Era martes a la mañana, y Bella se levantó estirándose lentamente.

Abrió los ojos como platos cuando sintió algo en su espalda.

O más bien, alguien.

Un brazo rozaba su cintura, a la vez que una gran mano se encontraba totalmente abierta sobre su estómago.

Giró la cabeza lentamente y se encontró con una mata de cabellos dorados.

Edward estaba rodeándola por detrás completamente, mientras enterraba el rostro entre su hombro y su cuello. Bella se estremeció al sentir las constantes respiraciones de Edward contra su piel, y sonrió levemente.

Anoche se había ido a dormir temprano, pero la culpa de hacer que Edward durmiera en un sillón minimalista que parecía sumamente incómodo mientras ella estaba desparramada en una enorme cama King size la carcomía.

"Edward, Edward." Había susurrado en la oscuridad, parada frente al sillón en donde el cobrizo intentaba dormir.

"¿Estás bien, Bells?" Edward se había sentado rápidamente.

"Ven a dormir conmigo."

Se habían observado en la oscuridad durante unos segundos, y luego él se había puesto de pie, tomando la mano de la castaña y caminando con ella hacia la habitación.

Él sabía lo que ella secretamente necesitaba, y no se animaba a decir, por eso fue que simplemente la abrazó toda la noche, ofreciéndole toda la contención y el cariño que podía darle.

Ahora, observándolo dormir tranquilamente, Bella no pudo evitar sentir como su corazón se hinchaba de felicidad.

Nunca había conocido a nadie como Edward, y estaba segura que figuraba en la lista de las personas más maravillosas que se habían cruzado por su camino.

"Buenos días, nena." La voz de Edward contra su cuello la hizo temblar, y el apodo, sonreír.

"Buenos días, Edward." Susurró, mientras se apretaba más contra su pecho, sorprendida consigo misma por su soltura.

"¿Qué hora es?"

"Las siete y media. Debo entrar a trabajar en media hora." Masculló, decaída ante la idea.

"No, entras a trabajar a las nueve."

"A las ocho, Edward."

El cobrizo suspiró y se apartó de ella, mientras Bella se sentaba en la cama.

"Puedes renunciar a ese horrible lugar, Bella."

"No, no puedo."

La castaña soltó una risita mientras caminaba hacia el baño. La idea de renunciar al bar de Jessica era hermosa, pero imposible.

Comenzó a cepillarse los dientes concienzudamente, y le sonrió a Edward atreves del espejo con la boca llena de pasta dental cuando él se apoyó tranquilamente en el marco de la pared del baño.

"Podrías tener un nuevo trabajo."

"Nadie me contrataría."

"En realidad, ya lo han hecho."

Bella abrió los ojos como platos y se giró hacia él.

"¿¡Qué!?"

Edward sonrió mientras tomaba su cepillo y comenzaba a cepillarse también.

Bella rápidamente se enjuagó la pasta y volvió a mirarlo.

"Edward, ¿Qué dijiste?"

El cobrizo se tomó su tiempo, y cuando por fin hubo terminado, se giró hacia Bella con una sonrisita.

"Te conseguí un nuevo trabajo."

Bella frunció el ceño.

"No, no lo hiciste."

"Sí, lo hice, Bells. Hablé con la gente del hospital ayer y no les molestaría que trabajaras en la cafetería, necesitan a alguien." Edward se encogió de hombros. "Preferiría que no lo hicieras, pero si insistes en trabajar, creo que puedo ayudar a que no lo hagas en un lugar tan horrible como ese."

"¿Sabías que las tartas que sirven tienen semanas?" Susurró Bella arrugando la nariz, y Edward rió dulcemente antes de acercarse a ella y acariciar su mejilla.

"¿Aceptarás?"

Bella se mordió el labio, mientras lo miraba fijamente con sus enormes ojos castaños.

"¿De dónde saliste, Cullen?" Susurró, mientras inclinaba el rostro hacia la palma de su mano, adorando la forma en la que la hacía sentir su contacto. "Sí, aceptaré."

Edward sonrió y bajó la cabeza para besar su mejilla, peligrosamente cerca de sus rosados labios.

"Perfecto. Vamos a desayunar."

.

"¡Nunca me había sentido tan bien!" Exclamó Bella mientras se dejaba caer en el asiento del acompañante del Volvo plateado.

Luego de dejar a Jasper en la escuela, Edward la había acompañado a su ahora antiguo trabajo, a renunciar.

Acababa de salir de aquel lugar por última vez en su vida, y se sentía de maravilla.

El cobrizo soltó una carcajada a su lado mientras ponía en marcha el coche.

"¿Tu jefa está enfadada?"

"Mucho, y no me importa." Bella no borraba la sonrisa del rostro, y Edward creyó que nunca la había visto tan feliz y preciosa como ese día.

"Eso está bien…" Edward condujo por las atestadas calles de la ciudad con una mano en el volante y otra sobre la pierna de Bella.

Era como si necesitase mantener algún tipo de contacto con ella, saber que estaba allí y que era real.

"Llegamos." Susurró estacionando el coche en uno de los laterales del parque, frente al Volvo.

El mismo lugar en el que había estado estacionado la noche que encontró a Bella allí con su hermano.

La castaña le echó una mirada a la dichosa banca, y contuvo el aliento. Cuánto habían cambiado las cosas desde ese día, y todo gracias al cobrizo que ahora cruzaba la calle llevándola de la mano junto a él.

Un par de horas más tarde, Bella ya estaba del todo acostumbrada a su nuevo lugar de trabajo.

Era la cafetería del hospital, pequeña, sencilla y limpia.

A Bella le encantaba.

Nunca había sido una gran fanática de los hospitales, más bien, los odiaba, y ver a gente llorosa que deambulaba de un lado para el otro era sobrecogedor, pero prefería mil veces ese lugar antes que al lugar sucio en el que trabajaba antes, en donde su jefa era una perra gritona y los clientes aprovechaban cualquier oportunidad para tocarle el trasero.

Y aparte, estaba cerca de Edward.

El cobrizo le había señalado cómo llegar a su consultorio desde allí, y le dijo que fuera a buscarlo si cualquier cosa sucedía.

Su nuevo compañero de trabajo, Damien, era un joven rubio, gay, simpático y charlatán. A Bella le cayó bien desde el primer momento.

"Así que andas con el Doctor Cullen, ¿Eh?" Preguntó en cierto momento antes del almuerzo, mientras ella preparaba un café para una señora mayor que parecía a punto de quedarse dormida. "Chica con suerte."

Bella se sonrojó furiosamente, y soltó una risita.

"Somos amigos, no salimos." Aclaró, y no supo muy bien porqué se sintió mal al hacerlo.

Damien alzó una ceja rubia, mirándola escéptico.

"Bueno, pues, evidentemente, ambos quieren hacerlo."

"Él es un muy buen amigo, Damien, eso es todo."

El rubio rodó los ojos, mientras tomaba una bandeja con dos Cocas Lights y se alejaba de ella.

"Detesto cuando la gente no se hace cargo de sus sentimientos." Farfulló en el camino, y Bella abrió los ojos como platos.

Ella sí que se hacía cargo de sus sentimientos.

Bueno, algo así.

Sacudiendo la cabeza, decidió no pensar en ello y se concentró en lo que tenía entre manos.

.

La llamada llegó cinco días más tarde.

Era un domingo, y Bella estaba ojeando departamentos en un diario, mientras Edward fruncía el ceño, cuando el teléfono sonó.

El cobrizo contesto, y luego le pasó el tubo a Isabella.

Era del juzgado, y le informaban que el juicio sería dentro de dos semanas, un miércoles a las ocho de la mañana.

Isabella cortó la llamada con un profundo suspiro, sintiendo como la adrenalina y el miedo corría por sus venas.

Edward se acercó hacia ella y la giró entre sus brazos para preguntarle qué habían dicho.

"Será dentro de dos semanas, el miércoles. Debo ir con Jasper, Emmett y mi testigo."

"Yo."

Bella asintió, y dejó caer la cabeza sobre el pecho de Edward, mientras él acariciaba su espalda de arriba abajo intentando tranquilizarla.

"Todo irá bien, lo sabes, ¿Verdad?"

Bella asintió imperceptiblemente, y se pegó más a Edward, levantando la cabeza para mirarlo a los ojos.

El cobrizo inspiró hondo, tenía su rostro tan cerca, tan malditamente cerca.

Quiso apartarse. Bella estaba nerviosa, lo último que necesitaba era eso justo ahora, pero el deseo fue más grande que él, y jurando internamente, acercó su rostro al de la castaña para besarla.

.

No me odien por dejarlo ahí, en el próximo capítulo las llenaré de detalles, lo prometo. ¿Les ha gustado? Realmente espero que sí. Un millón de gracias por sus reviews, ¡Son asombrosos!

Un beso enorme a todas.

Emma.