EL PRADO
Salió del coche de Rosalie con gesto inescrutable y se dirigió a paso lento hacia el edificio 3, tenía clase de lengua. Todos le miraron, incluso yo. Podía ver que algo en su interior había cambiado, podía ver como sus manos siempre apretadas con fuerza ahora estaban relajadas en ambos lados de su cuerpo, aún mejor, podía ver que esa máscara oscura que antes tenía había desaparecido… ¿Edward había cambiado de verdad? Alice apareció a mi lado y me susurró que acababa de llegar y que por eso no me habían llamado, yo asentí seria, no le iba a dar mucha importancia a eso, tenía algo más de que preocuparme… ¿Me trataría igual que antes? ¿Podríamos ser amigos sin que sus recuerdos de su horrible pasado surgieran? Ángela y Jessica se acercaron a mí con los ojos como naranjas, ambas estaban estupefactas, supongo que las entendía, era raro que hubiese vuelto después de medio año desaparecido.
- Hola chicas- las saludé con amabilidad.
- Hola…-dijo Jessica aún con gesto impresionado-. Ya estáis explicándome que es lo que pasa, sinceramente me había hecho a la idea de no verlo jamás.
- Siento decirte esto pero no creo necesario explicar lo que mi hermano ha estado haciendo durante este tiempo, es su vida… Espero que lo entendáis- murmuró Alice con gesto serio.
- Claro, lo entendemos, no te preocupes- dijo Ángela sonriendo, cogió a Jessica del brazo e intentó que reaccionara, ella estaba con gesto enfadado mirando a Alice e intentando averiguar el tremendo mundo de Edward-. Vamos, Jessica…
Se fueron a paso lento, no antes de que Ángela me dedicara una sonrisa, me alegraba que esa gripe estomacal que tenía se le hubiese pasado tan pronto. Alice y yo empezamos a andar hacia clase de historia, nunca pensé que la llegada de Edward me hiciese sentir tan extraña, todo el instituto incluido el profesorado se había enterado de la noticia y los cotilleos se oían desde lejos. Me sentí como una extranjera en medio de ese cúmulo de adolescentes y de esas miradas con curiosidad que todos nos dirigían, resultaba molesto. Nadie humano aparte de Ángela y Jessica se había acercado a mí, supongo que cuando hubieran asimilado la vuelta de Edward, todo volvería a la normalidad. Llegamos dos minutos tarde gracias a todo ese alboroto por la llegada del príncipe azul Cullenpero nadie se inmutó cuando entramos en clase. Tomamos nuestros asientos y empezó la clase, iba a ser una hora aburrida…
El día pasó sin nada especial, me vi obligada a desayunar con Ángela y sus amigas ya que sabía que debía dejar cierto espacio a Edward, debía controlar mis ganas de acribillarlo a preguntas. Estaba en la última clase del día haciendo lengua con el Sr. Molina cuando Edward entró con gesto preocupado a mi clase, me erguí en el asiento, no tenía ni la más remota idea de a qué venía esa teatral entrada pero algo me decía que no era algo serio. Le susurró algo a mi profesor y salió con gesto serio de la clase.
- Srta. Swan- levanté el rostro sorprendida-. Te esperan en la enfermería, es urgente- me levanté del asiento sin preguntar ni decir nada, sabía que nadie me estaba esperando en la enfermería, buena jugada Cullen.
Salí de la clase y solo al doblar la esquina vi al adonis de Edward Cullen apoyado en la pared con gesto desafiante, lo sabía.
- Supongo que esto no me sorprende… - susurré cuando llegué a su lado. Él me miró sin despegar los labios.
- Me conoces más de lo que creo- susurró.
Asentí con indiferencia, hasta ese momento no me había dado cuenta de lo feliz que estaba por su llegada, ¡Edward había vuelto! Me sentí con fuerzas para sonreír, cuánto tiempo hacía que había estado esperando este día…
- ¿Puedo preguntarte que has estado haciendo durante este tiempo?- dije con cierto miedo ante su respuesta.
- Técnicamente ya me lo estás preguntando.
- Hablo en serio.
- Te lo contaré todo,…pero más tarde, antes quiero enseñarte algo- dijo con cierto brillo en sus ojos color miel.
- Te sigo- murmuré con repentino entusiasmo.
Me dejé guiar por él, no sé paró cuando llegamos al bosque, siguió corriendo entremedio de los robustos árboles del espeso bosque de Forks. Esa escena me recordó a ese día en que se abrió ante mí y me contó su historia, ese día en que desapareció. Ese recuerdo hizo que un escalofrío recorriese todo mi ser, no quería recordarlo… Para distraerme, me concentré en lo que tenía delante, o sea, Edward. El viento le azotaba su suave cabello cobrizo, sus musculosos brazos apartaban con velocidad todas las ramas que se interponían en su camino, su respiración era tranquila y eso hacía que mi cuerpo reaccionara con una extraña confianza. El tiempo pasaba, él no hablaba, yo no hablaba, cada vez que nos adentrábamos más en el bosque éste parecía que iba desapareciendo a poco a poco dejándonos solos a Edward y a mí y a los pocos animales indefensos que había, mis ansias sobrenaturales también iban apareciendo sin remedio, mi cacería con Alice de ayer parecía no haber bastado. Mi mente siguió por otro camino, vino hacia mí un recuerdo vago de mi dieciochavo cumpleaños, Charlie y Renée se habían juntado para celebrarlo todos juntos… Estábamos los tres en Florida. La tarta era demasiado grande para solo tres, era de chocolate y nata y en la parte de arriba había algo escrito con letras elegantes: "Felicidades para nuestra pequeña o no tan pequeña Bella". Un sentimiento extraño surgió en mi pecho e hizo que mis pies se pararan en seco, me tapé la cara con ambas manos e intenté que esas imágenes desaparecieran de mi mente, al ser vampira los sentimientos se hacían mucho más intensos, eran casi insoportables, se multiplicaban. Sentí como Edward se situó a mi lado en un visto y no visto.
- Sentimientos irracionales se apoderan de tu cuerpo haciéndote caer y sentirte inferior- apartó mis manos de mi rostro-. Debemos luchar contra ellos, somos fuertes. Ya sabes que estoy contigo en esto, Bella.
Me quedé clavada admirando a ese hombre, nunca podría llegar a sentir todo el dolor que él había sentido…. Debía ser fuerte por él.
- Si estamos aquí es porque me hiciste una llamada hace un día pidiéndome ayuda, quiero enseñarte un sitio al que voy cuando quiero calmarme, cuando quiero que mi parte humana salga de entre este sinfín de dolor, cuando quiero desaparecer del mapa por unas horas… -me cogió del brazo y una tremenda descarga eléctrica me sacudió, Edward soltó mi brazo de golpe. ¿Él también lo había sentido?
- ¿Hemos llegado?- pregunté aclarándome la voz.
- Sí- susurró.
- Tiene cierto encanto- murmuré mirando el bosque, no sé de dónde Edward sacaba calma de allí, era un bosque normal y corriente. Se giró hacia mí con una ceja alzada.
- Camina hacia allí- dijo señalando una gruesa rama que tenía enfrente.
Vacilé un poco pero al final aparté la rama de delante de mí y lo vi.
- ¡Oh, dios mío!- murmuré tapándome la boca impresionada.
- Mi familia no conoce este sitio, eres la primera que lo ve, creo que lo necesitas tanto como yo- susurró dedicándome una pequeña sonrisa.
Delante de nosotros se extendía un hermoso prado lleno de plantas y flores, el extraño sol que había le daba un tono amarillento, le daba vitalidad. No tenía palabras para expresar lo que sentía dentro de mí, Edward tenía razón, estar aquí te transportaba a otro sitio lleno de paz. Solo al imaginármelo a él andando entre las flores con miles de destellos saliendo de su pálida piel me hizo sonreír. Me armé de valor para seguir andando, Edward se situó a mi lado y empezamos a andar juntos. Miles de destellos aparecieron en nuestros rostros, lo miré, nunca había visto a ningún vampiro bajo el sol, solo me había visto a mí en el reflejo del agua en un día soleado. Era hermoso, no me importaba que verlo brillar me hiciese recordar que no éramos humanos, que éramos unos asesinos, que nos alimentábamos de sangre, no me importaba, nunca había visto algo así y era digno de admirar.
- Somos seres sobrenaturales que se alimentan de la vida de personas indefensas o de animales en nuestro caso, pero eso no quiere decir que no podamos tener una vida. Vida no es la palabra adecuada, pero ya me entiendes- susurró Edward sin parar de andar-. No puedo hacer nada contra tus ansias de matar, es algo que llevas dentro desde hace cuatro años y es irremediable, pero sí hay una cosa que puedes hacer, intenta no pensar en el pasado. Repite después de mí: Soy Isabella Swan. No dejaré que mi parte salvaje se apodere de mí, aún tengo algo humano por lo que vivir.
- ¿Ahora eres mi psicólogo?- pregunté sonriendo.
- Sólo intento ayudarte, en estos seis meses he aprendido lo que te acabo de decir. Por eso, debo decirte gracias, el dolor aún no se ha ido pero sé una forma de soportarlo,… viviendo. No quiero ponerme más melodramático, así que, repite- murmuró mirándome.
- Soy Isabella Swan. No dejaré que mi parte salvaje se apodere de mí, aún tengo algo humano por lo que vivir.
- Ahora puedo explicarte lo que he estado haciendo durante este medio año- dijo sentándose en medio del prado, me senté a su lado y empezó a hablar.
Me contó que pasó el primer mes en este prado alimentándose de los animales que rondaban por aquí, ese hecho casi me hizo gritar, ¿estuve un mes teniéndolo a unos pocos quilómetros de mí? Me explicó que se quedó aquí porque no tenía fuerzas de separarse de su familia pero que con el tiempo descubrió que debía experimentar solo. Dijo que los otros tres meses los pasó de ciudad en ciudad aprendiendo y meditando sobre lo que yo le había dicho ese día en el bosque. Me contó que hubo un tiempo en que se le pasó por la cabeza no regresar pero mi llamada y las ganas que tenía de ver a su familia le hicieron volver. Me quedé pensando sobre eso durante un largo rato, no sé si hubiese podido llegar a todo lo que él había llegado en cuatro si él no hubiese vuelto. Seguramente no.
- ¿Quieres volver?- preguntó al ver mi cara inexpresiva.
- No, necesito un poco de tranquilidad. Pero tú puedes irte si quieres, sabré volver- dije tumbándome entre las flores.
- Me quedo, es extraño pero contigo me siento más… yo mismo- susurró tumbándose a mi lado. Un escalofrío recorrió mi ser nuevamente, no podía ser posible que sus palabras tuvieran ese efecto en mí.
No sé cuánto tiempo permanecimos tumbados sumergidos en nuestros propios pensamientos pero se me pasó más rápido de lo que debería. El sol desapareció y la luz del crepúsculo nos iluminó, no tuvimos más remedio que levantarnos y empezar a correr hacia Forks. En esas horas había conocido un poco más a Edward, me había sentado muy bien esa tranquilidad.
- ¿Te apetece cazar algo antes de volver?- preguntó disminuyendo el ritmo.
- Claro- murmuré en respuesta, ya podía oír latidos de corazones por todos lados.
Oí como un ciervo se paró para comer a unos cincuenta metros de mí y sonreí, con eso tendría suficiente por ahora.
- Para ti, yo he oído otro aquí al lado, ahora vuelvo- dijo empezando a correr hacia el este.
De la manera más silenciosa posible me acerqué hacia el animal, él comía tranquilamente sin prestar atención a su alrededor. Fui rápida, muy rápida, salté hacia él y clavé mis dientes en su cuello matándolo, empecé a notar el sabor caliente y salado de la sangre y no pude parar hasta beber la última gota que quedaba en ese cuerpo. Me levanté satisfecha, estaba llena, me limpié el resto de sangre que quedaba en mis labios y esperé a que Edward volviera. No tardó en llegar.
- Ya es tarde, volvamos antes de que alguien nos eche en falta- dijo sonriendo. Nos había sentado genial a los dos esta tarde de tranquilidad y buen alimento.
Me acompañó hasta mi casa y al despedirme de él una extraña tristeza se apoderó de mí, supongo que ahora tenía que volver a la monotonía de siempre, Charlie estaría esperándome. Para mi sorpresa, sabía que había pasado la tarde con Edward así que ni me preguntó si quería comer algo. Le hice pizza ya que no tenía ganas de cocinar algo sofisticado y me senté enfrente a él mirando como comía.
- ¿Qué tal el instituto?- preguntó mientras se limpiaba los restos de tomate de su cara.
- Como siempre, lo único nuevo ha sido la llegada de Edward- tosí expresamente en cuanto acabé de hablar. No debía dar muchos detalles sobre su desaparición.
- Uhm...- se limitó a decir.
Suspiré ya más tranquila, no tenía ganas de hablar. Charlie se fue a dormir más pronto de lo normal así que yo me duché como cada día y me tumbé en mi cama. No tenía mucho en lo que pensar ya que había agotado mi mente esa tarde así que cogí el libro de Cumbres Borrascosas y empecé a leer, eso me distraería por un buen rato.
Nuevo capítulo, espero que os guste. Como siempre dadme vuestra opinión aquí debajo. Muchas gracias por os reviews y por todo, sois geniales!:)
