Podía sentir la fría mano de Wirt, sobre su piel, generando un contraste por lo demás escalofriante, a un que sentir la respiración del chico sobre su oreja, y el cuerpo del mismo casi sobre el suyo, era algo que la estaba haciendo perder el control de sí misma y de sus emociones.
— Beatriz — un susurro lúgubre, casi indescriptible le puso de nueva cuenta la piel de gallina, al momento de pegar contra el árbol, ocasionándole un ligero malestar al poder sentir la áspera corteza raspar ligeramente su espalda.
Un ligero gritillo de sorpresa, salió de sus labios, ocasionando un leve sonrojo, al sentir la mano derecha de Wirt sobre su cadera, mientras la otra seguía acariciándole su mejilla — Espere tanto por este momento Beatriz — susurro el chico dándole una leve lamida en su oreja, ocasionado que la chica aventara al muchacho lejos de ella.
Amaba a Wirt, eso era seguro, deseaba besarlo, de eso no existía la menor duda, pero esa persona delante de ella, no era el dulce y algo torpe chico que conocía y amaba en secreto, la mirada amarillenta, esos tétricos cuernos casi como ramas de un árbol del averno, tomo el hacha entre sus manos, debía ser valiente por su familia, por el bosque en general, pero sobre todo las cosas por Wirt.
EL golpe llego de sorpresa, mientras era casi sometida sobre el piso, ocasionando que el hacha se clavara a escasos centímetros de sus manos, mientras una furiosa mano le restringía usar las propias, la bestia sonrió al lograr someter completamente a la furica pelirroja.
— Quise darle un bello recuerdo antes de morir — susurro desgarrando la pijama de la chica dejando al descubierto un poco de su blanca piel — pero si quieres que sea por las malas — abrió bruscamente las piernas de la chica, al instante que unas enredaderas evitaban que las cerrara — debo admitir algo — enfatizo la bestia mirándola por leves instantes con una lujuria animal — de todas las zorras que este chico se follo, seras la única que quizás valga la pena recordar —
Abrió sus ojos al instante de presenciar como su intimidad quedaba al aire, y con una mano le levanta sin pudor las caderas mientras la otra le abría la bragueta al pantalón de Wirt — Ahora Beatriz — Gruño la voz de Wirt mientras entraba sin ningún reparo dentro del cuerpo de su amada — Sabrás lo que en verdad lo desconocido —
