Capítulo 9
Nueva línea
Como el otro día, Twilight fue la primera en despertarse, dejando a Spike durmiendo plácidamente; desayunó algo rápido y después se dirigió a la gasolinera, buscando un mapa y una guía de carreteras para encontrar el cine más cercano. Esa noche apenas había podido dormir, pensando en todo lo que oyó en aquella cinta. En Central High dudara de que hubiera cines, siendo un pueblo tan pequeño y disperso, por lo que prefirió ir sobre seguro; tomó todo lo necesario en la tienda de la gasolinera y luego se volvió a la biblioteca para mirarlo con más calma. Para entonces, Spike ya se había levantado.
-¿A qué viene eso de no despertarme? Sé que hay cosas por hacer…
-No pasa nada, Spike, eres un bebé dragón, necesitas tus horas de sueño, ayer nos quedamos hasta tarde viendo la peli-le recordó ella, sosteniendo el mapa y la guía con su magia.
-¿Estás buscando el cine? Deja que te ayude…
Spike se encargó de comprobar el mapa, mientras que Twilight ojeaba la guía de carreteras, buscando en la parte de ocio y tiempo libre; tras varios minutos, la unicornio lavanda encontró algo.
-¡Ah, aquí, hay cinco cines en total en esta ciudad llamada Oklahoma City! Entre ellos este, el AMC Penn Square 10… ¿puedes mirarlo, Spike?
-Estoy en ello…-murmuró el dragón, recorriendo el mapa de la zona con sus ojos.
No tardó mucho en encontrar lo que buscaba.
-Aquí, a pocos minutos del centro de Oklahoma City…
-Vale ¿y dónde está Oklahoma City?
-No muy lejos, en coche se llegaría enseguida, no obstante…
Spike la mostró la distancia entre Central High y Oklahoma City, la unicornio frunció el ceño, pensativa.
-No estamos muy lejos, aunque… teniendo en cuenta que nosotros no podemos usar coches, tardaríamos un poco más. Además, tendríamos que llevar provisiones con nosotros y prepararnos para un viaje de al menos dos horas y media… no sé yo… tampoco podemos estar cien por cien seguros de que la siguiente grabadora esté allí…
-¿Qué hacemos entonces?-inquirió Spike.
Twilight se quedó rumiando la situación, dándose toquecitos bajo la barbilla con su casco.
-En cualquier caso, necesitaríamos ir más allá tarde o temprano, nos convendría también tener localizadas más gasolineras y otros puntos de abastecimiento… iremos, aunque por ahora tendremos que esperar y prepararnos bien para el viaje.
-Sí, señora… y mientras tanto ¿Qué hacemos?-inquirió Spike.
-Seguir investigando, tenemos una extensa cultura que descubrir.
Y sin decir nada más, siguieron descubriendo más cosas sobre el mundo humano, con la idea de partir a Oklahoma flotando en el ambiente.
-Unos últimos toques en los bajos, y estará terminado…
Una semana daba para mucho, y para alguien como Rarity quedarse sentada sin hacer nada era imposible; desde que se asentó en la tienda de ropa, su gusto por la moda humana no hizo más que aumentar, por lo que enseguida comenzó rumiar el hacer un modelo ella misma. Partiendo de uno de los tantos diseños de su querido Balmain, comenzó a confeccionar un vestido de seda con estampados florales y motivos redondeados que simbolizaban la naturaleza y que a ella le gustó mucho; encontró bastantes materiales en el almacén de la tienda, pero se les acabó en menos tiempo del que ella esperaba y tuvo que salir más allá para encontrar algo con lo que poder hacer el vestido. Prácticamente inspeccionó todo el barrio donde se encontraba, buscando algo que pudiera usar, cualquier tela la valía, ya que podía replicarla con su magia y copiar las características de la original en la misma, para no desentonar. Casi se podía decir que se conocía bien la ciudad, al menos la parte en la que estaba.
Y tras muchas vueltas e inspecciones por todas las casas y edificios aledaños, paciencia y trabajo constante, consiguió terminar la pieza, maravillándose ante su técnica; le había quedado idéntica a la original que vio en una foto en el libro.
-Oh, es simplemente magnífico… si pudieras verlo, Pierre… oh ¿Qué me diría?-se preguntó entonces, imaginándose el momento.
Ella, rodeada de tantos diseñadores humanos, contemplando su trabajo, en lo más alto de la torre Devon, el edificio más alto de la ciudad; todos ellos alabándola y felicitándola por el buen trabajo realizado. En ese momento, el mismísimo Pierre Balmain se abría paso entre el público, sin aportar los ojos de su propio obra, echa por la unicornio; llegando a su lado, contemplando los acabados, recreándose en los detalles y admirando los contornos. El diseñador francés alzaría la mirada, la miraría por un momento y musitaría.
-Señorita Rarity… jamás he visto tanta belleza, tanto en el vestido como en usted.
-Oh…
-Es usted realmente fabulosa… ¿me haría el honor de ser mi socia y, de paso, invitarla a tomar una copa esta noche?
-Oh, señor Balmain, eso sería absolutamente…
En ese momento algo la despertó de su trance y sacudió la cabeza, volviendo a la realidad.
-Demonios, que me evado… pues claro que no, Pierre murió hace ya tiempo… mucho antes de la desaparición de los humanos…
El recordarlo la dejó un tanto triste, ya que no habría ninguna mujer humana que se pudiera probar el vestido; tan solo se quedaría ahí, solitario, ensutado ad eternum en la sombra humana que era el maniquí. Suspiró, un tanto desanimada, pero enseguida se repuso; si no podría usarlo, la serviría de modelo para crear uno adecuado a los ponis.
-¡Ya lo tengo, haré un nuevo modelo que lo pueda lucir la élite más refinada de Canterlot! Tan solo he de hacer un nuevo maniquí y salir en busca de más materiales.
Por lo que no perdió más tiempo y se puso a la búsqueda de más material con el que poder trabajar; lo primero que realizó fue el maniquí, había un montón guardados en la trastienda, y no fue nada que su magia pudiera hacer, cambiándolo de forma.
Reunió todo lo que tenia a mano y que aun quedaba en la tienda, pero se quedaba demasiado corto para realizar la base.
-No me queda tela blanca… quizás pueda cambiarle el color, un rojo satén le quedaría bastante bien. Veamos que puedo encontrar por aquí.
Antes de partir, cogió una pequeña carretilla de cuatro ruedas con la que poder transportar todo lo que encontrara y se puso en marcha; esa parte de la ciudad ya la tenia bastante comprobada, por lo que se decantó por seguir todo recto por North Pennsylvania Avenue para ver con lo que encontraba.
North Pennsylvania Avenue se caracterizaba por ser una larga avenida residencial, con un diseño muy lineal y por la cual se agolpaban muchas casas, por las que estuvo rondando y registrando, en busca de telas, sedas o de cualquier otra cosa que le pudiera servir, así como de provisiones o recursos varios. Cruzarla andando llevaría al menos como dos horas y media debido a lo larga que era, pero Rarity había inventado un método que paliaba ese problema; al igual que harían los coches que se encontraban aparcados por toda la ciudad, Rarity se subía a la carretilla y, usando su magia, encantaba las ruedas para que giraran a la velocidad que ella requiriera. De esa forma, se ahorraba una tediosa caminata y recorrer la ciudad era más descansado y rápido.
Ésa vez quería ir más allá, ya había encontrado un montón de cosas que la podían servir para confeccionar el nuevo vestido, pero nunca estaba de más explorar y ver cómo era la ciudad. Siguió todo recto, esquivando los coches mal aparcados y algunos que estaban en medio de la carretera; una vez trató de apartar uno con su magia, pero jamás había levantado algo tan pesado y lo dejó correr, puesto que la dejó agotada. Aceleró un poco más, viendo que aún quedaba avenida por delante, hasta llegar a la intersección con la Interestatal 44, una de las autopistas que cortaban perpendicularmente a la ciudad. Pasó por debajo del túnel y siguió adelante, dejando atrás más casas, algún que otro comercio, una gasolinera y un paisaje urbano de lo más cuco; Rarity tenía que admitir que, al contrario que el centro, esa parte de Oklahoma poseía cierto encanto que no la pasaba desapercibido. Quizás fuera porque hacia un muy buen día, con un sol radiante y sin apenas nubes a la vista; podía oír de vez en cuando el piar de los pájaros y las ramas de los árboles de las aceras meciéndose con un suave viento proveniente del este.
Mientras seguía adelante, iba haciendo recuento de todo lo que había encontrado.
-Vale, tengo varias latas de comida, sedas de colores varios, velas, un par de libros sobre la ciudad, un catálogo de bisutería, y varios montones de telas para confeccionar… no está mal, pero a ver qué más puedo encontrar…
En ese momento pasaba al lado de lo que parecía un gran centro comercial y paró de golpe, sin creerse lo que veía.
-Oh, cielo santo… ¿eso es lo que yo creo que es?-masculló ella.
Se bajó de la carretilla y leyó el cartel que sostenía un gran poste de tres patas.
-Penn Square Mall, número 10… espera, me suena de algo…
Tomó por un momento la guía y confirmó lo que estaba pensando; era uno de los tantos centros comerciales que había en la ciudad, con un montón de tiendas de todo tipo en su interior, incluyendo una zona de ocio con cafeterías, tiendas de comida, ropa y cines.
-¡Oh, pero es perfecto! ¡Nos vamos de compras!-masculló ella, echando a correr hacia su interior.
Una vez allí, se maravilló ante todo lo que había, aparte de su inmenso tamaño; los suelos eran de cerámica, muy brillantes, dos pisos coronaban las alturas del centro comercial y vio auténticas minas de telas, con los nombres de Dillard's, Victoria's Secret o Macy's.
-Es maravilloso… es fantástico, es sensacional… oh, tengo que venir aquí más a menudo. Si no estuviera tan lejos…
Cargó su carretilla con más material del que hubiera podido imaginar, pero de entre todas las cosas que allí había, no encontró nada con rojo satén, cosa que la molestó bastante.
-Agh, miles de cosas para elegir y no hay lo que busco…-masculló, frustrada.
Se sentó en un banco de madera de uno de los tantos pasillos para descansar un poco de sus "compras"; no sabía exactamente qué hora era, pero viendo que el sol ya estaba en lo más alto del cielo, ya debía de ser mediodía. Desde hacía un buen rato notaba algo de hambre, por lo que mató el gusanillo comiendo algo de lo que pudo encontrar en las casas de más abajo, mientras ojeaba un panfleto del centro comercial, en el cual había un mapa del mismo con descripciones de todos los servicios disponibles en él e imágenes de cada uno. Pero una de las fotos de las salas de los cines la llamó la atención, ya que se podía ver en ella unas frondosas cortinas de color rojo satén, justamente lo que andaba buscando.
-¡Rojo satén! ¡Y qué rojo satén, es fabuloso! ¿¡Dónde están esas cortinas?!
Buscó en el mapa donde caían los cines y fue inmediatamente para allá, entrando en ellos rápidamente; había en total unas siete salas, entró en la primera que vio, en la cual un cartel promocional anunciaba una película de nombre Django desencadenado, pero apenas le prestó atención. Tuvo que alumbrarse con su cuerno, puesto que la sala estaba a oscuras e intimidaba bastante, pero por esas cortinas de rojo satén era capaz de confrontar hasta la más oscura noche. Usando su magia, descolgó las del lado derecho y las dobló cuidadosamente, para que ocupasen lo menos posible.
-Con esto tengo más que de sobra… puedo dejar las del otro lado para otra ocasión-pensó ella, contentísima con su descubrimiento.
Fue a abandonar la sala, cuando oyó algo cayéndose de la parte más alta de la barra que sujetaba las cortinas.
-¿Qué ha sido eso?-inquirió ella.
Alumbró la parte alta de la sala, buscando el origen de ese ruido, para luego enfocar al suelo; se agachó un momento, mirando debajo de las butacas, llegando a verlo. Una especie de caja negra pequeña, con una pequeña carcasa transparente y una serie de botones en la parte superior.
-¿Qué es esto?-se preguntó la unicornio blanca, cogiéndolo con su magia.
Lo miró más de cerca, tratando de adivinar lo que podría ser, pero no sacaba nada en claro; aun así se lo llevó, puesto que la había abierto la curiosidad.
Una vez que tuvo todo bien guardado y asegurado, regresó al centro, bastante cargada y muy satisfecha de su pequeña expedición; no quería quedarse hasta tan tarde tan lejos de la tienda, por lo que lo dejó para otra ocasión. Después de todo, tenía todo el tiempo del mundo.
Mientras tanto, en otro momento y en otro lugar, Pinkie Pie trataba por todos los medios de no hacer demasiado caso a Pinkamena, pero no estaba dando demasiado resultado.
-Vaya, este sitio es mucho mas grande de lo que cabria esperar ¿no te parece? Aunque quizás haya que cambiar el pertinente cartelito de bienvenida… Bienvenido a Tulsa; población: 2.
-Querrás decir una…
-No, digo bien, tontita, estamos tú y yo…
Pinkie contuvo un suspiro, tratando de no llevarla la contraria, ya que seria peor; había sido una semana de lo más movidita, apenas había tenido un minuto de respiro y Pinkamena la había estado hablando a todas horas. Por un lado era un tanto insufrible, aunque por otro tampoco se sentía tan malo. De alguna forma, su presencia la hacia compañía y al menos tenia a alguien con quien hablar; ignorando el hecho de que era una parte de su ser, podía hacer la vista gorda. Otros creerían que estaría loca.
-¿No podrías estar callada aunque solo fuera por unos pocos minutos? Me estás dando dolor de cabeza…-la espetó ella, mientras exploraba el centro de la ciudad.
-Ah, y así es como la señorita agradece la compañía de una servidora… muy bonito…
-No es eso, sólo que… quiero un poco de tranquilidad, eso es todo…-murmuró Pinkie rápidamente.
-Ah, ya decía yo… ¿lo ves? Poco a poco empezamos a entendernos…
Tulsa era una ciudad bastante grande, al menos para ella; el centro se la antojó bastante denso, con muchos altos edificios comerciales, a diferencia del barrio residencial donde ella paraba de un tiempo a esa parte. Durante todo ese tiempo había podido investigar un poco lo que la rodeaba, leyendo libros, explorando las calles y curioseando todo, aunque Pinkamena casi siempre tenía algo que decir. Había veces que le gustaría saber más cosas, unas más que otras. Todo la llamaba poderosamente la atención, aunque también notaba que empezaba a cambiar con respecto a la última vez que soltó una carcajada; su pelo seguía tan liso como cuando abrió los ojos a la nueva y dura realidad que la rodeaba, y no había vuelto a sonreír desde entonces. Hasta ella notaba que se encontraba fuera de lugar.
-Ay, hija, siempre estás con esa cara de ajo, alégrate un poco…-la dijo Pinkamena.
-Y precisamente me lo dices tú… desde que volviste no he vuelto a sonreír ¿Por qué será?
-Pues cosa tuya, porque yo soy encantadora…
-Sí, claro, encantadora-recalcó ella, colocando unas cajas de pie para subirse a ellas.
Había visto algo tras una ventana y ésta se encontraba abierta, por lo que las servirían para colarse en el interior de la casa.
-Pues claro que sí.
-Vale, lo que tú digas…
Se encaramó a la primera caja y luego a la siguiente, llegando hasta la cornisa de la ventana, entrando de un salto por ella; se encontró entonces en una habitación de juegos, quizás el lugar favorito de algún niño humano. Había muchos dibujos colgados en las paredes, las cuales también estaban algo pintarrajeadas, con pequeñas manos en ellas. Esto le llamó bastante la atención y se acercó para verlas mejor, eran tan pequeñas que su solo casco las tapaba por completo. En ese momento sintió una extraña opresión en el pecho, recordando a ciertos potrillos inquietos.
-Pound… Pumpkin…
Alzó la vista y vio una foto encima de un escritorio cercano, se acercó para verla mejor; en ella aparecía una mujer humana de pelo castaño y ojos oscuros con dos niños humanos a sus lados. Los tres aparecían sonrientes, despreocupados y felices. En cambio, la realidad era muy distinta. Y eso para ella ya fue suficiente motivo como para derramar algunas lágrimas.
-¿Y eso? Por favor, si ni siquiera los conoces… sólo son sombras de lo que fueron alguna vez…-la espetó Pinkamena.
-¡Pues por eso mismo! Lo pienso y una tristeza enorme me invade… mírales que felices se les ven… y ahora… no están. Ni siquiera esta habitación desprende el mismo sentimiento…
Y era cierto, a pesar de todos los juguetes que la coronaban, no se sentía como una habitación de juegos, impregnada de alegría y diversión; ahora estaba desolada, vacía, sin ningún sentimiento flotando en el ambiente.
-Pues claro que no, melona, han desaparecido ¿cómo quieres que esté después de todo este tiempo?
-Pero aun así no parece haber pasado mucho tiempo… tiene que haber pasado algo raro para que hubieran desaparecido así…
-Elemental, querida Pinkie… y ahora déjate de chorradas y salgamos de aquí, éste sitio me pone de los nervios.
Pinkie no la dijo ni recriminó nada, tan solo la hizo caso y salió de allí por donde había venido, volviendo a la calle. Al parecer ya estaba atardeciendo y ella no se había dado ni cuenta. Tulsa se veía un poco más clara, o al menos esa era la sensación que a ella la daba; quizás fuera por el perpetuo silencio que habitaba con ella, o quizás fuera otra cosa que no tuviera nada que ver. En cualquier caso, se puso en movimiento, regresando a la pastelería casi al otro lado de la ciudad.
Para cuando el sol estaba cerca a ponerse, Rarity ya había vuelto a la tienda, donde estuvo trabajando arduamente para empezar con la base del vestido, aprovechando las últimas horas de luz que incidían sobre Oklahoma; siempre pensó que el arte de coser requería de paciencia, mucha disciplina y luz natural con la que poder bien lo que se cosía. Y, por supuesto, era una regla general que cumplía a rajatabla. En cuanto la intensidad de la luz comenzó a decrecer y en la tienda comenzó a verse menos, dejó de trabajar y recogió las cosas. Antes de subirse al apartamento, cerró las puertas de cristal y se aseguró de ello; quizás fuera un tanto tonto, estando ella sola en la ciudad. Pero su instinto la instigaba a cerrarlas, a pesar de las circunstancias.
Una vez arriba, cenó algo acompañada de un buen libro, teniendo que alumbrarse con su cuerno enseguida; en cuanto el sueño comenzó a hacerla mella, se dirigió a la habitación, donde había dejado la gran mayoría de cosas que había encontrado estando fuera, entre ellas el extraño objeto negro con la tapa transparente. Lo cogió con su magia, mirándolo de hito en hito y tratando de darle algo de sentido.
-Parece como una cajita de maquillaje, pero mucho más pequeña… estos de aquí parecen ser botones…
Los estuvo oprimiendo uno por uno, para ver si pasaba algo, pero cuando llegó a apretar uno en el que se podía ver un triángulo ladeado, comenzó a oírse un extraño ruido por unos pequeños orificios en la parte más inferior.
-¿Qué es eso que suena?
Se acercó el aparato a la oreja, pero prefirió no haberlo hecho; en el momento menos pensado, una voz fuerte y joven comenzó a oírse.
-20 de enero de 2013, cuarta entrada; aún recuerdo la entrevista de trabajo que me dio acceso al proyecto. Buscaban sobre todo a jóvenes emprendedores que supieran hacer bien su trabajo. Siempre he sido un chico aplicado, por lo que daba el perfil tranquilamente, aunque parecieron un poco más reservados en ese aspecto. No sé qué les hizo cambiar de opinión, pero aun así, eso no termina de convencerme de si entrar hubiera sido una buena idea. Después de todo, ya nos habían avisado de qué iba a tratar el asunto, más o menos. Bueno, casi más o menos. Apenas entraron en detalles. Supongo que fueron esos mismos detalles los que me hicieron dudar. En fin, una vez que firmé el contrato ya no había vuelta de hoja, claro, y una serie de condiciones en la letra pequeña me obligaban a no abrir la boca bajo riesgo de; es del todo entendible, por supuesto, aunque ha habido veces en las que me he preguntado qué tipo de riesgo era ese. Quizás hubiera sido más sencillo de evitar que la que me ha caído ahora. Hablaría del proyecto un poco más, pero se me acaba la cinta, lo siento Katherine, estas cintas de los chinos son una mierda. Ah, y no te olvides de probar esas tartas tan buenas en Ann's. Jim Collins, corto y cierro.
En cuanto la voz cesó, Rarity se quedó tan anonadada que cuando la oyó por primera vez; ¿Qué había sido todo eso? Algo de un tal Jim Collins, un proyecto y unas tartas. No tenía sentido, al menos para ella, pero no podía negar que la había despertado la curiosidad hasta extremos insospechados. Parecía una especie de testimonio grabado, aunque el hecho en sí tampoco es que la dijera demasiadas cosas. La última frase antes de cortar también la había llamado la atención; algo de unas tartas y Ann's. No tenía ni la más minina idea de lo que podría significar.
Trató de conciliar el sueño, pero apenas lo consiguió hasta bien entrada la madrugada; la luz de una luna decreciente la ayudó a desconectar después de todo lo que había pasado. Antes de lo previsto, ya se había dormido.
Bueno, continuamos con la historia, las piezas van dándose a conocer, van a ser muchas y muy variadas, no siempre van a ser grabaciones, por lo que la cosa será más dinámica en ese aspecto. De fondo, nuestro mundo y los ponis, convergen. Y eso es todo, espero que os haya gustado, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
