Anuncio de responsabilidad: Todos los personajes pertenecen a Andrew W. Marlowe, a pesar de que han encontrado su propio camino a mi corazón.


Unas horas más tarde Castle se despertó en el hospital. Kate estaba allí, y también Alexis y su madre, quién acababa de llegar de Los Hamptons tras haber recibido la noticia del accidente. Castle había tenido mucha suerte. No había perdido mucha sangre y el corte había sido superficial, ninguna vena importante ni las vías respiratorias habían sido severamente dañadas. Unos pocos puntos, unas vendas, órdenes de tomárselo con calma y le dieron el alta en menos de 24 horas. Los médicos le aseguraron que la cicatriz sería apenas visible.

Más tarde le pusieron al día de los acontecimientos y los detalles que se había perdido. Bajo las órdenes de la capitana Gates, Ryan había continuado con la investigación sobre Maddox. Le habían localizado al día siguiente de su pelea con Beckett en la azotea, y le habían tenido bajo vigilancia desde entonces. Pero un par de horas antes de que irrumpiera en el apartamento de la detective, el equipo de Ryan le había perdido el rastro. Estaban peinando la ciudad cuando Castle llamó pidiendo ayuda. La suerte había estado de su lado. Si Ryan no hubiera llegado allí en cuestión de minutos, las cosas podrían haber acabado de forma muy diferente, malamente diferente.

Después de que se le pasara el susto, Martha se entusiasmó muchísimo al enterarse de la nueva relación entre los dos tortolitos. Estaba más que encantada de ver a su hijo tan feliz.

Un par de días más tarde, cuando las cosas se hubieron calmado y Castle se estaba recuperando en casa, Beckett fue convocada por Gates. En primer lugar, la capitana expresó su alivio al saber que nada grave le había ocurrido ni a ella ni a Castle. En segundo lugar, le preguntó a Kate que reconsiderara su dimisión. No había olvidado el comportamiento de Kate ni tampoco el hecho de que desobedeciera, todavía estaba suspendida de su trabajo, pero Gates sentía que era una detective demasiado buena como para que echara a perder su carrera. Kate apreció la oferta y prometió pensar en ello. Pero por ahora, sólo quería algo de tiempo para sí misma y para mirar las cosas desde cierta perspectiva.


Había pasado más de una semana, le habían quitado los puntos a Castle los pocos días antes y esa misma mañana los médicos le habían informado de que estaba totalmente recuperado. Martha y Alexis se marchaban esa tarde a Los Hamptons durante unas semanas. Kate sospechaba que Martha quería darles a Castle y a ella algo de tiempo a solas, aunque la mujer les había hecho prometer que vendrían a pasar el fin de semana a la casa de la playa con ellas.

Había sido una larga y ocupada semana. Cada día alguien venía a visitar a Castle para ver que tal se encontraba. Lanie se había pasado por el loft, y también Ryan y Esposito, a la vez. Había sido incómodo al principio, pero después de la intervención de Kate y Lanie —y el hecho de que los dos hombres no podían permanecer enfadados el uno con el otro por mucho tiempo— hicieron las paces. Más o menos. Necesitarían algún tiempo para poder volver a confiar completamente el uno en el otro, pero al menos se hablaban otra vez.

Ahora, diez días tras el ataque, Castle y Beckett estaban en la acera frente al edificio del loft, despidiéndose de Martha y Alexis mientras se alejaban en el coche de camino a Los Hamptons. Castle deslizó su brazo por detrás de Kate y la mantuvo cerca contra su costado mientras volvían adentro y se dirigían al ascensor.

—Por fin solos —murmuró Castle mientras abría la puerta del loft y dejaba que Kate pasara primero. Antes de que pudiera dar unos pocos pasos al interior, Castle la cogió de la muñeca y la empujó contra la puerta cerrada. Presionó su cuerpo contra el de ella y la besó profundamente. Sus manos se deslizaron hacia abajo sobre la cintura de Kate y luego le levantó ambos brazos por encima de la cabeza. Castle abandonó su boca para dejar un rastro de besos a lo largo de su mandíbula y cuello—. Siempre me ha gustado esta puerta —jadeó él, su cálido aliento acariciando la piel de su mejilla—. Ahora me está empezando a encantar.

—¿Un buen sitio para besarse? —gimió ella sin aliento.

—Sí, lo es, pero… conozco uno aún mejor —Castle le soltó los brazos y empezó a levantarle la camiseta.

—¿Me lo enseñas? —ronroneó ella en su oído.


Eran poco más de las nueve. Tras las ventanas la noche era oscura. Beckett estaba tumbada sobre un lado, recostada en un codo y su cabeza descansando en su mano. Observaba a Castle mientras dormía, su pecho subiendo y bajando lentamente con cada profunda respiración que tomaba. Los ojos de Kate siguieron las líneas del brazo derecho de Castle hasta su hombro y se detuvieron en su cuello, en la delgada línea rosada que palpitaba con cada latido de corazón. Ahora ambos tenían una cicatriz. Cicatrices que les recordarían lo cerca que habían estado de perderse el uno al otro. Cicatrices que les recordarían cada día que la vida era corta y que debían aprovecharla al máximo.

Muy suavemente, Kate alargó el brazo y apenas rozó la fina línea en el cuello de Castle con la punta de un dedo.

—Ahora entiendo todas las canciones —susurró ella.

—¿Qué acabas de decir? —la voz de Castle la asustó. Desplazó sus ojos al rostro de él y lo vio completamente despierto y observándola fijamente.

—¿Qué? —tartamudeó Beckett.

—Qué acabas de decir —repitió él.

—Yo… He dicho —Kate iba a decir nada, pero no había manera de escapar de la situación. Castle la había oído, así que más le valía decírselo a la cara. Sus ojos se posaron sobre los de él y murmuró—, Te quiero.

Castle no apartó la mirada de sus ojos mientras le cogía la mano izquierda y se la colocaba sobre su corazón. Kate notó los fuertes y acelerados latidos bajo su palma.

—Dilo otra vez —susurró el escritor.

Kate se trasladó encima de él, tumbándose sobre su pecho desnudo, y miró directamente dentro de sus profundos ojos azules.

—Estoy enamorada de ti —le dijo en un suspiro.

—Otra vez —pidió él.

—Te adoro —Kate le rozó la sien con los labios. Los ojos de Castle se cerraron involuntariamente.

—Otra vez —murmuró una vez más.

—Soy tuya —le besó los párpados cerrados. Luego Castle abrió nuevamente los ojos.

Antes de que pudiera volvérselo a pedir, Kate se inclinó hacia abajo unos centímetros y presionó sus labios a los de él.

—Tú y yo, siempre.


Espero que os haya gustado (encantado) y que hayáis disfrutado tanto leyéndola como yo disfruté al escribirla. Gracias por leerme.

:)