Para los que preguntaron:
La historia NO es Slash, lo siento (y no te preocupes DjLupits no ofende tu pregunta =) ).
Como la historia no es Romance, no son tan importantes las parejas, pero si quieren saberlo si es Harry/Giny (yo tampoco los soporto =( ), lo siento.
Capitulo 9
Harry se sentó en patio trasero de la casa, era un descanso, bien merecido, luego de haber podado todos los arbustos. Era un día algo deprimente, nublado, frio y sentía el sudor helado en su espalda. Repentinamente, el sol salió de entre las nubes y el día se torno tan maravillosamente cálido, que decidió quitarse la camisa. Al principio esto se sintió muy bien…el sol estaba calentando su espalda helada muy rápido. Demasiado rápido… sentía que su espalda estaba en llamas, como si alguien estaba presionando un trozo de hierro ardiente contra su cuerpo. Miró hacia el suelo y, para su sorpresa, estaba cubierto de nieve. Pensó en lo bien que se sentiría la nieve fría al hacer contacto con la piel quemada de su espalda e inmediatamente se recostó…
… solamente para despertarse, con un ahogado gritito, cuando su espalda llena de golpes y heridas hizo contacto con el colchón.
Harry se sentó rápidamente. Se había quedado dormido sobre las frazadas. Le echó un vistazo al reloj, eran las 2:24 de la madrugada. Volvió su mirada hacia el vaso que estaba sobre su mesita, pero estaba vacío - se había tomado toda el agua hace horas. Temía despertar a Tío Vernon si bajaba a la cocina por más, no quería arriesgarse, era mejor permanecer sediento.
Suspirando, Harry se paró. Sentía como si su espalda estaba en llamas, y la piel se sentía demasiado pequeña, como si se hubiera encogido mientras dormía. Moviéndose lentamente para no empeorar el dolor, se dirigió hacia su armario, cuidadosamente se quitó los jeans y se puso unos viejos pantalones azules de pijama. Luego muy pero muy cautelosamente se quitó la camiseta. No se puso la camisa del pijama, sabía que aun la más ligera tela haría que le ardiera la espalda al hacer contacto con esta.
Había un viejo espejo pegado a una de las puertas armario, pero Harry no se molesto en girar para ver el daño que había dejado Tío Vernon en su espalda. Podía ver parte de un golpe que se extendía desde su hombro hasta parte de su cuello, también habían algunos moretones asomándose alrededor de su torso y de sus costillas. Sabía, por experiencia propia, que estos golpes zigzagueaban desde debajo de su cuello hasta su cintura, dejando moretes en algunos lugares, aunque la mayoría eran solamente marcas rojas. Ya había visto esto antes y no deseaba verlo de nuevo.
Detrás de él escucho un sonido metálico. Un golpeteo frenético que provenía de la jaula.
Harry se volteó. Espartaco parecía muy agitado, trepaba frenético por el alambre de gallinero que Harry había puesto en su jaula.
"¿Qué te pasa?" le preguntó Harry al murciélago, con curiosidad.
Se acercó a la jaula. Para su sorpresa, el murciélago descendió y se quedó parado sobre los periódicos, viéndolo fijamente con una mirada que parecía preguntar –
¿Qué puedo hacer por ti? ¿Hay algo que quieres que haga? – parecía decir.
Harry se quedó mirando a la criatura por un tiempo, pensando. Luego, sin siquiera entender muy bien lo que estaba haciendo, abrió la puertecilla de la jaula y agarró a Espartaco. Llevó al murciélago hasta su cama y lo puso cerca de su almohada. Luego muy cuidadosamente se acostó.
Por un momento el murciélago parecía encontrarse en un estado de shock y Harry estaba seguro de que intentaría huir. Luego un instinto pareció decirle que se relajara y se quedo quieto sentado sobre las frazadas viendo a Harry sin parpadear.
Luego de unos momentos, Harry habló.
"Hay veces en que pienso" empezó a decir el chico lentamente "en lo que diría la gente si supiera de… esto" Movió la mano alrededor de la habitación. "Acerca de la manera en que es mi vida aquí. Quiero decir, jamás me atrevería a contarles. "
Se quedó callado por un momento.
"Creo que Hermione sospecha, algunas veces" dijo finalmente. "Vio que traía el botiquín con pociones curativas y me empezó a preguntar un montón de cosas… no parecía creer lo que le respondía."
Harry sonrió, pero había cierta melancolía en sus ojos. "Ron no tiene ni idea. No sospecha nada."
Volvió su Mirada hacia la pared y se quedó callado de nuevo, casi parecía como si se hubiese olvidado del murciélago. Cuando empezó a hablar, era más consigo mismo que con Espartaco y su voz sonó grave.
"Me pregunto si Dumbledore sospecha. Sabe que no me la paso bien aquí. Lo dijo el año pasado."
Hizo otra pausa.
"Estoy seguro que no sabe que mi tío me golpea." Empezó Harry. Tragó con dificultad. "No lo sé, la verdad… él parece saberlo todo."
Otra pausa, esta vez mucho más larga que la anterior. Luego…
"Quizá… quizá piense que necesito esto." Su voz no era más que un leve susurro y su mirada seguía fija en la pared, ni siquiera podía ver al murciélago a los ojos al decir esto. Tragó de nuevo "O quizá… quizá crea que… lo merezco. Hay veces en que… en que hasta yo creo que lo merezco."
La costumbre le permitió a Harry controlar el dolor que causaban estos pensamientos y calmarse. Para cambiar de tema, empezó a hablar de su guardián.
"El… me refiero, a mi tío… se enoja por qué no grito o lloro" le dijo a Espartaco con seriedad. Sus ojos se endurecieron, al igual que su voz. "Jamás le daré esa satisfacción."
Suspiro profundamente y luego presionó el puente de su nariz con los dedos. "Pero es que, aunque quisiera, no puedo llorar. Es gracioso, la verdad… cuando era pequeño, me castigaban por llorar… decían que yo "lloriqueaba y me quejaba" demasiado. Mi tío decía que me daría algo porque llorar. Y ahora se enoja porque no lloro."
Harry se quedo viendo fijamente a los ojos del murciélago.
"Ya no lloro, Espartaco. No lloro desde que era muy pequeño. Paré de llorar mucho antes de ir a Hogwarts. No puedo llorar." Sus ojos verdes se cerraron por un momento, luego los abrió de nuevo. "Hubieron veces en que estuve a punto de llorar… dos veces, creo. La primera fue cuando Dumbledore me dijo como había muerto mi mamá para salvarme. La segunda fue cuando murió Cedric… bueno, es que, la Señora Weasley me estaba abrazando y pues… nadie me había abrazado así antes." Dijo susurrando.
"De todas maneras" continuó Harry, "Creí que lloraría esa vez. Sentí que iba a llorar. Pero alguien… Hermione creó… me distrajo. Me alegro que sucediera eso, creo. Pues Ron estaba viendo y… no quería llorar enfrente de él. O frente a esa mujer Rita Skeeter, que estaba pretendiendo ser un escarabajo para poder escuchar todo. Desearía que Hermione la hubiese aplastado… por lo menos evito que escribiera sobre eso en El Profeta."
Harry suspiró, se quedo callado por un momento y luego dijo en voz baja "Ni siquiera lloré cuando Sirius murió."
Sin pensarlo, Harry hizo algo que usualmente hacia a Hedwig: empezó a acariciar la parte de atrás de la cabeza del murciélago. Al principio el animal se puso rígido y, por un momento, Harry temió haber ido demasiado lejos al acariciar a la criatura salvaje – que lo intentaría morder de nuevo o intentaría huir o que por lo menos intentaría alejarse de él. Luego pareció decidir soportar las caricias y lentamente se relajó. A Harry le alegró esto. Al consolar a la pequeña bestia se consolaba el mismo, lo hacía sentir más… más proactivo, de alguna manera, en esta horrible situación que se había salido de control. Seguramente no podía ser tan inútil como se sentía si aun podía darle un poco de atención positiva a otro ser viviente, aun si era solamente una lechuza… o en este caso, un murciélago herido.
Por un largo rato, acarició a Espartaco.
"Yo, desearía poder hacerlo" murmuró finalmente. "Poder llorar. Pero, siempre siento un nudo… aquí" señaló su estomago.
El murciélago permaneció en silencio.
Luego de unos pocos minutos, Harry suspiró, se levantó y llevó al murciélago de regreso a su jaula.
"De todas maneras" dijo el chico, mientras regresaba a su cama y se acostaba boca abajo sobre el delgado colchón. "Solo tengo que regresar un verano más, después de este, luego ya seré mayor de edad y puedo abandonar Privet Drive para siempre. Si es que sigo vivo. "
Cuando Snape había visto el daño que ese muggle bastardo y bueno para nada había causado a su sobrino, no había podido evitar ponerse frenético. Apenas si había una pulgada de piel sin las marcas del cinturón – algunos de los golpes habían dejado marcas hasta en la parte de atrás de los brazos del chico. Y en unos lugares, el cinturón había hecho que saliera un poco de sangre.
Snape quería hacer… algo… pero estaba enjaulado, mudo e inútil. Aun si no lo estuviera, no sabía exactamente que podría haber hecho, más allá de destruir al muggle y curar al chico. Se había quedado estupefacto cuando el muchacho lo había sacado de la jaula y lo había llevado hasta su cama, y había considerado brevemente en transformarse en humano en el momento. Pero su hábito de ser siempre precavido, de no dejar que sus sentimientos dictaran sus acciones, no se lo habían permitido, sin embargo… sus instintos le habían dicho que permaneciera quieto y eso es exactamente lo que había hecho.
Cuando Potter le había acariciado la cabeza, Snape había estado a punto de huir. No le gustaba que lo tocaran. Solo su madre lo había tocado con amor cuando era chico y no estaba acostumbrado a que otros hicieran contacto físico con el sin hacerle daño. Hasta los abrazos de Lily, por mucho que los deseaba, lo dejaban sintiéndose desorientado y lleno de frustración. Y, por mucho que amara a Dumbledore como al padre que nunca había tenido, no podía evitar ponerse tenso cada vez que el viejo brujo ponía su mano sobre su brazo o su hombro. Esta era la razón, por la que el viejo mago raramente hacia tal cosa.
Al final, se había obligado a sí mismo a permanecer quito, al ver que al chico parecía más calmado. Y Snape tenía que admitir que no había sido exactamente… tan odioso como había pensado que sería.
Le había dolido el corazón, más de lo que le gustaría llegar a admitir, cuando Potter había dicho que jamás había sido abrazado o consolado. La madre de Snape, lo había abrazado cuando era pequeño. Había muerto cuando el estaba en su segundo año en Hogwarts, pero si sabia como se sentían lo abrazos de una madre y parecía que Potter jamás había experimentado eso. Snape sabía que jamás sería capaz de consolar al chico de la misma manera en que su madre lo había hecho, luego de que su padre lo castigara injustamente, pero podía "consolar" al chico dejando que acariciara la cabeza del murciélago, era lo mejor que podía hacer.
Luego de que Potter se quedara dormido, Snape había estirado su ala herida. Estaba sanando, lentamente, pero lo estaba haciendo. Si se transformaba ahora, podría moverse lo suficiente como para llevarse a Potter a Hogwarts. Aunque preferiría esperar a que Potter lo liberase, entonces se podría transformar en algún lugar lejos de la casa y regresar por el chico sin que Potter descubriera de sus habilidades como animago.
Ya no era la desconfianza lo que hacía que Snape quisiera ocultarle sus habilidades a Potter; aunque la verdad era que, si Potter se enteraba esto, lo pondría en riesgo de ser descubierto por Voldemort si el mago tenebroso se adentraba en la mente del chico de nuevo. No, la verdad era que Snape se sentía... casi culpable, por haberse enterado de los detalles de la vida de Potter. Se encogió solo con pensar, en como Potter se sentiría si se enteraba que su nueva mascota, a la cual le había confiado muchos de sus pensamientos y sentimientos más secretos, era su odiado profesor de pociones. Se imagino, dolorosamente, la enorme inquietud que sentiría el chico, pensando en que Snape los divulgaría.
Sin embargo, el profesor de pociones no tenía otra opción. Si el muggle intentaba lastimar al chico de nuevo, Snape tendría que transformarse antes de ser liberado.
La siguiente mañana era lunes. Aun después de haber recibido una paliza el día anterior, Potter se despertó tan temprano como de costumbre, para preparar el desayuno a su tío y a su tía. Más tarde, le trajo a Snape un plato con kiwi, por lo que Snape supuso que no le habían prohibido comer.
El chico acababa de cubrir la jaula con la tela, cuando Petunia entró en su habitación sin tocar antes la puerta. Snape la vio desde la pequeña abertura de la tela.
"Hoy me iré de compras" le dijo al chico. "Necesito que vayas al mercado y recojas algunas cosas. Esta noche celebraremos la cena de cumpleaños de Dudley y quiero que todo sea perfecto."
"Si, Tía Petunia" dijo el chico con un tono monótono, alcanzando la lista de ingredientes que le daba su tía.
"También quiero que podes los arbustos del frente de la casa, hoy" continuó Petunia. "Piers, el amigo de Duddy, vendrá a pasar con él la tarde y se quedará para la cena. Entonces, has tus quehaceres y mantente fuera de su camino ¿entendido?"
Snape escuchó al chico dar un pequeño bufido y sonrió amargamente para sus adentros. Si, estoy seguro de que Potter está muy decepcionado por no poder participar de las celebraciones, pensó sonriente.
Petunia aparentemente decidió ignorar el pequeño bufido de su sobrino y solamente le dijo que más le valía terminar sus quehaceres antes de que ella regresara a la casa, a eso de las cinco de la tarde. Después de unos momentos, Potter también abandonó la habitación y Snape, se quedó colgado de su columpio, preparado para pasar su día dormido, como todos los murciélagos lo hacen.
Era cerca de la una de la tarde cuando unos sonoros ruidos lo obligaron a despertarse, parecían venir del pasillo.
Bajando de su columpio pensó nervioso, ¡Por Merlín! ¿Qué habrá pasado ahora?
Escuchó la voz de un muchacho – no era ni la del chico Dursley, ni la de Potter:
"Vamos, Gran D, termina ya de almorzar, ¿vamos a jugar videojuegos o no?"
Se escuchaba cerca, justo al otro lado de la puerta de Potter. Desde el piso de abajo, la voz del primo de Potter se escuchó:
"¿Acaso no puedes esperar un poco, Piers? ¡Solo déjame terminar mi pedazo de pastel!"
El otro chico – Piers – gimió disgustado. "Bola de grasa" murmuró el muchacho en voz baja. Snape lo escucho poner su oído sobre la puerta. Aparentemente, Potter no la había cerrado correctamente, pues esta se abrió de golpe y el chico calló dentro de la habitación.
Snape se quedó completamente quieto, podía llamar la atención si se movía o hacia algún ruido.
"¡Wow! ¡Hey, Dudley! ¡Gran D!" gritó el muchacho.
Segundos más tarde, Snape escucho al chico Dursley subir las escaleras. Paró en el pasillo, justo enfrente de la habitación de Potter, parecía no querer entrar.
"Piers, esa es la habitación de mi primo… vamos, ¡sal de ahí!"
"¿El fenómeno de tu primo duerme aquí?" dijo el otro chico riendo. "Vaya ¡que pocilga!"
"Vamos Piers, solo ¡sal de ahí!" Dudley Dursley definitivamente sonaba nervioso.
"¿Que te ocurre Gran D? actúas como si le temieras a ese delgaducho y pequeño gusano." Dijo Piers, algo exasperado. "¿Acaso ya olvidaste de los viejos tiempos? ¿Cuando jugábamos a perseguirlo y golpearlo?"
Ahora Dudley sonaba irritado.
"Yo no le temo a ese fenómeno, solamente quiero empezar con los videojuegos ¡Vamos!"
Pero Piers no salió, y Snape se puso nervioso al escuchar pasos acercándose a la jaula.
"Dud… ¿Qué es esto? ¿Acaso Harry tiene periquitos o algo así?"
Dudley sonó más nervioso que nunca.
"No… es una lechuza. Vamos Piers, quiero jugar Megadeath V"
"No, espera… esto es genial; ¡Tengo que ver esto!" el chico sonaba emocionado. "¿Una lechuza, en serio? ¿En donde la consiguió?"
Ahora Dudley había entrado a la habitación también.
"No, déjala en paz; no lo sé. La consiguió en esa escuela para fenómenos a la que asiste, ¿Ok? Probablemente ni siquiera este ahí; la usa para enviar mensajes a sus amigos."
"¿Cómo una paloma mensajera? ¿Por qué en San Brutus o como sea, le permiten tener una lechuza?"
Y luego, súbitamente, quitó la tela que cubría la jaula.
Snape se quedó horrorizado al ver a los dos chicos, uno gordo y nervioso, el otro delgaducho, lleno de granos y fascinado, abrir sus bocas con asombro.
El delgaducho dijo de repente.
"Hey Dud… lamento contradecirte, amigo, pero eso no es una lechuza. ¡Es un murciélago!"
