—Pues, tendrá que tomar la avenida angosta que va hacia el sur y dar la vuelta para llegar.
—Pero eso me tomara más tiempo, que problema.
—Lo siento, es lo mas recomendable, señor.
—Ya, esta bien, entendí —expreso con cansancio y dio un bostezo.
—Disculpe, antes de que se marche —lo detuvo el policía con cierta pena.
—¿Qué paso ahora?
—¿Me podría dar su autógrafo, por favor? ¡Soy fan suyo desde siempre!
Shikamaru puso los ojos en blanco sin poder creerlo.
—¡Chist! —expreso cansino cerrando la puerta de su coche—. Más de media hora desde que deje el tráfico, que locura.
El tiempo era lo que menos le importaba en lo absoluto, sino mas bien el hecho de que tuvo que dar vueltas y andar de un lado a otro, últimamente desde que su esposa había tenido que viajar con sus hermanos, acompañando a Gaara para cuidar de Natsumi, él no había estado con mucha paciencia sobre sus hombros. Le preocupaba terriblemente Temari, no sabia hasta donde podría llegar su fortaleza.
Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por una voz suave entre la pena y la desdicha.
—¿Tendría una moneda para mi, por favor?
Shikamaru freno sus pasos y volteo sorprendido, encontrándose con la devastadora imagen de una vagabunda… Parpadeo casi en shock.
—¿Cómo dijo?
—Si me da una moneda, para mí y para mi hijo.
—¿Una moneda? —Shikamaru apretó su mandíbula—. ¡Y cree que una moneda le va a servir de algo! No sea estupida, mujer.
La indigencia en las calles era algo que no tenia cabida para él, sabia que se trataba de una política de estado el ayudar a estas personas con los recursos adecuados, pero también le indignaba que los demás no solo dieran vuelta la cara a esta situación sino que los mismos pobres que pedían en la calle no buscaran otro camino con dignidad.
—¿Quiere que salga a robar? —dijo la mujer.
—No, bueno, pues no, claro que no…
—Sino me va a ayudar, entonces no me sermonee, señor.
—¿Sermonear? Yo no intento… —perdió el hilo de sus palabras al notar algo por primera vez—. ¿Esta usted embarazada?
El turno de sorprenderse fue el de la mujer, pues la pregunta de Shikamaru era una obviedad.
—Si.
—¿Esta en la calle todo el día?
—Así es.
—¿Nadie le ayuda?
—Nadie tiene la obligación de ayudarme.
—¿Duerme aquí?
La mujer negó.
—No siempre aquí, a veces en la entrada de la catedral central ¿Por?
—¿No es eso malo para su embarazo?
—No lo se, supongo que si. Nunca he ido al medico.
—¿Por qué?
—No puedo costearlo —la chica miro con preocupación a Shikamaru, nadie durante muchos años de lo que ella recordara, le había hecho tantas preguntas —. Señor, ¿usted se encuentra bien?
—¿Qué va a tener?
—¿Cómo?
—¿Qué será el bebé?
—Lo siento, no lo se —dijo, bajando la mirada.
Shikamaru apretó sus puños, lleno de indignación. Así era la vida de injusta, a esa mujer que tenia frente a sus ojos, a quien no le importaba lo que le deparaba el mañana a ella y a su pequeño hijo, tendría la dicha de ser madre, mientras que a una mujer maravillosa como Temari…
—¿Me dará una moneda? —susurró la joven.
Quizás la vida le había negado otras cosas más importantes a esa mujer, quien sumergida en su ignorancia, acariciaba su pequeño vientre con la mirada perdida.
—¿De que te servirá si te la doy?
Ella levanto su mirada confundida hacia él.
—Bueno, yo podría comprarme un sándwich, por ejemplo.
Shikamaru suspiro, pero acercándose a ella, le tendió su mano.
—¿Qué esta haciendo?
—Te estoy ayudando, pero de verdad —dijo él—. Ven, dame tu mano.
—¿Me dará dinero? —abrió sus ojos sorprendida.
—No, te daré algo que te será de más ayuda —bajo su mirada al vientre de la joven.
—¿Cómo que?
—Una visita al medico.
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Era hipnotizante, una extensión de su ser que se había encontrado finalmente, su alma había estado vacía hasta ese momento, por eso dolía terriblemente. La vida lo estaba atando de pies a cabeza, lo estaba haciendo sangrar por dentro, si había cometido un error, se arrodillaría y pediría que le corten la cabeza, que lo castigaran a él, pero a ella… a ella que no la rozara ni el viento.
Pero así de mañosa, cruel y vanidosa era la vida, hacia y deshacía a su antojo, sin importarle que él poseía un corazón. Un corazón que siempre había esperado el regreso de ella.
Su primer amor.
Su primera novia.
Su primera vez.
Su esposa.
La madre de su hija.
La mujer de su vida.
—Matsuri…
Ese nombre salio solo de sus labios, se le escapo con necesidad de escuchar una respuesta que nunca llego, la espero por un tiempo, pero no paso nada. Acerco su mano hacia la de ella, sintiéndola suave, pero un poco fría.
No supo cuando fue, pero de un momento a otro, estaba con su rostro enterrado en el pecho de Matsuri, sintiendo como las lágrimas caían por sus mejillas, pero encontrando la paz, algo que había perdido desde que Matsuri se había ido de su lado.
Que abran las puertas del cielo, que abra la paz a sus pasos, siempre entre los brazos de su amor.
Y así encontró Akasuma No Sasori a Sabaku No Gaara, llorando a su esposa, a esa mujer quien también se había convertido en la persona que tanto había anhelado en su vida.
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Los ojitos celestes lo miraron con felicidad y anhelo, las manitos aplaudieron contentas y los saltitos no se hicieron esperar, una sonrisa jocosa le fue regalada con sinceridad, mientras intentaba alcanzar un adorno de porcelana llamativo.
—No —dijo Sasuke con seriedad—. Lo romperás.
—Juete —expreso Ginji haciendo un puchero.
—No, no es un juguete, es un adorno que le regalaron a tu madre.
A Ginji Uzumaki se le cristalizaron los ojos y su labio empezó a temblar, Sasuke sabia que el niño se pondría a berrear. Sin poder contenerse tomo el adorno y se lo dio. Ginji rió con felicidad al tener ese llamativo adorno entre sus manitos, camino unos pasitos hasta un cuadro.
—Ete también, padino.
Sasuke arrugo la frente, pero luego de unos segundos termino por darle el cuadro que contenía el diploma de graduación de Naruto. Ginji se sonrojo de alegría, para luego correr, con un Sasuke siguiéndolo detrás, hacia una estantería intentando tomar un florero de vidrio. El joven Uchiha termino por darle las flores de dicho florero, el niño le señalo un reloj de madera y Sasuke con tal de que su ahijado no llore, se lo dio también.
—¿Qué están haciendo?
La voz de Naruto los encontró con las manos en la masa, Sasuke cerró los ojos ignorando su presencia, mientras que Ginji aferro a su pecho y con fuerza las cosas que había conseguido gracias a su padrino.
—No le puedes dar esas cosas a Ginji-chan, teme. Las romperá.
Naruto intento ir hacia su hijo, pero este se escondió detrás de las piernas de Sasuke, quien se encogió de hombros.
—Se iba a largar a llorar.
—No puedes darle todo lo que te pide solo porque se largara a llorar, Hinata nos matara.
—Pero es malo que los niños lloren ¿Verdad?
Naruto entorno los ojos al escuchar la justificación de Sasuke, pero luego miro detenidamente a su amigo y cambio el rumbo de la conversación.
—Dejaste a Hinata preocupada.
—No era mi intención, pensé que lo sabias, después de todo eres amigo de Gaara.
—Me siento terrible, preocupado de mis propios problemas ignore por lo que estaba pasando un amigo.
—No es tu culpa, dobe. Y hablando de tus problemas, veo que volviste a tu casa ¿Hinata te perdono?
—Le conté todo sobre lo de Karin.
—¿Todo?
—Si, todo. Y... tuve miedo, pero Hinata es demasiado fuerte, me escucho, y aunque se altero, se quedo a mi lado.
Puede que Sasuke no comprendiera en su amplitud las palabras y sentimientos de Naruto, debía aceptar que en ese aspecto su amigo había madurado con anticipación, pero aun así, respetaba el momento de complicidad que estaban teniendo.
Naruto no estaba solo con el karma que llevaba encima ¿Cómo se sentiría? Se preguntaba Sasuke cada vez que veía a Naruto feliz al lado de su esposa e hijo ¿Cómo se sentiría poder gozar del amor incondicional de una persona que conoce lo peor de ti, y aun así, te sigue eligiendo?
Y el silencio cómplice, finalmente fue roto… junto a las cosas y adornos de la casa Uzumaki cuando a Ginji se le cayeron de sus brazos. Sasuke abrió ampliamente sus ojos para luego mirar con cautela a Naruto.
—Pedon, papito —expreso Ginji con ojos llorosos, mirando los adornos rotos.
En un gesto similar a cuando su hijo hace un puchero, Naruto trago saliva con dificultad y sin poder contenerse…
—¡No puedo con mi genio! —expreso rendido—. Hinata esta en el jardín así que juntemos y limpiemos esto antes de que ella lo vea. Vamos, teme, ayúdanos.
Porque con pequeños gestos, los padres muestran la gran debilidad que sienten por sus hijos.
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—Es hora de higienizarla.
Gaara se aparto rápidamente del cuerpo de Matsuri, pero no soltó su mano fría. No le gustaba ni la presencia ni la mirada de ese hombre sobre su persona, mucho menos sobre Matsuri ¿Quién era él? ¿Y porque portaba una actitud de pertenencia sobre Matsuri?
—Aun estoy con ella, ¿puede esperar esa mujer unos cinco minutos más?
—Puede que usted se crea con mucho derecho en esta situación y créame que comprendo lo que lo une a Matsuri, ser el padre de su hija no es poca cosa, pero no tiene derechos sobre ella. Con todo respeto, Sabaku No Gaara, usted debería respetar un poco más a las personas que han estado al lado de Matsuri durante todo este tiempo de manera incondicional.
El olor a hospital, suero y medicamentos era algo que no podía pasar por su olfato sin sentarle de manera desagradable, pero no era tan odioso como estar escuchando esas palabras de parte de un aparecido como ese medico que tenia enfrente.
—Parece que conoces mucho a Matsuri —expreso Gaara, separando levemente sus dientes al hablar.
—Lo suficiente y más, soy su amigo y medico.
Con que primero amigo y después medico ¿Eh? Para Gaara era obvio que él estaba marcando territorio, uno que quizás no le correspondía.
—Y yo soy su esposo.
—Matsuri me hablo de usted y me dijo que se habían divorciado.
—Fue suficiente. No te conozco y no pienso darte explicaciones de mi relación con Matsuri, mi esposa. Vine hasta aquí para hacer todo lo posible en salvar su vida, como veras he logrado muchas cosas que tú no, siendo que eres un medico.
Por primera vez alguien se había metido con su profesión y lo había ofendido terriblemente, Sasori apretó sus puños con el impulso de golpear a ese hombre engreído, pero detuvo sus emociones al notar la débil respiración de Matsuri, ayudada por la maquina de oxigeno.
—Dije que es hora de higienizarla.
Gaara estaba por replicar, pero lo interrumpieron.
—Si, la higienizaremos y procederemos a prepararla para cirugía —dijo Sai, mirando seriamente a los presentes.
—¿Cirugía? ¿De que esta hablando? Su tumor y enfermedad, su corazón…
—Ya no lo resistirá más, su corazón fue vencido por el tumor, de ser así la enfermedad tomara los demás órganos y ya no habrá posibilidad para ella. Usted lo sabe Sasori-san es un milagro que siga viva.
—¿Lo has conseguido? —dijo Gaara con preocupación.
—Así es, conseguimos el corazón que podría ser compatible con ella —una voz femenina se expreso con paciencia y serenidad—. Es de urgencia prepararla para cirugía.
—¡Ya han conseguido un corazón! —Sasori no pudo ocultar su sorpresa—. ¿Cómo…?
Sin recibir respuesta alguna, Sasori poso sus ojos en Gaara, sabiendo que el padre de Natsumi debería tener sus influencias, y recordando como con su sola presencia logro poner en terror a su mentor, aunque le parecía injusto, agradeció que Matsuri tuviera una posibilidad gracias a él.
Gaara, por su parte, miro con estudio a la mujer presente, Sai la presento con rapidez.
—Rin Nohara, mi sempai de la Universidad. Créeme, Gaara-kun… ella es una excelente cirujana, y será quien salve a Matsuri-san.
—Sai te debo…
—Nada, Gaara-kun, es mi vocación —Sai se dirigió a el otro medico presente—. Usted nos ayudar ¿Verdad, Sasori-san?
Con ninguna objeción encima, el medico puso manos a la obra, mientras que Rin amablemente se acerco a Gaara.
—Suéltala, por favor.
—¿Cómo dijo?
—Que la suelte, Gaara-san.
El aludido se dio cuenta que en ningún momento había soltado la mano de Matsuri, y ahora mas que nunca, sabia que jamás volvería a soltarla.
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Miro sus pies con entretenimiento, como si fuera la cosa más interesante que había visto jamás, era bastante inteligente como para saber que no tenía que ponerse a pensar sobre sus actos en ese momento. Para su suerte la puerta del consultorio del Konoha FC, se abrió dejando ver la figura de la médica del equipo.
—¿Cómo esta todo, Sakura?
—Debemos hablar, Shikamaru.
El hombre asintió y se apartaron unos pasos del consultorio general.
—Shikamaru… ¿De donde has sacado a esta pobre mujer?
—Bueno, estaba en la calle, a la vuelta del estadio… pidiendo, ya sabes ¿Por qué?
—¿Porque? —la joven Haruno arqueo una ceja—. ¡No preguntes boberas, baka! Porque esta mujer, esta de cuatro meses de gestación, es anémica y presenta severos problemas de desnutrición. A este paso tanto ella como su bebé están en serio peligro.
—¡Pero que problema! —Shikamaru se llevo una mano a la cara y luego miro con determinación a Sakura—. ¿Y hay algo que podamos hacer?
—¡No hagas preguntas estupidas te dije!
—¿Y porque me gritas?
—¡Porque estoy preocupada! —suspiró—. Pero cuentas con mi ayuda, Shikamaru. Primero debemos encargarnos de internarla en una clínica para que reciba de manera urgente un tratamiento y yo personalmente me encargare de que su embarazo no corra más riesgo del actual.
—¿El bebé estará bien?
—Haremos todo lo posible para que así sea. Ahora mismo me comunicare con Tsunade-sama, ella no tendrá reparos en hospedarla en su clínica.
—Sakura, todo gasto corre por mi cuenta, no lo olvides.
Él poso una mano en el hombro de la médica, recibiendo un asentimiento de su parte, Sakura con apuro tomo dirección hacia la salida a la vez que sacaba de su chaqueta blanca su celular.
Ni un solo mensaje, ni una llamada perdida. Nada.
Y sabiendo sobre todos los defectos que caracterizaban a Sasuke, Sakura se preguntaba con frecuencia ¿Por qué se seguía sintiendo así por el? ¿Por qué su pecho se agitaba con fuerza con tan solo pensar en él? Solo había una sola respuesta, y a veces se odiaba, porque resultaba ser la misma respuesta desde el momento que lo había conocido.
—Come.
La joven abrió sus ojos sorprendida, al ver una fuente llena de frutas de radiantes colores frente a ella, pero al instante, sin poder evitarlo su estomago rugió. Shikamaru sintió un estremecimiento en su pecho, esa pobre criatura…
Y en el momento que la joven, como hipnotizada, se lanzo hacia la fuente de frutas, acabándola en un siantamen; Shikamaru supo que no podía quedarse de brazos cruzados.
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No podía quejarse, los jugadores que les habían traído como reemplazo no estaban mal. Era cierto que prefería mil veces a Neji, Gaara y Kankuro, pero tampoco podía imponer su voluntad, ya la vida le mostraba ciertos límites.
Kakashi se saco su ropas con parsimonia quedando solo en boxer, miro su lujoso departamento sintiéndolo en paz, no importaba todas las cosas que pudieran pasar a su alrededor, su vida era tranquila, muy tranquila a decir verdad. Había sido lo suficientemente maduro para no dejarse llevar por las superficialidades que abundaban en el mundo que vivía, su etapa de joven hormonal y egoísta ya había pasado.
Aunque vivía en paz… solía haber algo que le faltaba, pero no sabía que era exactamente.
Se encogió de hombros, olvidándose por un momento del asunto, e intento llegar a su sanitario para darse un fresco baño, pero al llegar al mismo, no supo si sorprenderse o pegar el grito en el cielo.
Allí en su bañera y completamente desnuda estaba…
—Hola, Kakashi-san.
Puso los ojos en blanco, sintiendo un pequeño sentimiento de furia, no le gustaba que invadieran su espacio personal, su departamento era sagrado. Intento mantener el autocontrol que siempre lo caracterizaba.
—¿Cómo fue que entraste, Hanare?
—Bueno, una mujer tan bella como yo, tiene sus técnicas.
Bien, Kakashi ya sabía que había seducido al portero.
—Siempre quise conocer tu departamento, eres tan especial con él, dicen que no dejas entrar a nadie aquí, ya se porque… es tan lujoso y tiene toda tu esencia.
—Hanare… ¿Qué haces aquí?
La hermosa mujer puso los ojos en blanco, ¿acaso no era obvio? Ella estaba desnuda en su bañera…
—¿No te das cuenta?
—Si, ya me di cuenta. Pero no tengo ganas, así que sécate, cámbiate y vuelve a tu casa, por favor.
Kakashi salio cerrando la puerta de su baño tras de si, dejando a una mujer tan deseosa como pasmada y furiosa. Ya estaba aburrido de ciertas cosas, a su edad ya no era divertido ver como las mujeres se le regalaban sin él hacer un mínimo esfuerzo; al llegar a su edad –pensaba Kakashi- uno se ponía mas quisquilloso y orgulloso, y a veces, necesitaba una mujer que se le hiciera la difícil.
Esta bien que él era muy guapo, pero un poco de desafió a su vida personal, no le sentaría nada mal. Pero ahí estaba el tema, él era tan exitoso, que ya la vida no le regalaba desafíos extraordinarios.
Miro su departamento nuevamente, tanta paz lo abrumaba.
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No podía soportarlo mas, esos individuos lo habían puesto en evidencia, y las personas que lo habían metido en esto le soltaron la mano. Nunca pensó que esa jovencita sencilla y humilde tuviera a personas con tanta influencia a sus espaldas, si cuando llego a su consultorio acompañada de su amiga impertinente, parecía hasta tener problemas económicos para pagarle.
Que iba a saber él que ella era la hija de ese hombre, no había manera de saber que ella era la esposa de ese joven.
Cuando su familia lo supiera, lo despreciaría. Cuando todo el mundo de la medicina se enterara, lo humillarían. Llevaba en sus espaldas una cruz muy grande, culpas y mas culpas, solo por el hecho ser tan ambicioso. Lo lamentaba mucho por su esposa, ojala algún día ella pudiese perdonarlo. Le entristecía saber que en este ultimo momento de vida solo estaba peleado con su hijo mayor, por lo menos le quedaba el consuelo de que su hijo pequeño… crecería sin la influencia de un mal padre.
Tomó el frasquito blanco, no saco las pastillas una por una, esto debía hacerse de manera rápida, sino terminaría por arrepentirse. Al tragar fuertemente, respiro profundo y miro una fotografía de su escritorio, con la última imagen de su familia, cerro los ojos.
Se despidió de todo con la silueta de una hermosa joven de cabello rosa y ojos esmeralda ¡Oh, la recordaba muy bien! Por ella, él había perdido la cabeza y el sentido. Tan joven y bella, la había deseado tanto, y la había amado entre sus sábanas. Ella se alejo con una sonrisa serena en su rostro, sabia que no le vería nunca mas, no culpaba a su hijo por haberla amado también.
Y solo sintió la paz llegando a su cuerpo, esos ojos verde esmeralda se lo cedieron, aunque no se lo merecía por haber sido un mounstro con ella y con el mundo.
—Padre, abre la puerta de una vez. No has salido de tu despacho desde que llegaste de la clínica… y eso fue hace día y medio. Mamá esta preocupada.
Ninguna respuesta recibió y el joven decidió que ya no tendría más paciencia para ese hombre egoísta que tenía como padre, que solo se preocupaba por su bienestar y cosas, sin reparar que tenía una familia a su lado. Le pidió a la empleada de servicio que le trajera la llave de repuesto y así lo hizo la mujer. Cuando finalmente abrió…
—¡Oh, esta dormido! ¿Verdad, joven John? —expreso la empleada con alivio.
A paso cauteloso, el chico se acerco al escritorio donde medio cuerpo de su padre reposaba encima, con cuidado lo tomo del hombro y lo sentó. Al darse cuenta de lo sucedido, el joven no mostró ninguna expresión en sus atractivos ojos negros.
—Cobarde —dijo sin más—. Siempre fuiste un cobarde, padre.
Solo escucho a la empleada salir del despacho dando alaridos de horror y pena.
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La sensación era indescriptible, nunca había experimentado tal agrado en toda su corta vida, Desde que le habían diagnosticado su enfermedad, su cuerpo se sentía pesado y muy disgustado con cualquier actividad, pero ahora se sentía muy ligera y más vital que nunca, ni siquiera le dolía respirar. Matsuri se miro de pies a cabeza no pudiendo evitar sonreír, poder estar así, después de sentirse tan enferma era…
—Si, indescriptible —se dijo a si misma.
¿Pero en donde estaba?
El lugar desprendía una armonía singular, cualquier persona podía encontrar una paz infinita allí. Sus pies se movieron solos, las hojas de los árboles le fueron indicando un camino hacia el pasillo de un hospital, lo que a Matsuri no le pareció lógico, pero por alguna desconocida razón no lo cuestiono, le pareció correcto seguir esa señal. Quería saber en donde estaba.
—Papi.
La voz de su hija la descoloco, viendo como su pequeña y hermosa Sumi iba hacia los brazos de Gaara, quien la acurrucaba y la abrazaba fuerte. ¿Por qué Gaara y Natsumi estaban juntos? Ellos no sabían…
—Quiero ver a mami.
—No podemos ver ahora a mami, Natsumi. La están operando. Pero te prometo que cuando ella se ponga bien, la podrás ver.
Gaara no debía prometerle cosas a la niña que quizás no podría cumplir, pensó Matsuri, sin comprender ella misma su propio pensamiento.
Esa imagen de Gaara y Natsumi juntos, era la que tantas veces había anhelado tener, pero la vida había sido muy corta para ella. Sus ojos se llenaron de lágrimas, comprendiendo finalmente lo que le había sucedido. Sintió la presencia de una persona pasar por su lado, se sorprendió al reconocer a su medico en ese lugar. Ese hombre se dirigió en dirección hacia un espacio en blanco, por alguna razón ella no quería ir hacia allí.
—Doctor Watson no valla allí, ¡es peligroso!
Pero él no la escucho y las sombras blancas lo envolvieron.
—Yo no quiero…no quiero ir, no me quiero ir. Mi hija… Gaara… ellos… quiero ir con ellos.
Miro nuevamente la imagen de Natsumi y Gaara en ese pasillo de hospital, y tan solo se le ocurrió correr hasta ellos.
Continuara…
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Fuaaaa, al fin lo termine. Oigan, ¿les gusto? Bueno, quizás no hubo mucho romance y humor y las cosas que usualmente suelo escribir, pero me gusto escribir estas escenas. Las creí necesarias. Y además, créanme, pasaron cosas importantes.
Bueno, como siempre, me disculpo por actualizar cada muerte de obispo, pero vean que si lo hago. ¡Tarde y a la espera larga, pero seguro!
Gente, gracias por leer y estar del otro lado de la pantalla.
Próximo episodio: El amor que nos une.
Nos estamos leyendo.
¡Hasta el próximo capitulo!
