"LIMERENCIA"
"O PERDER LA CABEZA POR AMOR"
Disclaimer: Ninguno de los personajes que aquí se mencionan de Dragon Ball Z me pertenecen. Son única y exclusivamente del magnánimo Akira Toriyama. Si me perteneciera, bueno, ya saben lo que haría con ellos.
"Limerencia: Estado mental involuntario, propio de la atracción romántica por parte de una persona hacia otra"- Extraído de Las palabras más bonitas del español.
Bulma aferró el libro a su pecho, sin apartarle la vista a los dos jóvenes que caminaban un paso delante de ella. Viró sus ojos de un lado a otro, notando el fuerte parentesco entre ambos, especialmente en la finura de sus facciones, sus ceños fruncidos y el cabello desafiante de todas las reglas de la física. Después de una amena presentación entre ella y Tarble, el camino delimitado por el libro fue escoltado por el imperante silencio instalado por Vegeta. Sin embargo, esta vez Bulma notó la tensión en el ambiente, tan palpable que incluso podría atraparla en un frasco.
Los hombros de Vegeta permanecían rígidos y una vena dilataba sobresalía sobre su nuca. Bulma arqueó las cejas, sorprendida por la forma como últimamente había aprendido a traducir el lenguaje corporal de Vegeta e inferir exactamente cómo se sentía. Zarandeó la cabeza, ocultando el sonrojo en sus mejillas al descubrirse prestando atención, inconscientemente, a cada uno de sus gestos.
Algo en el ambiente no podía ser ignorado. Y por primera vez, ella no era la principal culpable.
Los jóvenes se observaban de reojo, como dos jaguares desconfiados a punto de ensartarse en alguna batalla. Fue en un instante en que Tarble observó intensamente a Vegeta, que la tensión estalló.
—¡¿Qué me miras, imbécil?! ¡¿Acaso tengo algo en la cara?!
—¡Vegeta! — regañó la peliazul, para después dirigirse al menor, quien no parecía afectado por el alarido —No le hagas caso. Está enojado porque el viejo nos hizo perder mucho tiempo. Bueno, yo también estoy indignada. ¡Quiero llorar!—
Vegeta se detuvo cuando vislumbró unos edificios que se alzaban entre la llanura —La frustración de la situación es suficiente para hacer llorar a cualquiera—
Le sonrió ampliamente —¿Incluso a ti? —
—No. —
—Dijiste cualquiera—
Gruñó —Yo no soy cualquiera—
—Claro, se me olvidó por un momento— respondió, posando el libro en su regaño —Eres Vegeta— comentó con sorna
—Hmph
Tarble observó la conversación entre ambos con detenimiento, sin poder ocultar la sorpresa de su rostro. Era la primera vez que veía a su hermano hablando con otro ser, sin proferirle insultos ni amenazas. Y a pesar del trasfondo sarcástico del intercambio de palabras, casi podría afirmar que parecía ameno.
Bulma señaló el libro —Tarble. ¿Qué otra cosa te dijo Kaoshin acerca del libro?
—No es un libro de cuentos. Está escrito en clave— se acercó para señalar un párrafo. —Mi entrenamiento es netamente informático. Debo ingresar a la base de datos de Red Ribbon— descendió el dedo —Diseñé un comando para conectarme al wifi del edificio de Red Ribbon y así obtener las contraseñas de todos los dispositivos alrededor—
—Wow. Es delicado— la peliazul posó la mano en su barbilla, en pose pensativa —¿Cuál es la finalidad de hackear a Red Ribbon? —
—Técnicamente no puedo hackear la base de datos como tal. Solo tendré acceso a los emails y llamadas de los integrantes, para rastrear sus movimientos— arrugó el ceño —Kaoshin se encarga de vigilarlos, para que no sigan robando inventos de otras empresas tecnológicas. Además, han estafado a varias personas desde que inventaron la internet. Si los vigilamos, podemos intervenir y entorpecer sus planes— arrugó el ceño, rebuscando entre su morral para sacar un computador portátil —Sabes que la policía es totalmente inútil. Kaoshin interviene por sus propios medios y hace justicia—
—Severo personaje ¿eh? — sonrió Bulma, orgullosa de las amistades ortodoxas pero valiosas de su padre —¿Cuál es el plan? —
Sin apartar la vista de la pantalla, prosiguió —Entraremos al primer edificio del cuartel general del Red Ribbon. Vegeta instalará la femtocelda en la torre de energía — lo miró de reojo, señalando unos planos en la pantalla —Bulma, entrarás en el segundo edificio. Ingresarás al ordenador del General Blue, y ejecutarás el script. Yo estaré afuera cerciorando la conexión al wifi de Red Ribbon. Nos comunicaremos con esto. — le acercó unos audífonos diminutos —Una vez salgan, habremos terminado—
Bulma observó la pantalla —¿Diseñaste ese script? — el menor asintió —Eres muy inteligente, pequeñín— guiñó el ojo con coquetería, logrando sonrojarlo —Aunque esta ruta es muy larga. Deberías eliminar el espacio y escribir WLAN1 espacio UP. Intentemos eso. Ahorraremos tiempo—
El gruñido de Vegeta, que hasta ahora permanecía ajeno como espectador, los alertó
—Esto es completamente ridículo ¿Qué clase de entrenamiento es ese? — se acercó a Bulma —Golpearé al viejo y robaré la espada Z, sin tener que seguir esta fingida película de espías—
—Es otro tipo de entrenamiento al que estás acostumbrado— contraatacó el menor —No todo es fuerza bruta—
—Excusas de luchadores patéticos. Como tú.
Bulma parpadeó varias veces "Ok. ¿De qué me perdí?"
Antes de que pudiera construir la primera de muchas teorías conspiratorias, Tarble continuó.
—Use esto, por favor. Todo el mundo sabe quién es Bulma Brief –sonrió.
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—¡Estoy guapísima! — comentó la peliazul, observando el ajustado vestido de ejecutiva y la peluca rubia que caía hasta sus caderas. —Estoy segura que así se verá la gran Bulma Brieff cuando tenga 40 años—
Vegeta, quien no había cambiado su atuendo, encabezaba la marcha hacia la enorme plaza donde se alzaba el prestigioso edificio de 2 torres.
—Oye pequeño— llamó Bulma —Sólo por esta vez deberías cambiar tu expresión. Debemos pasar desapercibidos, y tu mirada de buscapleitos no ayuda mucho—
Vegeta arqueó las cejas, notando que los hombres en trajes de gala lo observaban con recelo, incluso temor. Se encogió de hombros. —Parece que siempre tienes un aura intimidante alrededor. Y allí es donde sonreir entra en juego—
—Hmph. Prefiero mostrar un aura intimidante que una llena de arcoiris y pasteles— la recorrió de pies a cabeza
—¡Hey! Por la forma como lo describes, se escucha patético. Además… — posó las manos en sus caderas —Yo también puedo ser intimidante. Es sólo que siempre escojo ser agradable—
—Encuentro eso bastante dificil de creer— Sonrió mentalmente.
Por supuesto que mentía.
—Ok, no voy a discutir contigo— respondió la peliazul, rodando los ojos —¿En serio no has intentado sonreir un poco más? —
"La respuesta es obvia"
—De acuerdo, sonreir puede ser un desafio muy grande para ti. ¿Qué tal si piensas algo agradable y relajas un poco ese ceño amenazante, eh?
—No hay nada agradable acerca de esta situación.
—¿Qué tal si piensas algo chistoso?
—…
—¿Qué tal Gokú con cola de mono?
—…
—¿Krilin con cabello y bigote?
—…
—¿…Cell en un vestido de Ballet?
Vegeta se detuvo y la observó de forma extraña, antes de curvar tenuemente su labio en una semi- sonrisa.
—Tu mente es increiblemente retorcida, mujer—
—¡Así está mucho mejor! ¡Qué guapo te ves!
—Hmph— giró el rostro, ocultando su sonrojo —No entiendo por qué te preocupa tanto—
—Ya te lo dije, Vegeta. Debemos pasar desapercibidos. Además, somos amigos— respondió como si se tratara de la pregunta más obvia del mundo —Es mi deber como amiga subirte los ánimos si no estás bien. —
—No somos amigos—
—Oh, claro. No lo somos— sonrió ampliamente.
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—¡Dijimos que no íbamos a usar la violencia! — gritó Bulma, recostando su cuerpo en la puerta del baño para evitar que alguien entrara. Sus ojos escupían fuego hacia Vegeta, quien se encontraba escondiendo a los dos soldados inconscientes dentro de los cubículos del baño. Se acercó al lavado para asearse, mientras Tarble negaba con la cabeza y se sentaba en el suelo.
—No me das órdenes, mujer— respondió Vegeta, escurriendo sus manos.
—¿Acaso no sabes el significado de la palabra sutileza? —gruñó la peliazul —Fue en vano escabullirnos por las salidas de emergencia y subir hasta esta planta, si te vas a comportar como un gorila el resto del plan— acarició su frente, buscando templanza —¡Soy muy joven para morir! —
—Aggr. ¡Tarble! ¿Cuánto tiempo falta? — preguntó con fastidio, mientras ocultaba la femtocelda dentro de su mochila.
—10 segundos— alzó el rostro —Bulma. Debes seguir sola hasta el final del pasillo donde se comunica con la torre 2, que funciona como hospedaje. Allí entrarás a la habitación del General Blue.—
—¡Andando! — gritó eufórica, abriendo la puerta del baño. Sin embargo, se petrificó al notar el hombre uniformado que se dirigía justo hacia donde estaban —Mierda… tenemos compañía—
—Tengo una idea— comentó Vegeta, posicionándose en combate, mientras Tarble guardaba apresuradamente sus equipos.
—No vamos a golpear a nadie, Vegeta
—No tengo ideas
Bulma viró los ojos—Yo los distraigo. Ustedes salen a mi señal, ¿de acuerdo? — comentó, señalando el audífono en su oído. —La gran Bulma Brieff sabe qué hacer en estos casos— sonrió ampliamente, subiendo su vestido para que se viera mucho más corto.
Salió del baño y cerró la puerta con agilidad, mientras se recostaba en la pared del frente —¡Yuju! ¡Cariño! —
El Capitan Dark miró a ambos lados y señaló su rostro con el dedo —¿Yo? —
—Sí, guapo. ¿Podrías ayudarme? — Apoyó una pierna encima de una matera que se encontraba a su lado, logrando que su falda se alzara un poco —Verás, creo que tengo un roto en mis medias, pero no logro ubicarlo—comentó, masajeando sus firmes piernas. Miró con coquetería al hombre, logrando que toda su atención estuviera sobre ella. Cuando tuvo al hombre encogido, le hizo señas a Vegeta y Tarble para que se escabulleran.
—No tienes medias— comentó desconcertado el hombre.
Bulma rio tontamente —¡Oops! ¡Pero qué tonta soy! Si no estoy usando medias, ni ropa interior—
En la siguiente planta, Vegeta escuchaba la conversación. Arqueó las cejas y sonrió, dirigiéndose al audífono.
—"Descarada"—
Bulma ignoró la voz en su oído, mientras ideaba la forma de quitarse de encima al militar.
—Nunca te he visto por acá. Tienes una cara preciosa. ¿Seguro no nos conocemos de algún otro lado? —
—Jojojo, no lo creo— la peliazul bajó la pierna y arregló su vestido —Debo irme. ¡Gracias, muñeco! —
Sin embargo, fue detenida por el férreo agarre del soldado —Aún no me has dicho tu nombre—
—"¿Por qué demoras tanto, mujer?"—
—Bra…—
—Bra… Que nombre tan sexy—
—"Que nombre tan ridículo"
—No me jodas, Vegeta—
—¿Dijiste algo, preciosa?
—Oh no, nada. Se hace tarde. ¡Adiooos!
Bulma corrió lo máximo que le permitían los tacones que obtuvo para su disfraz. Oprimió el comunicador en su oído —¿Qué pretendías hablando mientras intento escabullirme? ¿Querías que lo estropeara, eh? ¡Eres un fastidio, Vegeta! —
—"Si no fuese por tu manía de mostrarle tu ropa interior a los extraños, no hubiéramos perdido tanto tiempo" —
—¿Y que se supone que iba a hacer, tonto? ¿Dejar que nos descubrieran?
—"Hmph. Pude golpearlo, fácilmente"
—No te hagas el chico rudo. ¿Seguro que no estás celoso porque le mostré mi ropa interior al militar, y no a ti?
—"Vulgar"
—No te comportes como un santo, que seguro te brillan los ojos de lujuria
—"Tienes una mente muy retorcida, mujer"
—Gracias, Vegeta
—"No era un halago"
—Si viene de ti, lo tomaré como tal
Nuevamente, Tarble no pudo evitar escudriñar a su hermano con la mirada. Luego de aquel intercambio de frases, pudo ver cómo la expresión serena y apacible se iba transformando lentamente en la usual máscara de aleaciones de odio y recelo, que siempre portaba Vegeta. Le sorprendió la forma cómo traicionaba sus hábitos cuando hablaba con ella.
"Increíble" pensó, mientras sonreía. La heredera Brieff desafiaba toda lógica. O al parecer, simplemente sobrepasaba todas las expectativas de su hermano.
Y él estaba allí para presenciarlo.
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—Buenos días. Llamo de la habitación 203. Me he quedado sin toallas. ¿Por favor pueden dejar una en el picaporte? Gracias—
Bulma caminó al lado opuesto de la habitación, encontrándose inmediatamente con la mucama que empujaba un enorme carro. Le sonrió con dulzura —¿Servicio de habitación? ¿Puede regalarme varios sobres de café, por favor? — La mucama asintió, y mientras se agachaba para tomar los sobres, Bulma pasó un pequeño lector de barras por la tarjeta maestra que colgaba de su cintura.
Cuando la vio alejarse, se dirigió hacia la habitación y posicionó el pequeño lector en la cerradura eléctrica de la puerta, logrando que se abriera al instante.
—Muchachos, ya estoy adentro— anunció por el auricular, cerrando la puerta tras de sí, y acomodándose en el escritorio.
—"Eres muy ágil, Bulma"— felicitó Tarble, logrando que Vegeta se perturbara momentáneamente. Hizo una nota mental de no dejar evidencias en la habitación de huéspedes de la casa Brief, pues aparentemente Bulma era capaz de abrir cualquier puerta. —"Ya instalé el amplificador y me conecté a la red inalámbrica oculta" —
—Ya ingresé al ordenador. Vegeta, ¿cómo estás?
—"Perfectamente, hasta que hablaste" — gruñó por lo bajo —"No encuentro el interruptor de red" —
—Debe tener muchos cables de Ethernet y luces LEDs ¿Listo? —
—"Hmph"
—Tomaré eso como un sí. Oh… Tarble, tengo un problema. Me aparece Activarataque no encontrado
—"Cambia la ruta. Escribe CD Bin y presiona enter. Ahora ejecuta el script" — Tarble sonrió — "La interfaz de wifi esta activada, comunicándose con la femtocelda. Casi estamos listos." — por el comunicador, se escuchaban gritos de alegría por parte de Bulma. Sin embargo, fueron acallados por el suspiro profundo de Tarble — "Diablos" —
—¿Pasó algo, Tarble?
—"Vegeta, necesito que actives el wifi desde algún ordenador"
Vegeta, quien se encontraba borrando sus huellas del femtocelda, gruñó —"¿Qué tan lejos estoy de la próxima oficina?"
—"Unos 20 metros aproximadamente"
—"Hay demasiada gente. Activaré la alarma de incendios"
Tarble miró su reloj —"Bulma, una vez Vegeta termine, sal lo antes posible del edificio"
—Oki doki
Escondido en la torre de energía, Vegeta esperó con cautela que los oficinistas salieran de sus cubículos. Con sigilo, se acercó al ordenador más cercano.
—"Mujer, dime los comandos"
—Claro que sí, alteza. Ifconf espacio wlan1 espacio up—
—"¿Y bien?"
—"¡Lo hicimos!" — gritó Tarble
—"Maldición—
—¿Y ahora qué pasó, Vegeta?
—"Hay una mujer en la salida"
—Salúdala como si nada y vete.
—"No voy a hacer eso. Me descubriría"
—Vamos, de seguro no va a prestar atención por estar detallando tu escultural figura—
—"Agggr"
—Veg, solo se tú mismo. Dile algo agradable
—"No me presiones mujer. No puedo hacer las dos cosas al mismo tiempo"
—Cobarde
La mención de aquella palabra, logró que algo dentro de Vegeta burbujeara. Caminó hacia la salida con paso firme, dispuesto a ignorar a la intrusa. Sin embargo, la voz serena de la fémina logró detenerlo.
—¿Vegeta Saiyan? — la mujer sonrió —¿Eres tu?…—Vegeta giró lentamente el rostro, lo suficiente para detallar a la mujer alta de tez blancuzca, con cabello negro hasta los hombros y ojos azules. Prosiguió —¿No me recuerdas? Soy Nico Robin —
Por el oído izquierdo, podía escuchar la voz aguda de Bulma, rogándole que no hiciera alguna maniobra suicida que lo delatara, a su vez que escuchaba a Tarble susurrar un tenue "Demonios" —Hmph. No sé de qué hablas— se giró en sus talones.
—Estoy segura. Eres hijo de Vegeta Saiyan. Era buen amigo de mi padre. Incluso, recuerdo a tu pequeño hermano, Tarble…—
Vegeta sabía lo que se avecinaba. No tuvo tiempo siquiera de quitarse el audífono. Incluso imaginó a Bulma con las pupilas dilatadas en escepticismo y las manos en las caderas. Maldito mentalmente a la mujer aparecida por su desliz.
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"¿Pequeño hermano?"
"¿HERMANO?
—¡¿SON HERMANOS Y NO ME LO DIJERON?! — Bulma brincó en su asiento, asomándose en la ventana. —¡¿Pero qué diablos…?! —
—"Bulma, por favor. No se asome en la ventana. Es peligroso"—
—¡Quiero la maldita verdad, y la quiero ahora, Tarble!
Tarble suplicó —"Por favor, Bulma. Si lo desea, podemos hablar más adelante. Por ahora, olvide lo que escuchó"—
—Pero Tarble
—"Por favor… no tenemos mucho tiempo"
—De acuerdo, jovencito. Pero esto no se queda así— volvió a asomarse en la ventana —Vegeta cabeza dura ¿Dónde estás? —
—"Ya salí"
—Vegeta, me dirás...
—"Bulma"— pronunció con paciencia mal fingida, recordándole las condiciones de su pacto —"No fisgonearás sobre mi pasado"—
—Oh perdón Señor Misterio ¡Pero un hermano no hace parte de tu pasado, sino de tu presente! —
—"Termina de instalar el maldito script de una buena vez" — concluyó Vegeta, acercándose al sitio de encuentro con Tarble. Suspiró con pesadez. No sería fácil a partir de ese momento.
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—Lo está haciendo bien. Es una genio—comentó Tarble en voz alta, sonriendo con orgullo. Desvió la vista del ordenador para dirigirse a su hermano, quien se había reunido con él —Ya acabó—
Vegeta torció los labios, dirigiéndose al audífono —¿Por qué estás demorando tanto, mujer? ¿Acaso estás cruzando un maldito laberinto de espejos? —
—"Solo estoy echando una ojeadita a unos interesantes planos que encontré"
—¡Mujer! ¿Qué demonios crees que estás haciendo?
—"No demoro. Sólo voy a copiar la información y…"
—¡Sal de allí. El general está a punto de llegar! — comentó Tarble, dirigiendo su mirada a la enorme camioneta parqueada frente al edificio
—"¡No me grites!"
—¡No dañes lo que has hecho!
—"Ya voy, ya voy… Pero antes"
—¡Aggh! ¡Eres una estúpida, mujer!
—"Vegeta, si me acompañas al carnaval, me voy ya mismo. Si no, me quedaré copiando la información el tiempo que sea necesario"—
—¿…Qué?
—"El carnaval llegará en 2 días. Quiero ir y quiero que me lleves"—
Vegeta se había preguntado si aquella chica era de otro mundo. Parecía que carecía del filtro en su cerebro que prevenía a la gente normal decir cualquier cosa que se le cruzara por la mente, en especial cuando lo que decía tachaba con lo grotesco, o lo irracional.
Como ahora.
En lugar de cumplir su objetivo, salir del edificio a tiempo, evitando que un ejército la desangrara hasta morir, PREFERÍA contra toda lógica, tentarle la paciencia, y como no, la compostura.
Los cojones de esa mujer eran del tamaño de Júpiter.
—¡Agh! ¡Maldita seas, Bulma!
—"¿Eso es un si? ¡Yupi! — lo escuchó gruñir —"De acuerdo, ya salgo" —
La peliazul escondió el disco duro en su bolso. Se acomodó los lentes de sol y calzó sus tacones, y fue justo cuando abrió la puerta que se topó con el General Blue.
Tal vez no debió tentar al destino de esa forma.
—¡E-espera! ¡No puedes matarme!— Bulma se retorcía bajo las sogas que le oprimían las extremidades. Tembló de terror.
—¿Y qué te llevó a esa conclusión… Bra? —
—Porque si lo haces, no tendrías la espada Z. Yo la tengo—
—Mentirosa. No la tienes. — se acercó a ella y la haló de la peluca. Para su suerte, no se cayó —Y aún no has dicho por qué estabas en la torre 2. Específicamente en mi habitación. —
—Ya se los dije, soy la nueva mucama y me perdí—
El general rubio, sonrió sádicamente, dirigiéndose al capitán Dark —Córtale el cuello—
Bulma lanzó un alarido desde el fondo de su estómago —¡Un momento, no puedes matarme! ¿Acaso no conoces a Vegeta? ¡Los asesinará! —
—¿Vegeta Saiyan? — el rubio zarandeó la cabeza—Aunque lo conocieras, él no es nada sin su cuadrilla de idiotas—
—¡Es fuerte!
—¡Deja de mentir, suripanta!
—N-no estoy mintiendo— la peliazul ideó la sonrisa más dulce que pudo conseguir. Su voz se tornó melosa —Verás, el tipo está loco por mí. Si le dicen que me tienen atrapada, él les dará la espada Z—
—Vaya vaya— el general rió —De acuerdo. Esperemos que tu amado Vegeta venga a salvarte. Pero si mientes…ambos tendrán el mismo destino— la alzó de mala gana —Capitan Dark. Llévela al sótano del edificio y custódiela—
"Este idiota me matará. Y probablemente lo disfrutará"
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Bulma no sabía cuántas lágrimas había desperdiciado. Habían pasado más de 2 horas, y ni Vegeta ni Tarble se habían dignado en aparecer. Para su propio desconsuelo, el sótano era lo suficientemente blindado como para bloquear la señal de su audífono.
Ya había aclamado por el nombre de Vegeta la primera hora. Los siguientes 30 minutos, se dedicó a escupir una diatriba de insultos y maldiciones. Ahora mismo, se encontraba en la etapa de resignación.
Estaba sola.
Poco a poco, cayó en un estado de sopor y calma que solo se consigue después del llanto. Entrando en el sueño, juró ver los cabellos puntiagudos y la voz grave de su guardaespaldas.
—Juzgando por tu expresión parece que la chica dijo la verdad.
Bulma despertó de su ensoñación al escuchar la voz del capitán Dark. Frente a ellos estaba Vegeta. Quiso correr y abrazarlo, golpearle en la cabeza y llorar nuevamente. Sin embargo, sólo fue capaz de hacer una cosa. Se llenó los pulmones de aire —¡¿Por qué demoraste tanto?! ¡Buaaaaaaa!—
Vegeta la escaneó rápidamente de pies a cabeza. No tenía ninguna herida visible y estaba gritando. Lo cual se traducía en que estaba perfectamente. Observó al capitán obeso que la sostenía por un brazo.
—Ahora… ¡Entrégame la espada o no volverás a ver a tu amante!
—Hmph ¿Amante?
Bulma rio nerviosamente —Jeje...algunas personas no entienden chistes—
—¿En serio crees que entregaría la espada solo para salvarte?
—¡Claro que sí! ¡Sino quien te construiría el traje, idiota!
—Tu padre, probablemente
—¡No sé ni para qué me molesto en discutir contigo!
Vegeta se acercó varios pasos —Deja de gritar, escandalosa mujer—
El capitán zarandeó a la peliazul —¡No te acerques!—
—¿Y si me acerco? — desafió —¿Qué harás? —
—¡La mataré!
Vegeta alzó la barbilla con pose dominante y sonrió —No lo harás. No tienes agallas—
Bulma se removió entre las sogas—¡¿Qué diablos estás haciendo, Vegeta?!
—¡¿Me estás retando?! — el capitán, preso de la ira, plantó la punta de la pistola en la mejilla de Bulma, hundiendo la carnosa piel sin lastimarla. La escuchó sollozar.
—Hmph— respondió —Si la matas o no, no podrías escapar. No hay nadie en el edificio. Y tengo un pésimo temperamento. Deberías rendirte, ahora —
—¿Rendirme… pero…?—
Antes de que el hombre pudiese articular palabra, en un ágil movimiento Vegeta le había plantado certero golpe en la nuca, dejándolo inconsciente. Husmeó dentro de sus pantalones encontrando una navaja, y de un solo corte, desató las ligaduras de Bulma, quien aún yacía en estado de shock. Guardó el arma en el cinto de su espalda.
La observó desde su posición, con los ojos rojos e hinchados.
Era la segunda vez que la veía llorar.
La tercera, si contaba la etapa post-ruptura de noviazgo con el inútil de su exnovio.
La peliazul se levantó pesadamente del suelo y refregó sus ojos. Lo miró con una extraña mezcla de gratitud, odio y tranquilidad. Esta vez, se tapó los oídos a tiempo.
—¡Casi muero! ¡¿Por qué demoraste tanto?! ¡Tengo frio y hambre y miedo y … y…. y estabas jugando con mi vida!—
—Hmph. Es irrelevante— se encogió de hombros —El tipejo estaba tan nervioso que era más factible que se apuñalara a sí mismo— le dio la espalda y caminó hacia la salida —Andando, mujer. El camino de regreso es peor—
Entró al salón como de costumbre. Las chicas no ocultaban la admiración que él les causaba. Ridículas… él jamás se fijaría en ellas. Me buscó con la mirada. Cuando me ubicó, caminó con arrogancia hacia mí, como solo él lo sabe hacer. Estaba enojado, como siempre, y la única culpable era yo. Me gustaba provocarlo, porque esa era la única excusa para mantenerlo cerca de mi… así fuese para sermonearme o gritarme, siempre había una nueva oportunidad para volver a sacarlo de casillas.
–Levántate— Vegeta esperó a que le obedeciera. Obviamente no lo hice, solo para provocarlo. Esperó unos segundos y en vista de que yo seguía oponiéndome, puso sus manos lentamente en el pupitre, acercando su cuerpo hacia adelante, mirándome fijamente con sus fríos ojos negros.
No solo Vegeta me miraba… también las chicas del salón miraban la peculiar escena. Podía sentir sus miradas como dagas furiosas intentando asesinarme. Las escuché quejarse, maldecirme y envidiarme por el acercamiento que tenía con el pelinegro.
Yo aún permanecía gruñendo, con los brazos cruzados. Sin embargo, aquella escena se me antojó terriblemente erótica. El viento entró por la ventana, haciendo bailar sus rebeldes cabellos negros. El olor de su perfume se coló por mi nariz… su corbata colgaba perpendicular al pupitre, y tuve muchas ganas de jalarlo y plantarle un beso apasionado.
Para sorpresa de todos los presentes en el salón, y más aún, para sorpresa de Vegeta, lo hice. Lo jalé con fuerza de su corbata y le di un profundo beso. Succioné su labio inferior y sentí un calor subiendo por todo mi cuerpo. Y aunque permaneció rígido como un iglú, sus labios se sentían calientes…
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—Levántate—Crispada, Bulma abrió los ojos. Delante de ella estaba Vegeta, pero no en el aula de clases, ni alrededor de un montón de niñas revoltosas. Oh, ¡claro! estaban dentro de aquella pequeña guarida improvisada, evitando pescar algún tipo de neumonía, aunque el frio ya estaba causando efectos en ella, pues hasta hace poco estaba alucinando. Parecía que esos estúpidos sueños no solo la asaltaban en su letargo, sino también cuando estaba despierta.
"¡Diablos!"
Se dio cuenta que Vegeta aún la estrangulaba con la mirada. La peliazul recordó como un clarividente el anterior sueño y no pudo evitar sonrojarse y ocultar la mirada.
"No seas tarada Bulma, fue solo un sueño… un incoherente, estúpido y sensual sueño…"
Se dio un par de bofetadas mentalmente y se levantó del sitio, para sentarse en otro lado. Vio que Vegeta colocó unas cuantas piedras en la entrada de la estrecha cueva, para impedir que la brisa helada los azotara con fuerza. Por un momento, la sensación de claustrofobia se apoderó de ella. Notó que él ahora permanecía concentrado en su labor de encender a como dé lugar aquellos humedecidos troncos, para poder calentarse un poco. Elementalmente, al poco rato lo consiguió, y la luz de la fogata iluminó el pequeño espacio.
La espalda de Vegeta se veía extremadamente provocativa. Bulma se sorprendió al descubrirse mordiendo los labios instintivamente. Era una espalda ancha, con cada uno de sus rígidos músculos marcados de manera descarada. Lo podía detallar mejor, ya que su camisa estaba empapada, y se le pegaba al cuerpo como una doble piel.
"Eso no cambia nada… aunque tengo que admitir que Vegeta es atractivo, sigue siendo un animal"
Iba a gatear hacia la fogata, pero reparó en que ella aún seguía portando sus empapadas ropas. Si continuaba así, de seguro se resfriaría.
–¡Achú!— la peliazul tapó su nariz por inercia, y después de mirar a Vegeta, decidió permanecer así antes de que se le desatara una hemorragia nasal, pues el pelinegro se despojó de su camisa y posteriormente, de su pantalón, quedando en paños menores.
"OMFG! Ya debería acostumbrarme a verlo en ropa interior"
Bulma cerró los ojos, tal vez se trataba de alguna de esas alucinaciones pervertidas. Pero no, era real, tan real como que estaban solos, ligeros de ropa y húmedos.
Bulma borró la momentánea sonrisa estúpida que adornó su rostro, al notar los ojos azabaches mirándola sin perturbación. Se sonrojó un poco y agradeció mentalmente que Vegeta no pudiera leerle la mente… o al menos eso creía.
–Quítate la ropa—comentó el pelinegro estoicamente.
"Eso sonó MUY pervertido"
–¿Q-qué?—Bulma tuvo unas inmensas ganas de pegarse la cabeza contra una roca.
–Te resfriarás, tonta—respondió y Bulma carraspeó nerviosa. El pelinegro sacó dos abrigos del morral impermeable que sabiamente había guardado, se cubrió con uno y dejó el otro al lado de él, dirigiendo una mirada a Bulma.
–Ah… Ha ha, obvio, no hay problema, no tiene por qué haberlo, claro…bien… jeje—la peliazul recorrió con la mirada la pequeña cueva y tragó saliva con dificultad.
"¿Dónde diablos me voy a quitar la ropa?".
El pelinegro cerró los ojos y se volteó para darle la espalda.
"¿Desde cuándo esa chica tiene pudor? Por la forma como acostumbra vestir y por las insinuaciones sexuales, pensé que no conocía el significado de esa palabra"
Bulma suspiró profundamente. Empezó a quitarse la chaqueta café, botó un suspiro y retiró su blusón gris con una lentitud propiamente sensual. Miró al frente, y al tener en su campo visual la imagen de la tallada y fina espalda (ahora abrigada) de Vegeta, una idea erótica asaltó su mente. Era una especie de exhibicionismo, sintió como si estuviese haciendo una clase de show de striptease privado. Y obviamente, no pudo evitar sonrojarse. Después de haberse quitado la ropa, quedando en ropa interior, se acercó lentamente al fuego, aun sintiendo un calor interno y un cosquilleo en su estómago, y por unos segundos dejó de tiritar de frio al sentir la lava ardiente de la repentina excitación corriendo por todas sus venas. Se cobijó con el abrigo y cerró los ojos.
"De acuerdo Bulma, ahora mismo te vas a comportar como una dama decente, deja de pensar tantas cosas… mejor conversa con Vegeta para que tus pervertidos y vergonzosos pensamientos no te destruyan las neuronas"
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—¡N-o! ¡No! ¡Mi ropa, mis maquillajes! ¡No me podré bañar ni aplicar mis cremas! ¡Mi piel se volverá ajada ¿Qué haré?! —
Vegeta suspiró profundamente, con una marcada vena en su sien izquierda —¿Estás compitiendo para ser la idiota del año? —
Bulma se cruzó de brazos —¿Como defensor del título, estás nervioso? —
—Maldita sea, ¿No puedes estar callada por unos segundos? —
—Lo estaré cuando me muera—gruñó a la defensiva. Lo escuchó ahogar una risa.
—No me tientes, mujer
La poca paciencia y autodominio de Bulma se agotó. El ambiente era frio, su pie aún estaba lastimado, se sentía enferma y mareada, aún no había superado su inminente muerte con el jabalí ni con el capitán Dark, y para rebozar la copa, Vegeta no dejaba de provocarla.
—¿Quisieras dejar de ser tan complicado, solo por esta noche? ¿Crees que fue muy fácil para mí, después de todo lo que pasé con Red Ribbon, tener que regalarle mi ropa interior sucia a aquel viejo verde para que nos diera la espada Z?—más que una petición, fue una exigencia. Vegeta volteó su rostro hacia ella y pestañeó dos veces. –Así está mejor—comentó la peliazul. –¿Vienes muy de seguido aquí?—comentó, intentando agregar algún tema de conversación.
—No– contestó Vegeta en su usual tono helado. "¿Para qué me molesto en responderle?" Con estar atrapado en aquel lugar, soportando el frio de la tempestad, era suficiente. Guardó silencio, decidido a ignorarla. Realmente hablar con ella en estos momentos, le resultaba molesto.
Sin embargo, Bulma al parecer tenía suficiente batería para largo rato.
–Créeme que dentro de mi lista de planes no está el quedarme encerrada en una cueva con un ogro como tú —Bulma apretó su abrigo contra sí, sintiendo la helada brisa filtrarse por el agujero de la pequeña cueva –Sólo quiero hacerme un tatuaje cuando reúna las agallas para hacérmelo, ir al espacio exterior, viajar al futuro en una máquina del tiempo, besar a un completo desconocido… bueno, eso último ya no…. –
Vegeta ya lo había decidido antes: había escuchado suficiente a aquella muchachita histérica, y necesitaba guardar energías para cuando cesara la lluvia. Deseaba sumirse en sus propios pensamientos, pero la chillona vocecita femenina se colaba por entre sus finos oídos y zumbaban como abejas en su cabeza, colmándole su imperturbable paciencia.
El pelinegro le lanzó una de sus más tétricas miradas para luego cerrar sus ojos, dispuesto a no abrirlos en mucho tiempo.
Bulma deseó en esos momentos, tener una vuvuzela y sonarla en los oídos de ese arrogante hombre. Guiada por la ira al sentirse ignorada, pensó en tomar una roca y reventársela en la cabeza…
–¡Hey! No estarás planeando dormirte… ¿o sí?—un tic se posó en su ceja izquierda—Me dejaste hablando sola—comentó entre dientes, intentando contener su rabia –Vegeta ¡Despierta!–
Después de un par de minutos de gritar su nombre acompañado de intensas groserías inapropiadas para una dama, finalmente desistió de la idea, pues al parecer Vegeta dormía como un tronco –o efectivamente, tenía un poder de autocontrol impresionante- Bulma bufó harta de la situación. Cerró los ojos y un aparente sopor la envolvió mágicamente. Aún tiritaba de frío y al autoabrazarse se dio cuenta de que su piel ardía. Se llevó una mano a la frente y notó que tenía fiebre.
Miró en dirección de su dormido acompañante. "Bah, no creo que a él le interese en lo mas mínimo que me esté enfermando y que vaya a morir de hipotermia". La peliazul se convenció mentalmente de que era normal que tuviera fiebre al estar expuesta a aquel brusco cambio de temperatura. Para mañana ya estaría bien, descansando en una caliente cama Capsule Corp.
Se enroscó aún más en un autoabrazo y recostándose encima de su ropa aun húmeda y su mochila, se quedó profundamente dormida mientras veía el vaivén majestuoso de la fogata y unas imágenes comprometedoras -en las que el joven de cabellos flameantes era protagonista- se filtraron entre sus sueños.
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–Cinco minutitos más—farfulló por lo bajo la chica de cabello azul al sentir algo en su hombro, intentando levantarla de su sopor. El movimiento realmente la estaba irritando y mas aún porque le dolía la cabeza, tenía los labios resecos a causa del frío, le ardía la garganta y su nariz se sentía como si hubiera estado respirando debajo de una piscina. Bulma zarandeó su hombro, intentando salir del agarre de aquella mano y se acurrucó aun más con su abrigo. Sin embargo, aquello volvió a menear su hombro –No quiero hacerlo ahorita…–
Vegeta detuvo su agarre y arqueó las cejas algo desorientado por el comentario. Bulma aún seguía profundamente dormida. Debería patearla.
–No quierooo—chilló entredormida la peliazul, sintiendo que el movimiento era ahora mayor. Decidió ignorar aquel movimiento, de seguro se cansaría y se iría lo que sea que estuviera molestándolo. Pero esta vez el movimiento fue mucho más fuerte, mucho más violento. Bulma apretó sus ojos y se sentó abruptamente.
–¡VÉ A PAJEARTE Y DÉJAME EN PAZ!—
Hubo un silencio sepulcral. Fue abriendo lentamente los ojos y notó al hombre de cabello negro y ceño fruncido con los brazos cruzados, de pie. Poco a poco fue asimilando lo que había ocurrido y no pudo ocultar ruborizarse.
–L-lo siento Vegeta. Te lo juro que por esta vez no fue mi intención gritarte…– rió nerviosamente y se sostuvo la cabeza porque de repente sintió mareo. Miró a su alrededor y se dio cuenta que su ropa estaba tirada por todos lados. Sus recuerdos de anoche eran un revoltijo de confusión, así que se vio forzada a sacudir la cabeza para ponerlos en su lugar. Fue entonces que cayó en cuenta de que estaba en ropa interior. Y la primera cosa incoherente que llegó a su mente la dejó helada.
–¡V-VEGETA!—chilló la peliazul, amparándose en su abrigo –No me digas que…– la mujer abrió los ojos –Tu… y yo… y… y…anoche…– Bulma enmudeció inmediatamente, presa del pánico. Vegeta la observó como si se tratara de una idiota.
–¿Qué?—
–¡OH POR KAMI!—Bulma casi se jala el cabello al reconsiderar la idea–Vegeta… tu… y yo…–
El pelinegro frunció el ceño, disgustado. No podía creer que la imaginación de esa mocosa fuera tan exagerada.
–Si en realidad hubiese ocurrido tal cosa, indiscutiblemente lo recordarías– se giró para dejarla en sus cavilaciones, rebuscando algo en la maleta –Pesada–
Bulma suspiró aliviada, aunque se sintió tonta al no poder recordar lo que había pasado la noche anterior, y pero aún, haber pensado ESTUPIDAMENTE que ella se había acostado con él. Sin embargo, fueron las palabras que dijo Vegeta las que lograron aturdirla de nuevo. Y ahora mismo, Bulma pudo afirmar que Vegeta podía ser más insolente que ella. De una manera mucho más sutil, claro. En efecto, le había dado de su propia medicina llamada 'Insinuación', y justamente había dado resultados.
Después de aquellos segundos tan incómodos en los que se sintió la persona más hueca del mundo, recordó que la noche anterior se había lastimado el tobillo. Sacó el pie y lo inspeccionó cuidadosamente. Estaba un poco hinchado, aunque no tanto como lo recordaba. Siguió recapitulando todo, y se dio cuenta que ya había amanecido y que seguro Vegeta esperaba que ella se levantara para irse de una vez por todas de ese agujero.
Se levantó con sumo cuidado y notó que su pie ya no dolía tanto. Su mirada se dirigió hacia el pelinegro.
–Gracias—sonrió al decirlo. Vegeta la miró algo escéptico –Por todo—el pelinegro permaneció en silencio unos segundos y asintió.
–Cállate y camina—dijo, cargando el morral y dirigiendo la marcha nuevamente.
"Aquel día aprendí muchas cosas acerca de Vegeta… Aprendí que tiene un hermano menor, odia perder, ha estado en ciudad Pothala, y tiene una enorme facilidad de aprendizaje. Aprendí que aunque siempre quiere resolver todo con la violencia, lo hace para ocultar su innata inteligencia. Aprendí que aunque entre nosotros siempre esté en juego nuestro orgullo y la victoria sobre el otro, por esta vez comprendí… comprendimos, que estamos juntos en esto…"
Bulma observó al pelinegro caminando delante de ella. Su cabello se movía a causa de la helada brisa que los sacudió. Miró al cielo y notó que estaba a punto de llover.
"…Y para mí, siempre sería una persona agradable."
Notas finales: Aquellos que tengan suficientes conocimientos en computadoras y programación, perdonen mis intentos ficticios de describir un hackeo. En mi defensa, mi profesión no tiene absolutamente nada que ver con software.
Nico Robin pertenece al anime One piece. La incluí en este fic por una colaboración que vi entre Toriyama y Oda, llamado "Cross Epoch", crossover donde Vegeta es el capitán de un barco pirata espacial y Robin es su subordinada (ok, no se preocupen, no pasa nada entre ellos. Bulma también sale en el crossover)
