Hola :)
Aquarius7: bienvenida, me alegra que te haya gustado y más todavía que te lo hayas leído de golpe, los atracones de fics son los mejores jeje.
Lyzz (tienes un nick muy largo para escribirlo entero, perdóname jeje): gracias, me encanta que te encante ^^
LoveGirl: te acuerdas de que hablamos sobre los motivos de Regina para dejar a Emma?...pues no salen ya en este capi, pero falta menos.
Antes de que se me olvide, no podré actualizar hasta el lunes o el domingo como mucho porque este finde me voy a una casa rural y, a menos que consiga convencer a las vacas de compartan conmigo su wifi vacuna secreta, me temo que no tendré internet :/ Pero no preocuparse, el lunes actualizo sin falta.
Gracias por los comentarios, se agradecen mucho :) y, por cierto, la escena "erótica" del capi pasado fue la primera que había escrito, ¿qué os pareció? de verdad de la buena, se aceptan críticas constructivas.
Espero que os guste.
CAPÍTULO 9
Aquel día siempre era duro. No importaba los años que pasasen o las veces que llorara, nunca terminaría de derramar todas las lágrimas que tenía reservadas para aquel día. Ruby y su esposo habían sido muy amables en dejarle pasar un rato en aquel lugar. Porque aquel manzano en el que tantas horas había pasado, en el que había llorado, reído y al que había visto crecer, ya no era su manzano.
Pero estaba allí, apoyada en la rugosa superficie del tronco, dejando que las lágrimas cayeran por sus mejillas, intentando olvidar el dolor y concentrarse en los buenos y escasos recuerdos. Aquel lugar siempre le había servido para despejar su mente y aclarar las ideas, en los últimos diez años había sido un refugio para alejarse de las impertinencias de su madre. Siempre podía volver allí e imaginar que el tiempo no había pasado o que, diez años atrás, sentada en aquel mismo lugar había hecho o dicho algo diferente.
Unos pasos la alertaron de la presencia de un intruso y Regina tuvo el tiempo justo de secarse las lágrimas antes de que una rubia figura apareciera entre las ramas.
- ¿Qué haces aquí? – La sorpresa de sentirse descubierta, hizo que Regina olvidara los formalismos.
- ¿Acaso no puedo visitar las nuevas tierras de mi mejor amiga? – Respondió Emma.
- Discúlpeme, señorita Swan. Tiene razón. Será mejor que me marche para que pueda seguir explorando las tierras de su amiga.- No tuvo fuerzas de ocultar el matiz de sarcasmo en su voz.
Regina abandonó su asiento, caminando hacia la pequeña senda que comunicaba su oculto manzano con el jardín. Sin embargo, antes de que pudiera marcharse, Emma la retuvo tomándola del brazo.
- Sé que día es hoy, Regina. He venido a ver cómo te encuentras.
- Oh, ¿ahora te interesa cómo me encuentro?
- Siempre me ha interesado.
- Claro, lamento no haberme dado cuenta en las últimas semanas mientras se dejaba cortejar por el señor Jones y el señor Cassidy.
- ¿Celosa, acaso?
- Eres libre de hacer lo que te venga en gana, Emma Swan.
- Lo soy. Y ahora mismo lo que quiero es sentarme aquí, bajo tu manzano y hablar contigo.
- ¿Creí que era el manzano de tu mejor amiga?
- Regina, - La voz de Emma sonaba cansada. - ¿Podemos intentar conversar amigablemente? Hazlo por Henry. El chico me cae bien, es el hijo de Aurora que era lo más parecido que tuve a una familia y quiero pensar en él como eso también, como mi familia. Tú eres su madre, él te tiene como tal. Han pasado muchas cosas entre nosotras, pero confío en que podamos solucionarlas y arreglar la situación, por el bien de Henry.
Regina suspiró sabiendo que estaba perdida. Haría cualquier cosa por Henry. Se sentó en el lugar que había ocupado momentos antes, esta vez, con Emma a su lado.
- ¿Todavía lo echas de menos?- Preguntó Emma.
- Siempre. Mi padre fue un hombre muy especial. He venido a este lugar cada año, el aniversario de su muerte, para sentirme un poco más cerca de él. Prefiero venir aquí y recordar cómo plantamos juntos este árbol, antes que sentarme frente a su tumba e imaginarlo muerto y atrapado en su ataúd.
- Lo entiendo. Era un buen hombre, sé lo mucho que ayudó siempre a Aurora y sus tías.
- Sí, en todo lo que pudo, por eso decidieron ponerle Henry a su bebé, en honor a mi padre.
- ¿No te importó que le pusieran Henry? Quizás era un nombre que reservabas para tu propio hijo.
Regina meditó su respuesta unos segundos.
- Ni siquiera lo pensé. Para cuando Henry nació, yo ya había aceptado el hecho de que nunca sería madre y me sentí orgullosa, simplemente, de que decidieran recordar a mi padre en un momento tan especial. – Vio que Emma estaba a punto de hablar, pero Regina la cortó antes de que pasase, había preguntas para las que no tenía respuestas.- ¿Y tus padres? Supe que los encontraste al fin.
- Sí, los encontré. – Aunque no parecía demasiado emocionada.
- ¿Y qué pasó?
- Mi madre se llamaba Mary Margaret Blanchard y, su linaje estaba separado, pero pertenecía a la familia real. Tenía a muchos por delante de la línea de sucesión, por supuesto, aunque eso no impidió que su padre quisiera que hiciera un buen matrimonio. La prometieron con James Nolan, hijo de otra importante familia aristócrata. Era un matrimonio convenido, así que no se amaban y mi madre lo había aceptado, hasta que conoció al hermano pequeño de su prometido, David Nolan, y se enamoró de él locamente. Trataron de cambiar el compromiso, pero el primogénito tenía preferencia. Sin importarles las consecuencias, se entregaron a su amor y nací yo. Nadie podía saber de mi existencia o, al parecer, sería todo un escándalo. Así que mi padre me entregó a la Madre Superiora Azul, amiga suya, para que me cuidase. El Destino jugó, entonces, a favor de mis padres, cuando James murió como consecuencia de una terrible pelea y mi madre pudo casarse con David. Mas, cuando fueron a buscarme, en el convento les dijeron que yo nunca había llegado. Unos asaltantes atracaron a la Madre Superiora, la hirieron. No sé qué hicieron conmigo, solo que acabé en casa de las tías de Aurora y ellas me cuidaron.
- Tu madre debió sufrir muchísimo, lo lamento.
- Sí, sufrió y no dejaron de buscarme, ni siquiera tuvieron más hijos. Cuando los encontré pensé que había hallado mi hogar, que por fin podría ser feliz. – Regina no pudo evitar cierto dolor al imaginar a Emma siendo feliz lejos de ella – Eran buenos padres y me querían, lo supe en cuanto los conocí. Aunque yo no era una hija fácil, demasiado acostumbrada a la soledad y a cuidar de mí misma. Mi madre era sumamente alérgica a las manzanas, ¿sabes? Estaban terminantemente prohibidas en todo el palacio. Pero a mí me gustaban, me recordaban a… - Quería decir "a ti", pero no encontró las palabras – al último lugar en el que me sentí en casa. Un día fui de caza con mi padre, encontramos un manzano y cogí unas cuantas. Nos las comimos juntos contando historias y riendo. Cuando llegamos a casa, David fue a besar a mi madre. Su beso debió contener rastros de manzana. Y ella murió casi al instante. Fue horrible ver cómo se asfixiaba sin que pudiéramos hacer nada por ella.
- Oh, Emma. – La mano de Regina se posó sobre el brazo de Emma movido por la necesidad de consolarla.
- Mi padre arregló los papeles para que yo fuera la heredera, me instruyó en lo que necesitaba saber y un día se marchó de caza, pero yo sabía que no iba a regresar. Pensar que fue su beso el que condenó a mi madre lo sumió en una profunda desesperación.
- Lo lamento mucho.
- Es irónico, me pasé una vida buscándolos y, después, apenas pasamos un par de años juntos.
- Al menos, los encontraste, supiste que nunca quisieron abandonarte.
- ¡Pero lo hicieron! Al final, me abandonaron, como todos.
- No, Emma…
- No, no digas nada. Tú también lo hiciste. Me abandonaste.
- Emma, si me dejaras explicarte…
- No me interesan tus excusas. – Emma se levantó de su asiento deshaciéndose del agarre de Regina y alejándose de ella.
- Emma, por favor, espera. Escúchame.
Pero fue en vano, Emma ya se había ido. Y lo único que le quedaba a Regina era pensar qué habría pasado de haber actuado de manera distinta, en aquel lugar, diez años atrás.
Flashback
Las lágrimas anegaban sus ojos, era incapaz de ver dónde pisaba y tampoco le importaba, estaba bastante segura de que en aquel momento era incapaz de sentir nada más que el dolor de su corazón. Necesitaba ver a Emma, necesitaba abrazarla, necesitaba…
- Regina, ¿qué pasa?
No podía hablar, solo llorar. Llorar y atraerla hacia sí, sintiendo cómo sus fuertes brazos la envolvían.
- Regina. – Emma intentó apartarse para mirarla a la cara, pero ella la sostuvo pegada a su cuerpo.
- No me sueltes. No me sueltes.
- Está bien, tranquila. Estoy aquí, todo va a ir bien. – Las manos de Emma recorrían su cuerpo, reconfortando su helada piel.
- Mi padre… mi padre…está… Emma, ha muerto. Me ha dejado.
- Oh, Regina, lo siento mucho. Sé cuánto lo querías.
- Lo quería muchísimo. Y ahora ha muerto y ni siquiera tuve oportunidad de presentarte, no me atreví a decirle que amaba a una mujer. Ha muerto sin conocerme, sin saber que te tengo.
- Shh, no pienses en eso Regina. No se lo podías habérselo dicho, sabías a lo que nos arriesgábamos.
- Sí, pero él me quería. Estoy segura de que lo hubiera comprendido. Tengo que pensar que lo habría comprendido. Él hubiera luchado por mí, pero ahora solo está mi madre y ella… Dios, Emma, no ha esperado ni cinco minutos, no había dejado de llorar a mi padre muerto cuando ha sacado a relucir el tema de que debía casarme de inmediato.
- Es una bruja.
- Sí. – Una pequeña sonrisa cubierta en lágrimas apareció en su rostro. – El médico ha dicho que mi padre ha muerto por problemas del corazón, pero su corazón no hubiera estado tan enfermo de no ser por la inquina y las maldades de mi madre. Emma, ¿qué vamos a hacer ahora? Estoy sola con ella. ¿Y si me manda lejos, y si me obliga a casarme?
- No lo permitiremos, Regina. No lo permitiré. No estás sola, me tienes a mí, ¿recuerdas?
- ¿Qué podemos hacer? Cora es una mujer ambiciosa, solo le interesa el poder y el dinero. No entenderá nuestros motivos para estar juntas, no comprenderá que nos amamos.
- No necesitamos su aprobación, Regina.
- ¿No?
- No, en absoluto. Podemos hacer otra cosa.
- ¿El qué?
- Fugarnos. – Emma la miró con seriedad.
- Emma, no hablas en serio.
- Más que nunca. Lo único que tenemos que hacer es tomar una diligencia en la madrugada. Iremos lo más lejos posible. Yo lo he hecho antes, me he escapado de muchos sitios. Nos alejaremos de Cora y buscaremos a mis padres, sabes que siempre he estado convencida de que no me abandonaron sin más. Yo puedo trabajar mientras. No te faltará de nada, te lo prometo.
- Emma Swan, sabes que es una absoluta locura, ¿verdad?
- Quizás, pero estoy dispuesta a cometerla por ti. ¿Tú lo estás?
Regina miró a su espalda, adivinando la silueta del palacete entre las tupidas ramas. Sin su padre vivo, ya no había nada que la atara a aquel lugar. Emma era todo lo que quedaba en su vida.
- Sí, estoy dispuesta.
- ¿De verdad?- Los ojos de Emma se iluminaron. – Regina, verás cómo no te arrepientes, me esforzaré todo lo que pueda por darte lo mejor. Me marcho para arreglar las cosas. Prepara una pequeña maleta con lo más necesario y reúnete conmigo una hora antes del amanecer en el camino de la diligencia. – Se dio la vuelta para marcharse, pero se arrepintió en el último momento y atrajo a Regina hasta sus labios. – Te quiero.
- Y yo a ti.
- Te veré esta noche.
- Sí.
Emma se alejó entre las sombras, mientras Regina se apoyaba en el tronco de su árbol sin saber si debía reír o llorar.
Bueno, eso esto todo por hoy amigos. ¿Qué os han parecido las muertes de Blancanieves y Aurora? Es que lo que más me gusta de los AUs es hacer que la historia real y la no-mágica coincidan y adaptar la serie a mi obra, es muy divertido hacer que todo encaje como un puzzle. :)
Gracias por leer.
Ah, que se me olvida, a partir del próximo capi comienza lo interesante. Tendremos un viaje en el que aparecerá un nuevo personaje que quizás despierte los celos de algún otro miembro del grupo y se reabran viejas heridas...
