VIII
Meg trató de apartar la vista, pero le resulto imposible. Cada fibra de su ser estaba concentrada en ver Hércules luchando por su vida…
La red silbó y esta vez alcanzo a Hercules en el hombro, enredándosele por la cintura. El gladiador empezó a tirar de él hasta que Hércules utilizo el escudo para aparatar la red a un lado y volver a ponerse en guardia.
Meg escuchó comentarle a Cesar uno de los presentes del palco:
– Esta siendo un combate excelente, mi señor.
– ¡Excelente! , pensó Meg ¡Era una lucha a vida o muerte! El hombre al que quería estaba allí, luchando por su vida para diversión de todos y cada uno de ellos… Meg se sentía mal.
La lucha continuó con todo su horror. Golpes, fintas... ambos contendientes sufrían pequeños cortes mientras buscaban asestarle a su enemigo el golpe mortal. Conforme se iban sucediendo los golpes Meg temía que Hércules fuera a sufrir una herida fatal en cualquier momento… ya no le quedaban uñas...
Meg no había visto nunca un combate igual, sospechaba que en esa batalla no habían reglas, y dio la casualidad que esa duda le fue contestada cuando Claudia pregunto.
– ¿Y cuáles son las reglas para el final del combate?
El hombre que estaba al lado del César dijo – La única regla es… que no hay reglas… El combate solo terminará cuando uno de ellos cometa un error... Da gusto ver el poder y la gracia de gladiadores de tal nivel. Honran a los dioses.
– Si, amigo mío. – Dijo César – Me hace sentir igual de orgulloso de ser Romano.
Los dos hombres se reían mientras Meg solo podía mírales con desprecio.
El sudor resbaló por el rostro de Hércules mientras comenzaba a sentir el dolor de la herida.
El último embiste del gladiador le había dado directamente en la parte de atrás del casco provocándole ver luces de colores por el golpe. Trató de mantener los pies en la arena, pero notaba que resbalaba y se tambaleaba debido al ritmo frenético y al castigo que estaba sufriendo. Intento recuperar el equilibrio. Estaba agotado… no podría seguir mucho así.
No pudo evitar caer de rodillas y de repente sintió cómo la red le golpeaba en la espalda. Rodó instintivamente para zafarse, pero estaba enganchado.
Escucho la risa del gladiador tras de sí mientras luchaba para incorporarse.
El público comenzó a emocionarse, gritando: – ¡LO TIENE! ¡ACABA CON ÉL!
Hercules supo que se referían a él. Todos pedían su muerte.
– Eso es – Se mofo el gigante gladiador – Ríndete. A nadie le importa que vivas o mueras. Mañana yo seré un héroe y tú serás historia jajajaja.
Hércules se paso la mano por la boca y escupió sangre. Intentó incorporarse… pero estaba demasiado débil… los gritos de la multitud se hicieron más fuertes y resonaban en su cabeza…
Vio como el gladiador tenía el tridente preparado para atacar y se abalanzaba sobre él… levanto la cabeza por última vez y… Ahí estaba… detrás de todos… esos ojos violáceos que brillaban como dos amatistas, mirándolo con el rostro pálido como la nieve… ¡Ella estaba allí! Su alma se lleno de vida.
Sintió como una fuerza se apoderaba de él, una fuerza locamente poderosa. Saber que Meg estaba allí le daba algo por lo que luchar, un motivo para rechazar el abrazo de la muerte y buscar la victoria…
Hércules giró en último momento esquivando las puntas del tridente, utilizó el brazo del escudo para golpear el mango, quebrando la madera y haciendo que las letales puntas cayeran al suelo mientras el gigantesco gladiador permanecía atónito con el mango de madera en la mano.
La gente dejo de gritar y aguanto la respiración. El gladiador lanzo la madera contra Hércules con un gruñido mientras volteaba la red para atrapar a Hércules. La lanzo por encima de la cabeza de Hércules, pero este, con un certero movimiento de espada partió la red que se rajó en dos.
El gigantesco gladiador se puso de pie sin armas, con una expresión confusa.
– ¿Y… ahora qué? – Dijo Hercules con rabia hacia él blandiendo la espada.
Odiaba la idea de atacar a un hombre sin armas. No era justo, no era honorable, ese hombre no había dado ninguna muestra de resentimiento hacia el antes… solo era otro gladiador…
Dio otro paso adelante.
El gigantesco gladiador cayó de rodillas, se postro en la arena e hizo un gesto de súplica levantando un dedo de la mano izquierda.
La gente empezó a tronar de nuevo pidiendo sangre, ahora pedían la del pobre diablo que le miraba suplicante… Hércules asintió con la cabeza, pero la decisión no era suya, miró en dirección al palco donde César permanecía quieto con la mano estirada, el pulgar en posición horizontal.
Hércules estaba tenso, temía la tarea que le esperaba si César decidía no perdonar aquel hombre… Político hasta la médula, Cesar está esperando escuchar el veredicto de la multitud.- pensó Hércules haciendo un esfuerzo por recuperar el aliento.
El tiempo se paró. La gente guardo silencio, se escuchaban las banderas ondeado por la brisa que pasaba, César no hizo ningún movimiento. Una gota de sudor resbaló por el rostro de Hercules, todo su ser estaba concentrado en la mano del César.
– ¡ UNA DAGA!
Resonó una voz entre el publico por todo el estadio.
Hercules reacciono sin pensar y se dio la vuelta con la espada preparada.
Vio a cámara lenta cómo el gigantesco gladiador giraba el cuerpo hacia él llevando una daga en la mano derecha.
El ataque del gladiador lo condujo directamente a la espada de Hercules, que sintió cómo se le estremecía el brazo con el impacto. Dejo caer la espada mientras su rival caía de espaldas al suelo, inerte.
La multitud grito en señal de aprobación.
Meg dio un gran suspiro de alivio, sentía que la tensión de todo el día se diluía haciéndola sentir mareada. Apenas escuchaba a la gente gritar y como Claudia tiraba pétalos blancos.
Meg solo tenia la vista para él, que estaba enfrente del palco del César mientras los guardias se llevaban a arrastras el cuerpo del gladiador dejando rastro de su sangre en la arena. Le estremecía pensar que podría haber sido Hercules…
No sabía si seria capaz de ver a Hercules otra vez luchando. Pero debia hacerlo para ganar la libertad, la rudius, el mayor honor que podía tener un gladiador.
Apartó esos pensamientos de la cabeza… ¡Él seguía vivo! Y ella podría volver a estrecharse en sus brazos o eso creería…
César alzo los brazos para pedir silencio.
Gladiador, quítate el casco para que puedan verte el rostro.
Hercules se levantó despacio el casco de hierro. Alzó la cabeza y se cruzo con la mirada clara del César. Su hija estaba a su lado con la cara roja de emoción y haciéndole un guiño con el ojo, pero Hercules miro al otro lado con disimulo donde estaba Meg, que hizo una fugaz sonrisa que al instante desapareció.
Hercules aspiro con fuerza el aire llenándose los pulmones y sacándolo lentamente, disfrutando del momento.
– Pueblo de Roma – Dijo César que retumbo por todo el coliseo– Este hombre que tenéis en frente es Hércules. El gladiador que se enfrento a los mejores luchadores en Capua y hoy ha demostrado la gran habilidad que posee… Pronto terminaran la elección de los mejores gladiadores y solo quedaran unos cuantos para el combate final, donde solo uno podrá conseguir la libertad. Así pues, hoy has pasado a ser finalista. Pronto sabremos a quien te deberás enfrentarte joven gladiador…
Dicho esto la multitud estallo en vitoreos. Hercules se inclino haciendo una reverencia al César y miro fugazmente a Meg, que en ningún momento había apartado la vista de el.
Meg vio como Hercules se retiraba y entraba por la puerta grande, que se cerró tras él.
Todo el mundo se incorporo de sus asientos, había sido un día largo y emocionante. Parecía que todos lo hubieran disfrutado menos Meg…
Una capitulo tenso jejeje, ¿Quien será ese gladiador que se tendrá que enfrentar Hércules? ¿Podrán verse Hércules y Meg después de un día intenso de juegos…? Ya se vera, todo a su tiempo :P Puede que haya un momento apasiónate entre estos dos. Nunca se sabe ;) ¿Que decís vosotros mis queridos lectores?
Doy las gracias por los ánimos y que os este gustando la historia. Podéis ir viendo las ilustraciones que acompañan la historia en xiitan22 (punto) deviantart (punto) com :)
