Disclaimer: Todos los personajes aquí mencionados, al igual que el mundo de Harry Potter pertenecen a J. K. Rowling, yo solo los tomo prestados. A excepción del personaje principal y su familia, que es creación mía.


Luna llena.

La mañana del 1 de octubre, los recibió con una lluvia torrencial. Ese día, extrañamente a lo que venía siendo habitual, Avril fue despertada por Lily dándose cuenta de algo. Aquella noche, no había tenido ninguna pesadilla. No que ella recordara al menos.

Feliz de la vida por ello, se levantó con toda la energía del mundo para ir a desayunar con sus amigas. Una vez allí, hubo algo que llamó su atención. Solo tres de los cuatro Merodeadores se encontraban allí, y estos no estaban en su habitual estado de euforia permanente, sino que cuchicheaban y comían muy rápido.

El corazón le dio un vuelco, al recordar que aquella noche había luna llena. Remus seguramente se encontraba en la enfermería, descansando hasta que se lo llevaran a la casa de los gritos por la noche.

Desayunó tratando de obviar ese hecho, de no hacer muy evidente la falta de Lupin. En las clases, estaban más dispersos que de costumbre, aunque parecían turnarse para tomar apuntes. No parecían muy felices, pero lo hacían.

Evidentemente, tampoco estuvo a la hora de comer y parecía que nadie a parte de ella notaba realmente su ausencia. Preocupada, decidió hacer la visita a la enfermería que llevaba posponiendo bastante tiempo, después de todas las clases.

- ¡Madame Pomfrey! – llamó. La enfermería se encontraba vacía. Solo al final de esta había un cubículo con las cortinas echadas.- ¡Madame Pomfrey!

- ¡Sí, sí…! – se escuchaba el trastear de botellas de cristal detrás de una puerta - ¡Ya voy!

Avril esperó a que saliera, nerviosa por si al intentar hablar con Remus, este se ofendía. A lo mejor estaba durmiendo y todo ese teatro no servía para nada. Entonces vio salir a Madame Pomfrey de la puerta, cargada con botellas y frascos vacios, que colocó encima de una mesa.

- Buenas tardes. A ver, ¿qué te pasa? ¿Dónde te duele? – preguntó.

- No, verá... – a ver como se lo explicaba - … es que últimamente no hago más que tener pesadillas y paso la mayor parte de la noche en vela. No consigo rendir bien en las clases y me preguntaba si usted podía ayudarme.

La señora Pomfrey la miró con algo de sospecha. Ciertamente, no era común que alguien llegara pidiendo precisamente eso. También es innegable, que no prestarle ayuda en caso de ser cierto, sería una negligencia por su parte. La chica no parecía buscar usar la poción para otros fines, de hecho, se la notaba pálida, como con falta de sueño.

- Bueno, para eso lo único que puedo hacer es darte poción para Dormir sin Soñar, pero tiene un inconveniente. Ven, siéntate…

- Avril. Avril Grimm – dijo rápidamente al intuir la pregunta.

- …señorita Grimm– Poppy la guió a la mesa donde había colocado los frascos y le indicó una silla. – Verás, el problema con la poción es que cuanto más la uses, menos efecto te hace. No me gusta la idea de que alguien tan joven como tú, deba depender de una poción para dormir.

Avril entendía a la perfección lo que la señora Pomfrey quería decir. No podía depender de la poción en todo momento, ya que llegaría a un punto en el cual no podría usarla por crear inmunidad ante esta.

- Aun así, no tengo inconveniente en que, si en algún momento dado las pesadillas son demasiado recurrentes, acudas a ella un par de veces. – siguió diciendo. – Me gustaría que vinieras a menudo a comprobar los progresos o hablar de esas pesadillas. Tal vez encontremos que es lo que las provoca y así logremos que no las tengas.

Avril se tensó visiblemente en respuesta. No quería hablar de ellas ya que no tenía como explicar el por qué veía gente muriendo, sin levantar sospechas.

- Preferiría no hablar de ellas. – Madame Pomfrey la miró reprobatoriamente, como diciendo que así, de qué forma pensaba hacer que dejara de tenerlas. – Sé qué es lo que las provoca y dudo que con un par de palabras desaparezcan. Solo necesito un descanso de vez en cuando.

- Bueno, está bien. – dijo pomposamente, aún con el ceño fruncido. – Pero no olvide que no debe abusar de la poción. Venga cada vez que la termine y si desea que esas pesadillas acaben definitivamente…

- Gracias Madame Pomfrey – le dijo sonriendo. – Se lo agradezco de verdad.

- Espera aquí. Tengo que ir a que el profesor Slughorn me rellene estas botellas, incluida la poción que necesitas. – la enfermera se levantó y se llevó todos los frascos de la mesa con ella. – Vuelvo enseguida.

Salió por la puerta murmurando algún que otro agravio contra el profesor de pociones, por no ser él, el que se llegara a la enfermería a reponer los suministros. Avril vio su oportunidad de hablar con Lupin en ese instante.

Se levantó de la silla y todo lo silenciosamente que pudo, se dirigió hacia la última cama cubierta por cortinas. Se asomó solo un poco, decidida a que si estuviera dormido, se marcharía sin molestarlo. Por un momento quiso que lo estuviera.

Remus Lupin estaba cómodamente reclinado en la cama, con un enorme libro entre las manos. Tenía una palidez extrema, peor que la de los días anteriores, las ojeras muy marcadas y hasta parecía más delgado. Se le notaba cansado, no solo físicamente. Parecía cansado de su situación, harto de verse ahí recluido, de tener que pasar por ello todos los meses, uno detrás de otro, sin descanso, sin oportunidad de evitarlo.

Avril pudo comprenderlo. Por supuesto no entendía del todo como se sentía, puesto que eso solo podía saberlo él. Pero comprendía la sensación de estar atrapado por algo inherente a ti, sin que tú puedas cambiar o evitar que así ocurra. Ella lo sentía desde hace años. Aún lo siente.

Pensó que después de todo, no era tan buena idea haber ido a verlo. En este tiempo no lo conocía como en el anterior, tal vez no disfrutaría de su compañía. Sin embargo, antes de desaparecer, Remus Lupin alzó la mirada de su lectura e hizo contacto visual. Sus ojos, normalmente verdes, brillaron en ámbar por un momento al fijarse en los de ella. No supo reaccionar.

- Vaya, me has pillado – dijo al ver que él no decía nada.

- ¿Qué haces aquí? – preguntó con brusquedad. Avril no se lo tomó a mal.

- Quería pedirle ayuda a Madame Pomfrey con una cosa. – respondió con una sonrisa. – Ha tenido que ir a buscar la poción, así que tengo que esperar a que vuelva. ¿Puedo sentarme?

Al lado de la cama de Remus, cerca de la mesilla de noche, había un taburete. Remus no vio razón para decirle que no, así que asintió con la cabeza. Avril lo cogió y lo acercó a la cama. Para evitar un silencio incómodo, decidió preguntar rápidamente.

- ¿Qué lees?

- Es el libro de aritmancia. Aprovecho para avanzar materia.

- ¿Avanzar materia? – lo miró incrédula – Pero si no lo necesitas. Eres de los primeros en clase.

- Mira quién habla. La que utiliza hechizos que aún no se han impartido en clase.

Avril lo miró sorprendida, preguntándose de qué estaba hablando.

- ¿Qué? ¿Cuándo…?

Hace unos días usaste un Accio para quitarnos el pergamino en el que estábamos trabajando. ¿Tan normal fue para ti usarlo que ya lo has olvidado? – inquirió Remus, cerrando el libro para centrar toda su atención en ella.

- Eh, bueno… - por un momento sintió que se le iba el color de la cara. – Es que en mi colegio anterior iban bastante avanzados con Encantamientos.

- Sí, y con el resto de asignaturas también, ¿no? – Remus no parecía terminar de creérselo.

- Ajá. La mayoría de cosas ya las he dado. Por eso a veces me resulta tedioso. – decidió que debía de cambiar de tema rápido. - ¿Te has aburrido mucho?

- ¿Cómo?

- Llevas aquí todo el día, ¿no? Debes estar aburrido.

- Bueno, no tanto. James, Sirius y Peter vienen cada vez que pueden. – luego empezó a reír suavemente. – Si por ellos fuera, estarían aquí todo el día, saltándose las clases.

- Sí - le dio la razón, riendo también –, no parecían muy contentos esta mañana tomando apuntes.

Remus empezó a reír más fuerte, imaginando la escena.

- Lo hacen solo porque se los pido, para no perder mucho el ritmo. – luego pareció creer que estaba diciendo mucho, así que se calló.

- Puedo prestarte los míos si quieres. – Remus la miró sin creérselo del todo. – No sé si deberías fiarte de los apuntes que hayan tomado.

- Gracias, pero no es necesario.

Avril notó que no confiaba en ella. Seguramente, en la situación en la que se encontraban, Remus no estaba del todo seguro de sí mismo, asustado de que ella se enterara de su condición, por lo que no terminaba de abrirse, y era comprensible. Fuera de la enfermería, a días de la llegada de la luna llena, las cosas serían distintas. Pero en esos momentos, la situación era delicada y Avril debía andarse con pies de plomo.

- Bueno, si cambias de opinión, no dudes en pedirlos. – ella no había perdido la sonrisa en ningún momento.

Remus asintió y se quedaron nuevamente en silencio. Lo notaba pensando, cavilando sobre algo, pero parecía no estar muy seguro de si mencionarlo o no.

- ¿Qué es, Lupin? – preguntó finalmente. Este centró sus ojos verdes de nuevo en los de ella. A cada minuto que pasaba, estaban más cerca del ámbar que del verde. – Quieres hacer una pregunta, lo tienes escrito en la frente.

- No sé si sería buena idea. No quiero meterme donde no me llaman.

- Muy inteligente de tu parte. – Avril trataba de quitarle hierro al asunto, pero notaba que era algo que probablemente la incomodaría. – Hagamos algo, tú hazme la pregunta y yo la respondo si lo creo conveniente.

Remus bufó ante tamaña respuesta.

- ¿De qué me sirve hacerla si no la piensas responder?

- A lo mejor podría responderla, pero nunca sabrás si es así, si no me haces la pregunta.

Suspiró y pareció meditarlo un instante.

- ¿Qué te pasó aquella noche, Grimm? La que nos encontramos en el pasillo. Estabas tan… - no llegó a terminar la frase.

Avril suspiró resignada, esperando una pregunta por el estilo. Al menos, podía salir por la tangente.

- Verás Lupin, mi vida hasta ahora no ha sido sencilla. Aún no tenemos la confianza para hablar de esto y no es algo de lo que yo quiera tener una conversación. Tal vez algún día… quién sabe. La cosa es que… - no sabía cómo continuar. – tengo pesadillas – sentenció.

Remus la observó con una ceja alzada. Como preguntando si eso era todo.

- No me mires así – dijo riendo al ver su expresión. – Es algo más complicado que eso pero… bueno, realmente me puse así por una pesadilla.

- ¿Tan repetidas son que tienes que recurrir a una poción para Dormir sin Sueños?

Avril amplió su sonrisa. Acababa de pillarlo.

- Así que lo has escuchado, ¿eh? – aprovechó para picarlo.

Remus enrojeció por completo. Para colmo, con la palidez se le hizo más notable.

- No, yo… es que… b-bueno, verás, ha sido sin q-querer, de verdad que no… - Avril empezó a reír a carcajada limpia al verlo tan nervioso.

Viéndola en ese estado se tranquilizó un poco, pero aún se le notaba sonrojado.

- No, tranquilo… si no pasa nada. – apenas podía parar. – No me molesta. Ay. Mi barriga.

- Vale, puedes parar de reír – dijo al ver que no se detenía, fingiendo un poco de molestia.

- Es que no te has visto la cara, Remus. – esta vez ambos rieron a la vez.

- No era mi intención escuchar, de verdad – se disculpó, ya más tranquilo.

- Ya te he dicho que no importa. – ella sabía que con la luna llena, sus sentidos se agudizaban, por lo que era comprensible que hubiese escuchado la conversación, aún a la distancia a la que estaba.

Nuevamente se quedaron en silencio, pero esta vez era diferente, era de esos silencios cómodos que no necesitan ser llenados. A Avril le gustaba pensar que había logrado acercarse un poco más a su antiguo profesor de Defensa.

- Oye, Grimm – llamó Remus, como tanteando el terreno.

- Dime.

- Pensaba en lo que has dicho antes. Es cierto que no tenemos confianza el uno en el otro, pero… - pareció dudar entre decirlo o no – me caes bien.

- Graciasss… - no terminaba de saber por dónde iban los tiros.

- No te burles, hablo en serio. Quiero decir, que a lo mejor no lo necesitas, pero si alguna vez quieres hablar… - se encogió de hombros como quitando importancia al asunto – se guardar secretos.

Avril entendió lo que quería decir. Le estaba brindando su apoyo, un pequeño escape si decidía que quería hablar de algo.

- Muchas gracias – decidió seguir quitando importancia al asunto, para no hacer tan serio el momento –. No deberías haberlo dicho, tal vez te tome la palabra.

- Viviré con ello – dijo siguiéndole la broma.

- Más te vale – luego se dio cuenta de algo –. Pero no puedo confiar en alguien que me llama por mi apellido.

El licántropo la miró sorprendido de repente. Pero entonces se dio cuenta de a qué se refería con aquel comentario.

- ¿Tendremos que compartir un desayuno entonces? – preguntó divertido.

- Algo mejor y especial – respondió muy segura –. Dime Lupin, ¿qué piensas del chocolate?

- Está bueno.

- ¿Está bueno? ¿Eso es todo lo que tienes que decir? – Avril puso una mueca divertida en el rostro.

Remus se encogió otra vez de hombros. Avril sacudió la cabeza, incrédula de la respuesta del chico. Después se inclinó hacia delante, dispuesta a no dejar la conversación de lado.

- Verás, hace años tuve un profesor al que cogí mucho cariño – Remus se preguntaba qué tenía eso que ver -. Era una persona muy especial, ¿sabes? Ese profesor… se desvivía por nosotros, nos ayudó muchísimo y acabamos haciéndonos buenos amigos. Era profesional, inteligente, amable… y una de las personas más valientes que he llegado a conocer – Avril estaba sumida en sus recuerdos, mientras que Remus escuchaba atentamente cada una de sus palabras –. La cosa es, que siempre llevaba consigo un poco de chocolate – la versión joven de su profesor pareció despistarse cuando mencionó eso último.

- Chocolate – repitió para estar seguro.

- Así es – dijo divertida –. Decía que el chocolate subía el ánimo y daba mucha energía entre otras cosas. Nunca le terminé de prestar mucha atención cuando se ponía a hablar de eso – al mismo tiempo hacía un gesto con la mano, restándole importancia –. En fin, que terminé por adoptar su manía y resulta… - metió la mano en uno de los bolsillos de su túnica – que a menudo suelo llevar algo de chocolate encima.

- Ya veo – Remus sonrió ante la vista del chocolate.

- ¿Tienes hambre?

- Un poco.

- Genial – Avril animada, partió en dos lo que le quedaba de la tableta de chocolate que tenía y le alcanzó una mitad a Remus –. Come, seguro que te sienta bien.

Remus se tensó un poco, consciente de su palidez, pero aceptó el chocolate y le dio un mordisco.

- ¿Mejor? – le preguntó.

- Sí – respondió con una sonrisa agradecida, aunque poco efecto pudo hacerle nada más haberlo comido.

- El chocolate es realmente especial. En cuanto lo acabes del todo, será aun mejor. – Avril sentía el corazón en un puño en esos momentos.

Compartir el chocolate con él la transportaba años atrás, cuando siempre que se encontraba a su profesor, este le pasaba una chocolatina a escondidas de todos. La catástrofe más grande en aquel entonces, era que Molly los pillase en esas antes de servir la comida las veces que comían todos juntos.

El chico la observaba en su mutismo, encerrada en sus pensamientos, y sabía que sufría, que vivía con el dolor. Él era capaz de ver eso, porque él también vivía así. Condenado. Se sentía mal viéndola de ese modo. Ella no tendría que estar cerca de él, corriendo un riesgo innecesario, poniendo su vida en peligro sin saberlo. Él no merecía la pena, ni la compañía. Él no podía salvarla, porque no podía salvarse a él mismo.

- Tal vez deberías haberlo compartido con alguien más – notó como Avril salía de su ensimismamiento y se centraba de nuevo en él –. Tú has dicho que el chocolate es algo especial, deberías haberlo guardado para otra persona u ocasión.

La sonrisa de Avril lo pilló completamente desprevenido. Era de esas sonrisas que parecían comprenderlo todo, que aceptaban el mundo tal cual era y todo lo que dentro de él estuviese. Sentía que lo sabía, lo sabía todo y no le importaba.

- Pero Remus – no se le pasó por alto que usó su nombre –, tu eres especial. Mereces este chocolate tanto o más que cualquiera. Para serte sincera, me recuerdas a esa persona.

- ¿Yo? – ahora sí que no cabía en sí mismo del asombro.

- Sí - Avril seguía con esa sonrisa en sus labios. Sentía las lágrimas agolparse en sus ojos –, él, a menudo, se menospreciaba a sí mismo, creyéndose inferior a los demás por la difícil situación en la que se encontraba, pero Remus, puedo asegurarte, que era el hombre más increíble y fuerte de todos.

- Yo no soy…

- ¿Lo ves? – inquirió con un bufido – estás haciendo lo mismo que él hacía. Yo no era capaz de entender, por qué él no veía que merecía la felicidad más que cualquiera. Se empeñaba tanto en alejarse de ella, solo porque creía que el resto estaría mejor si no andaba cerca. Aún no soy capaz de entenderlo.

Entonces la puerta de la enfermería se abrió estrepitosamente de un portazo. Se escucharon los pasos apresurados de Madame Pomfrey junto con el tintineo de los frascos chocando unos con otros.

- ¿Señorita Grimm? – la señora Pomfrey miraba de un lado a otro, buscando a la chica que no se encontraba donde la había dejado. – Hum, ¿señorita Grimm?

- ¡Estoy aquí! – gritó Avril, levantándose del taburete para ir en su busca – Tendremos que dejar esto para otro momento. Me ha encantado hablar contigo. Toma – le dio lo el resto del chocolate que tenía –. Guárdalo para cuando te pongas mejor.

Salió sin siquiera dejar que se despidiera de ella. Se acercó hasta Madame Pomfrey que la volvió a mirar extraño, pero enseguida le entregó un pequeño frasco morado y la sacó fuera de la enfermería.

Aquella noche no tomó la poción y por suerte, no fue necesaria. Mientras tanto, una clase vacía y que no era usada normalmente, estaba siendo utilizada por tres chicos que practicaban, siempre que podían, hacer una transformación de cuerpo completa.


Y aquí termina el siguiente capítulo. Me gustó mucho escribirlo, es de nuestro querido Remus de quien hablamos después de todo. Espero vuestros comentarios sobre qué os ha parecido y qué pensáis de Remus. La verdad es que no se si habré sabido captar su esencia y todo lo que el personaje piensa y siente. Si veis algún error o algo que haya pasado por alto, por favor, decírmelo.

Además os traigo una buena noticia (o quiero creer que lo es). El próximo capítulo es algo cortito, por lo que he pensado en subirlo el sábado en vez del miércoles de la semana que viene. Y luego el siguiente correspondiente, de nuevo el miércoles. ¿Os apetece?

Gracias a chelseapotterblack por su comentario y estar ahí.

Un kiss.

Debyom.