Disclaimer: Los personajes de Inuyasha son de Rumiko Takahashi, no míos como es obvio. -.-

He notado que ya voy por la mitad de estas "micro-historias"". Bueno, no se preocupen que cada viernes trataré de adelantar un poco cada capitulo. Aun así, salgo el 4 de diciembre así que en ese mes podría sacar un capítulo por semana. Todo un record para mi, (:

¡Disfruten!

Cuentos de las Buenas Noches

Caminó de manera sigilosa por el oscuro pasillo, intentando no pisar los juguetes que se encontraban esparcidos por el mismo. Abrió con lentitud la tercera puerta a la derecha y la cerró tratando de hacer el menor ruido posible. Una vez dentro de su habitación, soltó un profundo suspiro y relajó su semblante, mientras se deslizaba a lo largo de la puerta hasta quedar sentada en el suelo.

—Estoy agotada—exclamó la mujer antes de arrojarse en la cama matrimonial, al lado de su marido.

— ¿Dio mucho problema?—preguntó el hombre, mirándola compasivamente y atrayéndola a su lado para luego besar sus negros cabellos.

—Ni que lo digas. Para ser tan pequeña tiene demasiada energía. —murmuró la mujer, acurrucándose en el pecho del chico y sonriendo complacida.

—Bueno, es lo normal. Además, ¿de quien crees que lo heredó?—dijo de esa manera tan arrogante que lo caracterizaba.

—No olvides que también heredó lo terco y testarudo. —molestó ella con un pícaro brillo en sus ojos marrones.

Gateó en la cama y se recostó sobre su amado, relajándose al sentir como él la apretaba en sus protectores brazos.

—Eres una debilucha ¿Qué podría haber heredado de ti?—dijo burlonamente el hombre, apretándola más contra si.

— ¿El cerebro?—contraatacó ella—Mejor detente Inuyasha, a menos que desees que diga las palabras mágicas.

El joven se estremeció y enmudeció. ¡Cómo odiaba cuando ella hacia eso!

Soltó una risa burlona y la apretó aun más contra si, acariciando torpemente su cara y besando sus cabellos. Kagome soltó una risita al sentir su mano acariciando su cuello y la otra aferrándola con fuerza por la cintura. La muchacha volteó y deslizó sus dedos por los cabellos de Inuyasha, se acercó a su rostro y le brindó un dulce beso, el cual fue profundizado por el hanyou.

Siguieron besándose con lentitud hasta que…

— ¡Mamá! ¡Mamá!—escucharon un ensordecedor grito acompañado de llanto, proveniente del pasillo.

Oyeron como pasos se acercaban y como, segundos después, unos fuertes golpes sacudieron la puerta.

—Yo voy—dijo Inuyasha, resignado.

—Te deseo suerte—le dijo Kagome, dándole una sonrisa y mirándole con ojos soñolientos. Parpadeaba con frecuencia, lo cual demostraba que hacia de todo para mantenerse despierta.

— ¡Keh! Volveré pronto. Descansa—le deseó el hombre, levantándose de la cama y abriendo la puerta con algo de desgano.

A penas la abrió, una pequeña se precipitó como una bala hacia él. Al ver a la niña, todo rastro de cansancio despareció y solo tuvo ojos para ella, deseando desparecer esas horrendas lagrimas de su rostro.

— ¡Papi! Mamá…me dejo… sola.—gimoteó la niñita mientras se abrazaba a la pierna de su padre y llenaba su pantalón de amargas lagrimas.

El chico la alzó en brazos y ella tan solo recostó la cabeza en su hombro, apretando la tela de su haori con fuerza y sollozando con suavidad contra ella. Inuyasha se dirigió sin decir palabra hacia su habitación, abrió la puerta y entró a un mundo lleno de color.

Las paredes en tonos pasteles le dieron la bienvenida, algunos muñecos de felpa estaba regados por el piso y la pequeña cama estaba pegada a la pared. La frazada estaba desarreglada y la almohada tirada en un rincón de la habitación.

A pesar de que la habitación se encontraba a oscuras, él podía notar todos esos detalles sin tener que forzar su vista. No obstante, su hija tenía ciertos problemas para percibir todos esos detalles, a pesar de su sangre de hanyou.

Inuyasha la acostó en la cama y la cubrió con la cobija.

—Ahora a dormir—ordenó el chico, mirándola seriamente.

— ¡No! —gritó con amargura, haciendo pucheritos y agitando la frazada.

— ¡A dormir he dicho!—gritó también el muchacho mientras se llevaba una mano a la frente. Amaba a su hija…pero no tenía paciencia para los niños y más a tan altas horas de la noche.

— ¡No! ¡Cuando cierre los ojos tú te irás y algún demonio me comerá!—expresó sus temores con aflicción. Los ojos de la niña se llenaron de lágrimas y empezó a hipar, mientras sus hombros comenzaban a temblar.

Al ver próximo el inicio del llanto, el mitad bestia la abrazó fuertemente y le acarició la cabeza.

¡Por Kami! ¡Cuánto le dolía verla sufrir de esa manera!

— ¿Le temes a eso?—preguntó.

Al sentir como ella movía la cabeza afirmativamente, continuó hablando— ¡Keh! No te preocupes, Izayoi. Eres una niña muy fuerte, estoy seguro de que tú patearías sus traseros en un dos por tres.

—No entiendes papá. Ellos son fuertes y grandes y… y yo…soy pequeña y no tengo poderes—admitió frustrada—Ellos me van…a matar…no quiero estar sola. No me gustan…los demonios malos.

—Debes vencer tu temor. Si no lo haces ahora, no podrás hacerlo nunca. Si te lo propones podrás vencerlo; pero si te rindes al primer intento solo demostrarías debilidad y cobardía. Tú no eres así, eres muy fuerte y luchadora. ¡Demuéstralo!—le dijo Inuyasha con seriedad.

Sabía que sus palabras eran un poco extremas para una infante de tan solo 6 años; pero no quería que su hija sufriera lo mismo que él. No quería que fuera pisoteada y menospreciada solo por ser diferente, ella necesitaba valor para defenderse cuando creciese.

—No sé—murmuró ella, bajando la mirada y jugando con sus dedos. Bueno, al menos había dejado de llorar.

El muchacho suspiró y se llevo una mano a la frente. Sería más difícil hacerla entrar en razón de lo que creía.

—Mira, ¿Qué te parece si te cuento un cuento?—preguntó el hanyou con una leve sonrisa en su cara.

— ¡Sí!—gritó ella con emoción, mirando a su padre y dando brinquitos en la cama.

El chico de ojos dorados frunció el ceño y tragó. ¡Diablos, ahora que rayos le podría contar!

—Bueno…—inició mientras se rascaba la cabeza—había una vez, un hanyou que tenía una hermosa y cariñosa madre, un hermano estúpido y prepotente y un padre muerto. El hanyou nunca conoció a su padre; pero siempre lo admiró y deseó ser como él. La gente de los poblados lo detestaba, pues no era ni humano ni demonio. No pertenecía a ninguno de los dos bandos y la única que parecía tenerle aprecio era su madre, una bella princesa con un corazón de oro.

El chico tomó aire y prosiguió—Aunque no tenía amigos él era feliz con ella, la protegía e intentaba complacerla en lo que podía. Sin embargo, el pequeño hanyou quedó solo en este mundo al momento en que unos horripilantes youkai atacaron su aldea y mataron a todos…incluyendo a su madre.

Inuyasha alzó la mirada y la observó con seriedad. Esperaba no haber causado un impacto tan grande con sus palabras y haberle producido alguna especie de "trauma infantil" o algo por el estilo.

—No es un cuento muy feliz—susurró la niña, mirando con ojos tristes al hombre— ¿Qué le paso al hanyou? ¿Cómo se llamaba?

—Se llamaba eee…!Hobo!—contestó apresuradamente Inuyasha—Bueno, desde que su mamá murió, Hobo vagó solo por el mundo. Tuvo que aprender a valerse por sí mismo y empezó a odiar a los humanos, pues la gente de la aldea había prácticamente entregado a su madre a las garras de esos demonios. Deseó ser más fuerte, practicaba y practicaba; pero aún así los demonios lo seguían atemorizando un poco.

— ¿Cómo Hobo planeaba ser más fuerte que un demonio si no se atrevía ni a acercárseles?—preguntó Izayoi.

—Tenía miedo. Miedo de ser pisoteado, humillado y burlado…y de terminar como la única persona que de verdad lo había amado—contestó el hanyou, con la mirada perdida en un punto incierto de la habitación.

— ¿Toda la vida de Hobo fue triste? ¿Qué le paso?—preguntó preocupada la niña, arrancándole una fugaz sonrisa a su padre. Ella al igual que su madre, poseía un corazón puro e inocente.

— ¡Keh! Claro que no. Luego de eso, creció y se hizo cada vez más grande, fuerte y apuesto.—contestó el muchacho con una arrogante sonrisa—Conoció a su primer amor, una sacerdotisa y también a su peor enemigo; un hombre envidioso de su felicidad, malvado y repugnante que se convirtió en un demonio para separarlos y así quedarse con la mujer.

— ¿Su plan funcionó?—preguntó afligida.

—Lamentablemente sí. —Contestó él con las manos en puño—Ambos terminaron separados y odiándose. Pasaron muchos años más y el hanyou aún estaba lleno de rencor. No confiaba en nadie y detestaba con toda su alma la debilidad que poseía gracias a su condición. Su rostro lucía pacifico, como si en vez de estar sellado en un enorme árbol solo se encontrase tomando una siesta; pero por dentro él se encontraba herido y enojado.

—Pobre Hobo—se lamentó Izayoi, llevándose la manta a la boca.

—Cincuenta años después, Hobo conoció a una mujer muy extraña. Vestía ropa rara y tenía un humor de perros, además era una sacerdotisa. Al principio la odió por parecerse tanto a su antiguo amor; pero fue gracias a ella que la luz volvió a iluminar su vida. Ella le ayudó a confiar en sí mismo, a desistir en ese estúpido deseo que tenía de ser un demonio completo, le ayudó a confiar en los demás y a derrotar, junto a sus nuevos amigos, a aquél horrendo demonio que ya tantas desgracias había provocado.

—Esa mujer tan extraña le brindó su amor y también una hermosa hija. Así fue como Hobo vivió feliz por siempre. ¿Contenta?—terminó el con una sonrisa ladeada, esperando las palabras de la pequeña.

—Me alegra que Hobo fuera feliz y de que hubiera conocido a esa mujer— ¿Cómo le hizo?

— ¿Cómo le hizo para qué?—preguntó Inuyasha, moviendo sus orejitas suavemente.

—Para vencer sus temores—admitió.

—Luchó contra ellos y no dejo que lo dominaran. Insistió e insistió y al final los venció. —contestó Inuyasha, acariciando los negros y sedosos cabellos de su niña.

—No olvides que la mujer también ayudó mucho a Hobo. —agregó ella, mirándole con sus soñolientos ojos dorados—Papi, ¿crees que también tendré a mi príncipe azul?

—Hobo tenía una princesa. Yo espero tener un príncipe que me ayude a vencer los míos. —dijo ella mientras bostezaba y restregaba sus ojos.

— ¡Keh! Por supuesto que lo tendrás. Pero espero que sea en unos 50 o 100 años más. —dijo Inuyasha con un leve frunce en sus labios

—Eso si ¡no quiero ningún lobo sarnoso en esta casa!—dijo él, parado en el umbral de la puerta.

—Buenas noches papi—contestó la chica con una sonrisa en sus labios. ¡A veces su papito podía ser tan ocurrente!

—Buenas noches, Izayoi—susurró Inuyasha antes de salir, cerrando la puerta con suavidad y sonriendo a la bella luna que se observaba por las ventanas de su cabaña.

N/A

¡Nuevo record!

Espero dejen sus comentarios con respecto al cap. Recuerden que se aceptan criticas constructivas. (:

Gracias por sus reviews del capitulo anterior.

Youkai: Demonio

Hanyou: mitad demonio, mitad humano.