Tal y como había predecido, aquella noche fue horrible. No conseguía dormir más de media hora seguida, y cuando lo hacía soñaba con él. No paraba de preguntarla si ensayaban y solo podía ver sus ojos clavados fijamente en ella, que estaba paralizada y que no era capaz de decir no. Y sin embargo nunca llegaban a besarse.

Tuvo que utilizar más maquillaje del que acostumbraba porque la falta de horas de sueño había hecho mella en ella. Aún así consiguió que no se notase. No la preocupaba su aspecto. Si la veía llegar con esa cara, sabría que no había dormido mucho por su culpa y no iba a darle ese gusto. Ante todo, tenía que mantenerse firme.

Llegó un cuarto de hora antes que su jefe y compañeros. La gustaba tenerlo todo bien organizado antes de comenzar con el trabajo. Saludó a Brenda, la enfermera jefa que solía estar en la recepción. Ésta le dio el horario de la clínica de aquel día. Cuddy había reestructurado el horario ahora que no tenían ningún caso. Una sonrisa se dibujó en su cara al ver que sus horas y las de House eran seguidas. Cuatro horas que debería hacer solo él. No pudo evitar que se le escapase una ligera risa. Aquel iba a ser un gran día. Los medios utilizados para besar a House no eran los más adecuados ni mucho menos los más deseables. Se utilizarían mutuamente. Él para librarse de un problema y ella para conseguir algo con lo que había estado soñando desde hacía mucho tiempo. Se había resignado a no tener ni siquiera un segundo de su tiempo y ahora iba a besarle. Y daba igual que no fuese un beso de verdad porque al menos ella no fingiría. Definitivamente iba a ser un día perfecto.

Capítulo 9.

Era el segundo café que tomaba en media hora. Había dormido poco y mal y la seguridad que le proporcionaba saber que ella tampoco no le reconfortaba. Otro bostezo más largo y profundo. Maldijo el momento en el que se le había ocurrido aquella idea aparentemente brillante. Maldijo el instante en el que pensó que era una gran idea. Dos pasos mal dados que se sumaban a la sensación de que aquel no sería un gran día. Ya llevaba media hora de retraso peropuesto que ya no tenían ningún caso, tampoco se sentía obligado a ser puntual. El único trabajo que Cuddy esperaba que hiciese aquel día eran las horas de consulta y, paraello no necesitaba llegar pronto. Con hacerlas,era suficiente.

El teléfono sonó,pero no se molestó en contestar. Saltó el contestador automático. El número marcado está desconectado y no se encuentra operativo. Si cree que está escuchando esta grabación por error, adelante, cuelgue. A la de tres. Una, dos… Pi.

- House… coge el teléfono… La chica entró en coma esta madrugada – - reconoció la voz de Cuddy… Parecía dubitativa y esole interesaba. Apoyó la barbilla en la mano izquierda y sonrió. – Ya sé que te quité el caso, pero a Roberts se le escapa de las manos. Está bien: es un inepto e incompetente. Por favor...

Le encantaba que Cuddy ser rebajase así. No la culpaba por haberle asignado el caso a otro médico, porque ella cumplía con las exigencias de la madre de la paciente. Pero no era la primera vez que le quitaba un caso y volvía a dárselo o no. El hecho es que siempre lograba diagnosticar prácticamente todos aquellosen los que trabajaba, y éste más que nunca, no sería una excepción.

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Cuando colgó el teléfono,sabía que había hecho lo correcto. Sin embargo, no podía evitar sentirse culpable, a pesar de que el ceder ante los pacientes y sus familiares también formaba parte de su trabajo. No podía imponerles un médico que no quisiesen. Era consciente de que asignarle el caso a Roberts o a cualquier otro médico era un error. Si hasta ahora House no había sido capaz de diagnosticar a aquella chica, ningún doctor en el hospital podría. Por eso,él era una leyenda y los demás no.

- Has hecho lo correcto. – dijo Wilson y sonrió.

- Sí. – dijo con desgana. – Ahora sólo me queda convencer a la madre para que permita que House vuelva a tratar a su hija, y decirle a Roberts que está fuera del caso.

- Y pensabas que lo más difícil sería decírselo a House – apuntó divertido.

- Lo más difícil va a ser aguantar su ego,que cada día es más grande que este hospital. – La directora gesticuló con sus manos y las dejó caer sobre la mesa. – El que,por cierto, cualquier día acabará con todos nosotros.

El oncólogo rió ante la desesperación y toda la certeza con la que había pronunciado esas palabras. Si la vida de aquella paciente pendía de un hilo y salvarla suponía que el ego de House se disparase, podría vivir con ello.

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Todas las mañanas se componían de la misma rutina. Llegaba a la sala de diagnóstico y preparaba el café, revisaba el correo de House y se ponía a trabajar en el último artículo que estaba escribiendo. Se sentó en la silla de House y se movió ligeramente de un lado a otro sobre su eje. Todo su espacio desprendía un olor característico. Olía a él. Resultaba intangible y apaciguador. Se relajó durante unos segundos y cerró los ojos. Estaba rodeada por su esencia. Le hacía sentir pequeña y protegida. Sonrió levementeantes de volver a abrirlos y teclear la contraseña de su cuenta de correo electrónico. Nadie más la sabía. De hecho, dudaba que él mismo la recordase.

Oyó un pequeño golpe en la puerta de cristal. Vio a una mujer joven asomar por ella. Era un poco más alta que Cameron, de cabello rojizo y rizado y pecas en las mejillas.

- Perdone. ¿El doctor House? – preguntó.

- No. Soy la doctora Cameron – contestó sorprendida al reconocerla. Era la mujer de la foto.

- Oh, disculpe. – dijo mientras se disponía a salir.

- No, no. – se levantó y caminó hacia ella. – Trabajo con el doctor House. ¿Puedo ayudarla en algo?

- Soy Emma Dean.

Entreabrió la boca tras confirmar su sospecha. La joven extendió la mano para estrecharla con ella. Intentó disimular su asombro.

- Soy amiga de Mandy Morrison. Me dijeron que está ingresada aquí.

- Sí, pero el doctor House ya no trabaja en su caso…

- Pero la enfermera de la entrada dijo que el doctor House es su médico – dijo extrañada.

- Se habrán equivocada. Acompáñeme.

Abrió la puerta y le hizo un gesto para que saliese con ella. Evidentemente, había habido un malentendido.

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Cuando entró, se encontró con Cuddy y Wilson charlando en la recepción. Se había convertido en una imagen familiar en los últimos tiempos. Era divertido verles conspirar, mientras creíanque él no podía ni imaginar de qué hablaban. La cercanía de sus cuerpos y su lenguaje corporalles delataba. Ella parecía hablarle casi en susurros y él asentía. En cuanto le vieron, se callaron. Otra cosa que siempre ocurría.

- ¿Qué se cuece esta mañana? – preguntó intrigado.

- Ya era hora. – contestó Cuddy.

- ¿No han pasado ni doce horas desde que me quitaste el caso y esperabas que viniese corriendo? Soy un lisiado¿recuerdas? - dijo inclinándose hacia ella

Cuddy le miró condescendiente mientras Wilson le advertía con la mirada de que sería mejor que se callase. Cameron les interrumpió, al llegar con la amiga de Mandy. Parecía dudarsi hablar o no.House la vio y le hizo un gesto con la cabeza.

- Ha habido alguna clase de malentendido – obtuvo la atención de los tres médicos. – La han dicho que Mandy Morrison es paciente de House.

- No ha habido ningún malentendido. – dijo House orgulloso.

Cameron no entendía nada. ¿No había ningún error? Recordaba que el día anterior, Cuddy había asignado a Roberts el caso. Miró a la directora en busca de respuestas y ésta asintió con la cabeza. Wilson suspiró levemente mientras veía como Cuddy aguantaba aquella situación sin explotar.

- Bueno, todo arreglado. Vosotros iros a salvarle la vida a la chica antes de que tengamos que lamentarnos más – dijo cansada.

- House no puede– interrumpió Cameron.

- ¿Que no puedo qué? – preguntó atónito.

- Tienes que pasar horas de consulta – dijo Cameron mirándole fijamente.

- Oh, me conoces tan bien. Me encanta ser puntual en la clínica y tratar con enfermillos de cuarta. Es por lo que me hice doctor.

- Chase, Foreman y yo podemos arreglárnoslas sin ti durante unas horas. Nosotros también somos médicos.

No dejó de mirarle mientras pronunciaba aquellas palabras. Cuddy y Wilson presenciaron aquella escena sin saber bien qué pensar. ¿Por qué le obligaba a pasar las horas de consulta?

- ¿Recuerdas que soy tu jefe, verdad? – preguntó House señalándose con el dedo índice.

- Como podría olvidarlo… También recuerdo lo que tienes que hacer esta tarde y por lo que tienes que pasarlas ahora.

De pronto se dibujó una sonrisa la cara de House. Parecía disfrutar con aquello y el hecho de que House abrió los ojos de par en par justo cuando iba a contestarla. Había abierto la boca para cerrarla durante unos segundos.

- Tienes razón, lo olvidé. Gracias por recordármelo, Cameron– dijo como si realmente se alegrase.

De hecho, lo hubiese hecho si no fuese porque, la sola idea de pasar consulta, le aburría. Cuddy miró perpleja cómoHouse había accedido ante su subordinada. Miró hacia Wilson, que tenía los ojos tan abiertos que parecía que se iban a salir de sus cuencas. Definitivamente,tendría una charla con su amigo porque aquello no era un comportamiento muy normal.

House se fue hacia la clínica y Cameron se dirigió junto a Emma haciala sala de diagnóstico.

- ¿Qué ha sido eso? – preguntó Cuddy.

- No tengo ni idea. – contestó Wilson aún estupefacto.

- Llevo años peleando con él para que pase sus horas de consulta y ella se lo suelta y ha accedido…

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Cameron había logrado convencer a Emma para que se fuese y volviese enunas horas. No sabía muy bien si era buena idea que estuviese en el hospital con la madre de Mandy. Prefería mantenerlas alejadas durante un tiempohasta que diesen con algo. La mesa estaba llena de informes, papeles y pruebas que habían ido recopilando durante esos días. Chase estaba sentado en la silla con las piernas apoyadas sobre el escritorio, mientras que Foreman estaba de pie recostado en la estantería.Cameron había escrito en la pizarra todo lo que se les había ocurrido y fuese una opción plausible.

- Estamos como al principio - dijo Chase cansado.

- Tiene que haber algo que se nos haya pasado… - comentó Foreman.

En ese momento, House entró tras empujar la puerta con tal fuerza que ésta se quedó trabada. Habían pasado casi tres horas. Chase le miró de reojo mientras golpeaba a modo de tambor en la mesa de cristal con un bolígrafo. Cameron se giró para verle. Empezaba a molestarle esa sonrisa en su cara.

Sonreía como una triunfadora. ¿Qué se suponía que había ganado? Aún no había pasado nada y ya estaba sintiéndose feliz. Quería borrar esa sonrisa de su cara. Cualquier comentario sarcástico hubiese bastado. Pero no se sentía con ganas de hacerlo. Tenía la certeza de que no ocurriría nada si lo hacía y no iba a malgastarlo. No entonces. Miró al techo durante un segundo para volver a bajar la vista hacia ella.

- Aquella pelirroja que iba contigo, me sonaba bastante. ¿No me digas que he preñado a una puta?

- Era la amiga de Mandy. – contestó Cameron como si eso bastase.

Eso bastó. Había remarcado demasiado "la amiga". House abrió la boca y los ojos de par en par. Enseguida sonrió maliciosamente. Chase y Foreman les miraban sin entender qué ocurría. Era obvio que tenían algún secreto entre manos.

- ¿Qué pasa con esa amiga? – preguntó Foreman y arqueó las cejas. - Digamos que la pequeña Mandy tiene una amiga que le escribe cartas de amor y algo más… - dijo House conspirador.

- Joder… - dijoChase.

- ¡House! – gritó Cameron.

- Oh, vamos Cameron. Es un buen cotilleo. Demasiado bueno como para mantenerlo en secreto.

- Así que la madre no lo sabe… - dijo Foreman.

- Es tan secreto que tenía las cartas y las fotos escondidas en el suelo. Es una lesbiana que ve Las Chicas Gilmore . Si no fuese lesbiana, sería perfecta. ¡Qué digo! El serlo la hace tan perfecta…

- Te olvidas de que tiene dieciocho años y está en coma. – remarcó Cameron casi ofendida.

Por fin la veía reaccionar. No lo había dicho con esa intención, pero no dejaba de producirle cierta satisfacción notarlade ese modo. Podía dejarlo ahí y seguir con lo que realmente interesaba.

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Caminó a paso ligero hacia la clínica. Aún le quedaba una hora y había decidido que loharía antes de que ella viniese. Una hora más. No se sentía nervioso, era extraño. De pronto, se vio interceptado por Wilson,que salía del despacho de Cuddy. Empezaba a intrigarle de verdad el hecho de que pasasen tanto tiempo juntos. Quizás era hora de prestarle más atención a esos dos.

- ¿Cameron ha confiscado toda la Vicodinaque hay en este hospital? – preguntó Wilson.

- Es curioso porque pensaba que tu despacho estaba ahí arriba.

- ¿Qué?

- Pasas mucho tiempo con Cuddy. No me digas que uno de esos enfermos de cáncer te ha denunciado por quedarse calvo. Deberían leerse los efectos secundarios.

El oncólogo suspiró profundamente, se paró en seco y puso los brazos en jarra. House le miró y esperó a recibir otra de sus reprimendas.

- Cuddy es la directora de este hospital y yo el jefe del servicio de oncología. De vez en cuando, solemos tratar ciertos temas sobre el hospital, sabes. Si no fueses un capullo al que le denuncian dos de cada diez pacientes, sabrías de lo que te hablo.

- Eh, que yo también soy jefe de un servicio… Me ofendes.

- Voy a llorar. Y ahora, dime qué pasa con Cameron.

- No hasta que me digas quéhacías con Cuddy en su despacho – levantó una ceja.

- Me preguntaba con qué podría chantajearte Cameron para que accedieses tan rápido a pasar consulta.

- Luego vamos a tener un poco de sexo en la clínica – contestó. – Dile a Cuddy que si me quiere convencer con lo mismo, por mí no hay problema, pero que ella pone el látigo de cuero.

Su amigo lo miró aguantando la carcajada y la desgana. Le dio la espalda a House y caminó hacia los ascensores.

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Estaba sentada de espaldas al pasillo, con los brazos apoyados sobre la mesa y mirando a ningún punto en concreto. Movía su pierna derecha nerviosamente, sin control alguno ni intención. Empezaba a pensar que no era buena idea. Besar a House de ese modo, aprovecharse de la situación, no era algo que la caracterizase. Miró el reloj y vio que quedaban diez minutos. Sentía que todo daba vueltas a su alrededor, que no podría hacerlo. De pronto, sonó su busca. Lo había dejado sobre la mesa y la pantalla brillaba. Jamás pensó que aquello fuese tan irritante. Lo cogió indecisa. Mueve tu culo a la clínica. Te toca cumplir tu parte del trato. Lo guardó en el bolsillo de su bata y se levantó.

Ya no había vuelta atrás, aunque quisiese. House no la dejaría. Lo único que demostraría con eso es que era tan débil como él creía. Se aseguró a sí misma que trataría de disfrutarlo. Sería la primera vez y la última que le besaría.

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Para la gente que no vea Las Chicas Gilmore, la mejor amiga de Rory Gilmore, Lane Kim, solía esconder los cd's de Los Ramones y otros grupos en huecos del suelo de su habitación porque es de una familia coreana bastante religiosa y arraigada a sus tradiciones.