Si hay un contrincante
al que debes vencer
en una carrera
de larga distancia,
ese no es otro
que el tu de ayer
Haruki Murakami
¿De qué hablo cuando digo que es destino no es sino una amarga lista de sucesos esperando a ser modificada? Hablo de aquello que parece escrito y no lo está, hablo de aquello que parece perseguirnos pero no lo hace, hablo de aquello que parece no poder ser cambiado, y sin embargo, debe serlo.
Acerca de mí y de la serie de acontecimientos que durante una semana parecieron haberse unido en mi contra, debo decir que me hicieron replantearme los principios mismos de mi existencia. ¿Merecía la pena tener tanto poder? ¿Era capaz de emplearlo sabiamente? ¿Podía hacer algún bien con él? Tantas preguntas sin respuesta, como gotas de agua en medio de una tormenta, como partículas de luz sobre la bahía de Arcadia en pleno atardecer.
Sin embargo nada podía hacer para enfrentarme a este destino, irónico, lo sé. Podía manejar el destino de otros a mi antojo pero no cambiar el mío propio, era, soy y seré prisionera de mi don, capitana de un barco que yo no había echado al mar. Ahora no podía evitar que la corriente me arrastrase, no tenía esa elección. Tal vez esa corriente me lleve a un lugar menos horrible, quizá a uno lleno de maravillas o peligros, tal vez hacia algo que me hiera de muerte o hacia algo que me de la salvación eterna. Simplemente me tengo que dejar llevar, arrastrar por la incesante corriente, aunque me consuma entre las llamas, aunque desaparezca para siempre.
Esa noche debí morir, y no por la sangre que manaba de la herida en la cabeza, si no por el agua. El agua que caía del cielo y que había ido llenando lenta y mortalmente la pequeña hendidura en la tierra sobre la que había caído mi cabeza. Yo, sumida en mis sueños y cegada por la neblina que un traumatismo en el cráneo te provoca, moría ahogada en completa felicidad.
Y sí, esa noche debí morir, esa noche en la que mis poderes no me sirvieron de nada pues ni pude ver a la persona que me atacó. Todo se volvió negro con tanta velocidad que incluso los recuerdos inmediatamente anteriores parecían difuminarse entre la espesa capa de niebla.
Mi cara ya estaba completamente tapada por el agua que caía incesante cuando lo noté, esa sensación que había tenido cientos de veces a lo largo de esa semana. Una fuerte tirón que comenzaba en el estómago y proseguía hacia arriba hasta llegar a la cabeza, la cual, palpitante por el golpe, protestó sin miramientos mientras era arrastrada atrás en el tiempo. Alguien estaba echando el tiempo atrás, y no era yo.
Cuando la sensación de mareo cesó, un destello en mi cabeza me hizo abrir los ojos. La tierra, ahora apenas mojada por la lluvia, se pegaba a mi cara mezclándose con la sangré que corría por mi oreja. La palpitación en la parte posterior de mi cabeza me hizo cerrar los ojos de nuevo e intentar llevar una mano hacia el lugar donde nacía esa sensación. Mi mano quedó suspendida en el aire sin llegar a tocar mi cabeza por puro miedo, miedo a que la herida fuese demasiado grave, miedo a incrementar el dolor.
Traté de levantarme apoyando ambos brazos en el suelo, logrando con gran esfuerzo incorporarme y quedar de rodillas. Levanté la visto buscando a Chloe, pero no estaba, se la habían llevado.
Sin embargo el haz de luz que me había despertado aún seguía fijo dentro de mí, como un flash que sale directo hacia tus ojos deslumbrandote durante unos segundos. Y así fue, deslumbrada como estaba por las circunstancias no pude ver en un primer momento lo que tenía ante mí, donde William y Rachel me contemplaban.
- ¡Max! ¡Larguémonos de aquí! - me gritó Chloe al oído cuando soportar los empujones de la gente de alrededor comenzó a ser una tarea titánica.
Asentí con la cabeza sin tener fuerzas para hablar, el alcohol había sido demasiado para mi cuerpo y sus efectos comenzaban a hacer estragos. No notaba los dedos de las manos y mi visión era demasiado borrosa, con todo, no me sentía mal, solo como si estuviese en otro plano, como flotando por encima de todo y todos. Había bebido mezclas desconocidas, había saltado y chocado con decenas de personas en una macro fiesta en la piscina de la academia, me había puesto hasta arriba de agua y jabón gracias a los cañones del techo y había besado a Chloe en el impulso mas sincero de toda mi vida. Me lo estaba pasando jodidamente bien.
Intenté dar un paso hacia delante dejando de saltar, sin embargo me vi impulsada de nuevo por la gente de mi alrededor. El movimiento y la música seguían siendo frenéticos, nadie que estuviese dentro de aquella locura podía permanecer quieto más de un segundo sin sufrir un empujón.
Vi como Chloe batallaba con dos chicos a su espalda que no paraban de saltar demasiado cerca y sonreí cuando por fin puso los ojos en blanco y me agarro de los hombros por la espalda empujándome hacia delante dando saltos. Comenzamos así una especie de "tren del escape" que nos sirvió para ir apartando gente en linea recta a base de embestidas hasta llegar a una zona mas despejada.
Me reía fuertemente cada vez que Chloe apartaba a alguien de un empujón o codazo mientras yo misma nos abría paso abalanzándome literalmente contra la gente.
Una vez llegamos al otro lado del pabellón pude comprobar nuestro aspecto; estábamos empapadas enteras por el agua de los cañones y en el pelo aún teníamos algunos restos de jabón. La ropa seguía teñida de colores mientras nuestras caras y brazos estaban ligeramente violetas. Obviamente me habría muerto ahí mismo de la vergüenza si no hubiese ido completamente borracha.
- ¿A quien se le ocurrió convertir una color party en una fiesta de la espuma? Menudos imbéciles hijos de puta, ¡Casi me ahogo ahí dentro! - siguió maldiciendo Chloe mientras daba pequeños saltos intentando quitarse parte del agua y espuma que aún la recubrían.
Me puse la mano en la cara mientras me reía a fuertes carcajadas, en parte por el enfado de Chloe y en parte por Justin, que había aprovechado el jaleo para subirse a la tarima VIP y meterle mano a Victoria. La visión de este corriendo por el pabellón infestado de gente y agua mientras dos miembros del equipo de fútbol le perseguían para pegarle me hizo doblarme de la risa una vez más.
Cuando Chloe se percató de lo que pasaba también comenzó a reírse llevándose una mano detrás de la cabeza, quitándose el gorro y escurriéndolo encima de la cabeza de un chico que tenía detrás.
Estaba intentando buscar en mi embotada cabeza las palabras adecuadas cuando Chloe me agarró de la mano y tiro de mí en dirección a la salida. Chillándole al guardia que salíamos a fumar nos pusieron los sellos mas horteras y enormes de la historia en una mano para que pudiésemos volver a entrar después.
Una vez fuerza, nos tomamos un segundo para coger aire puro en medio de la noche. La tranquilidad contrastaba fuertemente con la locura que se desarrollaba dentro y la música - sorprendentemente - era apenas perceptible una vez cerrada la puerta.
El ligero viento me despejó un poco las ideas y pude volver a caminar con normalidad, avanzando unos pocos pasos por el camino iluminado por farolas de la academia. Aún cogida de la mano de Chloe, caminamos en silencio por la ruta de baldosas rojas. La observé de reojo durante el paseo, también iba visiblemente borracha, lo cual acentuaba aún más su lenguaje obsceno y su mal carácter, pero sin embargo parecía relajada, como disfrutando de una paz interior que no recordaba haber visto antes en ella.
Le solté la mano y le golpeé el hombro ligeramente alejándome unos pasos después. Ella me miró al principio sin comprender nada mientras yo me reía y saltaba a su alrededor.
- ¡Vamos maldita borracha! ¡ A ver si puedes cogerme! - le grité mientras me alejaba un poco más.
Tardo apenas un par de segundos en reaccionar, pues rápidamente se abalanzó hacia mi intentando atraparme mientras yo iniciaba una carrera no muy recta hacia delante. En nuestro estado, comenzamos a reírnos a carcajadas mientras fallaba una y otra vez en sus intentos y yo a duras penas atinaba a dar un paso delante de otro.
- ¡Eh MadMax! Deja de jugar a ser una puñetera lagartija y dejate coger de una vez -
Cuando dijo eso, giré instintivamente para darle la réplica a su insulto, pero claro, mi torpeza habitual sumado a los chupitos especiales hicieron que mis pies se liasen en pleno giro, llevándome al suelo de la manera mas patética y teatral posible. Una vez despatarrada en la hierba, alcé los brazos y comencé a agitarlos pidiendo auxilio de manera dramática haciendo que Chloe se partiese de la risa apenas a unos metros de mí mientras se acercaba.
- ¿De que te ríes tu eh? - le solté a Chloe en cuando la tuve a tiro mientras la derribaba con las piernas. Cayó como un tronco sobre la hierba cuan larga era profiriendo una maldición contra mis antepasados antes de estallar de nuevo de risa.
Fue entonces cuando comenzamos la batalla final, comenzamos a lanzarnos pequeños manotazos y golpes intentando volver a derribarnos. Puedo decir con orgullo que resistí 15 gloriosos segundos antes de volver a dar con mi espalda en el suelo quedando irremediablemente debajo de una Chloe que me miraba con malas intenciones.
En medio del silencio, ese móvil que yo ya no recordaba tener comenzó a sonar, era Nathan, quería que fuésemos a la zona de aparcamiento.
Disculpad por tardar tanto en actualizar, estoy metido en un pequeño proyecto para youtube sobre LiS y estoy preparando el guión. Además ahora estoy trabajando y no me queda demasiado tiempo libre. No os preocupéis, prometo que esta historia tendrá su final.
Como siempre, gracias por leer y por comentar, acepto sugerencias y peticiones de capítulos.
Grimmer
