Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


-8-

No me di cuenta de cuando me dormí, así que cuando me desperté, rogué que todo lo ocurrido sólo hubiese sido una horrible pesadilla. Al darme cuenta de que estaba sola en la cama y con la ropa del día anterior, supe que no había sido así, que había sucedido de verdad. Debía que ir a trabajar en una hora, y era lo que menos ganas tenía de hacer, aunque supuse que me vendría bien para despejarme. Me levanté con pesadez y arrastré los pies hasta la puerta. Me percaté de que los tornillos que sostenían el pestillo estaban casi fuera de sus orificios, y supuse que aquello era la causa de los porrazos de Jasper contra la puerta. Estuvo a punto de echarla abajo, pero aquella hazaña no me conmovió. Abrí la puerta con cuidado, deseando que Jasper estuviese dormido en el sofá y que no se percatara de mi presencia. Pretendía irme a trabajar en cuanto pudiera ducharme y cambiarme de ropa, y si en aquel espacio de tiempo él no se despertaba, lo agradecería. Me sorprendió verlo sentado junto a la puerta, con los ojos abiertos como platos. Se levantó con rapidez en cuanto se percató de mi presencia.

-Alice –murmuró con la voz ronca. Los gritos de la noche anterior no le habían hecho ningún bien a su garganta. Me di cuenta de que estaba pálido, despeinado, con la ropa arrugada y ojeroso. Parecía un cadáver. –Perdóname –fue lo primero que dijo.

Comprendí que se había pasado toda la noche despierto, esperando que yo saliera de la habitación para disculparse. Pero una disculpa no repararía todo el daño que me había hecho. Y, sinceramente, ni yo misma sabía qué lo haría.

-No sé lo que me ocurrió…lo siento muchísimo. Yo no quería acusarte…

-Pero lo hiciste –murmuré sin mirarle. –No sabes cómo me siento al saber que aún me crees capaz de robar.

-No te creo capaz de robar –replicó.

-Mentira. Ayer me lo dejaste muy claro.

-Alice, ayer tuve un día horrible y no se me ocurrió otra cosa que pagarlo contigo. Pero sé que lo que te dije era lo último que debería haberte dicho. Lo que sucede es que no entiendo como pude…como fui capaz siquiera de pensar en algo así.

-Es fácil. No confías en mí –musité con la mirada fija en la pared.

-Eso no es cierto. Confío en ti más que en nadie.

No le contesté, y al parecer eso fue lo que lo desesperó.

-¡Por Dios, Alice! ¡Te amo! –alzó la voz, colocando sus manos en mis hombros, intentando que reaccionara.

-Lo sé. Y por eso me duele más saber que no eres capaz de confiar en mí –continué con la voz neutral, que no mostraba ningún sentimiento.

-¡Sí que confío en ti!

Me aparté de él y caminé hasta el cuarto de baño, pero Jasper me sujetó la muñeca y se colocó delante de la puerta, impidiendo que entrara.

-No te vas a ir hasta que acabemos de hablar.

-No tenemos nada de que hablar, Jasper.

-Claro que sí. Tenemos que solucionar esto.

-Una disculpa no me va a servir.

-Entonces dime qué quieres que haga. Dímelo y lo haré –me pidió con el rostro desencajado por la angustia.

-No tienes que hacer nada. Sólo confiar en mí.

Se pasó una mano por el cabello, desesperado, y después me miró.

-Ya lo hago, te juro que lo hago.

Negué varias veces con la cabeza.

-Entonces dame tiempo –le pedí.

-¿Tiempo para qué?

-Para pensar. Lo que ocurrió ayer no fue ninguna discusión. Fue algo más, y yo no puedo fingir que no me dolió –suspiré. –Mira, sabes que te quiero, pero lo que sucedió ayer me demostró que tendré que acarrear con mi pasado durante toda la vida.

-Pero… –empezó, pero no le dejé continuar:

-Si me amas tanto como afirmas, dame tiempo, por favor. Hace meses te prometí que no me iría y no lo voy a hacer, pero sólo quiero tiempo. No quiero vivir fingiendo que soy feliz cuando no lo soy.

Algo pareció romperse dentro de Jasper cuando escuchó mis últimas palabras, pero asintió en silencio y se hizo a un lado para que pudiese entrar al cuarto de baño. Me di una ducha rápida porque sabía que si tardaba, empezaría a llorar de nuevo y no quería. Me vestí con rapidez y me fui de casa sin desayunar. Jasper ni siquiera me miró cuando estuve en el salón, y entré a trabajar sintiéndome mal. Le había hecho daño, estaba segura de que no tanto como el que él me había hecho a mí con su desconfianza, pero lo había herido. Él no se lo merecía. Él había sido la persona que mejor me había tratado en muchísimo tempo, pero yo no podía hacer otra cosa. Sabía que mi corazón tardaría en repararse, pero estaba segura de que en menos tiempo del que me pensaba, todo volvería a ser como antes.

Dos días después seguíamos igual. Jasper no me hablaba, y empezaba a echar de menos el sonido de su voz. Era yo la que le había pedido tiempo, pero comenzaba a pensar que si continuábamos de aquel modo, nuestra relación se rompería y sería imposible de reparar.

En cuanto me levanté el sábado, lo felicité por su cumpleaños, pero no me dedicó nada más que un breve asentimiento de cabeza. Por la tarde, como no aguantaba más aquel silencio arrollador que nos llevaba invadiendo varios días, caminé hasta el cajón, lo abrí y saqué el otro regalo que le había comprado y que no había visto aún. Confiaba en que no me lo tirara a la cabeza. Se lo puse a su lado en la mesa, y cuando se percató del paquete, me observó durante un segundo y después contempló la caja con detenimiento.

-Ábrelo –le pedí con un intento de sonrisa.

Pareció pensárselo durante un par de segundos, pero después dejó el bolígrafo sobre el folio en el que estaba escribiendo y cogió la caja. La abrió con lentitud y después examinó el reloj. Lo sacó, lo sostuvo en la mano durante unos segundos, y después volvió a dejarlo en la caja.

-Gracias –musitó regresando su atención a sus apuntes.

Asentí aguantando las lágrimas y me senté en el sofá. No sabía qué había pretendido dándole el regalo, sabiendo que no querría nada de mí. Escuché un golpe en la puerta, y fui a abrirla por hacer algo.

-¡Felicidades! –el grito de Emmett resonó en todo el salón. Entró en el piso con un par de regalos en una mano y con un pastel en la otra, y estuve a punto de desmayarme. No me había acordado de decirle que habíamos cancelado la fiesta porque nuestro humor no era el mejor en aquellos momentos.

Jasper no se molestó en prestarle atención.

-Rosalie no tardará en venir –nos explicó dejando los regalos y el pastel sobre la mesa. –Bueno, ¿cómo te sientes al cumplir los diecinueve? –le preguntó a Jasper fingiendo entrevistarle, poniéndole el puño cerrado delante del rostro con si sostuviese un micrófono.

No le contestó, y yo temí que se levantara de repente y le golpeara.

-Hoy no tiene ganas de hablar, será la vejez, amigos –anunció Emmett con voz de reportero, poniéndose el micrófono invisible delante de la boca.

-No es un buen momento –le expliqué yo acercándome a él.

-¿Cómo que no? ¡Si hoy toca fiesta! –canturreó animado, y envidié su buen estado de humor.

-Hoy no toca nada, así que ya te puedes estar largando –escuché la voz de Jasper y me asustó su determinación. –Y de paso, llévate todo esto –le ordenó señalando el pastel y los regalos.

Emmett lo observó con algo de desilusión pero sin perder la sonrisa.

-Vamos, Jazz. Es tu cumpleaños y queremos pasar el día contigo. No hace falta que abras los regalos ni que te comas el pastel si no te apetece, pero no te enfades –le pidió intentando insuflarle parte de su buen humor.

-No te atrevas a decirme como tengo que estar –alzó la voz a la vez que lo fulminaba con la mirada. –Lárgate, Emmett.

-Pero…

-¡Que te largues! –gritó Jasper tirando al suelo el pastel y los regalos. Lo observé horrorizada y después miré a Emmett, que había endurecido sus facciones.

-De acuerdo –murmuró. Se dio la vuelta con la intención de salir del piso, pero corrí tras él y lo tomé de la mano.

-Lo siento mucho –me disculpé con los ojos llenos de lágrimas.

-No es culpa tuya –me tranquilizó dándome un apretón en la mano. Acto seguido abrió la puerta y encontramos a Rosalie en el pasillo. –No te molestes en entrar, tu hermano no tiene ganas de fiesta –le informó Emmett.

-¿Por qué? –preguntó extrañada.

-No tiene un buen día. Déjalo, ya vendremos en otro momento –le pidió saliendo del piso y cerrando la puerta a sus espaldas. Una vez se fue, aún fui capaz de escuchar sus voces fuera del piso. Seguramente Emmett le estaba explicando lo ocurrido.

Volví al salón y me encontré a Jasper de pie, observando el destrozo que había hecho con el pastel.

-No tenías por qué comportarte así –me atreví a decirle con la voz entrecortada. –Emmett sólo quería pasar un buen rato contigo, y no te ha hecho nada para que lo desprecies de ese modo.

Me observó durante mucho rato sin abrir la boca.

-Lo sé –me contestó, y entendí por su tono de voz que habíamos acabado la discusión. Volvió a sentarse, pero ésta vez no le prestó atención a sus apuntes.

-¿Qué te está pasando? –le pregunté sin poder aguantar más las lágrimas.

No me contestó, y aquello fue suficiente como para hacerme entender que no me hablaría en lo que quedaba de día, así que me metí en el cuarto de baño y lloré amargamente todo lo que me dio la gana, como llevaba haciendo desde hacía tres días.


Y_Y A mi no me gusta ser tan cruel, pero asi tiene que ser (es que sino hubiera drama y algo de emocion la historia seria aburrida)

Tengo que informaros de que mañana no podre actualizar porque me voy al Festival de Cine de Sitges a ver al señor Kellan Lutz! O sea, a mi Emmett querido! Ya os explicare como me va ;)

Espero que os haya gustado el capi y que me dejeis muchos reviews^^

XOXO