Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.
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Escribí esto como regalo para todas las personas que me apoyaron en esta historia y esperaban ver a Sessho como padre, espero que les guste.
EXTRA
Irasue estaba fascinada con la pequeña de ocho meses que le sonreía desde su silla alta. La niña era una hermosura, ojos dorados, enorme sonrisa y cabello castaño peinado con dos coletas, una más alta que la otra, se notaba que Sesshoumaru la había peinado. Su pobre nieta sufría cuando Rin salía con Kagome y pero por eso, ella estaba allí.
― ¿Quién quiere más chocolates?― preguntó Irasue al mostrar una pequeña barra.
De inmediato la bebé se agitó e intentó alcanzar el dulce con sus manos llenas de chocolate. Ya se había comido un trozo y quería más. Irasue cortó otro pedazo y se lo dio.
― Madre, deja de darle eso a mi hija.― dijo una voz gruesa a su espalda.
Se había metido a bañar y al terminar, volvió a la cocina donde se suponía que su madre estaría dándole de comer a su niña, pero no, la papilla estaba de lado y su Sakura tenía la cara, manos y ropa sucias de chocolate.
― No la volverás amargada como tú.― respondió sin voltear a verlo.
― Le duele el estómago más tarde y no dejo que la veas hasta que ella tenga diez años.― decía al caminar hasta la silla donde estaba su pequeña.
― Solo quiero consentir a mi nieta.
― Ven Sakura.― cargó a su hija y fue a la sala, se sentó en el sofá y con ayuda de toallitas húmedas le limpio la cara y manos.
― Sakuraba Sakura, ni se tomaron el tiempo de pensarlo.― meditó Irasue al tomar asiento en el sillón.― ¿Será que quisiste superar a tu medio hermano?.
― Es Taisho Sakura. Sakura en honor al apellido de Rin y no me compares con Inuyasha.― solo al idiota ese, se le ocurría "Taisho Tadashi" y "Taisho Takeru", nombre y apellido con "Ta", le pasaba uno ¡Pero dos era no tener imaginación!.
― Yo quería Kaguya, ¡Es broma!― aclaró cuándo vio que su hijo le miraba con enfado, era lo más normal, a pesar de que nunca tuvo nada con aquella mujer de nombre similar, prefería no crear habladurías en la gente.― Kaoru es el que me gusta, pero al menos no es Taisho Tamako.
― Ya te lo dije, no soy como el idiota de Inuyasha.
― Pudieron haber tendido dos.
― ¿Y ser como Inuyasha y sus amigos? No lo creo.― hasta en eso se parecían, ambas parejas tenían gemelos.
― Sakura va a necesitar con quien jugar, podrías considerar eso para decidir tener otro hijo.― ¡Brillante idea!, con eso estaba segura que su hijo empezaría su tarea de crear otro bebé.
― Paaaaah... Paaaaaaag.― comenzó a balbucear Sakura mientras intentaba girarse en los brazos de su padre.
― Hermosa, ya quieres hablar.― dijo maravillada Irasue.― Ahora intenta decir, "abuela", A-Bu-E-La.
― ¡Paaaaaaaag!― volvió a decir la pequeña en busca de atención por parte de su padre.
Sesshoumaru ayudó a su hija a poner de pie sobre sus piernas, sosteniéndola de su pequeño torso. De inmediato Sakura flexionó las piernas y luego las estiró, en un intento por saltar como en su columpio.
― Vamos a ponerte en el columpio.― dijo Sesshoumaru al intentar ponerla en el asiento, pero Sakura se negaba a entrar.
― Quiere estar contigo.― habló Irasue.
Con resignación Sesshoumaru volvió a sentarse y a poner a su hija en la posición de antes. Sin importar que su padre mantuviera un serio semblante, Sakura estaba de lo más feliz.
― Podrías sonreírle un poco, una mueca, un parpadeó también serviría.― su hijo ni como padre cambiaba.
― ¿Cuánto más te quedaras?
― Hasta que tú esposa llegue y mi nieta no lidie sola contigo.
― Nosotros estamos bien, puedes irt...
Irasue se quedó pasmada ante lo que había pasado, debía actuar con precaución, mucha precaución. Por su lado, Sesshoumaru se había quedado observando fijamente a su hija, la culpa de lo que había pasado era culpa de su madre. Sakura miraba a su padre, no se movía y por primera vez a su corta edad, sintió miedo de él, sus ojos se comenzaron a llenar de lágrimas y dejó de ver a su padre, pero volvió a dirigirle nuevamente la mirada al escuchar un ruidito ¿Una risa? ¿Su papá estaba riendo?.
Sesshoumaru no reía abiertamente, pero si, en su rostro había una pequeña mueca similar a una sonrisa.
― No llores, la culpa la tiene tu abuela.
― ¿Yo tengo la culpa? Yo no la agite a tal grado para que su estómago...
― Tú la saturaste de chocolate.― le recordó, de no haber comido eso, ahora no tendría su playera llena de vomito chocolatoso.― Quiero que te quedes quieta.― ordenó a su pequeña al sentarla en el sofá.― Voy a cambiarme, no la provoques o ensuciará todo.― le advirtió a su madre, ya que Sakura también estaba sucia.
― ¡Paaaaaaah!― gritó al ver que su papá se iba.
― No te muevas.― advirtió Sesshoumaru.
― Sakura, mira a la abuela, tu padre ya vuelve.
― ¡Paaaaaa!― gritó alzando los brazos.
Sesshoumaru la miró y suspiró resignado, esa niña era igual a la madre, con una sola mirada conseguían lo que quisieran. Con cuidado se quitó la playera y cargó a su hija.
― Vamos a bañarnos.― y como si fueran palabras mágicas, Sakura se emocionó.
― Le tengo envidia a ella y a tu esposa, las abrazas y mimas, a mí ya nada de eso.
― Te di una nieta, no te quejes.
Irasue no pudo evitar sonreír, su hijo había sido padre antes de tiempo para complacerla, no era tan desconsiderado como creía.
Estaba agotado y fastidiado, jamás creyó que su reunión se alargara tanto y luego el tráfico lo empeoró todo. Por ahora solo quería bañarse y descansar, sin que nada le molestara. Dejó su gabardina colgada en el perchero y en el momento que iba a subir el escalón del recibidor, sintió que algo se colgaba de su pierna. Bajó la mirada y unos ojos dorados como los suyos, le observaban expectantes. Aquellos ojos pertenecían a una Sakura de trece meses.
― Maru, bienvenido. La comida casi esta lista.― saludo Rin al llegar.― Tienes mala pinta.
― Los nuevos clientes no llegaban a un acuerdo, uno quería construir en su casa un gimnasio y el otro quería un invernadero, terminaron por programar otra reunión.
― Pa pa. ¡Upa― upa!― pedía Sakura al querer que su padre le cargara.
― Sakura, deja a papá, él quiere descansar.― pidió Rin a su hija al hincarse e intentar cargarla.― Vamos a jugar nosotras, ven conmigo.― ofreció para que su niña soltara el pantalón de Sesshoumaru.
― Upa upa papa.― decía una Sakura decepcionada, soltó el pantalón y se quedó sentada en el suelo.
― Más tarde jugamos, ahora me voy a bañar.
― Io, io, io, io...― pedía otra vez emocionada, le gustaba el agua y quería bañarse también.
― Sakura, primero comemos y luego...
― Rin.
― ¿Qué pasa?― preguntó volteando a verlo.
― Sigue con lo tuyo.
― Pero...
― Tengo hambre.― dijo Sesshoumaru al cargar a su hija.
― Como digas.― Rin dejó el recibidor para volver a la cocina.
― Y tú, te vienes a bañar conmigo.― Sakura de inmediato se emocionó.
...
Se bañó primero en la regadera, se colocó una toalla en la cintura y metió a Sakura junto a él, se recostó en la tina y cerró los ojos, sin dejar de estar al pendiente de su niña.
― Pa pa, pa pa.― llama la pequeña para que su padre le mirara, pero él seguía con los ojos cerrados, entonces decidida trepó por el pecho de él, hasta poder tener a su alcance la cara de su padre y poder apretar su nariz.
― ¿Qué quieres?― preguntó al sentir el pequeño apretón, pero no abrió los ojos.
― Pa pa.― volvió a llamar pero no le miró.― ¡Paaaaa!.― gritó a todo pulmón y finalmente consiguió la atención que buscaba.
― ¿Qué pasa?― observo a su hija, claramente estaba molesta y le miraba con ojos de cachorro.― ¿Qué quieres? ¿Quieres "nadar"?.― preguntó al saber que era uno de sus juegos favoritos y a ella le brillaron los ojos de emoción.
Sesshoumaru sostuvo a su hija del torso y la coloco boca abajo, teniendo cuidado de que no le entrara agua a la boca. Sakura reía y movía sus piernas de manera graciosa, salpicando agua por todos lados. Sonrió divertido, hasta hace algún tiempo su baño se inundaba a causa de su esposa y él, ahora era por los juegos de la pequeña, sin duda su vida había cambiado.
Febrero había llegado y con el una de sus fechas menos preferidas. Rin ya estaba acostumbrada, había aprendido a sobrellevar esa fecha, pero Sakura, su Sakura era otro tema. Apenas llegó a casa le recibió con una bandeja de chocolates caseros.
― ¡Pa! Pa ti.― estaba a la espera que su padre recibiera la bandeja, pero no se movía.
― Sakura yo no como chocolate.
― Papá no guta.― sus ojos se llenaron de lágrimas, miró la bandeja y volteó a ver si veía a su madre.
Por suerte, Rin iba entrando y lamentó no haber llegado a tiempo para impedir aquello, pero se entretuvo guardando los trastes que no escuchó a su esposo.
― Perdón Sessho, tu madre le ayudo a hacerlos y le dijo que se lo diera al chico que más quisiera.― ahora entendía todo, ya decía él que esa no había sido idea de Rin.― Intenté detenerla, pero cuando le sugirió que ese chico podías ser tú, se emocionó.
― Sakura.― se arrodilló frente a su hija y tomó un extremo de la bandeja.― Dámelos, gracias.
― Pa "am am".― estaba feliz e hizo un gesto para animar a su papá a comer.
― Después de la comida.― esperaba que lo olvidara.
...
Estaban a mitad de la comida cuando Irasue llegó, traía consigo un caja blanca y varias bolsas más pequeñas, debían ser obsequios.
― ¿Cómo están? Les traje un pastel ¿Por qué estas enfadado?― preguntó al fingir inocencia, ya sabía que estaba molesto por los chocolates.
― Sabes la razón.
― Solo quería mostrarle una tradición a mi nieta, hubiese querido ver esa escena, pero debí irme.
― No vuelvas a hacerlo.
― No Sakura, papá ya se comió los que le diste.― Rin había escondido los chocolates, pero no se percató que su hija escondido otros cuatro bajo el sillón y ahora, le ofrecía más a su padre.
― "Am am".
― Sakura, ya comí, no quiero más.
― No gutan a papá.
― Madre.― llamó en advertencia.
― No lo volveré a hacer.― ya no más chocolates, pero había otras cosas, como un pastel de fresas.
― No llores.― se comió con trabajos un trozo, pero al ver a su hija, supo que debía comerse los otros tres.
A la media noche, Sesshoumaru no podía dormir, su estómago estaba revuelto a causa del chocolate, ya se había tomado varios tés y no servían. Se levantó corriendo de la cama y fue directo al baño, inmediatamente vómito todo lo que comió en el día. No volvería a dejar a su madre estar cerca de Sakura.
Rin intentaba animar a su pequeña, ya tenía tres años y la había llevado a su primera clase de natación, desde temprano andaba ansiosa ya con su traje puesto y no se quedaba quieta por la emoción, pero al ver el agua en un lugar más grande que la tina, se acobardó.
― No llores, otro día lo intentas.― le limpió sus nuevas lágrimas.
― No quiero.
― Esta bien, no pasa nada malo.
― ¿Todo bien?― preguntó Kagome quien regresaba de cambiar a los gemelos y dejarlos con su instructora.
― Espero que ahora no le tenga miedo al agua.― externo preocupada.
― Tranquila, estará bien, debió asustarse por tantos niños.
― ¿Por qué no está en el agua?― fue a ver a su hija en sus clases y al llegar la vio sentada en las gradas.
― ¡Shessho!― lo que le faltaba.― Le dio miedo, lo intentara otro día.
― Ven enana.― le quitó la toalla y la cargó con un solo brazo, como si cargara un pequeño bulto.
― Sessho ¿Qué haces?― habló preocupada Rin, temía que su esposo fuera muy rudo con su hija, Sakura era muy sensible.
― ¡Nooooo!― gritó asustada, llamando la atención de todos.
― Estoy contigo, nada malo te va a pasar y allí están tus primos.― dijo al ver a los gemelos sentados en la orilla de la alberca mediana.
― No quiero.
― Maru déjala, otro día...― intervino Rin en defensa de su hija.
― No, le gusta estar en la tina, esto no es muy diferente.
― ¡No quiero!― gritó más fuerte al ser cargada sobre el agua, encogió sus piernas y luchó para no entrar.
― Sakura, mírame.― demandó, pero la niña mantenía los ojos cerrados.― No voy a dejar que algo malo te pase, estira las piernas.
Era verdad, su papá siempre estaba al pendiente de ella, no dejaba de cuidarla y confiaba en él.
― ¿Lo ves? Puedes ponerte de pie.― Sakura se observó y era verdad, el agua le llegaba a la cintura.― Camina, te sostengo.― la mantuvo sujeta de la mano mientras daba pequeños pasos.
Unos metros atrás, un hombre de ojos dorados los observaba, se alegró de llegar justo a tiempo para ver la escena.
― Quien lo viera, tiene su lado dulce.― dijo al llegar hasta donde estaban su esposa y cuñada.
― Inu, creí ya no vendrías.
― Perdón la demora, estaba supervisando a los novatos.
― ¡Papá!― gritaron los gemelos al ir y abrazarlo de una pierna cada uno.
― No corran, se resbalarán y se supone que deben estar en el agua.
― Solo venimos a saludar.
― Ya lo hicieron, regresen o no tendrán postre.― de inmediato sonrieron y volvieron a sus clases.
― Inuyasha ¿Puedo pedirte un favor?― preguntó Rin.
― Claro.
― Quiero motivar más a Sakura, pero darle una lección a Sessho por no tener mucho tacto con ella ¿Me ayudas?
― ¿Qué tienes planeado?― estaba ciertamente intrigado, Rin no era de las que se vengaban.
Rin le explicó su plan e Inuyasha se fue a los vestidores a ponerse su jammer. No perdiendo más tiempo regresó directo hasta donde su hermano.
― Sakura ¿Quieres ver a tu papá nadar?
― ¡Siiii!― gritó eufórica.
― ¿Qué haces?― volteó a ver a su hermano queriendo matarlo.
― Intentar motivar a mi sobrina.
― No tengo traje de baño, otro día, hora de irse Sakura.
― ¡No! Quiero verte.― pedía con ojos de cachorro.
― No puedo nadar con esta ropa, otro día.
― No te preocupes, tu esposa trajo el tuyo, ve a cambiarte.― dijo Inuyasha.
Sesshoumaru miró a Rin quien estaba en las gradas y al ver su sonrisa burlona, lo supo, esa fue idea de ella.
― ¿Qué esperas? ¿No quieres motivarla?.
― Quiero verte nadar, prometo que ya entraré sin llorar.― puso sus mejores ojos suplicantes para convérselo.
― ¿Quieres ver cómo le gano al inútil de tu tío?
Minutos más tardes, Sakura veía clavarse directo al agua a su padre, estaba fascinada, su papá era muy rápido y no le tenía miedo al agua, quería ser como él, miró al chapoteadero con la determinación en sus ojos, ya no le tendría miedo.
05/02/2016
