CAPÍTULO 8

¡ME MIENTE! ¡Me miente descaradamente! Ella no pudo estar en el tejado, al menos no sin que yo la viera, por yo SÍ estaba ahí… ¿Qué gana con mentirme? ¿Qué es lo que trata de ocultar? Maldita mil veces… Odio que no me diga lo que pasa, y más odio el no poder averiguarlo por mí mismo.

No es que no lo haya intentado. ¡A Ranma Saotome nada ni nadie se le escapa! ¡Mucho menos su prometida! (Frunzo el ceño) Al menos podía decir eso hasta esta tarde: ¡¿CÓMO ES POSIBLE QUE NO LA ENCONTRARA, JUSTAMENTE A ELLA?! No tengo ni idea de qué fue lo que pasó:

La estaba siguiendo en su salida de todas las tardes a una mediana distancia, dio vuelta en una esquina y ¡desapareció!

¿Desde cuándo Akane se puede desaparecer? Traté de divisarla aún arriba de los techos, pero nada; decidí bajar y buscar más exhaustivamente y ¡NADA!

La angustia que sentí no se la deseo ni a mi peor enemigo… bueno… tal vez a Ryoga sí… jejeje… emm… bueno… Regresando al tema, después de pasarme horas y horas buscándola (cof cof… tal vez no tanto, pero sí un muy buen rato) me convencí de que ya no estaba ahí. Resignado y todavía preocupado me dirigí de regreso al Dojo a esperar su retorno. ¿Qué más podía hacer? Que frustración…

Después de destrozar algunas cosas para tratar de relajarme, decidí irme a uno de mis lugares preferidos de la casa: El tejado que hay justo arriba del cuarto de Akane y que por unos días es mío también (sonrisa de felicidad extrema). No pude evitar ponerme totalmente rojo al recordar que la noche pasada dormimos juntos… demasiado juntos...

Me perdí en mis pensamientos hasta que me dio sed, ya estaba anocheciendo. Al bajar a la cocina, escuché unos ruidos provenientes de la planta superior, más específicamente, del cuarto de nosotros. Volví a perderme en mis fantasías hasta que escuché de nuevo el alboroto y de inmediato me dirigí a nuestra recámara.

Cuando oyes que hay alguien desconocido dentro de tu casa, no andas tocando las puertas para avisar que vas a hacerle frente, y mucho menos le pides permiso para pasar, así que entré abriendo violentamente la puerta, pero me congelé al instante… ¿o tuve una combustión espontánea? La verdad no estoy seguro… lo único que tengo claro es la increíble visión de una prácticamente desnuda Akane…

No pude evitar recorrer su exquisito cuerpo con la mirada: su rostro sorprendido y sonrojado, hermoso; su blanco cuello, sus delicados hombros. Esos apetecibles pechos cubiertos provocativamente por un sugerente brasier, su pequeña y estrechable cintura; ese abdomen tonificado y muy ligeramente marcado. Sus delicados y fuertes brazos colgados inertes a cada lado de sus proporcionadas caderas, con esas suaves curvas tan llamativas y adornadas por la tela de su sensual ropa interior. Y, Dios santo, ¡sus piernas! Esas deliciosamente largas, firmes y preciosas piernas…

A poco estuve de morir de un para cardiaco, o de un desangramiento… o de una paliza por parte de ella…

Como pude, salí huyen… emm… digo… eh… le di su espacio para que se vistiera… no es como que tratara de decir la palabra huyendo, ya que Ranma Saotome no conoce esa palabra…

Me mantuve en la sala, esperándola. No podía dejar de recordar la escena que compartimos… necesitaba relajarme, distraer mi acalorada mente.

Estuve viendo la televisión hasta que la oí bajar, e inmediatamente me tensé. Ella se dirigió a la cocina sin decir ni una palabra, y yo volví a tensarme: Akane en la cocina nunca es un buen presagio. Tal vez tuvo suerte las últimas veces, pero nunca hay que abusar de la buena fortuna. Quise ir a vigilarla, pero mi vergüenza fue mayor.

En la cena, noté un sabor distinto en la comida, aunque realmente tenía un sazón delicioso, no logré detectar qué era lo que lo hacía diferente, ese toque desconocido…

Como estábamos juntos y ella parecía distraída, decidí ignorar mi razonamiento sobre la comida para aprovechar de tomarla con la guardia baja y hacerle unas preguntas, las cuales me contestó con evasivas y mentiras estúpidas. Se acabó rápidamente su comida y escapó a la cocina. Subió a dormir después de haber lavado, secado y acomodado los trastos usados.


Y heme aquí, aún sorprendido, enojado y frustrado por sus patrañas y su fuga. El saber que miente hace que me pregunte qué es lo que me está escondiendo y por qué. Un sentimiento extraño y nada agradable me invade, lamentablemente no es algo desconocido… son los malditos celos y la terrible incertidumbre de no saber lo que pasa por su mente.

Sin nada más que poder hacer en la sala, me decido a subir al cuarto a dormir. Y mi mente no puede evitar pensar: Sí, a dormir con ella. Me sonrojo ante mi pensamiento.

Llego a la recámara, abro lentamente la puerta y la veo descansando plácidamente en la cama, cubierta hasta la cintura por la sábana. Está en una orilla del lecho que compartiremos, dejándome mi espacio. El verla tan tranquila, relajada y vulnerable, con esa pijama tan generosamente pequeña (unos shorts y una camiseta de tirantes gruesos ceñida a su cuerpo), logra borrar de mi mente toda preocupación y duda. ¿Para qué llenarme la cabeza con pensamientos angustiantes, cuando puedo disfrutar de su cercanía? La verdad prefiero gozar de su compañía.

Me quito lentamente mi ropa, no quiero despertarla. Las únicas prendas que me dejo son mi bóxer y mi camiseta. Con todo el cuidado del mundo levanto la cobija que cubre su cuerpo y me introduzco debajo de la sábana. Como sucedió la noche anterior, nuestros cuerpos están extremadamente juntos, para mi deleite y perturbación.

Al tratar de acomodarme, rozo accidentalmente su espalda, logrando que un escalofrío recorra todo mi cuerpo. Mi movimiento hace que se inquiete y se reacomode, paralizándome totalmente, ya que se da la vuelta y se recuesta sobre mi pecho, mientras entrelaza una de sus piernas con las mías y se queda pegada a mi costado. Por si esto fuera poco, el suspiro que exhala recorre mi abdomen, logrando que intensos estremecimientos recorran mi cuerpo al sentir sus pechos ligeramente aplastados en mis costillas.

La sangre me empieza a hervir. El calor me invade y un sonrojo parece teñir todo mi atractivo organismo. No logro esquivar mis deseos de rodear su cuerpo con mis brazos, sintiendo su calor, su aroma sacudiendo cada fibra de mi ser.

Tardé bastante tiempo en dormirme, pero las horas de sueño fueron muy reparadoras.


Al dejar el mundo de los sueños, descubro que Akane sigue recostada encima de mí, su rostro se encuentra en el hueco que hay entre mi garganta y mi hombro, su respiración me provoca cosquillas, mientras que su brazo rodea mi cuello.

Por su movimiento se nota que está por despertar. Cierro mis ojos, teniendo la precaución de dejarlos lo suficientemente abiertos para observarla y que no note que estoy consciente.

Lanza un largo suspiro y se remueve lentamente. Yo me pongo nervioso, los movimientos que hace me provocan un hormigueo extraño, pero muy placentero. Se aprieta más contra mí y luego se relaja. Levanta la cabeza para observarme. Tiene los ojos modorros y una pequeña sonrisa tierna. Retira lentamente su mano de mi cuello, acariciándome en el proceso, hasta posarla sobre mi pecho, donde se puede sentir mi acelerado corazón.

Ella levanta una ceja suspicazmente, entrecierra los ojos volteando a ver otra vez mi rostro. Yo solo empiezo a sudar internamente… bueno… tal vez externamente también.

Akane se levanta con delicadeza, aun viéndome con sospechas. Se encoge de hombros y termina de salir de la cama. Cuando se da la vuelta para buscar algunas cosas (para su recorrido matutino, seguramente) me doy el lujo de abrir un poco más los ojos, teniendo una vista espectacular de su redondeada y firme retaguardia. De nuevo los calores me invaden, logrando que mi todavía adormilado cerebro mande la sangre que había logrado mantener en su sitio con mucho esfuerzo hacia una zona baja muy peligrosa. Tal vez podría controlarme si ella no se estuviera quitando en este momento los pantalones cortos que usaba de pijama para ponerse un capri que usa para irse a correr. Trago saliva dificultosamente. Entonces, un hilillo de sangre amenaza con salir de mi nariz al ver que también se desprende de su camiseta, al estar dándome la espalda, no tengo las vistas que deseo salvajemente tener.

Se coloca diestra y rápidamente un brasier que acercó con anterioridad, procurando que no se vea nada desde donde estoy. No puedo evitar fruncir el ceño y hacer un puchero. Mi calenturienta mentecilla me volvió poco precavido, ya que no estoy disimulando que sigo dormido, suerte que ella no esté volteando.

Cuando termina de calzarse las zapatillas para correr, sale del cuarto sin mirar atrás. Es entonces cuando me doy cuenta de mi actitud: ¡Estaba espiándola! ¡Me comporté como un verdadero pervertido! Pero no puedo sentir culpa, no me arrepiento; de verdad goce ser el único espectador de su cuerpo, porque estoy seguro que no permitiré que nadie más la vea de la manera en que yo la vi. "O aún con menos ropa" me dice mi subconsciente. Ante mis acalorados pensamientos y la estimulación visual que tuve hace unos minutos, no me queda otra opción que tomar un baño de agua fría para controlar mi cuerpo y emociones.


-Buenos días, Ranma- mi prometida acaba de regresar de su recorrido, no puedo evitar rememorar las escenas de hace dos horas.

-Buenos días, Akane- un ligero sonrojo acompaña mi saludo, y su nombre me salió en un grave susurro. Ella me mira descolocada. Desvía su mirada al lado contrario de donde estoy, pero aun así alcanzo a ver el leve rubor que invade sus mejillas. Una media sonrisa se adueña de mi boca, el provocar eso en ella es algo totalmente adulador. Su pregunta me distrae un poco:

-¿Ya almorzaste?- su voz fue tranquila, ni siquiera tembló.

-Eh… no… te estaba esperando- me confunde la calma que tiene.

-Gracias- me sonríe cálidamente- iré por la comida- desaparece por el pasillo.

-¡Espera Akane!- rápidamente la sigo- comamos fuera, ¿sí?- me mira con el ceño fruncido- No… no es que… que me preocupe que te acerques a la comida- trago saliva- pero… eh… ¿no tienes ganas de unos delicioso okonomiyakis?- trato de sonreír lo más inocentemente posible. Ella evade mis ojos, mira al piso y pone una expresión rara.

-Si quieres ir, ve - dice con un susurro- yo no tengo hambre- gira sobre sus talones para irse al dojo.

-¿Qué? Pero… yo qu… quería invitarte…- se detiene- eh… es una forma de agradecerte por ayudarme a escapar de las chicas ayer…- que bueno que no me está viendo, así no nota mi estúpido sonrojo- aunque espero que no comas demasiado, porque no tengo mucho dinero JAJAJA- su mano hecha puño detiene mi risa, tal vez mi comentario para romper la tensión no funcionó muy bien que digamos…

-Idiota- me dice seria- no gracias, no quiero dejarte en la ruina- levanta el mentón y retoma su camino a entrenar.

-¡Era una broma! Rayos… ¡Akane, era una broma!- cierra el dojo por dentro, pero una puerta no es obstáculo para Ranma Saotome… busco una ventana por la cual pueda pasar. Al llegar al alféizar, puedo ver que ella está quieta, arrodillada frente al altar de la familia Tendo. Hace una reverencia, se levanta y empieza a hacer una kata hermosa, con movimientos lentos, precisos, elegantes… perfectos.

Inmediatamente la energía se puede sentir, pero no es un aura temible, de ira, celos y descontrol… no sé cómo explicarla… solo sé que es brillante, pacífica, bella, pero muy sentimental, melancólica… me hace sentir un pesar que oprime mi pecho.

Me inquieto, no es normal experimentar estas sensaciones. Pero me inquieto aún más cuando me doy cuenta que toda esta energía proviene de Akane. ¿Qué le pasa? ¿Por qué se siente así? Y lo más importante: ¿Es común para ella sentirse de esta manera? Otro sentimiento igual o peor me invade, es la culpa, ¿será que soy yo el causante de su sentir?

No lo soporto más, bajo de la ventana y me acerco con cautela. Parece no notar mi presencia. No sé si llamar su atención o dejarla tranquila. Decido esperar unos segundos para que se dé cuenta que estoy aquí… después de cinco minutos no puedo evitar toser ligeramente… odio que me ignore. Sigue sin prestarme atención, toso un poco más fuerte… nada… lanzo una tos exagerada… y lo único que consigo es lastimarme la garganta.

Desesperado ya, tomo su brazo. En un segundo me encuentro tendido en el suelo, en total estado de confusión. ¡Akane me hizo una llave! Sinceramente no me lo esperaba… me tomó por sorpresa… pero, ¿desde cuándo yo no podía predecir los movimientos de mi prometida? Algo muy raro está pasando.

-¡Rayos! ¿Qué demonios te pasa?- le reclamo adolorido mientras me pongo de pie con toda la dignidad que puedo. Ella no lo soporta y se ríe por lo bajo… sé que se está conteniendo para no carcajearse…

-Perdón… no me di cuenta de que eras tú- el sarcasmo y la burla están presentes en sus palabras. Maldita sea- bueno, ¿qué pasa?-

-¿Eh? ¿Qué pasa de qué?-

-Jejeje… ¿querías decirme algo?-

-¿Yo? Claro que no…-

-Entonces ¿a qué viniste? Te recuerdo que TÚ interrumpiste mi entrenamiento…- uff… es cierto… había olvidado ese pequeño detalle.

-Emm… ¿sí?... jeje… no me había dado cuenta…- cruzo mis brazos tras mi nuca y desvío mi mirada, pero de reojo puedo notar la expresión incrédula de Akane.

-Bueno, si no te importa, me gustaría seguir con mi meditación- ¿soy yo o ella me está corriendo?

-¿Qué? Si quieres que me vaya solo tienes que decirlo- le contesto a la defensiva y muy ofendido.

-¿No eras tú el que se moría de hambre y de antojo por okonomiyakis? No entiendo por qué sigues aquí- frunce el ceño, pero hay un asomo de media sonrisa en sus atrayentes, carnosos y sonrosados labios… ¿qué rayos? No es momento para idioteces, estamos en una pelea…

-¡JE! Sí, pero como vi que estabas reventando de celos, decidí venir e invitarte nuevamente… como todo un caballero atractivo que soy…- esta vez sí se nota enfadada ¡Ups!

-Ash… eres un tonto… maldito engreído… si tanto quieres que te acompañe, solo dilo y ya-

-Niña tonta, seguramente eres tú la que quiere acompañarme-

-Eres TÚ el que vino a buscarme a MÍ- dijo con saña, y antes de que pueda responder, me dice- pero está bien, si tanto insistes, acepto ir a comer contigo unos deliciosos okonomiyakis- me dedica una muy forzada sonrisa, y yo solo puedo reírme.


¡Ran-chan! ¡Qué gusto que hayas venido!- me recibe mi amiga con una enorme sonrisa.

-Hola U-chan, ¿cómo te va?- la saludo mientras nos sentamos en la barra.

-Muy bien Ran-chan- me dedica una sonrisa de adoración, me incomoda, pero no puedo evitar que eleve un poco mi ego.

-Buenos días, Ukyo- saluda un poco tensa mi prometida.

-¡Ah! Hola Akane, no te había visto- me molesta que la traten así, como si no existiera o como si no fuera importante…

-Eh… si… bueno… me podrías hacer uno de camarones, por favor- dice indiferente.

-En un momento, primero haré los de Ran-chan- me sonríe otra vez- ¿tú de qué quieres?-

-Tres especiales, para empezar, por favor-

-Enseguida- se pone a preparar.

En eso veo que Akane se levanta.

-¿A dónde vas?- le pregunto con el ceño fruncido.

-A una mesa, no quiero hacer mal tercio- le sonrío de medio lado.

-No estas celosa, ¿verdad?-

-Ash… idiota…- se aleja y se sienta en una mesa retirada. Su respuesta ronda en mi cabeza, no me negó nada, ni me golpeó ni rebatió mi insinuación… y si lo pienso bien, hace un rato pasó una situación parecida, cuando trataba de hacer que me acompañara… ¿eso significa algo? La miro fijamente, no sé si hacerme ilusiones… Entonces me doy cuenta que no soy el único que la está viendo: los idiotas pervertidos que ya se encontraban en el restaurante se la devoran con los ojos… suelto un bufido… ¡Maldita sea! ¿Por qué no se ahogan con la comida que les queda en los platos? Imbéciles… pervertidos…

Me dirijo a la mesa que ocupa mi prometida, pero se me adelanta una muchacha.

-Hola, ¿estas acompañada?- le está dando una sonrisa coqueta, insinuante. Akane abre los ojos sorprendida y se le tiñen de intenso rubor sus mejillas.

-¿¡EH!? Ah… ejeje... amm…-esta tremendamente nerviosa, y yo no sé si reírme a carcajadas o ir a dejarle claro a esa que Akane es mía…- Esto… eh…-

-¿Cómo te llamas, linda?- se sienta en la silla que está al lado de mi prometida.

-Eh… Ak… Akane…- balbucea muy incómoda e intranquila.

-Es un nombre muy bello- dice tratando de ligar, y ahí sí que me molesta. Apresuradamente me acerco y carraspeo.

-Ejem… disculpa, es mi asiento, ella viene conmigo- le digo con un tono hasta cierto punto amenazador. La chica me barre con la mirada y a mí me brota una vena en la frente…

-¿De verdad estas con él?- su tono hiere mi orgullo, ese tono desdeñoso nunca fue utilizado contra mí… ¿quién sería capaz de despreciar todo mi grandioso ser?

-Eh… bueno…- ¿por qué rayos duda tanto?

-Sí, ella es MÍ prometida, así que, si nos permites, estábamos por almorzar…- de manera cortante me siento al otro lado de Akane y recorro su silla para acercarla.

La chica no le queda más que levantarse e irse, pero antes se aproxima a mi prometida para depositar un beso en su mejilla, dejando a Akane totalmente paralizada, y a mí con ganas de matar a alguien…

-¿Qué te pasa, niña boba?- le pregunto enojado.

-Ella… ella…- se ve traumatizada.

-Ya se fue, no te preocupes-

Traga dificultosamente.

-¡JA! Se nota que no estas acostumbrada a que te coqueteen y traten de conquistarte- digo tratando de disfrazar mis exaltados celos con petulancia… siempre funciona.

Pero esta vez no pasa lo que siempre (gritos, insultos y golpes dirigidos hacia mi persona), ella simplemente frunce el ceño, me voltea a ver con los ojos entrecerrados y una mirada severa, inquietante, para luego ignorarme completamente y levantarse de la mesa.

Va a la barra, donde Ukyo no dejaba de observarnos desde que Akane se alejó.

-Ukyo, el mío para llevar por favor- mi amiga le pone su okonomiyaki en un plato desechable con tapa- gracias- le paga y se retira.


Después de que Akane se fue, yo me quedé a comer los alimentos tan amablemente preparados para mí (no podía hacerle el desaire de no comerlos a U-chan), y regresé a casa, encontrándome a una Kodachi amenazando a mi prometida, ¿no se había ido del país esa loca desquiciada?

-Te lo advierto, pobre plebeya, que Ranma es mío, y lo liberaré de tus asquerosas garras- su tono dramático es desquiciante.

Akane suelta un bufido cansado- Creí que ya nos habíamos librado de ti… en fin… vete de una vez Kodachi, no quiero que destruyas mi casa con tus estupideces- le da la espalda para irse al interior de la vivienda.

-¡Estúpida! ¡¿Cómo te atreves a hablarme así?!- sin aviso lanza unos bolos explosivos.

Con temor empiezo a correr hacia mi prometida, para luego quedarme atónito al ver como con un hábil salto y una patada precisa, repele el ataque devolviéndoselo a la Rosa Negra, quién, al no poder creérselo, recibe en la cara sus propias armas, dejándola noqueada.

Akane la toma de un brazo y la arrastra sin ninguna consideración fuera del Dojo.

Yo sigo con los ojos desorbitados, ¿cómo es posible? ¿Cómo pudo hacerlo? Ella nunca… ella… ¿De verdad es Akane Tendo?

-Ya deja de verme así- tiene una expresión entre exasperada y complacida.

-¿Cómo… cómo lo hiciste?-

-Te dije que sé cuidarme sola- dice con indiferencia.

-Pero… pero… tú…-

-¿Yo qué? ¿Qué vas a decir? ¿Que soy una inútil? ¿Que no soy hábil? ¿Que soy torpe? ¿Sabes qué? Tal vez soy todo eso y mucho más, pero tengo una gran voluntad que me hace superarme día con día…- pasa de estar furiosa a estar ausente, perdida en sus pensamientos- Y yo no soy una cobarde- se me queda viendo, me mira fijamente, luego se acerca con paso decidido y con un tono de voz suave, que no me esperaba, me dice- Ranma, yo… yo te amo-

Me quedo en blanco por un momento… ¿qué?... ¡¿qué?!... ¡¿QUÉ ACABA DE DECIR?! Los nervios me carcomen… ¿será verdad? Seguro es una estúpida broma, tal vez se trata de burlar de mí, o de vengarse… ¡YO QUÉ SÉ! No puedo mostrarme vulnerable… eso no hacen los hombres.

La tensión no me deja reaccionar, así que inconscientemente hablo, como siempre, sin pensar.

-Eh… ¡JA! Sabía que no podías con el encanto Saotome… todas están locas por mí- sonrío egocéntrico. Espero su reacción: riéndose, diciendo que soy un tonto por caer en bromas tan ridículas, seguidas de un mazazo por mi demostración de presunción; pero no, nada pasa, simplemente se me queda viendo con esos ojos chocolate tan hermosos, tan… tan… ¿decepcionados? Larga un profundo suspiro.

-Sí… bueno… no esperaba algo más…- su mirada se torna resignada.

-Ak… Aka... ne…- ¿qué está pasando?

-Tranquilo, no voy a exigirte que me digas que sientes lo mismo, yo jamás presionaría por una respuesta, sea cual sea. Solamente quería que lo supieras, quería quitarme este peso de encima…- me sonríe tiernamente- Bueno, disculpa si te incomodé- se da media vuelta y empieza a caminar. Yo sigo en estado de shock. Solamente puedo ver cómo regresa sobre sus pasos para correr, mirarme directo a los ojos y acercarse muy despacio para colocar sus labios sobre los míos… ¡ME ESTA BESANDO! ¡AKANE ME ESTA BESANDO!

Antes de que pueda reaccionar y disfrutar del exquisito calor que desprenden sus labios, ella ya no está. ¿A dónde se fue? ¿Cuándo? ¿Por qué? No entiendo nada… entonces me doy cuenta de que aún puedo notar la sensación de sus labios robándome un beso, sus labios pegados a los míos, sus labios… carnosos y suaves… dándome un beso… un beso a mí… después de asimilar eso, caigo desmayado en el pasto del jardín.


N/A: Hola! Espero que les guste el nuevo episodio, tal vez no les agrade mucho cómo fue que hice la declaración y el beso de Akane, pero desde antes de empezar a escribir sabía que no me gustaba la manera en que "presionaban" a los personajes para que confesaran... no sé... soy rara, ya sé ;)

También quería pedirles una disculpa por no publicar nuevo capítulo la semana pasada, por eso voy a publicar otro cap el viernes o el sábado.

Si creen que voy muy lento en la historia, háganmelo saber, o si creen que los capítulos son muy cortos, o lo que sea...

Sin más que agregar salvo recordarles que cualquier duda, comentario, sugerencia, etc, etc... no duden en decirme.

Hasta luego