Las cartas sobre la mesa

Ah, la verdad las cosas no podían ir peor, o al menos ese pensamiento le servía de consuelo a Gabriel, porque no se imaginaba algo peor que el chico que te volvía loco prefiriera a tu hermano y que además tuviera una hermosa y cariñosa novia que no le dejaba a sol ni a sombra, sumándole a eso que tuviera que soportar las escenitas románticas entre ese chico y su noviecita, la cereza del pastel era que tendría que sufrir en silencio, ¿a quién le podría pedir consejo?, confiaba mucho en su hermano Michael pero la verdad le daba vergüenza, ya ni se diga hablar de ello con Castiel, mucho menos con su grupo de amigos. Así que estaba solo en su miseria.

Pasaba los días encerrado en la rutina, salía de casa, iba a clases, volvía a casa a hacer tareas, al terminar preparaba la comida e iba adelantando algunos detalles para la cena, se encerraba en su habitación a no hacer nada y después bajaba a terminar de hacer la cena, luego de eso volvía a su cuarto y se dormía temprano; ya tenía algunas semanas sin salir ni al pan, y cuando sus amigos le proponían ir a algún lado los evitaba, en parte porque no se sentía con ánimos de andar de fiesta, en parte porque la novia de Sam andaría por ahí, y para ser justos, la chica era amable y realmente estaba intentando conocerlo.

Esa mañana rechazó otra invitación de sus amigos de una manera más que grosera, se sentía de la mierda por eso, no es que Gabriel se preocupara mucho por los modales pero aceptaba que se había pasado de idiota, no tenía ánimos de entrar a clases así que se fue a la azotea de uno de los edificios, el conserje era su amigo desde que Gabe le regalara algunas galletas de las que hacía en sus clases, así que le prestaba las llaves de la azotea del edificio de medicina de vez en cuando, desde ahí tenía una vista genial del campus.

Se quedó ahí toda la mañana, ya era hora de que recogiera sus cosas y se marchara a casa, estaba recogiendo su mochila cuando escuchó que abrían la puerta, se giró para inventar una excusa cuando lo vio: ahí estaba el responsable de sus más profundos dolores, Sam Winchester con su expresión preocupada, con toda su estúpida belleza, con ese cabello tan suave y esos ojos tan profundos y sinceros, Gabe se sintió realmente pequeño cuando Sam se acercó a él, sin quitar esa cara compungida, y le abrazó.

- Oh, Gabe, ¿por qué nunca me lo dijiste?- habló Sam, sin dejar de abrazarlo – debió ser tan difícil-

- Sam…yo…- balbució Gabriel.

- Lo sé todo- dijo Sam, separándose para mirarlo a los ojos – esas cosas no se pueden ocultar-

Gabriel se sonrojó completamente, sintió que el pulso se le aceleraba a niveles increíbles, quería hablar pero las palabras se le ahogaron en la garganta, Sam le acarició la mejilla con cariño.

- ¿Desde cuándo?- quiso saber Sam.

- Ya ha sido un tiempo- admitió Gabriel, mirándose los pies – me daba tanta vergüenza decirlo, yo creí que te incomodaría-

- ¡Jamás!- exclamó Sam, sonriendo tiernamente.

- ¿Entonces lo entiendes?-

- Claro que lo entiendo- dijo Sam – me ha pasado también-

- ¿Eh?, ¿cómo?-

- Vamos, Gabe, es algo muy común-

- Todo este tiempo me he sentido tan solo- dijo Gabriel, suspirando.

- No lo estás- dijo Sam, y volvió a abrazarlo – nunca lo estarás-

Gabriel no cabía de la felicidad, ¡Sam lo entendía!, jamás imaginó que pudiera ser correspondido, pero ahora que sabía que sí lo era no iba a desaprovechar la oportunidad, haría muy feliz a ese estúpido alce así se le fuera la vida en ello, en un impulso de alegría se paró de puntitas y unió sus labios con los de Sam, pero en respuesta recibió un empujón que lo dejó en el suelo.

- ¿Qué coño te pasa, Gabriel?- gritó Sam, limpiándose los labios con el dorso de la mano – que alguna chica te haya roto el corazón no justifica que…-

- ¿Una chica?- exclamó Gabriel - ¿pero de qué has estado hablando tú?-

- Benny nos dijo que posiblemente alguien te había roto el corazón, así que vine a buscarte para darte apoyo, pero por lo visto no te puedes tomar nada en serio.

Gabriel se echó a reír, lo extraño fue que al mismo tiempo se le llenaban los ojos de lágrimas, Sam se asustó de veras al ver a su amigo retorcerse de risa y llanto en el suelo, el enojo por el beso se desvaneció.

- Gabe, cálmate-

- ¡Es que tiene gracia!- dijo Gabriel, tratando de controlar sus carcajadas – yo pensando que ya te habías enterado de lo que siento, pero tú estabas en otro maldito planeta, pero claro, ¿cómo vas a entenderme?, nunca lo has hecho-

- ¿Qué es lo que sientes, Gabe?- preguntó Sam – déjame ayudarte a…-

- ¡No me toques!- gritó Gabriel, apartándose de Sam como si quemara – aléjate, vete-

- No te voy a dejar así-

- Sam, yo siempre te quise-

- Y yo a ti, Gabe, por eso no puedo irme y…-

- No, Sam, es que no entiendes, yo te amo, me gustas, maldito imbécil, me has gustado desde que te conocí, pero no me atreví a decirte nada porque estabas con Jess, y luego te pegaste a Castiel como un perrito faldero, y ahora estás con Amelia-

- No tenía idea, Gabe- dijo Sam, respirando profundamente – oh, Gabe, Amelia y yo…es que la quiero tanto y yo no…a mí no…-

- No te gustan los hombres, lo sé-

- Pero si me gustaran créeme que yo…-

- No es cierto- dijo Gabriel, levantándose al fin – jamás te fijarías en mí, Sam, no me mientas-

- Sólo trato de…-

- No trates, no quiero- contestó el Novak, de nuevo con los ojos llenos de lágrimas – no trates otra vez, Sam, nunca, me duele-

- ¿Qué puedo hacer?-

- Alejarte de mí-

- Eres mi amigo-

- Ya no-

- Gabriel…-

- Si te pones a pensarlo, en realidad no hemos sido amigos nunca, yo me acerqué a ti por Dean y porque me gustaste, nada más-

- Siempre me apoyaste con lo de Jessica-

- ¿Y de qué me valió?- dijo Gabriel, riendo – yo te hacía reír, era tu payaso, nada más, te divertía para que sonrieras, pero ya no necesitas que te anime, ya estás bien, estás enamorado, eso es algo bueno-

- Eso no se vale, Gabriel- replicó Sam - ¿crees que yo te habría permitido que me consolaras de saber lo que sentías por mí?-

- La verdad ya no importa- dijo Gabriel, maldiciéndose internamente por llorar de nuevo – ahora sabes que te amo, ¿qué cambiará eso?, nada-

- Aún te aprecio-

- Otro sentimiento inútil- dijo Gabriel – dejémoslo ya, Sam-

- Pero de verdad te considero mi amigo, no quiero perder nuestra amistad, Gabriel-

- Sabes tan bien como yo que no podemos conservarla- dijo Gabe, en un tono amable que Sam no le conocía – hemos alargado esta conversación más de lo debido-

- Gabriel…-

- Ya, por favor- suplicó el Novak, con los ojos inundados de lágrimas – sé que estás intentándolo de veras, pero sólo logras lastimarme más, no quiero tu simpatía ni tu cariño, no quiero que me veas todos los días y disimules que no te incomodo, no quiero que evites besar a Amelia frente a mí por miedo a lastimarme, ni que pongas esa expresión de culpabilidad cuando yo esté cerca, porque no es tu culpa, Sam, ni la mía, sólo mostré mi mano, puse las cartas sobre la mesa y no fue suficiente, perdí, y eso pasa a diario, no hay que hablar más de ello, no hay que insistir en una amistad que los dos sabemos que ha perdido, conformémonos con ser dos conocidos, y tal vez, si tenemos suerte, pronto seamos solo extraños-

- Quisiera saber qué decir-

- Adiós, Sam-

Sólo se fue, no volteó a ver a Sam, no hizo una pausa dramática para lamentarse de su suerte, se fue y ya, caminó hasta su casa y cuando vio a Michael y a Cassie sonreírle se derrumbó, se deshizo en lágrimas entre los brazos de su hermano mayor y las palabras cariñosas de Castiel, nadie hizo preguntas, no era momento, sólo le permitieron desahogarse hasta que se sintió lo suficientemente fuerte para hablar, y vaya que habló, les contó de todas las noches horribles y la soledad, de cómo amaba a Sam con todo su ser y de ese terrible encuentro en la azotea, les habló de cómo sentía el corazón vacío.

- Le amé tanto, tanto, tanto- dijo a sus hermanos – que me dejó agotado, soy incapaz de sentir otra cosa ahora más que el vacío que me quedó, ¿qué tan estúpido se puede ser para entregar el corazón a alguien de esa manera?, soy un idiota-

- Sí lo eres- dijo Michael - ¿cómo pudiste infravalorarte tanto, Gabe?, ese tal Sam Winchester es como tú y yo, es igual de humano e imperfecto, también suda, llora, apesta y caga, maldita sea, no es nada del otro mundo, sólo otro tipo de cara bonita-

- Sam no hizo nada malo- dijo Gabe, agachando la cabeza.

- Él no, pero tú sí- continuó Michael – eres bello y valioso, eres importante, eres amado y sobre todo no estás solo, nunca lo has estado, sé que lo que sientes por Sam es un amor enorme y puro, y me alegra que seas capaz de amar así, pero primero, Gabriel, quiero que te ames a ti-

- Mike tiene razón- intervino Castiel – tú estás primero que cualquier persona, incluso antes que Michael y yo, jamás vuelvas a tratarte de esa manera, Gabe, promételo-

- Lo prometo- contestó Gabriel, abrazando a sus hermanos.

Afortunadamente era viernes, así que tendría dos días tranquilos sin ver a Sam, planeaba quedarse en casa los dos días pero Michael le sorprendió proponiendo ir a comer a un restaurante en la ciudad, así que pasaron la tarde del sábado fuera, al volver a casa ya anochecía y decidieron preparar la cena al ritmo de los amados Beatles de Mike; el domingo Cassie lo llevó al cine, después de la función pasaron por una librería, mientras veía a su hermano emocionarse con los libros pensó en contarle lo del estúpido plan de venganza, ya que Castiel también se había sincerado con Michael y él, contándoles de la relación que tenía don Dean desde hacía tres meses, por supuesto a Mike no le hizo mucha gracia pero tuvo que aguantarse, recién un Winchester le había roto el corazón a Gabriel y ahora Castiel salía con que estaba de novio con el hermano mayor.

Gabriel decidió contarle todo al volver a casa, le pareció lo más sensato, pero cuando volvieron a su hogar ya no pudo decir nada.

- ¡Qué demonios!- exclamó Gabriel - ¿cómo?, ¿cuándo?-

- Para ser sincero tenía planeado dártela hasta tu cumpleaños, pero dadas las circunstancias…- dijo Michael, sonriendo – feliz cumpleaños adelantado, hermanito-

La motocicleta era perfecta, a Gabriel casi se le cae la baba al ver tal belleza, se acercó para verla mejor, estaba pintada de color vino con detalles en plateado, tenía un par de alforjas de piel negra, en ellas encontró un pantalón, una chaqueta y unos guantes para protegerse, sobre el asiento descansaba un casco.

- Si no usas las protecciones olvídate de tocarla siquiera- advirtió Michael.

- ¿Bromeas?, iría cubierto de papel burbuja sólo para manejar esta belleza- respondió Gabriel, sonriendo de oreja a oreja - ¿de verdad podemos pagarla?-

- No te preocupes, hice una campaña para la compañía que las fabrica y me hicieron descuento-

- Excelente- dijo Gabe – Cassie, te llevaré a la escuela todos los días en ella-

- Oh, no, no, no, ni soñarlo- respondió Castiel – esas cosas me dan miedo, prefiero que Michael me lleve o el transporte público-

- Bueno, tú te lo pierdes- dijo Gabriel – no puedo esperar a mañana para llevarla a la Universidad-

Pero tal vez sí podía esperar, porque en cuanto se metió a la cama esa noche se acordó de Sam, tenía ganas de verlo pero al tiempo prefería no estar cerca de él nunca más, trató de olvidarlo pero fue inútil, al fin cayó dormido a causa del cansancio, se despertó cuando la alarma comenzó a sonar, se fue directo a darse una ducha y se arregló para la Universidad, abajo sus hermanos ya desayunaban, se unió a ellos tras desearles buenos días, Michael le pidió que fuera precavido con la motocicleta y se marchó junto con Cassie, Gabe no se demoró mucho, terminó sus hot cakes y salió de casa, dedicó un par de minutos a contemplar la belleza de su moto antes de montarla para dirigirse a la escuela.

Se sintió como una celebridad cuando estacionó la moto ante las miradas de envidia y admiración de sus compañeros, estaba quitándose el casco y las protecciones cuando el impala negro de Dean Winchester se estacionó justo a su lado.

- Eres un maldito perro- dijo Balthazar, sonriendo – ¿por eso andabas tan misterioso?, desgraciado-

- Muérete de la envidia, Balth- respondió Gabriel, riéndose - ¿qué les parece mi Harley?-

- Es casi tan bella como mi nena- dijo Dean, acercándose a ver mejor la motocicleta.

- ¿Qué tal corre?- preguntó Benny – oye Gabe, luego debes dejarme darle una vuelta, no seas mal amigo-

- Tal vez lo considere- respondió Gabriel – funciona perfectamente, apenas si toca el asfalto-

- Es bonita, Gabe- dijo Sam, sonriendo tímidamente – yo…-

- ¿No es esa Amelia?- dijo Gabriel, señalando detrás de Sam – no la dejes esperar-

- Tienes razón- habló Benny – y Andrea se acerca también, ya regreso-

Los dos muchachos se alejaron, dejando a Gabe solo con Dean y Balthazar.

- Chicos, quiero decirles algo- comenzó Gabe – el plan respecto a Cassie…olvídenlo-

- ¿Qué?, ¿por qué?- gruñó Balthazar – apenas nos estábamos divirtiendo-

- Sólo déjenlo y ya, ¿sí?- insistió Gabe – ya te divertiste, Dean, termina con él con cualquier excusa y aléjate de mi hermano-

- No lo creo- respondió el Winchester mayor – no lo voy a dejar-

- Más te vale que lo dejes o si no…-

- ¿O si no qué, Gabriel?- intervino Balth – te recuerdo que la idea fue tuya, si vas y le dices algo a Cassie yo mismo me encargo de contarle que fue su propio hermano quien planeó todo-

- Eres un maldito- bufó Gabriel.

- No es por eso, Gabe, no vengas a hacerte el inocente a estas alturas- replicó Balthazar – te recuerdo que los tres estamos metidos hasta los codos en esto, así que…-

- No pienso seguir ayudándoles- dijo Gabe.

- No te estoy pidiendo ayuda- respondió Dean – yo sé lo que hago, ustedes no se metan-

- Pero…- comenzó Balth.

- Que no metan las narices en mis asuntos- gruñó el Winchester – olvídense de todo, yo me encargaré-