UN NOMBRE PARA TI…
Reclaimer: todos los personajes de este fic (excepto uno) no me pertenecen a mí sino a la gran Shinobu Ohtaka y son de la serie "Magi: Labyrinth of the magic" Así que no se admiten carnets falsificados ni nada por el estilo.
Advertencias: ¡La primera del fic! (wii~~~) Judal aprenderá qué es un orgasmo, pero sin llegar a entrar en Zuòbi ^o^
Capítulo 8: Una noticia fatal
Los días habían transcurrido entre bromas y risas para los dos jóvenes seres, que desafiaban a cualquier a resistirse a sus juegos. Sin embargo, envuelto en las sombras, la organización Al-Sarmen había ido preparándose para un gran acontecimiento que decantaría la balanza a su favor… si todo salía bien, claro.
- Nada puede fallar… -habló con solemnidad el miembro más poderoso que se encontraba en la reunión, recibiendo como respuesta gestos de asentimiento por parte del resto de miembros.
- ¿Quién se encargará de transmitirle las órdenes al magi? –preguntó una mujer cuyo rostro seguía oculto tras un velo blanquecino, aunque parecía ser lo único de su cuerpo oculto a la vista, teniendo en cuenta el escaso vestuario que llevaba.
- De eso ya me he hecho cargo… -respondió con seguridad otro de los miembros más importantes.
Mientras tanto, en algún lugar recóndito del palacio de Kou, un joven y poderoso magi estaba siendo informado de la decisión de la organización con respecto a la misteriosa prisionera que él mismo estaba custodiando día tras día.
- ¡¿Qué?! –gritó Judal ante las palabras que acababa de oír. Debía estar en un error, Al-Sarmen no podía estar pidiéndole "eso" a él. Una cosa era vigilarla, y hacer travesuras con ella en secreto, pero otra muy distinta era lo que ellos decían… No, seguro que estaba equivocado… debía ser eso.
- Como has escuchado, muchacho… son las órdenes de la organización, no se puede hacer nada para cambiarlo –continúo diciendo sin darse cuenta que acababa de lanzar por la borda todas las especulaciones y esperanzas del joven frente a él, que lo miraba ahora como si le hubiese salido una cabeza extra tras el velo.
- Pero… ¿eso? ¿No es…?
- No –cortó rápidamente, antes de que el joven se negase a hacerlo –Será dentro de tres días, después de eso ya no tendrás que seguir vigilándola nunca más… -intentó animarlo para conseguir lo que deseaban. Después de muchos años con el joven, sabían de diversos trucos para conseguir su colaboración.
Lo que el miembro de la oscura organización no sabía, era que eso era lo que menos deseaba el travieso magi, que había hallado en la prisionera su juguete ideal y no quería perderlo tan pronto. Aún no se había cansado de jugar con ella, aún le quedaban muchos trucos por enseñarle… no podían quitársela así como así, ¿verdad?
- Contamos con tu poder, oráculo… -se despidió el hombre del velo junto con una leve inclinación, antes de perderse por los interminables pasillos dejando al susodicho ensimismado en una única palabra…
- Profanarte… -le contó él unas horas más tarde, mientras se enfrentaban en el mismo valle de la primera vez, y como la primera vez, ella era la que iba ganando. Aunque esta vez, Judal tenía la excusa de que sus pensamientos estaban perdidos en aquella orden maldita.
- Violarme en palabras más sencillas –susurró ella mientras continuaba agitando su pequeño báculo y sonreía ante los intentos inútiles del joven por atacarla -¿Qué es lo que te preocupa tanto, hombretón? En cuanto quiten los sellos, los mataré antes de que puedan tocarme…
- Seré yo –interrumpió el joven, deteniéndose en el camino a pesar del ataque que iba directo hacia él. Por suerte, no hizo falta esquivarlo pues Zuòbi lo desvió con un sencillo movimiento de muñeca, antes de preguntarle qué había dicho –Seré yo quien te viole, Zuòbi…
- Tú…
El combate terminó en ese mismo instante, dejando a los dos jóvenes frente a frente, mirando el suelo a sus pies y ensimismados en sus propios pensamientos. Él pensaba en el momento, en que todo aquel juego terminaría, en que ella tal vez conseguiría lo que buscaba desde el principio de él y que se marcharía, dejándolo solo pero sobretodo tan aburrido como al principio. Pensaba en las tardes vacías, en las bromas pasadas que no se volverían a repetir… y en los secretos que solo ambos compartían.
Ella en cambio maldecía interiormente a la dichosa organización por hacer precipitar los acontecimientos. Ya una vez Judal había tropezado en estos temas y se había alejado temporalmente de ella, y ahora ellos pensaban alejarlo para siempre. Si las cosas se torcían lo más mínimo, Judal jamás querría volver a intentarlo… Maldita sea, ¡había conseguido que la besase! Que él solo se atreviese a acortar distancia entre ambos… está bien, con distorsión y desafíos explícitos, pero él lo había hecho solo.
¡Malditos sean!
- ¿Y bien? –la pregunta surgió sola desde lo más profundo del alma, sorprendiendo a ambos seres que allí se encontraban. Zuòbi alzó la cabeza para mirar directamente a los ojos carmesís que suplicaban por alguna respuesta, aunque su dueño no se diese cuenta del gesto.
- Bueno… supongo que deberás profanarme, si eso es lo que tu estúpida organización quiere… -acortando las distancias, cogió con delicadeza y cariño el rostro del joven para que sus miradas se fundieran en una sola –Judal, deberás hacer todo lo que te diga… -entonces una idea surgió de su mente, haciendo que sonriese con satisfacción –Esto será como un nuevo juego…
- ¿Juego? –preguntó sin poder creerlo, pero viniendo de ella seguro que sería emocionante. El último gran juego…
- Sí, pero deberás confiar en mí… dime hombretón, ¿confías en mis juegos? –lo había llamado hombretón, y eso solo podía significar mucha diversión.
Con su típica sonrisa torcida, asintió a su pregunta. No hicieron falta más palabras para volver a sus puestos y retomar la batalla olvidada. Sin embargo, era ahora la joven la que estaba ensimismada en sus pensamientos y en el momento donde todo se decidiría, en donde tendría o perdería para siempre a su travieso y solitario hombretón.
Más tarde, cuando el sol ya no brillaba en lo alto del cielo sino que se empezaba a ocultar por el horizonte lejano e inalcanzable, Zuòbi le comunicó a Judal la decisión de que, ya que iba a profanarla, al menos debía aprender a cómo hacerlo para no quedar en ridículo delante de los miembros de la organización.
- Después de que lo hagas seguramente vendrán a comprobar que lo hayas hecho bien… no podemos permitir no estar a la altura de sus expectativas, ¿a qué no?
El joven asintió no muy convencido de a qué se refería exactamente, pero aun así muy seguro de que no quería hacer el ridículo ante nadie. El gran magi oscuro no podía profanar mal a la prisionera, eso estaba claro. Lo que este no sabía, era que en esta lección el violado tal vez sería otro y no exactamente la prisionera…
- Vamos, no pongas esa cara hombretón… solo vamos a entrenarnos, nada más…
La sonrisa de Zuòbi decía todo lo contrario y no dudó en decírselo, pero a pesar de eso decidió hacerle caso y seguir sus instrucciones al pie de la letra. Hasta ahora no había fallado en ninguno de sus juegos… aunque claro, aquellos eran inofensivos juegos y esto era algo más serio, una violación nada más y nada menos.
Comprobando que las puertas estaban cerradas y que los centinelas no podían escucharlo, se acercó hasta la joven que lo esperaba con una sonrisa coqueta y un brillo especial en la mirada. Tragando saliva la vio tomarlo de la mano y guiarlo hasta la enorme cama que ocupaba el centro de la habitación. Lo obligó a sentarse en el borde a pesar de sus fuertes protestas y oposición.
- Tienes que familiarizarte con ella, Judal. Al fin y al cabo, va a ser aquí donde vas a tener que hacerlo… Lo mejor es que te sientas cómodo encima de ella, así que relájate…
- Estoy muy relajado, Zuòbi. No sé de donde sacas que no lo estoy… -huyó de su mirada para que no se diese cuenta de su nerviosismo. Esta situación le hacía sentir muy incómodo, pues aún recordaba su incursión al pueblo y a aquel antro de lujuria que solo consiguió ahuyentarlo de estos temas. ¿Cuánto tiempo había pasado desde entonces? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Más?
Pero ella pareció más suspicaz, como siempre, y tomó de su barbilla para obligarlo a mirarla. En cuanto sus miradas chocaron, supo que estaba perdido, con sus ridículos sentimientos a flote. A pesar de los juegos que habían compartido, aún la maldecía por sacar a relucir cosas que era mejor mantener ocultas. ¿Tanto le costaba entender que a él no le gustaba mostrar sus sentimientos a nadie? En medio de esta guerra, lo mejor era desprenderse de lo innecesario… eso era lo que Al-Sarmen le había enseñado desde niño.
- Nos tomaremos todo el tiempo que haga falta, hombretón… -le sonrió antes de colocar sus delicadas manos en sus hombros y empujarlo hasta que su espalda tocó completamente la superficie del colchón. Ella permanecía semi-acostada a su lado, sin alejar las manos ni dejar de mirarle a los ojos, esperando que él se acostumbrara a aquella nueva posición.
- Y ahora… ¿qué?
Zuòbi sonrió aún más ampliamente ante su actitud exigente e impaciente, se relamió los labios y se inclinó más sobre su cuerpo antes de responderle con voz seductora –Ahora, voy a despertar a tu cuerpo dormido, hombretón…
Aquel fue toda la advertencia que tuvo por parte de ella antes de que acortara distancia y enterrase sus labios en su cuello, lamiéndolo y chupándolo con sensualidad. Su cuerpo no tardó mucho en reaccionar ante aquel nuevo estímulo, pero no como Zuòbi esperaba de él. Sus varoniles manos la empujaron bruscamente lejos de ella, lanzándola fuera de la cama mientras se ponía en pie y huía en dirección a la ventana.
- ¡Ay! Judal, ¿qué crees que estás haciendo?
El joven en cuestión estaba sacando su varita para destruir la pequeña barrera invisible que le impedía marcharse de aquella habitación y de la tramposa prisionera que vivía en ella, e irse directo a un baño de agua fría. Su traicionero cuerpo había vuelto a reaccionar como aquel día en la cocina, cuando ella lo había desafiado a besarla a través de trucos sucios…
Maldición, aquella parte de su anatomía volvía a doler como aquel día… debía darse prisa, había visto que a algunos hombres les funcionaba el baño, y ahora él quería comprobar que tan efectivo era.
- Judal…
- Me largo, esto no es emocionante… -dijo con convicción, empezando a invocar estacas de hielo que no tardaban en desaparecer en la barrera, pero sin hacerle ni un solo rasguño. Demonios, ¿cómo destruía ese estúpido hechizo? Su voz más cerca lo distrajo momentáneamente cuando se disponía a lanzar otra ronda de hielo.
- ¿Seguro? Tu cuerpo no parece opinar igual que tú…
- ¿A qué te refieres? –dejó de lado el inútil ataque y se giró para encontrarla frente a él, a escasos centímetros de su propio cuerpo, pero sin llegar a tocarlo en ningún momento. Prestó mayor atención a la dirección de su mirada, que parecía tener especial interés a la parte inferior de su cuerpo. Fue en ese momento, cuando se miró a sí mismo, cuando se dio cuenta de la protuberancia que se notaba a pesar de la ropa holgada que llevaba.
- Parece que el pequeño Judal ha despertado… -se burló ella, ladeando la cabeza y sonriendo ampliamente al ceño fruncido del joven, que no sabía cómo explicar aquella situación ni a sí mismo.
Se rio con más ganas cuando lo vio refunfuñar y maldecir por lo bajo, pero no dejó pasar la oportunidad de tenerlo entretenido para "motivar" más a su cuerpo. Tal vez si lo hacía deprisa, él dejaría de intentar huir y caería en sus redes nuevamente. Llevó una de sus manos hacia esa parte y toqueteó por encima de la ropa, obteniendo como recompensa un gemido ahogado por parte de él junto con un manotazo que apartó su mano del lugar.
- ¡¿Qué demonios crees que estás haciendo?!
- Saludando al pequeño Judalcito –contestó ella con falsa inocencia y un brillo especial en su mirada -¿Acaso no se notó? ¿Quieres que lo vuelva a repetir? –ya estaba estirando su brazo en aquella dirección cuando él lo agarró con fuerza y la obligó a apartarla.
- No hagas eso… -iba a preguntar porque no cuando él perdió la compostura y gritó exasperado -¡Duele cuando lo tocas!
Pero en contra de todo pronóstico, ella solo sonrió y se acercó más a él, a su rostro, antes de susurrar –Conozco una manera de aliviarlo, hombretón, déjame aliviarte…
Él buscó y rebuscó en su mirada la verdad tras sus palabras, sin saber si creerle o no a lo que decía, sin saber si caer o no caer en sus redes juguetonas. Pareció rendirse cuando suspiró hondamente y bajó sus brazos defensivos. Pero ella solo sonrió antes de cogerle una mano y tirar con fuerza de él. Lo volvió a guiar a la cama, donde intentó volver a besar su cuello, pero él la detuvo.
- No, no… solo alívialo, no lo enciendas más…
- De acuerdo Judal, tus deseos son órdenes para mí…
Principio de la lección…
Entonces se arrodilló despacio frente a él y llevó sus manos a sus caderas ante la mirada curiosa de él. Despacio y sin dejar de mirar sus ojos carmesís, delineó el borde de sus pantalones antes de meter sus dedos y empezar a deslizarlos hacia abajo. Lentamente, tanto que era casi desesperante, dejó su piel al aire libre y no se detuvo hasta llegar a sus rodillas. Poco a poco volvió a levantar sus manos, acariciando la piel que había dejado al descubierto mientras a la vez iba bajando la mirada, hasta que ambas coincidieron en su entrepierna.
Una sonrisa traviesa surcó sus labios segundos antes de que pusiera sus pequeñas manos encima de aquella parte, rodeándola, presionándola mientras él entero temblaba por las sensaciones. No sabía dónde mirar, qué hacer o cómo reaccionar, solo sabía que lo que ella estaba haciendo le producía tanto placer… y que su erección no estaba siendo aliviada en absoluto.
- D.d… ¡Detente! –gimió con fuerza cuando ella apretó levemente sus manos y no pudo evitar empezar a hacer aspavientos con sus brazos al no saber dónde apoyarse. Necesitaba apoyarse en algo, en lo que sea… demonios, odiaba sentirse en el vacío, cayendo al abismo sin cesar, como en aquel momento.
- ¿Realmente deseas que pare?
- ¡No! –respondió bruscamente en cuanto ella empezó a alejar sus manos de él, frustrado por no aliviar aquel ansia que llevaba dentro, aquella necesidad de explotar… -No te detengas Zuòbi…
Ella solo sonrió como respuesta ante de dirigir sus manos a su abdomen y empujarlo levemente. Obedientemente, Judal se dejó hacer, quedándose sentado en el borde de la cama con ella en medio de sus piernas y un brillo coqueto iluminando su mirada dorada. Acariciando sus piernas desde las rodillas, acercó nuevamente sus manos a su entrepierna, donde lo empezó a acariciar con cariño y mimo, maravillándose ante la reacción de este.
Lentamente inclinó su cabeza, aprovechando la distracción del joven, que había apoyado sus manos a sus costados y había cerrado los ojos ante sus caricias, y sacó su lengua para probarlo. Mientras tanto, el joven estaba inmerso en las sensaciones que lo inundaban como olas embravecidas del ancho mar lejano, sin darse cuenta de las intenciones de la joven. Sentía sus manos delicadas tratarlo con cariño, pero proporcionándole un inmenso placer con cada caricia, llevándolo al borde de un abismo pero sin dejarlo lanzarse a él.
Tan cerca pero a la vez tan lejos…
Fue entonces cuando sintió una húmeda y caliente caricia en su erección, sobresaltándolo y llevándolo un poco más cerca del borde del placer. Abrió los ojos bruscamente para saber qué había hecho cuando notó su cabeza levemente inclinada sobre él, con su sonrojada lengua al aire y un brillo travieso en su mirada atenta a él. Entonces volvió a inclinarse para lamerlo otra vez, deliciosa pero fugazmente. Y otra… y otra…
Él gruñó de placer con cada lametazo, arqueando su espalda ante cada caricia de su lengua, llevando sus manos a su cabeza sin saber qué hacer exactamente con ella. Maldición, quería que se detuviera, pero se negaba a dejar que lo hiciera. Solo quería más, llegar al abismo y que ella lo guiase en él… obtener aquello que sabía que tendría si ella se daba más prisa, si lo hacía más fuerte y más hondo…
- Más… más…
Y ella se lo dio.
Enredó sus finos dedos en sus testículos mientras su boca se inclinaba sobre su miembro y lo introducía dentro de ella. Despacio, placentera y traviesamente… como solo ella era capaz de hacerlo posible. Sus labios lo acariciaban mientras su lengua lo humedecía y sus dedos jugueteaban con su borde. Y él empezaba a gritar, sin importarle si los guardias de Al-Sarmen lo escuchaban, si ella después se burlaba de los sonidos que hacía o si todo aquello estaba mal…
Solo le importaba lo que ella le estaba haciendo sentir en aquellos momentos.
"Más" pensaba, y ella parecía escucharle, pues no tardó en aumentar el ritmo de sus lamidas, chupando toda la extensión de su erección sin cansancio ni pausa. Entonces fue cuando cogió sus manos y las puso otra vez en su cabeza, indicándole con movimientos que él la guiase, guiase el ritmo que deseaba. Y él lo hizo, movió su cabeza hacia arriba y abajo mientras ella gemía y lamía, proporcionándole cada vez más y más placer. Y fue entonces que él empezó a mover sus caderas, queriendo llegar más profundo, más lejos, más cerca de las estrellas y el placer.
Entonces ella hizo un movimiento que no se esperaba con sus dientes y él explotó en su boca. Con un grito de alivio, soltó su cabeza y se dejó arrastrar al mar de sensaciones mientras su cuerpo impactaba con el colchón tras él. Durante unos momentos que le parecieron una deliciosa eternidad, solo estuvo perdido en aquellas sensaciones multicolores que le indicaban cuan delicioso eran aquellos actos y cuan ciego había sido al no hacerlos antes.
Pero entonces volvió a abrir los ojos y se dio cuenta de dónde estaba y con quién. Se apoyó en los codos para encontrar a una manchada Zuòbi lamiéndose los dedos cubiertos por una sustancia blanquecina, misma sustancia que manchaba su barbilla y rodaba por su cuello rumbo al valle de sus rebosantes pechos. Ella lamía con tanto entusiasmo como había hecho con su cuerpo, queriendo comérsela toda. Cuando dirigió una mirada a su propio cuerpo, notó como su miembro también estaba levemente manchado por la misma sustancia, e incluso que había unas gotitas que aún salían de él.
Fin de la lección…
Le pertenecía, aquel líquido provenía de su interior. Y ella se lo estaba tragando todo.
- ¿Por qué lo lames? –no pudo evitar preguntar, deseoso de conocer la respuesta mientras ella seguía lamiéndose los dedos.
- Porque viene de ti, Judal, y no pienso despreciar nada tuyo que me des… nada… -terminó de decir con sensualidad mientras se introducía un dedo para lamerlo y no dejaba de mirarlo a los ojos.
No tuvo que explicarle qué quería decir, ya que entendió perfectamente el significado de sus palabras, haciendo que por primera vez el joven quedara avergonzado y fuertemente sonrojado ante alguien. Después de que ella terminara de limpiarse sus manos, él se puso en pie y, subiéndose antes los pantalones, cogió un trapo, lo humedeció con agua y le quitó la sustancia de su cuerpo. Ella se sorprendió de sus actos, pero solo sonrió y se dejó hacer.
Sí, no desaprovecharía nada de lo que viniera de él… ni sus actos ni sus "regalos"…
- Entonces… -empezó a susurrar el joven, sin dejar de restregar el trapo contra los pechos de ella –¿En esto solo consistirá la profanación?
- No, nada de esto sirve para eso, Judal…
- ¿Cómo? ¡¿Me has engañado?! –empezó el joven a reclamar, alejándose de su cuerpo y tirando el trapo lejos de ambos, mientras su aura asesina crecía. Pero ella no reaccionó ante eso, es más, dejó de mirarlo, ladeando la cabeza para ocultar su rostro tras su largo flequillo plateado.
- En una violación, él hombre disfruta… pero la mujer jamás –susurró con pesar, perdiéndose en algún recuerdo olvidado tal vez –En la violación, deberás tomar mi cuerpo sin piedad, buscando el placer que has sentido ahora… sin importarte nada más que eso…
El joven quedó abrumado por las palabras de ella, sin creerse que fuera algo tan brutal. ¿Buscar su placer sin tener en cuenta lo que ella hacía? ¿Y si decidía hacerle daño? Cuando expuso sus dudas ella solo se rio con diversión y un leve toque de amargura antes de decirle –No será cómo ahora Judal, esto solo lo hice para que supieras qué debías sentir… En una violación, la que queda expuesta y vulnerable es la mujer, mientras el hombre la toma sin riesgo, sin daños a su cuerpo… ¿Lo entiendes?
Judal asintió, comprendiendo que aquel tema no era muy del agrado de Zuòbi. También sabía que aquello que iban a hacer no se podía llamar realmente "violación", pues según su definición, solo el hombre iba a disfrutar… y sabía perfectamente que Zuòbi también iba a disfrutar de aquello, incluso más que él mismo. Sin embargo, estuvo más seguro cuando ella le acarició la mejilla y le susurró…
- No te preocupes hombretón, tú y yo solo vamos a jugar que finges profanarme… Nos burlaremos de Al-Sarmen sin que ellos lo sepan… ¿Te sientes preparado ahora para hacerlo?
¿Para jugar a lado de Zuòbi? Claro que lo estaba…
¡Siempre lo estaría!
Continuará…
Perdón por subir tarde ^^ Ya sé que siempre lo subo por la mañana, pero hoy no fui a clase porque tenía cita con el médico (tranquilas, estoy bien ^^) y recién ahora tengo internet XD
Bueno, que puedo decir de este capítulo… espero que os haya gustado y comentéis qué os ha parecido. Las cosas empezaron a echar humo XD El próximo ya lo tengo escrito, así que sin duda lo tendréis el martes subido ^^
Quería aprovechar para agradecer a nicoleAnE por haber comentado, ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS! Este capítulo va dedicado a ti, por seguir allí presente a pesar de todo ^^ También agradezco a todas las personitas que consiguen llegar hasta aquí y desean quedar en el anonimato, gracias por leer ^^
Creo que eso es todo… solo me queda deciros…
¡Hasta pronto!
