El rayo de luz entró de forma arrasadora, incidiendo justo en sus dos párpados. Hermione emitió un gruñido molesto e intentó alejarse de aquella fuente de incesante dolor. Por desgracia era imposible, ya que se moviera donde se moviese la luz le llegaba y es que era normal, siendo la hora que era y estando la cortina como estaba.
Abierta de par en par.
Al final se decidió por intentar abrir los ojos, pero en cuanto sus párpados se despegaron un milímetro, una corriente de dolor intenso recorrió su frente, hasta llegar a la nuca.
"Maldita resaca"—pensó, mientras escondía su cabeza bajo la almohada.
Casi no recordaba nada de ayer, veía fases borrosas, cuando empezó a beber más de la cuenta sí, tal vez habría roto algunas cosas, volcado el sofá… Luego había aparecido Draco y…
Hermione abrió los ojos de golpe, de pronto el dolor había pasado a segundo plano.
¿Qué había pasado con Draco?
No recordaba mucho, sólo que había llegado, le había intentado quitar la botella y después… Sí que había una imagen de él muy cerca.
—Oh no farfulló, incorporándose de pronto—. Mierda, mierda, mierda.
Se levantó de un salto, agarrándose a los bordes de la cama para no caerse, con algo de dificultad llegó a la puerta, sintiendo como si su cabeza quisiera estallar y abandonar su cuerpo.
Cuando salió al pasillo éste estaba desierto, silencioso.
Con cuidado avanzó hasta llegar al salón y al ver el estado de éste se le cayó el alma a los pies. No recordaba haber hecho tanto destrozo, pero las pruebas no engañaban.
Caminó entre los cristales, trozos de jarrones y restos de algún líquido, desparramado contra la alfombra. Al acercarse a la encimera vio la botella, medio acabada y descorchada.
Hermione se masajeó las sienes, pensando en la mejor forma de arreglar todo esto. Primero cogió la botella y la vació en la pila, cerciorándose de que no quedaba ni una sola gota en el recipiente. El olor a whiskey le llegó a sus fosas nasales, Hermione apartó un poco la cabeza, asqueada y mareada.
¿Cómo demonios había podido beberse casi una botella de eso si tanto le asqueaba el olor?
Suspiró y tiró el recipiente en el cubo de la basura, cerrando el armario donde éste estaba. Después cogió la varita y miró a su alrededor. Con tranquilidad comenzó a hacer florituras con ella, devolviendo las cosas a su sitio, reparando los cristales y jarrones y limpiando los restos de una borrachera que no debía haber ocurrido.
Tal vez era más débil de lo que pensaba.
ooOOoo
Draco se levantó con una súbita alegría, como si alguien le hubiera hecho tragar una botella entera de Felix Felicis.
No quiso atrasar más aquel día, que planeaba ser algo mítico, y se deshizo de las sábanas, abriendo la puerta de par en par y caminando con rapidez hacia el salón.
Sonrió al comprobar que Hermione ya estaba despierta, intentando borrar los rastros de ayer. Tenía la mirada cansada y dolorida, fruto de una resaca considerable.
—Buenos días Granger…
Hermione pegó un respingo tal, que por poco se le escurre el jarrón de las manos. Sin embargo consiguió cogerlo a tiempo, volviéndolo a colocar en su sitio.
—Buenos días… —farfulló sin alzar la vista.
Draco sonrió, acercándose más a ella.
—¿Qué tal esa resaca?
Hermione lo fulminó con una mirada enfadada pero algo avergonzada.
—¿No decías que ya habías bebido más veces? —insistió el rubio.
La castaña no respondió sino que se giró, dándole la espalda. Claro que no era la primera vez, es más, tampoco había sido la peor. Recordaba vagamente que una vez se bebió dos botellas de whiskey. Ese fue el día en el que le habían dicho que Ron había desaparecido y no iba a volver.
Sí, Hermione ya había recurrido a los brazos de la bebida varias veces, pero su menudo cuerpo no lograba acostumbrarse a esas borracheras ocasionales, dejándola con una resaca horrible y dolorosa.
Metida en sus pensamientos no notó el acercamiento de Draco, hasta que este volvió a hablar muy cerca de ella, incidiendo con su fresco aliento en la nuca de la castaña.
—¿No me respondes, Granger? ¿Acaso no recuerdas lo que pasó ayer?
Hermione se estremeció ante tal cercanía y Draco no pudo ocultar su sonrisa malvada al ver cómo ella se alteraba. Podía dar inicio a su divertimiento.
—¿No recuerdas nada? —volvió a insistir. Hermione negó suavemente y cuando çel se acercó a un más, susurrando sobre su oído se sorprendió cerrado los ojos y aguantando la respiración.
—Ayer hicimos un trato… —susurró con voz melosa e insinuante—. Dijiste que me llamarías por mi nombre si yo hacía lo mismo contigo…
Draco estaba disfrutando de su nerviosismo, sin duda alguna. Colocó sus manos en los brazos de ella, haciendo que pegara un pequeño respingo.
—También me pediste otras cosas… Hermione.
"Por Merlín" —pensó, odiándose así misma por su estado ebrio de ayer, aunque debía de admitir que su nombre en boca de Draco sonaba estupendamente y asombrosamente insinuante… Espera, espera ¿Qué estaba diciendo? ¡¿Insinuante?!
Cómo si de pronto hubiera recuperado su consciencia, Hermione se alejó de Draco, dejándolo en una pose extraña y con la confusión en su rostro.
—No te pedí nada, Malfoy… —farfulló ella, aunque no estaba nada segura.
Draco sonrió de nuevo.
—No estás cumpliendo con tu parte, Hermione.
Hermione se obligó a tranquilizarse, ya que su corazón estaba desbocado, por alguna extraña razón (que nada tenía que ver con el rubio, de eso estaba segura)
—Está bien… Draco. Dime entonces, ¿qué se supone que te pedí anoche?
—¿No lo recuerdas? ¿Ni un poquito? ¡Qué decepción más grande me has dado! Yo que estaba seguro de que te había… Encantado —culminó sus palabras con una mirada insinuante, que acabó con la estabilidad de la castaña.
—Espera, espera… ¿Nos besamos?
—Más bien tú me besaste a mí… Con bastante desesperación, diría yo.
No podía ser, ¿Hermione Granger besando a Draco Malfoy? Aquello era irreal, asombrosamente irreal. Se obligó a clamarse y encontrar la parte racional de todo esto.
—Bien, digamos que se diera el caso de que te besé…
—Se dio.
—Tú… ¿Me seguiste el juego?
Draco borró su sonrisa de inmediato.
—Soy un caballero, no iba a apartarte de una bofetada…
—No me has respondido.
—¿Acaso querías que te empujara estando borracha?
—Draco, no te vayas por la tangente.
—¿Tanto te importa saberlo?
Hermione lo miró con intensidad, intentando descubrir algo en esos ojos grises, cerrados y misteriosos.
—Me interesa saber el motivo de que un chico me bese…
—Tú me besaste —aclaró él.
—¡Bueno no importa! —exclamó, perdiendo la paciencia. Se sujetó la frente con fuerza, la cabeza pedía a gritos un descanso. Entonces una imagen fugaz le atravesó la mente.
"Granger, prefiero besarte cuando estés consciente…"
Hermione miró a Draco con asombro, pero pronto el asombro se transformó en furia.
—¡Ni siquiera te besé! ¡Maldito mentiroso!
El rubio no perdió su sonrisa, sino que la acentúo aún más.
—La que se lo ha creído has sido tú, Hermione, por algo será.
—No me cabrees, Malf… —suspiró— Draco.
—Vamos, vamos —aportó con calma, acercándose a ella.
—Quieto ahí —ordenó, aunque sus palabras sonaron poco seguras, por lo que el rubio no detuvo su avance.
Cuando estuvieron a menos de un metro de distancia él se paró.
—¿Te incomoda mi cercanía? — inquirió, alzando una ceja.
—No…
—¿No? Entonces no te molestará que me acerque más, ¿verdad?
—No veo el problema en ello.
Draco se aproximó tanto a ella, que sólo los separaban unos milímetros, observó a la castaña desde esta posición. Hermione no era una chica fea, ni mucho menos y tampoco tenía un cuerpo horrendo, como solía decirle en Hogwarts. Es más, estando como estaba, con una sencilla camisa suelta y unos pantalones cortos, que se perdían casi por completo por debajo de ésta, podría decirse que estaba muy atrayente.
"¿Pero qué demonios estás pensando?" —le reprendió una voz interna, a la que Draco hizo caso omiso.
Apoyó su frente contra la de ella, percibiendo su aroma, acaramelado, suave y discreto, el cual inundaba cada unos de sus sentidos, dejándolo aturdido.
Hermione permanecía quieta, paralizada, sintiendo el calor que irradiaba el cuerpo de Draco tan cercano al suyo. No comprendía el motivo de su cercanía, pero se sorprendía al pensar que no le importunaba lo más mínimo. Es más, desde aquí sus labios estaban muy cerca.
La voz de la conciencia retumbó en su interior y Hermione giró poco a poco la cabeza, incapaz de seguir mirándole. Pero cuando iba a alejarse del todo, dispuesta a olvidar ese extraño incidente, sintió una mano firme, pero dulce, agarrando su mentón y obligándola a volver a encontrar sus ojos.
—No creas que vas a escaparte de mí tan fácilmente... Hermione —susurró antes de acortar la distancia entre ellos, hundiendo sus labios en los de ella.
ooOOoo
Hermione sintió un cálido sentimiento aflorar dentro de sí, como si alguien hubiera decidido encender un botón interno, inundándola de una calma extraña pero asombrosamente agradable.
Los labios de Draco se movían con fiereza, reclamando con pequeños mordiscos que abriera su boca, que le dejara pasar. Pero Hermione estaba tan paralizada que no sabía qué hacer, no se estaba resistiendo, pero tampoco participaba en lo que parecía ser un apasionado beso dirigido por uno sólo.
Draco entonces profundizó más su acercamiento, intentando provocar una respuesta en ella, daba igual que fuera buena o mala, aunque muy dentro de él esperaba que no fuera la segunda. Pasó sus manos del mentón hacia los hombros, bajando hasta encontrara un lugar cómodo en las caderas.
Hermione no dijo nada, sino que siguió en su estado de vegetal, con ambas manos a su cuerpo, inmóvil.
El rubio comenzaba a impacientarse, nadie jamás le había ocasionado esos problemas, lo normal era que las mujeres se rindieran a él sin poner la más mínima resistencia. Pero sus labios eran un festín demasiado dulce como para dejar de insistir y tirar la toalla, cómo último esfuerzo bajó el ritmo, convirtiendo su apasionado beso en uno más lento, casi dulce.
Fue cuando, poco a poco, Hermione cerró los ojos, dejando que ese sentimiento dejara de embargarle del todo, empezando a mover sus labios al mismo ritmo que él, alzando sus brazos para acabar colocándolos en sus hombros, de forma tímida pero segura.
Un sentimiento de euforia recorrió la columna de Draco y volvió a acentuar el beso, comprobando con regocijo cómo Hermione seguía su ritmo, abriendo incluso su boca para él.
Y cuando aquello se convirtió en una guerra de sentimientos, labios y deseos, cuando a ambos les recorrió un profundo cosquilleo, cuando Hermione se rindió por completo a él, fue cuando saltó la alarma en la cabeza de Draco.
Como si de repente la piel de la castaña le quemase, se apartó de ella de golpe, haciendo que Hermione se desequilibrara un poco y lo mirara confundido.
Sin decir nada más, Draco se dio la vuelta, caminando a paso firme hacia su cuarto y cerrándolo tras de sí, de un sonoro portazo.
Hermione permaneció quieta, alzando la mano para tocarse el labio, consciente de que todo aquello no había sido un sueño y de que jamás, había sentido algo así, tan potente y cargado de sentimiento.
ooOOoo
No lo entendía. No podía haber una explicación acorde con todo esto. Aunque, bueno, lo había hecho para ponerla nerviosa, ¿Verdad? Para disfrutar de su estado de enfado.
Sí, seguro que sí.
Pero ella le había respondido y eso no cuadraba en sus planos. ¿Acaso Hermione estaba interesada en él? Puede que una eternidad aquí sola haya acabado por afectar a sus necesidades femeninas.
Y si eso era así… Draco podría divertirse un poco.
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Hermione estaba confundida. Pero no por el hecho de que Draco la hubiera besado, de sobra sabía la popularidad que le precedía. No, estaba realmente asombrada porque le había respondido.
Ella, Hermione Jean Granger, quien había besado a tan pocos hombres en su vida que se podía contar con los dedos de una mano, no había dudado mucho en corresponder su beso. Y luego estaba el caso de Draco, quien seguro que tendría que utilizar un pergamino asombrosamente alargado para contar sus ligues, triunfos o cómo se llamase.
¿Y por qué a ella? ¿Estaba tan desesperado que tenía que conformarse? Tal vez ayer ella le había dado a entender algún tipo de interés, pero no podía tomarla en serio, al fin y al cabo, no estaba en sus plenas facultades.
Suspiró. ¿Qué se debía hacer ahora? ¿Debería ir a hablar con él o tendría que olvidarlo?
Su orgullo de leona le decía lo primero, pero el miedo agolpado en su pecho le indicaba lo contrario.
¿A quién hacer caso en estos momentos?
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En una calle abarrotada de hombres y mujeres, que charlan con cansancio sobre las ganas que tienen de volver a casa, dónde seguro que sus familias los esperan para cenar, nadie se habría fijado en una chica más, apoyada en una de las numerosas esquinas.
Nadie tampoco se fijó cuando esa chica alzó un poco su varita, acertando sobre una mujer de traje azulado, que inmediatamente se despidió de sus compañeros y avanzó hacia ella. Después ambas mujeres desaparecieron tras uno de los almacenes que por allí había. Tras unos minutos, sólo una de ellas volvió a salir, la del traje azul. Pero si alguien se hubiera fijado en su gesto, habría visto que ya no era cansado, sino que portaba una mueca malvada y perversa.
La mujer avanzó con firmeza, caminando a contra corriente a través de la marea de gente, saludando de forma simplona aquellos que parecían conocerla, sin pararse con la excusa de que se había dejado algo y tenía que volver.
Cuando alcanzó el puesto de seguridad se detuvo, buscando en el bolsillo de su traje la tarjeta de identificación, la cual tardó poco en encontrar, pues era lo único que había en el bolsillo.
—¡Anda Lurien! ¿Ya estás de vuelta? ¿No me digas que te has vuelto a dejar la varita? —exclamó una voz alegre y cordial, Astoria levantó la mirada y sonrió con tranquilidad al muchacho que se acercaba.
—Pues sí, ya ves que cabeza la mía… —susurró, sin dejar de sonreír.
Por fortuna el chico no la miró con desconfianza, sino que negó suavemente, como si quisiera reprenderla.
—No pasa nada, vamos, te abro.
Astoria ensanchó su sonrisa, complacida por su suerte de haberse encontrado con una chica patosa y olvidadiza.
—Gracias, no tardaré mucho —aseguró, avanzando sin detenerse una vez que el chico había retirado la barrera protectora.
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El traqueteo del ascensor fue vacilante, sonoro y chirriante. Nunca antes se había percatado de lo antiguos que eran estos aparatos, debido sobre todo a que con el ajetreo constante y los cientos de voces que inundan el Ministerio de Magia cada día, nadie se fijaría en el estado de los ascensores.
Cuando llegaron a la planta indicada, el Departamento de Aurores, la puerta se abrió con delicadeza, dejando entrever un pasillo desierto, oscuro y silencioso.
Astoria sacó su varita y ésta se encendió al instante, guiando a su portadora con una brillante luz azulada a través del laberinto de pasillos. No le costó mucho llegar a la oficina de Potter, pues como figura máxima entre los aurores, su despacho era el más grande, al fondo del pasillo, donde destacaba una placa dorada justo encima de la puerta.
Harry James Potter
Jefe del Departamento de Aurores
Astoria miró con desprecio el membrete y sin perder un segundo se asomó por el cristal que componía la puerta. El despacho estaba oscuro y por lo que parecía, vacío.
Miró a sus lados una última vez y entró, cerrando la puerta tras de sí. Caminó con cuidado, observando cada movimiento extraño; al fin y al cabo estaba en una oficina de auror, que de seguro, estaría protegida.
—¿Harry? —susurró una voz, grave y calmada. Astoria apagó su varita de inmediato, al darse cuenta de que enfrente suya, se levantaba un gran cuadro con marco de oro, cuyo ocupante se revolvía inquieto—. ¿Eres tú, muchacho?
Astoria maldijo por lo bajo y sin tardar lanzó un conjuro silenciador al cuadro, que se calló de inmediato. También le lanzó un Petrificus Totalus, para que no fuera capaz de moverse del sitio y avisar a alguien.
Cuando estuvo totalmente segura de que estaba a salvo, volvió a encender su varita, acercándola poco a poco al cuadro.
—Vaya, vaya… —canturreó ella—. No esperaba verle aquí, señor director…
Albus Dumbledore miró a la mujer sin poderse mover, observándola y preguntándose, que hacía una trabajadora del Ministerio en el despacho de Harry Potter.
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Hermione miró la puerta, al fondo del pasillo. Draco no había salido en todo el día, y si lo había hecho, había aprovechado el momento de trabajo de la castaña.
La verdad es que no comprendía su actitud, ¿Acaso le tenía miedo? No, ése no era el Draco que ella conocía…Bueno, el caso es que tampoco se conocían con detenimiento…y ahora que lo pensaba, sabía muy poco de Draco Malfoy.
Conocía su pasado de mortífago, pero nada más allá de que se había unido al bando de Voldemort y que él, junto a su familia, lo habían abandonado poco después de la Batalla de Hogwarts.
Pero no sabía cuáles habían sido sus motivos, ni la razón de sus inquietudes. No conocía el porqué de esa actitud retrógrada ante los nacidos de muggles, ni tampoco sabía de él, ni de lo que pensaba.
—Granger…
Hermione se tensó al oír esa voz, alzó la mirada para comprobar lo que ya sabía, que Draco Malfoy estaba frente a ella, sujetando lo que parecía ser un libro.
—Tenemos que hablar.
Hermione asintió, ocultando la pequeña congoja que sintió al ver que volvía a llamarla por su apellido.
—Antes de que digas nada… —comenzó ella, interrumpiéndole—. No quiero que haya malentendidos entre tú y yo.
Draco la observó con intensidad, preguntándose la verdad escondida tras esos ojos oscuros.
—¿Qué clase de malentendidos?
—Pues… Por ejemplo eso que ha ocurrido esta mañana.
—¿Esta mañana? —inquirió ella con fingida confusión. Hermione le miró seriamente, arqueando una de sus castañas cejas, justo como él solía hacer—. Lo único que te digo, es que no quiero que pienses lo que no es.
—¿Y qué se supone que no debo pensar?
—Que siento algo por ti, por ejemplo —aseguró Draco y aunque parecía mantener su porte imperturbable, dentro de él se retorció algo, como si una pequeña vocecita intentara quejarse.
Hermione asintió, aportando el mismo gesto que él, aunque más frío, pues si de algo estaba segura, es que no iba a dejarse que la engañara, no de esa manera, ya había sufrido lo suficiente.
—Bien, volvamos a los verdaderamente importante —aportó Draco, mostrándole el libro a Hermione, la cual lo reconoció al instante.
—¿Cómo lo has…?
—¿Cogido? No es muy difícil entrar en tu biblioteca, visto que la puerta está abierta.
—Ya, ¿y para qué querías este libro de "Recuerdos y pensaderos" si se puede saber?
—Porque creo que ya sé lo que puede ayudarme, más bien quién —Hermione observó el libro y entonces cayó, mirando con recelo a Draco.
—No nos va a ayudar —aclaró ella.
—¿Tan segura estás?
—Digamos que tu querida Astoria no se echa para atrás en lo que a terreno de amenazas se refiere.
Draco se revolvió en el sillón al oír su nombre, cosa que no pasó desapercibida por Hermione.
—Mira, sé que esto podría ayudarte mucho…
—Podría salvar mi trasero.
—Sí, podría salvar tu blanco trasero, pero no va a hacerlo, sencillamente porque yo no voy a pedírselo, su familia estaría en peligro.
Ambos se quedaron callados, hasta que Draco rompió ese silencio, incapaz de afrontar la negativa.
—Potter nunca ha tenido miedo a luchar por lo justo.
Hermione volvió a mirarlo a los ojos, sintiendo esos dos anillos plateados fijos en ella, como si estuvieran inspeccionándola. Porque en el fondo sabía, que Draco tenía razón.
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Hola querid s lectores! Siento mucho la tardanza, digamos que mi mente se mostraba reacia a encontrar un buen momento xD
Pero aquí está! su primer beso! *_* quiero agradeceros a tod s los que seguís este fic y a las que comentáis en cada capítulo, dándome los ánimos para seguir! Se os quiere!
Un besotee
