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Shampoo se dirigía a hacer una entrega en bicicleta. Era ya sábado por la noche y el restaurante, cuando lo dejó, se encontraba atestado de público, por lo que deseaba volver lo más pronto posible para ayudar a su bisabuela.
No obstante, el destino tenía planeada otra cosa para ella.
Pensando en su siguiente plan. ¿Qué haría ahora? ¿Cómo podría arrebatarle el amor de su airen a esa tonta de Akane? Porque cada día, semana o mes comenzaba a notar como sus esfuerzos se tornaban insípidos y los espacios entre esos dos se estrechaban haciéndole difícil el interrumpirlos.
En su distracción no vio a un muchacho salir de un callejón justo por delante de la bicicleta. Chocaron estrepitosamente. La caja se abrió y los fideos se desparramaron por el suelo. De rodillas en el piso Shampoo murmuró el nombre de algunos de sus ancestros de muy al humor sobándose su adolorido y bien torneando trasero. Alzó los ojos pronta a maldecir a culpable, pero se detuvo. Sus ojos recorrieron unas zapatillas chinas, subiendo por unas sensuales y sabrosas pantorrillas expuestas por el pantalón chino que quedó a medias recogido sobre la pierna. La camisa china roja algo desabotonada y sobándose la cabeza agitando la corta trenza china que coronaba su cabeza.
—¿Airen?... ¡Aiya, airen!
Shampoo saltó a sus brazos presionando su cuerpo, consciente de como aquel par de sus generosos dones se frotaba contra el viril pecho del aturdido chico. Finalmente lo veía, ¡y esta vez no lo dejaría escapar, Ranma caería en sus encantos! Pobrecito, tan ingenuo, intentando retroceder sin ser capaz de ponerle una mano encima para empujarla sabiendo que donde lo hiciera, tendría que tocar su cuerpo. Y el cuerpo de Shampoo esa noche ardía de una manera especial, necesitaba un hombre, era en aquellos días donde su fertilidad se encontraba en su punto más alto según el calendario y, por un momento, una macabra idea recorrió su mente. El muchacho iba a reclamar pero más veloz fue y lo acalló con un fogoso beso.
Y tras unos momentos, la amazona comprendió que finalmente su perfume biológico había alcanzado al chico. Su boca cedió, no como la primera vez, y ella pudo introducir con maestría su lengua buscándolo en el húmedo interior. Era un hombre después de todo y tenía sus necesidades, y ella las iba a satisfacer completamente, no como esa tonta de Akane que no sabía qué hacer con un hombre aun teniéndolo bajo su mismo techo.
Las manos de Ranma se posaron en su cintura cayéndose tímidamente al deslizarlas por sus prominentes caderas. Pero ella no lo dejó, quería saturarlo de emociones cuando al fin lo tenía en sus manos, y cogiendo la mano del chico lo guio cerca de su corazón donde, ¡oh, sorpresa! Él respondió torpe, tembloroso, quizás envuelto en la culpa de lo que hacía, pero una culpa que a ella le supo más excitante cuando presionó con fuerza uno de sus senos arrancándole un murmullo entre los labios presionados de ambos. Entonces se separaron.
—Airen… Shampoo ser tan feliz…
Buscó la amazona, sentada todavía sobre las piernas del conmocionado chico que se miraba la mano como si hubiera tocado algo que dejó una marca. Y vio, a poca distancia, el anuncio de un hotel para parejas. Se sonrió maliciosamente, esta vez ella no lo dejaría escapar. Era su periodo fértil, lo volvió a recordar, y como una guerrera daría un único golpe y definitivo.
La victoria le pertenecía.
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A la mañana siguiente las piernas se enredaron bajo la sábana. Shampoo deslizó su cabeza sobre el viril pecho del chico de la trenza. Lo había conseguido, ¡finalmente lo había conseguido! Y su orgullo se había sumado al placer de su cuerpo, a tal punto, que todavía deseaba un poco más. Volviendo a deslizarse para recostarse sobre el chico. Aquél que al principio se dejó hacer tras esa primera vez, ahora anhelante cogió por debajo de las sábanas las caderas suaves y voluptuosas, luego las subió por la cadera buscando el pecho de la amazona. La china encontró que la virilidad de su airen respondió tal como lo esperaba, más que antes. Y no demoró en que su respuesta húmeda se hiciera más presenta acomodándose sobre él. Dejándolo a él entrar dentro de ella.
Había ganado, ¡había ganado! Sus gritos de victoria eran jadeos intensos cuando saltaba sobre el cuerpo de su amado airen buscando que la inundara más que antes, mucho más. Y por segunda vez fue inundada de su calor vigoroso y toda su vida.
—Airen, ¡airen…!
Desfalleció cayendo sobre su pecho, donde él acarició sus cabellos largos. ¿Verdad que era mejor que Akane, mucho mejor que esa chica sin gracia? ¿Verdad que ella era la única digna de él?
—Oh, Shampoo…
La sonrisa de Shampoo se congeló. Esa voz… Lo cogió por el rostro con ambas manos y lo obligó a mirarla. Miró su cara por un lado, luego por la otra. ¡No podía ser verdad!
—¿M-Mouse? ¿Mouse qué hacer con peinado trenza y r-ropas de a-airen?
Mouse se sonrió con malicia. Finalmente un plan le había resultado bien mientras que Shampoo, no sabiendo si ahora sentía placer o asco de esa virilidad que la tenía impedida de moverse, o peor, a la que su cuerpo volvía a responder involuntariamente meciendo sus caderas buscando una tercera ocasión aunque su mente había dejado de funcionar, todo lo que ella recordó en ese momento fue el consejo de su bisabuela al que debió haber hecho caso antes, aunque ya era demasiado tarde.
«Shampoo, tienes que ir al oculista, te estás poniendo más ciega que Mouse y eso es muy malo para una guerrera».
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Plagio
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