No puedo creer que éste ya sea el capítulo 9 jajaja. El nombre es por la cantidad de líos amorosos (triángulos, cuadriláteros, blablabla xD)Ayer vi el nuevo episodio de Glee, (Comeback) y amé el final con todo mi corazón. Finchel forever!

DISCLAIMER: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen.

El fin de semana terminó con rapidez. No pasó nada relevante el domingo porque cada uno prefirió pasar ese día en familia. Así de la nada llegó entonces el lunes, día de la final de los intercolegiales por la tarde.

Rachel ingresó al colegio caminando con los pasillos con la frente alta. Desde que había entrado al equipo se sentía diferente, respetada. Ya no recibía más Slushees ni ningún tipo de burla departe de sus compañeros. Pero había algo que no había cambiado, su acosador.

- Rachel ¿es verdad lo que se rumorea? – preguntó esperanzado Jacob mientras se le acercaba. - ¿Vos y Finn terminaron otra vez?

Ella prefirió no contestar, eligiendo dirigirle una mirada fulminante. Continuó su camino hasta su casillero y al abrirlo se encontró con lo de siempre: el nombre de Finn con un "para siempre". Rachel suspiró con nostalgia, lo extrañaba terriblemente. No habían pasado más que un par de días pero parecían años. Sin embargo se recordó la razón por la que había terminado con él. Como siempre, iba ser fiel a sus principios. Al menos mientras le fuera posible.

Agarró el manual de Español, para luego dirigirse a esa clase. Ya estaban casi todos allí esperando al Sr. Schuester menos Quinn y Puck. Se sentó en su pupitre y notó que Finn no dejaba de mirarla desde atrás. Aún así, no se dio vuelta.

Puck, por otro lado, había detenido a Quinn apenas se la cruzó en el pasillo.

- Hola preciosa. – la saludó feliz de reencontrarse con ella.

- Puck, en el colegio no. – murmuró casi sin mirarlo.

- Todavía no lo hablaste con Sam... – sospechó.

- No, pero si querés que lo haga hoy, te pido que me dejes ir a clase. No quiero llegar tarde, no soy como vos.

- Ey, eso me ofende. Bueno, te dejo ir entonces. Pero para la hora del juego quiero respuestas.

- Entrá vos primero al aula y yo paso un ratito después para no generar sospechas de antemano. – le pidió ella.

Puck le obedeció de mala gana. "Todo sea por estar juntos", pensó. Un par de minutos después entró Quinn, sentándose al lado de Sam que le tenía el puesto reservado. Él la saludó con un dulce beso que Puck no pudo evitar mirar. Sentirse más culpable era en ese momento algo imposible para Quinn.

Enseguida llegó el profesor con su sonrisa positiva diaria.

La clase transcurrió como siempre, en excepción de las miradas entre el pentágono de relaciones amorosas que había allí. Hexágono, en realidad, ya que Santana no le quitaba los ojos encima a Puck. Ella sospechó enseguida que algo andaba mal con "su hombre" pero prefirió no decir nada.

En el recreo, Rachel conversaba con Puck cuando Finn se les acercó. Sin despedirse, el chico con corte mohicano decidió dejar a la pareja a solas.

- Wow, un record. No me miraste en todo el módulo. – observó Finn (con su media sonrisa, por supuesto).

- Pensé que había sido clara el sábado Finn. – sostuvo fría, no quería mostrar cuánto en realidad estaba sufriendo.

- Lo fuiste, en serio. ¿Pero realmente creés que vamos a poder evitarnos todo el tiempo? Yo por mi parte estoy seguro que no.

- Por favor Finn, es por el bien de esta relación.

- No, estar juntos lo sería. Pero está bien. – afirmó antes que ella dijese algo. – Creo que tenés algo de razón sobre darnos un tiempo separados. Por otro lado, está mal que ni siquiera me mires.

- Ya te dije que no puedo ser tu amiga, no me alcanza. O todo o nada.

- Otro de tus principios. – ella asintió. – Bueno no existe "nada" para nosotros. Vos tampoco vas a poder pasar mucho tiempo sin mí.

- ¡Guarda! – exclamó con sarcasmo aunque en el fondo sabía que él decía la verdad.

- ¡Vamos Rach! No te cuesta nada estar algunos ratos conmigo de vez en cuando. No te digo todo, - al decir la última palabra alargó la primera "o" a propósito. – pero suficiente como para vivir.

Rachel sonrió, tal vez ya era hora de dejar de negarse. Una parte de su corazón le decía que mantenga su palabra pero la otra le rogaba hacerle caso a Finn. ¿Cuánto iba a durar sin hablarle? Un día como mucho.

- Trato. – aceptó finalmente para la alegría del muchacho. – Pero en serio, distancia.

- Distancia pero no kilómetros.

Se agarraron las manos como firmando un acuerdo y cada uno se fue por su lado con el ánimo levantado.

Mientras tanto, Sam y Quinn tomaban unos jugos sentados en la cafetería. Él la notaba desconcertada y empezó a preocuparse.

- Quinn, ¿está todo bien?

Ella regresó a la Tierra y pensó su respuesta antes de formularla.

- Tenemos que hablar...

El rubio se alarmó todavía más con esas tres palabras y tomó las manos de Quinn para escuchar lo que seguía. Ella, al observar aquél movimiento, notó un minúsculo detalle: los anillos que ambos llevaban. Se había olvidado por completo de ese compromiso durante la confusión de ese fin de semana. De repente, una avalancha de emociones cayó sobre ella. Tanto que una lágrima salada bajó con fluidez.

- ¡Quinn! – exclamó su novio secándosela. – Por favor, decime qué es lo que te pasa.

- Hice algo muy feo Sam, horrible. – empezó ella con los ojos humedecidos.

Él ubicó uno de sus brazos rodeando su cuello. Lo destruía verla así.

- Nada puede ser tan malo como para que estés así amor. Contame. – le pidió con dulzura frotando suavemente su hombro derecho.

- Yo... yo... yo me acosté con Puck. – se confesó empapada en sollozos.

Sam POV

¿Había escuchado bien? ¿Mi novia que tanto amaba me había engañado? No podía creerlo, literalmente. Debía haber sido alguna broma de muy mal gusto. Pero la forma en que me miraba junto a los llantos fue lo que me partió el corazón. No pude pronunciar palabra alguna. Solté la mano de Quinn y retiré mi brazo de sus hombros. Ella entonces empezó a llorar con más dolor.

- ¿Cuándo pasó? – inquirí herido.

- Cuando te fuiste del McDonalds. Sam, yo sólo... – ella no pudo finalizar la frase. Al parecer no sabía qué más decir.

- ¿Lo amás? – pregunté como la fuerza me lo permitió.

Ella apoyó su cabeza sobre mi hombro, como si nada pudiese detener sus llantos. Me mataba. Me mataba verla sufrir así. Pero yo no podía pensar en nada más hasta que no me contestase mi pregunta. Era lo único que quería saber. Había visto a Puck en varias ocasiones mirarla, pero nunca al revés. ¿Tan tonto era yo?

- Quinn respondeme. – exigí con dolor en el alma.

Ella se despegó de mí y me contempló por unos instantes.

- También a vos.

Sí, definitivamente yo era un estúpido. Tenía las esperanzas de que el acontecimiento haya sido causado por alcohol o alguna otra cosa pero no, era amor. ¿Él la amaba a ella igual? Seguramente no tanto como yo. En ese momento deseé matar a alguien por primera vez.

- ¿A quién amás más? – cuestioné ya sin esperanzas.

Ella negó con la cabeza ante mi interrogación. ¿Qué habrá estado pasando por su mente?

Quinn POV

Todas las preguntas que me hacían últimamente, debía habérmelas hecho a mí misma con anterioridad. ¿A quién amaba más? ¿Al novio más perfecto del universo o al que me llevaba a otra galaxia? Difícil elección.

- Es que no lo se. – me atreví a contestar y él no paraba de mirarme fijamente, destruido. – Lo que sí se es que lo que menos quiero en el mundo es lastimarte.

- Bueno, para eso ya es demasiado tarde. – avisó él justo cuando el timbre sonó.

Sam se levantó con la intención de irse pero yo lo detuve abrazándolo desesperada.

- Por favor Sam, ¡no me dejes! – le rogué.

- ¿Te creés que es eso lo que quiero, dejarte? Te amo Quinn, ese es el problema.

No lo pensé ni un segundo y lo besé con pasión. Él se dejó, sosteniéndome con fuerza. ¿Por qué me tenía que pasar ésto a mí? ¿Qué había hecho tan mal en una vida anterior para merecerme ésto? Primero, un embarazo adolescente. Segundo, el amor soñado de dos hombres entre los que no era capaz de decidirme. Una pesadilla.

Narración en 3ra persona

La pareja finalizó su beso que, sin que ellos lo supieran, había sido visto por Puck. A pesar de que ya deberían volver a clase, él se les acercó desilusionado. Se ubicó en el medio de los rubios y miró a Quinn como si sus ojos expresaran el estado de su corazón.

Ella no había dejado de llorar ni un momento pero ahora se había intensificado.

- No puedo con ésto. – aulló desconsolada. – No puedo tomar una decisión. No puedo verlos sufrir así. No tienen idea de cuánto estoy sufriendo yo. No puedo seguir mi relación con Sam pero tampoco puedo terminarla. No puedo prometer que no me tiraría encima de Puck en este momento. No puedo.

Los chicos la escucharon con atención y dolor. Ninguno sabía qué decir.

- Necesito estar sola. Eso me merezco. Ustedes deberían estar con alguien mil veces mejor que yo. ¿Cómo pueden haberse enamorado de alguien así? Todo es mi culpa y lo saben perfectamente.

Sam impidió que ella continuara dándole una trompada al morocho. Quinn no pudo soportar más esa situación y corrió hacia el baño de mujeres.

- Todo ésto es TU culpa, no la de ella. – gritó el rubio. - ¿No te alcanzó con arruinarle su juventud? Yo le había traído una vida de vuelta y vos no tuviste mejor idea que meterte otra vez. ¡Sos una mierda!

Puck le devolvió el puñetazo ardiendo de la bronca. Así empezaron los dos a pelarse violentamente. Quién sabe cuánto hubiesen durado si Beiste no hubiese venido a separarlos. Ella les ordenó dirigirse a la oficina del director, escoltándolos por si acaso.

Figgins tomó como medida drástica suspenderlos a ellos y también al juego de la tarde. Cada uno de los dos fue retirado por sus padres, sin poder volver al colegio hasta el miércoles.

Quinn dio todo lo que pudo para tranquilizarse. Se lavó la cara y aunque la clase del Club Glee ya debía estar terminando, se dirigió al salón como correspondía.

Todos la vieron llegar con los ojos rojos por los llantos mientras ella se sentaba junto a sus compañeros.

- Perdón Sr. Schues. Sam, Puck y yo tuvimos un problema. Y antes de que pregunten, no quiero hablar del tema. Es más, si me dejan, me gustaría cantar.

Todos estaban confundidos y preocupados por los tres. Tenían la intriga de dónde estaban los chicos pero obedecieron a su amiga y no se lo preguntaron. Tampoco es que ella lo supiera, claro.

Quinn caminó hasta el frente para empezar a cantar. Nadie había escuchado uno de sus solos desde "It's a man's world". Enseguida su hermosa voz empezó a lucirse con los versos de "It must have been love" (Roxette).

Lay a whisper on my pillow
Leave the winter on the ground
I wake up lonely, is there a silence
In the bedroom and all around

Touch me now, I close my eyes
And dream away...

It must have been love, but it's over now
It must have been good, but I lost it somehow
It must have been love, but it's over now
From the moment we touched till the time had run out

Make believing we're together
That I'm sheltered by your heart
But in and outside I turn to water
Like a teardrop in your palm

And it's a hard winter's day
I dream away...

It must have been love, but it's over now
It was all that I wanted, now I'm living without
It must have been love, but it's over now
It's where the water flows, it's where the wind blows

It must have been love, but it's over now
It must have been good, but I lost it somehow
It must have been love, but it's over now
From the moment we touched till the time had run out

Ella había interpretado el tema con tanta pasión que sus compañeros quedaron más que conmovidos. Enseguida terminó el módulo de hora y cada uno se dirigió a sus respectivas clases. Finn, sin embargo, se acercó a Quinn y la abrazó con fuerza. Ella le correspondió el abrazo. Lo que más necesitaba en ese momento debía ser un amigo.

- Se que no querés hablar del tema, pero cuando te haga falta ahí voy a estar.

- Gracias Finn, sos un gran chico.

- Al parecer Puck me da cada vez más razones para odiarlo.

- No Finn, no digas eso. Ni siquiera sabés lo que pasó.

- No, pero me hago una idea.

- ¿Ah sí?

- Algo que siempre estuve seguro es que él tiene sentimientos hacia vos. Y seguro, no se cómo pero seguro, se entrometió en tu relación con Sam.

- En realidad la que se portó mal fue yo, no Puck. – aclaró ella para la sorpresa de Finn.

- ¿Puedo saber qué fue lo que hiciste? – preguntó él con dulzura pero ella negó con la cabeza.

- Seguro te vas a terminar enterando.

- Dale Quinn, podés confiar en mí.

- Bueno, lo mismo que hice mientras salía con vos lo hice ahora con Sam. ¿Contento?

Finn permaneció mirándola desconcertado. ¿Podía alguien cometer el mismo error dos veces y con la misma persona?

- Dale, mirame así y haceme sentir peor. Gracias. – pronunció Quinn con ironía.

- Es que... pensé que habías cambiado.

- Sí, yo también lo pensé. Pero el amor actúa sin que se lo pidas, ¿sabías?

- ¿Estás enamorada de los dos? – ella asintió. – Bueno, supongo que te entiendo. Era lo que me pasaba hace un año con vos y Rachel. Pero tenés que decidirte.

- Ya me decidí. – él la miró confundido. – No elijo a ninguno, no los merezco.

- ¡Quinn! ¿Estás hablando en serio?

- Como nunca.

- Wow...

- Sí, si no te molesta tengo que ir a clase.

- Está bien, yo igual. Nos vemos.

Finn fue a Física pero con la cabeza en otro lado. Quinn era una buena chica pero realmente tenía un problema con los hombres. Y Puck... Puck era el muchacho más mujeriego de la historia. No tenía perdón.

En el almuerzo Quinn se había sentado totalmente apartada del resto. Pero Mercedes no se permitió verla así, ella era una de sus mejores amigas.

- ¿Puedo? – cuestionó con la intención de sentarse a su lado. La rubia asintió. - ¿Cómo estás?

- Mejor que nunca. – mintió.

- En serio Quinn...

- La verdad es que no quiero confesar lo que hice por tercera vez.

- Alguien los escuchó en el recreo y pasó el chisme por todo el colegio.

Quinn la miró shockeada agarrándose la cabeza, qué suerte la suya.

- Tenés una voz hermosa, ¿sabías? – la halagó la morena cambiando de tema y ella sonrió.

- Gracias Mercedes, vos también.

- Tal vez ésta es tu oportunidad de dejar el tema amor por un rato, y dedicarte a otras cosas.

- ¿Cómo qué?

- Quinn, mirame. Yo estoy más sola que un perro pero igualmente soy feliz.

- Vos no estás enamorada de dos chicos a quienes acabás de lastimar.

- No, pero eso no cambia las cosas. Sos la capitana de las porristas, presidenta del club de celibato. Además, cantás precioso. Hay muchas razones para que disfrutes lo que te queda en la secundaria.

- Supongo que tenés razón...

- Haceme caso, vas a ver cómo todo va a empezar a arreglarse. Éste viernes hagamos una juntada de chicas, ¿te parece? Una piyamada en mi casa.

Quinn volvió a sonreír. ¿Qué podría perder? Es más ¿qué podría ganar llorando y llorando? Nada.

- Ahí voy a estar. – aceptó.

- Buenísimo, lo vamos a pasar bárbaro. ¿A quiénes más invito?

- No se Mercedes, es tu casa. – rió.

- ¿A quiénes consideras tus amigas?

Ella pensó aquella pregunta por un momento y no se le ocurrió nadie.

- Sólo a vos... – replicó.

- Bueno, el viernes vas a ver que no es tan así. Todos y todas te queremos en el club Glee.

- Yo también... – admitió ganándose un amistoso abrazo que le levantó un poco el ánimo.