No me dejes solo
Parte 1
"Y aquel día ella aparto su mano de la suya, creyendo que solo les causaría daño estar juntos"
C.G
"Encuentros, porque no hay otra manera de encontrarse, destino
Porque no hay otra manera de conocerse, amarse
Porque no hay otra manera de quererse, sentirte
Porque no hay otra manera de comprobar que estas a mi lado, y el frío
De aquella mañana en que nos conocimos"
G.S
Me encontraba caminando por una calle repleta de gente, paisaje característico de una hora pick en el centro de Nueva York. Cubría mi rostro con la capucha de mi pollerón, más que por no querer ser visto – ya que soy invisible casi para la mayoría de la gente, siendo contados los humanos que me pueden ver – por querer ocultar de mi mismo mi propia melancolía.
Las nubes cubrían el ancho cielo, pintando el ambiente de un gris azulado; refrescaba, y el aire golpeaba suavemente mis mejillas, me sentía bien por ello, a pesar de andar con una cara de culo que no me la quitaba nadie. No sabía si Jack planeaba causar una nevada o era lluvia lo que se acercaba, pero pronto el fino equilibrio entre el frío y el calor se quebraría, trayendo una de las dos cosas ya mencionadas.
A muchos les deprimiría el clima, las caras de los trabajadores que pasaban junto a mí estaban taciturnas y deslucidas, consecuencia directa del cansancio y el estrés, no daban más ganas de darles unas buenas bófetas para que se dieran cuenta de cuánto tiempo malgastaban estando un solo segundo de sus vida angustiados, dejándose comer por la rutina o trabajando en algo que no es de su agrado y que no alimenta su alma, sólo por el simple hecho que nos los podía tocar. Pero yo no soy quién para decir eso, mi trabajo es todo lo que soy – como el suyo es todo para y ellos- y sin mi trabajo, yo no sería nada, y no es que éste alimenta mi alma precisamente.
De todas maneras, existían los que rompían las reglas, y que disfrutaban el ambiente. Aprovechándose del frío para hacer de sus camas el más confortable refugio, dejándose derretir por el placer. Como los humanos que me acaban de invocar, que envidia les tenía.
Un ejemplo más normal, eran las parejas o los niños que estaban disfrutando en los parques aquella fría tarde, tanto jugando como locos por todas partes o depositándose tibios besos sobre los labios.
Ya por tanto pensar en eso – y de no verlo, a verlo reflejado en todas partes- se me apeteció tener un poquito de ese calor, me adentre a uno de los pequeños parques que me quedaba por el camino – no me devolvería a ver a esa pareja teniendo sexo, la cual sería la otra opción –
Y justo el cuadro que me imaginaba: muchas parejas abrazaditas en las sillas y niños jugando como locos en los juegos.
Al segundo después de entrar, me había saciado y me dispuse a retirarme, satisfecho por obtener de aquel maravilloso cuadro de varias sonrisas, y risas internas por todas las tonterías de los niños hiperventilados. Pero un cálido tacto en mi muslo detuvo mi retirada. Me congele al instante, alguien podía tocarme, y su tacto se desplazaba amasando suavemente en círculos sobre un pequeño sector de mi muslo ladeado – pellizcándome a veces- para luego tantear suavemente hacia abajo, y volver al mismo sector. No pude respirar durante el tiempo en el que aparecer una pequeña manito analizaba mi existencia, comprobando cuan real era; cuan real era no solo ante sus ojos, sino también ante el calor característico que un cuerpo real y tangible entrega a otro al momento de conectarse, de encontrarse, de marcar sus vidas con el otro, ya que sus destinos, se habían cruzado.
Volteé lentamente la cabeza, en el estado más alto del pánico; rogando a cualquiera que me escuchase que lo que me encontrase no fuese lo que estaba pensando. Que no convirtiera esta linda – aunque melancólica- tarde en la peor pesadilla de las que nunca me hubiese imaginado. Pero me recibieron unos enormes orbes canela, que me miraban expectantes y llenos de curiosidad.
Orbes pertenecientes a una pequeña figura, de no más de unos 1,06 cm, por ello representante de un infante de no más de unos 4 años, arropada con una chaqueta que cubría todo su cuerpo, una gruesa bufanda y un gorro de lana, el cual dejaba ver unos pequeños mechones de color trigo sobre su frente.
-"Centeno"- fue lo último – casi consiente- que llegue a pensar.
Ya que mi ser se lleno de horror, de la desesperación más grande que en mi vida había sentido, mi pesadilla se había cumplida, una pesadilla de la cual ni siquiera tenía idea de la agonía que me podría causar durante el resto de mi vida, y es que, esto, me marcaría de por vida. Perdí el control sobre mi cuerpo, mis extremidades temblaban y mis dientes chasqueaban cual castañuelas. Quería correr, alegarme lo más rápido posible de aquel ser, pero mis pies me lo impedían, mi propia conciencia me ordenaban quedarme ahí, aunque el fin del mundo ocurriese en ese momento.
A pesar de mi miedo evidente, la pequeña figura no dudo ni tuvo miedo ni un segundo ni de mi, ni de mi extraño comportamiento, no aparto su mano al sentir mi temblequeo – hizo todo lo contrario la oprimió con más fuerza- y me entrego una suave y tierna sonrisa, la cual saco de mi, mi alma: el niño estaba feliz de verificar que yo también me había enterado de su existencia.
No pude corresponderla, aún me alteraba el pánico y el miedo. Para el bebé – el cual esperaba una reacción de mi parte, no solo una reacción, si no una "buena "reacción– era un sueño hecho realidad ver a un perro dálmata de 5 pies de alto, que por su altura, no solo pudiese llenarle la cara de babas y votarlo a cada rato, sino que pudiese llevarle a todas partes y tener mucho espacio más para el apapacho, una emoción casi equivalente al ver al conejo de pascua. Pero yo no soy el conejo de Pascua, no soy Bunnymund, ni cualquier perro gigante. El que me estuviese viendo a mí, a Sea Salt, el espíritu de la lujuria, era la mayor catástrofe que podría ocurrir en mi vida, más en la suya.
El pequeño, al no encontrar "buena reacción" y solo espanto y terror, entrecerró los ojos y frunció el ceño, volteando su pequeña sonrisa, estaba afligido, preocupado, entrando en la tristeza de que, a mí, no me gustase su cercanía. Y mis sentidos volvieron a mí – más bien el sentimiento de culpa- que me despertó y me hizo volver a mis cabales: El calor, yo buscaba ese calor lleno de amor…lleno de amor humano, y él me la estaba dando, pero no pude ni sonreír. Prontamente, antes de que mis oídos recuperaran sus capacidades, la tibieza de la pequeña área donde posaba su manita fue arrebatada, y su cuerpecito fue alejado de mí de una manera casi violenta, por un cuerpo que no llegue a visualizar.
Seguí caminado inmediatamente después como si nada hubiera pasado, y es que nada había sucedido, nada de esto paso nunca, un niño de 4 años nunca reconoció mi lujuria, nunca, nunca, y yo nunca quise dar ese hecho como algo bueno, nunca, nunca…. El amor y la inocencia de los niños, nunca debería ni de rozar mi existencia.
Granny me esperaba en el taller de norte, teníamos que informarle a Bunnymund acerca de su chocolate, no podía perderme lo gracioso que iba a ser su expresión, tenía que apresurarme.
"Donde la noche tenía que esclarecer, esclareció y dio paso a un sol que le agradecía el haber cuidado del orden por otra noche, pero por donde el sol nunca debía de desaparecer, la luna reino indignada. Indignada por el desorden que había causado el sol con su desmesurada confianza en los humanos, quienes habían robado los pecados de la noche para implantarlos en el día, tenía que arreglar los desastres, le quitaría un día al sol como castigo"
C.G
-¿Anocheció?- cuestionó desconcertado Bunnymund, acercándose a una de las ventanas y corriendo la cortina. Como lo suponía, el sol se había ocultado.
-¿Qué tiene de raro? Ya son más de las 9 de la noche- aclaró lo obvio para muchos Jack, quien estaba sentado sobre su bastón.
-Aquí no anochece por 6 meses al año, estamos en temporada de sol de medianoche- evidenció Bunny, volviendo la mirada hacía al chico, quien lo miro perplejo, para luego ambos, dirigir su mirada a la luna ¿Qué estaba pasando?
Unas cuantas horas habían pasado desde el incidente con Salt, y el perro aún no despertaba; Granny había pasado de reventar en lágrimas a un estado apagado, casi muerto, no movía ni un musculo y parecía haber ya perdido la conciencia del lugar de donde estaba: sobre Salt.
Mientras tanto Jack se estaba preocupaba más y más, desesperado por creer que era su culpa el estado inconsciente tanto de Granny como de Salt, siendo Bunnymund el único que aún mantenía la compostura. Tenía que arreglar las cosas rápido, sino las marcas de los sucedido serían permanentes, pero no sabía por dónde empezar ¿ El tembloroso frenético que parecía estar lleno de cafeína sobre su bastón, o la muerta viviente sobre un perro inconsciente? Difícil decisión, no saben cuánto rogaba el que Norte estuviese ahí en esos momentos.
Miro a la luna buscando respuestas, pero por alguna razón su aura le pareció enfadada, violenta, rayando en la ira, prefirió apartar la mirada, tal vez no era el único en problemas en esos instantes. Pero la esperanza nunca se acaba, los problemas siempre tienen solución y el gordito podía llegar en cualquier momento para solucionarlos, ya que él no tenía idea cómo – "Mientras tanto, lo más beneficioso es que les dé espacio a ambos"- pensó – "Dividir la perturbación la hace menos pesada" –
Bunnymund se acerco a Jack, y ofreciéndole su mano, le invito a bajar, agarrándose fuertemente de esta y dirigiéndole a la salida. Jack se asustó al creer que Bunny quisiese que se fuera, pero con un leve pero duro tirón le indico que saldrían los dos juntos de la habitación.
-Granny, será mejor que te bajes, pon a Salt en un sillón o algo, no es cómodo ni bueno para tu espalda el que esperes que despierte en esa posición- sugirió con la mayor delicadeza, en el umbral de la puerta, con el albino ya del otro lado
-No- declaró cortante- quiero que se quede así, tiene que ser a mí a la primera que vea, a la primera que le entregue sus lágrimas al disculparse por lo sucedido-
Bunny no pudo decir nada contra eso, dudaba que el perro recordara lo ocurrido, su estado había sido demasiado frenético como para haber estado consciente de sus actos, pero contra esa determinación, no le quedaba de otra que irse sin hacer nada. Intercambio miradas afligidas con Jack al cerrar la puerta, y ambos suspiraron al mismo tiempo, para luego comenzar a caminar en silencio.
-"las heridas de Granny aún sangraban…tendría que haberlas curado…pero forzarla contra su voluntad no sería nada apropiado en estos momentos, aunque sí lo más correcto"- fue lo último que pensó el Pooka antes de entregarse a la tranquilidad le daba la falta de pensamientos en su mente y el solo escuchar los pasos, de tanto los pies descalzos de Jack como los suyos, suaves contra las baldosas.
- Está todo decorado con azul y blanco- comentó ya mucho más relajado Jack luego de un rato- incluso las baldosas, es raro ver este tipo de decoración en la casa de Norte.
- ¿Eh? ¿Ah? Ah…sí….- contesto despertando del sueño para luego observar a su alrededor- ¿Dónde estamos?-
-¡¿Qué?!- exclamó ronco Jack, su voz no le había podido salir bien del todo luego de no haber hablado por tanto tiempo.
-Esta habitación…nunca la había visto antes….- y caminaron lentamente para observar todos sus recodos.
Era un largo pasillo, con pilares blancos a cada lado que creaban un camino. A mano derecha, tras de ellos, había una oscuridad que no dejaba visualizar qué o quién se podía encontrar, y al otro lado, a mano izquierda un montón de ventanales altos y alargados, con largas cortinas de un Calipso oscurecido por las sombras de la noche.
Sólo la clara luz de la luna entraba por esas ventanas, e iluminaba solo el camino por donde pasaban, es decir, las baldosas con decorado de matices azules con figuras que parecían lirios.
-S-Sé parece a ti…- musito tembloroso Jack.
Por un momento Bunnymund se sorprendió por el comentario, pero pronto una hermosa y delicada sonrisa se dibujo en su rostro.
-Gracias-
El pelaje platinado de Bunny resplandeciendo por la luz de la luna de una manera casi mágica que me enceguecía los ojos, y su rostro oscurecido por el contraste de la misma luz, volviendo su inocente sonrisa, en lo más delirante de mis lujuriosas fantasías.
Pero no era momento para ello, habían cosas mucho más importantes en las que debía ocupar mi mente, el estado de Salt… la situación de Granny….como la soledad la comenzaba invadir por la falta de la presencia de su mejor amigo….
-"Frío, el verdadero frío"- fue mi conclusión antes de voltear el rostro y sacar a Bunnymund de esa manera de mi cabeza- "El verdadero frío, el que no se sentía cuando tocabas tu nariz con las manos tibias o tu espalda con las manos heladas, sino el verdadero frío que a pesar de tener tu cuerpo a una temperatura – o incluso mayor- no puedes opacar ni cobijar, que no te puedes sacar ni saciar…el verdadero frío que no anhela abrigo, sino respuestas"-
Llegamos al parecer a casi la mitad del pasillo, porque a lo lejos – como con la misma distancia que habíamos caminado, se encontraba la puerta de salida- cuando nos encontramos un balcón, un extenso balcón circular.
Las grandes, largas y altas puertas de vidrio y marco blanco que daban a su interior, estaban abiertas de par en par, y un viento muy frío pero refrescante entraba por ellas, haciendo bailar a las cortinas de los dos ventanales que estaban a sus lados. Entramos- o mejor dicho salimos- al balcón sin pensarlo dos veces; las baldosas cambiaron drásticamente al ahora ser moradas y fucsias, lo cual nos hizo parar y fijarnos en ellas por unos momentos.
Luego nos dirigimos al final del balcón, donde una hermosa baranda con balaustradas llenas de detalles de tiempos muy antiguos, me llamo particularmente una que vi de paso, antes de sentarme sobre la baranda, que tenía forma de sirena.
-¿Estás más relajado?- pregunto Bunny rompiendo el silencio. El se encontraba a mi lado con los brazos cruzados y dando la espalda al paisaje.
-El paisaje…- dije en voz alta evadiendo sin querer su pregunta- Bunny ¿Te diste cuenta que a pesar que la luna esta en lo alto, como una pequeña parte del sol está en la línea del horizonte? ¡Mira, aún quedan rayitos de sol vuelven el cielo inferior morado!-
-Tienes razón…- comentó dándose la vuelta, aún con los brazos cruzados, pero recargándolos en el barandal – "A pesar del castigo de la luna, de no dejar salir al sol, el sol igual asomó un poquito su cabeza desde su casa del otro lado del mundo para ver que hacía la luna para arreglar la situación. Siempre la había admirado, amado en secreto, pero la había herido, había llenado de pecado ahora incluso al día"-
-¿Qué dijiste?- pregunté extrañado por aquel raro discurso
- ¿Ah? ¿Qué? ¿No la conoces?- interrogó algo avergonzado por lo que acaba de decir
-No ¿De qué hablas?-
-Es "la historia de la Luna y el Sol" un cuento que… no recuerdo de donde salió…la cosa es que es bastante popular entre espíritus y guardianes- me explicó, volviendo su mirada al horizonte.
- Nunca la había escuchado... ¿Me lo puedes contar?- pedí ilusionado.
-No- respondió secamente- No sin antes me digas si ya estas más relajado- estableció.
-¿Más relajado? ¿Por qué más relajado?- pregunte haciéndome el desentendido, evadiendo el vergonzoso tema.
- No te atrevas a decirme que no estabas muerto de miedo por creer que le hiciste daño a Salt por dejarlo dormido con tus copos de nieve- me advirtió amenazante, con su típico movimiento de dedo, su arrugado de nariz y fruncido de ceño.
-No puedes ser más insistente….- bufé.
Había decidido ser sincero, en su corazón algo le decía que la mejor manera de acercarse al conejo era siendo sincero, quería que le conociera, que lo entendiera, que lo apoyara. Y no solo por el hecho de ser ambos compañeros guardianes, ni porque el fuese menor e inexperto, sino por ser él, nada más ni nada menos que él.
Me concentre en mirar el horizonte, me jure no apartar la mirada, no quería empezar a especular en que pensaba Bunny si lo miraba a la cara, me desconcentraría, y al final, el mensaje llegaría de la manera más infantil e ingenua, que era lo que menos quería.
-Ahora que evoco el último recuerdo antes de salir de la habitación "biblioteca" de Norte, me doy cuenta de que más de preocuparme por no haber curado las heridas sangrantes en sus brazos, penetra fuertemente en mí la inquietud, de una pequeña y tímida lágrima, que escapo de los ojos de Granny, al momento de cerrar los parpados y nosotros cerrar la puerta- el sol aún no se ocultaba, y se podía visualizar perfectamente, pero sus pequeños rayitos sólo llegaban a iluminar mis pies y las baldosas, creando hermosos efectos tornasol. Ahora miraba el suelo- Eso me hace pensar en que….- respire profundamente y alcé la mirada- en que más que haberle lastimado el estado frenético de Salt y todas las heridas y golpes que le causo, a Granny le asustaba, o más bien le aterrorizaba, la idea de que Salt no volviese a despertar…-
-¿Por ello te sientes culpable?- musitó Bunnymund arrancando de mí el último intento de ser serio y maduro.
Le mire a los ojos, su mirada me esperaba seria y taciturna, su postura de brazos cruzados y recta; dispuesta a tomar en serio cualquiera de mis estúpidas dudas y temores, apoyarme, volverla seria, un problema a solucionar, no me dejaría solo, sólo tenía que hablar.
-Y-Yo…odio a ese perro…p-pero d-de verdad que no quise h-hacerle nada…n-nunca querría que G-Granny pasase por ese d-dolor- mi voz temblequeaba y no paraba de llorar, había vuelto a ocupar mi lugar de niño en la relación…- ¡Nunca querría dañarlo si eso significa hundir a Granny en aquella soledad en la cual por cientos de años yo mismo he estado encerrado!- vociferé.
Inmaduro, juguetón, con miedo a lastimar, a que se alejen de mí por mis estupideces, siempre metido en problemas, de alguna manera, siempre sería así.
Suspiré, una risilla inocente se escapo de mi boca – la cual detuve inmediatamente con mi puño- y se planto en mí una sonrisa, me acerque al chico de nieve que ahora ocultaba sus lágrimas y sollozos, escondido entre sus manos, se había vuelto un ovillo, un tierno y congelado ovillo.
Me detuve frente a él, y me comencé a introducir de a poco dentro de su armadura, cave mi espacio con caricias y suaves empujones .como las de un perrito- con mi cabeza. Solté de él varías risillas- o por cosquillas o porque le daba gracia lo que hacía- y me acomode en su pecho, acariciando con ternura y amor. Él envolvió mi cuello con sus brazos.
Elevé el rostro y vi de frente al pálido – aunque ahora algo rojo por las lágrimas, y al parecer, vergüenza- rostro suyo, lágrimas aún caían, y mocos también, que detenía con sorbetes de su nariz, reí por eso, envolví su cintura con mis patas, pose mi frente en la suya, ambos cerramos los ojos.
-No sabes cuan culpable me haces sentir con eso… no seas malo y olvídalo…. No me sobornes más con eso- me moví y acomode, acariciando en camino, hasta llegar al espacio entre su cuello y su hombro, besé con suavidad su mejilla- desde ahora siempre estaremos contigo, deja de recordar ello… después de ti, nunca más dejaremos que nadie pase por ello-
Sólo sentí como Jack asintió y se aferro fuertemente también al espacio entre mi hombro y cuello, pero pronto lo saqué de allí y volví a unir mi frente con la suya, esta vez, mirándolo a los ojos.
- Tontito, tus poderes nunca, nunca dañarían a nadie, en ningún sentido… lo que le sucedió a Salt, es algo totalmente a parte, pronto descubriremos que paso ¿Ok?- Jack asintió y al cerrar los parpados, soltó la última lágrima.
-"Te amo" Te amo" "Te amo" "¡TE AMO!" "TE AMO!"- Gritaba desesperado en mi mente, hiperventilado por toda esta ola de sentimientos que evadían mi mente y mi cuerpo con todas las acciones de Bunny, como me quemaba y derretía cada roce, como quería mi corazón estallar con cada una de sus palabras. La felicidad, nunca podría ser más dulce.
-Ahora, agárrate bien- ordenó, y todo aquel puro e inocente amor cambio a un sentimiento libidinoso por el deslizamiento de su pata por toda la extensión de la parte trasera de mi muslo derecho, para situarlo alrededor de su cintura, para luego repetirlo con él izquierdo.
Suprimí un gemido mordiéndome los labios, pero su lenta inclinación hacía al suelo, y el cómo me miraba divertido por mi expresión no pudo evitar mi rubor.
Se sentó contra el barandal, y me poso sobre sus piernas en forma de indio, para luego, comenzar la historia.
El chico temblaba contra mi cuerpo, y sabía que no era el frío del ambiente lo que hacía temblar – como era en mi caso- ya era imposible para él sentir esa clase de frío, era el "otro" Frío el que le afectaba, el verdadero frío, el frío de la tristeza, de la soledad, lo que le pedía a otro cuerpo sentir calor, compañía, apoyo.
Mientras tanto Jack….
-"DIOS MIO, DIOS MIO, DIOS MIO, DIOS MIO, DIOS MIO ¡ESTOY DEMASIADO CERCA DE SU ENTREPIERNA!"- Pensaba temblando nervioso.
