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-Esta casa no debería ser tan grande…- Soltó Petunia con una voz claramente turbada, no le agradaba para nada cómo las cosas habían resultado. Habían caminado por el demasiado-largo pasillo sin encontrar nada. Handy también se había percatado de esto, pero no había dicho nada hasta el momento. Ahora que ella hacía el comentario, sólo pudo limitarse a dejar de andar para fijarse en la longitud que aún les esperaba, la chica se detuvo también y con pequeño temblor en sus labios dijo –Será mejor que regresemos, ya no importa la mancha en la ropa- Para que dejara pasar una mancha en sus prendas, ¿y de lodo? Debía estar realmente incómoda con toda la situación.

-Tienes razón –Replicó él intentando que no se notara el temor en su voz, si bien antes no se habían sentido atemorizados por el asunto, ahora sí y mucho. Lo mejor sería regresar, así lo hicieron. Se dieron la media vuelta y comenzaron a andar por el pasillo para regresar al recibidor, por alguna razón ambos dieron una tentativa mirada hacia sus espaldas, rápidamente voltearon y siguieron andando.

–Esta casa no me agrada para nada –Dijo Handy rompiendo el silencio, pues ni sus pisadas se lograban hacer escuchar debido a la tupida alfombra que cubría todo el suelo. Petunia hizo un gesto afirmativo con la cabeza, estando totalmente de acuerdo con él. Ambos siguieron caminando por el pasillo, un extraño sentimiento les embargó al descubrir que parecía no tener fin, pero ambos sabían de alguna manera que eran ilusiones ópticas que les jugaba su mente o al menos intentaron tranquilizarse con ese pensamiento en silencio, pues no expresarían que tenían miedo en voz alta.

Las puertas, justo como la última vez, parecían seguir una tras otra sin parar, por alguna razón habían desistido de abrir cualquiera, era su deseo salir de esos corredores cuanto antes, por lo que distraerse no estaba dentro de sus planes. Petunia sostenía con fuerza la prenda que se había ensuciado, sus manos estaban aferradas a dicho producto textil mientras sus pasos seguían, seguían y seguían. Ambos recordaban haber tenido que doblar en un recodo, pero hasta el momento no lo habían divisado y no parecía haber uno pronto.

-Handy, no me gusta esto –Expresó en voz alta Petunia, era débil mentalmente y se desesperaba con facilidad en esta clase de situaciones. El peli-naranja, con todas las intenciones de calmarla, esbozó una sonrisa que de alguna forma sí tranquilizó a la chica, era de esas que al verlas se te olvida todo y piensas que todo estará perfectamente bien. Aunque la realidad era otra, una que pronto descubrirían.

-¡Shifty!- Comenzó a llamar el cleptómano a su otra mitad, había dicho que iría a la cocina por algo de comer y eso había sido hace como media hora. Entendía que la casa fuera de gran tamaño, pero vamos, ¿media hora por un bocadillo? Ni que estuviera preparándose la cena en esos momentos -¡Shifty! –Volvió a llamar con cierta impaciencia en su voz, una fácil de detectar. Fue a la cocina y estaba desierta, frunció el ceño ante eso, ¿dónde rayos se había metido su gemelo? Cruzó el comedor hasta la puerta que los había conducido a la joya que precisamente tenía en uno de sus bolsillos.

Comenzó a andar por ese pasillo con mirada furtiva, atenta a cualquier movimiento que pudiera decirle donde estaba su hermano. No era que no pudiera vivir sin él, pero no saber donde estaba, mejor dicho, haberlo perdido dentro de una mansión. Eso no olía nada, pero nada bien. Recordaba perfectamente el corredor por el que habían tenido que cruzar y un temblor le recorrió al recordar esa puerta… Donde habían sentido el terror embargarles y paralizarles apenas horas antes. ¿Sería posible que Shifty hubiera ido por su cuenta ahí, solo? Lifty negó con la cabeza incapaz de pensar en lo que hubiera pasado si hubiera sido así. Quiso correr hasta esa puerta y asegurarse de que en verdad no estuviera ahí, pero era mejor buscar con cuidado.

Siguió intentando abrir las puertas de una en una, pocas abrieron, sólo para dejar ver en su interior cosas inservibles y otros cachivaches acomodados, cubiertos por una fina película de polvo gracias al nulo uso que se les había dado –Ugh, maldito Shifty –Espetó entre dientes, odiaba que se desapareciera de esa manera cuando no le decía nada, eran independientes sí, pero no tenía derecho a preocuparlo de esa manera, menos cuando habían pasado por esa pequeña aterradora experiencia.

Cuando llegó a la puerta, a esa puerta, Lifty no pudo evitar sentir una fuerte opresión en pecho, mejor dicho en todo su cuerpo, como si de repente el ambiente se hubiera hecho pesado y causara que al menor movimiento se sintiera ansioso y nervioso –Shifty –Llamó una vez más y tocó a la puerta sintiendo su boca extrañamente seca, recibió algo parecido a un murmuro como respuesta e intentó girar la perilla. Esta lo hizo delicadamente, el peli-verde tragó saliva fuertemente, el corazón se le aceleró y empujó la puerta. Nada le recibió excepto obscuridad, como la última vez. La iluminación de la habitación era básicamente la que venía desde el pasillo por la puerta recién abierta. Sintió frío y no era precisamente por una temperatura baja, era algo más lo que le provocaba escalofríos.

Con la poca luz que se originaba a sus espaldas, pudo notar algo en el suelo, la orilla de algo circular, por su mente pudieron haber pasado un sinfín de posibilidades, pero sólo una pudo registrar en ese momento: el sombrero de Shifty. Con esa idea, aterrado de que algo pudiera haberle pasado, abrió los ojos como platos y se lanzó a la penumbra a buscar a su hermano -¡Shifty, Shifty! –Llamó una y otra vez, la puerta se cerró de un portazo atrás de él, dejándolo en la completa obscuridad, sintió aún más frío. El pánico se apoderó de él y podía sentirlo recorrer todo su cuerpo, dejándolo inmóvil al darse cuenta de que había caminado justo a la boca del lobo.

Cuando quiso agacharse para tomar el sombrero de su viva imagen, no pudo sentir nada en el suelo, sólo el poroso tapete que cubría prácticamente todo el piso de la estructura. Se dijo a sí mismo en su mente "saldrás de esta, vas a salir como sea… No temas, Lifty, no temas", continuaba repitiendo esas palabras en su cabeza de manera casi automática, como una grabación con errores que no hace nada más que reproducir la misma parte. Se comenzó a mover hacia un lado, estirando el brazo para intentar alcanzar una pared, su mano temblaba y sólo deseaba poder poner su espalda contra un muro para sentir mayor seguridad.

-Shifty –Volvió a llamar, porque estaba seguro de haber escuchado un murmuro… Uno que se repitió instantáneamente al Lifty volver a pronunciar ese nombre. Jamás había estado tan asustado en su vida. Llegó a la pared, de inmediato se pegó a ella como si fuera un imán, respiraba agitadamente y miraba en todas direcciones sin poder divisar nada. Su expresión facial se tornó a una preocupada, arqueó las cejas hacia adentro y sintió que en cualquier momento iba a ser devorado.

-¡Shifty, maldición! –Gritó cerrando fuertemente los ojos e intentando escuchar algo, otro murmuro, nada más, parecía que ni siquiera estaba ahí, era demasiado lejano, ausente. Como si todo fuera producto de su imaginación, pero no, sabía que en algún lugar de esa habitación estaba su hermano. ¿Cómo las cosas habían resultado así? Sólo habían venido porque creyeron que el dinero les iba a sentar bien, pensaron que podían también hacerse de un poco más al robar la joya, oh, esta estúpida joya.

Lifty sacó el rubí de su bolsa y lo lanzó fuertemente al frente, arrojando junto con él toda la frustración y terror que en ese momento habían tomado completo control de él. Un ruido sordo se produjo cuando chocó con la pared, esperó inconscientemente el del suelo, pero no llegó; en cambio, un quejido débil se hizo sonar, como si le hubiera dado a alguien. "Shifty". Pensó. Sin pensarlo dos veces, dio los primeros pasos, desesperado por encontrar a su mitad, aún si estuviera herido, pero quería verlo, sostenerlo entre sus brazos y que él hiciera lo mismo como siempre hacía en privado. Lo necesitaba.

Avanzó con pasos torpes y moviendo sus manos en el aire al ras del suelo, por si se topaba con algo. El frío era más presente, pero con la adrenalina del momento se le olvidó por completo. Sólo quería llegar hasta su hermano. De pronto se topó con algo, cabello. Avanzó más, arrodillándose en el suelo y palpó con delicadeza. Un rostro, pecho, cuello, todo, todo estaba en su lugar. Lifty casi sonríe de oreja a oreja, pero en vez de eso fue una débil, lastimosa. Su hermano, sólo él sabría qué le había pasado. No podía ver, pero esa calidez era incomparable, era él, pero algo estaba mal.

La que una vez fue una piel tersa y lisa, ahora estaba abultada, cortada, húmeda, sangre. Se agachó sobre el cuerpo y lo cubrió con el propio, brindándole protección. La voz quejumbrosa pronto cesó, no había ruido, sólo la tela rozando entre los dos. Lifty en ese momento no supo si llorar o alegrarse de haberlo encontrado, incluso en esas condiciones. Entonces, algo dejó de estar bien, el pecho abajo suyo dejó de moverse en su acompasada respiración. ¿Era eso posible? Estar desesperado por algo, tenerlo de nuevo y perderlo en cuestión de segundos… Sacudió el cuerpo debajo suyo, nada. Le llamó, nada.

Lifty, en medio de un incontrolable torbellino de confusión y rabia, se levantó y comenzó a aporrear las paredes, arrancar el papel tapiz hasta que sus dedos comenzaron a sangrar en las uñas por el esfuerzo -¡Shifty, Shifty! –Llamó una y otra vez, inútilmente, pues lo tenía justo a su lado, sin vida -¿¡Por qué, por qué a nosotros! –Gritaba, aullaba cual animal herido y lo estaba, se desmoronaba poco a poco por dentro. ¿Quién era el culpable ahí, por qué justamente ellos? No era justo, definitivamente no lo era. Al menos los sacaría de ahí, se levantó buscando a tientas la puerta, rodeó la habitación guiándose por la pared, pero dobló en cada esquina y no había nada. Nada.

Apresuró el paso, siempre manteniendo el tacto en la pared que parecía infinita de no ser porque existía la limitante de las cuatro paredes y cuatro esquinas. Tardó en aceptarlo, pero cuando se dijo a sí mismo que no había salida, se resignó. Pronto sus energías se acabaron, su respiración ahora se hacía más difícil debido al frío que, sin darse cuenta, había aumentado de sobremanera, dificultando todos sus movimientos. Cayó de rodillas nuevamente al lado del cadáver aunque no pudiera verlo, ¿así acabaría todo? Sonrió ante el pensamiento con lágrimas cálidas que pronto se volvieron heladas al caer por sus mejillas.

-La pasamos bien, ¿eh? –Dijo entre jadeos, se acercó lo más que pudo a él y se acostó a su lado, su cuerpo sin alma ya no emanaba ninguna calidez, pero sentirlo una vez más serviría para ayudarle a aceptar lo irremediable Morir. Lifty, desde ese momento, no supo si habían pasado minutos, horas, incluso días. Cayó en un profundo sueño, tiritando, cansado, los párpados le pesaban y cuando cerró los ojos, jamás volvió a abrirlos, ninguno de los dos.

Sujeto de pruebas número 9. Lifty. Muerto.
El comportamiento del sujeto ante la desaparición de su hermano lo llevó a un estado de poco control sobre sus acciones. Desesperación.

Sujeto de pruebas número 10. Shifty. Muerto.
Fue inducido por fuerzas desconocidas a volver a la habitación de extraño comportamiento, era el mayor de los gemelos y el más determinado.

Conclusión:
La avaricia mata.

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Sí, sí, es triste… Por alguna razón estos dos tenían que ser los primeros, no me pregunten cómo murió Shifty, incluso yo desconozco los misterios de esa mansión. Sólo digamos que a los muertos no les gusta que les roben sus pertenencias. ¿Fue demasiado pronto? Júzguenlo ustedes.