Capítulo 8.

Cuando finalmente regresamos a la universidad, Sugiura se fue a la biblioteca y yo de camino a mi próxima clase, caminaba con pasos lentos por los pasillos, a pesar de que tenía apenas unos segundos para llegar a tiempo. Caminaba ausente, aun recordando en mi mente la imagen del lagarto de sangre. Por curiosa suerte, llegue al salón y el profesor aun no llegaba. Me acomodé en mi asiento con parsimoniosos movimientos y abrí con igual actitud mi carpeta de apuntes. El resto de las clases las pase igual, tomaba muchos apuntes, estaba y a la vez no estaba tomando la clase. Cuando llegue al departamento y mire los ojos violetas de Tokiha, no me pude creer que fuera pariente de un Zhong Lung, pero a la vez era evidente, sus rasgos no eran comunes, si hubiera sido un cambiante, seguro que en su forma media sería un monstruoso dragón de escamas refulgentes como el fuego.

-ya llegué –saludé de forma casi silenciosa. Deje mis cosas sobre el escritorio y fui a bañarme, mientras me repasaba la esponja con jabón sobre los brazos, no dejaba ir la imagen que había creado en mi cabeza de un dragón con escamas como el fuego… ¿lanzaría llamas? ¿Sería verdad eso de los dragones? ¿Alguno de sus padres podría? Qué suerte más putamente ridícula tengo… cuando termine de bañarme, me seque y acudí al llamado de Tokiha para la cena, seguido de terminar fui a tirarme a mi futón, rato después no tardó en aparecer Tokiha, apago las luces, a oscuras vi cómo se quitaba el camisón frente a mí, pero aunque había apagado la luz, podía ver tan bien como si estuviera prendida; el cuerpo blando de Tokiha quedo desnudo, sus senos habían crecido un poco más, igual que su vientre, e imagine formándose ahí dentro un pequeño dragón, tense el abdomen y me gire en mi sitio. Esa noche, aunque Tokiha me quiso montar me negué y termine durmiendo en el sofá, aun cuando cada quien tiene su habitación y donde dormir.

En los días siguientes, no pude dejar de pensar en ello… siempre que compartía tiempo con Tokiha la miraba, la miraba fijamente y estudiaba sus rasgos, algunas veces se notaba molesta, quizás porque no satisfacía su deseo sexual, pero con los días fui superando mi propio trauma, porque supuse que me había traumado yo misma. Después de ver tanto su rostro, fui dejando atrás la imagen de un dragón refulgente que escupía fuego. Lo único que vino bueno de todo esto, es que después de la cuarta noche donde me negué a Tokiha, dejo de ir a visitarme a mi habitación. Curiosamente no dijo nada, y yo pude volver a dormir sola en mi propio futón con mi propia almohada, sin ningún cuerpo ardiente a mi lado, porque, curiosamente, el cuerpo de Tokiha siempre estaba ardiente por las noches, pareciera que tuviera fiebre, pero no, estaba perfectamente sana. Demasiado calor para mi…

Las semanas pasaron y Tokiha se volvió cada vez más callada, más distante y más malhumorada. Yo sentía que debía hacer algo, pero a la vez me decía que ya era demasiado tarde para arreglar las cosas, mejor dejarlas así; en parte porque me convenía que no volviera a visitarme por las noches, aunque tuviera que soportar el ambiente tenso. Al cabo de un mes Tokiha exploto y por una simpleza, era cuestión de tiempo, supongo. El motivo por el que exploto en furia fue porque encontró los calzoncillos que me había comprado aun intactos en el paquete. Fue la mañana de un sábado, no había clases y yo dormía hasta tarde, entro de pronto a mi habitación, me jalo la manta y me aventó el paquete en la cara, el estúpido paquete me golpeo la nariz, con furia creciente me senté en el futón y me sobé el rostro mientras oía sus gritos.

Respire dificultosamente, tratando de calmarme, ella no era una cambiante, pero yo sí, y por mí misma sangre soy susceptible a enfurecer, y si llegaba a dejar que la rabia tomara el control, alguna desgracia podía suceder; respire profundo, para tratar de no enojarme, exhale lentamente, tratando de ignorar sus reproches a gritos, respiraba lento y profundo, estaba logrando apaciguar el ardor en mi sangre, hasta que ella, furiosa porque no le hacía caso, me abofeteo; lo vi venir, vi su mano directa a mi cara pero no lo detuve a tiempo, su mano contra mi rostro dejo un ardor, le sujete la mano con fuerza y apreté los dientes, sentí como la furia disparo el cambio en mi sangre, comencé a sentir un calor sofocante y apreté aún más los dientes después de que en mi lengua saboree sangre por los colmillos brotando de mis encías, el primer cambio se estaba dando; le solté la mano y apreté los puños, tense cada musculo de mi cuerpo y me contraje, como si tuviera dolor de estómago, hice acopio de toda mi fuerza de voluntad para no cambiar de forma frente a ella y luego sentí el punzante dolor en las puntas de mis dedos, tense aún más, si es que podía, el cuerpo. Deje de oír los reclamos de Tokiha, y me concentre en mí, no sabría decir cuanto tiempo paso hasta que sentí una mano en mi espalda y luego, poco a poco fui relajando los músculos, la sangre se me había enfriado, entonces empecé a escuchar a Tokiha pidiéndome perdón.

Me deshice de su mano en mi espalda y me puse de pie, volvió a ponerme las manos en el pecho mientras me miraba el rostro, volviendo a pedirme perdón, la deje a un lado y fui al cuarto de baño, en el espejo me note el rostro sudado y que tenía sangre en la comisura de la boca, tome agua del grifo y me enjuague, detrás de mí, en el marco de la puerta apareció Tokiha apenada, volviendo a disculparse por lo que me había hecho, ella pensó que me había golpeado tan fuerte que me había roto algo por dentro de la boca y por eso sangraba, que ingenua. Curiosamente todo encajaba salvando mi secreto, por suerte había evitado cambiar frente a ella. La perdone con voz fría y gruesa, mientras me desnudaba para darme un baño y eliminar el sudor.

Cuando regrese a mi habitación, todo estaba recogido y llegaba de la cocina un agradable olor, por fin nada de comidas exóticas y un platillo tradicional. Me puse un pants y una camiseta, me senté a terminar un trabajo que debía presentar el siguiente lunes hasta que la voz tenue y apenada de Tokiha, que estaba en la puerta, me llamo a comer. Comimos en silencio, y cuando termine con mi parte, me levante a lavar mis platos para volver al trabajo. En poco menos de tres horas ininterrumpidas lo termine. El evento de ese día, nos ganó una semana más de distancia y silencio.

Finalmente, cuando volví de clases el siguiente viernes por la tarde, no alcance a abrir la puerta con mis llaves, porque ella la abrió y se aventó a abrazarme entre lágrimas y sollozos. Termine rodeándole el cuerpo con los brazos y cerrando la puerta tras de mí. Tarde largo rato en que se calmara, y finalmente hablamos de lo sucedido, bueno, ella hablo más que yo. Ella siempre se preguntaba, ¿Cómo llegamos a esto? Pero solo yo sabía la respuesta, habíamos llegado a esto por mi culpa, porque descubrí la naturaleza de su sangre y porque me asusté, pero jamás, jamás lo iba a reconocer, así que simplemente le dije que debíamos olvidarlo. Ella acepto.

Por la noche, antes de irse cada quien a su cuarto, me pregunto quedamente si podía dormir conmigo. La mire largo rato a los ojos, pero rehuían a los míos, termine aceptando. Después de que se hubo cambiado, apareció en camisón y se acostó a mi lado, poco a poco se fue acercando hasta que sentí sus labios en mi mentón. De a besos suaves y lentos llego a mi boca y me convenció de besarla. Al cabo de un rato nuestra respiración se agito y me gire hacia ella, pego su cuerpo blando con sus hinchados senos a mi pecho y su respiración se hizo agitada y trabajosa. Me paso las manos por el cabello en movimientos desesperados hasta que de pronto se separó de mí, me miro a los ojos con las pupilas dilatadas, se levantó y se quitó el camisón. Todo su cuerpo quedo al desnudo, se aproximó y me paso las piernas por los lados, con urgencia me saco la camiseta y me jaloneo el pants, pronto nos encontramos en un vaivén apresurado, ella tenía una marcada urgencia y la complací, tardo algunos minutos más, pero finalmente se rindió en mi cuerpo, apoyo la frente en mi hombro mientras se recuperaba y normalizaba su respiración. Después de esa noche, volvió a visitarme cada noche, como antes.

-te ves menos tensa –me dijo Sugiura el siguiente lunes, mientras esperaba a que la lluvia se calmara un poco, era junio y la temporada de lluvias ya había llegado, y con mucha fuerza debo decir.

- ¿te parece, Sugiura? –en ese momento, percibí el ligerísimo aroma de Fujino, la busqué con los ojos y la encontré casi en la entrada, cruzando la lluvia con un paraguas transparente. Suspire.

-tan solo un poco –solo veía a Fujino en las dos clases que compartíamos, al principio creí que solo compartíamos una, después, me di cuenta de que compartíamos otra cuando casi me la tope de frente yendo hacia el salón donde nos tocaba - ¿Cómo vas con…? –la figura de Fujino se perdió en la distancia y volví a ver a Sugiura.

- ¿con… ella? –Sugiura asintió. Era incómodo, pero algunas veces Sugiura se atrevía a preguntar, pero no significaba que yo le contestara –bueno, aun no me han hecho tapete ¿o sí?

-ya supéralo Kuga –siempre le contestaba de la misma manera.

- ¿los Zhong Lung son criaturas muy sexuales? –Le dije de la nada y ella volteo a verme, sentí su mirada –no me ha dado descanso desde el viernes.

-puede ser el embarazo –asentí, de cierta forma, ausente –alégrate, tienes con quien desquitar la frustración –llevé mis ojos a ella.

-no estoy frustrada –y sonrió, esa sonrisa no me gusto, era como si se estuviera burlado, como si supiera algo que yo no.

-de cualquier forma, no creo que te deje en paz hasta que dé a luz –y me guiño un ojo –gózalo.

Sugiura podía ser sumamente irritante, pero también era la única con la que podía hablar, con la que podía ser yo. La mayor parte del día tenía que pasarla en otra forma, porque Tokiha me había conocido así, y era lo coherente, pero era extraño, solo podía ser yo en la universidad, a veces me preguntaba, ¿Quién era en realidad? ¿El tipo que se despertaba todas las mañanas con la entrepierna entumecida? ¿La chica que llegaba en motocicleta todos los días de la semana a la universidad? ¿Aquel que no usaba ropa interior? ¿Quién era? ¿Qué era? Pasar tanto tiempo cambiando de una forma a otra era confuso.

-he estado pensando Nat-kun –había regresado de la universidad empapada, pero ahora leía para hacer un trabajo en la mesa de centro - ¿Cómo le vamos a llamar? –yo me quede muda ¿se enojaría mucho si le digo que hasta ahorita caigo en ese tema? La mire, sumamente concentrada, no, seguramente se enojaría, rápidamente indague en los nombres que me conocía.

-pues… si es un chico ¿Qué te parece Ryunosuke*? –de cierta forma, se ajustaba.

-muy largo… he estado pensando en Kohana, si es niña –no hace falta decir que hice un gesto desagradable.

-mejor Natsuki, es más bonito –dije, riéndome un poco por dentro.

-es un lindo nombre, pero definitivamente Kohana es mejor –entorne los ojos.

-bien –si ya tenía decidido que rayos iba a hacer ¿para qué mierdas me preguntaba?

- ¿y qué apellido…? –un tema sumamente espinoso… - ¿has pensado el apellido?

-la verdad es que si –la verdad era que no, en absoluto –a mí me gusta más el tuyo, es más elegante –volví la vista a mis apuntes.

-creí que sería más apropiado que tuviera el tuyo –tema peligroso, abortar la misión.

-si tanto quieres, no hay ningún problema –sin embargo, completamente imposible –a mi madre le gusta mucho mas el tuyo –ella se quedó pensativa.

- ¿de quién te pusieron el apellido, Nat-kun? –detuve mi lectura, pero no aparte los ojos de mis apuntes, jamás imagine que me preguntaría eso.

-de mi madre, por supuesto.

Tokiha se quedó pensado en el tema largo rato sin decir nada; yo esperaba que, si Tokiha accedía convenientemente a que la criatura tomara su apellido, yo no tendría que figurar en el registro, y de esa forma evitar cualquier tipo de papeleo que demostrara que Natsumura Kuga no existía. Por otro lado, si Tokiha no accedía favorablemente, tendría que negarme de una forma abierta, y afrontar cualquier tipo de consecuencias.

Los días siguieron pasando y Tokiha no volvió a tocar el tema, por un lado, estaba bien, yo quería evitar el tema, pero por el otro me dejaba intranquila, sin saber qué es lo que sucedería, aunque era algo tan banal, me generaba ansiedad, deseaba que ese estúpido pendiente se resolviera cuanto antes para ya no sentirme frustrada. Sin embargo, termino junio y Tokiha no lo menciono.

- ¿Qué crees que pase si decide insistir en que aparezcas en el registro? –me pregunto Sugiura un día cualquiera que fui a visitarla a la biblioteca.

-pues le diré que no, y ya –ya había pensado en todas las posibilidades.

- ¿y después? Crees que ¿simplemente lo aceptara? –me gustaría, pero tengo la sensación de que Tokiha no aceptaría las cosas así como así.

-pues si no quiere ya nos podremos ir despidiendo -conteste un tanto amargada.

-y entonces serás un tapete, imagínate a tu criatura jugando en la sala, pisoteándote el pellejo mientras juega con los crayones –entrecerré los ojos y la miré.

-Tokio es muy grande, sabes… -en el grave caso de que se lo diga a sus padres, pero Tokiha no lo hará, si no lo ha hecho a estas alturas, no lo hará después. En todo caso, me perdería en la ciudad.

-no estés tan segura, quien sabe que pueden hacer los Zhong Lung.

Si, los Zhong Lung eran un problema, estúpida especie aún no extinta, pero aún más estúpida mi suerte. Deje a Sugiura con los libros y monte en mi moto cuando dejó de llover, cuando llegue al departamento, encontré a Tokiha subiendo trabajosamente los escalones. Me le quede mirando largo rato mientras no descubría mi presencia, era yo ¿o su trasero se hizo más grande? Sacudí esos pensamientos, todo en ella estaba hinchándose. Cuando llego al último escalón decidí descubrir mi presencia y le alcance justo cuando termino de subir. En los cortos metros de la escalera hasta la puerta, se estuvo quejando del duro, largo y pesado día que había tenido, porque había tenido que buscar unos materiales bastante inusuales para no sé qué receta.

Después de abrir la puerta, me dejé caer en el tatami y solo la vi pasearse de un lado a otro por la cocina, mientras no terminaba de quejarse sobre los extraños materiales que había comprado; yo, por otro lado, miraba la enorme panza que tenía, en los más de tres meses que llevábamos aquí, la criatura dentro había crecido aceleradamente, incluso me daba miedo. Cuando le pregunte a mi madre, me dijo que estaba exagerando las cosas, cuando le pregunte a Sugiura si era normal, me dijo "¿Qué es normal en los cambiantes?", y entonces me resigne.

Unas semanas después, más pronto de lo que creí, o quizás más pronto porque sentía el tiempo pasar demasiado lapido, llego su cumpleaños, el veintidós de julio en la madrugada sonó la estúpida alarma que me avisaba y casi entre en crisis, y digo casi porque se me ocurrió la brillante idea de salir a buscar algo a esa hora. ¿Quién diría que Tokiha sería la causante, indirectamente, de ponerme en peligro?

Apagué la estúpida alarma del estúpido celular, y luego de golpearme mentalmente me vestí para salir a ver que podía encontrar. Eran casi las dos de la mañana, la calle estaba sumamente silenciosa y se sentía el frio de la humedad en el aire. Monte la motocicleta y salí a buscar lo que fuera que me sacara del apuro. Busque entre diferentes distritos, pero, aunque Tokio también es una ciudad nocturna, no encontré jamás alguna tienda que fuera adecuada en los distritos decentes y que además estuviera abierta, por lo tanto, tuve que ir hacia lugares menos respetables, ahí finalmente llegue al negocio de un usurero que vendía todo tipo de joyas, y me pidió una cantidad ridículamente alta por unos pendientes que tenían rubíes auténticos. Quise negociar con él, pero era demasiado necio, no quería bajar el precio, por lo que llegue al punto donde me enoje, lo tome del cuello de la camisa y lo zarandee hasta que accedió a bajar el precio.

Con el precio a una cantidad más justa, salí del tugurio con cierta satisfacción en medio de todo mi enojo ¿Quién diría que el estúpido usurero tenía un vigilante fuera del negocio? No di ni dos pasos cuando de entre las sombras salió un sujeto, a mi nariz llego el fétido hedor de la sangre y desde el primer momento en que miré su piel pálida supe que era una asquerosa sanguijuela.

-oye… arruinaras el negocio ¿entiendes?, traje esos rubíes, quiero que pagues lo que cuestan –el sujeto se veía malhumorado, bruto y arrogante, ¿pero sería fuerte? Lo mire de los pies a la cabeza, no se veía fuerte, pero con las sanguijuelas nunca se puede saber. Tomé mi distancia, pero él se acercó más y más hasta quedar a unos centímetros de mí o era muy fuerte, o era muy estúpido, decidí comprobarlo. Como su cara quedaba centímetros bajo la mía, le di un golpe en seco en los dientes, a los segundos escupió sangre mientras apoyaba sus manos en el concreto del suelo. Segundos después, cinco cadáveres más salieron al encuentro, me rodearon mientras sacaban armas de entre sus ropas, algunas navajas, otras pistolas automáticas y uno un bate de béisbol. No les di tiempo a más, aplaste la cabeza del primero y su cuerpo dejo de moverse, pero aquellos que tenían pistolas descargaron todos sus cartuchos, treinta balas dispersas en mi pecho, brazos y espalda. Cuando vieron que no fue suficiente se lanzaron todos contra mí, al más cercano lo tome por el cuello, le enterré las garras en el pecho y arranque su corazón, al instante quedo hecho cenizas, después tuve que forcejear con las sanguijuelas, pero no eran más que basura, al final, todos terminaron hechos cenizas, yo con las manos sucias, la ropa agujereada y cortada, pero con los estúpidos pendientes en el bolcillo.

Al llegar al departamento, tuve que deshacerme de la ropa baleada y tirarla en el basurero del edificio para evitar cualquier sospecha. Solo tuve la oportunidad de echarme a dormir tres pocas horas antes de que me levantara, le di a Tokiha sus estúpidos pendientes, la felicite y me largue a clases. En los siguientes días, tuve que cuidarme cual señorita pudorosa de que no me viera sin playera, porque, aunque las balas no habían perforado mi cuerpo, habían dejado moretones, y obviamente, no se lo conté ni a mi madre ni a Sugiura, porque si lo hacía, ya podía prepararme para un sermón interminable de su parte.

Afortunadamente para mí, su cumpleaños paso, igual que el mes, igual que los exámenes y de pronto estuvimos en agosto, el mes más hermoso y esperado del año, por las vacaciones y por supuesto, por mi cumpleaños. No es como si contara los días, bueno si, a veces, pero sentí que mi cumpleaños tardaba mucho y a la vez poco en llegar. Cuando por fin llego el día, desperté con la sorpresa, o susto, de mi madre a mi lado, había venido solo por mi cumpleaños, traía pastel, regalos y demás chucherías para la criatura aun no nacida. Ese día, Tokiha no hizo nada de comer y supongo que lo agradeció, en los últimos días no hacía nada más que quejarse del dolor en su espalda, y que ya quería que la criatura naciera, yo sentía ganas de decirle que no se quejara, que no podía doler tanto, pero claro, en realidad, no sabía que estaba sintiendo, así que mejor cerré mi boca.

Ese cumpleaños fue raro, el más raro hasta ese momento, ninguno de mis tíos o mis primos estaban ahí, mi madre y Tokiha hablaban de comida, y de cierta forma me sentía excluida, por lo que prácticamente me trague todo el pastel mientras ellas hablaban de sus cosas. Más tarde, cuando ya casi se marchaba mi madre, Tokiha se quejó de todo lo que le dolía la espalda y comenzó a preguntarle a mi madre, como había sido su embarazo conmigo. Yo pare bien las orejas, eso si quería escucharlo, sin embargo, argumento que había sido un embarazo muy tranquilo y poco doloroso, claro, quien sabe cuántos hijos ha tenido que ya es más fácil que salgan… al final de la noche, mi madre decidió quedarse unos días para ayudar un poco, su excusa fue que en realidad no tenía más que hacer, cosa que no dudo.

Contrario a lo que pudiera imaginar, no fue un problema, de hecho, me dio un descanso, Tokiha, que tal como había predicho Sugiura, hasta la noche anterior de mi cumpleaños, seguía sedienta de sexo, pero con la llegada de mi madre, no volvió a pisar mi cuarto. La semana siguiente paso con relativa tranquilidad, solo por Tokiha quejándose y quejándose de su espalda, hasta que de pronto, empezó a decir que tenía dolor, yo la miraba muy bien, bastante compuesta, pero mi madre insistió en llevarla al médico y cuando la revisaron, el médico dijo que tenía quien sabe cuánto de dilatación. Cuando el médico dijo eso, sentí un sube y baja en mi estómago, de pronto no quería estar ahí.

En seguida le pusieron una intravenosa a Tokiha, y al poco rato Tokiha se transformó en una mujer neurótica que gemía de dolor mientras se aferraba a mi brazo. Las peores horas para mi fueron las anteriores al parto, mi madre me hizo estar con ella hasta que fue inevitable que nos separáramos y ella se fuera al quirófano. El alivio de desprenderme de ella duro muy poco; segundos después de que se la llevaron al quirófano, me preguntaron si deseaba entrar. Me quede muda, intente decir algo, pero termine simplemente negando con la cabeza, luego, prácticamente hui a la sala de espera. El rato en que ella pario, mientras estaba en la sala, yo no podía pensar en nada, sentía que esto simplemente no está ocurriendo, era como si a pesar de haber vivido de cerca el embarazo aun no lo creyera, y quizás en ese momento me hice consiente de la realidad, de que estaba teniendo un hijo, se sentía impersonal, pero así era la realidad.

Cuando por fin termino el proceso de parto, y llevaron a Tokiha a su habitación, mi madre entro a ver; yo me quede casi congelada en la sala de espera, no sentía ninguna emoción por ir ahí dentro, de hecho, me sentía asustada. Minutos después mi madre salió a verme, me dijo que, porque no había ido, que ya se habían llevado a la criatura, que si la quería ver, sería solo desde fuera del cristal de la guardería. La verdad no hice ningún intento por ir, deseaba con todas mis fuerzas aferrarme a mi asiento y que todo esto pasara lo más rápido posible, pero mi madre me jaloneo hasta ir al ventanal y señalarme donde estaba la criatura. Al ver a tantas crías sentí el estómago pesado, pero no se comparó con la sensación amarga de cuando divisé a la criatura. Era realmente pequeña y parecía que dormía. No me atreví a decir nada y quizás mi madre se fue, de pronto me sentí muy sola y con la sensación de que había traicionado algo. ¿Qué había traicionado? Quizás a mí misma…

Al día siguiente, cuando Tokiha estaba despierta y bien compuesta, fui forzada a entrar con ella, no sabía que decir, estaba en blanco, y cuando trajeron a la criatura me sentí como una extraña ahí dentro, como si estar ahí no me correspondiera, o quizás porque no quería que me correspondiera. La enfermera le dio a Tokiha la criatura y yo miré de lejos, estaba bien así, lejos, aunque no duro mucho porque Tokiha quiso que cargara a la criatura, iba a negarme cuando sentí la mirada fulminante de mi madre y di unos pasos para tomar a aquella cosa. Con delicadeza Tokiha me lo puso en las manos, era liviano y aún tenía un olor a sangre y fluidos, pero eso no fue lo peor, anteriormente me mentalice para fingir en ese momento, para mantenerme lejos y decir cosas buenas, como que me sentía feliz y demás estupideces, pero lo peor fue darme cuenta de que me sentía miserable con la criatura entre los brazos. Al contemplar su pequeñísimo rostro, no pude evitar que mis labios se torcieran y llorara, un llanto amargo y penoso, donde no pude ocultar mi desdicha.

Ellas creyeron que lloraba de felicidad, yo sabía que no era así, pero fue conveniente. Una semana después Tokiha fue dada de alta, así que empacamos todo con criatura incluida. No paso demasiado cuando Tokiha empezó con la molestia del nombre, otra vez; como había resultado ser un muchacho, ella quería que se llamara Go, Toranosuke*, el cual me molesto, o Ryo, y la verdad, esta vez no me moleste en ocultar mi oposición.

-entonces, ¿Qué nombre quieres? –me espeto, mientras estaba sentada a sus anchas en el sofá. Yo lo pensé un poco.

-Ichiro –dije después de unos segundos. Tokiha lo pensó un rato y luego se negó. Después me levante y la deje sola, estaba insoportable.

Sin embargo, ese mal humor inicial no fue más que la punta del iceberg, conforme pasaron los días, su mal humor empeoro, estaba sumamente irritable, al parecer no dormía bien, ¿y quién si podía? Si en la noche la criatura despertaba llorando, a su mal humor se sumó el cansancio, lo cual hizo que estuviera aún más irritable, ya ni siquiera yo llegaba a esos niveles. Una noche, el llanto de la criatura me despertó, espere a que se calmara, espere, y espere, hasta que me fui a asomar y tanto Tokiha como la criatura lloraban. ¿Qué podía hacer? Tuve que llamar a mi madre, que se había ido después de dos días, y me dijo que tomara las riendas del asunto ¿las riendas del asunto? ¿Y eso como mierdas se hace? Le proteste y por teléfono me dijo como tenía que alimentar a la criatura. A Tokiha la tuve que acostar y finalmente, me tuve que hacer cargo de lo que había engendrado, al principio con dificultad, es decir ¿Cómo puede ser fácil cambiar pañales con mi excelente sentido del olfato? Era una verdadera tortura, pero después me fui acostumbrando, todo esto mientras Tokiha se quedaba tirada sufriendo por no sé qué. Debo confesar que al principio sentí verdadero terror de cometer un error, no sé, los bebes son muy delicados, sin embargo, poco a poco agarre confianza y no me quedo más que la resignación.

Los pocos días que me quedaban de vacaciones, los pase ocupada con la criatura pegada a mí, y que seguía aun sin un nombre decidido, aunque en mi mente Ichiro era el nombre adecuado. Fueron largos y extenuantes días de cambiar pañales, bañarlo, cargarlo, limpiarlo, tomar la temperatura, estar atenta a cualquier secreción, alimentarlo de la forma correcta y en la temperatura adecuada, la verdad, en aquellos días hice más el papel de una madre de lo que imagine que llegaría a hacer por aquella criatura. Por eso, cuando las clases del segundo periodo estaban a punto de empezar, me vi en un problema, ya que Tokiha se la pasaba llorando y acostada, así que llegué a la conclusión de que tenía que solicitar un ayudante, por eso, cuando iniciaron las clases pude sentirme más relajada. Sin embargo, Tokiha cada vez estaba peor.

-está deprimida –me dijo Sugiura el mismo día que inicio el nuevo periodo -depresión postparto.

- ¿y cuánto va a durar así? No me ayuda con nada –le dije molesta.

-no tengo idea –y se encogió de hombros.

- ¿no tienes algún ritual? ¿Aun tipo de brebaje? ¿Alguna pócima que haga que se mejore? –le dije desesperada.

-no seas bestia Kuga, no hay nada como eso –nada perdía con preguntar ¿o sí? –lo mejor es que la lleves con un terapeuta, un psiquiatra o al menos un médico.

Entre el terapeuta, los antidepresivos, la terapia de hormonas de Tokiha y los gastos de la criatura, me estaban dejando seca. Tristemente para mí, nadie quería ayudarme. En aquel periodo llamaba a mi madre casi todos los días, y a pesar de mi orgullo le pedí dinero, a pesar de que me había dicho que me las tenía que apañar solo con lo que me daba, lo hice todo porque apenas tenía para la gasolina, mis libros, pañales y para comprar comida decente, y aun con todo, ella se negó; me sentí herida, y después de que me dijo el no tajante no volví a pedírselo. Total, supongo que ya era demasiado con lo que me daba, quizás estaba abusando. En realidad, mi madre era la que estaba manteniéndonos a todos, ser consciente de eso fue humillante.

Tuvieron que pasar casi dos meses para que Tokiha recuperara el ritmo, tristemente para mi economía fue lento. Al principio de las clases, tuve que convencerla y llevarla a sus propias clases, para después ir rápido a las mías, y cuando regresaba tenía que estar tan al pendiente de ella como de la criatura. Tokiha que se convirtió en una carga para mí, la criatura se convirtió en una carga para mi economía, ¿la universidad? Llegue a pensar en dejarla, si la dejaba, no tendría tantos gastos, no tendría que gastar en tanta gasolina, no tendría que pagar libros, ni le pediría ayuda a la vecina del tercer piso de vez en cuando, me liberaría de esos gastos y tendría para más, y a todo eso ¿Por qué Tokiha no me daba un solo yen? ¿Tenía que pagarlo todo yo? Ella también era responsable. No era bonito de reconocer, pero empecé a tener resentimiento, mientras todos los días le pedía que se esforzara y que le fuera bien en su terapia de recuperación, mientras yo la pagaba.

Al final, aunque me vi tentada, no deje la universidad, porque llegue a la conclusión de que, si dejaba la universidad, no tenía ningún sentido estar en Tokio, y menos cuando acababa de empezar, no podía detenerme al primer obstáculo. Pasaron esos dos agitados meses, donde iba de un lado a otro y por fin Tokiha empezó a hacerse cargo de la criatura, aunque no despedí a la ayudante tan rápido, sabía que tenía que ser poco a poco. Comencé a preguntarme si de verdad podía hacerse cargo, más adelante descubrí que sí.

Para cuando llego noviembre, poco después de mis exámenes, pude al fin darle las gracias a la ayudante, aunque fue para pasar de una a otra cosa, porque dejaba unas horas en una guardería cercana al crio. Sin embargo, era bueno que Tokiha comenzara al fin a participar, y por fin dejé de estar tan agitada, no del todo, pero algo; por fin pude pensar un poco en mí y en la criatura que tenía en los brazos. Me había hecho cargo de él por qué no tenía otra opción, porque no tenía otra salida, que triste darse cuenta que no lo hacía porque en verdad lo quería hacer. Lo sostenía y me daba cuenta de que no lo miraba con emoción, no lo odiaba, pero distaban mis sentimientos de lo ideal. Con esto en mente, tuve que forzarme a mí misma a aceptar las cosas, a aceptar que era sangre de mi sangre, y que debía sentir orgullo, me forcé a quererlo.

- ¿deberíamos ir ya a registrarlo? –soltó Tokiha una noche, cuando cenábamos.

-debimos hacerlo por mucho a la semana que nació –me lleve a la boca una cucharada de cereal.

-lo siento –nos quedamos en silencio, y a mí me pareció adecuado. Pasaron unos instantes y suspire, tenía que decirlo, era el momento.

-Tokiha, no voy a compadecerme en la oficina del ayuntamiento –le dije con una voz más fría de lo que hubiera esperado de mí.

- ¿Qué? –Soltó lo que tenía en las manos y me miró fijamente – ¿por qué? –la voltee a mirar más tranquila de cómo me sentía por dentro.

-no me importa el escándalo que hagas, lo que me preguntes o como me amenaces, no voy a hacerlo –nos miramos a los ojos por largos y largos segundos, las cejas de ella, que, al principio fruncidas, demostraban enojo, se fueron relajando mientras continuábamos mirándonos. Al final, bajo la mirada.

-pero no me dejaras… ¿cierto? –su voz sonó muy débil.

-no lo hare –apreté los labios.

Por extraño que me parezca, eso fue todo lo que pudimos discutir sobre ese tema. Contrario a lo que había imaginado, jamás y nunca pidió lo contrario. Al siguiente día laboral asistimos a la oficina del ayuntamiento del distrito, fue un largo rato en ese lugar, era escandaloso porque había mucha gente con muchas de sus crías que los llevaban a registrar, olía a mierd… y a leche, demasiado asqueroso para mi sensible olfato, además, había un montón de mujeres con sus engendros en brazos pasándose tips o comentando sobre la lactancia, una de las cosas que me provoco risa pero no me reí, fue que una señora se quejaba de que su senos habían quedado flácidos… ¿los senos de Tokiha quedarían flácidos? Voltee a mirarla discretamente… ella tenía unos enormes senos… fuera como fuera, tarde o temprano quedarían flácidos… después de un rato de esperar, al fin pasamos con un agente gubernamental, ella entrego todos los papeles necesarios mientras yo cargaba con Ichiro, porque al final, dijo que le gustaba el nombre, muy curioso. Cuando terminamos el proceso y salimos del lugar me sentí muy feliz de dejar aquel apestoso lugar atrás.

-así que al final accedió, bien por ti Kuga –había ido con Sugiura a la biblioteca, ella siempre estaba arreglando cosas ahí, moviendo de un lado a otro los libros, de alguna forma, parecía que siempre tenía algo que hacer.

-no quedaba de otra –de alguna forma tenía un ligero mal sabor de boca, pero ahora estaba todo bien, ya no tenía nada de qué preocuparme.

- ¿oye, vas a participar en el festival cultural? –Sugiura subió por una escalera a acomodar una pila de libros, y me quede mirando su espalda sin decir nada… ¿festival cultural? ¿A estas alturas? ¿De verdad la universidad hacia un festival cultural?

- ¿hacen festival? ¿Es obligatorio? –le dije después de un rato.

-claro que no, en la universidad es solo si quieres –continuo con su tarea en los libros.

-hmph, entonces, definitivamente no participare –el festival cultural solo me traía malos recuerdos. Si pensaba en el festival cultural, de inmediato pensaba en Fujino. Resople, Fujino… tenia tanto tiempo que no pensaba en ella… ¿en qué momento fue? ¿Cuándo descubrí la especie de Tokiha? ¿Cuándo fue su cumpleaños? ¿El mío? ¿O cuando nació Ichiro?... qué extraño, la había olvidado a pesar de que compartíamos materias, la había olvidado como ella me ha olvidado a mí, porque, no creo en absoluto que ella piense alguna vez en mí.

Antes casi todos los días recordaba a Fujino, aunque fuera una vez al día, y no siempre eran pensamientos positivos. ¿Estaba obsesionada? ¿Es que ahora ya no lo estoy? ¿La he superado? Suspire, quizás sí, tenía que ser eso. Si por fin he superado el rechazo de Fujino, entonces…

- ¿quieres acompañarme? –Sugiura bajo poco a poco de la escalera que estaba apoyada en la estantería de libros.

- ¿Cómo? –de momento me sentí desorientada en la conversación.

- ¿al festival cultural? De eso estamos hablando –volvió a tomar otra pila de libros y volvió a subir la escalera.

-ahhh, este… - ¿ir al festival, solo como observador, eh? Me talle la barbilla.

- ¿Qué? ¿Te va a pegar si vienes Kuga? –entorne los ojos.

-Tokiha nunca me ha pegado –aunque, en realidad si lo había hecho. De pronto Sugiura dejo escapar una tenue risa –te digo que no me ha pegado Sugiura.

-ya lo sé, ya lo sé, ¿vienes o no? Yo de todas maneras voy a estar aquí, aquí trabajo –expreso de cierta forma aburrida. Pobre Sugiura, confinada a la biblioteca, quizás no estaba acostumbrada.

-solo un rato –se volteo con una sonrisa.

En unos pocos días llego el tan esperado festival cultural; por suerte Tokiha participaba en su propio festival y no se le paso por la mente acompañarme. Llegue a la universidad como todos los días, solo que unas horas más tarde. Luego de estacionar la motocicleta fui a la biblioteca y Sugiura ya me estaba esperando en las puertas de cristal, viendo todo con impaciencia. A pasos raudos me acerque y enseguida empezó a hablar de todo lo que había visto en la mañana, aunque todo se reducía a que vio como transportaban las cosas que iba a exhibir. Empezamos a caminar por todos los estands, y tuve esa sensación de sentirme fuera de lugar ¿Qué hago aquí? Llegue a preguntarme, pero voltee a ver a Sugiura mirando cada pequeñez que me resigne. Esto era tan… impersonal, tan ajeno…

De pronto Sugiura se ocupó en un estand, parecía que vendían alguna especie de dulces o chocolates, el caso es que tenían un olor penetrante, ¿Cómo podía Sugiura estar ahí? No lo sé, giré un poco para no tener que recibir el olor tan directamente, y durante los minutos que Sugiura estuvo ahí, yo empecé a pensar en la miserable de mi suerte ¿para esto la estaba acompañando? En cuando pudiera me iba a zafar de aquí, no, es más de una buena vez, solo tengo que inventar alguna escusa. Saque mi celular e hice como si estuviera leyendo algo, luego sorpresivamente me gire a ver a Sugiura, pero no estaba, y toda mi actuación se fue por el caño ¿Dónde se había largado?

-Kuga, ven –de pronto, por detrás Sugiura me jalo del cuello de la chaqueta y prácticamente me arrastro hasta que me libere de sus pesuñas.

- ¿qué te pasa Sugiura? –le dije acomodándome la chaqueta.

-me han invitado a una ceremonia del té, apresúrate – ¿ceremonia del té? Mi corazón dio un brinco.

-no, espera, no me gusta el té –pero fue demasiado tarde. Me llevo a una zona donde todo estaba dispuesto para una ceremonia al aire libre.

Con el corazón retumbando y la adrenalina corriendo frenéticamente por mis venas, supe que ya solo tenía que buscar donde estaba. La busque con los ojos lo más rápido que pude, pase de chica en chica en kimono hasta que la vi, la encontré muy rápido y me quede sin aliento. No vestía un kimono común, traía un hikifurisode*, lo sé porque en alguna ocasión mi madre vistió uno. El de Fujino, era negro, con mangas largas y un estampado de flores en brillantes colores por todo el kimono, la prenda bajo el hikifurisode era blanca, pero conforme bajaba los ojos, salía el rojo del hikifurisode en el dobladillo al final de la parte inferior de la falda, y para rematar el hikifurisode mostraba sus pies enfundados con unos tabi*, sobre unas zori* oscuras. Si tan solo pudiera ver sus tobillos… pero, ¿pero qué te pasa Kuga? Si siempre mirabas sus piernas. Es solo que, la sola imagen de Fujino en ese espectacular kimono hacia desear más...

Apreté los dientes y le miré el rostro, estaba muy guapa, apenas traía un toque de maquillaje y el cabello lo llevaba suelto, lucia muy, muy guapa. No supe en qué momento pude volver a respirar, pero sí en qué momento regrese al presente, Sugiura me jalo de la chaqueta.

-mira esto Kuga, ahí está Fujino, inesperado ¿no? –trague saliva y asentí en silencio –vamos a saludar –y me tomo del hombro, entonces una alarma se despertó en mi cabeza, me sobresalte y me pare en seco antes de llegar.

-no, no, yo creo que está muy ocupada –de pronto al ver la posibilidad de estar frente a ella, me sentí algo nerviosa –además –alce mi mano izquierda y revise el reloj –ya tengo que… -casi suelto un grito de horror, me temblaban las manos –irme… Mai dice que ya van –apreté las manos en un puño –a cerrar la guardería. Lo siento Sugiura.

Y di media vuelta para huir casi con pánico. Moví las piernas con velocidad y en breve estuve montada sobre mi moto. Puse la llave, la giré y arranque sintiéndome más tranquila, pero de cierta forma con un vuelco en el pecho. Que fue eso… no había superado para nada a Fujino, aún me causaba ese impacto, y con horror admito que es más fuerte que antes. Bien Kuga, está bien, todo está bien, te gusta Fujino, está bien, no hay nada de malo, ¿verdad? No hay nada de malo siempre y cuando solo me guste.

Los días posteriores al festival cultural me sentí sumamente consiente de la presencia de Fujino. ¿Por qué? No sabría decir porque, simplemente sabía que, a un lado, bastante lejos por cierto, estaba ella, con toda esa excelencia, simetría y esplendor en su piel. Perfección que estaba lejos de mí, en todos los aspectos. Me regañe mentalmente, de alguna forma no quería seguir pensando en ella, no quería seguir sintiéndome con el corazón agitado, no podía seguir así, es un obstáculo. ¿Entrare en caos cada vez que la tenga cerca? Eso no es vida. Tenía que detener esto, ¿pero cómo? Bien podía intentar que ya no me gustara.

La mire cuando estábamos en clases, discretamente volví a verla desde mi asiento en la ventana, como siempre, estaba sentada en uno de los lugares del fondo, con una falda gris, con medias negras y una blusa un tanto formal, algo muy simple, pero... lucia sublime… me quede unos segundos, pero tan solo unos pocos, sin aliento. Maldición, así no se puede, no con esas malditas y sensuales medias carajo. Si no podía hacer que me dejara de gustar, solamente haría como si no estuviera ahí… aunque eso tampoco funcionaba, porque inconscientemente buscaba no toparme con ella. Suspire, semanas después, seguía recordando la visión de Fujino en kimono.

-Kuga, tengo excelentes noticias –a principios de diciembre Sugiura me recibió una mañana sumamente emocionada.

- ¿noticias de qué? –la mire con ceño, era viernes y quería irme. Ella se acercó más a mí en tono confidencial.

-me llego un rumor, de que, en los últimos dos días, se ha visto un tiburón de siete metros en la bahía de Sagami –le brillaban los ojos, pero yo la mire sin alguna expresión. Parpadee un par de veces, ella me miro, yo la mire, y nada más.

- ¿Y? –Sugiura torció la boca –ok, dudo que sea de siete metros, siempre exageran.

-ese no es el caso Kuga –dijo exasperada - ¿de cuándo acá vemos un tiburón con esas dimensiones?

-nunca –me encogí de hombros -solo podría ser un tiburón blanco y es más común en el litoral asiático, además, no es temporada, y con la pesca excesiva de tiburón, gracias a los chinos, no hay especímenes tan grandes –dije con solemnidad, yo lo sabía todo.

-no me refiero a eso bestia –Sugiura se notaba alterada –me refiero a que podría ser un cambiante –dijo mascullando las palabras. Yo me quede estática, sin creer lo que me decía.

-ohhh –dije después de un rato –te deseo suerte Sugiura –y me di media vuelta para marcharme.

-no, no –enseguida me tomo de los hombros –tienes que acompañarme.

-debe ser una broma –me gire a verla sin creer lo que decía - ¿quieres que nos maten? No nos comparamos con esas especies, son tiburones Sugiura, tiburones, mal carácter y muchos dientes, no, gracias.

-entonces le diré a todo el mundo que eres un cambiante –la mire ofendida.

-tú también lo eres.

-sí, pero no tienes pruebas –me sentí tan expuesta que no sabía cómo actuar.

-pero que ultraje –me aparte unos pasos y la mire sorprendida –haz lo que quieras Sugiura, que bajo caes.

-entonces le diré a Tokiha que la engañas y le contare todos tus secretos –la mire, si es que se podía, aun mas ofendida - ¿no estamos llegando a nada, verdad? –Resople con indignación –solo acompáñame a echar un vistazo, no te digo que nos vayamos a meter al agua –entorne los ojos –te haría bien, me haría bien.

- ¿en qué me haría bien? –la mire, ya sin ningún rasgo de credibilidad.

- ¿crees que no noto lo tensa y estresada que estas? –apreté la boca, ella tenía un punto.

Pese a la ofensa, acepté ir con ella, así que al siguiente día me fui con ella a un pequeño viaje a la bahía. Cuando se lo dije a Tokiha en la noche creí que me preguntaría, pero no, ni siquiera pregunto con quién iba y que iba a hacer, simplemente acepto el "voy a estar fuera todo el día", no se otras personas, pero para mí era conveniente, porque me descubrí a mí misma anhelando salir a ese pequeño viaje. Así que temprano en la mañana, me puse unos pantalones gruesos, unas botas, una camisa y mi chaqueta para la moto. En media hora estuve en el estacionamiento de Sugiura dejando mi moto, para subirme a su auto.

Con cierta emoción me senté en el lado del copiloto y me ajuste el cinturón, curiosamente no hablamos de nada, Sugiura tomo la carretera de Tomei y a su debido tiempo nos desviamos hacia Chigasaki, llegando al fin a la bahía. El viaje fue un poco lento, pero me sentí bien, tuve tiempo de pensar en mí, ya que no tenía que poner atención en la carretera porque yo no estaba manejando el vehículo. Cuando al fin llegábamos a la bahía de Sagami, antes de ver el mar, ya sentía la sal en la nariz; al llegar y hacerse cada vez más fuerte el olor, Sugiura giro a la derecha y de pronto a mi izquierda tenía todo el paisaje del mar, sentía que la sal me picaba la nariz, pero era una bonita visión, el mar era de un azul oscuro intenso y en el horizonte se veía el cielo gris. Contrariamente a lo que siempre se espera de un día en el mar, estaba nublado y con cada ráfaga de viento se sentía la humedad.

Sugiura no se detuvo hasta que llegamos al puerto Oiso, ahí, lentamente llegamos a un estacionamiento que quedaba de cara a la boca del puerto; caminamos hasta el muelle, pero pronto lo deje atrás, deje a Sugiura y me adelante hasta llegar a un rompeolas, ahí el viento era más fuerte, siempre con toda esa sal, pero la visión del mar meciéndose suavemente era hipnótica y me hacía sentir bien. Me quede de pie frente al mar, viendo la lejanía, donde mis ojos decían que era el final. Suspiré sin explicación y seguí viendo a algún punto perdido entre el cielo y el mar.

- ¿muchas cosas en las que pensar Kuga? –Sugiura me alcanzo después de un rato.

-unas cuantas, si… -le dije con voz ausente, sin mover mis ojos del horizonte.

- ¿y los suspiros a quien son? –fruncí tenuemente las cejas. No conteste de inmediato.

-a nadie –de pronto me encontré en un estado donde no quería hablar, quizás porque sospechaba…

- ¿desde cuándo estas enamorada de Fujino? –soltó de pronto y mi corazón dio un brinco, horrorizado. Tensé la boca y las cejas ¿enamorada yo? Se me escapo un bufido antes de voltear con una sonrisa irónica.

-yo no estoy enamorada de Fujino –la expresión de Sugiura era como si ya esperara esa respuesta mía.

- ¿desde cuándo Kuga? ¿Desde cuándo la conoces? –Me miro directamente a los ojos y me sentí descubierta, no supe como contestar, o más bien, no quería contestar –no es algo de apenas el año pasado ¿eh? –su mirada inquisitiva me hacía sentir incomoda, ¿era eso? ¿O porque estaba sacando conclusiones de mí? –Admítelo Kuga, te sentirás mejor –de pronto me note que estaba reteniendo el aire, pero ya no podía más, exhale fuerte y se sintió bien.

-ella me gusta ¿sí? Solo eso –enseguida fruncí las cejas y dejé la sonrisa a un lado.

-y solo por eso cada que la ves se te va el alma en suspiros –sus cejas volvían a estar relajadas, era como un "no te lo creo, porque ya se la verdad" pero ¿Cuál verdad? ¿Qué verdad?

-sí, solo por eso… solo me gusta Sugiura, solo me puede gustar –tensé los labios, recordando –la conocí el primer año en Fuuka.

- ¿y qué paso? –mire al suelo, recordando el festival y sintiendo un mal sabor.

-paso que dijo que no le gustaban las chicas, luego volví a intentarlo con otra forma y también me rechazo… -aun me dolía recordar el rechazo, ya habían pasado un par de años y aun dolía, era como si regresara a ese mismo instante y viera sus ojos, su expresión, y ollera sus palabras, como si no hubiera pasado el tiempo, pero sí que había pasado el tiempo.

-uno no se enamora con la condición de ser correspondido –después de un rato hablo Sugiura. Sus palabras fueron extrañas pero certeras -no hay condiciones... yo que tú, lo intentaba una vez más, acércate y con el tiempo, con el día a día, ¿Qué tal si así se acaba la ilusión? –fruncí las cejas.

-eso no puede ser Sugiura –le dije con voz ronca –yo tengo a Mai –y con ello quería decir que no había pie para más.

-ah sí, los lobos nunca dejan a su pareja –alce una ceja.

-no es como si mi especie dictara mi conducta, pero se lo prometí a Mai.

-cuando pasen los años, te darás cuenta de que una promesa hecha a un humano, no sirve de nada –ahora ella miraba a la lejanía.

- ¿Por qué lo dices? –no es como si me sintiera ofendida, ya que parecía saber bien sobre eso.

-porque los humanos no viven tanto tiempo como un cambiante –el silencio se hizo, como una niebla densa a nuestro alrededor. No había pensado en eso, en que somos diferentes, en que en algún punto Tokiha va a morir, ¿envejecerá y yo seguiré siendo joven? ¿Cuándo? ¿Cómo será? Llegará un punto donde… ¿Dónde nuestro aspecto sea dispar? ¿Yo joven y ella envejecida? ¿Cuándo llegue ese momento que hare? De pronto sentí caer en un vacío, el vacío donde estaban puestas todas esas verdades que no había visto.

-vamos Kuga, hay cosas que hacer –Sugiura me dio un toque en el hombro y emprendió el regreso al puerto, con el ceño fruncido la mire irse ¿cosas que hacer? Yo tenía cosas más importantes en las que pensar. Y aun así, me apresure a llegar a su lado. En unos minutos llegamos a los muelles y tan tranquila fue directamente a un bote y saludo a un hombre que estaba parado enfrente, luego, para mi asombro, el hombre le dio unas llaves y se fue de lo más relajado. Cuando volví a ver a Sugiura, ya estaba trepándose al bote.

- ¿pero qué carajo? –dije sin salir de mi asombro.

-vamos Kuga, el tiempo apremia –ya ahí arriba fue hasta los controles y encendió el bote.

- ¡me dijiste que no nos meteríamos al mar! –le espete.

-y no nos meteremos al mar, solo estaremos sobre el mar –decía mientras hacía figurillas con las manos - ¿te quedas? –alzo las cejas, sentí ese gesto como "pobre Kuga", bufé molesta y con pasos decididos subí al bote, sin embargo mis piernas empezaron a temblar una vez que el bote comenzó a adentrarse más en el mar, solo podía pensar en tiburones monstruosos.

-hace buen tiempo, a pesar de todo –decía desde el control de mandos.

-no sabía que podías manejar un bote –continúe la plática aun sin olvidar los tiburones.

-bueno –se encogió de hombros -los años pasan y una debe ajustarse a las circunstancias.

- ¿alquilaste el bote o es tuyo? –lo manejaba demasiado bien para mi gusto.

-nah, en ese lugar los alquilan, además, ¿sabes lo costoso de tener un bote? Pagar por el bote, pagar por el muelle que ocupa el bote, mantenimiento, gasolina –poco a poco iba enumerando cosas con los dedos –es demasiado gasto.

-por cierto, Sugiura… ¿Qué edad tienes? –no podía tener mi edad, y por supuesto no podía tener menos de treinta.

-Kuga, que falta de respeto preguntarle a una joven dama su edad –volteo el rostro indignada.

-pues calculo que mínimo unos cincuenta años –volteo a mirarme, enojada y con la boca torcida, después de eso no volvió a hablar y estuvo de mal humor, pero nunca negó la edad que le atribuí, que fuerte.

Lentamente, las horas fueron pasando y Sugiura seguía manejando el bote hacia el horizonte, sin mostrar señales de detenerse, y poco a poco mi ansiedad se hacía más grande ¿hasta dónde mierda planeaba llevarnos? Comencé a impacientarme, movía frenéticamente mi pie derecho, luego los dos, hasta que la paciencia se me acabo, igual que la prudencia y estalle.

- ¡ya está bien Sugiura! No hay que ir tan lejos –porque en mi cabeza, solo imaginaba los tiburones mirando como cada vez nos acercábamos más a ellos, sin escapatoria.

-aun no –dijo e instantes después la velocidad del bote fue disminuyendo –ahora si, por aquí fue visto el tiburón –yo sentí como una bomba caía en mi pecho ¿el puto tiburón? ¿Estaba loca? ¡Estaba loca! –Ven, vamos a mirar –y salió de la cabina para bordear la estrecha cubierta hasta llegar a la proa, yo mientras, no me moví de mi lugar en la cabina, entre más lejos del agua mejor –te estás perdiendo lo mejor Kuga, hay enormes peces aquí enfrente.

Esta era mi primera visita al mar y seguro la recordaría con horror. Pasaron largos minutos mientras Sugiura estaba asomada por la proa y yo seguía en la cabina.

-Kuga, deberías superar tu miedo, no hay ni un puto tiburón aquí –dijo desde su lugar, casi metiendo la cabeza al agua. La verdad, sus palabras me picaron el orgullo, yo no tenía miedo, solo estaba siendo precavida para preservar mi pellejo, pero si iba a ser así… me levante de mi asiento, exhale y me quite la chaqueta, para pronto salir al estrecho pasillo que llevaba a proa. Mientras atravesaba el pasillo, cada vez era más evidente para mí que me temblaban las piernas, e intente no pensar en tiburones. "No hay tiburones, no hay tiburones, no hay tiburones…" me fui repitiendo hasta llegar donde estaba Sugiura sentada, y con toda mi dignidad eché un vistazo en derredor. El mar se veía enorme y sumamente profundo, con algunas partes de un verde casi negro, "mierda, si hay tiburones solo que no los veo".

-bueno, ya llevamos un rato aquí, deberíamos irnos –dije con firmeza, para que no se viera mi nerviosismo.

-siéntate aquí a ver los peces –Sugiura parecía divertida y eso me irritaba.

-un rato y nos vamos eh –poco a poco fui agachándome hasta que me senté, pero, aunque me senté no podía relajarme, sabía que había tiburones, lo sabía, así que miraba a todos lados, para mi suerte, si ocurría un accidente, no había más botes cerca.

-oye, no es como si fuera a venir un tiburón a despedazar el bote –no termino de decir eso cuando algo golpeo el bote.

- ¿Qué mierda dices? ¿Y eso que putas fue? –rápidamente entre en pánico y no me moleste en ocultarlo.

-tranquila, solo debe ser una ola, nada ma… –volvimos a sentir otro golpe más fuerte –s… -y no demoro ni un segundo cuando por la proa de pronto se asomó la monstruosa cabeza de un tiburón que golpeo tan fuerte el bote como para que yo rodara y cayera al mar, sí, yo y solo yo caí al mar, porque Sugiura se sujetó al guardamancebo. Si sobrevivía, iba a matar a Sugiura.

En realidad, cuando caí al agua, no tuve tiempo a pensar en algo, de hecho, la realidad no llego a mí hasta que sentí el agua salada mojándome, metiéndoseme en la nariz y oídos. Inmediatamente abrí los ojos bajo el agua y el horror se hizo presente, abajo en las profundidades había como veinte tiburones de varios tamaños dando vueltas. Quizás sentí verdadero pánico y supongo que esto detono algo en mi sangre, porque sufrí el cambio más rápido hasta la fecha, rápidamente mi cuerpo fue creciendo hasta dejarme en la forma de guerra*, con la piel poblada de pelos, con enormes garras y colmillos, pero sobre todo con fuerza y agilidad; haciendo uso de esto último me moví frenéticamente hasta llegar a la superficie y aferrarme con las garras al costado del bote, y con el alma que lleva el diablo enterré las garras hasta subir a cubierta.

Cuando toque el suelo del bote, respire agitadamente y me sentí como un gato que escapa del agua. Demore solo unos segundos para ver a mi alrededor y encontrar la cabeza del tiburón en la proa, quizás por la adrenalina en mi sangre fue que crispe las garras y me lance al ataque sin pensar en que oportunidades tenia. Aunque viéndolo en perspectiva, no tenía ninguna oportunidad. Sin embargo, en ese momento no lo descubrí, estaría por lanzarme a dar zarpazos al tiburón cuando Sugiura me contuvo, y después de algunos segundos fue que empecé a oír su voz a lo lejos.

-cálmate Kuga, cálmate, no pasa nada –repetía constantemente, hasta que llegue a comprender, entonces deje de tensar el cuerpo y gire a verla solo un instante para volver a ver al monstruoso tiburón.

-el tiburón –deje escapar torpemente de entre las fauces –va a… va a… –y se avivo la rabia en mis venas, queriendo atacar de nuevo.

-no, no es – ¿Cómo que no era? Estaba viendo perfectamente a un tiburón en la proa –bueno, sí, pero no, es un tiburón salmón, no es un gran blanco, no nos hará daño –ya que decía eso, empecé a notar la multitud de manchas negras salpicadas en la boca, y sus dientes no eran tan prominentes como los de un blanco, de hecho, no era tan grande –ya hablé con él, sosiégate –dijo mientras me zarandeaba. Unos minutos después pude tranquilizarme, pero no le quite los ojos al tiburón, quien también me veía fijamente con esos ojos redondos y negros.

Una vez que llegue a un estado más calmado, me dejo para ir con el tiburón, y como si fuera cosa de todos los días, se paró frente a él para hablar. Si estaba asustada no se le notaba. Al final, de que rayos hablaron, no lo sé, pero se despidió del escualo y volvió a mi lado de lo más normal mientras que el tiburón se sumergió. ¿Qué? ¿Solo yo había sentido el horror?

-una mierda que te vuelvo a acompañar Sugiura.

Al final, el tiburón se había mostrado creyendo que éramos pescadores y quería darnos un susto, según Sugiura que hablo con él, y si, era un cambiante, solo que no se mostró en ninguna otra forma, pero Sugiura estaba que rebosaba de felicidad, después de todo, había podido entablar una conversación, sin embargo, no se daba cuenta de las cosas como yo, bajo nosotras habían muchos más tiburones, nos pudieron haber devorado, estábamos en peligro, puro y verdadero peligro.

-son Samebito, no nos harán daño –dijo Sugiura después de que le plantee la pregunta –si fueran Rokea si habrían despedazado el bote, tuvimos suerte ¿eh?

-una mierda con tu suerte –le dije mientras esperaba a que se secaran mis ropas.

Después de llegar al puerto y entregar el bote al dueño, donde claro, nos preguntó cómo se habían hecho las marcas de garras. Obviamente, le explicamos que no teníamos ni idea de cómo se hicieron las marcas, pero el hombre no se mostró muy convencido, por lo que después de un pago extra, lo acepto de mejor modo… después de eso, y con menos dinero cada quien, nos fuimos a comer a un restaurante que estaba ahí mismo en el puerto. Estábamos de camino y yo me sentía rara, o quizás era mi ropa que apestaba a sal.

-no sabía que te dieran tanto miedo los tiburones Kuga -fruncí el ceño.

-no me dan miedo -dije tozuda.

-no, solamente hacen que casi ensucies los pantalones -apreté los dientes, me estaba haciendo enojar.

-muérete Sugiura, muérete, si hubieras visto la cantidad de tiburones y los absurdos tamaños que tenían...

-por cierto, ¿qué vas a hacer con Fujino? -me cambio el tema por completo. Solté un bufido y relajé las cejas.

- ¿qué voy a hacer? Nada voy a hacer, seguiré tomando mis clases, y tal vez la vea a lo lejos.

Ella se quedó largo tiempo en silencio, como pensando en lo que le había dicho. Probablemente me diría algo para contradecirme, pero poco o nada podía hacer, mi palabra estaba dada.

- ¿cómo es que te interesaste por Fujino? -dijo al cabo de un rato, cuando llegamos al frente del restaurante.

-ella... -parpadeé un par de veces, era verdad, nunca se lo dije a Sugiura -tiene sangre sobrenatural.

- ¿qué? ¿Fujino? -me volteó a ver asombrada, yo asentí con la cabeza -de alguna forma... lo imaginaba -dijo tallándose la barbilla aun asimilando la noticia -es decir, es guapa, más bien, demasiado guapa -fruncí las cejas -tiene porte, elegancia, magnetismo natural... presencia -ver como enlistaba las cualidades de Fujino, de alguna forma... me irritaba.

Entramos pronto al restaurante, tomamos asiento en silencio, tomaron nuestra orden… todo muy mecánico. Yo pensaba en Fujino, y Sugiura tenía cara de también estar pensando en algo, o quizás también en Fujino.

-entonces... -empezó luego de que se fuera la mesera -te acercaste a Fujino porque tenía sangre sobrenatural y terminaste enamorada de ella -fruncí las cejas, no me gustaba que tratara mi vida como si fuera algo banal, para mí era importante. De pronto, volvió a verme con ojos brillantes y esperanzados, sin decir una sola palabra pude imaginar que se le pasaba por la cabeza a esa estúpida aficionada a los enigmas.

-nunca y jamás, me oyes Sugiura -le dije en tono severo.

- ¡por favor! -suplico.

-no, es un ultimátum -le dije tajante.

-puedes hacerlo, solo una gotita, sé que tú también quieres saberlo -si, Sugiura quería que de alguna forma consiguiera sangre de Fujino para determinar a qué especie pertenece. La verdad, la curiosidad también me carcomía, pero conseguir sangre de Fujino seria por muy, muy lejos, imposible.

-ya te dije que no, por tu culpa hago cosas que jamás había pensado –la mesera nos trajo la orden.

-bueno… está bien –empezó con el primer bocado –de todas maneras, creo que eres un imán para los cambiantes, si me quedo contigo veré todo lo que he soñado en mis años de investigación - ¿me estaba tomando en cuenta? ¿Acaso tomaba mi opinión? Bufe.

-mientras no conozca a los hombres cangrejo… -dije con voz muy, muy baja, pero lo escucho.

-oh por Inari, ¡esos no los conozco! –Me arrepentí tan solo dos segundos después de haber dicho eso –cuéntame sobre ellos, todo lo que sepas.

Y así, con la curiosidad y el poco tacto de Sugiura, pasamos la comida y el viaje de regreso hablando sobre los hombres-cangrejo. Para su mala suerte solo los había escuchado mencionar de mi tío, sin embargo, enseguida comenzó a sacar conclusiones, a mencionar un montón de títulos de libros y para cuando llegamos a su departamento ya tenía un plan de trabajo. Por suerte para mí, yo monte mi moto y me fui, dejándola con sus hipótesis e investigaciones, no creo que haya algo más revitalizante para Sugiura que decirle un chisme, un rumor o habladuría sobre un cambiante.

Después del viaje a la bahía, pasaron un par de semanas más para que volviera a ser temporada de exámenes, por extraño que parezca, me estresaba, los exámenes de aquí no eran tan sencillos como los del bachillerato, en especial el taller de comunicación, ¿Por qué llevaba eso? así que pase largos días de tensión y estrés mientras preparaba trabajos de investigación además de estudiar, así que cuando al fin termine el último examen respire tranquila y recibí gustosa las vacaciones, y entonces, esa tarde mi madre llamo por teléfono preguntándome si volvería por las vacaciones. Eso no lo había pensado. Así que me vi en un dilema ¿regresaba por las vacaciones? ¿Qué haría Tokiha? ¿Qué haríamos con Ichiro? Después de cortar la llamada con mi madre, le pregunte a Tokiha.

-pienso regresar, tiene mucho que no veo a Takumi y me preocupa –aja, su decisión estaba dada ¿y…? (La pregunta más esperada) ¿se quedaría ella con Ichiro? –Tú vas a cuidar de él estas vacaciones –mis ánimos se fueron y torcí la boca –yo lo llevé nueve meses en mi útero - ¿ella siempre iba a utilizar ese chantaje? Porque le estaba funcionando. Exactamente dos días después, cuando termino la limpieza exhaustiva de la casa por el kotohajime, se marchó, dejándome a mí y a Ichiro… ¿Cómo rayos iba a llevarlo hasta la casa de mi madre?

Por dos horas me senté en el tatami a pensar que haría, mientras la pequeña bola de carne que llevaba mi sangre reposaba en mis piernas. Al principio pensé en ir en tren, pero tendría que dejar mi amada moto, y eso no podía ser, así que debía encontrar la manera de llevarme a ambos, pensé… y pensé, y pensé… hasta que se me ocurrió algo. Baje los ojos a ver al creciente retoño. Era tan tranquilo, tan silencioso… y tenía unos cachetes tan grandes, su rostro era redondo y esponjoso, de vez en cuando, cuando Tokiha no me miraba, jugaba con sus mejillas, pero eso no venía al caso. Dejé sus gorditos cachetes y me puse de pie, la decisión ya estaba tomada. Fui al centro comercial más cercano y compré una cangurera y una chaqueta grande. Al final, empaque lo necesario, me puse la cangurera, me cargue a la bola de cachetes y sobre él la chaqueta, cuando la cerré, no parecía que tuviera una criatura ahí. Reí para mis adentros. Me veía como un tipo gordo, pero no más.

Con todo ya preparado monte en mi moto y de esta forma nos fuimos hasta la casa de mi madre. Tal como lo espere, Ichiro era sumamente silencioso y no causo ni un solo problema. Aunque cuando llegue a casa de mi madre y ella descubrió mi estrategia me regaño por ser irresponsable y prácticamente me despojo de la criatura, sin saber que a mí me hacía un favor. Durante las vacaciones Ichiro fue el tema de todos y pasaba de mano en mano, siempre había alguien que quería tenerlo en los brazos, por suerte para mí, casi no tuve que cuidarlo.

Las dos semanas de vacaciones pasaron muy rápido, y de pronto tuve que volver a juntar todas mis cosas y empaquetarlas para regresar a Tokio. Fue duro para los demás desprenderse de Ichiro, fue más duro para mí tener que regresar a mi responsabilidad de cuidarlo. Así que lo arrope bastante bien y bajo la reprobatoria mirada de mi madre, me monte a mi moto con todo y crio. Me despedí de todos y en unos segundos ya estábamos en la carretera dejando a todos atrás. Tardamos varias horas en llegar, pero aun así el camino fue tranquilo por el pacifico comportamiento de Ichiro. Cuando al fin llegamos al departamento Tokiha aún no volvía. Así que tuve un día más para hacer de verdadera madre de la criatura, hasta nos bañamos juntos, fue raro.

Al día siguiente Tokiha regreso en el tren del medio día y nada más ver a Ichiro me lo arrebato de los brazos. En los días siguientes estuvo muy apegada a él y yo prácticamente solo lo veía de lejos, al principio no dije nada, pero después me sentí ofendida, oye, que yo lo he cuidado más que ella y ahora resulta que lo ha echado de menos, ¡Qué ironía! Si en los primeros meses no lo cuido y parecía importarle poco su existencia. Sin embargo, respiré profundo y no dije absolutamente nada. Las clases en la universidad iniciaron y volví a ocuparme.

- ¿sabes lo que he escuchado de Ishida-san? –me dijo Sugiura la tarde del primer día de clases, cuando fui a visitarla.

-no, ¿Qué? –Sugiura siempre empezaba la conversación con una pregunta, como si yo en verdad pudiera decirle: si, si lo sé.

-va a haber un congreso –y cambio la página del libro que leía –van a venir un montón de especialistas de todo el país a dar conferencias.

- ¿de todo el país? –bien, había captado mi atención.

-oh si, puedes aprovechar esto para empezar a pensar en tu trabajo de titulación* –yo exhale.

-hey, ¿no te parece que aún falta mucho para eso? unos tres años más, ¿quizás? –Sugiura dejo el libro.

-me refiero a que todos estos conferencistas te pueden dar ideas –me rasque un poco la cabeza, ella tenía un punto.

- ¿y cuándo será este congreso?

-después de la Golden Week –resople.

- ¡falta mucho!

Cuando me entere de la noticia era enero, así que en verdad faltaba mucho para el supuesto congreso, pero lo espere con ansias, porque comencé a preguntarme que temas expondrían y si en verdad llamarían mi atención. Los meses pasaron y llego el momento donde anunciaron el congreso, justo cuando estaba por acabar marzo, en el fin del periodo. Y así, tan rápido como había empezado, había terminado un siclo. En la última clase de cálculo, la que compartía con Fujino, me despedí silenciosamente de ella, en mi mente dije "hasta luego" mientras veía alejarse ese hermoso cabello castaño que casi rosaba su exquisito y bien formado trasero; quien sabe si tendría la oportunidad de compartir una materia con ella en el siguiente año, así que me despedí. El instituto de tecnología era tan grande, que quien sabe que podría pasar. Sin embargo, las cortas semanas de vacaciones se acabaron demasiado pronto y casi sin sentirlo ya estaba recibiendo mi horario nuevo.

Obviamente cuando entre a mis nuevas clases, miraba en derredor, pero no la encontré, en esos primeros días me dije que era normal, después de todo no se puede tener tanta suerte y añore el vaivén de su cabello sobre sus nalgas. No obstante, para mi sorpresa y para compensar la falta de Fujino, note cuando entre a la clase de Ecuaciones Diferenciales y Series que mi profesora, la increíble Baba-sensei, era sumamente guapa, joven y tenía unos enormes senos a pesar de ser completamente japonesa. Ella era alta, rondaba los 1,64, tenía unos labios exuberantes, dientes perfectos y el cabello negrísimo, además de que su piel era blanca como la leche y gustaba de usar escote. En seguida de que la vi me impresioné, demasiado guapa para ser una simple humana me dije.

Pero como no todo era como creí en esos cortos segundos de admiración, pronto y sin esperarlo, Fujino entro a la clase de Baba-sensei. Se me cortó el aliento y las ganas de mirar el escote de Baba-sensei, así que la seguí con la mirada hasta que tomo su acostumbrado asiento al fondo del salón. Llevaba un pantalón ajustado y una chaqueta. Casi sin mostrar nada yo sabía que el cuerpo de Fujino sería tan deslumbrante como el de Baba-sensei o aún mejor. Di un corto suspiro y en cuanto escuche a Baba-sensei empezar con la clase, voltee a poner atención, aunque debo admitir que lo que se robaba la atención de todos eran sus enormes senos moviéndose bajo el escote.


*Ryunosuke; Sig.: Hijo del dragon.

*Toranosuke; Sig.:Hijo del tigre.

*Ichiro; Sig.: Primogénito.

*Furisode: Una variedad de Kimono reconocible por sus mangas largas.

*Hikifurisode: Es un tipo de Furisode muy formal, antiguamente se usaba generalmente en negro (muy elegante).

*Tabi: Calcetines tradicionales japoneses.

*Zori: Sandalias japonesas, en el hikifurisode casi no se notan, casi.

*Forma de Guerra (Crinos): Ésta es la forma preferida para el combate. En ella, el Garou aumenta su masa hasta triplicar su masa en forma homínida, con lo que puede pesar fácilmente de doscientos a trescientos kilos de músculo, pelo y mucha rabia.

*Samebito: Hombres-tiburón pertenecientes a la rama asiática.

*Trabajo de titulación: No sé si allá se haga algo como eso, pero aquí, en México, sí.

Términos importantes:

-Cambiante: humanos u animales con la cualidad de cambiar entre fases de uno a otro.

-Parientes: humanos con sangre sobrenatural, sin posibilidad de cambiar de forma.

-Metis: resultado del cruce entre dos cambiantes. Siempre tendrá un defecto: ceguera, cuernos, albino, joroba, débil fisiológicamente, débil mental, miembros atrofiados, convulsiones, sin cola, sin sentido del olfato, sin pelo, yagas en la piel, etc. (más adelante aparecerá este término)

-Cambiante+pariente=cambiante o pariente.

-Cambiante+humano común=pariente o cambiante (muy bajo porcentaje).

-Pariente+pariente=cambiante (bajo porcentaje) o pariente.

-Cambiante+cambiante=metis.

Contestando a las dudas:

-Las criaturas deformadas se dan únicamente cuando: son dos cambiantes los que engendran (sin importar especie, lobo/zorro, zorro/dragón, dragón/felino, etc.)

-La forma de que no nazca un metis es que un cambiante se cruce (por así decirlo) con un poseedor de sangre sobrenatural, o un humano común.

-No importa si un cambiante de raza de lobo se cruza con un poseedor de sangre sobrenatural de otra raza, al final (si es que llega a heredar el don de cambiante) tiene un porcentaje elevado de heredar la raza del progenitor cambiante, y otro porcentaje menor de heredar la raza del progenitor pariente, todo está en cuan diluida esta la sangre sobrenatural.

-Los dragones no son hechiceros, los hechiceros son humanos %100, igual que los cazadores; los dragones tienen muchos dones iguales o aún más poderosos, pero no son hechiceros.

-Mai no es un cambia-formas, si fuera así, se hubieran dado cuenta por medio del ritual antes hecho.

Si alguien tiene más curiosidad, puedo compartirles mis libros de Hombre Lobo El Apocalipsis, además, en el libro más reciente sobre razas cambiantes, hay mucha información interesante, yo me sé todo esto porque soy muy aficionado y me he leído casi todos los libros (excepto esos que no he logrado conseguir). Cualquier cosa, mándenme un mensaje privado.

Y, por último, lamento la tardanza, he tenido mucho trabajo desde el martes (lo malo de ser adulto (?)) y justo cuando ya me iba a dormir me llego el correo de un comentario preguntando por el capítulo, y bueno, me he comprometido así que aquí esta.

Gracias por leer, por su tiempo, por sus comentarios, por seguirme y por seguir el FF, nos leemos en el siguiente.

Reeditado, sé que hay un error, pero no lo encuentro, si alguien lo ve avíseme.