- ¡Aoi! ¡Ayuda!- El grito de Scarlett sacó al guitarrista de su aprieto. Sentía deseo, y algo de miedo. Miedo de su propia perversión. Mikaru era aún demasiado joven.
- Debo ir.- El chico hizo un gesto.
Gotas rojas con aroma metálico guiaban el camino de la habitación de huéspedes hasta el baño, haciéndose cada vez más grandes.
- ¿Scarlett?- Nervioso, llamó a la puerta suavemente.
- Aoi… No me siento nada bien…- La voz de la mujer sonaba temblorosa.
- Scarlett, déjame entrar.- La puerta se abrió con lentitud. Las blancas piernas de la mujer estaban manchadas de sangre, al igual que su falda y el suelo.- ¿Qué sucede?- Si bien Aoi no sabía mucho del ciclo femenino, tenía consciencia de que no era algo normal.
- No lo sé… Sentía dolor y… Tenía algo de sangrado, pero no pensé que fuese a empeorar…-
- Hay que pedir una ambulancia.- declaró Aoi tomando su móvil. El castaño joven apareció entonces. Sus ojos se abrieron desmesuradamente al ver la escena salpicada de sangre. No sabía qué hacer, estaba paralizado. La pelirroja no dejaba de sangrar y temblar. Aoi trataba de tranquilizarle sosteniéndola cerca de sí mientras acariciaba su cabello.
La ambulancia tardó tortuosos y largos segundos en llegar. Aoi apenas tuvo tiempo de tomar la cartera de Scarlett y abordar junto a ella. Mikaru los vio partir desde la ventana del salón. Al quedarse sólo, abrazó sus rodillas.
El constante movimiento y murmullo incomprensible del hospital ponían nervioso a Aoi. ¿Qué sucedía con Scarlett? Todo parecía estar bien, era una mujer joven, saludable… Por fortuna, le había sacado de un aprieto en el momento justo. Pero, ¿estaría bien dejar a mi adoración así? Se levantó para llamar al teléfono de su piso. No contestaba. Tal vez se habría dormido. Por otro lado, su noche iba a prolongarse bastante. Las horas pasaban, y los médicos y enfermeras iban de un lado a otro. Aunque Aoi estaba preocupado, se consoló diciéndose que si fuese algo tan grave, le hubiesen avisado de inmediato.
El sol despuntó en el horizonte, y una voz femenina le llamó.
- ¿Viene usted con…?-
- Scarlett, Scarlett. ¿Cómo está ella?-
- Ella puede verle ahora. Sígame, por favor.- El guitarrista se levantó balanceándose adormilado y caminó tras la enfermera.
- ¿Sabía usted de la condición de la señorita?-
- ¿Condición?-
- Es algo delicado, supongo que es mejor que conversen en privado.- Scarlett se encontraba sentada en la camilla.
- Scar…- Ella le miró con los ojos vidriosos y rodeados de un par de oscuros círculos. Lucía como un fantasma de rojos cabellos. El guitarrista se acercó lentamente y acarició su rostro con suavidad, dejando su mano junto a su mejilla. Ella frotó su mejilla contra la palma tibia.
- Tengo mucho dolor. Pero me darán el alta en unas horas.-
- Perdiste mucha sangre, ¿qué sucedió?- Ella hizo un gesto.
- …Tuve un aborto. Pero el procedimiento necesario ya ha sido realizado, y es ambulatorio.- Aoi le tomó delicadamente entre sus brazos.
- Lo lamento tanto…- Ella correspondió el abrazo.
- No te preocupes. No es tu culpa.- En silencio, Aoi pasó los minutos hasta el alta junto a Scarlett.
- Hace frío, ten.- El hombre ofreció su blazer a su amiga, que lo aceptó tímidamente. El trayecto fue largo y frío.
- … Creo que sería mejor irme a casa.-
- ¿Qué? ¿En realidad crees que voy a dejar que te vayas en ese estado?-
- No quiero ser una molestia, creo que es bueno para ambos descansar.-
- Déjame cuidar de ti, prometiste quedarte unos días, y como tu anfitrión, me haré responsable por todo lo que sucedió y suceda durante tu estancia.-
- Sé que no es una buena idea.-
- No dejaré que te vayas.-
- Hm…-
- Tengo que contarte algo.- Scarlett le miró mientras abordaban el ascensor. Él procedió a contarle lo ocurrido con su amado minutos antes del incidente que les había llevado al hospital.
- Un chico de 18 años pidiendo una felación a un hombre que apenas conoce… Además, chantajeándole emocionalmente… ¿Es cruel decir que me resulta interesante?-
- ¿Te gusta?-
- No, no me gusta. Pero su comportamiento debe tener alguna explicación que podría resultar interesante. Sin embargo, aunque te gusta mucho y lo entiendo, no puedes dejar que te domine. Eres un ser humano, tienes tanto valor como él. No eres su esclavo.- suspiró. Scarlett tenía razón. Lo sabía, en el fondo. Pero, el simple hecho de pensar en Mikaru le hacía sentir que era una divinidad que ameritaba adoración.
Entraron en el piso y vieron al bello joven dormido en un sofá del salón. Aoi dejó a Scarlett en el lecho y fue a despertar a su adoración, que había limpiado el desastre sangriento. La luz que se colaba por el velo caía sobre su piel resplandeciente. Su rostro estaba sereno, un par de mechones de cabello caían sobre él, su respiración era apenas perceptible. El mayor retiró con una caricia los mechones castaños para despertarle. Los negros ojos del chico se abrieron al instante, y una pequeña sonrisa se dibujó por una fracción de segundo en sus labios.
- ¿Qué haces durmiendo aquí? Podrías resfriarte…-
- … ¿Qué sucedió con esa mujer?- preguntó incorporándose.
- Tuvo un pequeño accidente que ameritó un procedimiento ambulatorio.-
- … ¿Está bien?-
- Necesita recuperarse. ¿habrá problema si se queda unos días más?- El joven desvió su mirada y abrazó sus rodillas.
- Es tu piso…-
- Pero, no te irás, ¿verdad?- Una de las delgadas cejas de Mikaru se elevó y estiró sus brazos hacia Aoi.
- Cárgame.- El guitarrista obedeció tomándole en sus brazos mientras le conducía a la habitación. Sentir los delicados brazos del muchacho alrededor de su cuello le extasiaba.
- ¿Qué te gustaría desayunar?-
- … ¿Ya desayunaste?-
- No, aún no…-
- Quiero algo de té con batido de frutas.-
- Tus deseos son órdenes… Por cierto, gracias por limpiar el desastre…-
Se dijo a sí mismo que lo pedido por su adorado podría servir igualmente a Scarlett, y por qué no, a sí mismo. No le costó mucho esfuerzo, y pronto tuvo lista la bandeja que llevó a la habitación de la mujer.
- Gracias, no tenías que hacerlo.-
- Scarlett, agradezco que agradezcas, pero deja que te cuide.-
- … Gracias.-
- No es nada. Disfruta.-
Posteriormente se dirigió a la habitación del joven y le llevó en brazos al comedor.
- ¿Dónde está ella?-
- En su habitación.-
- Ya veo… ¿Sabes? Me pone un poco celoso que le estés sirviendo a ella…- Aoi guardó silencio. Mikaru consumió su desayuno de igual modo. – Iré a tomar un baño.-
- Está bien. Espero que hayas disfrutado el desayuno-
El fin de semana transcurrió lentamente, Aoi se sentía genuinamente angustiado por Scarlett, que había experimentado náuseas y debilidad. Estaba adormilada y sentía mucho frío. Cuando el lunes llegó, las cosas se aseveraron.
- No puedes ir a trabajar. Mírate, apenas puedes mantenerte en pie.-
- Mi trabajo no requiere movimiento, además, tengo compromisos con mis pacientes.-
- ¿Es más importante que tu propia salud?-
- No voy a quedarme aquí.- él suspiró.
- Entonces, te llevaré. Y te recogeré. Pero, promete que llamarás si te sientes mal.-
- Trabajo en un hospital, no debería ser un problema… Pero está bien.-
- … Y ponte un abrigo. Estás temblando de nuevo.-
Mikaru observó a la pálida pelirroja a través del espejo retrovisor. Su visión le asustaba un poco. Le dejaron en el instituto antes de continuar su camino.
- Buen día.- saludó Aoi entrando en la estancia.
- Igualmente. ¿Qué sucedió? Tienes ojeras…- preguntó Kai sosteniendo un folder y una taza de café en sus manos.
- No fue un buen fin de semana.- declaró tomando la taza de café que sostenía su amigo para beber su contenido con un solo trago antes de regresarle la taza vacía.
- Hm. Imagino que no tuviste tiempo para desayunar.-
- No tuve tiempo para nada. ¿Qué tal tú?-
- Eh… Yo… Tampoco tuve mucho tiempo.- El guitarrista se había dejado caer en un sofá.
- ¿Qué es eso?-
- Composición. Estoy revisando las letras compuestas por Hitomi.-
- ¿No es trabajo de Ruki?-
- ¿Le ves aquí acaso?-
- ¡¿Está bien?!-
- No lo sé. No contestó su teléfono el fin de semana.-
- Lo habrá pasado en la cama de Uruha.- Siendo optimista para pretender que se han contentado. Uruha siempre sabe cómo contentarlo. El baterista se notó incómodo.
- Hey, creo que tenemos que hablar.-
- ¿Sobre qué?-
- Tú sabes. De hombre a hombre.-
- Ha. Creo que estoy algo viejo para esa charla.-
- No tiene que avergonzarte que te guste un hombre.-
- Hey…-
- Además, Reita es cool.-
- Hey…-
- Y tiene un buen trasero.- Kai fulminó con la mirada a Aoi, quien sólo pudo reír.
- ¡¿Lo ves?!- El líder de la banda aclaró su garganta y ajustó su corbata.
- En todo caso, Aoi, creo que no es un asunto que te incumba.-
- Es como si no nos incumbiera que Uruha y Ruki también tienen sexo. Si tuvieses alguna desviación sería tu sadismo. Pero hey, nadie te juzgará por eso. No aquí. Somos una banda, una unidad. Debemos apoyarnos unos a otros, buscar el bien común.- Kai cerró el folder y caminó hacia la puerta.
- Tus palabras… No son del todo erróneas. Pero no quiero discutir sobre eso ahora.-
- Lo comprendo. Puedes meditarlo.-
"- Yuu… Yuu.- La dulce voz del joven más hermoso que había pisado la tierra le llamaba. Estaba en una habitación blanca, sobre el lecho, jugando con un abanico de oro y gigantescas plumas. Le dio una traviesa sonrisa. Se hallaba completamente desnudo. – Yuu, juega conmigo.- Dijo dejando el abanico sobre sus caderas mientras posaba sus brazos por encima de su cabeza.
- Yes, my lord.- Se acercó al joven y tomó su pierna para comenzar a besar su suave piel. La melódica risa que salía de los labios granate del chico era música para sus oídos. Se acercaba al área cubierta por el abanico.
- No tan rápido.- dijo con voz sensual guiando al mayor a sus exquisitos labios. Su lengua diminuta se movía hábilmente dentro de la boca de Aoi, que correspondía con ansia. A continuación se dirigió a su cuello, atacándolo con voraces mordiscos. – Yuu…- Llamó con voz infantil.
- ¿Sí, mi amo?-
- Ámame.- tomó la delicada mano del joven y la llevó a sus labios.
- No podría evitarlo aunque lo prohibieras.- La risa del castaño fue una perfecta imitación de la de Alois Trancy.
- ¿Cómo que no llegado?- Una voz lejana se escuchó en la habitación y le distrajo del joven, que lentamente comenzó a desvanecerse…"
- ¿Cómo que Ruki no ha llegado?- Oh no… Un sueño húmedo… Maldita sea… Aoi se estiró y reconoció entonces la voz de Uruha.
- ¿Qué es lo que no entiendes? Si lo necesitas entonces llámale o ve a buscarlo.- Era la voz de Reita.
- No contesta su teléfono.-
- … Eso es extraño. Tampoco responde a las llamadas de Kai.-
- … ¿Le sucedería algo?- Se dirigió hacia sus compañeros.
- En lugar de estar preguntándose tonterías entre ustedes deberían buscarlo.-
- No te veo haciéndolo.-
- ¿No? Bien. Voy a buscarle.-
- Voy contigo.-
- … Ok.-
Aoi y Uruha se pusieron en camino al piso de Ruki. Una vez allí, buscaron la llave de emergencia, que el vocalista guardaba bajo una planta. El piso estaba en penumbras.
- … Que lúgubre.-
- ¿Ruki?- llamó Aoi. Uruha fue a inspeccionar la cocina y el baño, mientras Aoi exploró las habitaciones, encontrando al pequeño en su cama. Se acercó lentamente. – Ruki… Ruki…- le llamó con dulzura mientras enterraba sus dedos en el sedoso cabello del vocalista.
- Hmmm… Uru…- hizo una mueca. Uruha entró en la habitación.
- Ruki…- se hizo a un lado y observó al castaño repitiendo la operación que él había llevado a cabo para despertar al menor. Al abrir sus ojos, Ruki reconoció a Uruha y se giró dándole la espalda. Él sonrió inclinándose para susurrar en su oído algo que Aoi no pudo oír y no es como si quisiera saber, de todos modos...
- ¿Qué haces aquí? No quiero verte…-
- ¿Estás seguro? ¿Crees que vendría hasta aquí sin una razón?-
- Oh, claro que vienes por una razón. Es por eso que no quiero que estés aquí.- Discusión de pareja. Eso iba a tomar tiempo y probablemente terminar en una íntima reconciliación que Aoi no quería presenciar. Se giró para irse, pero entonces notó un objeto en la mesita de Ruki. Se acercó y lo tomó en sus manos. Se trataba de un medicamento para dormir. Se lo arrojó a Uruha cruzando sus brazos. Él le miró dispuesto a mandarle al infierno cuando lo notó.
- Takanori, ¿Estuviste dándote una sobredosis de pastillas para dormir? ¿Por eso no respondías?-
- ¿Ahora te importa?-
- ¡Siempre me ha importado!-
- No es cierto, ¡sólo me quieres para tener sexo de vez en cuando! ¡Como a esa chica del bar!-
- ¿Cómo puedes pensar eso? ¿Te parece que si no te quisiera en verdad estaría preocupado? Eso es pasajero, lo nuestro es diferente…-
- ¡Entonces, al menos no la embaraces!- exclamó Aoi enojado. Ruki se incorporó.
- ¿Yuu?-
- ¿Qué dijiste?- cuestionó Uruha. Aoi caminó fuera con la intención de irse. Dejaría que la pareja arreglara sus problemas. Tal vez no debí mencionar eso…
