Gracias por sus mensajes y alertas, acá va otro capítulo.

Los personajes de Narnia pertenecen a C.S. Lewis

Había en el ambiente tal aire de paz, que por un segundo Caspian sintió que había muerto y estaba en algún lugar a donde se iba cuando morías, la placida languidez que embragaba su cuerpo le hacía creer que la gloria era más fácil de alcanzar y solo faltaba una cosa para que su felicidad fuera casi completa...

Sus deseos se cumplieron cuando sintió que unos labios tibios se posaban sobre los suyos y los besaban casi con ansia , besó por unos segundos esos labios y decidió abrir los ojos para comprobar que era ella quien lo estaba besando, al abrirlos se sorprendió del lugar en el que se encontraba y de quien se hallaba a su lado.

- ¿Susan...?- se preguntó, ella solo asintió, y le tomó la mano, algo no estaba bien, su rostro, que él recordaba, la última vez que la había visto, mortalmente pálida, tenía ahora un rubor y alegría que él no recordaba que tuviera, algo definitivamente no estaba bien – ¿que...te paso?- preguntó aun sin comprender nada, ella continuo sonriendo y asintiendo sin decir una palabra solo le tomo la mano y se la beso, y su mirada se clavó en los ojos de Caspian y a él le pareció que sus pensamientos le hablaban. Y que por algún extraño motivo no podía negarse a escucharla y menos a acompañarla.

- " Todo está perfectamente, mi bien amado, no hay nada de lo que tengas que preocuparte, todo va a estar bien, porque estaremos juntos...siempre".

A pesar de que Caspian no la creyó del todo, aquel lugar y ella a su lado era lo que siempre había deseado, y era demasiado bueno para desaprovecharlo, ella lo hizo levantarse y sin mencionar nada lo llevo con ella al camino, era fácil rendirse a su mirada, la que siempre lo trastorno.

La vista de Caspian estaba ciega, pero él no podía saber que el mágico lugar en el que estaba no existía y que la mujer que lo acompañaba no era Susan en absoluto, a los ojos de cualquiera que no fuera el mismo, se hallaba en un horroroso claro de bosque caminando acompañado de una bestia que le tomaba la mano y sin saberlo lo conducía a un destino que podía ser funesto o no, , una bestia que no era la única en su especie, y que justo ahora conducía a los restantes es decir a Edmund y a Peter a un destino semejante.

La cabeza de una mujer de largos cabellos emergió de la superficie cristalina, orilla en la cual se encontraba Peter recostado mirando hacia el cielo asombrosamente azul, sacudió su cabeza para enfocar la vista hacia la figura cuyo camisón mojado dejaba entrever las curvas que poseía, él sabía a quién pertenencia ese cabello así que no necesitó que ella se diera la vuelta y clavara sobre él una mirada profunda, se puso de pie con lentitud mientras no podía apartar la vista de ella tan saludable, tan viva...

Ella también caminó hacia el mientras una sonrisa lenta se esparcía por su rostro haciéndolo ver más hermoso de lo que ya era. Cuando estuvieron a un paso de distancia él la aferró contra si para besarla, sintiendo su sangre correr y a ella, como la había dicho antes, tan viva contra su pecho.

Cuando se separaron, ella lo miró a los ojos en los cuales Peter se observó fascinado, no entendía nada solo sabía que se sentía feliz de que estuviera bien, y aunque lo que recordaba era a ella enferma y sin ánimos de luchar un segundo más por su vida, tenerla ahora cerca era lo único que importaba.

-¿Estas bien?- le dijo tomando su rostro con ambas manos y apoyando su frente contra la de ella, aspirando el olor húmedo de sus cabellos.

Ella no le habló, cosa que a Peter le hubiera gustado, ya que amaba oír el sonido de su suave voz, pero ella solo asintió y le dijo en una voz que le pareció demasiado espiritual y sin mover sus labios sin decir una sola palabra.

- "Ven conmigo"-

Y Peter no lo dudó, solo que esa misteriosa voz le pareció haberla escuchado antes, una voz a la que ningún pedido podía ser negado, se fue con ella sin tener idea a donde lo llevaba.

Una mano se posó sobre el hombro de Edmund y este se dio la vuelta del precioso acantilado con fondo de amanecer que tenía frente a él, cuando vio a Miranda tras el sonriéndole, no comprendió como ella había llegado ahí, solo que se sintió inundado por una alegría nunca antes conocida, era ella con su oscuro cabello y su presencia que sin comprender como siempre lo trastornaba.

- " Felicidades Rey tu hermano y tu próximo cuñado, han encontrado la cura para las mujeres que aman...ahora tu y yo podremos estar juntos...de verdad"- sugirió la chica en una voz demasiado profunda.

¿A qué se refería? No lo entendía, y le pareció que ella se comunicaba con él con el pensamiento por que no había movido sus tentadores labios jóvenes un solo instante, sin pensarlo la abrazó con fuerza feliz de que al final de todo ella estuviera ahí. Permaneció así con ella por unos momentos hasta que sintió que el cuerpo de ella temblaba levemente y cuando se separó vio que por la mejilla de ella corría una lagrima rebelde, pero esta figura no lo miró a los ojos como esperaba y él no se pudo contener, tomó su rostro entre las manos y le dio un beso en la boca, ella no se movió en absoluto pero parecía estar tan nerviosa como él, cuando se separaron vio que las lágrimas salían de sus ojos libremente, y ella intentaba ocultarlas bajo una sonrisa.

- ¿Por qué lloras?- quiso saber sin comprender, cuando la vio a los ojos finalmente algo no estaba bien, esos no eran los ojos grises de Miranda eran los ojos azules de...esa niña, la había reconocido lo que no entendía era como había llegado así a su fantasía.

Edmund dio un paso atrás sin comprender y ella negó con la cabeza.

- Lo siento mucho alteza, espero que pueda ayudar a su hermano y a su amigo, no pude hacer nada, ellos son muy débiles...-.

- ¿De que estas hablando...quien quiera que seas?- dijo Edmund dirigiéndose a ella, a pesar de sospechar y casi saber quién era ella.

- El amor enloquece a las personas y mi padre es consciente de ello, lo siento mucho alteza pero ellos están prontos a morir.

Edmund no comprendía nada así que antes de que la chica desapareciera como la última vez se acercó y la tomo del brazo para evitar que se fuera.

- Ahora mismo me vas a explicar que es lo que quieres decir...- dijo mirándola con rudeza.

Pero a figura negaba con la cabeza y continuaba alejándose a pesar de que él la tenía sujeta al brazo, de repente ella se puso a llorar y dijo en voz de grito:

- ¡Lo siento!- hizo fuerza y fue cuando Edmund escuchó la voz de su hermana Lucy llamándolo.

- ¡Edmund, no!- Y fue como si su voz hubiese roto un perfecto encantamiento y él estaba ahí, con una oscuridad de la noche rodeándolo y a punto de saltar a un precipicio, sin fondo visible, su paso ya estaba al aire y perdió el equilibrio, se inclinó hacia adelante y pensó que a una caída así nadie sobreviviría y su ultimo pensamiento fue "perdóname Miranda, no voy a regresar".

Sintió que algo o alguien lo sujetaba antes de que cayera y vio que su mano estaba siendo aferrada por una de chico se dio la vuelta, ya a salvo y reconoció al hermano de Miranda que le aferraba la mano empujándolo aún más hacia atrás del borde del acantilado para que permaneciera en tierra firme miró por encima del hombro de Aven y vio a Lucy con la cara entre las manos llorando:

- ¿Lucy?- preguntó sin comprender, hasta donde él tenía entendido Lucy debía estar en Beruna y no ahí, con Aven salvándole la vida.

Lucy levantó la mirada y sonriendo tristemente se adelantó y lo abrazó con fuerza mientras los sollozos embargaban su cuerpo.

- Creí que ibas a morir- dijo ella contra su pecho.

- Estoy bien, Peter y Caspian...- empezó Edmund intentando ubicarlos con la mirada.

Lucy levantó su mirada del pecho de su hermano y se apartó mirando a Aven que a su vez la miró a ella sin decir nada.

- ¿Que pasa? – preguntó Edmund mirándolos a ambos preguntándose que era lo que ellos dos sabían.

- Eso era lo que queríamos saber- dijo lentamente Lucy- ¿dónde están? -

Hasta donde Edmund recordaba, esa oscuridad que les envolvió y el vendaval que azotó sus cuerpos, y los caballos de desaparición y se dio cuenta de que solo había una respuesta sincera.

- No lo sé...algo o alguien nos atacó-

Explicó a ambos chicos lo que había pasado ignorando su experiencia con esa niña Isis, solo les dijo que sospechaba que ambos estaban en problemas y debían encontrarlos de inmediato, antes de que algo más extraño, y aún más grave que ellos dos perdidos, sucediera.

Con la unida de Edmund al grupo la marcha era lenta dado que ahora Lucy y Aven compartían el de ellos y habían cedido el de Lucy a Edmund. Lucy prefirió no relatar a Edmund el modo en que habían conseguido escapar, por miedo a que se ganara un regaño, pero Edmund no podía hacer nada, gracias a ellos dos estaba vivo, aun.

El bosque que los rodeaba permanecía gris, sabían que era de día por la claridad pero no había rayo de sol alguno que lo traspasara, y ninguno de los tres queria admitir que en realidad, estaban perdidos y no sabían que rumbo tomar, y que el tiempo pasaba sin que ninguno pudiera hacer nada, acortando el tiempo de vida de Susan y Regina.

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Susan se miró al espejo mientras peinaba sus cabellos, aun asediada por aquel dolor en el pecho que sentía y casi estaba segura no tenía nada que ver con la enfermedad que la aquejaba, no se sentía tranquila y tenía razones para no estarlo, pero tenía miedo de lo que podía ser una anticipación.

Y si, debía aceptarlo, a pesar de su valor , tenía miedo a morir y dejar a Caspian solo, pero esto era más fuerte que su voluntad, sus ojos estaba hundidos y rodeados de profundos círculos negros, prueba de que dormir era un milagro, por las noches escuchaba una voz susurrante a sus oídos que le murmuraba cosas sin sentido incluso para ella, pero que la hacían despertar cada nada con ideas tontas y suicidas en la cabeza, cada minuto se sentía más y más desolada y con muchas más probabilidades de morir.

Habían pasado cinco días y ellos habían prometido volver, Peter Caspian y Edmund, y ahora los recién desaparecidos Lucy y Aven, se había encontrado con Miranda y esta le había comunicado lo que había sucedido y que tenía la plena seguridad de que habían partido a encontrar a Aslan por su propia cuenta, ojala al león se le pudiera encontrar con la fuerza del pensamiento, si fuera así ellos no habrían tenido que partir a un destino incierto el presentimiento se aferraba a la razón, y Susan no temía por ella sino por ellos.

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Un sonido alerto el creciente silencio que se apoderaba del lugar, Lucy, Edmund y Aven se dieron la vuelta y vieron a los pies de un árbol a un extraño animalito, aparecido de la nada, que bien podía ser interpretado por un ratón o por un conejo los miraba con sus tiernos ojitos, pero ellos no lo conocían en absoluto se acercó a sus pies, los de los caballos y luego de mirarlos a cada uno fijamente, de un momento a otro les habló.

- No entiendo que hacen ustedes aquí, son tierras peligrosas deberían irse cuanto antes- estas tres frases las dijo con su graciosa vocecilla, pero no se impactaron por su imagen sino por lo que les dijo:

- ¿Qué quieres decir con eso, y quien eres tú, amiguito?- pregunto Aven mirándolo seriamente.

- Yo soy el guarda de esta zona de este bosque, que ustedes inútilmente han venido a alterar...- explico el monstruito negando con la cabeza.

- Nosotros no hemos hecho nada, solo venimos a buscar a Aslan...- explicó Lucy.

Al pronunciar el nombre de Aslan la criaturita volteo a verlos con evidente sorpresa.

- ¿Aslan...?- su voz sonó sorprendida y después les dijo- tendrían más suerte buscando en el infierno... -

Lucy lo miró con ira pero se calmó, tal vez ese bichito les aportara un poco de ayuda.

- ¿Tú sabes algo de dos hombres que se perdieron en este bosque, cualquiera que sea tu nombre?-

El animalito los miró y a Lucy le dio la impresión de que el sabia donde estaban o por lo menos tenía idea de lo que les había pasado.

- ¿Sabes algo verdad? Dinos tu nombre- inquirió Lucy ansiosa por saber la verdad.

- Me llamo Lish, y...si tus...familiares han desaparecido más vale que pierdas la esperanza de volverlos a encontrar -

Una expresión de dolor cruzo por el rostro de Lucy y Aven enfadado le dijo al chiquitín:

- A que te refieres con eso, porque no nos dices lo que sabes para poder continuar nuestro camino- no queria ver esa expresión en la cara de su reina.

- Ustedes no lo saben pero hay en este bosque criaturas nacidas de la nada, que rara vez tienen alimento, y que si llegaran a encontrar algo que llamara su atención lo más probable es que ya estuvieran muertos. Y si, hace poco vi a dos personas entrar en el castillo de la bruja blanca, en brazos de...eso -

Las palabras alertaron de inmediato a los tres, Edmund preguntó:

-¿Donde esta? ¿Puedes llevarnos ahí? ¿O por lo menos decirnos hacia dónde es?- Dijo Edmund rápidamente- habíamos estado aquí pero estas tierras han cambiado mucho –

- Así es- afirmo el chiquito- criaturas sin nombre se han gestado en el corazón de este bosque haciéndolo lucir tal y como esta- continuo Lish, soltó un resoplido y les dijo- deberían hacerse a la idea de que ya están... –

- Cállate- le dijo Aven – si nos vas a conducir hazlo de una vez -

El animalillo comenzó a caminar, mirándolos con desconfianza pero en ese momento vio a Lucy, tenía una capa verde, el broche de esa capa en el cuello de Lucy tenía un león dorado estampado y Lish había visto eso solo en los libros.

- Perdónenme ustedes pero ¿podrían decirme sus nombres no?- dijo el chiquito intentando que su voz no sonara temblorosa.

- Me llamo Edmund, y ella es mi hermana Lucy, somos los reyes de Cair Paravel, y él es Aven, señor de Beruna- dijo Edmund presentándolos y señalándose.

El ratoncillo o lo que fuera que fuera eso, tosió como atragantado y los miró, los hubiera reconocido y es que el sí que había escuchado historias acerca de los dos reyes, en realidad de los cuatro, inmediatamente supo que estaban en peligro y se detuvo.

- Ustedes menos que nadie deberían estar aquí, no son...-

- Estamos buscando a mi hermano y al otro Rey de Narnia, Peter, y Caspian, ya te lo habíamos dicho- dijo Lucy- y a Aslan, por favor debes ayudarnos- suplicó la pequeña Pevensie con desesperación- el tiempo se está acabando...-

Lish no preguntó para quien se estaba acabando el tiempo y no estaba en su poder no ayudar a los reyes, podía ir a la horca por ello, suspiró y les dijo:

- Apresúrense, es mejor que no se haga de noche en estos bosques con ustedes vagando por ahí-

Empezó a caminar con sus pasitos y ellos lo siguieron, el camino agreste se oscurecía conforme avanzaban pero el animalillo parecía conocer el camino los guió por senderos sin dejarlos detenerse para descansar, la mente de Edmund se debatía en preguntarle a Lish si conocía a la niña blanca, se rio ante su ocurrencia, ya que rimaba a la perfección con la malvada bruja, y pensó en algo que no se le había ocurrido, esa niña era muy parecida a la bruja blanca salvo por la expresión y color de los ojos. A pesar de su blancura los ojos de esta niña revelaban algo de bondad que los ojos de la bruja no expresaban tal y como Edmund la recordaba, tal vez la bruja y esa niña tenían un parentesco, esa niña tal vez había tendió algo que ver en la desaparición de Caspian y Peter.

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La cúpula helada se alzaba en toda su magnitud, ni un solo rayo de sol de colaba por entre sus rendijas, pero la estancia era profusamente iluminada por una magia desconocida.

Los muros helados se extendían revelando edad inmemorial y ofrecían aspecto lúgubre, había allí un trono pero no era ocupado por su reina, había allí sentada una figura negra encapotada que tenía un báculo negro en su huesuda mano derecha.

- Mi señor hemos traído a dos mortales- dijo una voz asquerosamente horrible a los oídos de cualquier humano.

Quienes hablaban eran Lenus y Menus, dos engendros que llevaba cada uno en sus espaldas a dos figuras humanas inconscientes, también estaba cubierta por sendas capas negras que ocultaba su aspecto a cualquiera que mirara de lejos. La bestia mayor se alzó en su silla y se acercó a examinar los cuerpos inmóviles.

- ¿Cómo...?- dijo mirando a sus dos congéneres.

- Adoptando la forma de aquel a quien aman – dijo Lenus, sacudiendo un poco a su presa- por su manera de hablar creímos que veían en busca del León, y por su manera de...dejarse llevar por los instintos, están realmente... -

La bestia mayor volvió a examinar sus cuerpos inmóviles y después les dijo:

- Llévenlos a Las Bóvedas, tendré una plática con ellos en cuanto despierten, ahora váyanse, sabía que había más de uno perturbando el frágil equilibrio de nuestra tierra –

- Si seños- murmuraron Lenus y Menus dando media vuelta y caminando hacia las profundidades de la estancia con ambos humanos en las espaldas, Caspian Decimo y Peter Pevensie.

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Finalmente tuvieron de detenerse, ya habían caminado demasiado incluso para el pequeñín era evidente, así que no tuvo más remedio que aceptar que descansaran, habían estado montando largo rato, mientras el chiquitín permanecía en el lomo cercando a la cabeza del caballo de Edmund dirigiéndolos. Bajaron de sus monturas y se sentaron en las raíces de los arboles a respirar en silencio, Aven sacó ciertas provisiones que todos compartieron, cada vez les quedaba menos, solo lo justo para el viaje de regreso.

- ¿Cuánto falta para llegar?- preguntó Aven, el animalillo lo miró y le dijo:

- Dos días de camino...y a este paso no sé cuándo se pueda demorar...- eso sonaba a tono de reproche.

- No es nuestra culpa, no tienes que cargar con nuestro peso tanto como nuestras piernas y lo caballos- dijo Lucy contrariada,- pero no importa...A propósito - era una duda que la embargaba terriblemente- ¿qué es lo que vamos a encontrar cuando lleguemos allá?-

- Algo con lo que tu pura mente no ha tenido que tratar pequeña reina- dijo el amiguillo negando con la cabeza.

Tal vez el peligro que los acechaba era más grande de lo que imaginaban y su tiempo estaba corriendo.

BIEN AHI LES VA OTRO GRACIAS POR SUS REVIWS, HAN SIDO DE GRAN AYUDA A MI ME GUTO ESTE CAPI, PERO NO SE A USTEDES, ME PARECE QUE QUEDO UN POCO CORTO PERO EL TRABAJO NO ME DEJA EXTENDERME MCUHO Y ESTO LO HAGO DE ESCAPADA, DE TODAS MANERAS ESPERO QUE SIGAN CON LA HISTORIA Y QUE LES GUSTE TANTO COMO A MI SE QUE SERIA UN SUSPIANAZO PERO NO SE PREOCUPEN TAMBIEN HAY DE TODO UN POCO PARA QUE AL MENOS SE ENTRETENGAN, GRACIAS OTRA VEZ POR LEER