Jonathan se acordaba de la primera vez que mamá y papá lo llevaron al Daily Planet. Fue hace tiempo, no sabía cuanto, pero a ál le parecía mucho. Recuerda que papá lo llevaba en brazos y que mamá iba por delante de ellos, hablando por el móvil. Veía la coleta de mamá moviéndose de un lado a otro y él intentaba alcanzarla con la mano, pero estaba muy lejos.

Recordaba como papá le decía lo que iban viendo, la entrada, el ascensor -que estaba lleno de gente que apretaban botones-, el despacho del jefe -que era un señor con la cara roja que gritaba mucho-, el despacho de mamá y papá... Lo que más le interesó a Jonathan era la sala de redacción del sótano, porque había había teléfonos que sonaban, varias teles grandes con el canal 24 horas de Supermán, gente moviéndose de un lado a otro con prisa y hablando a gritos... le parecía el sitio más divertido en donde había estado nunca.

Recordaba que papá lo dejó en el suelo y que se dio una vuelta caminando el solito, asomándose por encima de las mesas y observando a la gente trabajar. Algunas personas le sonreían y le decían cosas, él se quedaba mirándolas sin saber que responder. Hicieron un corrillo alrededor suyo, se empezó a sentir agobiado. Papá se acercó pero en vez de socorrerle le dijo que les dijera como se llamaba... Jonathan se lo pensó y gritó

- ÓNATAN

Todos se quedaron entusiasmados por la respuesta y dijeron que "indudablemente era hijo de su madre". Entonces papá lo cogió de la manita y se lo llevó andando a buscar a mamá.

Cuando la encontraron estaba gritándole a un señor, papá tapó los oídos a Jonathan. Cuando mamá acabó de gritar se fueron los tres en el ascensor y subieron hasta donde estaba la guardería, muy cerca del despacho de papá y mamá.

Papá le explicó que a partir de ese día él se quedaría jugando en la guardería mientras papá y mamá trabajaban en su despacho. Y que cuando acabaran de trabajar se volverían los tres a casa. Hasta entonces Jonathan se quedaba con la abuela en la granja cuando papá y mamá trabajaban.

Jonathan se quedó en la sala llena de juguetes, sentado en un taburete, sin estar muy convencido pero resignado. Se quedó mirando cómo se iban y cómo cerraron la puerta de la guardería. Él se quedó mirando a la puerta de madera muy concentrado durante unos segundos. Hubiese querido poder ver a través de la puerta...

Así fue el primer día que estuvo en el Planet.

Hoy Jonathan también estaba en la guardería y estaba deseando que lo viniesen a buscar para irse a casa. Pero ahora era diferente. Ahora podía tener 'controlados' a papá y mamá.

Se concentró y pudo ver a mamá en su despacho, hablando por teléfono y a papá preparándole café a mamá. Se quedó quieto y con la mirada perdida, observándolos a través de la puerta...

-¡Jonathan! - le dijo la señorita - ¡Ve a elegir un juguete de la estantería!

Vaya, el juego de elegir un juguete... si no se daba prisa tendría que volver a jugar con el payaso de cara blanca y sonrisa triste, que estaba roto. Odiaba a ese payaso. De hecho, odiaba a todos los payasos.

Echó a correr y cogió el teléfono de los Picapiedra, con tan mala suerte que justo un segundo después que él también lo cogió Lisa, la niña más grande de la guardería. Él no lo soltó. Ella tampoco.

- ¡Suéltalo, enano! - dijo la grandona niña, mirándole a los ojos desde arriba y tirando hacia sí el juguete.

Hasta ese momento Jonathan había mostrado en la guardería su lado 'Clarky' como decía mamá. Pacífico y amable. Pero pensó que era tremendamente injusto soltar el teléfono porque en definitiva él lo había cogido primero, así que él también tiró del juguete con todas sus fuerzas.

A pesar de que Lisa era mayor y más grande, le cogió de improviso y el teléfono de juguete se le resbaló de las manos. Jonathan apretaba los labios y le miraba desafiante, al más puro estilo 'Loisy' como decía papá. Cabezota y respondón. La niña 'aceptó' el desafío y volvió a agarrar el juguete y empezaron a forcejear.

Ambos tiraban con fuerza. La profesora les ordenó que dejaran de pelearse, entonces Jonathan, tomando consciencia de que se estaba portando mal -y había prometido a papá que no se pelearía con nadie- soltó rápidamente el juguete y Lisa cayó de espaldas al suelo. La niña se puso a llorar. Jonathan, petrificado, miró hacia el despacho de papá y mamá, sintiéndose culpable.

La seño levantó a Lisa del suelo y todavía llorando vio como Jonathan estaba mirando la puerta con la mirada pedida, como hacía muchas veces.

- ¡Raro!¡Atontao! - le gritó ella.

Él se giró para estar cara a cara y le dijo:

- ¡Zorra llorona! - con el mismo tono que había oído usar a mamá.

Todos los niños en la guardería gritaron:

- ¡Jonathan ha dicho una palabrooooota!

- ¡Jonathan ha dicho una palabrooooota!

Lisa se abalanzó contra él. Jonathan no podía pelear porque se lo había prometido a papá así que se encogió cubriéndose la cabeza con los brazos, mientras la niña le daba mamporros y le arañaba rabiosamente.

Todos los niños en la guardería gritaron:

- ¡Pelea!

- ¡Pelea!

- ¡Pelea!

La señorita apartó a Lisa de Jonathan y la mandó a la esquina de los castigados. Entonces se volvió hacia él y asustada le repasó con la mirada. Increiblemente estaba intacto.

- ¿Estás bien, Jonathan? - le preguntó

- Sí - respondió él con tranquilidad.

Todos los niños estaban alborotados, algunos estaban deseando empezar una pelea ellos mismos y otros estaban a punto de echarse a llorar. La seño vio el panorama y empezó a hiperventilar. Jonathan observó la situación muy concentrado. Lisa aprovechó la confusión y gritó desde la esquina a la vez que le lanzaba una pelota de goma a la cabeza.

Jonathan sintió algo muy raro, de repente todo le pareció muy fácil. Símplemente tenía que levantar la mano y coger la pelota que se acercaba 'lentamente'. Lo hizo. La cogió. Pero nadie se dio cuenta. Ni siquiera Lisa, que estaba más preocupada en gritar y llamar la atención. Él tampoco le dio importancia, al fin y al cabo papá hacía cosas así constantemente.

La señorita los mandó callar a todos contó hasta diez para calmarse. Cambio de planes. Todo el mundo a hacer la siesta.