DISCLAIMER: La mención del deportista que se hace en la presente historia es con fines netamente recreativos. La autora admira el gran talento y la dedicación que pone este patinador japonés en cada una de sus presentaciones.
¡HOLA A TODOS! Antes que nada, quiero darles las gracias por sus lindos reviews. Esas palabritas, sean extensas o cortas, nos motivan a seguir escribiendo, a seguir mejorando :)
"Sé que me he atrasado unos días con la actualización, pero tenía unos exámenes. ¡Estoy feliz de haber aprobado todos mis cursos en la universidad! Así que ahora que estoy de vacaciones tendré más tiempo para dedicarme al fic, al menos por un mes, porque luego continuaré con mis prácticas pre profesionales, lo cual consumirá buena parte de mi tiempo T_T T_T"
Eso era lo que había escrito al inicio, pero cuando le estaba dando los últimos retoques y correcciones a la historia, me informaron del fallecimiento de un familiar. Debido a esto me he visto imposibilitada de subir el capítulo con anterioridad.
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Bueno, sin más aquí les dejo el capítulo 9:
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SENTIMIENTOS
- Amanda – replica Viktor sin inmutarse. – Qué tal – le dice a la modelo francesa, levantando una mano en señal de saludo. Me sujeta de los hombros y me dirige a los vestidores. Amanda se nos queda mirando.
¿Ehhhhhhhhh?
Trago en seco.
La ex novia de Viktor en verdad es hermosa. Ahora que la he visto de cerca, me parece mucho más. Es alta y tiene una fina y delicada silueta, digna de la reina de belleza que es. Su cabello castaño miel cae a lo largo de su espalda, radiante. Sus ojos son color café claro. Y sus facciones, simplemente… perfectas.
Cuando llegamos a los camerinos, nos encontramos a Mhichit, a Chris y a Min Yu.
- ¡YUUURIIII, ESTUVISTE GENIAL! – exclama mi amiga, dándome un gran y asfixiante abrazo, muy típico de ella. No deja de apapacharme y reír como una niñita.
De pronto, repara en el porta pañuelos que estrecho entre mis brazos. Me suelta.
- ¿Y eso? – me pregunta curiosa.
- P-pues….
- ¡THE NEXT SKATER, REPRESENTING RUSSIA, MILA BABICHEVA! – anuncia el presentador por el televisor que tenemos frente a nosotros, interrumpiéndonos.
- Vaya, vaya – comenta Viktor con una ligera sonrisa de lado, prestando atención a la pantalla. Cierto, la rusa Mila Babicheva es una de sus ex compañeras de pista. Es muy bonita, y al igual que Yuria, es una de las patinadoras más populares entre los fans adolescentes. Además, obtuvo el bronce en el Grand Prix del año pasado.
Su tema es Karabos, de la película La Bella Durmiente. Viste un traje enterizo de color púrpura y negro, con aplicaciones de brillantes que se ciñe perfectamente a su cuerpo, y su cabello rojizo lo lleva suelto, con una trencita cruzándolo del lado derecho.
La música empieza y Mila se desplaza con soltura sobre el hielo. Está interpretando a la malvada bruja del cuento. Impresionante.
- Oí que rompió con aquel jugador de Hockey con el que siempre subía fotos – comenta Mhichit. Como siempre, anda al tanto de todo.
- Está demasiado metida en la actuación – agrega Chris frunciendo el ceño, algo consternada. - Casi puedo oír su maléfica risa.
La presentación finaliza y el público aclama a Mila con euforia. En el kiss and cry posa junto a su entrenador Yakov y una elegante y espigada mujer cincuentona a la que no había visto antes, tal vez su coreógrafa. Recibe su puntuación: 98.17.
Eso quiere decir que estoy en primer lugar. Bueno, por ahora.
- ¡Me voy alistando, nos vemos! – se despide Chris guiñando un ojo y levantando un dedo pulgar.
Luego es el turno de la estadounidense Mary Andrew, campeona del Skate America, en el cual Mhichit quedó cuarta. Presenta una performance de hip hop, coreografiada por ella misma. Muy interesante. Consigue un puntaje de 87.98.
- Y FINALMENTE, LA MEDALLISTA DE ORO DEL GRAND PRIX FINAL DEL AÑO PASADO, ¡CHRISTINE GIACOMETTI! – anuncia el presentador a viva voz. El estruendo de los gritos del público a viva voz es abrasador. Resuena por toda la pista. Las banderas rojas con cruces blancas de Suiza inundan todo el local.
Chris se posiciona al centro de la pista… desbordando atractivo sexual por donde quiera que la veas, como la mujer sexy que es. El Eros maduro es su especialidad. Lleva un muy ajustado traje enterizo de malla turquesa, el cual resalta a la perfección sus curvas. Y el escote pronunciado no deja casi nada a la imaginación.
Su canción es Intoxicated. No tengo palabras para describir su baile y coreografía. Es…
- Oyeee, ¡¿en verdad está eso permitido?! – agrega Mhichit con un puchero infantil. – ¡No es justo…! Esa coreografía es muy "para adultos", ¿no crees Yuri?
- Pues así es Chris, ya la conoces – me limito a contestar, concentrada en la presentación. Porque, aunque no está presentando muchos elementos técnicos, su interpretación la está haciendo muy bien. Por algo es la actual medallista de oro.
Viktor rodea mis hombros con un brazo. Todavía estrecho entre los míos a Makkachin, y llevo puesta mi chaqueta turquesa del equipo japonés. Continuamos observando atentamente a Chris. Clava la mayoría de sus saltos y posa en en el kiss and cry junto a su entrenador y su coreógrafa. ¿Será cierto que está en una relación con ella? Bueno, hasta donde sé Chris hace unos meses rompió con un cantante de rock americano…
- SU PUNTUACIÓN ES DE 85.60 – puntualiza el comentarista por el altavoz.
¿Ehhhhhhhhhhh? Bueno, Chris siempre empieza despacio, por eso generalmente en el primer evento no se luce mucho…
¿Entonces, eso quiere decir que yo…?
- ¡Felicidades, Yuri! – me sonríe Viktor y me abraza.
¿Ehhhhhhh? ¿Yo….? ¿En verdad yo…?
Correspondo a su abrazo, aferrándome a él por unos segundos. Con Makkachin.
- ¡Aún tengo posibilidades! – suelta de pronto Min Yu.
- Intentaré superarte en el programa libre – me sonríe mi amiga Mhichit.
En la pantalla aparece el cuadro de posiciones del programa corto:
1.- YURI KATSUKI
2.- MILA BABICHEVA
3.- MARY ANDREW
4.- MHICHIT CHULANONT
5.- CHRISTINE GIACOMETTI
6.- LAU MIN YU
- ¡ESTOS SON LOS RESULTADOS DEL PROGRAMA CORTO FEMENINO! - comenta el presentador. – A CONTINUACIÓN DARÁ INICIO… ¡EL PROGRAMA CORTO MASCULINO! – exclama, y la euforia del público no se hace esperar.
- ¿Vamos a ver, Yuri? – me propone Viktor.
- Claro.
Al dar vuelta, me encuentro con Mhichit, quien levanta un dedo pulgar y me guiña un ojo.
Todavía sostengo en mis manos mi Makkachin de felpa.
Salimos de vestuario y nos dirigimos a un palco cercano. Tomamos asiento y prestamos atención.
Los patinadores son muy versátiles. Todas las coreografías y programas son increíbles. Viktor tiene la mirada perdida en la pista de patinaje. Los observa con detenimiento, pues conoce a la mayoría de ellos, y más ahora que no compite, supongo que siente curiosidad por ver el desenvolvimiento de todos ellos.
Así, entre otros, vemos sobre el hielo a Leo de la Iglesia, al patinador local Guang Hong Ji, al ruso Georgi Popovich… Y el último en salir es Yuzuru Hanyu, mi compañero de equipo. Luce una camisa blanca con plumas brillantes muy llamativas y pantalones plateados. Su canción es The Swam. Hace una performance sensacional, impecable. Logra clavar todos sus saltos, finalizando con un toe-loop cuádruple, lo que le otorga la máxima puntuación.
Luego de la acostumbrada reverencia y saludo al público, Yuzuru posa en el kiss and cry junto a su entrenador. Al igual que yo, también lleva la chaqueta turquesa de nuestra selección, y un porta pañuelos, pero del oso Winnie Pooh.
- Yuzuru siempre ha presentado coreografías muy innovadoras – me comenta Viktor dándole un sorbo a su bebida.
- Pues al igual que tú… - le respondo algo ruborizada.
Mientras terminamos nuestras sodas, se nos acercan un par de camarógrafos. Me piden que me dirija al kiss and cry para una pequeña entrevista. Viktor insiste en que vaya. Acabo haciéndole caso.
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En el kiss and cry encuentro a Yuzuru. Luce igual que siempre, con su cabello oscuro hacia atrás y su refrescante sonrisa sacada de un comercial de dentífricos. Me hacen sentarme junto a él.
- Y bien, ¿cómo se sienten al haber ocupado ambos el primer lugar en el programa corto? ¡Vaya que Japón está de racha! – empieza la entrevista.
El reportero nos hace algunas preguntas. Me limito a responder escuetamente, con timidez. En cambio es Yuzuru quien logra captar la atención del público. Siempre riendo y respondiendo amablemente, emanando un aura de felicidad total. Nos toman muchas fotografías.
- Bueno, y esos porta pañuelos, ¿son amuletos para la buena suerte o algo? – pregunta divertido el entrevistador. – Es decir, son los únicos patinadores que los usan.
Por unos instantes nos quedamos en silencio.
- Bueno… - empieza Yuzuru. – Este Pooh es un regalo de alguien muy especial – sonríe a la cámara, mostrando su muñeco de felpa.
El entrevistador se queda perplejo.
- ¡OH, POR DIOS! ¡YUZURU ACABA DE HACER UNA REVELACIÓN! – exclama luego de unos segundos. - ¿Será de alguna novia?
- Es un secreto – sonríe misteriosamente mi compañero.
El entrevistador está fascinado. Definitivamente con esto tendrá material para su segmento deportivo. Porque esto dará mucho de qué hablar.
- ¿Y el tuyo, Yuri? – se dirige hacia mí. La cámara me enfoca directamente.
No sé qué responder. Los nervios se apoderan de mí…
- B-bueno, pues… ¡también es un regalo! – exclamo tensa, seguramente sonrojándome. Tengo la certeza de que mi sonrojo será transmitido en todo el mundo.
- ¿Será un regalo de cierto entrenador ruso cinco veces medallista de oro? – pregunta el reportero con picardía, guiñando hacia la cámara.
Me quedo muda. Debo estar más roja que un tomate, porque el rostro y las orejas me arden. El reportero prosigue:
– Hehehe, bueno, eso es todo por hoy, ¡muchas gracias chicos y buena suerte el día de mañana! – nos despide y las cámaras se apagan.
El hombre nos da las gracias y se aleja con sus camarógrafos.
- Bonito detalle por parte de Nikiforov – suelta Yuzuru sin más, surcando su oscuro cabello con sus dedos y tirándolo hacia atrás.
- Ehhhh, bueno…
- Hahahahahaha – ríe mi compañero. – Es la primera vez que veo a ese tipo tan prendido de una chica.
- ¿Ahhhhhhh? – le pregunto, haciéndome la desentendida.
- Nada, olvídalo – se encoge de hombros. – Pero eso sí, estos porta pañuelos no son fáciles de conseguir – señala hacia mi Makkachin y hacia su Pooh. - Estoy seguro que lo mandó confeccionar.
Dicho esto, me guiña un ojo, se pone de pie y se aleja. Al llegar a la salida, voltea y me dice:
- Nos vemos mañana, Yuri. Tenemos que ganar.
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Viktor se acerca al kiss and cry.
- Vamos – me dice. Me levanto y lo sigo, con Makkachin de felpa en mis brazos.
Abandonamos las instalaciones del coliseo en un taxi, rumbo al hotel. Aprieto a Makkachin contra mi pecho. A mi lado Viktor, pensativo, se concentra en su teléfono móvil.
A través de la ventana observo pasar rápidamente ante nosotros las congestionadas y muy bulliciosas calles de Beijing.
¿Y si, como dijo Yuzuru, en verdad Viktor mandó confeccionar el porta pañuelos?
No estoy segura. Además, hoy se encontró con su ex novia.
Pero no se detuvo a hablar con ella…
Estamos agotados. Ha sido un gran día.
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Mientras tanto, en San Petersburgo, Rusia… (POV YURIA)
Así que la gorda quedó en primer lugar. Y la loca de Mila en segundo. Nada mal. Ya veremos como lo hacen mañana en el libre.
- ¡Sherekan! – regaño a mi gato persa, que ha empezado a rasguñar mi camiseta favorita.
Recostada en mi cama, reviso en mi móvil las noticias referentes a la Copa China. La baja puntuación de Giacometti, la sorpresa que dio la tailandesa, el rídiculo vestuario de Georgi… Doy con un video de una entrevista a los representantes senior japoneses.
¡La gorda tiene un porta pañuelos de perro! Apuesto a que se lo regaló el anciano de Viktor ¡Agggghh, qué cursi! De seguro ahora llevará esa cosa a todas sus competencias. Así es ella. Bueno, igual es su problema.
De pronto me llega un mensaje de Whatsapp. De la loca.
- Oye, ¿qué tal te pareció mi performance? ;) 3:)
- Sin comentarios. Ya veremos mañana – escribo.
- Ayyyy, qué mala eres T_T Y eso que yo te felicité por tu segundo lugar :P
- ¡Ni me lo recuerdes! ¡Esa idiota…!
- Isabella es muy buena. Y su novio también quedó primero. Pero eso no les quita lo insoportable -.-
Cierto. Isabella Yang obtuvo el oro en el Skate Canada. Y yo quedé en segundo lugar. Pero lo peor fue cuando bajé del podio. El muy idiota de JJ se burló: "primero las niñitas", abriéndome paso, para luego acercarse a la bruja de su novia.
- Oye, Yuri, ¿y a quién le apuestas para el Grand Prix masculino? :3 :3 ¿a nuestro Georgi? :3
- A cualquiera menos a Leroy! XD – escribo.
- HAHAHAHAHAHAHAHAHA XD XD Yo le voy a Yuzuru Hanyu o a Javier Hernández :3 7w7
- .l.
- Por qué eres así T_T
- :P :P
- Aunque si me preguntaran con quien saldría, diría que con Otabek Altin 7w7 Es más mi tipo 7w7 :3 :3
- ¿Otabek Altin? – digito. No recuerdo su rostro, pero me suena…
- El medallista de bronce del mundial 7w7 Quedó tercero, detrás de Javier y de Viktor. Además, es Dj! 7w7 7w7
¿Ahh?
- Sí, creo que ya me acordé – escribo. No es cierto. De todas formas no me interesa.
- ¡Es mi crush! 7w7 Si pudiera hacerme amiga de él y conquistarlo de a pocos :3
- BYE, MILA!
Bloqueo mi móvil. Estos dos días sin Yakov, Lilia y los demás han sido algo relajantes. Como en el colegio también estoy de vacaciones, no hay nada más gratificante que pasarme todo el día en mi habitación mirando televisión o navegando por internet. Y comiendo todo lo que se me dé la gana. No está Lilia para que me regañe frunciendo el ceño: "¡no niña, eso te hará engordar! Una prima ballerina necesita poseer mucha belleza, una fina y esbelta figura". Y como no voy al colegio, no tengo que aguantar a los pesados de Nicholas, Iván, y los demás chicos con sus ridículas proposiciones de citas. Já, ¿piensan que saldría con una tira de inútiles e inmaduros como ellos? ¡Ni en mis peores pesadillas! Suficiente tengo con su acoso por las redes sociales. No puedo postear ni una sola fotografía sin recibir sus cursis y estresantes comentarios.
Aunque sí podría considerar salir con Boris. Tiene diecisiete, este año termina la prepa y no se comporta así de estúpido como mis compañeros de clase. Claro que sería solamente para pasar el rato y alejar a todos esos idiotas. No es que esté enamorada ni nada por el estilo. No me interesan esas cosas. Ni que fuera Katsuki.
A mi lado, Sherekan ronronea y se acurruca en mi pecho. Acaricio su suave pelaje. Si por este gato fuera, ya habría destrozado toda mi ropa. No se contenta con haber ensuciado los muebles con bolas de pelos.
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Recibo un mensaje de texto. Justamente de Boris.
- ¿Qué dices, mañana a las 6 de la tarde frente a la estación? – pone en el mensaje.
- Que sea a las 4 – escribo. No quiero perderme el programa libre.
- Listo. A las 4 entonces, Yuri.
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De vuelta en un hotel de Beijing… (POV YURI)
Después de atender las llamadas de felicitaciones de mi familia, de los Nishigori y de Frank, me quito mi traje de Eros y tomo una ducha. Ha sido un buen día: he ocupado el primer lugar en el programa corto y… he recibido un regalo de Viktor.
Envuelvo mi cuerpo con una toalla blanca y salgo del baño. El cabelló húmedo se me pega al rostro y espalda, dejando pequeñas gotas de agua en el piso de la habitación.
- ¡Yuuuuriii! – tocan a mi puerta. Mhichit. Le abro. Lleva puestos unos pantalones cortos de mezclilla, una camiseta floreada y sandalias. Y el cabello azabache suelto, como siempre.
- ¡Kyaaaaaaaa! ¡Qué lindo! – exclama emocionada al ver mi Makkachin sobre la cama. Sostiene el porta pañuelos con ambas manos, examinándolo meticulosamente.
- Wwuuuuuu… Se ve que le ha costado… – agrega con voz pícara. – Un detalle así…
- Porque soy su alumna – la interrumpo, dándome la vuelta mientras con una mano busco qué ropa ponerme y con la otra sujeto la toalla que me envuelve.
- Ay, Yuri, ya no mientas, ¿siiii? – me corta con voz chillona. – Es MUY OBVIO que entre ustedes dos hay ALGO. ¿Dime, ya se han BESADO? – hace énfasis en esta última palabra.
- C-c-claro que n-no…
- Yuuuuriiii, mírame a los ojos… - pega su rostro al mío. – Hahahahaha, ¿ves? ¡Te sonrojaste! ¡Lo sabía! ¡WWWUUUUUUUUUUUU! – grita como loca, se sube a la cama con todo y sandalias puestas y empieza a saltar.
- Oye, bájate – le digo avergonzada. – Y no nos hemos b-besado…
- ¡Pero ha pasado algo! – ríe. - ¡SIIIÍÍÍ, MI MEJOR AMIGA Y VIKTOR NIKIFOROV! ¡WWUUUUUUUUUU! – exclama, tomando a Makkachin de felpa y dándole volteretas sobre la cama. Temo que en cualquier momento llegue el dependiente del hotel y nos boten por escandalosas. Además, Viktor…
¡Maldición! Siento cómo me empieza a arder el rostro.
- ¡SSSHHHHH, SILENCIO! – le lanzo una almohada a mi amiga, tumbándola sobre la cama. Me acerco a ella y le susurro: - ¡¿OLVIDAS QUE VIKTOR SE QUEDA EN EL CUARTO DE AL LADO?!
Mhichit abre bien los ojos y se lleva una mano a la boca:
- Uppsss, sorry.
No puedo mentirle. Al final, mientras me visto con unos pantalones de mezclilla, una camiseta rosada y sandalias, termino contándole algunas de mis "anécdotas" con Viktor. Mhichit escucha atentamente cada una de ellas, soltando de vez en cuando una pequeña exclamación de asombro. Cuando finalizo, se queda en silencio por algunos segundos, y después añade con una sonrisa de oreja a oreja:
- Y pensar que eras una simple fan con miles de posters de su ídolo
- Tampoco tenía miles…
- ¡Claro que sí! Hasta recuerdo que una vez discutimos por la pared central del cuarto. Tú querías colocar un póster en el que Viktor aparecía con una chaqueta atada a su cintura, y yo quería poner uno de One Direction.
- ¡Cierto! Me tenías hasta el cuello con esa banda…
- ¡Tenía dieciséis años, era adolescente…! – mi amiga hace un puchero.
Sentadas en la cama, reímos un rato, recordando aquellos días en los que compartíamos cuarto en Detroit. Soy tres años mayor que Mhichit, así que me tocó hacer el papel de hermana mayor. Yo, que toda mi vida he sido hermana menor…
- Has cambiado mucho, Yuri – suelta Mhichit con una sonrisa. - Bueno, ¿y qué piensas hacer? – me pregunta.
- ¿Sobre qué?
- Pues sobre Viktor.
- No hay nada qué hacer – suelto.
-¡¿Queeééé?! ¡¿Cómo qué no?!
- Viktor es mi entrenador…
- Y te gusta…
- Sí, me gusta – admito.
Es verdad. ¿De qué sirve ya negarlo, de qué sirve ya engañarme a mí misma?
No sé desde cuando empecé a sentir eso. Pero lo cierto es que me gusta. Y obviamente no me refiero al Viktor que aparece en la televisión, en internet, en portada de revistas o en mis posters. Me refiero al Viktor que me entrena a diario con gran dedicación, el que siempre se dirige a mí con una sonrisa, el que se preocupa por Makkachin, el que suele ser algo infantil… el Viktor que solía acosarme… El Viktor con el que estuve a punto de besarme.
Cada vez que recuerdo aquello, siento un ligero cosquilleo en mi estómago, como si mi corazón se desprendiese de mi pecho y fuera a alojarse allí, y no tranquilo con eso, se dispersara por toda esa cavidad, haciendo desorden en mi interior. Pero lo cierto es que aquella tarde en la ducha también fue la última vez que estuve en una situación como ésa con él. Porque desde ese día no ha vuelto a molestarme. Muy por el contrario, ahora lo noto más despreocupado conmigo.
- Bueno, creo que tienes mucho que pensar – Mhichit interrumpe mi ensimismamiento. - Iré a mi habitación – se pone de pie y me guiña un ojo.
- Yo también saldré. Iré en un rato a la cafetería por una bebida – le comento.
Mi amiga agrega:
- Suerte con lo de mañana. Tienes que dar todo de ti. Ahora que Viktor es tu entrenador, estarás en boca de todos. Yo también me esforzaré – me sonríe y sale del cuarto. Cierra la puerta.
Me recuesto en mi cama y abrazo a Makkachin de felpa. Acaricio su suave y ensortijado pelaje color marrón. Sus ojos negros reflejan la luz del foco de la habitación y desprenden pequeños destellos.
Me pregunto qué será del Makkachin real. Antes de entrar a darme un baño, cuando mi familia me llamó para felicitarme, Mari me comentó que Makkachin se encuentra muy bien, igual de inquieto que siempre.
Me gustaría contárselo a Viktor. No sé si ir a su habitación…
Observo la hora en mi móvil: 11:07.P.M. Es algo tarde y mañana es el programa libre.
Me decido enviarle un mensaje de texto. Escribo:
"Hablé con mi familia y Mari me comentó que Makkachin se encuentra muy bien :)"
Creo que con eso está bien.
Le envío el mensaje.
Sé que Makkachin es muy importante en la vida de Viktor. Según me contó, fue un regalo de cumpleaños de su madre. Y su madre fue la única familia que tuvo. Ahora esa familia es Makkachin.
Debió haber sido muy difícil para él. El ser abandonado por sus padres biológicos al nacer… El ser adoptado de un orfanato ruso a los cinco años… ¿Cómo lo habrá pasado en ese orfanato? ¿Lo habrán tratado bien?
Supongo que su nueva familia, perteneciente a la clase alta de San Petersburgo, sí lo hizo. Al menos su madre. Pero ella falleció cuando Viktor tenía dieciséis años. Y para ese entonces su padre ya llevaba años fallecido. Es decir, Viktor desde los dieciséis ha estado solo…
No, no solo. Allí ha estado Makkachin.
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…Al final resulta que siempre estoy pensando en Viktor…
Mañana tengo que hacer la mejor presentación posible. Porque si fallo, lo haré quedar mal.
Me pongo de pie, desbloqueo mi móvil y veo una vez más la hora: 11:35.P.M. Viktor no me ha respondido. Es extraño, ya que las muy pocas veces que soy yo quien le envía un mensaje, me contesta al instante, con unos dos o tres mensajes más y muchos emojis.
Tras dudar unos instantes, tal como le dije a Mhichit, decido ir a la cafetería del segundo piso por una soda. Quiero despejarme un poco. Además, como tienen servicio de 24 horas…
Me sujeto el cabello en una coleta baja y salgo de mi habitación llevando en mi bolsillo solamente algo de dinero y mi iPhone. Al lado, la de Viktor se encuentra cerrada y no se oye ni música ni la televisión ni cualquier otro ruido. Tal vez ya se haya quedado dormido y por eso no respondió mi mensaje.
En vez de tomar el ascensor, me decido por las escaleras. Creo que son más seguras; no me gusta tomar ascensores yo sola. Vaya miedosa soy.
El pasillo luce silencioso, pero tengo la certeza de que a estas horas la cafetería está full. Continúo descendiendo.
Al doblar una esquina que da a la escalera, me detengo en una gran ventana que se encuentra del lado de la fachada principal del hotel. Desde el tercero piso, la altura no es mucha y me siento más segura. Además, la ventana está cerrada. Me animo a acercarme y observo la calle. Ésta sigue igual de transitada que durante el día. Hay muchos anuncios luminosos en llamativos caracteres chinos inundando las avenidas, los automóviles se desplazan a velocidades increíbles, y la gente camina de un lado a otro… como una señora que lleva de la mano a un niño pequeño que no para de llorar y hacer berrinche, unos chiquillos que ríen y sujetan en sus manos lo que parecen ser cigarrillos, y… una pareja que acabo de divisar del lado de la acera del hotel, a unos metros de mí. Las luces de un poste no me permiten distinguir muy bien, pero el hombre para un taxi y hace que la mujer lo aborde, sin más. El taxi arranca y se pierde al doblar una esquina. El hombre que acompañaba a la mujer camina a lo largo de la acera… en dirección al hotel, acercándose hacia donde estoy. Cuando pasa debajo de mi ventana, el corazón me da un brinco y me oprime el pecho. Porque aún en medio del sinfín de luces de los postes cercanos, que me ciegan a ratos, puedo reconocer perfectamente aquel cabello rubio ceniza.
Creo saber quién es la mujer que abordó el taxi.
Así que por eso no respondió mi mensaje. Estaba con ella…
Bueno, supongo que es normal. Ella es una reina. Y es hermosa.
Además, vivieron juntos casi seis meses…
Y ahora, ¿qué?
Continúo descendiendo por las escaleras hasta llegar al segundo piso. Estoy segura de que Viktor usará el ascensor, así que no creo que nos crucemos.
Al ingresar a la cafetería, descubro que, efectivamente, ésta se encuentra repleta. Aunque no precisamente de patinadores. A esta hora deben estar descansando.
Muchas personas parlotean, ríen, murmuran… Las mesas se encuentran muy cerca unas de las otras y en el mostrador un hombre ordena unos sandwiches…
- ¡Yuri…! – escucho mi nombre. Volteo buscando al dueño de la voz… Y encuentro a Yuzuru Hanyu. Está en una mesa, con una bebida y una laptop, solo.
- ¿Qué ocurre? Parece que hubieras visto un fantasma – comenta ni bien me siento junto a él.
- A-a-lgo así… - replico en voz baja. Siento un pequeño dolor, una leve presión seguida de un ligero cosquilleo en la parte baja de mi estómago. Pero es una sensación totalmente distinta a cuando estoy cerca de Viktor. Esta vez se trata de una sensación que no me agrada para nada. Y poco a poco mi garganta parece cerrarse, y los ojos comienzan a escocerme, a arderme.
- Dale un trago – Yuzuru me pasa su bebida, una especie de infusión. Le hago caso.
- ¿Mucho mejor? – pregunta.
Asiento con la cabeza. Luego le digo:
- Gracias. Creo que iré a mi habitación, me siento indispuesta.
- ¿Cierto entrenador ruso? – me pregunta. Parece realmente preocupado.
- … - no sé qué responderle. Pero estoy segura que mi rostro me delata.
- Descuida, es un buen tipo – se encoge de hombros y me sonríe.
- Lo sé – murmuro por lo bajo.
Hago una reverencia de despedida al estilo japonés y me alejo. Decido regresar por las escaleras hasta el quinto piso. Aunque a estas alturas Viktor debe estar ya en su cuarto. Cada paso que doy se me hace largo, eterno. Los pies me pesan y la cabeza me da vueltas.
Cuando llego a mi habitación, me dirijo directamente a la cama y me tumbo en ella, boca abajo, abrazando a Makkachin de felpa. Me duele todo el cuerpo pero no importa. Porque ya sé qué es lo que me pasa.
Mañana presentaré por primera vez mi programa libre para esta temporada. Tengo que hacerlo bien, para que todos reconozcan el gran trabajo y empeño que ha puesto Viktor en esto. Porque si fallo, mi entrenador también quedará mal. Y no pienso manchar su nombre.
¡Qué tonta he sido! Hace unas horas pensaba: "Viktor y yo somos tan distintos". ¿Es eso cierto? ¡Por supuesto que no! A pesar de nuestras muy diferentes personalidades, él y yo tenemos mucho en común.
Fuera de su entorno artístico laboral, ¿cuándo he visto a Viktor hablar horas por teléfono o móvil con algún amigo? ¡¿Cuándo lo he visto perderse con mujeres?!
Bueno, eso tampoco quiere decir que no tenga amigos. Y sí, es cierto que ha tenido muchas novias, pero nunca se ha visto envuelto en algún escándalo de pareja, al menos de infidelidad.
¿Qué es él para mí? ¿Qué soy yo para él?
Viktor es la primera persona a la que quise aferrarme, la primera persona a la que compartí mis dudas, alegrías, temores… La primera persona en la que pude confiar. Gracias a él ahora me es más fácil expresar mis sentimientos a mis padres, a mi hermana Mari, a mis amigos Mhichit, Frank…
Antes, Viktor estaba acosándome todo el tiempo. Ahora eso ha cambiado; ya no lo hace más. Muy por el contrario, últimamente ha estado demasiado amable conmigo. Si bien me hace sentir más cómoda a su lado, de cierta manera también me desconcierta.
¡Dios! ¡¿Me habré acostumbrado incluso a eso?! ¿A sus acosos? ¡¿A tener "ese tipo" de contacto físico con él?! No puede ser…
Quizás solo hayan transcurrido unos meses desde que se volvió mi entrenador, pero han sido más que suficientes para conocer su personalidad. Y eso que él, al igual que mi hermana, es cuatro años mayor que yo.
Tal vez sea eso. Tal vez solo me vea como una chiquilla aficionada al patinaje. No estoy segura de lo que signifique yo para él, pero sí sé lo importante que es él para mí.
Me gusta ver su cabello rubio ceniza cuando cae sobre su frente como una amplia cascada y emite destellos platinados; me gustan sus bellos ojos azules, resplandecientes como el cielo y el mar de Hasetsu. Me gusta su refrescante y sincera risa, que es capaz de contagiar alegría a la persona más seria y aburrida y muchas veces consigue sacarme a mí también una sonrisa. Me gusta ver su cuerpo desplazarse con elegancia sobre el hielo, danzando y patinando al ritmo de la música, perdiéndose y entregándose a ella, creando armonía, belleza, sentimientos… Me gusta verlo serio, pensativo, mientras atiende a mis ensayos y me corrige o me ordena practicar los programas una y otra vez hasta el cansancio. Me gustan sus arranques infantiles, sus expresiones bobas cuando hace algún puchero exigiendo atención o simplemente juega con Makkachin. Me gusta verlo seductor, galán, intentando acosarme, molestarme, intentando quién sabe qué…
Viktor puede ser alegre y divertido, puede ser serio; puede ser algo infantil, puede ser sexy…
Qué estúpida soy. ¡Darme cuenta hasta ahora…! He admitido ante Mhichit que Viktor me gusta, pero recién comprendo la magnitud del significado de mis palabras.
¿Lo conozco? ¿Conozco a Viktor?
… Sí, ya no tengo dudas.
Aunque tal vez quien lo conoce mejor es Makkachin.
Makkachin, su última familia.
¿Es cierta esa parte de su biografía que aparece comúnmente en las páginas de internet, en las revistas? ¿En verdad ha pasado por todo eso? ¡¿Y, NO OBSTANTE, A PESAR DE TODO, MANTIENE SIEMPRE ESA RADIANTE SONRISA EN SU ROSTRO?! ¡¿A PESAR DE TODO ME DA ÁNIMOS PARA QUE CONTINÚE HACIENDO LO QUE MÁS AMO?!
Viktor, ¿cómo te sentiste? ¿Estuviste solo todo este tiempo? ¿Te trataban bien los otros niños del orfanato? ¿En verdad tu padre adoptivo despreciaba y maltrataba a tu madre delante tuyo, tal como publicaron los medios? ¡¿Y cuando falleció tu madre, te sentiste muy solo, sentiste que tu mundo se venía abajo, que no tenías a nadie, excepto a Makkachin?! ¡¿Ha sido Makkacchin tu único amigo incondicional todo este tiempo?!
Mientras todas estas preguntas sin contestar se acumulan en mi mente, empapo de lágrimas mi Makkachin de felpa.
Permanezco así algunos minutos, tendida boca abajo en mi cama, llorando en silencio. Siento los acelerados latidos de mi corazón en mi cabeza, pecho, garganta y estómago. Siento que mi cuerpo se desvanece lentamente, que el alma se me va en ello…
Cuando las lágrimas se detienen un poco, restriego mis ojos e inhalo y exhalo varias veces. Y volteo mirando hacia el techo, abrazando a Makkachin.
Está decidido. Voy a apoyar a Viktor en todo lo que me sea posible. Respecto a sus honorarios de entrenador, dijo que puedo pagarle más adelante, cuando me vuelva famosa. Trabajaré duro para devolverle hasta el último centavo.
Y respecto a Amanda Rousseau…
Ella alguna vez fue su familia.
Al pensar esto último, siento un leve dolor en mi pecho. Pero sé que es lo correcto. Quiero que Viktor sea feliz. Le debo tanto…
Y si esa felicidad se encuentra al lado de la modelo francesa, haré todo lo posible porque la consiga.
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Al día siguiente muy temprano por la mañana, mientras me siento en la cama y me doy un estirón, todavía soñolienta debido a la mala noche que pasé, tocan a mi puerta:
- ¡YUUUURIIII…!
Es Viktor.
Tengo el cabello suelto desaliñado y todavía llevo la camiseta rosa y los pantalones de mezclilla. Me quedé dormida y olvidé ponerme el pijama. ¡Qué más da! Me pongo mis anteojos y, descalza, me dirijo a la puerta y abro.
Frente a mí aparece Viktor sosteniendo con sus brazos una pila de varias cajas medianas, unas seis por lo menos. Lleva una camiseta de manga larga a rayas celestes y blancas, y pantalones de dormir grises. Su cabello rubio ceniza está algo alborotado. Así que él también acaba de despertar.
- ¡Yuuuriiiii, desayunemos juntos…! – exclama con una sonrisota infantil, como un niño.
- Claro – me encojo de hombros, tratando de no darle demasiadas vueltas en mi mente.
Le ayudo con algunas cajas y las colocamos sobre la mesita del juego de comedor que hay en mi habitación. Al abrir una, encuentro cupcakes con diseños personalizados.
- Trajeron muchas cosas a mi cuarto – me dice, dirigiéndose al teléfono de mi habitación. – También tengo algunos muñecos de felpa y flores, ¿quieres ir a ver luego?
- Bueno…
Viktor hace un pedido a cuarto.
- ¿Qué deseas para beber? – me pregunta.
- Ummmm… no sé, un capuccino.
- Well, ok. Two capuccinos, please – ordena a través de la línea telefónica.
Observo las distintas cajas que hay sobre la mesa. Una contiene finos chocolates envueltos delicadamente en papel de aluminio rojo brillante. Lucen deliciosos. Dentro de otra encuentro un pie de limón tamaño mediano. Y las demás contienen cupcakes. ¡Cupcakes con diseño de patines! Patines de fresa, de moca, de vainilla, de Oreo… Vaya que sus fans se han tomado la molestia de hacer o mandar hacer estos detalles. En verdad aman a Viktor.
Nos sentamos a la mesa.
- ¡Mira éstos, Yuri! ¡Son patines de fresa con chocolate! – ríe mientras toma un cupcake y le hace un análisis detallado. Luce feliz. Tal vez haya anoche haya solucionado algún problema con Amanda. Tal vez hayan retomado su relación…
- Verdad, anoche te envié un mensaje de texto – suelto sin más.
Viktor hace un gesto de sorpresa, abriendo enormemente sus ojos:
- ¡Cierto, olvidé cargar mi móvil! ¡Lo siento, Yuri! – se disculpa apenado. – Bien, ¿y qué pasó? – me pregunta preocupado.
- I talked to Mari. She said Makkachin is ok.
- PERFECT! I know Mari's looking after him as long as she can! – una gran sonrisa se dibuja en su rostro. Pero no menciona lo de Amanda.
Una campanilla llama a la puerta.
- Yo voy – me dice Viktor, poniéndose de pie.
Abre la puerta, y veo que en la entrada hay un carrito con una fuente, conteniendo dos tazas de capuccino. Viktor agradece al dependiente y trae la fuente a la mesa. Coloca una taza en frente de mí. Luego, me extiende una caja.
- Escoge – me sonríe. – El que quieras.
Dudo unos instantes, pero me decido por un cupcake de vainilla. Él toma el de fresa, que antes había llamado su atención.
- Tus fans tienen buen gusto – comento dándole un trago a mi bebida.
- Pues claro, por algo son mis fans – me guiña un ojo, divertido.
- Já – respondo con sarcasmo, dándole una mordida a mi cupcake.
- Yuuuriii, ¡qué mala eres! – hace un puchero infantil. De repente, el rostro se le ilumina: ¡Espera, tengo una idea! – exclama. - ¡No bebas todo tu capuccino!
Creo saber por dónde va esto.
Junta las cajas, abriéndolas todas y mostrando su contenido, y pega nuestras bebidas. Se pone de pie y les toma una fotografía.
- ¡HASHTAG #BREAKFAST! – ríe.
¿Ehhhhhhhh?
Viktor ama Instagram.
- ¿P-postearás la foto? – le pregunto inquieta. Porque eso podría ser malinterpretado.
- ¿Quieres que te etiquete? - me guiña un ojo.
- ¡N-NNOOOO! – me exalto. No quiero causarle problemas…
Viktor me mira fijamente. De un momento a otro su semblante cambia. Ahora luce algo confundido. No estoy segura, pero me dio la impresión de que se sonrojó por un instante. ¿Es eso posible?
- E-esteee…, mejor sube la foto sin tags – me encojo de hombros y le sonrío apenada.
Viktor se centra en su móvil.
Después de aquello, continuamos desayunando. Pero nadie dice gran cosa.
El ambiente se siente ajeno, extraño.
No era mi intención…
- ¿Ya no hay cupcakes de vainilla? – pregunto, tratando de sonar casual. Y creo que logro captar su atención.
Buscamos en las demás cajas, pero no encontramos ninguno. Entonces reparamos en que el único que queda es el que está comiendo él.
- ¿Quieres un poco? – Viktor me extiende su cupcake mordido, el cual aún contiene algo de crema.
- N-noo, no te preocupes… - me sonrojo ligeramente.
- Vamos – insiste.
No quiero hacerle un desaire. No después de lo que le he dicho hace unos minutos.
Estiro con timidez mi dedo índice y lo hundo en la crema del cupcake, sacando un poco. Luego lo llevo a mi boca.
- ¡HAHAHAHAHAHAHAHA! – ríe Viktor. - ¡Que no te dé vergüenza, Yuri!
Pero con esto lo único que consigue es hacer es que se me suba el color a las mejillas aún más.
- ¿O-oye, no crees que esto está mal? – le pregunto, tratando de ignorar el ardor que siento en el rostro. – Es decir, son regalos de tus fans. El que yo los coma…
- No hay problema – me corta. – Son míos, y yo quiero compartirlos contigo – me sonríe.
Listo. Con esto logra devolverme los ánimos, la confianza. Porque el solo hecho de tenerlo cerca, de tenerlo frente a mí duele, duele mucho. Pero el verlo sonreír así, el verlo divertirse… El pensar que tal vez, aunque sea solo un poquito, pueda ser feliz a mi lado…
- ¡HAHAHAHAHAHAHA! – soy yo quien ríe ahora. Increíble que pueda hacerlo después de lo de anoche.
- ¿Y eso? – me pregunta extrañado.
- Tienes algo de crema en tu nariz – río. Una bolita de vainilla se ha pegado en la punta de su nariz. Como su piel es pálida, no me he dado cuenta hasta ahora… Pero le da la imagen de una horrible verruga, digna de la malvada bruja de un cuento.
- ¿Ahhhhh? – pregunta, llevándose la mano a la nariz y limpiando la bolita de crema. - ¡Yuuuriiii, no te burles…! – exclama Viktor… ¡Y coloca con su dedo un poco de crema de chocolate en la punta de mi nariz!
¿Eeeeeehhhhhhhhhhhhhhhhhhhh?
- ¡HAHAHAHAHAHAHA! – ríe, sujetando con una mano su estómago. Una risa refrescante, despreocupada.
- ¡Eso es trampa, no se vale! – río yo también, extendiendo con una cuchara, sobre su mejilla derecha, crema de fresa.
Ya no tengo vergüenza. En el fondo he llegado a un punto en el que me siento cómoda con él. Y aunque me sonroje constantemente, sé que la causa de esos sonrojos es otra.
- ¡Ahora vas a ver, Yuri! – me amenaza riendo. Pero soy más hábil y consigo untar un poco de glaseado del pie de limón sobre su mejilla izquierda.
- ¡HAHAHAHAHAHAHA!
Me pongo de pie, dirigiéndome a él, que también se ha levantado, ha tomado entre sus manos lo que queda del pie de limón e intenta lanzármelo al rostro…
- Hahahahahaha - lo esquivo y tomo un cupcake de Oreo… Pero Viktor choca con la silla que tiene tras de sí,ésta trastabilla y él resbala y cae al piso, haciendo mucho ruido. Yo no tengo mejor suerte… soy arrastrada por él, que me sujeta del brazo y caigo en su encima. El pie de limón y el cupcake de Oreo salen volando y van a parar a nuestro lado.
¡Ouch! Me duelen las rodillas y las palmas de las manos…
De un momento a otro me encuentro acuclillada en cuatro patas, aprisionando a Viktor contra el piso. Tiene las mejillas untadas de crema.
- … - no sé qué decir. Nadie dice nada.
Nuestras miradas se encuentran por unos instantes, la mía oscura, la suya azul cielo.
Entonces, Viktor levanta una de sus manos… y acaricia mi mejilla izquierda. La acuna entre su palma, y me mira fijamente, estudiando mi rostro con detenimiento.
El simple contacto de su piel con la mía hace que el corazón me dé un vuelco y el estómago me cosquillee con violencia. Pero no aparto la mirada. Yo también observo sus bellos ojos azules, su cabello, cejas y pestañas rubio ceniza, sus pómulos, sus tersas mejillas embadurnadas de crema de cupcake, sus sonrosados labios…
Lentamente y sin desviar ninguno la mirada, su mano se desliza por la piel de mi rostro, acariciando suavemente mi frente, rozando cuidadosamente mis cejas, mi nariz… hasta que llega a mis labios, y su dedo pulgar roza con delicadeza mi tembloroso labio inferior dibujándolo, percibiendo su textura.
Siento que mi pulso se acelera aún más de lo que ya está si es posible, parece que el corazón se me va a salir del pecho en cualquier momento. Y se forma un gran nudo en mi garganta, impidiéndome proferir todas las ideas que se amontonan en mi mente. Mis músculos se tensan… Y esa vieja pero agradable y reconfortante sensación, esa leve presión, ese ligero cosquilleo en mi estómago regresan con más fuerza. Pero esta vez no solos, pues también los ojos me escocen y las lágrimas amenazan con salir y caer sobre el rostro de Viktor y… y ya no puedo más.
Ya no puedo. Ya no. Quiero llorar.
Entonces, por un impulso salido de quién sabe dónde, sin importarme nada, me recuesto suave y cuidadosamente sobre él, apoyando mi cabeza y manos sobre su pecho. Puedo sentir cierto estremecimiento, cierta reacción de sorpresa en su cuerpo, seguida de una entrecortada respiración, y los latidos de su corazón, arrítmicos igual que los míos. Observo las rayas celestes y blancas de su camiseta, que se extienden bajo mi mejilla y abarcan mi campo de visión. No quiero pensar en nada, ni en la presión de la competencia ni en Amanda. Quiero desaparecer del mundo unos instantes. Solo quiero ser Yuri Katsuki, la tímida chica de Hasetsu…
Supongo que Viktor rodea mi cintura con sus brazos, porque siento que algo se desliza por mi espalda para finalmente sujetarme. Permanecemos así unos instantes, respirando al mismo compás, escuchando los irregulares latidos de nuestros corazones, sintiendo cómo el calor de nuestros cuerpos se mezcla para convertirse en uno solo. Desde aquella tarde en la ducha, después de entrenar, no he vuelto a tener este tipo de contacto con él.
No tengo idea de cuánto tiempo transcurre, pero…
¡¿QUÉ ESTOY HACIENDO?! ¿ME VOLVÍ LOCA?
Cuando logro reaccionar, me pongo de pie lo más rápido posible, deshaciendo el agarre y evitando mirarle a la cara. Él también se levanta.
Quiero que la tierra me trague.
Las ganas de llorar regresan con mucha más fuerza.
- Creo que debemos ordenar un poco – me dice Viktor. Parece que se limpia con una servilleta las mejillas untadas de crema. - Ya es tarde y tenemos que ir a entrenar.
- C-cierto – respondo desviando la mirada, tratando de ocultar lo más que puedo mi rostro. Porque he olvidado que me he propuesto apoyar a Viktor en todo, y eso incluye hacer hoy la mejor presentación de mi programa libre, y, por supuesto, su relación con Amanda.
Y por un momento, yo…
Me siento fatal.
Colocamos las cajas unas sobre otras, ordenamos las sillas y la mesa, y luego Viktor se despide.
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Me dirijo al baño y me doy una ducha. Pequeñas lágrimas se escapan de mis ojos y se mezclan con el agua que recorre mi cuerpo de la cabeza a los pies.
Tiemblo con solo recordar lo que acaba de suceder. Lo que acabo de hacer.
¿Cómo lo habrá tomado Viktor?
Pero por algo lo hice, supongo. Nadie me obligó.
Al salir de la ducha reviso las noticias de patinaje en mi móvil. El primer titular en Google pone: "PATINADOR NIKIFOROV Y SU EX NOVIA SON AMPAYADOS EN RESTAURANT DE BEIJING" ¿Habrán retomado su relación? ¿Y la japonesa Yuri Katsuki?
Doy click al enlace. Leo la nota:
"Anoche, aproximadamente a las 22:00P.M., el famoso patinador ruso Viktor Nikiforov y su ex novia, la modelo francesa Amanda Rousseau, fueron captados cenando en un conocido restaurant del centro de Beijing. Según informaron algunas personas, la pareja ingresó junta al local, y se retiró también junta casi hora y media más tarde. Lo que duró la cena, intercambiaron muchas palabras.
Como sabemos, Nikiforov se encuentra en Beijing por la Copa China, una de las eliminatorias para la clasificación al Grand Prix Final, la competencia de patinaje artístico sobre hielo en la que participa su pupila, la japonesa Yuri Katsuki, con quien hace unos días se le venía vinculando sentimentalmente debido a unas declaraciones de ésta en la presentación de su tema de patinaje.
Por su parte, Rousseau llegó a la capital china para una sesión de fotos en la Ciudad Prohibida.
Tal parece que los medios malinterpretaron la relación entre Nikiforov y Katsuki, debido principalmente a que el ruso ha estado viviendo desde hace algunos meses con su pupila, pero todo parece indicar que esto no sería más que una estrategia de entrenamiento intensivo para lograr que la patinadora japonesa consiga un lugar en la final del Grand Prix.
¿Habrán retomado Nikiforov y Rousseau su relación?"
Bloqueo mi móvil.
Por ahora tengo cosas más importantes que hacer, como ganar una competencia. Cuando lo haya conseguido, apoyaré a Viktor con Amanda.
Eso pienso, pero las lágrimas amenazan con regresar. Otra vez.
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Esa mañana se pasa volando, y durante los entrenamientos fallo todos mis saltos. Estoy tensa con todo lo que ha pasado. Además, el prestigio de Viktor depende de mi presentación de hoy.
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Me baño y visto mi atuendo. Mari se encargó de diseñarlo y lo mandamos confeccionar a un reconocido modista de Hasetsu. Viktor quería verme con el traje puesto, pero Mari le dijo que mejor esperara hasta mi presentación del programa libre. No puedo creer que esté a solo unas horas del evento.
Me coloco la chaqueta turquesa de mi selección, sujeto mi cabello en una coleta baja y me pongo mis anteojos. En mi mochila empaco los patines blancos que he elegido para esta ocasión, las cuchillas y demás accesorios. Tomo entre mis manos mi porta pañuelos de Makkachin y salgo de mi habitación.
Afuera, Viktor me está esperando, vestido con un terno esta vez negro, guantes marrones y la gabardina también marrón. Demasiado apuesto. Demasiado guapo. Ese atuendo le da un aspecto muy…
El rostro se me congestiona con el simple hecho de pensar en él de esa forma.
- Vamos – me dice.
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Cuando llegan a la pista de patinaje…
Viktor se ha percatado del cambio de estado de ánimo de Yuri. Luce apagada, nerviosa. ¿Qué le pasa? Hoy es la presentación del programa libre, y ésta es la que más puntos otorga. Si Yuri falla…
No. Lo hará bien. Ha practicado lo suficiente, ha puesto sudor y lágrimas en ese programa. Ese programa que representa la trayectoria de su carrera de patinaje artístico y el amor de las personas que la han apoyado.
Pero él también está algo tenso. No es para menos. Con todo lo que ha pasado…
La llamada que recibió desde Tel-Aviv la noche anterior, las notas de las páginas sensacionalistas que vio en internet en la mañana apenas despertó, su desayuno con Yuri…
Yuri…
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¡Rayos, 19 páginas de Word! No pensé que el capítulo se me hiciera tan extenso. En un principio tenía planeados dos capítulos, pero creí conveniente hacer uno solo para que la historia no pierda su ilación, su secuencia.
¿Qué tal les pareció el capítulo? 7w7 7w7 ¡Háganmelo saber en un review! No tienen idea (bueno, los que escriben sí) lo grato que es leer sus opiniones :)
Cualquier comentario, cualquier sugerencia, cualquier crítica es bien recibida.
¡Un fuerte abrazo y un beso a todos! ¡Y no perdamos las esperanzas de una segunda temporada de YOI!
