Disclaimer: Nada de lo que pueda reconocer me pertenece.

Título: Ángel Negro.

Autora: Zayde.

Resumen: Se suponía que Harry Potter no sabría de la magia hasta que le llegase la carta de Hogwarts, igual que se suponía que asistiría a dicho colegio. Una suposición se cumplió, la otra no. El problema es que todo el mundo se equivoca en cual es cierta.

Parejas: Irrelevantes.

Siento el retraso.

Gracias a todos aquellos que dejaron reviews la última vez, siento si no respondí y siento mucho más que haya tardado tanto en actualizar después de que os molestaseis en comentar, aunque esta vez la espera fue menor.

Este capítulo es un poco corto y básicamente para dar continuación a la siguiente etapa de la historia.

No te va, no lo leas. Lo lees, te va, dejas un review, son dos segundos.

Gracias.


Capitulo Noveno

El Caldero Chorreante está vacío bueno, más vacío de lo habitual, lo cual es esperable tras el ataque a Diagon Alley el día anterior, pero eso no les es exactamente favorable, su 'reunión' resultará más obvia de este modo.

Ignorando la mesa que Albus señala, bastante céntrica y bien visible, Alastor escoge una medio en las sombras, en una esquina, cerca de la entrada a las cocinas. Se sienta en un extremo, indicándole a Albus el asiento a su lado antes de levantar un par de pupilos para evitar que alguien les escuche o, simplemente, les vea con claridad.

Albus obedece como un buen niño y se limita a pedirle a Tom un té con un chorrito de zumo de limón y unas pastas, muchas gracias. El silencio dura hasta que llega el té.

"Nuestros amigos se retrasan." El tono de Albus es cuidadosamente indiferente, instigando sutilmente por información, al fin y al cabo, Alastor ha sido muy obstinado sobre la importancia de llegar a tiempo, tiempo exacto, ni un segundo antes ni un segundo después.

"No, los hunters siempre 'llegan' una vez pasados los treinta minutos de la hora acordada y se marchan antes de la hora. Si llegan." Y aún así, el viejo auror no baja la guardia.

"Entonces, ¿por qué las prisas?"

"Que no se dignen a mostrarse hasta pasada la media hora no quiere decir que no estén aquí ahora. A pesar de lo que el populacho pueda pensar, los hunters no eligen su clientela a la ligera."

Albus estudia a su acompañante un par de minutos en silencio, dando ligeros sorbitos a su té, antes de finalmente soltar lo que le ha estado matando de curiosidad desde el día anterior.

"Pareces saber mucho de cazadores."

Por primera vez desde que han llegado los ojos de Alastor dejan de analizar su entorno y se centran en los de su amigo.

"No sé mucho de hunters." Los ojos de Albus centellean y casi sin quererlo Alastro se encuentra explicándose. "Simplemente he tratado antes con ellos."

"¿Has trabajado con ellos?"

"No. Hunters sólo trabajan con hunters, los demás únicamente 'les dificultamos el trabajo'."

"Entonces, les has contratado antes." El viejo auror ladea la cabeza ligeramente. Más o menos. "Mucho antes." Sí. "Cuando trabajabas para el Ministerio." No exactamente. "Antes de ser auror… ¡Para el Departemento de Misterios!"

"Sí, para los servicios especiales."

"No se supone que esos son nuestros mejores grupos de ataque, ¿en serio había de necesidad de cazadores?"

"Bueno, había casos en los que cuatro magos parecía cantidad insuficiente para enfrentarse a un ejército de dos mil inferís de criaturas mágicas variando desde dragones y nundus hasta acromántulas y basiliscos bajo las órdenes de un lunático con aspiraciones a Dark Lord." Una breve mueca aparece en la cara del auror ante el recuerdo. "Aparentemente con tres magos era más que suficiente."

"¿Se encargaron del Dark Lord?"

"No, eso nos lo dejaron a nosotros. Acabo entregándose él solo, quería protección."

Hay silencio antes que Albus haga la pregunta que les ha llevado allí.

"¿Crees qué nos ayudarán?"

"No. Hunters no toman lados en guerras."

"Pero en aquel entonces-."

"Aquello no era una guerra, era un idiota causando problemas."

"Habrá que darle un enfoque diferente entonces."

Antes de que Alastro pueda preguntar qué tipo de enfoque suena un tintineo, señalizando la llegada de alguien, y su atención se desvía a la puerta, son sus invitados, el Irlandés y el tal Zwarts, el adulto, no el niño.

El Irlandés marcha delante, varita en una mano y con la otra bajo la chaqueta que lleva a pesar del calor sofocante. Zwarts en cambio parece relajado, sin armas aparente, con las manos en los bolsillo e, incluso, silbando suavemente. Albus sonríe, le gusta ese chico. Alastor frunce el ceño, ayer era Zwarts en que llevaba la voz cantante.

Al acercarse a la mesa, el Irlandés es el que acaba sentándose justo al frente de Alastor mientras que el Zwarts se queda ligeramente a un lado, definitivamente más cerca de ellos que lo que el viejo auror esperaba.

"¿Les apetece tomar algo, caballeros?" Alastor casi gruñe en voz alta ante el comentario de Albus, tendría que haberle explicado un poco más el protocolo de estas reuniones.

"No gracias." El Irlandés sí gruñe, el otro el del acento alemán sonríe y se acerca conspiratoriamente a la mesa.

"Pero yo no diría que no a uno de esos caramelos de limón." Susurra.

Alastor no sabe si entrar en pánico y abortar la misión, al fin y al cabo, las excentricidades de Albus son bastante conocidas aunque, es posible, que esto sea una simple treta para demostrarles que les tienen estudiados. Por su parte la sonrisa de Albus se ensancha, y felizmente le tiende un puñado de sus dulces favoritos al alemán, en verdad le gusta ese joven. Zwarts extiende la mano, sonriente, pero una tercera mano se interpone y se la golpea.

"Arcturus." El Irlandés repriende.

"Farrel."

"Céntrate." Con esa simple instrucción ambos vuelven a centrar su atención en el otro lado de la mesa. "Y bien, ¿qué es lo que quieren de nosotros?"

Alastor abre la boca, antes de cerrarla sin saber que decir pero, no es problema, Albus ya ha empezado.

"Queremos ofrecerles un puesto en el profesorado del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería."

Alastor se atraganta, aunque tiene la boca vacía. El tal Farrel suspira y saca un par de billetes muggles del bolsillo, Arcturus sonríe con superioridad y recoge el dinero.

"Y, ¿qué clases impartiríamos?"

"Unas nuevas electivas para los quintos, sextos y séptimos años, yo había pensado que el señor Farrel podría impartir la asignatura de duelo mientras que usted podría enseñar el maravilloso arte de la espada."

"¿Y mi sobrino?"

"¡Oh! Un segundo." Albus rebusca entre sus ropas hasta encontrar una carta escrita en papel de pergamino con tinta en verde esmeralda. "Es una invitación oficial para que se una al colegio. Por su puerto la oferta seguiría en pie aunque usted rechazase el puesto como profesor."

Zwarts frunce el ceño, examinando la carta y, por algún extraño motivo que ninguno de los presentes entiende mira fijamente al techo por un par de minutos como buscando respuestas, después vuelve a centrar su atención en la carta y la acaricia ligeramente antes de suspirar y guardársela en el bolsillo.

"¿Y bien?"

"Antes muerto."

"Hecho."


Gracias por leer.

Zay