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Publicado en 6 de Agosto 2015
Resubido el 07 de Enero 2019
Esperar por Ti
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La respiración se vuelve bastante problemática en esta altura del año, el frío empaña los vidrios que me prohíben ver por mi ventana y me molesta tener que limpiarlos cada veinte minutos. Me gusta ver por la ventana de la sala porque se puede ver el camino que lleva a las personas fuera y dentro de la ciudad que me vio nacer y crecer.
Me entretiene porque me trae muchas imágenes a mi mente de gente que ha llegado a mi vida por ese camino, gente que me hizo bien, otras no tanto, pero todas fueron lecciones valiosas de vida. Y sobre todo porque en esa ventana me gusta esperar a que él regrese de sus aventuras por el mundo. Mi trabajo era bastante complicado y como líder de gimnasio no podía salir tanto como quisiera a acompañarlo en sus viajes. Era algo que sabíamos muy bien cuando empezamos a salir y nunca podría ser capaz de ponerme en contra de lo que él tanto ama.
Él siempre regresaba y era lo que más me interesaba.
Aunque ahora se está demorando mucho en volver, ya está llegando la navidad y los invitados no tardaran en llegar. Enfoqué mejor la vista hacia el camino y claro, no decía yo…
¡Los invitados están por llegar!
No me molesto en salir a atenderlos, ellos tienen la llave para entrar a la casa así que puedo escuchar todo sus ruidos sin preocuparme de quitar la vista de mi ventana. Tengo que esperar por él, tengo que esperar por mi marido.
—¿Ya estás pegada a la ventana otra vez? —sonó la voz de Hana, nuestra hija— ¡Hace frío!
—¡Yo no tengo frío! —respondí quitando la mirada del camino para ponerme de pie y darle un abrazo a mi pequeña gruñona, la pobre salió tan a mí.
—¿Aún sigues esperando por papá? —la otra voz le pertenece a Aaron, mi segundo hijo con él.
—Por supuesto —respondí casi ofendida—, él puede venir en cualquier momento.
—Lo sabemos mamá —Hana se miró con Aaron, podía ver el miedo en sus miradas—, pero realmente nosotros no queremos que venga.
—¡Pero tiene que venir! ¡Me lo prometió! Y cuando venga su padre los acusaré —protesté por sus malas palabras—, en fin, ¿Qué trajeron de rico para comer? ¡Muero de hambre!
Pasamos una cena bastante entretenida, hace tiempo que no nos reuníamos los tres y les había pedido por favor que fuera antes de navidad, porque cuando vuelva él, solo estaré con él, recuperando el tiempo perdido. Ese tiempo en el que se fue y a diferencia de otras ocasiones, no he podido acostumbrarme.
Por suerte, tengo dos hijos fantásticamente maravillosos, mientras Hana es miembro de la élite de Kanto, Aaron maneja el gimnasio Pokémon desde que yo tuve que abandonarlo por un pequeño problema al corazón que tuve hace unos años por un suceso muy feo, nada grave pero me obligaron a estar en casa todo el día.
Así que solo me dedico a esperar por el amor de mi vida, por esa persona que cada vez que lo veo siento que pude haber hecho más cosas por él, que pude haberle dicho más seguido cuanto lo amaba y cuando deseaba que fuera feliz a mi lado. Pero ahora cuando regrese me encargaré de que sepa todo eso que no le he dicho aún.
Suspiré con pesadez y automáticamente tenía a mis dos hijos a mi lado con cara de preocupación. La respiración se me pone muy pesada con el frío.
—Mamá —Hana me tomó la mano—, si papá viene no te vayas con él por favor.
—Pero se lo prometí —ahí estaban otra vez, no entiendo porque ese rechazo con que me reúna con su padre. ¡Es mi marido, y la persona que amo! ¿Cómo no lo entienden?
—¡¿Pero no es mejor que nos prometas a nosotros pasar la navidad con tus nietos?! —exclamó molesto Aaron— ¡¿Qué le diremos a Ben y a Micca cuando pregunten por su abuela?!
—Oh los preciosos de la abuela —sonreí por mis aventureros que ya tenían tantas ligas recorridas, tienen el alma de su abuelo en ellos— ¡Tiene que decirles que su abuelo regresó por su esposa y se fueron para poder estar juntos de nuevo para siempre!
—¡Mamá! —ambos me gritaron como si estuviera sorda, pero no, solo mi enfermo corazón está débil y me cuesta respirar pero oigo muy bien.
—No es justo —Aaron apretó los puños, podía ver como sus nudillos se ponían blancos. Sé de su impotencia pero así es la vida—, papá se fue así, sin darnos explicaciones, por su culpa enfermaste del corazón y ahora… ¿Tú también nos quieres dejar?
—Oye hijo —me puse de pie para mirarlo fijamente—, tu padre y yo los educamos bien a ambos, ambos son profesionales, hacen los que les gustan e incluso encontraron parejas con las que son felices, tú tienes una hija maravillosa y tú, Hana —la miré a ella—, tienes un hijo que es el vivo retrato de tu padre. Hicimos todo lo que pudimos y agradezcan que ambos pudimos conocer a sus hijos.
—Mamá… —Hana se acercó y me abrazó—, entendemos que quieras reunirte con él, pero no nos pidas que nos resignemos a dejarte ir.
—No esperaría eso de ustedes —la abracé también y le hice un gesto con la mano a Aaron para que se una al abrazo—, los amo y cuídense mucho. Nunca dejaré de velar por ustedes. Ahora estoy cansada, quiero irme a dormir.
—Te ayudamos —Aaron me tomó para ayudarme a subir las escaleras que cada día eran más difíciles para mí, aunque tenía una habitación en el primer piso, esa noche quería ir a mi habitación, a la habitación que compartí con mi marido.
Aspiré profundo antes de buscar un lindo vestido que tenía guardado para el día en que él vuelva, cuando se lo dí a Hana ella empezó a llorar, Aaron simplemente se quedó observando la foto que tenía en mi mesita junto al velador, una foto de los cuatro. Éramos una familia muy bonita.
—Si ves a papá —Aaron tomó la foto con su mano izquierda y la levantó hasta casi acercarla a su rostro—, dile que esta vez te cuide bien, porque en algún momento nos volveremos a reunir y le va a pesar si anda dejándote sola por periodos largos otra vez.
—Claro —sonreí sentándome en la cama—, le daré un buen golpe de tu parte cuando lo vea, ¿te parece?
Cuando me miró pude ver sus ojos verdes nublado por las lágrimas que no era capaz de derramar.
—Me parece perfecto —afirmó.
Tras cambiarme me acosté, ambos hijos míos me tomaron cada uno una mano mientras yo iba respirando cada vez más y más lento, por alguna razón el corazón no dolía como antes, y mientras los pulmones movían mi pecho paulatinamente, fui quedándome dormida ante los sollozos de mis dos hijos, de esas dos extensiones de nuestras vidas que hicimos posibles Ash y yo.
…
Cuando volví abrir los ojos me encontraba de nuevo en la sala de mi casa, observando hacia el camino, por ese camino en el que en algún momento el volverá. Y así lo hizo, no tardé mucho en divisar su silueta en el camino y sus pasos rápidos hacia la casa, me levanté para recibirlo en cuanto entrara.
—¡Ya estoy en casa! —gritó emocionado tras abrir la puerta— ¡Hola Misty! —se acercó a mí y antes de que pudiera abrazarme, le di una buena cachetada— ¡Oye! ¿Por qué me pegas?
—Aaron me pidió que te lo diera —sonreí antes de abrazarlo—, me dijo que si se entera que me dejas de nuevo por largos periodos, será muy malo contigo cuando nos reunamos.
—Ese muchachito —se quejó correspondiendo a mi abrazo—, sé que les costará aceptarlo pero es nuestra hora de estar juntos —se separó de mí para tomar mis manos y levantarlas hasta quedar a la altura de su rostro.
—¿Y ya no me dejaras otra vez? —le pregunté observando nuestras manos entrelazadas.
—Nunca más mi amor —me susurró—, lamento haberme ido antes, lamento haberte causado ese dolor en tu corazón pero tenías cosas que hacer todavía… en cambio yo, ya no y no podía quedarme contigo. Lamento haberte hecho esperar por mí otra vez.
—Si lo entiendo —hice una mueca con mis labios—, supongo que esperar por ti era una costumbre para mí.
—Pero ya no tendrás que esperar más… ahora estaremos juntos para toda la eternidad.
