El principito
Disclaimer: Ni Star Trek ni El Principito son de mi propiedad, simplemente hago esto porque adoro el Principito y me encanta Star Trek.
Importante: Basada en la historia de "El Principito" de Antoine de Saint-Exupéry. Por consiguiente habrá fragmentos del libro.
Evasión.
(IX)
Creo que, para su evasión, aprovechó una migración de pájaros silvestres.
—En Vulcano…—Confesó Spock, midiendo sus palabras antes de pronunciarlas. —Ser mestizo está mal visto, yo estoy mal visto.
Jim le observa con sus grandes ojos azules, sin apartar la vista de los orbes chocolate.
—No es agradable.
Jim sonrió suavemente, sin soltar la mano de Spock.
—Claro que no lo es Spock, es duro que se metan contigo. —Luego, en voz más baja, agregó. —De hecho eres muy valiente, no como yo.
Así Jim comenzó a contarle a Spock la historia de cómo había decidido emanciparse de su madre, de Sam y de Frank—todo ilegalmente por supuesto—. Spock le escuchó atentamente, no queriendo perderse ni una sola de las palabras que el niño iba a decir, absorbido totalmente por el encanto natural que emanaba del rubio.
Quien, a su vez, no podía dejar de pensar en él.
El principito arrancó también, con un poco de melancolía, los últimos brotes de baobabs. Creía que no iba a volver jamás.
Jim le contó cómo, ese mismo día, había tratado de escaparse del dúplex en San Francisco. Había fracasado, le había dicho, como todo un cobarde.
…Y cuando regó por última vez la flor, y se dispuso a ponerla al abrigo de su globo, descubrió que tenía deseos de llorar.
Jim le contó que se había despertado muy temprano en la mañana, había hecho una pequeña maleta—mochila de Buzz Lightyear—y dispuesto a irse para no volver jamás. Sam le había dicho algo muy feo, Frank le había dado una bofetada—aunque eso era secreto—y su madre, al llegar a casa exhausta, le había dicho George.
Y Jim sabía que se refería a su padre.
Fue rumbo a la puerta, encontrándose con su madre dormida sobre la mesa del salón, rodeada por Padds llenos de trabajos.
Tomó una manta del sofá y, con mucho cuidado, tapó a su madre. Winona se removió, más dormida que despierta, a penas vislumbrando un cabello rubio revuelto que brillaba con los rallos de sol matutinos que entraban por la ventana.
—Adiós. —Dijo Jim.
Pero la flor no le contestó.
—Adiós. —Repitió.
Winona se removió nuevamente, enfocando por primera vez. Vio el rostro de su hijo menor, sus ojos tristes y su ropa siempre desaliñada. Winona se creyó aún dormida, vencida por el cansancio que se auto producía para no pensar en George. Sin embargo, pensó, cuando soñaba con Jim este siempre sonreía y reía y este—el que la tapaba con tanta gentileza—lucía tan triste que supo que era el de verdad.
Era su hijo.
Winona sonrió tristemente, pensando que aquel adiós significaba la rendición de su hijo por intentar llamar su atención.
Y quiso llorar de pronto.
—He sido tonta. —Le dijo por fin. —Te pido perdón. Procura ser feliz.
Rogó con sinceridad, esperando que Jim pudiera hacer lo que ella y Sam jamás habían hecho: dejar atrás los fantasmas del pasado. Tal vez su hijo, su intrépido hijo, pudiera deshacerse de la sombra que se cernía sobre él incluso en su cumpleaños.
Tal vez, pensó, si la odiaba podría ser feliz.
Quedó sorprendido por la ausencia de reproches. Permaneció allí, desconcertado, con el globo en la mano. No comprendía esa calma mansedumbre.
—Pero, sí, te quiero. —Susurró Winona. —No has sabido nada, por mi culpa. No tiene importancia. Pero has sido tan tonto como yo. —Winona rió tristemente, encogiendo el corazón de Jim. —Procura ser feliz… tan feliz como yo lo he sido cada vez que reías…
Jim se tapó la boca, temblando.
—Pero Sam…
Winona volvió a sonreír, acariciando la mano de su hijo. Una mano muy diminuta, pensó con melancolía.
—Sam estará bien… El crecer no le hará daño, le hará bien. Comprenderá que no necesita esforzarse tanto para que lo quiera.
Jim replicó nuevamente, obstinado:
—Pero Frank…
—Es preciso que soporte dos o tres berrinches suyos si quiero volver a ver el sol. ¡Es tan hermoso ver salir el sol! —Exclamó con dulzura. —Así, cada nuevo día, será como un renacer. En cuanto al resto males, no les temo. Tengo mi coraje para enfrentarme a ellos.
Y mostró ingenuamente sus cuatro espinas.
—¿Has visto que manos tan fuertes tengo? —Preguntó mostrando sus manos finas y hermosas con orgullo.
Jim asintió, sin habla.
Winona soltó su mano, tratando de no llorar frente a su hijo. Su fuerte hijo que iba a dar el paso que ella jamás se había atrevido a dar.
Después agregó:
—No te detengas más, no es necesario. Has decidido olvidar, seguir adelante. Ve ya, Jim, ve hacia el horizonte que te aguarda.
Jim asintió, dejando atrás a su madre que rompió a llorar, llorar y llorar hasta que cayó presa del cansancio otra vez. Entonces, con los ojos anegados en lágrimas, Jim salió corriendo escaleras arriba, incapaz de poder contener el llanto ni un minuto más sin acabar desmoronándose como un castillo de naipes.
Vivir, pensó, cuesta tanto…
Pues no quería que le viese llorar. Era una flor tan orgullosa…
Continuará...
Se aceptan dudas, quejas, sugerencias...
