Los personajes pertenecen a Suzanne , la Historia es 100% original; cualquier parecido con alguna otra es mera coincidencia.
Capítulo 9
El camino de regreso a Torre León fue más corto de lo que esperaba, llegando al departamento de Peeta me toma de la cintura pegando sus caderas a las mías haciendo acto de presencia su atormentada erección y su boca ataca a la mía. Camina conmigo por el amplio pasillo del primer piso sin despegar su boca de la mía y jugando con mi lengua como él quiere. Cuando me di cuenta estábamos en el final del pasillo, ante unas escaleras que conectaban con un segundo piso. Recuerdo que me dijo que no tenía un lugar específico para cobrarme.
— Te voy a mostrar tu habitación. — Logra decir con la respiración entrecortada.
— ¿No te ibas a cobrar un anticipo? — Una sonrisa pícara apareció en sus labios y volvió a besarme hasta provocar que me faltara el aire.
— El anticipo puede esperar un poco más.
Subimos las escaleras en curveadas e inmediatamente pudo ver una puerta en frente de nosotros. Estábamos en un pasillo de paredes blancas e iluminación exquisita, a parte de la puerta en frente de las escaleras hay cuatro puertas más completamente iguales y de color chocolate. Pasamos la segunda puerta y Peeta la abre ante mí. Presiona un interruptor y una tenue luz aparece encima de nosotros, conforme mueve su mano en el interruptor la luz es más brillante dejando ante mis ojos una habitación que siempre soñé tener.
La cama es enorme, a lado de esta hay un ventanal con una vista nocturna de la ciudad, en frente del ventanal hay chaise longue le Corbusier color rojo. El tamaño de la habitación es más pequeña que la de Peeta. Pero mantiene el mismo aspecto que la suya. Las paredes blancas con un cuadro abstracto sobre la cabecera en tonos de rojo, la colcha blanca con detalles en rojo y sobre esta están dos cojines también en rojo. En frente de la habitación hay dos puertas, pero en el momento que quiero explorar una de ellas Peeta me agarra de la cintura por detrás y me atrae hacia él.
— Esta es tu habitación por los próximos seis meses. ¿Es de tu agrado?
— Claro que sí, es más que eso. Es más de lo que imaginaba.
— Me alegro que te guste. Ahora debemos volver abajo.
— ¿Por qué? Aquí hay una cama, puedes cobrarte aquí mismo.
— Podría, pero el contrato empieza el lunes. Hasta ese día vas a dormir conmigo. — Me besa castamente. Y me saca de la habitación.
Escaleras abajo me carga entre sus brazos y me sorprendo, enredo mis brazos en su cuello y mis tacones caen al suelo. Me besa y me muerde los labios, acto que me hace gemir. Al chocar con la puerta me deja en el suelo y la abre. Enciende la luz pero esta es de muy bajo voltaje imagino que es como la de mi supuesta habitación. Me sujeta fuertemente de las caderas rozando su erección en el centro de mi deseo. Gimo. Me da la vuelta y clava una vez más su erección en mi trasero. Besa mi cabello y rodea mi cintura con sus brazos.
— ¿Ya te dije que me encanta tu vestido? — Dice con una voz ronca llena de promesas.
— No.
— Es muy bonito. — Me acaricia los brazos rítmica y pausadamente. — Pero ¿Sabes dónde se vería mejor? — Niego con la cabeza. — En el piso de esta habitación. — Acto seguido desabrocha mi vestido del cuello y baja el cierre clavando su uña por mi espina dorsal haciendo que me estremezca. Me lo quita por encima de mi cabeza y lo manda al suelo enfrente de mí. — Te dije que se vería mejor. — Logro sonreír, pero no da tiempo de más porque enseguida desabrocha mi sostén y lo manda al suelo junto a mi vestido. — Eso es todavía más lindo de lo que era antes. — Y empieza una lenta tortura hacia mis senos. Los masajea clavando su erección contra mi trasero. Cuando pasa uno de sus dedos por mis pezones, estos responden endureciéndose ante aquel suave contacto, Peeta sonríe detrás de mí. Con una mano suavemente ladea mi cabeza para darle un mejor acceso a mi cuello. El cual empieza a besar y mordisquear al mismo tiempo que sus manos atienden mis senos, cuando logra sacarme un gemido más alto de lo normal, deja mis senos y acaricia mis brazos, de arriba abajo, de repente una de sus manos atrapa mis muñecas y con su otra mano acaricia mis costillas, lo que envía fuertes temblores a mi entrepierna. Empieza a pelearse con algo en su cuello; su corbata o botones creo, pero no me importa porque empieza a jugar con el lóbulo de mi oreja. Cierro los ojos y me dejo hacer. De repente ambas manos acarician mis muñecas por enfrente de mí, acto seguido me da la vuelta para jugar con mis labios, y cuando quiero rodearle el cuello con mis brazos me doy cuenta que los tengo atadas con su corbata. Sonríe ampliamente y mi boca hace una O de sorpresa. Me tumba en la cama y con sus manos me acomoda mejor. Sujeta la corbata a una parte de la cabecera que no había notado. Cuando estoy bien sujeta me jala de los tobillos haciendo que mis brazos se estiren y la corbata se tense. Se sienta a horcajadas sobre mí y manda el saco de su traje junto a la pequeña pila de ropa al suelo.
— ¿Porque? — Es todo lo que puedo decir.
— Firmaste un contrato. — Empieza a desabotonar su camisa y mis ojos están ahora en sus manos. — Puedo atarte a donde sea y con lo que sea.
— Pero dijiste que el contrato empieza el lunes.
— El contrato si, el anticipo no. Nada malo te va a pasar, no te preocupes. Es solo que tengo cicatrices en mi espalda, y aunque son un honor ser el portador de ellas, cuando me ducho me duele un poco. Te voy a sujetar de las manos hasta que te hagas una manicura. — Me pasa el dedo índice desde la base de mi cuello, pasando por entre mis senos, estomago, vientre y cuando llega al elástico de mis bragas juega con el jalándolo hacia arriba haciendo que mi sexo se note aún más. El desgraciado sonríe y paso un dedo entre mi sexo, este a su vez puede notar que mi entrepierna esta mojada.
— Húmeda para mí. Me encanta. — Se quita la camisa por completo y esta se une al bulto de ropa en el suelo. Se estira por sobre mi cuerpo y sopla en el pezón donde tengo el lunar. — Oficialmente declaro esta marca la más sexy del mundo y mi parte favorita de tu cuerpo. — Sopla una vez más y mi espalda se arquea, con su lengua juega con mi lunar, mientras que mi otro seno está siendo atormentado por sus despiadados dedos, pellizcando y endureciendo mi pezón más de lo que está. De repente su lengua deja de jugar con mi pezón para dar paso a sus dientes, este muerde y estira mi pezón haciendo que grite de placer. Sonríe y mi respiración es más agitada de lo normal.
— Creo que con eso es suficiente, ahora voy a probar como sabes. Junta las rodillas. — Toda yo me tenso ¿Qué demonios quiere hacer?, al ver que no hago lo que dice toma mis tobillos y lentamente saca las bragas de mi cuerpo y van a dar al montón de ropa del suelo. Cuando las bragas están en el suelo junta mis tobillos y hace que mis rodillas se levanten. Acto seguido separa mis piernas con sus brazos dejándole una primera y amplia vista de la parte más íntima y también el centro de mi placer. Me siento muy expuesta.
— ¿Qué vas a hacer?
— Probar como sabes. — Sonríe y acaricia la cara interna de mis muslos. Cuando coloca su rostro entre mis piernas, me espanto y las cierro por instinto. Pero sus fuertes manos las abren más de lo que estaban y me mira a los ojos. Pasa su lengua por mi sexo y una ola de intenso calor me recorre haciendo que mi espalda se levante y gima de excitación. — Deliciosa. ¿Para qué sirve este botón? — Presiona con su lengua el botón más sensible de mi cuerpo y grito. — Interesante. Tan sensible y deliciosa, una combinación adictiva. — Su aliento acaricia mi sexo y me estremezco solo de sentirlo. De repente su boca aprisiona mi clítoris y su lengua juega con él, chupa y succiona mi clítoris sin piedad; miles de sensaciones me invaden y mis caderas toman vida propia al moverse de manera voluntaria contra su lengua. Mis brazos se estiran haciendo que la corbata que me sujeta se me clave en la piel, como puedo agarro con mis manos la cortaba y la hago puños porque no sé de dónde más sujetarme. Su lengua da paso ahora a sus dientes y ahora son ellos los que me torturan, la dulce sensación de la bomba a punto de explotar se aproxima y empiezo a gemir más alto de lo que debo.
— Peeta. — Gimo para que deje de torturarme. — Por favor. — Solo escucho un ronco gemido de su garganta. — Por favor. — Ruego de nuevo y no sé qué quiero, que se detenga o que continué con esta dulce tortura. Pero mi cuerpo no es de hule; y con unos suaves mordiscos más a mi clítoris la bomba estalla en mil pedazos y aprisiono el rostro de Peeta entre mis piernas. Cuando mis piernas se relajan y sueltan el rostro de mi arrendador, este se levanta con una sonrisa amplia y triunfante. Sus labios brillan y me doy cuenta que tiene mi explosión en ella. Me da un casto beso en el clítoris que me envía fuertes escalofríos a mi cuerpo.
— Uno. — No sé qué significa y no me deja pensar porque su boca esta sobre la mía y sus labios ahora tienen un sabor salado, debería asquearme por sentir mi sabor sobre sus labios, pero es deliciosamente existente probar mi excitación desde sus labios. Me dejo llevar por la sensación que me provoca su boca sobre la mía y su lengua jugando con la mía; pero lo que me vuelve loca es la presión que siento en la zona que el acaba de abandonar; esta torturándome con su bulto sobre mi sexo haciendo un movimiento rítmico. Sus manos acarician suavemente mis brazos atados. Y me frustro yo también quiero acariciar su cuerpo. Un gemido frustrado hace reír al hombre que esta sobre mí y este a su vez emite una risa burlona. Como puedo volteo mi cara para que deje de besarme y él aprovecha para besar, chupar y mordisquear mi cuello.
— Me… estas… torturando… — Logro decir entrecortadamente.
— Aja. Me pediste un descanso ¿Recuerdas?
— Por favor… Continua.
— ¿Segura? — Me dice sin dejar de hacer su lenta tortura sobre mi cuerpo.
— Por favor.
— Lo que mi inquilina quiera. — Me da un último beso en los labios. Y se separa de mí. Se desabrocha el botón del pantalón y baja el cierre del mismo. A continuación van a dar al montón de ropa, esta ante mí solo con su ropa interior que delatan su excitación que no puedo dejar de ver, me relamo los labios y nuestros ojos se encuentran. Me sonríe y yo me sonrojo. — Pronto. — Solo dice eso. Se estira el elástico de la única prenda que lo cubre y su erección salta de inmediato, es grande y esta completamente erguida. Se estira sobre mí, al mismo tiempo que puedo oler su cuerpo, coge un paquete de aluminio y lo rompe, se coloca un condón y se acaricia ante mí. Esa sola acción hace que mi sexo se humedezca de nuevo. Gimo. Coloca su erección en la entrada de mi sexo, pero antes acaricia con la cabeza de su pene mi clítoris enviando descargas a todo mi cuerpo. Me arque y gimo con más fuerza.
— Por favor. — Ruego y esta vez sé que quiero; lo quiero dentro de mí.
— A tus ordenes Schatzy. — De un empujón entra por completo, me llena y me siento como todo el aire abandona mis pulmones; duele un poco, pero no tanto como ayer. Empieza un suave mete y saca que se va incrementando en velocidad poco a poco. Enredo mis piernas a sus caderas y este agarra las mías para un mayor soporte. De repente el movimiento de sus caderas ya no es suave; sino duro y fuerte, se escucha el choque de nuestros cuerpos y mis gemidos cada vez son más fuertes.
— Vamos Schatzy… termina para mí. — Y mi cuerpo obediente a él estalla de nuevo arqueando mi espalda. Peeta sale de mí e inmediatamente me voltea boca abajo, coloca unas almohadas bajo mi vientre, junta mis piernas y mi trasero queda al aire. No soy consciente de mí, y lo que escucho son solo nuestras respiraciones agitadas. De repente me penetra asi como estoy, esta vez su penetración es más profunda, el gime alto y fuerte, y mi grito de sorpresa lo pone en aviso que sigo consiente. — Me vuelves loco Schatzy. Nunca me voy a cansar de ti. — Me besa en la nuca y agarra mis senos como soporte. Al hacer esto levanta más mi trasero haciendo que arque la espalda, sus penetraciones son más profundas, y las sensaciones están a flor de piel, sus acometidas fuertes y duras me hacen gritar, y mi impotencia por estar atada hace que esto sea más excitante. Dentro fuera, dentro fuera, no sé cuánto tiempo pasa hasta que la sensación de estallar vuelve a nacer.
— Peeta… — Arrastro las letras. No sé si pueda aguantar.
— Separa las piernas. — Obedezco, una de sus manos ocupadas en mis senos va a dar a mi sexo; este empieza a acariciar mi clítoris, y mis caderas antes quitas, empiezan a buscar sus acometidas, pero esto solo hace que sus penetraciones sean más profundas que antes. Lo que nació está creciendo y no tarda en explotar de nuevo. Sin previo aviso, arqueo mi espalda y grito algo que no alcanzo a escuchar. Me desplomo sobre el colchón, agotada. Unas cuantas penetraciones más y un gemido varonil me hace saber que Peeta ha acabado también. — Dos. — Me besa en la nuca. — Y tres. — Me vuelve a besar. — Se estira sobre mí y desata mis manos de la cabecera. Quita las almohadas y las coloca en la cabecera de la cama. Me doy la vuelta y él separa mis piernas para acomodarse sobre mi cuerpo. Tengo cerrados los ojos, pero en cuanto los abro veo a Peeta apoyando su cabeza entre mis senos y me besa en la unión de estos. Siento su calor y nuestros cuerpos perlados de sudor por tanto esfuerzo.
— Hola de nuevo. — Me sonríe con su mirada enloquecedora.
— Hola. — Trato de sonreír. Me besa de nuevo en la unión de mis senos. Y me estremezco.
— Tranquila por esta noche es más que suficiente. — Una risa no muy convincente sale de mí.
— ¿Nunca te cansas?
— Claro, soy humano, pero si pudieras sentir lo que siento al estar dentro de ti, créeme que usarías toda tu concentración para aguantar lo que aguanto.
— ¿Por qué contaste uno, dos y tres?
— Siempre ansiosa. Llevaba las cuentas de tus orgasmos Schatzy.
— ¿Y cómo sabes que estoy teniendo uno?
— Porque tu cuerpo es un traidor, te delata, tu espalda se arquea, y tu boca tiembla. Además mi pene se aprisiona dentro de ti y las contracciones de las paredes que aprisionan a mi "Amigo" hacen que yo disfrute más. Y por favor ya no me cuestiones nada más porque tengo una caja de condones en mi cajón que estoy dispuesto a usar.
— Está bien. Ya no pregunto. — Me miro las muñecas y estas rojas y con marcas del nudo. Peeta las ve, me las toma y las acaricia.
— Voy por algo para esto. — Me acaricia las muñecas una vez más y se levanta, va hacia la puerta del armario y desaparece de mi vista. Aprovecho para ponerme su camisa, me queda grande pero no puedo ponerme mi vestido de nuevo, ni siquiera sé dónde está el que llevaba el viernes en la noche. Quito la colcha de la cama, que está más que revuelta, estiro las sabanas y la preparo para que alguien duerma; al menos quiero prepararle la cama. Recojo nuestra ropa y la separo la mía sobre la cama y la de Peeta sobre el lounge junto a la ventana. Peeta sale del armario; me toma de la cintura y me da la vuelta. Me toma de las muñecas y les coloca un aceite, me da un suave masaje y cuando termina me besa cada una por dentro de la mano.
— ¿Qué haces con la ropa?
— La estoy separando. La tuya sobre el lounge y la mía sobre la cama. Me la voy a llevar a mi habitación. — Me basa castamente. Toma mi ropa y la coloca sobre la de él en el lounge. Viste un pantalón de pijama que no había notado. Viene hacia mí y me abraza por la cintura
— Te dije que la habitación está disponible a partir del lunes. — Me besa y muerde mi labio al mismo tiempo. — Hoy vas a dormir conmigo. Hace mucho frio. Y no quiero dormir solo en esta cama tan grande.
— Pero… — No sé qué decir, dormir dos veces con Peeta Mellark es todo un acontecimiento en mi vida.
— Ningún pero. Hoy y mañana… — Voltea a ver el reloj y marca poco más de la media noche. — Mejor dicho; Hoy duermes conmigo y también la noche de hoy. Quiero que mi semana inicie con la mejor visión que puedo tener. Tú. — Me besa con ternura y no tiene que decir nada más. Duermo con él las veces que quiera. Me separo de él.
— Lo que mi arrendador diga. — Me lleva a la cama. Y antes de acostarnos pregunto. — ¿Cuál es tu lado de la cama? — Me besa en la nariz.
— Quiero despertar y ver que de tu rostro destella la luz del amanecer. — Me acuesto dando la espalda al ventanal. Peeta se acuesta también, me pasa un brazo por sobre los hombros y el otro me toma por la cintura, me atrae hacia él. Me toma una mano y la besa en la muñeca interna sobre la marca roja que dejo su corbata. — Usa mi torso de almohada y abrázame por la cintura. — Hago lo que me pide. Y su cuerpo está caliente, su torso fuerte y desnudo es la almohada más cómoda que he tenido. Y su estrecha cintura es realmente un deleite. Los abdominales se marcan cada uno de ellos, y me aseguro de tocar ya que mientras su "cobranza" estaba amarrada a la cabecera no pude tocar nada como hubiera querido. La mano que estaba en mi cintura baja hacia una de mis piernas y la coloca por encima de sus muslos. Ahora mi pierna es aprisionada por las suyas. Lejos de molestarme todo esto, me siento segura. Más segura que nunca, escucho su corazón latir y eso ayuda a que mi sueño me venza de una vez por todas.
…
En estos días las mañanas son frías, la temperatura desciende mucho, pero en el cuarto de Peeta la temperatura es como en el desierto del Sahara. Su cuerpo está pegado al mío, transmitiéndome su calor corporal hace que me despierte. Pero no me puedo mover su cuerpo me tiene atrapado, sus piernas tienen las mías sus brazos me sujetan por la cintura y su rostro a un lado, casi encima de uno de mis senos, para ser específicos del seno con el lunar apodado por él como su parte favorita de mi cuerpo. Al parecer mi cabeza sobre su torso no duro mucho y él me movió, no recuerdo haberme movido durante la noche, pero ahora mi cabeza esta sobre una almohada, un brazo mío esta sobre el de él, y el otro sobre su musculosa espalda. Es mi oportunidad para estudiar su rostro. Parece una obra de arte, la barba de tres días le va perfecta, el cabello quebrado y alborotado lo hace ver más sexy de lo que es, su nariz recta, sus grandes y largas pestañas rubias le delinean los hermosos ojos azules cuando me sonríe, y esos labios, los mismos que estuvieron besándome todo el cuerpo y los que provocaron mil sensaciones en la parte más sensible de mi cuerpo. En este momento están entreabiertos y no resisto más y se los toco con la yema de mis dedos. Son tan suaves, que cualquiera diría que es imposible que exista un hombre como el que tengo a mi lado; mejor dicho casi encima de mí. Mis caricias lo despiertan y aunque no abre los ojos, sonríe. Yo como una tonta le sonrió de vuelta y es cuando sus hermosos ojos azules se abren. Al darse cuenta de donde está su rostro, su sonrisa se hace más ancha y me abraza más fuerte que antes.
— Ni dormido me puedo alejar de ti. Buenos días.
— Hola.
— ¿Dormiste bien?
— Si, gracias. La cama es muy cómoda.
— Si eso mismo pienso, pero la compañía es encantadora. — Me ruborizo, no estoy acostumbrada a que me piropeen; menos un hombre como él, nota mi rubor y sonríe más anchamente. Se acomoda de espaldas y me atrae para quedar encima de él. Mis brazos quedan a sus costados y me acaricia los hombros con mimo. — ¿Te duele el cuerpo?
— ¿A qué parte te refieres?
— A ninguna parte en específico — Me acaricia la nariz con un dedo, y vuelve a acariciar mis hombros.
— Para ser sincera, me siento como si me hubiera arroyado un tren. Me duele la espalda, los hombros, los muslos, las caderas y otra parte más personal.
— ¿La vagina o el clítoris? — Roja. Mi cara es roja de nuevo, bajo la mirada no puedo mantener una conversación asi con él. — Dime. — Me levanta la barbilla y me acaricia la mejilla. — No sientas pena conmigo, tenme confianza, si no la hay esto no va a funcionar. Entonces te duele la vagina o el clítoris. — Le sostengo la mirada que ahora es dulce y me demuestra que puedo confiar en él.
— Vagina. — Logro responder.
— Ves, no fue tan difícil. En cuanto desayunemos tomamos un largo y relajante baño. Eso ayudara al dolor muscular.
— ¿Vamos?
— Si, vamos. Tú y yo. Juntos en una tina. — Mi cabeza da vueltas, ¿Juntos en una tina? ¿Desnudos?, eso solo significa una cosa. Sexo, más sexo. Mi curiosidad pica y quiero estar segura de lo que vamos a hacer en específico.
— ¿Qué va a pasar en la tina?
— Lo que tenga que pasar, si no quieres que pase lo entenderé, pero si pasa estaré más que dispuesto a satisfacerte.
— ¿Y qué te hace pensar que yo voy a tomar la iniciativa?
— Solo imaginaba. — Trato de levantarme pero él me lo impide. Me coloca a horcajadas sobre él y ataca mi boca. Mi cuerpo cede a sus carisias. Y al final chupo y muerdo su labio en busca de mi placer. — ¿Te puedo pedir algo?
— Lo que quieras.
— ¿Te puedo preparar el desayuno?
— ¿Cocinas?… — Mi boca se abre, Peeta Mellark cocina.
— Sip. Compláceme.
Y es todo, no puedo decir nada más. Tengo que complacer al hombre que me provoca tres orgasmos diarios.
Otro capítulo más. Parece ser que Katniss la va a pasar mas que bien con los pagos del contrato. Muchisimas gracias por seguir esta Historia. Gracias a todos los lectores que se toman el tiempo de dar un Reviwe. Agradezco todos sus comentarios. y Por si no se habían dado cuenta (Que creo que ya lo hicieron) Katniss es la única que narra esta historia, Peeta no va a narrar los encuentros que tienen... por el momento. saludos y como siempre espero sus comentarios.
