Disclaimer: HP es propiedad exclusiva de Rowling.

Gracias asamfj y abetteljeuse (bienvenida, y espero verte más)


Capítulo IX

La luz del sol entraba a raudales por la ventana. En las sabanas negras, una pelirroja se removió incómoda. Gruñó. Detestaba despertar con la luz en sus ojos. Se movió para ocultarse de la luz y sintió un cuerpo a su lado. Sonrió, aunque un poco extrañada. En los últimos tiempos, se despertaba sin Henry, y él le reprochaba que si durmiera menos, podrían estar más tiempos juntos. Así que sólo había dos opciones: o bien Henry se había quedado dormido, o bien ella estaba despertando más temprano de lo habitual.

Sacudió la cabeza para apartar esos pensamientos de su cabeza, pero luego gimió de dolor. Resaca… Tenía una maldita resaca por la noche de ayer. La noche de ayer… Um… No recordaba haberse ido a su habitación. Recordaba vagamente salir del cuarto de Hermione con Harry y luego… Luego se habían besado, bueno no, pero casi. Casi se habían besado. Y era ese casi lo que preocupó a Ginny. Abrió los ojos de golpe. No estaba en su habitación… Esas sabanas no eran de su cama… Alguien roncó… Cavil no roncaba, ni siquiera gemía, parecía una piedra cuando se dormí… Asustada, Ginny giró lentamente la cabeza. En su mente, los gnomos habían empezado a tocar una canción demoniaca. Miró hacia el otro lado de la cama y ahogó un grito.

No puede ser.

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Hermione gimió al despertarse. Se sostuvo la frente con sus manos. ¿Por qué habré bebido tanto?, pensó. Ah, sí porque se puso a recordar a su ex esposo. Ya debería saberlo. Siempre que pensaba en Draco, tenía problemas. Entre ellas, una resaca de mil demonios. Volvió a gemir y se levantó a duras penas de la cama.

Salió a la terraza y dejó que los rayos del sol calentaran su piel. Volvió y buscó el paquete de cigarros. Encendió uno con ayuda de la varita, y aspiró. Miró el pitillo mientras exhalaba el humo. Antes no fumaba, pensó. Antes de Malfoy… Luego de él… Prácticamente se fumaba un paquete completo de cigarros… ¿Por qué lo habré hecho?, se preguntó. Miró hacia el sol, bueno hacia su resplandor. Siempre se había molestado con Draco porque fumaba. Se lo reprochaba. Se lo reclamaba. Y luego… luego ella fumaba tanto o más que él. Croockshants lo detestaba. Maullaba con enfado cada vez que ella fumaba. Hermione negó con la cabeza, ni siquiera su fiel gato había logrado que ella dejara de fumar. Ni siquiera él…

Suspiró y aplastó el cigarro con el barandal. Se sostuvo la cabeza con sus manos. Estaba jodida… Tan jodida… Tanto había cambiado por Draco. Tanto… ¿Y qué había ganado a cambio? Nada. Sólo alejar a Draco. Sólo alejarse de su esposo.

Sacó otro cigarro.

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Astoria estaba empacando. Debía hacerlo si quería ir esa tarde a Londres. No se quedaría. Iría a la boda de su hermana (porque debía hacerlo, no porque quisiera) y luego volvería a Fantasías. Draco la acompañaría:

- Es mi deber como heredero de los Malfoy. Mi deber como amigo. Y mi deber como futuro cuñado de la novia.

Astoria había sonreído y lo había aceptado como su compañero.

La Astoria del presente suspiró y se sentó en la cama. ¿Qué sentía por Draco Malfoy? Le gustaba, sí… Desde siempre le había gustado. Eso no había cambiado:

Tenía seis años, había levantado la cabeza y había visto a Draco Malfoy iluminado por la luz del sol. Él sostenía un paquete, su regalo de cumpleaños. Era un 23 de abril. Ella había estado feliz. Era el centro de atención de todas las miradas, con sus rizos castaños, sus ojos verdes, y su túnica de gala rosa. Adorable, según su padre. Cuando había visto a Draco, no le había podido hablar. Ni siquiera había podido agradecerle por el regalo. Pero se prometió que al día siguiente lo haría.

Él no estuvo el otro día. Ni el siguiente. Lo volvió a ver en Navidad. Había crecido un par de centímetros. Ya tenía ocho años, y en la nada imparcial opinión de Astoria, él era el niño más bonito que había conocido. Tampoco esa vez pudo hablarle. Y Draco se burló: "¿Qué pasa? ¿Te comió la lengua tu puffskein?".

Luego de eso, sus sentimientos habían cambiado. Se esforzó por hablar en frente de Draco, aunque este nunca dio muestras de prestarle atención. Y así como el "enamoramiento" llegó, también se fue. Y a cuando entró a Hogwarts no gustaba de Draco ni un poquito. Pubertad, adolescencia… se dio cuenta que Malfoy era un arrogante y egocéntrico, pero tenía sus cosas buenas, cuando hablaba con sus amigos por ejemplo, en especial con Harry. Pero aún no le gustaba, o por lo menos no le gustaba como ahora.

No lo había conocido, se recordó. Si hubiera sabido que… Se hubiera alejado de él, porque no quería tener nada que ver con Draco, no al principio al menos. Ahora… ahora no sabía qué pensar. ¿Debía seguir con el trato? Él necesitaba una esposa para alejar a su ex, y ella necesitaba un esposo para alejar a su madre. ¿Pero eso era suficiente para casarse? ¿Y para tener un bebé?

Estaba jodida, de veras estaba jodida.

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Los músculos se movían armoniosamente. Brazadas. Respiraciones. El agua rodeando todo. Draco nadaba con fuerza y elegancia. Llegó hasta la otra punta de la piscina y salió. Dos adolescentes lo miraron con ojos como platos, y él sonrió, sabedor de lo que provocaba en ellas. No se equivocó. Era tan fácil tenerlas a sus pies…

De repente frunció el ceño. No todas estaban a sus pies. Y había una castaña a la que él conocía muy bien, acercándose a donde estaba.

¿Era muy tarde para huir de su ex?

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(Una hora antes)

Harry sonrió ampliamente. Había tenido un buen sueño. Soñó que había pasado la noche con una hermosa pelirroja. De ojos chocolates y pecas infinitas. Abrió los ojos y miró a su alrededor para ver que lo había despertado. Una lechuza… Su lechuza blanca.

- ¡Hedwig! - exclamó, y al instante gimió y se obligó a quedarse en dónde estaba.

Resaca… Estúpida y reverenda resaca. Hacía mucho que no le sucedía. Pero claro… no todos los días tomabas vino de elfo en cantidades industriales en compañía de tu mejor amiga. Ginny podía tomar sin tambalearse, sin perturbarse. Sólo riéndose. Riéndose y ahogándose de la risa. Era muy divertido.

Sonriendo, se acercó a la ventana. Abrió la puerta.

- ¿Qué tienes para mí, preciosa?

Hedwig le quiñó un ojo y alzó su pata. Tomó la misiva que ella traía y le sirvió un poco de agua. Vio el sobre. Estaba destinado a él. Sonrió ampliamente al ver al remitente. Abrió el sobre y sacó la carta.

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Querido Harry

¿Tienes espacio para mí en ese magnífico hotel que tienes? Te pagaré lo que quieras.

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Harry frunció el ceño ante eso. Algo grave había pasado para que él, precisamente él, le prometiera algo tan… desesperado.

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No frunzas el ceño. Necesito… Necesito que me digas que sí. Es importante. En serio, te pagaré luego. No me importa una habitación compartida. Necesito estar lejos de Inglaterra, en serio. Luego te explicó.

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Harry alzó una ceja. Ahora tenía curiosidad. Debía dejarlo entrar en Fantasías, al menos para dejarle explicárselo.

¿Te he convencido? Mándame tu respuesta inmediatamente. Si todo sale bien, estaré allá en la madrugada del día de mañana.

Saludos,

Ron.

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Harry rió. Ron Weasley nunca perdía su sentido del humor. Era hora de hablar con el pelirrojo.


Notas de la autora:

- Un capítulo corto. Ya saben lo que pasó con Harry y Ginny.

- También vuelve a hacer intervención Hermione y sus reflexiones del pasado. ¿Qué les parecen los recuerdos de Astoria?

- Bueno, se viene una conversación Draco-Hermione, a ver q sale.

- Y apareció a Ron, encuento en regalo para sam que lo estaba pidiendo.